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CONSEJO ASESOR DSALUD
 
     REPORTAJES
NÚMERO 109 / OCTUBRE / 2008
   CÓMO ELIMINAR LOS PARÁSITOS PATÓGENOS DEL ORGANISMO

 

En el pasado número dimos a conocer la enorme cantidad de parásitos patógenos que pueden provocar enfermedades sin que la mayoría de los médicos lo sepa y puedan tratar adecuadamente a muchos enfermos a los que terminan recomendando fármacos y tratamientos sintomáticos que no van a resolver su problema de salud. Y, sin embargo, no sólo es posible detectarlos sino –lo que es más importante- eliminarlos rápidamente del organismo. Un conocimiento imprescindible hoy día porque muchas patologías pueden estar provocadas por las distintas especies de protozoos, gusanos o artrópodos que a menudo se instalan en nuestros cuerpos.

 “El 90% de las personas a las que hacemos un test en nuestro centro se encuentran infestadas poráscaris .Y es cada vez más común encontrar pacientes con fasciola hepática, clonorchis, eurytrema pancreático o strongyloides, por citar sólo algunos de los parásitos que pueden provocar graves problemas a quienes los portan”. Así de contundente se muestra Ignacio Chamorro, director del Instituto Clark España y probablemente uno de los terapeutas que más sabe acerca de parásitos y sus implicaciones para la salud de cuantos ejercen en nuestro país merced a su propia experiencia y a su formación junto a la doctora Hulda R. Clark de cuyos descubrimientos en el campo de la parasitología hemos hablado en más de una ocasión en estas páginas.
Y es que el de los parásitos patógenos es ya, según Chamorro y muchos otros expertos, uno de los más importantes problemas de salud humana a escala mundial ya que hoy no se trata de una cuestión circunscrita a determinadas zonas del globo o a personas que habitan en condiciones de escasa higiene o salubilidad como ocurría antes. No. Las infestaciones por parásitos afectan ya a un porcentaje elevado de personas que viven en países como el nuestro -situados socio-económicamente entre aquellos que se consideran “primer mundo”- porque el trasiego de personas y mercancías –especialmente de alimentos- ha aumentando de forma gigantesca en las tres o cuatro últimas décadas. Un problema que agrava el hecho de que la mayoría de los profesionales de la salud de España y otros países europeos ignoran casi todo sobre la parasitación en humanos. De ahí que sea un asunto infradiagnosticado y, por ende, deficitariamente tratado. Motivo suficiente para dar al lector algunas pautas, tanto para mantener a los parásitos a raya como para prevenir -en la medida de lo posible- las enfermedades que nos puedan causar estos incómodos okupas.

