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NÚMERO 96 / JULIO - AGOSTO / 2007

DORIS RAPP: “LOS CONTAMINANTES QUÍMICOS SON LA CAUSA DE MÚLTIPLES ENFERMEDADES INFANTILES”

 

La doctora Doris Rapp, pediatra especializada en alergias e inmunología en niños y autora de best-sellers como Nuestro tóxico mundo, El niño insoportable, Éste es tu hijo y ¿Es éste el mundo de tu hijo? vino a España en mayo para explicar la enorme influencia que algunos alimentos y productos químicos tienen sobre nuestra salud y la de nuestros hijos, tanto en casa como en el ámbito escolar. Productos de uso común que, según afirma, causan la mayoría de las alergias e incluso patologías como elSíndrome de Déficit de Atencióny laHiperactividad así como muchos de los problemas inusuales de comportamiento. Hemos hablado con ella.

Los asistentes al Congreso de Medicina Ambiental promovido por la Fundación Alborada en Madrid no podían dar crédito a las imágenes que la doctora Doris Rapp -considerada en Estados Unidos la “madre”de la Medicina Ambiental- les mostraba para ilustrar su charla. Niños/as que instantes antes mostraban un comportamiento tranquilo, una conversación y una escritura normales -adecuadas en cada caso a su edad- pasaban a los pocos minutos, tras ser inyectados en el brazo, a manifestar reacciones físicas y emocionales distintas: dolores diversos, comportamientos agresivos -incluso violentos-, pérdida total de la atención, ensimismamiento, dificultades para la expresión verbal o trazos irregulares en sus palabras o dibujos. La clave, la respuesta a semejantes reacciones físicas y mentales estaba, obviamente, en las sustancias inyectadas, simples diluciones realizadas a partir de sustancias corrientes. En algunos casos, alimentos como fresas, arroz, huevo, leche o trigo; en algunos, sustancias alergénicas  habituales como polen o polvo; y en otros sustancias químicas como el cloro, el flúor u otras de nombres impronunciables pero de presencia hoy día común en el hogar o en las aulas.

Para convencer a los escépticos que pudieran cuestionar mis hallazgos –nos comenta Doris Rapp- he grabado durante más de 20 años a cada paciente que me visitó, antes, durante y después de sus reacciones individuales al polvo, al moho, al polen, a los alimentos y a los productos químicos. La mayoría de la gente reconoce los ojos enrojecidos, las narices que moquean o la urticaria como formas típicamente aceptadas de alergia. Sin embargo hay otras formas que no son fácilmente reconocibles y de las que ni siquiera se sospecha. El polvo, el polen, los productos químicos, los alimentos y la energía electromagnética pueden afectar cualquier área del cuerpo o del cerebro, provocar incapacidad para concentrarse, fatiga, falta de sueño, dolor de piernas, enuresis o camas mojadas, infecciones de oído -atención en estos casos durante la niñez sobre todo a la leche- asma y también el denominado Síndrome de Déficit de Atención Adquirida y la Hiperactividad, problemas por los que millones de niños de todo el mundo son hipermedicados con potentes fármacos. Cualquier alimento puede causar alergia a una persona dada, incluso frutas tan saludables como las manzanas y las peras. Aunque hoy sabemos que algunos de los alimentos causantes de alergia más corrientes son la leche de vaca, el trigo y los colorantes artificiales”.

La doctora Rapp ha demostrado tras 42 años de trabajo -enfocado sobre todo en los niños- que las intolerancias no se reducen a lo comúnmente aceptado y ha acumulado experiencia clínica replicable que demuestra que existen entre los alimentos y las sustancias químicas que nos rodean infinidad de alergógenos que provocan reacciones físicas y neurotóxicas diferentes... pero que afortunadamente pueden ser tratadas con éxito.

Bien, pues si sorprendentes fueron las imágenes de las reacciones que provocaban en los niños los alergenos aún lo fue más comprobar cómo semejantes reacciones se atenuaban y/o desaparecían tras aplicar bajo su lengua unas gotas de la misma dilución -aunque en dosis distinta- a la que cada niño reaccionaba tan activamente.

Doris Rapp explicó que las alergias e intolerancias suelen poder detectarse mediante las típicas pruebas de sangre pero éstas no son infalibles y por ello han desarrollado otras más objetivables.

