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     REPORTAJES
NÚMERO 91 / FEBRERO / 2007

¿CAUSAN LAS ESTATINAS RECETADAS PARA BAJAR EL COLESTEROL LAS ENFERMEDADES NEURODEGENERATIVAS?

 

Los médicos se encuentran cada día con más personas que manifiestan tener lapsus de memoria y otros problemas cognitivos. Cuando se trata de ancianos lo socorrido es decir que es “producto de la edad”, un “toque de senilidad” o, quizás, “Alzheimer temprano”. Sin embargo, un médico norteamericano llamado Duane Graveline, especialista en Medicina Aeroespacial, ex astronauta, cirujano de vuelo y médico de familia durante más de 20 años afirma que buena parte de esas situaciones pueden deberse al consumo sostenido de estatinas para disminuir el colesterol. Henry Lorin, autor del libro El Alzheimer, resuelto, lo corrobora asegurando que la mayor parte de los casos de Alzheimer se deben a largos períodos de escasez de colesterol en el cerebro.

¿Qué ocurriría si un buen día siente que comienza a sentirse deprimido o a fallarle la memoria, que tiene problemas para expresarse o cierta descoordinación al moverse? Lo más probable es que acuda a su médico y que éste, ante su preocupación y la de sus familiares, le remita a un neurólogo o a un psiquiatra. Y es seguro -si llega a preguntárselo como parte de su historia clínica- que no de ninguna importancia al hecho de que desde hace algún tiempo su cardiólogo o él mismo le esté tratando con estatinas ese colesterol que se resiste a bajar. Y por supuesto no será usted, angustiado como está por sus nuevos problemas, el que vaya a pensar que las dichosas pastillas para el colesterol puedan ser la causa. Bueno, pues existe la posibilidad de que ambos –el médico y usted- se equivoquen. Y puesto que con las cosas de la cabeza no conviene especular ni arriesgar le invitamos a que lea atentamente lo que a continuación vamos a contarle.

Ciertamente las piezas del rompecabezas están todavía dispersas y por eso la certeza no es absoluta. Sin embargo, si finalmente los testimonios, la experiencia clínica y los estudios científicos confirman la existencia de serios problemas cognitivos y neurológicos como efectos adversos hasta ahora ignorados de las estatinas su papel como fármacos milagro –los medicamentos más vendidos del mundo- podría sufrir un serio revés, justo cuando más voces están interesadas en hacer de ellos fármacos de libre acceso. Y en este caso, sólo la posibilidad ya es mucho. Sobre todo porque estadísticamente es tal ya el número de personas que toman estatinas que aunque el índice estadístico de probabilidades sea bajo cada vez serán más los que experimenten problemas en diferentes grados. Y cada caso será un drama personal y familiar, no una simple cifra en una fría lista de un lejano despacho.

En nuestro último número (léalo en nuestra web -www.dsalud.com-si aún no la ha hecho) ya señalábamos la controversia -prácticamente ignorada por médicos y pacientes- que existe sobre el papel real del colesterol en las enfermedades cardiovasculares y cómo un grupo de investigadores cada vez más amplio rechaza que se presente al colesterol como causa de las mismas. De acuerdo con esto -y como consecuencia directa- poníamos de manifiesto que para el grupo de críticos el uso masivo de estatinas en dosis cada vez mayores y durante un tiempo prolongado no parece justificarse como herramienta terapéutica preventiva considerando la gravedad de los posibles efectos adversos conocidos, ya de por sí bastante ignorados por los propios médicos. La razón, además de la pereza intelectual de muchos médicos y los propios intereses económicos de las compañías farmacéuticas que tienden a ralentizar la información cuando no a maquillarla- es un negocio multimillonario. Tanto que la venta de estatinas supone un mercado de más de 26.000 millones de dólares anuales. De hecho en el 2003 los dos fármacos de mayor consumo en el mundo -en valor monetario- fueron una atorvastatina y una simvastatina. Ese mismo año en España la atorvastatina fue el fármaco que generó más gasto al Sistema Nacional de Salud: más de 115 millones de euros.

La doctora Beatrice Golomb -que está llevando a cabo con fondos públicos en la Universidad de California(San Diego) un estudio internacional sobre los efectos secundarios de las estatinas abierto a quienes quieran compartir sus experiencias (www.statineffects.com)- decidió afrontar su investigación al margen de los laboratorios porque, como denunció en la cadena norteamericana CBS en mayo del 2004, los estudios que generan la imagen más positiva de las estatinas cuentan con financiación de las grandes multinacionales. “El estudio sobre los efectos secundarios de las estatinas –añadiría Golomb- es importante porque muchos médicos y otros expertos en enfermedades del corazón y colesterol están familiarizados con los beneficios de las estatinas y otros medicamentos contra el colesterol pero están poco familiarizados con las experiencias adversas con esos medicamentos que muchas personas manifiestan como dolores musculares, debilidad, trastornos de memoria, cognitivos y cambios de humor”.

