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NÚMERO 101 / ENERO / 2008

ANTHONY BRINK: “LOS FÁRMACOS UTILIZADOS EN SIDA DAÑAN LAS MITOCONDRIAS, LUEGO SON MORTALES”


Y lo grave es que se están dando obligatoriamente no ya a millones de adultos sino también a mujeres embarazadas y a sus bebés. Pues bien, contra esta terrible realidad actúa desde 1996 Anthony Brink, abogado del Tribunal Supremo de Sudáfrica internacionalmente conocido porque un informe suyo llevó en 1999 al presidente ThaboMbeki a pedir una investigación del Parlamento sobre el AZT y, posteriormente, a convocar un foro internacional que debatiera las causas del Sida. Foro que en julio del 2000 aprobó por unanimidad diez experimentos que desde entonces están siendo bloqueados por la industria farmacéutica y sus agentes que han logrado incluso imponer la administración de antirretrovirales en el sistema Sanitario público de Sudáfrica ¡en contra de la voluntad del Gobierno! El propio Anthony Brink nos lo ha explicado.

Tras 20 años de carrera -llegó a ser Abogado del Tribunal Supremo de Sudáfrica- Anthony Brink se dedica hoy fundamentalmente -desde hace más de una década- a explicarle al mundo los graves peligros que  representan los antirretrovirales que se utilizan habitualmente en los enfermos de SIDA. Y ha llegado a la conclusión de que llevan a quienes los consumen -antes o después, depende del estado y características de cada persona- a la muerte. Que son, en definitiva, mortales. Y lo documenta y denuncia ampliamente en varios libros (ninguno de ellos traducidos al español de momento): “Debatiendo el AZT: Mbeki y la controversia sobre los medicamentos del Sida”, “Envenenando a nuestros niños: AZT en el embarazo”, “El problema con la Nevirapina” y el recién aparecido “Mintiendo y robando: la fraudulenta academicidad de Ronald S. Roberts”. Además tiene muy avanzada una obra de conjunto: -“¡Tan sólo diga sí, Sr. Presidente! Mbeki y el Sida”- y numerosísimas cartas, folletos, informes judiciales, etc., escritos en un inglés exquisito y con un ácido sentido del humor. Textos que son muy tenidos en cuenta tanto por el presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki, como por sus asesores.

-¿A qué se debe su presencia en España?

-Termino aquí una gira de casi dos meses donde he mantenido numerosas reuniones y dado conferencias en Alemania, Austria, Holanda, Italia, Francia y Suiza en las que he explicado la gravísima toxicidad que causan los medicamentos administrados a los llamados enfermos de Sida, especialmente el AZT y la Nevirapina que se administran hoy a las seropositivas embarazadas y a sus bebés.

-¿Cómo usted, abogado, fiscal y juez en distintas etapas de su carrera jurídica, llegando incluso al Tribunal Supremo de Sudáfrica, se implicó en el tema Sida?

-En septiembre de 1996 entré en la web www.virusmyth.com y tras varias horas, pasando de un apartado a otro, llegué alarmado a la conclusión de que el Sida no es lo que se dice que es. Ese mismo año Thabo Mbeki empezó a prepararse para tomar las riendas del poder en Sudáfrica relevando a Nelson Mandela. Y Mbeki se tomó muy en serio un tema por el que Mandela no había mostrado interés alguno: el Sida. De hecho Mbeki aprovechó cada ocasión que tuvo para alertar al país del peligro del Sida ya que los organismos oficiales internacionales, dirigidos por blancos, afirmaban que iba a devastar África. Por eso en su momento constituyó un Comité de Emergencia integrado por antiguos ministros, un Equipo de Choque Interministerial contra el Sida y la Alianza Sociedad-Estado contra el Sida. Y empezó a recomendar el uso del preservativo, la fidelidad, el retraso en el inicio de las relaciones sexuales... Lógicamente Mbeki basaba sus decisiones en la versión oficial del Sida. Por eso, al darme cuenta de que en realidad todo se basaba en una serie de hipótesis nunca demostradas, sentí que era mi deber hacerle llegar lo que había descubierto.