Hay una forma de comprobar las intolerancias sobre la piel –explica Rapp-llamada Provocación-Neutralización. Con ella se puede demostrar en menos de 8 minutos que a veces basta una gota de extracto de la alergia -a una mota, a un alimento o a un producto químico- para provocar claras reacciones físicas específicas pero también problemas de comportamiento y aprendizaje. Aunque lo más asombroso es el hecho de que tales respuestas se pueden eliminar o neutralizar en menos de 8 minutos también con una sola gota de la dilución adecuada del mismo extracto de alergia. Mediante inyección o por vía sublingual. Este tratamiento ha permitido a muchos pacientes comer alimentos a los que eran alérgicos y hasta respirar polvo, moho, polen y algunos productos químicos con menores síntomas o carencia total de ellos. El propósito era demostrar de forma inequívoca a padres, niños, doctores, psicólogos, educadores y otros que estas reacciones eran verdaderas y se podrían producir o eliminar a voluntad mediante ese método”.

Rapp entiende que haya médicos a los que les cueste aceptar lo expuesto pero a esos colegas escépticos les pregunta cómo explicarían entonces que ella pueda reproducir a voluntad los síntomas específicos que perturban a muchos niños con una minúscula gota de extracto del producto alergeno de forma subcutánea o sublingual. Y, sobre todo, cómo se explican que pueda eliminar los síntomas suministrándoles luego una dosis diferente o más débil de ese mismo extracto.

LAS ALERGIAS Y LOS CAMBIOS DE COMPORTAMIENTO

La característica más importante de la personalidad de Doris Rapp es su pasión por los niños, su deseo de conseguir un mundo mejor y más seguro para ellos. Se emociona cuando habla del daño que nuestro comportamiento está causándoles y, por ende, al planeta entero. Por eso le gusta desplegar delante de quienes la escuchan su espíritu crítico contra la indiferencia con la que la industria y los gobiernos se comportan ante los problemas medioambientales, especialmente los relacionados con el impacto -cada vez mayor- de los productos químicos en la salud de los niños, tanto en los alimentos (conservantes, colorantes, espesantes, potenciadores del sabor, etc.) como en multitud de productos industriales.

Médica especializada en Pediatría, Medicina Ambiental y Alergología esta profesora de la Universidad de Nueva York en Buffaloes autora de varios best sellers -como Nuestro tóxico mundo, El niño insoportable, Éste es tu hijo y ¿Es éste el mundo de tu hijo?- en los que demuestra claramente que los productos químicos presentes en detergentes, suavizantes, perfumes, cosméticos, pinturas, utensilios de cocina y cientos de productos más de uso común no sólo provocan alergias causantes de problemas físicos sino problemas de comportamiento tan graves como el Síndrome de Déficit de Atención y laHiperactividad.

Una afirmación sorprendente que recogería del considerado “padre” de la Medicina Ambiental, un médico de Chicago llamado Theron Randolph cuyo trabajo no sólo probaría mediante experiencia clínica replicable que existen productos neurotóxicos -que afectan al cerebro- sino que el problema puede resolverse tratando las dolencias con la misma sustancia -diluida- que las provoca. Y es que -aunque poca gente ha oído hablar de él- desde mediados del siglo pasado existe en la literatura médica el denominado Síndrome Químico Múltiple (SQM), una patología que se conoce por otros nombres como Enfermedad ambiental, Síndrome de respuesta a sustancias químicas o Síndrome de alergia total. Y tal como estableció Randolph -y reafirma Rapp- los pacientes con SQM presentan problemas físicos comunes a muchos procesos alérgicos pero además pueden presentar problemas de carácter mental -como pérdida de memoria-, cambios de humor, problemas de aprendizaje, déficit de atención e hiperactividad.

A este respecto no estará de más recordar que la organización ecologista Greenpeace ha denunciado recientemente que la nueva legislación REACH sobre productos químicos de la Unión Europea sólo afecta a 30.000 de las 100.000 sustancias que existen en el mercado comunitario y que seguirán utilizándose en productos de consumo masivo muchas que pueden provocar disfunciones reproductivas, defectos congénitos y cáncer, tal como viene demostrando desde hace años Rapp, firme convencida de que el incesante aumento del número de cánceres a nivel mundial no es sino un reflejo del impacto de las sustancias químicas sobre nuestro organismo generación tras generación.

El problema de los químicos peligrosos -según denuncia Greenpeace en su web- es hoy tal que cualquier ser humano tiene en su sangre unos 300 químicos sintéticos que no tenían nuestros abuelos. Sustancias que están presentes en productos tan dispares como geles, sofás, textiles, utensilios de cocina, pinturas, aparatos electrónicos... Pero sobre ellos y sus consecuencias hemos hablado ya en nuestra revista -tiene los artículos en nuestra web: www.dsalud.com- por lo que no vamos a extendernos demasiado en el tema.