Pues bien, si suficientemente demostrada estaba ya la relación entre la carencia de la coenzima Q-10 provocada por las estatinas con el deterioro de la función del miocardio, las disfunciones hepáticas y las miopatías -incluidas la cardiomiopatía y el fallo cardiaco congestivo- en el horizonte se perfila una realidad nueva y mucho más dramática. Los nuevos descubrimientos en el campo de la Neurología y la cada vez mayor abundancia de testimonios personales apuntan a que el consumo prolongado de estatinas en dosis altas pudiera estar contribuyendo a la epidemia de trastornos cognitivos de muy diversa gravedad e índole –desde amnesias transitorias y depresiones a pérdida del habla y cambios de humor- que asolan las sociedades desarrolladas. E incluso favorecer algunas de las enfermedades neurodegenerativas más graves como el parkinson, la esclerosis múltiple o el alzheimer. "Nosotros tenemos personas –señalaba Golomb -que han perdido la capacidad de pensamiento tan rápidamente que en el curso de un par de meses pasaron de ser importantes directivos en sus compañías a no poder firmar un talonario de cheques, y ser despedidos”.

El médico norteamericano Duane Graveline,tras un episodio de amnesia sufrido como efecto secundario de la ingesta de atorvastina -recetada para controlar su colesterol “no demasiado alto”-, decidió investigar en profundidad sobre el beneficio-riesgo de las estatinas. Fruto de su trabajo han sido tres libros de denuncia -Lipitor, el ladrón de la memoria, Las estatinas y la errónea guerra contra el colesterol y su último y reciente trabajo Estatinas. Efectos secundarios- así como una página web -www.spacedoc.net- en la que además de ofrecer gran cantidad de información recoge los testimonios de quienes se sienten víctimas de los efectos secundarios de las estatinas. Testimonios que para un mejor análisis médico pasa posteriormente a la doctora Golomb.

Los médicos, como sus pacientes–nos diría Graveline-, ignoran por completo el problema de los efectos secundarios cognitivos de las estatinas. Una y otra vez aseguran y tranquilizan a sus pacientes preocupados y les dicen que sus lapsos de memoria son ‘los esperados para su edad’, quizás un ‘toque de senilidad’ o incluso ‘Alzheimer temprano’. Y ahora, tras más de diez años de prescribir estatinas y tranquilizar a los pacientes sobre su seguridad, lo último que un médico quiere oír es que ha estado equivocado durante tanto tiempo”.

Sin embargo, también es verdad que ha sido en los últimos años cuando los efectos adversos cognitivos han comenzado a acumularse y cuando la investigación neurológica ha puesto las bases para relacionarlos con el papel del colesterol en nuestro cerebro. Un papel fundamental que resulta evidente sólo con tener en cuenta que el cerebro humano contiene casi el 25% del colesterol del cuerpo constituyendo apenas un 2% de su peso total.

EXPERIENCIAS DRAMÁTICAS

Graveline empezó su carrera médica en el Walter Reed Army Hospital cuando se empezaban a estudiar los efectos médicos de los vuelos espaciales. Tras hacerse cirujano de vuelo y participar en la investigación médica espacial Graveline recibió reconocimiento internacional por sus investigaciones sobre el comportamiento humano en gravedad cero, trabajo al que se había dedicado como analista médico del programa bio-astronaútico. En 1965 fue seleccionado como astronauta científico. Hasta que un día de mayo del 2001 se le prescribió atorvastina para reducir su colesterol y como consecuencia desarrolló un caso severo de amnesia. “El primer episodio –nos contó Graveline- me ocurrió después de que me prescribieran Lipitor para bajar mi colesterol que estaba un poco alto. Acababa de volver de mi habitual paseo matinal por el bosque cuando mi esposa me vio caminando sin propósito fijo frente a la entrada del garaje de casa, como si estuviera perdido. Yo no la reconocí y me negué a entrar en nuestra casa. Acepté galletas y leche con cierta renuencia y de algún modo ella consiguió que entrara en el automóvil llevándome a ver a mi médico familiar y al neurólogo. Un año después me instaron a que volviera a tomar Lipitor ya que mi médico se negaba a creer que una estatina pudiera ser la causa de aquel primer episodio de amnesia. Días después mi esposa me encontraba en el invernadero con la mirada extraviada. Esta vez el episodio duró 12 horas y retrocedí a mis años adolescentes con un recuerdo preciso de todos mis amigos de la escuela secundaria y de los acontecimientos que allí me ocurrieron... pero habían desaparecido todos los recuerdos de mis años de universidad en la Facultad, de mi matrimonio y de mis cuatro hijos. Y mis excitantes 10 años en la USAF como cirujano de vuelo e investigador científico. No tenía conciencia alguna de haber sido médico de familia durante 23 años, astronauta de la NASA o autor de nueve libros. Todos esos recuerdos se habían borrado por completo de mi mente, como si nunca hubieran ocurrido”.