-¿Y cómo lo hizo?

-Tras una larga reflexión llegué a la conclusión de que el aspecto en el que fundamentar mi estrategia debía ser la gravísima toxicidad de los medicamentos presentados como antivirales. En aquellos momentos tenía ya lugar en mi país un debate sobre la administración del AZT a las seropositivas embarazadas y la única objeción entonces era su alto coste. Sin embargo, yo ya había comprendido que ese fármaco es un veneno de efectos mortales a medio plazo. Y lo sabía porque, en paralelo a mi actividad jurídica, hice una recopilación exhaustiva de la literatura científica publicada sobre el AZT, tomé contacto con los laboratorios que lo fabrican, me entrevisté con el Dr. Richard Beltz, el científico que en 1961 había diseñado el AZT como veneno celular para usarlo como quimioterápico en casos de leucemia, etc., y finalmente redacté un informe que envié al ya, desde julio de 1999, Presidente Mbeki.

-¿Y qué ocurrió?

-Que el 28 de octubre de ese mismo año Mbeki encargó al Parlamento que se abriese una investigación sobre el AZT. Eso frenó la presión para administrarlo a las seropositivas embarazadas. Y el 21 de abril del 2000 se hizo público que el Ejército de Sudáfrica había decidido no prescribir AZT a los militares seropositivos.

-¿Cómo concluyó esa investigación sobre el AZT?

-Finalmente los organismos científicos y médicos sudafricanos, controlados por oficialistas -tanto blancos como negros transculturalizados-, acabaron justificando el uso del AZT ignorando la abundantísima evidencia científica publicada que lo desaconseja.

-Pero, ¿cómo puede afirmar tan rotundamente que el AZT es un veneno?

-La poderosa multinacional norteamericana Sigma fabricaba el AZT desde mucho antes de la aparición del Sida en 1981. Pues bien, Sigma vendía desde el principio el AZT en una caja en la que aparecía una calavera con unas tibias cruzadas, signo mundialmente utilizado para avisar que se trata de un veneno. Y su etiqueta advierte en seis idiomas que es un potente tóxico y lo explica (ver foto). Eso para cajas con pastillas de 25 mg cuando resulta que hoy se propone tomar a los seropositivos 500 mg diarios mientras al principio se administraban 1.500. En suma, no es que lo diga yo, es que la propia multinacional fabricante avisaba clara y explícitamente en sus etiquetas que el AZT es puro veneno.

Pues bien, Glaxo Smith Klein vende el AZT como medicamento desde 1987 llamándolo Retrovir. Y en ningún documento suyo afirma que cure o alargue la vida. Ni siquiera que mejore la calidad de la misma. A pesar de lo cual así se publicita. Es más, lo afirman abierta y gratuitamente sus agentes comerciales, incluidos los encubiertos, es decir, la gran mayoría de los ”especialistas” en Sida y los miembros de las organizaciones llamadas antiSIDA.

-¿Y por qué considera que el AZT es mortal a medio plazo?

-Por su forma real de actuar que además no tiene nada que ver con lo que afirman sus fabricantes. El prospecto del AZT -y el de cualquier supuesto antiviral- pone los pelos de punta. Uno de 1993 avisa de que puede ocasionar “anemia (pueden requerirse transfusiones), neutropenia, leucopenia, náuseas, vómitos, anorexia, dolor abdominal, dolor de cabeza, erupción, fiebre, mialgia, parestesia, insomnio, malestar, astenia, dispepsia, somnolencia, diarrea, vértigo, sudoración, disnea, flatulencia, alteración del sabor, dolor pectoral, pérdida de agudeza mental, ansiedad, frecuencia urinaria, depresión, dolor generalizado, escalofríos, tos, urticaria, prurito, síndrome semejante a influenza, convulsiones y otros efectos cerebrales, miopatía, pigmentación de las uñas, pancitopenia por hipoplasia medular, trombocitopenia aislada, alteraciones hepáticas tales como hepatomegalía o hígado graso y niveles sanguíneos aumentados de enzimas hepáticas y bilirrubina”. Y contiene varias frases del tipo: “Tales alteraciones revierten rápidamente con la supresión del tratamiento” con lo que reconoce que el propio AZT es la causa. Es más, advertía de que “Dado que puede pasar a la leche materna y podría causar grave toxicidad a los lactantes se recomienda a las madres tratadas con Retrovirque no alimenten a sus hijos con leche materna”. Sin embargo, hoy se está haciendo tomar a las seropositivas embarazadas a partir de los tres meses y al recién nacido durante las primeras seis semanas. Además apunta que es carcinógeno (produce cáncer), mutagénico (causa mutaciones) y clastogénico (ocasiona rupturas cromosómicas), luego altera por vías múltiples la información genética hereditaria (ADN) produciendo mutaciones de efectos imprevisibles. No es de extrañar que ediciones posteriores del prospecto sean más cortas.

