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| EL 60% DE LOS ALIMENTOS ELABORADOS QUE CONSUMIMOS EN ESPAÑA ¡CONTIENEN TRANSGÉNICOS! | ||
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En España se consumen desde hace años organismos genéticamente modificados -coloquialmente conocidos como alimentos transgénicos- a pesar de que numerosos colectivos vienen alertando de los riesgos que pueden suponer tanto para el medio ambiente y la agricultura como para nuestra salud. Por ejemplo, provocando alergias de tratamiento y repercusiones desconocidas. También pueden hacer que algunas bacterias patógenas para el hombre se vuelvan resistentes a los antibióticos con las graves consecuencias que ello acarrearía. Es urgente pues que las autoridades apliquen el Principio de Precaución y se exija a los productores de alimentos transgénicos que antes de comercializarlos demuestren que son seguros. Lo que a día de hoy no han hecho.Especialmente porque según denuncia Greenpeace ¡el 60% de los alimentos elaborados que consumimos en España contienen transgénicos!
El 70% de los españoles afirma no estar dispuesto a comer alimentos que contengan organismos modificados genéticamente -según una encuesta realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU)- seguramente sin saber que hoy ¡el 60% de los alimentos elaborados que consumimos en España contienen transgénicos! Y esa actitud es la misma en países como Alemania, Austria, Francia, Italia, Dinamarca, Suecia, Grecia, Japón, Australia, India y los nuevos miembros de la Unión Europea, entre muchos otros. En Gran Bretaña la oposición es incluso más acusada y a los transgénicos se les denomina despectivamente frankenfoods, algo así como “comida Frankestein”. ¿Y por qué ese feroz recelo? Pues porque el consumidor está cada vez mejor informado y tras las mentiras sobre el tabaco, el síndrome tóxico, el cáncer, la utilidad y fiabilidad de los medicamentos, el “mal de las vacas locas” o la gripe aviaria –entre otras muchas- no se fía ya de que los transgénicos sean tan inofensivos y seguros como afirman quienes los cultivan y comercializan. Y más cuando la propia Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos -principal productor de transgénicos del mundo- alienta esa desconfianza al sugerir al Gobierno norteamericano que “redoble la vigilancia para evitar los riesgos potenciales para la salud asociados a los alimentos genéticamente modificados”. ¿QUÉ ES UN ORGANISMO MODIFICADO GENÉTICAMENTE (OMG)?
Un organismo modificado genéticamente –es decir, un transgénico- es un organismo vivo creado mediante la manipulación artificial de sus genes. Es decir, es un ser que no existiría en la naturaleza sin la intervención del hombre. Y lo que hace el humano es utilizar las técnicas de ingeniería genética para aislar segmentos del material genético de un ser vivo -sea un virus, una bacteria, un vegetal, un animal o incluso un ser humano- para introducirlos en el material hereditario de otro ser vivo y modificar así su estructura con un fin preciso. En el caso de la agricultura esta manipulación busca varios objetivos: que los alimentos tengan una vida comercial más larga, que sean más nutritivos y sabrosos, que resistan condiciones ambientales adversas como heladas, sequías, salinidad del suelo, etc., que soporten plagas de insectos o que sobrevivan a los herbicidas. Así, por ejemplo, el maíz transgénico que se cultiva en España desde 1998 lleva incorporados genes de bacterias que le permiten producir una sustancia insecticida con la que la propia planta transgénica combate posibles plagas de taladros (unos insectos que horadan el tallo del maíz hasta destruirlo), mariposas y polillas. Pues bien, a este maíz capaz de autoprotegerse y a la soja resistente a herbicidas –los dos únicos transgénicos que de momento se pueden comercializar oficialmente en España- se pueden sumar hasta 70 productos modificados genéticamente que pronto podrían llegar a nuestros mercados si la Unión Europea cede a las presiones de la industria para que se concedan más autorizaciones. Entre ellos los