LA PROPUESTA DE LA DOCTORA HULDA CLARK

Una de las terapias más completas y eficaces para eliminar parásitos patógenos de nuestro cuerpo es la propuesta por la doctora Hulda R. Clark. Y consiste en desparasitar el organismo mediante una combinación de determinadas hierbas, “electrocutar” los patógenos con un aparato conocido como Zapper -del que ya hemos hablado en varias ocasiones en Discovery DSALUD- y expulsar del cuerpo las toxinas y sustancias de desecho que tales parásitos hayan podido dejar en él además de potenciar nuestro sistema de defensas para que realicen un trabajo más efectivo.
Hoy empieza a admitirse que los parásitos están presentes en numerosas patologías, incluidas patologías tan aparentemente dispares como la diabetes, la hepatitis, la candidiasis, el cáncer, la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn, la esclerosis múltiple, las dolencias cardiovasculares, la esquizofrenia, la artritis, la infertilidad, la epilepsia, el Alzheimer, etc. “Obviamente la mera presencia de un patógeno en un enfermo no indica que sea la causa de su enfermedad –aclara Ignacio Chamorro-. En la mayoría de los casos, aunque es cierto que bastan una o dos filariasen el corazón o una sola larva de áscarisen el cerebro para que los daños puedan ser importantes, lo normal es que tengan que darse otras circunstancias añadidas para que se produzca una enfermedad grave. Por ejemplo, es más probable que la infestación acabe provocando una enfermedad grave si se da la circunstancia de que unos parásitos actúan sinérgicamente con otros, si el sistema inmune de la persona está debilitado o si se tiene una excesiva acumulación de tóxicos –metales pesados, colorantes azoicos, amianto, PCBs, etc.- a nivel orgánico. Además el grado de higiene, una correcta alimentación o una adecuada suplementación son, entre otros, factores que condicionan la mayor o menor gravedad de la infestación”.
Evidentemente lo mejor es tomar medidas preventivas pero en muchos casos no son suficientes para evitar que se “cuele” algún parásito patógeno en nuestro organismo. Además podemos infectarnos y no darnos cuenta de ello porque el parásito puede permanecer silente y escondido durante años a la espera de que el organismo en el que habita esté más debilitado, más contaminado o más poblado de otros parásitos con los que asociarse. “Una cuestión que nos preocupa especialmente –continuaría diciéndonos Chamorro- es el hecho de que los parásitos traen dentro de sí bacterias, virus, oncovirus y hongos que pueden acabar desencadenando patologías degenerativas graves. Afortunadamente hemos observado que, salvo unos pocos que son realmente peligrosos, los parásitos no son los responsables directos del desarrollo de enfermedades graves... pero sí esos ‘pasajeros’ que introducen en nuestro cuerpo. En especial las bacterias porque son los patógenos que suelen resultar más peligrosos”.
Se ha constatado además que parásitos que normalmente habitan en los intestinos, por ejemplo, pueden colonizar otros órganos y ocasionar daños en ellos. Así, larvas de áscaris pueden instalarse en el cerebro y provocar cuadros de epilepsia. Y aunque no se tiene aún una explicación precisa de porqué se produce esa migración se cree que los parásitos se mueven por el organismo buscando entornos que les sean más propicios para protegerse del sistema inmune y para obtener alimento. “Los parásitos que más nos preocupan –nos diría Chamorro- son los que están relacionados con las patologías degenerativas que, además, se suelen nutrir de los alimentos que forman parte de nuestra dieta habitual. Por ejemplo, los áscaris se alimentan de la quercitina que contienen alimentos como el calabacín o la calabaza, el clonorchis sinensis (un parásito hepático) de la avena, la dirofilaria de la lactosa y del cromo, el echinostoma revolutum (que puede provocar enfermedades neurológicas) del maíz y del acetaldehído de las nueces, el eurytrema pancreático (un parásito del páncreas) del limón y del ácido láurico, el fascilopsis buskii de los sulfitos de la cebolla cruda, la fasciola hepática del trigo, la lombriz strongyloides de las patatas... Y así un largo etcétera”.