Cabe añadir que el prospecto no explica cómo ocasiona todos esos trastornos… y muchos otros más. Se oculta que lo que hace el AZT es frenar la síntesis de ADN, oxidar los grupos sulfidrilos (-SH), bloquear la cadena de ADN y que además es citotóxico y daña, sobre todo, las mitocondrias.

-¿Y qué consecuencias tiene el daño a las mitocondrias?

-Eso lo hace en realidad no sólo el AZT sino todos los fármacos de su familia. Los nucleósidos análogos actúan contra las mitocondrias. Y muy probablemente también los inhibidores de la proteasa aunque aquí la literatura científica es menor ya que son más recientes. Ello no puede sino ser mortal a medio plazo.

Las mitocondrias son bacterias que viven por cientos en simbiosis dentro de cada una de nuestros cien billones de células que elaboran la molécula energética básica, la ATP, a partir del oxígeno. Cada día necesitamos nuestro propio peso en ATP para vivir. Y si las mitocondrias se dañan las células tendrán dificultades para producir energía. Cada noche precisamos formar un billón de células para reemplazar las que se nos mueren diariamente. De ahí que si falta energía la persona irá adelgazando, perdiendo masa muscular y morirá esquelética. Sobre todo teniendo presente que al efecto antimitocondrial de los antivirales se suma el producido por los antibióticos, diseñados precisamente contra las bacterias y administrados abundantemente por protocolo como supuestos preventivos. Las células nerviosas, musculares y hepáticas son las que, lógicamente, poseen más mitocondrias puesto que precisan de más energía. La acción antimitocondrial de antivirales y de antibióticos en particular contra estos tipos de células puede explicar, respectivamente, las demencias y encefalopatías, las miopatías musculares y problemas cardiovasculares, y las hepatitis y fallos hepáticos, tan generalizados entre los enfermos de Sida. Y también que los fallos del corazón y del hígado sean en la actualidad las dos causas más frecuentes de “fallecimiento por VIH/SIDA”. E igualmente permite comprender muchos otros problemas, incluidos inmunodeficiencia, diarreas, etc., debido a que las células inmunitarias y las de los intestinos son las de mayor rapidez de renovación.

Además las mitocondrias se transmiten exclusivamente por línea materna. El espermatozoide pierde sus mitocondrias antes de fecundar el óvulo. Cada óvulo tiene unas 400.000 mitocondrias. La ingesta de antivirales y antibióticos que dañan las mitocondrias tiene que repercutir negativamente de forma inevitable en el desarrollo del feto y del bebé. Ésta puede ser la causa de las nuevas enfermedades infantiles que están siendo detectadas.

-Entonces, ¿cómo es que se está dando AZT a las seropositivas embarazadas y a sus bebés así como a muchísimos adultos dentro de los ‘cócteles’?