Convencido de que aquello tenía que haber sido producto de las estatinas que estaba tomando Graveline decidió investigar a fondo sus posibles efectos secundarios, algo completamente ignorado en la literatura médica. “Al principio -nos contó-creía que mi caso era único. Mi convicción fue completamente intuitiva. Lipitorera el único medicamento que tomaba cuando tuve el primer ataque de amnesia. Y cuando un año después volví a tomarlotuve a las pocas varias semanas un nuevo ataque sólo que peor pues sufrí amnesia anterógrada y retrógrada. Yo estaba pues convencido de que ambos episodios fueron causados por el Lipitor pero nadie más parecía estarlo. Sólo cuando descubrí los estudios sobre estatinas de la doctora Golomb en la Universidad de California(San Diego) empezó a surgir la verdad. Comprendí que había más casos como el mío. Unos meses después, cuando el People's Pharmacy publicó el informe de mi caso, un diluvio de informes de pacientes de todo el país sobre problemas cognitivos comenzaron a aparecer. Hasta ese momento esos pacientes habían asumido que sus lapsus de memoria, olvidos, confusiones y desorientación eran producto de la vejez, la senilidad o el Alzheimer. Ahora tenemos miles de informes de casos que incluyen recaídas en el momento de volver a tomar el medicamento tras dejar de ingerirlo. A mi juicio la evidencia sobre el papel en ello de las estatinas es concluyente”.

Muchos de nuestros lectores o familiares quizás se sientan identificados con las decenas de experiencias que en la página web de Graveline -www.spacedoc.net- relatan problemas cognitivos tras ingerir estatinas con la convicción personal, que no médica, de que estuvieron involucradas en ellos. A los médicos la relación estatinas-efectos cognitivos les parece imposible porque no hay alertas farmacológicas que así lo apunten. Y por tanto los problemas cognitivos de sus pacientes no se informan como posibles efectos adversos de las estatinas y los derivan a otras especialidades con lo que siguen sin figurar en ningún registro como efectos secundarios. La pescadilla que se muerde la cola.

Tengo 53 años –puede leerse en uno de los informes remitidos a Graveline-y he sido diabético durante 32. En el 2002 mi endocrinólogo me recetó 10 mg de Lipitor. Durante los siguientes 12 meses aprecié mejoras ‘modestas’ en mis números pero me mostré insatisfecha cuando tendí a permanecer en un rango de 240-260 de colesterol total. Entonces aumenté la dosis de Lipitora 20 mg y empecé a experimentar una espiral gradual de problemas cognitivos empeorando además mi humor y nivel de energía y sufriendo depresión. Perdí la capacidad para funcionar adecuadamente en mi trabajo y me quedé sin recursos para afrontar los desafíos diarios de la vida. Así que dejé de tomar el medicamento. ¡Después supe que mi hermano y mi madre, que tomaban también este medicamento, estaban sufriendo igualmente episodios de cambios de humor! Afortunadamente dejaron también la medicación con estatinas”.

Son muchos los testimonios similares que hablan de problemas neurológicos y anímicos que quienes los sufren asocian a las estatinas: “Ya que Lescol –puede leerse también en www.spacedoc.net- no modificaba mi colesterol lo suficiente el médico me prescribió Lipitor. Y al cabo de los meses hubo un cambio drástico. Desarrollé un problema de equilibrio que hacía que caminara con dificultad. Sufrí dolor en mi rodilla izquierda al caminar, rigidez en todo el cuerpo y problemas al hablar. Fui a un neurólogo que me dijo que probablemente tenía insuficiencia cerebral; a un ortopedista que me dijo que tenía artritis; a otro ortopedista que me dijo que no tenía artritis; y a un internista que, sencillamente, no supo qué decirme. Todo eso después de numerosas radiografías y resonancias. Por alguna razón yo sospechaba del Lipitor y decidí dejar de tomarlo aunque sabía que mi médico no estaba de acuerdo. Dos semanas después el dolor de la rodilla ha desaparecido así como mi rigidez corporal. Y ya no estoy tan cansado como antes. Empero, caminar aún me resulta difícil y mi equilibrio no es bueno. Mi habla tampoco es todavía fluida y no me siento tan alerta como debiera. Han pasado dos meses desde que dejé de tomar Lipitor y aunque ha habido algún progreso no estoy seguro de que no haya sufrido daños irreparables”.

Bueno, pues a pesar de tantos testimonios se sigue sin querer relacionar tales síntomas con las estatinas. A pesar de que hay suficientes datos que apuntan la necesidad de no seguir ignorando durante más tiempo el problema.