Por otro lado, hace ya algunos años la doctora Clark descubrió que determinados patógenos sólo pueden vivir en un ambiente contaminado por metales pesados que, de hecho, son el alimento fundamental de muchas bacterias. “En principio los metales pesados nos preocupan porque son los más potentes inmunosupresores que se conocen. Y cuando los glóbulos blancos están intoxicados por ellos es más difícil que puedan detectar y atacar a los patógenos. Un análisis de sangre corriente puede indicarnos que tenemos un número de leucocitos adecuado pero en realidad tratarse de glóbulos blancos contaminados e incapaces de eliminar los patógenos que tengan a su alrededor. Por tanto deshacerse de los metales pesados, en tanto disminuyen la capacidad de nuestro sistema inmune y sirven además para alimentar a las bacterias peligrosas, debe ser siempre una de las prioridades de cualquier tratamiento desparasitante” (en realidad sí es posible determinar la presencia de numerosos parásitos en la sangre pero la mayoría de los hematólogos lo ignora; lea al respecto el recuadro adjunto sobre el Instituto Auxiliar de Orientación Diagnóstica y Tratamiento (INSAODYT)).
¿Y cómo saber si tenemos parásitos? “La verdad es que parece mentira que a día de hoy tantos médicos ignoren aún que los parásitos pueden estar detrás de muchas y muy variadas patologías. Yo mismo he tratado de hacer entender a varios neurólogos que algunas dolencias de su especialidad pueden estar causadas por parásitos y se han reído. ¿Por qué? Pues supongo que porque no les puede entrar en la cabeza que la causa de algunas de las enfermedades que tratan se deba a algo que no logran detectar. Y es que los procedimientos de diagnóstico que utiliza la medicina alopática son muchas veces ineficaces y poco fiables para determinar la presencia de patógenos. Especialmente si están en el cerebro... y se les busca en el intestino porque ése es su lugar de colonización habitual. Nosotros no buscamos restos del parásito en las heces, en la sangre o en la orina ni tratamos de encontrarlos mediante ecografías o resonancias. Lo que hacemos es detectar las frecuencias que emite cada patógeno –ya sea parásito, virus, oncovirus, bacteria u hongo- en los órganos que deseamos o a nivel sistémico gracias al Sincrómetro, un aparato diseñado por la doctora Clark para determinar su presencia en el organismo. Luego, detectado el parásito y conocida su ubicación, empezamos el tratamiento”.
Tratamiento que dura como mínimo un mes ya que se trata de un programa de desparasitación herbal a base de determinadas cantidades de tintura de nogal negro (de contrastadas propiedades antiparasitarias), ajenjo (que ataca las larvas de los parásitos y es el único desparasitante que atraviesa la barrera hematoencefálica) y clavo (destruye los huevos de los parásitos), que se apoya con la emisión de las frecuencias del Zapper (aparato con el que se pueden electrocutar miles de patógenos) y que se puede complementar con la ingesta de ornitina (ayuda a eliminar el amoniaco que producen los parásitos y que es tóxico para el cerebro).
Eso a nivel general. En el caso de que la parasitación sea por áscaris –el parásito más común pero el más difícil de eliminar- se seguirá un programa específico que incluye además papaína, L-cisteína y coenzima Q-10 y que debe repetirse cada dos o tres meses. “Tras ocho o diez días tomando el tratamiento herbal –explica Chamorro- empezamos a aplicar el Zapper. No sólo para eliminar patógenos del organismo en general o de un órgano en particular sino también para aportar a todo el sistema o a la zona específica afectada la polarización norte que es la de la correcta salud. Repolarizando el organismo se consigue también que el sistema inmune trabaje mejor. Asimismo es importante que se realicen limpiezas renales y hepáticas para facilitar la eliminación de los tóxicos que se producen por la parasitación. Con este tratamiento conseguimos eliminar gran parte de los parásitos y mantenerlos a raya para que no causen patologías graves pero somos conscientes de que la erradicación completa es muy difícil por lo que recomendamos a nuestros pacientes no bajar la guardia y seguir unas pautas para evitar una reinfestación”.
Y entre esas recomendaciones cita, por ejemplo, la necesidad de mantener un protocolo de recordatorio desparasitante tanto con hierbas como con el Zapper además de alimentar a nuestro sistema inmune con selenio, hortensia y vitamina C para ayudar a los glóbulos blancos. Asimismo sería necesario dejar de tomar los alimentos de los que se nutren los parásitos e intentar en la medida de lo posible seguir las directrices de la terapia Clark para evitar contaminar nuestro organismo con sustancias que lo hagan más apetecible para los patógenos (en el nº 55 de nuestra web –www.dsalud.com- encontrará un extenso reportaje sobre las indicaciones de la doctora Clark).
Hecho esto hay que intentar eliminar del organismo los metales pesados.