más llamativos son patatas más dulces o con genes que impiden que absorban la mayor parte del aceite en que se fríen o que inmunizan a quienes las consumen contra el cólera o las diarreas bacterianas; tomates que tardan más en estropearse después de maduros (se les han añadido genes que evitan la síntesis de la poligalacturonasa que produce el reblandecimiento de la hortaliza); café que resiste mejor a los insectos y tiene mayor aroma y menor contenido de cafeína; trigo sin gluten; uvas sin pepitas; plátanos capaces de albergar sustancias que actúan como vacunas; arroz enriquecido con un precursor de la vitamina A; carpas y salmones que ganan tamaño mucho más rápido porque se les ha añadido copias del gen de la hormona del crecimiento; leches enriquecidas con diversos fármacos extraídas de las glándulas mamarias de diferentes mamíferos; quesos que acortan sus tiempos de maduración por llevar bacterias lácticas modificadas con genes exógenos; vinos con aromas más afrutados, etc. PROS Y CONTRAS DE LA MANIPULACIÓN GENÉTICA
Huelga decir que la intervención del hombre sobre la naturaleza genera siempre consecuencias y en el caso de las técnicas de manipulación genética resultan más que evidentes porque el resultado son organismos completamente nuevos de los que a veces no se conoce más que su origen y no los efectos -positivos o negativos- que puedan acarrear. De ahí que estas técnicas tengan fieros detractores pero también feroces defensores de su utilidad. Por ejemplo, estos últimos afirman que la manipulación hace a las plantas más resistentes a las plagas, algo que se debe a que se introduce en ellas una versión sintetizada de un gen de la bacteria bacillus thuringiensis (Bt), modificación merced a la cual la planta produce una proteína insecticida que la protege frente a ciertos insectos. Hoy este gen –el Bt- está pues introducido en el maíz pero también en el algodón, la patata y el tomate. Sin embargo sus detractores aseguran que estas plantas producen la toxina a lo largo de todo su ciclo vital por lo que los insectos que serían vulnerables al Bt acaban haciéndose resistentes a él. De hecho ya en octubre del 2001 la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos –la Environment Protection Agency- retiró del mercado la variedad de maíz transgénico Bt176 porque “no ofrecía una protección completa frente a la segunda generación del taladro del maíz con el consiguiente riesgo de aparición de resistencia en los insectos”. Además, como denuncian desde distintas organizaciones ecologistas y agrarias, esa toxina insecticida Bt se puede acumular en el suelo contaminándolo y llegando incluso a afectar a los acuíferos próximos. Por eso cada vez más científicos argumentan que modificar genéticamente las plantas para que sean resistentes a determinadas enfermedades introducirá en el medio ambiente nuevos patógenos más agresivos. LAS MENTIRAS DE LAS MULTINACIONALES DE LOS TRANSGÉNICOS
Hoy día cinco compañías multinacionales -las mayores agroquímicas del mundo- monopolizan el mercado mundial de semillas transgénicas. Son Syngenta, Bayer CropScience, Dupont, Dow Agrosciences y Monsanto. Esta última controla la mayor parte del mercado -en concreto el 90% de las semillas transgénicas sembradas en todo el mundo- y anualmente ingresa unos 1.900 millones de dólares por las semillas y unos 1.800 por la venta del herbicida Roundup. Un negocio multimillonario que alimentan presionando a los gobiernos de distintos países –especialmente a los más empobrecidos- para que les concedan nuevas autorizaciones para cultivar y/o comercializar sus productos transgénicos. Presión a la que parece que también sucumbió la Comisión Europea –no sabemos a cambio de qué- cuando en mayo del 2004 decidió levantar la moratoria que pesaba sobre aprobaciones de nuevos organismos modificados genéticamente tras 5 años de paralización a pesar de que la resistencia a los transgénicos ya autorizados ha ido creciendo con numerosos municipios y regiones de toda la Unión Europea declarándose “zona libre de transgénicos” (vea el recuadro adjunto). Pues bien, desoyendo la opinión abrumadora de la mayoría ciudadana -que los rechaza- y a pesar de no contar con el apoyo de los estados miembros la Comisión aprobó para alimentación humana el maíz Bt11 comercializado por la multinacional suiza Syngenta y dos meses después hizo lo mismo –en este caso para uso animal- con el maíz transgénico NK603 producido por la norteamericana Monsanto. TRANSGÉNICOS Y SALUD