Casi el 70% de los productos químicos sintéticosusados habitualmente para limpiar en las escuelas –nos aseguraría Rapp-son agentes carcinógenos conocidos”. Añadiendo: “La lista de ingredientes en productos dedicados al cuidado personal potencialmente peligrosos para la salud es tan amplia como los efectos tóxicos que pueden causar. El alcohol isopropílico, el cloruro de metileno, la nitrosodietanolamina, el DMDM Hydantoin o el Imidazolidinyl Urea son sólo algunas de las sustancias químicas difíciles de pronunciar que pueden encontrarse en los productos de aseo personal y que pueden contribuir a enfermedades tan variadas como la fatiga crónica, el asma, los problemas de la piel y una amplia variedad de cánceres”.

La doctora Rapp agregaría que en el cordón umbilical de algunas mujeres embarazadas de las sociedades industriales se han encontrado hasta 237 toxinas ambientales conocidas. “Así que una vez nazca el niño éste puede tener daños neurológicos evidentes, cáncer cuando sea adulto o un sistema inmune comprometido en la vejez. Y hablamos de toxinas que están también en el aire, el agua, los alimentos y el suelo de nuestro entorno provocando los mismos efectos sobre nuestros organismos”.
Pues bien, para valorar si determinados síntomas pueden o no deberse a una alergia medioambiental Rapp aconseja ante todo repasar los cambios significativos en la vida de quien los padece a fin de intentar averiguar si aparecieron en alguno de esos momentos e identificarlos. Por ejemplo, si fue después de una mudanza, tras un cambio de trabajo o escuela, tras la compra de una alfombra o un mueble, tras pintar las paredes de la casa, la oficina o la escuela, por el uso de pesticidas o herbicidas nuevos en los jardines de alrededor, si hay nuevos tipos de polen de la zona, etc.
Habiendo cinco aspectos a los que se debe prestar especial atención:

1. El comportamiento. Pueden producirse cambios muy llamativos.
2. El aspecto físico. Si se producen modificaciones notables en la apariencia física -como orejas rojas, círculos oscuros en los ojos, etc.- o si uno tiene que frotarse de forma continua la nariz, el carraspeo de garganta es constante, se sufre de piernas inquietas… Son pistas típicas que hay que tener en cuenta porque pueden señalar el comienzo de la reacción alérgica.
3. El pulso. Tras una exposición alergénica el pulso puede volverse irregular o acelerarse ya que el cuerpo entero se ve afectado. También puede subir la presión arterial.
4. La escritura. Si se altera la escritura o el dibujo es porque se ha visto también afectado el sistema nervioso y el cerebro.
5. La respiración. Si se notan cambios en la respiración y ésta se hace más difícil es porque los pulmones se han visto afectados.

Agregaré que según Doris Rapp la mayoría de los alimentos y contactos alergenos -sean en el interior de nuestros hogares o en el exterior- suelen provocar síntomas al cabo de una hora aunque algunos derivados de alergias alimenticias y el moho pueden manifestarse entre 8 y 24 horas después. Lo que conviene tener en cuenta a la hora de localizar los productos que pueden estar provocando nuestras reacciones, síntomas y cambios de actitud.

El doctor Lendon Smith escribe por su parte en la introducción al libro de Rapp El niño insoportable-Las alergias alteran la actividad y el comportamiento -traducido ya al español- lo siguiente: “Me gustaría proponer el RAPPISMO: Si alguien, cualquier persona, se comporta juiciosamente y con propiedad siempre, y en un momento dado, sin razón aparente, se deprime, se pone agresivo, pierde la coordinación, está somnoliento, torpe, pálido o desorientado, en otras palabras, actúa de forma diferente, debemos investigar los alimentos que ingirió o si estuvo en contacto con polvo, hongos, polen o químicos durante las 12 horas anteriores al cambio”.

LOS NIÑOS Y LOS PROBLEMAS DE COMPORTAMIENTO 

Doris Rapp ha conseguido también demostrar con su trabajo que puede mejorarse la capacidad de estudio y atención de los niños identificando y eliminando aquellos productos del entorno o de la alimentación que provocan sus problemas de comportamiento. De hecho, asegura que muchos de los problemas de comportamiento y concentración de niños diagnosticados como hiperactivos o víctimas de un Trastorno de Déficit de Atención no son en realidad sino consecuencia de alergias medioambientales no detectadas. “Muchos síntomas en los niños –nos diría- son causados por los alimentos, el polen, los hongos, el polvo o los productos químicos ambientales. Luego una posible solución es encontrar la causa de la alergia y eliminarla”.