LIMPIAR EL ORGANISMO DE METALES PESADOS

Los principales metales pesados que hoy contaminan nuestros cuerpos son el aluminio, el bario, el berilio, el cadmio, el cobalto, el cobre, el cromo, el estaño, el hierro, el manganeso, el mercurio, el molibdeno, el níquel, la plata, el plomo, el talio, el vanadio y el zinc pero a veces también se encuentran estroncio, oro, radón, rubidio, rutenio, selenio o titanio. Y para eliminarlos de manera efectiva y segura se puede optar por cualquiera de los métodos de los que ya hemos hablado en estas páginas.
Es el caso de la Quelación Intravenosa que consiste en administrar mediante goteo intravenoso lento un agente quelante conocido como Ácido Etilendiamino Tetracético (EDTA por sus siglas en inglés). En un principio esta técnica se aplicó para eliminar los depósitos de calcio del interior de las arterias en casos de arteriosclerosis pero con el paso de los años el conocimiento cada vez más perfeccionado de sus mecanismos de acción ha permitido ampliar sus efectos y, por tanto, su uso. De ahí que hoy se considere la quelación intravenosa un eficacísimo “barredor” de radicales libres, que se utilice para reducir los ateromas arteriales y que se emplee para prevenir la agregación de las plaquetas, factor importante en la formación de coágulos y trombos intravasculares. En cuanto a los efectos que nos interesan en este reportaje hemos de decir que está constatado que la quelación intravenosa con EDTA reduce -por atrapamiento y posterior eliminación urinaria- el nivel de metales tóxicos bivalentes y además logra reinstaurar la actividad enzimática de las paredes arteriales afectadas por estos metales. Una opción interesante pues para librarse de los metales pesados y, por extensión, de algunos parásitos (el texto sobre esta técnica lo tiene en nuestra web –www.dsalud.com- ya que se publicó en el nº 22 de la revista).
Otra alternativa es la Quelación Oral propuesta por el médico canadiense David Rowland (de la que también hemos hablado ya en el nº 39). En él Rowland explicaba que la quelación –un fenómeno bioquímico natural de desintoxicación que se produce continuamente en el interior de las células- tiene lugar merced a una serie de elementos bioquímicos presentes en la naturaleza y, por tanto, para desintoxicarnos lo hay que hacer es facilitar al organismo los nutrientes que precisa para llevar a cabo esa labor natural. Para lo cual ideó una fórmula que se comercializa desde hace años en muchos países –por eso lleva el nombre de Método Rowland- y que contiene en la proporción adecuada vitaminas A, B1, B2, B3, B6, B9, B12,, C, D y E además de inositol, metionina, calcio, potasio, hierro, yodo, manganeso, zinc, cromo, selenio, PABA, hidrocloruro de betaína e hidrocloruro L-Cisteína. Fórmula que, según afirma, consigue los mismos beneficios terapéuticos que la quelación intravenosa al eliminar los radicales libres, reducir los depósitos patológicos de calcio, disminuir la agregación plaquetaria y aumentar el flujo sanguíneo de las arterias además de reducir los niveles de metales tóxicos y reinstaurar las actividades enzimáticas afectadas por la toxicidad de dichos metales.
En suma, un abordaje ortomolecular del problema. Tratamiento que ampliaría en nuestras páginas el presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular,  José Ramón Llorente, quien explicaría que  “los metales pesados son sustancias verdaderamente peligrosas porque no se trata ya de que nuestro organismo no las pueda metabolizar si no que además tiene dificultad para eliminarlas y de ahí que se acumulen en los riñones, los nervios, la grasa, los huesos, la piel, los pulmones, la tiroides o el cerebro con todo lo que ello conlleva”. Advirtiendo de que no se trata de un problema menor ya que hoy día se utilizan metales en las pinturas, disolventes, tintes, lacas, tejidos, utensilios domésticos, cosméticos, pesticidas, medicamentos y otros muchos productos y, además, están en el aire que respiramos –a consecuencia de la incineración de desechos industriales, el humo de las fábricas y los coches, etc.- y en el agua que bebemos, muy contaminada por los vertidos industriales. En cuanto a su propuesta para afrontar una intoxicación por metales pesados pasa por limitar el consumo excesivo de carnes y sus derivados así como la ingesta de grasas saturadas. También hay que evitar la ingesta de pescados grandes (en especial las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y los niños pequeños), los alimentos envasados y precocinados, el alcohol, el café y el tabaco. Por otro lado, se deberá sustituir el azúcar blanco y las harinas refinadas por azúcares y harinas completos y no tomar antiácidos farmacológicos al tiempo que se beben a diario al menos dos o tres litros de agua y se ingieren abundantes vegetales y frutas –crudas o en zumo- de cultivo biológico.
Por lo que respecta a los alimentos más adecuados para tratar una intoxicación por metales pesados Llorente menciona el ajo, el rábano y la cebolla -por contener sustancias con capacidad para atrapar agentes activos y potencialmente patológicos-, las frutas y hortalizas frescas -tienen una reconocida acción lixiviante y ayudan a eliminar sustancias tóxicas destacando el limón por ser un potente depurativo, reparador y alcalinizante-, cáscara de psillium (plántago ovata) -su fibra, además de favorecer la limpieza del intestino, impide la absorción de algunas sustancias no recomendables-, cereales integrales -porque la fibra que contienen acelera el tránsito intestinal y permite arrastrar sustancias nocivas-, diente de león -por tener una actividad depurativa incuestionable y ser capaz de favorecer la liberación de sustancias tóxicas por parte del hígado y riñones- y cardo mariano -porque, entre otras cosas, resulta especialmente útil en casos de envenenamiento por setas o medicamentos.
En cuanto a los suplementos que a su juicio conviene aportar al organismo son los siguientes: ácido glutámico, ácido aspártico, ácido lipoico, algas kelp, espirulina y chlorella, glicina, L-Cisteína, Indol-3-Carbinol, L-Histidina, L-Lisina, L-Metionina, Metilsulfonilmetano, N-acetil-cisteína, S-adenosil-L-metionina, taurina, vitaminas A, C y del grupo B así como zinc y selenio.