-Sí, es realmente increíble. Y muestra a las claras cómo las farmacéuticas manipulan para abrir mercados o para defenderlos. Y cómo muchos ensayos clínicos los diseñan para que los resultados les beneficien. Pero lo peor es que al contrario de, por ejemplo, la talidomida -algunos de cuyos efectos más graves se reflejaban dramáticamente en el exterior en al menos una parte de los hijos de las embarazadas que la habían tomado-, el AZT tiene efectos cualitativamente más graves pero que pueden no ser visibles exteriormente, permanecer subclínicos y tardar años o décadas en salir a la superficie.

-¿Y considera tan importante informar de los peligros del AZT como para dejar su cargo y dedicarse sólo a ello?

-Sí. Porque desde la aprobación del AZT en 1987 el procedimiento establecido en el campo del Sida lo convirtió, por razones presentadas engañosamente como humanitarias, en el fármaco de referencia. Es decir, en nombre de que no se puede dejar de dar como mínimo el AZT a toda persona “seropositiva” o “caso Sida” que es incluida en un ensayo siempre se le da un producto tóxico. Lo que se hace es comparar entre sí dos productos tóxicos o sus combinaciones. Engañosamente a esos ensayos se les denomina “estudio placebo” cuando en realidad no hay ningún placebo -que por definición es una sustancia inocua- sino que siempre se comparan grados de toxicidad. Luego probablemente todo placebo daría mejores resultados que cualquiera de los numerosos antivirales utilizados. Además, el AZT –o semejantes- sigue formando parte clave de los ‘cócteles’.

-¿Y por qué todo un libro sobre la toxicidad de la Nevirapina?

-Pues porque la Nevirapina fue propuesta como una mejor solución para lo que oficialmente se llama “transmisión de madre a hijo” al darse sólo una dosis a la madre y otra al bebé. Ello se presenta como si tuviese dos grandes ventajas: más económica que el AZT -lo cual es cierto- y menos tóxica, lo que en absoluto está demostrado.

El prospecto oficial de Nevirapina empieza avisando de que “hepatoxicidad grave, peligrosa para la vida y en ocasiones fatal, incluidas hepatitis fulminantes, cirrosis hepática y fallo hepático, han sido registrados en pacientes tratados con Viramune (Nevirapina)”. Y en términos semejantes habla de “reacciones epiteliales”. En ambos casos recomienda la interrupción del tratamiento aunque advierte de que no siempre ello frena el avance de esas consecuencias. Y avisa de numerosos otros graves efectos secundarios.

El ensayo HIVNET 012 realizado en Uganda con seropositivas embarazadas sirvió para que la farmacéutica Boehringer Ingelheim solicitase su reconocimiento ante la FDA norteamericana. Pero al hacerse públicas las manipulaciones y la corrupción habidas retiró la petición. En ningún país económicamente desarrollado está aprobada la Nevirapina para la “transmisión madre-hijo”... pero en una cincuentena de países en desarrollo Boehringer Ingelheim la dona inicialmente a fin de abrir mercado. Desgraciadamente la presión de la organización sudafricana Treatment Action Campaign (TAC) que dirige Zackie Achmat y de los medios de comunicación blancos en Sudáfrica ha obligado al Gobierno a tenerla que dar dentro del sistema sanitario.

-Pues se ha acusado al Gobierno de Sudáfrica de no administrar los antivirales porque quiere ahorrarse dinero y que ello es causa de la muerte de miles de sudafricanos...

-Es cierto que el presidente del país y el Gobierno, por boca de la Ministra de la Salud, la doctora Manto Thsabalala-Msimang, han declarado públicamente repetidas veces su oposición a los antivirales mientras no se demuestre científicamente que los beneficios de administrarlos son mayores que los daños que ocasionan. Y no existe ensayo clínico o artículo científico alguno que lo demuestre. A pesar de lo cual y lamentablemente hoy día se están administrando antivirales en todo el sistema sanitario de Sudáfrica. Los pleitos planteados por Treatment Action Campaign y otros lobbys de las farmacéuticas han llevado a sentencias de los órganos superiores de Justicia que obligan al Gobierno a entregar muchos miles de millones de dólares a las arcas de las ya ricas farmacéuticas cuando hacen falta para combatir la pobreza.