Obviamente Rapp no se muestra partidaria de consumir medicamentos. Por ejemplo el Ritalin, fármaco ampliamente recetado en los casos de Déficit de Atención e Hiperactividad y sobre cuyos efectos secundarios hemos hablado ampliamente en la revista. “Esa droga –escribe Rapp en El niño insoportable- es un narcótico clase 2 (el mismo grupo en el que está incluida la cocaína en Estados Unidos). Porque aunque hay niños que son menos activos cuando reciben Ritalinalgunos pierden peso, crecen lentamente debido a un apetito pobre, tienen problemas para dormir, pierden personalidad y actúan como ‘zombies’. Además es frecuente que muchos padres se quejen de que cuando la droga pierde su efecto, tras la escuela, sus hijos están aún más incontrolables de lo habitual”.

En suma, lo que un padre debería hacer para ayudar en tales casos a su hijo es hacer de detective. Primero, escogiendo bien lo que le da de comer. Y segundo, vigilando lo que consume de forma habitual. “No es raro encontrar niños que tienen problemas de concentración, no ponen atención en la lectura y parecen incapaces de seguir instrucciones –explica Rapp-. Este patrón de conducta de no hacer caso se observa especialmente después de ingerir ciertos alimentos dañinos como las bebidas azucaradas y los cereales que contienen colorantes artificiales, los dulces, las rositas de maíz y demás productos derivados del maíz, el chocolate, la mantequilla de cacahuete, los productos derivados del tomate (incluida la pizza), la leche, sus derivados y los alimentos que contienen aditivos y conservantes. Esos alimentos -y muchos otros- pueden hacer que algunos niños desarrollen síntomas de hiperactividad, depresión, cansancio, dolor de cabeza, molestias abdominales, asma o fiebre de heno. Y con esos síntomas el aprendizaje es más difícil y la enseñanza frustrante convirtiéndose en un reto para los educadores. En cuanto a los padres se encuentran perplejos, molestos y confundidos por ese comportamiento errático y la ineptitud para aprender que, de forma intermitente, presenta su hijo”.

En pocas palabras, según Rapp alteraciones importantes del comportamiento -como la Hiperactividad o el Déficit de Atención, diversos problemas mentales, la depresión, la ansiedad y otras dolencias pueden deberse a algunos de los productos tóxicos presentes en nuestro entorno habitual. Y su experiencia clínica durante varias décadas lo avala. Y como demostración práctica -además de las curaciones conseguidas en consulta- Doris Rapp ha inspirado ya programas como el Aula Limpia (clases libres de productos químicos) en algunos colegios de Canadá demostrando que sólo con eso puede mejorarse el rendimiento intelectual y la atención de los niños hiperactivos. Porque en su opinión muchas veces la causa de los problemas de aprendizaje puede estar relacionada no sólo con ciertos alimentos sino con algo tan simple como los materiales que se encuentran en muchas escuelas y hogares. Y ello incluye materiales de limpieza, alfombras sintéticas, artículos de vinilo, plástico suave, paneles con emanaciones de formaldehido, materiales usados para reconstruir o remodelar o muy diversos tipos de aislantes, insecticidas y pesticidas.

En la línea marcada por Rapp, la Junta Educativa del Condado de Waterloo en Kitchener (Ontario, Canadá) aceptó hacer una evaluación sobre la educación y su coste real teniendo en cuenta el concepto de enfermedad ambiental y sus efectos en el rendimiento escolar. Para lo cual crearon un aula limpia donde tanto estudiantes como profesores estuvieran libres de todo producto químico usando el mismo principio básico de limpieza ecológica que se recomienda para el dormitorio de algunos niños enfermos. El aula contaba con una entrada de acceso limitado, calefacción eléctrica y estaba separada del resto de la escuela por puertas de escape contra el fuego. Alumbrada por luces de espectro completo no contenía plásticos, ni alfombras o cortinas sintéticas, ni animales domésticos, ni papel tratado químicamente. Y no se permitía la entrada a ninguna persona con olor a perfume, tabaco o productos químicos de ningún tipo. Los resultados finales fueron un aumento significativo tanto de la asistencia escolar como de las capacidades de los jóvenes que utilizaron el aula además de un ahorro económico para la escuela.

TERAPIAS DE AYUDA

Rapp, en consecuencia, hace mucho hincapié en la importancia de crear ambientes -en el hogar, la escuela y la oficina- lo más ecológicos posibles y libres de productos químicos. Pero, sobre todo, considera que la dieta y la terapia con extractos de alergia pueden ser dos herramientas poderosas para superar muchos de los síntomas provocados.