TECNOLOGÍA vs PARÁSITOS

Cabe añadir que además del ya mencionado Zapper existen otros aparatos que pueden resultar efectivos a la hora de intentar librarnos de los parásitos. Uno de ellos es el Quantum-Scio creado por Bill Nelson (al que igualmente dedicamos un reportaje en el nº 78 de la revista) y que podemos definir brevemente como un sofisticado sistema informático de biofeedback que mediante unos electrodos permite recoger la información bioenergética del cuerpo ofreciendo infinidad de datos sobre el estado de salud de la persona a nivel mental, físico y emocional. Básicamente, cuando la información –más de 65 millones de datos, según su inventor- llega al Quantum-Scio el dispositivo calcula un modelo matemático que refleja en su pantalla el estado energético-físico-emocional del paciente y cualquier otra cosa que haya detectado en su interior, ya sean parásitos, hongos, bacterias o virus pero también problemas nutricionales, huesos dislocados, alergias, bloqueos energéticos, cavidades en los dientes, células precancerosas, etc. Hecho esto el aparato es incluso capaz de proponer la terapia más adecuada y de dispensarla (contiene la información digitalizada trivectorial de productos homeopáticos clásicos, plantas, minerales, aminoácidos, enzimas, etc.) o de neutralizar cualquier microorganismo patógeno que pudiera provocar problemas de salud.
También se puede recurrir al Quantec, dispositivo del que hablamos en el nº 79 y que es capaz de analizar el campo bioenergético de un ser humano en escasos minutos e informar de sus posibles desequilibrios así como de las somatizaciones a las que hayan dado lugar o puedan hacerlo en el futuro inmediato y reequilibrarlo mediante programas informatizados. Y entre los ítems de información que captura esta tecnología están los parásitos que podrían, además, ser eliminados de forma rápida y efectiva con él.
A esta lista hay que añadir el Mora Super Plus, aparato de diagnóstico y tratamiento basado en la Biorresonancia con el que se aplica la Moraterapia formulada por el doctor Franz Morell y desarrollada tecnológicamente por el ingeniero Erich Rasche (vea los reportajes publicados al respecto en los números 68 y 81). Su base es sencilla: nuestras células, tejidos y órganos se expresan a través de ondas electromagnéticas y cuando se alteran por alguna interferencia –por ejemplo las provocadas por infestación parasitarias- se desajustan provocando la aparición de enfermedades. Lo que hace este aparato es identificar las vibraciones inarmónicas procedentes del interior del cuerpo y utilizar ondas de la misma longitud, igual de intensas y emitidas al mismo tiempo... pero invertidas. Así se contrarrestan las frecuencias dañinas y se pueden eliminar fácilmente los patógenos.
Cabe agregar, para finalizar, la utilidad de la plata coloidal Como ya explicamos en un extenso reportaje aparecido en el número 102 ninguna bacteria, virus, hongo, levadura o microbio puede vivir en un líquido en el que haya una sola partícula de ese metal. Los aniquila por simple contacto en unos minutos. De ahí que la plata coloidal se considere uno de los más potentes y eficaces germicidas naturales conocidos y se le otorgue ya la denominación de superantibiótico. Sin efectos secundarios adversos a las dosis adecuadas, sin interaccionar con otros medicamentos y sin provocar reacciones de rechazo o alérgicas. Piénsese que antiguamente obteníamos la plata que el organismo necesita ingiriendo frutas y verduras frescas pero la sobreexplotación de los suelos y su degradación ha hecho que hoy seamos deficitarios de este metal esencial.Sólo nos resta recordar la importancia que tiene para la salud eliminar del organismo la arenilla y las piedras que acumulamos, con mayor motivo en el caso de infestación por parásitos ya que éstos producen muchos desechos tóxicos. Ya en el nº 106 explicamos que el conocido terapeuta Andreas Moritz diseñó hace años un singular método de sorprendente eficacia para limpiar de arenilla y piedras el hígado, la vesícula y los conductos biliares en apenas siete días. Sugerimos pues al lector que lea el texto y siga sus indicaciones.
Muchas opciones, en suma. Aconsejamos pues a quien piense que puede estar infectado –o tenga interés en saberlo- que se ponga en manos de un profesional de la salud que sepa determinar si tiene parásitos -y cuáles- para que le prescriba el tratamiento desparasitante -y desintoxicante- más adecuado en su caso.

 

L.J.
 