En julio del 2003 Wagstaff y otros publicaron un artículo en Pharmacotherapy titulado Statin-associated memory loss: analysis of 60 case reports and review of the literature (Pérdida de memoria asociada a las estatinas: análisis de 60 informes y revisión de la literatura) que ya abría la puerta a la posibilidad de que las estatinas sí puedan provocar problemas cognitivos. “Los estudios disponibles –afirman en él sus autores-no muestran ningún beneficio cognitivo o antiamiloide para ninguna estatina. Además existe un aumento de informes que apuntan a la posibilidad de que las estatinas puedan estar asociadas en casos raros con el deterioro cognitivo aunque la causalidad no es segura”. El artículo examinó 60 casos de deterioros cognitivos asociados a las estatinas extraídos del Medwatch, sistema de alerta de la agencia de control norteamericana FDA. Los autores consideraron muy significativos cuatro casos de recaídas, personas que desarrollaron problemas cognitivos similares en un segundo período de ingesta de estatinas, tal y como le ocurriera a Graveline. Y es que suele aceptarse que el desarrollo de síntomas en una segunda ocasión es evidencia definitiva de un efecto secundario del medicamento. Otros dos estudios diseñados para evaluar efectos cognitivos de las estatinas mostraron también un empeoramiento en la función cognitiva (Muldoon y otros, 2002, 2000).

UN MEDICAMENTO, MÚLTIPLES IMPLICACIONES

Es indudable que queda prácticamente todo por hacer en este campo, sobre todo a la vista de los descubrimientos en el ámbito de la Neurología de los últimos cinco años. Pero lo que está claro es que tales reacciones adversas sí son conocidas por los laboratorios aunque las desconozcan los médicos. De hecho, el Lipitor (atorvastina) -el medicamento más vendido del mundo- recoge en su página web como potenciales efectos adversos, entre otros referidos al sistema nervioso, los siguientes: insomnio, vértigo, parestesia (sensación anormal que afecta a la sensibilidad general o a una modalidad sensorial gustativa, olfatoria o sexual), somnolencia, amnesia, pesadillas, disminución de la libido, labilidad emocional (variación continua en el estado de ánimo sin razón aparente), descoordinación, neuropatía periférica, tortícolis, parálisis facial, hiperquinesia (actividad motora exagerada), depresión, hipoestesia (aumento de la sensibilidad) e hipertonia (aumento exagerado del tono muscular). Muchos de los cuales se identifican con las experiencias relatadas anteriormente. Una relación completa de efectos adversos que el laboratorio reseña para asegurarse de que nadie pueda acusarle de no haber advertido a quienes consumen el producto sobre los posibles efectos adversos.

Bueno, pues en España la ficha técnica de dos atorvastinas admitidas por la Agencia Española del Medicamento, una de ellas del mismo fabricante que el Lipitor, señala bastantes menos reacciones adversas: “Trastornos psiquiátricos: Frecuente: insomnio. Poco frecuente: amnesia. Trastornos del sistema nervioso. Frecuentes: dolor de cabeza, mareo, parestesias e hipoestesia. Poco frecuente: neuropatía periférica”. Es todo. ¿Y el resto de los posibles efectos secundarios negativos antes mencionados? ¿Tienen obligación los médicos españoles de consultar la ficha técnica en inglés de la atorvastina para estar bien informados? Al final no faltará quien cargue en su falta de conocimiento las posibles consecuencias sobre los pacientes, muchas de las cuales están aún por conocerse.

Y es que queda mucho todavía para saber cómo influyen las estatinas sobre nuestro organismo, en general, y nuestro cerebro, en particular. Algunas cosas ya eran sabidas y otras han ido descubriéndose en los últimos años. Lo que si parece claro, por ejemplo, es que la propia naturaleza de las estatinas las hace responsables de la alteración de muchas rutas bioquímicas.

Permítasenos para la explicación que por un momento recurramos a la terminología científica, difícil de comprender por los profanos pero que ayuda a intuir la complejidad de las respuestas puestas en marcha por las estatinas: “El mecanismo de acción de las estatinas -afirman O. Hernández-Perera yS. Lamas en Disfunción endotelial en la aterosclerosis: papel protector de las estatinas- se basa en la inhibición competitiva y reversible de la transformación de la enzima HMG-CoA a mevalonato que es el precursor de los esteroles celulares como el colesterol así como de los lípidos isoprenoides. Entre estos últimos se encuentra el dolicol, necesario para la glicosilación de proteínas, las ubiquinonasde la cadena respiratoria mitocondrial, la isopentenil adeninaque interviene en la modificación de ciertas formas de RNAt y los isoprenoides farnesily geranilgeranil pirofosfatoque participan en la modificación post-traduccional de ciertas proteínas y, en particular, de proteínas G, como la proteína Ras. No debe resultar extraño, por tanto, que las estatinas, además de su capacidad para inhibir la síntesis hepática de colesterol, también sean capaces de modificar otras funciones celulares  (la negrita es nuestra)”

La simple lectura del párrafo anterior permite entrever la amplitud de las modificaciones que las estatinas realizan en nuestro organismo. Dicho de manera más coloquial es como si para tratar de reducir el flujo de pasajeros (colesterol) que vuelan de Madrid a Barcelona se cerraran todos los aeropuertos (enzima HMG-CoA). Con ello se conseguiría desde luego que no volara nadie a Barcelona pero el trastorno que provocaría en el resto de las rutas sería monumental y las consecuencias incalculables. Así que no hay que saber mucho de bioquímica para entender que con tantas rutas bioquímicas alteradas en los delicados mecanismos de nuestro organismo la respuesta en forma de efectos secundarios no saldrá gratis.