Rapp propone tres tipos de dietas para saber a qué alimentos es uno alérgico o intolerante, todas ellas ampliamente explicadas en su libro El niño insoportable y que, por cuestiones de espacio, comentamos sólo de forma somera:

1) La dieta eliminatoria de un solo alimento. La idea es ingerir el alimento que se considera responsable de la alergia cada cuatro días. Por ejemplo, si es la leche se ingiere ésta el lunes y luego se elimina de la alimentación –así como los demás productos lácteos- hasta el viernes, día en el que se vuelve a ingerir tras tres horas de ayuno.

2) La dieta eliminatoria de múltiples alimentos. Durante la primera semana se come prácticamente de todo salvo los productos más sospechosos de causar alergia: leche, trigo, huevo, maíz, cacao, colorantes, conservantes, café, colas, etc. Luego, a la segunda semana, se ingiere cada día uno de los alimentos descartados hasta incorporarlos todos. Eso permite ver cuáles provocan reacciones físicas o de comportamiento.

3) La dieta rotatoria. Con ella se pretende conseguir la ingesta de alimentos a los que uno es especialmente sensible sin manifestar síntomas. Para lo cual se permite comer la mayoría de los alimentos repetidamente en un intervalo de cuatro días. Por ejemplo, pollo el primer día, carne el segundo, pescado el tercero y huevo el cuarto... y así hasta completar una dieta para cada día que se repite completa cada cuatro. No sólo se podrán observar los patrones de sensibilidad sino que además si los alimentos se ingieren con ese intervalo de tiempo puede acabar disminuyendo la sensibilidad a los mismos.

Muchos son los matices que cada una de estas dietas requieren pero básicamente ésa es la filosofía que subyace tras su planteamiento.

Otra de las herramientas terapéuticas de Rapp, como ya adelantamos, es la terapia con extractos de alergia. “La sensibilidad a muchos alimentos y a ciertos animales –escribe Rapp- puede ser tratada efectivamente con los extractos de alergia apropiados (…) Estos métodos sostenidos por los especialistas en Medicina Ambiental permiten a muchos pacientes tratarse ellos mismos. Los adultos pueden administrarse con seguridad inyecciones de extracto de alergia mientras los niños se tratan con gotas de extracto de alergia que se colocan bajo la lengua (…) Los niños que utilizan esta forma más novedosa de terapia es posible que no necesiten inyecciones continuas para alcanzar la dosis correcta para el tratamiento final (…)“

Admitir los postulados de Rapp puede no ser fácil para algunos médicos pero ella misma es un vivo ejemplo de que se puede cambiar. Hasta 1975 practicaba la Pediatría y buscaba posibles alergias de la forma convencional pero ese año escuchó en un congreso que se celebró en Miami no sólo lo que los médicos convencionales tenían que decir sino también los nuevos planteamientos de los heterodoxos. Y al principio, cuando éstos relacionaban alergias y comportamiento, pensó que estaban de broma. Pero cuando escuchó que raramente trataban a los niños con esteroides y no les recetaban medicinas obteniendo éxitos significativos así se dijo que mentían y decidió destapar el fraude. Así que fue hasta las consultas de aquellos médicos y comprobó que era verdad, que las alergias tenían que ver con el comportamiento y que además podían curarse en muchas ocasiones sin medicamentos. Fue el comienzo de una nueva vida. Hoy no duda de que este nuevo enfoque sobre la relación entre alergias medioambientales y alimenticias con el comportamiento se debe a razones meramente económicas.

“El examen de un paciente con nuestros protocolos y su tratamiento sin los medicamentos habituales –explica-lleva mucho tiempo y así no se gana dinero. De hecho, cumplimentar cada historia clínica lleva horas e identificar a los culpables en el medio ambiente y en la dieta varios días. Luego hay que dedicar muchas más horas a educar... a la familia entera. Por el contrario, recetar un fármaco para aliviar simplemente los síntomas siguiendo un protocolo ya establecido es mucho más cómodo, rápido y lucrativo. A mí, sin embargo, no hay nada en la vida que me recompense más que conseguir que un niño mejore notablemente logrando que alcance su máximo potencial. O salvar un matrimonio llevado al borde del abismo por el incomprensible comportamiento del niño, debido a las tensiones que esa situación crea, especialmente cuando se le trata sólo con fármacos. Y lo que más me duele es que hay niños a los que se está drogando con fármacos que no les ayudan a superar su problema cuando muchas veces podría curarse haciendo simplemente lo que he explicado”.

 

Antonio F. Muro

 



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