 

El Examen Bio-Hematológico de Insaodyt

Uno de los principales motivos por los que la parasitación es un problema de salud deficitariamente diagnosticado y tratado a nivel mundial es que los análisis de sangre convencionales, las radiografías, los escáner, los TACs y otros métodos de diagnóstico utilizados en la actualidad proporcionan información útil... pero incompleta. Y eso en el mejor de los casos. No ocurre así, en cambio, con el denominado Examen Bio-Hematológico terminado de desarrollar en 1969 por el médico español Juan Prada Pascualy que se efectúa desde hace casi cuatro décadas en el madrileño Instituto Auxiliar de Orientación Diagnóstica y Tratamiento (INSAODYT). Sobre este método publicamos ya un extenso reportaje en el nº 76 de la revista (puede leerlo en www.dsalud.com) pero no está de más recordar algunos datos básicos.
Prada desarrolló un método de diagnóstico que permite -estudiando la sangre a través del microscopio y merced al especial método de tinción utilizado- no sólo descubrir los desequilibrios orgánicos desde el mismo momento en que se producen sino detectar las invasiones infectoparasitarias antes incluso de que empiecen a producir la degeneración que da lugar a los fracasos funcionales. Es más, lo que muchos hematólogos consideran “artefactos” y no tienen en cuenta en los análisis corresponden en realidad a entidades biológicas que Prada ordenó según su relación con el programa celular y el desarrollo vital de tejidos, órganos, aparatos y sistemas. El Examen Bio-Hematológico detecta así hasta si un bebé fue contaminado durante su gestación y soporta algún desequilibrio parasitario –capsulosomas latentes, estafilococos afebriles, protozoarios larvaloides, bacterias, virus, hongos...- permitiendo actuar preventivamente para evitar que le produzcan problemas en el futuro. Asimismo permite conocer el grado de equilibrio psicoemocional. En suma, este examen permite no sólo conocer de forma integral la situación interna de cualquier organismo sino también detectar las alteraciones –físicas, emocionales y mentales- antes de que produzcan efectos visibles.
Es interesante agregar en este breve resumen que el doctor Prada concluyó que todo organismo está capacitado para afrontar y resolver cualquier enfermedad si se elimina la causa que dio lugar al desequilibrio biológico y se recupera éste en un ambiente externo tolerable y un ambiente interno, al menos, compensado y con los agentes patógenos controlados. Para él los seres vivos se conforman estructuralmente “como estanques acuosos llenos de vida -de muchos tipos- que conviven en armonía o en refreno mutuo”; es decir, estanques en los que conviven células, hormonas, enzimas, bacterias, virus, etc., en equilibrio biológico. Sólo que a veces ese equilibrio se rompe. ¿A causa de qué? Pues de un traumatismo, un shock psicoemocional, una infección (por virus, bacterias, hongos o parásitos), la ingesta de alimentos en mal estado... Elementos todos ellos que pueden dar a lugar a reacciones internas que desequilibren el estanque con las consabidas consecuencias: alteración del pH, aumento o disminución de las defensas, expansión de agentes infecciosos y parásitos... Siendo ese descontrol biológico el que puede dar paso -especialmente cuando dura demasiado tiempo y aún más si existe algún tipo de infección- a los deterioros estructurales y a las llamadas enfermedades, cáncer incluido (entendido éste pues como proceso degenerativo destructor del ecosistema humano). Resumiendo, el Examen Bio-Hematológico permite conocer y valorar unos 200 signos microscópicos con 5 variantes si bien constituye un protocolo extractado y estructurado en dos partes: la primera permite conocer qué protozoos infectan el organismo, el grado de parasitación que hay en los eritrocitos o glóbulos rojos, el aspecto de los glóbulos blancos (que indica cómo se encuentra el sistema inmune) y las infecciones activas así como las que podrían dar problemas en el futuro; la segunda permite conocer el estado del sistema linfático y de los aparatos circulatorio, locomotor, sensitivo, respiratorio, digestivo, excretor y reproductor. Además, para afrontar las distintas patologías el doctor Prada diseñó protocolos que permiten tratar con éxito la mayoría de las llamadas enfermedades. En el caso de las parasitaciones, por ejemplo, el tratamiento consiste en eliminar de la dieta aquellos nutrientes que sirven de alimento a los patógenos –azúcar, hidratos de carbono refinados, embutidos, comidas y bebidas fermentadas, vinagre, etc.- y en aplicar fórmulas magistrales en función de la especificidad del problema concreto de cada paciente.

 



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