De entre las más importantes hemos comentado ya la alteración de la ubiquinona o coenzima Q-10 que juega un papel básico en la producción de ATP en las células. Y ya más directamente relacionada con las funciones cognitivas una de las posibles vías de incidencia sería sobre los dolicoles -lípidos cuya función es transportar oligosacáridos- que juegan un papel de inmensa importancia en la formación de neuropéptidos, neurotransmisores envueltos en el aprendizaje y la memoria. “Los efectos secundarios de inhibición del dolicol –señala Graveline- incluyen un amplio espectro de desórdenes conductuales y afectivos que son el resultado del daño en la síntesis de neuropéptidos. En las células el dolicolconduce diversas proteínas fabricadas en respuesta a las órdenes del ADN hasta sus objetivos apropiados asegurando así que las células respondan correctamente a la instrucción genéticamente programada. Así las estatinas pueden llevar a caos imprevisibles a nivel celular”.

La vía de los neuropéptidos podría ser una, pero hay más.

EL COLESTEROL, FUNDAMENTAL PARA EL CEREBRO

Otra de las principales vías de daño cerebral podría ser la alteración de la formación de sinapsis cerebrales. Las sinapsis son uniones imprescindibles mediante las cuales las células del sistema nervioso se envían señales de unas a otras y a células no neuronales como las musculares o las glandulares.

Para entender mejor su relación con el colesterol es preciso referirse a las investigaciones que durante los últimos cinco años ha desarrollado Frank W. Pfrieger, director del proyecto CNRS/Max-Planck de Berlín sobre Desarrollo de sinapsis en el sistema nervioso central. En este tiempo Pfrieger ha puesto de manifiesto la relación existente entre el metabolismo del colesterol del cerebro y el desarrollo de la célula nerviosa. Y sus resultados sugieren que la disponibilidad de colesterol en el cerebro afecta a la formación de sinapsis entre las células nerviosas.

En una entrevista publicada en la página web www2.cnrs.fr/en/201.htm del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) -organización científica bajo la dirección del Ministro de Investigación en Francia- Pfrieger explicaba el alcance de sus descubrimientos.

-“¿De donde procede el colesterol que estimula la sinaptogénesis?

-El colesterol –explicaPfrieger-es una sustancia muy hidrófoba y no es soluble directamente en el suministro de la sangre. Es transportada por otras sustancias, las lipoproteínas, pero estas últimas son moléculas demasiado grandes como para cruzar la barrera cerebral. Como resultado, el colesterol en la sangre que se produce en el hígado o procede de la succión de comida, no entra en el cerebro. ¿El colesterol implicado en la sinaptogénesis debe sintetizarse entonces localmente pero, ¿por qué células? En un experimento in vitro cuando se agrega colesterol externo a las neuronas en el cultivo se generan más conexiones sinápticas que nos llevan a creer que el colesterol es vital para la sinaptogénesis. En la familia de células gliales, los astrocitos, o células estrelladas son conocidos por excretar lipoproteínas. Por consiguiente nosotros suponemos que los astrocitos fabrican el colesterol necesario para la sinaptogénesis y lo entregan vía lipoproteínas.

-Su investigación se llevó a cabo en roedores. ¿Qué tiene que decir sobre las nuevas perspectivas que se abren para entender las patologías cerebrales humanas?

-La mayoría de los mecanismos que nosotros describimos son fundamentales y pueden transponerse a los humanos. Y de hecho nuestros resultados son la base para nuevas hipótesis sobre ciertas enfermedades neurodegenerativas, sobre todo para la enfermedad de Alzheimer. La degeneración cerebral que ocurre en esta patología puede ser debida a un problema en el transporte de colesterol a las neuronas. Otras enfermedades degenerativas pueden beneficiarse mucho del estudio del colesterol del cerebro, como el tipo C de Niemann-Pick, una enfermedad genética rara en los niños. Los investigadores que trabajan en esta patología han encontrado que la mutación responsable está implicada en el transporte del colesterol intracelular. Gracias a estos resultados algunas vías de investigación se nos han abierto”

En suma, la puerta que relaciona las enfermedades neurodegenerativas y un adecuado nivel de colesterol está abierta de par en par y numerosos estudios relacionan por separado diversas patologías con distintos problemas en la síntesis del colesterol en el cerebro. Repasemos algunos de los más recientes.
Beasley CLy otros -delCenter for Complex DisordersdelDepartamento de Psiquiatría de laUniversidad British Columbia (Vancouver)- publicaron en octubre del 2005 el artículo Reducciones en el colesterol y marcadores sinápticos en asociación con desórdenes en el cortex y en el humor. Y en él aseveraban:  “El colesterol forma parte de las membranas celulares y es un componente principal de la mielina. Además juega también un papel vital en el desarrollo, función y estabilidad de las sinapsis. Aunque un bajo nivel de colesterol ha sido previamente asociado con los desórdenes de humor todavía tienen que cuantificarse los niveles de colesterol en relación con esos desórdenes (…) Conclusiones: nuestros datos sugieren que los bajos niveles de colesterol en el cerebro y una reducción en las sinapsis pueden ser rasgos de desórdenes ‘de humor’ (es decir, de lo que se lama trastorno bipolar)” .