Y los antivirales sí que matan a miles de sudafricanos y a centenares de miles de personas en todo el mundo por las razones que le he dado. Incluso la influyente revista científica Lancet publicó en agosto del 2006 un artículo basado en doce ensayos hechos en Europa, Estados Unidos y Canadá que incluían a 22.217 personas diagnosticadas positivas y, para sorpresa de los autores, se llegó a la conclusión de que una década de utilización de los ‘cócteles’ ha llevado a un aumento relativo tanto de casos de Sida como de muertos por Sida.

Estos resultados resaltan la importancia del debate y de las investigaciones que el presidente Mbeki impulsó constituyendo en el 2000 el Foro Asesor en Sida para la Presidencia. Se trataba de que unos treinta especialistas defensores de la versión oficial y una quincena de críticos discutiesen las cuestiones claves del Sida, desde su causa a su epidemiología, desde su diagnóstico a su tratamiento y prevención.

-De hecho usted y yo nos conocimos en la segunda sesión de dicho panel celebrada en Johannesburgo los días 3 y 4 de julio del 2000, justo antes de la Conferencia Internacional sobre Sida de Durban. ¿Qué pasó con los diez experimentos allí acordados?        
                    
-La realización de aquellos ensayos aprobados por unanimidad hubiese significado el fin del Sida en el mundo. En particular el experimento clave era el número cinco que consistía en verificar la validez de los “tests del Sida” aplicando el gold standard, es decir, aislando el supuesto virus en quienes den positivo al test y no pudiendo aislarlo en quienes den negativo. Sólo así se puede afirmar que el test es fiable: si da positivo la persona está infectada y si da negativo no lo está. Una verificación que ¡no se ha hecho jamás! Por lo que, en realidad, todo positivo es un falso positivo. De efectuarse se vería que dar positivo no permite aislar el pretendido VIH en la sangre de la persona por lo que la existencia de dicho virus quedaría descartada.

En suma, a pesar de que los respalda el Gobierno de Sudáfrica no se ha podido ejecutar ni este experimento ni los restantes. El establishment del Sida ha puesto todo tipo de obstáculos. Claro que ya en el momento de su aprobación el máximo responsable de la investigación en Sudáfrica se permitió decirle a un importante disidente que tenía a su lado: “Estos experimentos no se harán jamás”. Tal es la obscena seguridad que sienten quienes tienen a las multinacionales detrás.

-Tras esta obstrucción, ¿cuál es la posición de Mbeki hoy?

-Teniendo en cuenta el altísimo coste político -sobre todo internacional- que tenía el cuestionamiento de la versión oficial del Sida el partido del Congreso Nacional Africano decidió que Mbeki debía retirarse de la controversia. Además hay que tener presente que Mbeki nunca ha dicho en público que rechace la versión oficial del Sida. Una discreción que ha sido utilizada por el escritor Ronald S. Roberts para dedicar dos capítulos de su libro Preparado para gobernar: la inteligencia nativa de Thabo Mbeki -aparecido en junio pasado- para presentar la actual posición sobre el Sida de Mbeki como “continuación” de la que tenía antes de 1999. Para lo que plagió y manipuló mis libros y mucha de la investigación que hice y en su día le pasé. Fue lo que me ha obligado a dedicar los meses anteriores a este viaje por Europa a escribir el libro Mintiendo y robando que se publicó el pasado 10 de noviembre.

Por su parte, Mbeki ha aprovechado la aparición de otro libro biográfico -Thabo Mbeki: el sueño diferido- para que su autor, Mark Devisser, diese a conocer que, desde el silencio, persevera en su línea de aclarar cuáles son las verdaderas causas del Sida.

-¿Qué actividades tiene previstas al regresar a Sudáfrica?

-Sacaré un comunicado de prensa denunciando que, justo a los cincuenta años de haberse aprobado la talidomida, Treatment Action Campaign presiona con juicios al Gobierno para obligarlo a que administre AZT a las seropositivas embarazadas y a sus bebés además de la Nevirapina. Doble veneno.