Más concluyentes aún se muestran Koudinov AR y Koudinova NV, autores de El fracaso de la homeostasis del colesterol como causa unificadora de la degeneración sináptica. Artículo en el que, entre otras cosas, se dice: “Una importante evidencia experimental indica que la función colinérgica, ionotrópica y la maquinaria de recepción metabotrópica, la fosforilación excesiva de la proteína tau, el cambio de bioquímica betaamiloide (Abeta o Abeta),las reacciones de estrés oxidativo neural y otros rasgos de neurodegeneración también dependen de la adecuada homeostasis de colesterol en el cerebro. (…) Esta evidencia sugiere que la ruptura de la homeostasis del colesterol es la causa primaria unificadora de la enfermedad de Alzheimer esporádico y familiar, enfermedades neuromusculares (particularmente miositis corporal), el tipo C de la enfermedad de Niemann-Pick’s y el síndrome de Down. Y también explica la coincidencia de marcas neurodegenerativas alrededor de un conjunto de enfermedades neurodegenerativas

Y, por último, en este breve pero significativo repaso para entender los problemas neurodegenerativos nos fijaremos en el trabajo de H. Yu en Clinical Genetics: Nuevas aportaciones en el síndrome Smith–Lemli–Opitz. Este síndrome se presenta como un desorden de retraso mental congénito múltiple recesivo causado por un error innato en la biosíntesis del colesterol. “Los defectos genéticos en las enzimas responsables para la biosíntesis del colesterol vía squalene han surgido recientemente como causa importante de síndromes dismorfológicos congénitos. La identificación del defecto genético en el síndrome Smith-Lemli-Opitz llevó al descubrimiento de que otros síndromes dismorfológicos similares fueron causados por errores innatos en la biosíntesis del colesterol en humanos y ratones: desmosterolosis, latosterolosis, síndrome CHILD, síndrome Conradi Hunermann Happle (una forma de condrodisplasia punctata) y displasia esqueletal. Todos estos síndromes tienen en común la deficiencia de las enzimas específicas requeridas para la producción de colesterol desde el lanosterol. Los pacientes con estos desórdenes presentan síndromes de malformación complejos que involucran diferentes órganos y sistemas. Estos desórdenes han llevado a una nueva apreciación del papel esencial que el colesterol juega en el desarrollo”.

La importancia del colesterol en el adecuado funcionamiento neurodegenerativo es pues irrebatible. El papel que pudieran jugar las estatinas es lo que hay que aclarar aunque algunas pistas ya hay. El Departamento de Salud de Canadá había recibido hasta el 31 de mayo de 2005 al menos 19 informes de amnesia que se sospechan pudieran estar asociadas con el uso de estatinas. Ocho casos fueron asociados con atorvastatina, uno con cerivastatina, dos con lovastatina y cuatro cada uno con rosuvastatina y simvastatina. Los síntomas tardaron en aparecer entre un mes y un año. Según un escrito del doctor Michel Trottier –del mencionado Departamento de Salud de Canadá y publicado en el boletín de la OMS- este fenómeno se debe a que las estatinas atraviesan la barrera hematoencefálica y disminuyen la cantidad de colesterol requerida para la formación de mielina. Once informes describieron que la amnesia se resolvió o mejoró cuando el medicamento fue interrumpido o la dosis reducida. “Otros estudios –señala Trottier- ya habían sugerido que las estatinas pueden contribuir a la pérdida de memoria. El mecanismo propuesto relaciona el papel esencial del colesterol en la producción de mielina. Las estatinas, sobre todo las más lipofilicas (ej., atorvastatin y simvastatin), pueden cruzar la barrera hematoencefálica y disminuir la cantidad de colesterol necesario para la formación de mielina en el sistema nervioso central. Una producción inadecuada de mielina puede producir desmielinización de las fibras nerviosas en el sistema nervioso central y así llevar a la pérdida de memoria”.

La mielina situada alrededor de los nervios es, por tanto, otra de las vías de incidencia de las estatinas sobre el cerebro. Al ser una capa de proteínas y lípidos con el más alto contenido de colesterol en el cerebro y fundamental en la transmisión de impulsos nerviosos cualquier cambio en su composición puede alterar el funcionamiento neuronal. Son muchas las patologías relacionadas con la degradación de mielina -como la esclerosis múltiple- a las que George Bartzokis, profesor de Neurobiología de la Universidad de California añade el Alzheimer según un estudio que publicó en la revista Archives of General Psychiatry.