Y enviaré a todos los diputados, partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación, etc., dos folletos resumiendo mis libros sobre los peligros del AZT y de la Nevirapina. Por cierto, los he tenido que imprimir en Europa porque desde el 9 de marzo del 2005, tras una denuncia presentada por Treatment Action Campaign, la “Autoridad para los Criterios de lo Publicado” calificó mis argumentos de “declaraciones ofensivas” por lo que, en consecuencia, “no deben ser repetidas en los medios de comunicación, ni tampoco aceptadas para su reproducción por ninguna empresa impresora en Sudáfrica”.

-¿Y qué ha ocurrido con su actividad jurídica?

-Tras veinte años de carrera decidí, en octubre del 2003, colgar la toga para dedicarme exclusivamente a investigar, escribir y difundir estos hechos científicos que, lamentablemente, están siendo silenciados por unas estructuras científicas y unos mecanismos de poder cada vez más supeditados a las multinacionales farmacéuticas. Sólo así se puede entender que algo tan carente de bases biológicas y científicas como el Sida se haya convertido en una terrible falsa verdad mundial incuestionable.

Además estaba harto de ser parte de un sistema de justicia que en Sudáfrica -como, me temo, en todos los países- sirve para estabilizar un orden político y económico al que me opongo. Podría volver en cualquier momento pero no lo haré mientras pueda evitarlo. Me siento más satisfecho en mi actual apartamento de una habitación haciendo una actividad que considero beneficiosa para mi gente y para la humanidad que antes en mi mansión como miembro privilegiado de un poder judicial al servicio de unos intereses políticos y económicos que no comparto.

-Por cierto, ¿qué sucedió con la acusación por genocidio contra Zackie Achmat que depositó en enero ante el Tribunal Penal Internacional de La Haya?

-La única respuesta que recibí es el acuse de recibo anónimo que remiten automáticamente. Pero tampoco esperaba nada más por la razón que he dado al final de la respuesta anterior. Mi objetivo no era lograr que dicho tribunal enjuiciase y condenase a Achmat pues ello es actualmente imposible. Sé muy bien que sólo en unas circunstancias muy especiales las instancias jurídicas nacionales e internacionales se atreverán a enfrentarse a las multinacionales farmacéuticas que están haciendo pingües beneficios envenenando a millones de personas con la excusa del VIH/SIDA pero esas circunstancias aún no se dan.

La denuncia era muchas cosas: un documento criminal exponiendo los hechos incriminatorios juzgables, un desvelamiento de su hipocresía y deshonestidad personal, una calificación de Achmat como macabro promotor de los antivirales y una caricaturización del modelo occidental de justicia en la que los vencedores en la geopolítica la aplican contra los perdedores.

Mi denuncia tenía un objetivo básicamente interior: golpear directamente en la cara a Achmat, desequilibrarlo y así contrarrestar temporalmente la intensísima campaña que dirige contra el Gobierno de Sudáfrica para que acabe capitulando ante las farmacéuticas. Meta que fue claramente alcanzada. Durante varios días mi denuncia fue noticia de primera línea en muchas emisoras de radio y televisión, y me llovieron peticiones de entrevistas. No tanto en los periódicos pues están mucho más controlados por los grupos blancos poderosos y han jugado un importantísimo papel impulsando las ficticias ideas de que “el Sida devasta África” y de que “Sudáfrica es el epicentro de la epidemia de SIDA”. Y, lo que es mucho peor, imponiendo la terrible realidad de obligar al Gobierno a administrar antivirales en el sistema sanitario.

-Varias veces ha hablado Ud. de “blancos”. ¿No es peligroso relacionar color de piel y lucha contra el Sida?

-No sólo no es peligroso sino imprescindible si el mundo quiere entender qué está ocurriendo realmente con África en relación con el Sida. África es la principal víctima política y cultural del invento Sida. África es presentada como el continente castigado por sus supuestas orgías sexuales en las que incluye a los monos verdes. Y toda persona negra ha sido convertida en sospechosa de ser un obseso sexual infectado por el VIH.