ESTATINAS Y ALZHEIMER

La verdad es que parece una contradicción señalar a las estatinas como causante o coadyuvante en el Alzheimer cuando al mismo tiempo se está hablando de ellas como solución para esa enfermedad. Y una vez más hay que decir que aunque las voces que suenan con más fuerza son las que apoyan las posturas de la industria la certeza de la eficacia de las estatinas en el Alzheimer está lejos de ser demostrada cuando no definitivamente descartada por otros investigadores. De hecho,la Conferencia sobre el colesterol, el alzheimer y las estatinas desarrollada del 14 al 15 de abril del 2005 en Estocolmo bajo el patrocinio de The International Task Force For Prevention Of Coronary Heart Disease concluyó que de acuerdo con el conocimiento actual sobre la relación entre el colesterol, el alzheimer y los posibles efectos de las estatinas en esta enfermedad “no estamos en posición de poder recomendar el tratamiento con estatinas para prevenir o mitigar el desarrollo de Alzheimer”.

Un buen resumen de la situación sobre el problema puede encontrarse en el trabajo Evalúan el efecto de las estatinas sobre la producción de beta-amiloides publicado en septiembre del 2006 en SCII Salud (www.siicsalud.com/dato/dat051/06d12001.htm). “A pesar de su notable efecto sobre el metabolismo del colesterol -podemos leer- el tratamiento con estatinas en dosis terapéuticas no parece asociarse con una modificación significativa de la concentración de βA (beta-amiloide) en personas con hipercolesterolemia o Alzheimer. En consecuencia, en dosis clínicamente útiles las estatinas pueden no influir sobre la producción o secreción de βA, tal como propone la estrategia debatida actualmente para disminuir el avance del Alzheimer. Otros efectos de esos fármacos pueden desempeñar un papel protector contra la demencia. Los datos no publicados sugieren que los efectos antiinflamatorios de la terapia con estatinas pueden subyacer al vínculo entre tal tratamiento y la reducción de la prevalencia de EA, independientemente de la formación de βA. Sin embargo se requieren ensayos clínicos de mayor tamaño, en los cuales el metabolismo del colesterol y de la PPA (proteína precursora de amiloide) sean evaluados en detalle durante y después del tratamiento”.

Henry Lorin, autor del libro El Alzheimer, resuelto, afirma en él que en la mayoría de los casos la enfermedad de Alzheimer está causada por la escasez a largo plazo de colesterol en el cerebro. Y presenta a la proteína amilolide -en lo que es una visión absolutamente novedosa del problema- como una respuesta de nuestro organismo para suplir el papel del colesterol en la formación de mielina y en la formación sináptica ante la falta de colesterol lo que, a largo plazo, ante una situación crónica de hipocolesterolemia llevaría al daño neuronal y a la muerte.

El 10 de junio de 2005 Iwo J. Bohr publicó por su parte en Lipids in Health and Disease una teoría sosteniendo que el colesterol protege del Alzheimer.Borh cita incluso una dieta hipercolesterolémica como protectora de la función cognitiva en las ratas y la asociación de un alto nivel de colesterol en humanos con una mortalidad más baja y mejores resultados tras un primer ictus. También señalaba que los pacientes de Alzheimer tienen niveles más bajos de colesterol en el suero, en las membranas cerebrales y en las balsas lipídicas, y que el Alzheimer está relacionado con una mala regulación de un gen involucrado en la síntesis de colesterol.

Según la hipótesis de Bohr una demanda alta de colesterol provocada por el envejecimiento u otros daños oxidativos provocará que aumente el metabolismo de la proteína precursora de amiloide y en una mayor acumulación beta-amiloide, hasta ahora considerado como elemento identificativo en los enfermos de Alzheimer.
Por tanto, si como hemos podido vislumbrar la importancia del colesterol para nuestro cerebro es indiscutible, teniendo en cuenta la naturaleza liposoluble de algunas estatinas, ¿es tan extraño pensar que las alteraciones, por mínimas que sean, del delicado equilibrio del colesterol en nuestros cerebros que las estatinas provocan –y está en su naturaleza hacerlo- pueden acabar produciendo algunos de los graves efectos secundarios señalados por Graveline?

 “He descubierto –señala Graveline- que las estatinas más fuertes pueden asociarse a perturbaciones cognitivas profundas en algunos pacientes. Existen ya miles de informes de casos de pacientes de amnesia, olvido, confusión y desorientación, a veces severos e incapacitantes. Algunos casos duran meses y otros años. Otro dato muy importante es que los efectos colaterales cognitivos pueden aparecer después de meses y años de uso”.

Terminamos. Ojalá los médicos estén a partir de ahora más atentos y comiencen a pasar notificaciones al Servicio de Vigilancia Farmacéutica si encuentran posibles relaciones entre las estatinas y problemas cognitivos inesperados. Y ojalá no olviden tampoco que los propios laboratorios fabricantes reconocen que las estatinas pueden causar insomnio, vértigo, parestesia, somnolencia, amnesia, sueños anormales, disminución de la libido, labilidad emocional, descoordinación, neuropatía periférica, tortícolis, parálisis facial, hiperquinesia, depresión, hipoestesia e hipertonia.
Es más, ¿creerán muchos aún que su uso se justifica?

 

Antonio F. Muro.

 


 

Entrevista al Dr. Domingo Perez León
Tratamiento natural de los problemas neurodegenerativos

La importancia de las grasas cerebrales no es desconocida para los defensores de la Medicina Biológica. Domingo Pérez León, miembro del Consejo Asesor de Discovery Dsalud y director del madrileño Instituto Biológico de la Salud (www.institutobiologico.com) viene realizando desde hace algún tiempo unos novedosos análisis que permiten realizar un enfoque nutricional de muchos de los problemas que normalmente acaban conduciendo al psiquiatra.

-Parece evidente que las grasas son aún las grandes ignoradas a la hora de abordar distintos problemas achacados a un incorrecto funcionamiento neuronal...

-Así es. La falta de grasa en la alimentación puede inducir un deterioro importante del funcionamiento cerebral. En el Instituto Biológico de la Salud estamos observando con un tipo de analíticas especiales que un porcentaje muy elevado de personas presenta una deficiencia en grasas cerebrales que puede acabar por provocarles problemas seniles o, incluso, que se identifiquen con estados previos de Alzheimer simplemente por un déficit, sobre todo de fosfolípidos cerebrales. Con respecto al colesterol sabemos desde hace mucho tiempo que es muy necesario su aporte a la hora de fabricar hormonas necesarias en el área cerebral.

-¿En qué consisten las analíticas especiales que realizan ustedes en el Instituto Biológico de la Salud?

-Realmente no las hacemos nosotros pero sí las encargamos y decidimos el tratamiento en cuestión a partir de sus resultados. Son unas analíticas especiales que miden aminoácidos periféricos en sangre y que solicitamos a una clínica de Psiquiatría del País Vasco. Allí nos analizan cómo está la nutrición a nivel cerebral gracias al chequeo de estos aminoácidos y estas grasas fosfolípidos cerebrales. La metodología es la siguiente: hacemos una extracción de sangre en ayunas, la enviamos a ese centro -que es el único en España donde se realiza esta prueba- y a partir de ahí nos aportan un informe en el que reflejan el estado de los aminoácidos precursores de los neurotransmisores cerebrales. Por ejemplo, indican cómo está el triptófano. Y ya sabemos que un déficit de triptófano va a producir un déficit de serotonina. Y que un déficit de serotonina puede provocar problemas de ansiedad, angustia, depresión y disfunciones en el sueño. Un psiquiatra, cuando alguien tiene problemas de depresión, medica al paciente con inhibidores de la recaptación de serotonina. Pero lo que intenta con eso el psiquiatra es mantener unos niveles de serotonina elevados en sangre porque ha visto que cuando la misma está alta la persona no tiene depresión ni tantos problemas de ansiedad. Solo que dados los efectos adversos que pueden causar esos medicamentos parece más lógico hacer una analítica y ver si lo que está bajo es el triptófano para después aportar los alimentos ricos en triptófano que precise esa persona. Porque aumentando el triptófano aumentaremos la serotonina y con ello eliminaremos los problemas de ansiedad, nervios y depresión además de mejorar los problemas de sueño. En suma, con esta metodología podemos examinar cómo están los neurotransmisores cerebrales y los fosfolípidos cerebrales para así poder luego aportar una nutrición inteligente para el buen funcionamiento cerebral.

-¿También puede conocerse el estado de las grasas cerebrales a través de esta analítica?

-Efectivamente. La analítica nos dice cómo están las grasas cerebrales, por ejemplo la metalanina (betalanina), la fosfotalonamina y lafosfoserina que son fosfolípidos importantísimos y necesarios para no tener un deterioro cerebral precoz. Con la analítica podemos ver también qué neurotransmisores están alterados viendo la situación de los neuropéptidos.

-Luego la Medicina Biológica, al tratar a un paciente con problemas de ansiedad, tristeza y depresión que normalmente es conducido al psiquiatra para que éste le medique, lo trata de forma eficaz e inocua mediante la nutrición adecuada?

-Exacto.

-¿Y a qué casuística han aplicado este enfoque nutricional del cerebro?

-Sobre todo a personas que se encuentra decaídas, agotadas, con problemas depresivos,  dificultades para dormir y problemas de memoria, concentración y atención. En la medida en que sabemos las deficiencias nutricionales de una persona procedemos a aportarle justo lo que necesitaba. Todas las personas que hemos atendido así con esos síntomas han mejorado.

-¿Y cómo recomienda usted controlar los niveles de colesterol?

-Mediante la ingesta de ácidos grasos omega 3 en dosis importantes junto a un aporte de lecitina de soja, bien en forma granulada, bien en forma de aceite. Puedo facilitar a sus lectores una sencilla receta casera. Basta hacerse con dos cucharaditas de alpiste, una berenjena mediana, un litro de agua y el zumo de un limón. Y lo que hay que hacer es simple: se corta la berenjena y se echa junto al alpiste en el agua. Luego se pone ésta a calentar y una vez rompa a hervir se mantiene el fuego 20 minutos. A continuación se cuela y el líquido se deja reposar. Después sólo hay que tomar medio vaso del mismo en ayunas cada día al que añadiremos el zumo de un limón. Lo idóneo es mantener esta cura entre uno y tres meses.

 



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