En el 2002 el partido del Congreso Nacional Africano publicó un documento -cuya elaboración dirigió Mbeki- con un subtitulo revelador: El VIH/SIDA y la lucha por la humanización de los africanos. Quiero leerle este párrafo que afirma sarcásticamente: “¡Sí, estamos locos por el sexo! ¡Sí, estamos enfermos! ¡Sí, extendemos el Virus IH con nuestro incontrolado sexo heterosexual (y, ciertamente, en este sentido, somos distintos de los EEUU y de Europa)! ¡Sí, nosotros, los hombres, abusamos de las mujeres y de las adolescentes con alegre desparpajo! ¡Sí, entre nosotros, la violación es endémica debido a nuestra cultura! ¡Sí, creemos que acostándonos con jóvenes vírgenes nos curaremos del Sida! ¡Sí, a resultas de todo esto estamos amenazados de destrucción por la pandemia del VIH/SIDA! ¡Sí, lo que necesitamos, pero no podemos pagarnos porque somos pobres, son condones y fármacos antivirales! ¡Socorro! ¡Ayudadnos!”.

Y este racismo humanitario tiene consecuencias destructivas muy prácticas. Quienes defienden la falsa idea de que el Sida asola África no están combatiendo el Sida sino, por el contrario, reforzándolo y usándolo como un arma contra la población negra. Y quienes desde Europa y Estados Unidos impulsan, probablemente con la mejor intención, campañas y acciones para obligar a los gobiernos y a las instituciones mundiales a que aporten miles de millones de dólares a un fondo para comprar condones y antivirales para África, quienes presionan a las farmacéuticas para que abaraten sus venenos, quienes actúan para lograr el acceso a los genéricos son cómplices de intento de genocidio.

-¿Por qué dice “cómplices de intento de genocidio” y no “cómplices de genocidio”?

-Porque afortunadamente no lo están logrando aunque hayan conseguido avances parciales. Como Achmat consiguiendo imponer la administración gratuita de antivirales en Sudáfrica. Pero en realidad la población africana sigue creciendo a un fuerte ritmo que para nada se ha visto frenado por las noticias falsas publicadas del tipo “las fábricas se quedan sin obreros y las escuelas sin maestros por culpa del virus del SIDA”.

Recomiendo al respecto los artículos del importante escritor y periodista sudafricano Rian Malan. Es ilustrador el ejemplo que pone de los fabricantes de ataúdes: resulta que los que no se han visto obligados a cerrar mantienen un volumen de negocio estable. Y los negros entierran ceremoniosamente en ataúdes a sus muertos verdaderos. De los millones de muertos ficticios víctimas del VIH/SIDA ya se encarga el propio establishment del Sida que acaba de verse obligado a reducir sus estadísticas mundiales en casi siete millones. Y muchos millones más tendrán que rebajar…
-Una última pregunta: ¿por qué se intenta ridiculizar a la Ministra de Salud de Sudáfrica llamándolaDoctora Zanahoria?

-Y cosas mucho peores. Se debe a que la doctora Manto Tshabalala-Msimang, viendo los efectos dañinos de los antivirales está, por un lado, potenciando a los sanadores tradicionales ya que han recuperado a muchas personas que, diagnosticadas en las ciudades como “portadoras del VIH” o como “casos de Sida”, decidieron regresar a sus poblados a morir. Y, por otro lado, facilitando la realización de ensayos clínicos que empiezan a demostrar los buenos resultados que se pueden obtener con una alimentación adecuada.

De hecho todo lo que ayude a que sus mitocondrias funcionen mejor ayudará a la recuperación de la persona, por enferma que esté. Y todo lo que mejore el matrix extracelular (el oficialmente desconocido sistema de Pischinger) contribuirá a que las mitocondrias generen más energía. Esto, potenciado por el cambio anímico que significa comprender qué es realmente el Sida, en particular en África, permite obtener resultados muy positivos. No es cierto que el Sida esté acabando con África. Antes bien, creo que Sudáfrica contribuirá de forma decisiva a acabar con el Sida.

 

Lluis Botinas

 



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