A lo dicho hay que sumar la preocupación de numerosos científicos en cuanto a todas las repercusiones que el consumo de organismos modificados genéticamente pueda tener sobre la salud humana pues lo cierto es que aún no se conoce con detalle cómo interactúan los genes trasplantados con el resto del genoma original de la planta y si el resultado podría ser un alimento tóxico o alergénico para el hombre. De hecho entrañan riesgos de una magnitud que no tiene precedentes ya que al ser seres vivos pueden reproducirse y evolucionar, quizá incontroladamente. Por ello reclaman que se realicen estudios exhaustivos y que hasta que no se tengan resultados concluyentes se aplique el llamado Principio de Precaución. Y lo dicen porque lo que a día de hoy ya se sabe es que entre los efectos negativos para la salud de los transgénicos puede contarse la aparición de nuevas alergias. A este respecto Greenpeace aporta datos sobre casos de reacciones alérgicas graves en Estados Unidos por consumo de un maíz genéticamente modificado y advierte de que los casos de nuevas alergias –más o menos graves- se multiplicarían exponencialmente si se introdujeran en el mercado otros transgénicos. “Las consecuencias –afirma la organización- podrían ser tan incontrolables e irreversibles como las que se producirían en el medio ambiente”. Sin embargo, otros expertos señalan que la manipulación genética de los alimentos precisamente contribuye a eliminar numerosas alergias e intolerancias alimentarias porque, por ejemplo, podría cultivarse trigo sin gluten o producirse leche sin lactosa con sólo suprimir los genes que codifican esos alérgenos. Pretenden, en suma, que los organismos modificados genéticamente podrían en realidad considerarse alimentos con propiedades terapéuticas a los que, incluso, sería posible incorporarles vacunas. Lo que no dicen tales expertos es que la reacción alérgica la podría desencadenar el propio transgénico por la mayor cantidad de agrotóxicos que contiene o las proteínas “extrañas” que se utilizan para crearlos. A cualquiera de estos factores puede atribuirse la causa de que en ratones de laboratorio el maíz Mon863 de Monsanto provoque daños en los órganos y cambios en la composición sanguínea. Afortunadamente el informe secreto de la multinacional sobre el que iba a ser su nuevo producto saltó a la prensa justo antes de que la Comisión Europea diera su autorización -como tenía decidido- para ser comercializado para uso humano. LAGUNAS LEGALES
Ya hemos comentado que España es uno de los mercados más activos e interesantes para los productores de transgénicos. Pero, ¿cuántos españoles saben que –de manera directa o indirecta- están ingiriendo alimentos modificados genéticamente? Pues hay que decir que hasta abril del 2004 era ciertamente difícil que algún consumidor supiera que estaba consumiéndolos porque hasta entonces no era obligatorio para el productor etiquetar sus productos y, claro está, no lo hacía dada la mala imagen que tienen.
-Las marcas propias de UNIDE. El objetivo de esta Guía, según Greenpeace, es facilitar que el consumidor esté informado para que pueda elegir libremente, algo que ni las propias normativas europeas le permiten por atender a otros intereses. Por nuestra parte, no vamos a ingerir uno sólo de esos productos. ALGUNAS EMPRESAS RESPONDEN A GREENPEACE Días antes de la publicación del presente reportaje el director de Discovery DSALUD,José Antonio Campoy,envió un fax a todas las empresas incluidas en la “lista roja” de la Guía roja y verde de alimentos transgénicos de Greenpeace para comunicarles que íbamos a publicar esa relación ofreciéndoles la oportunidad de expresar su parecer. Pues bien, varias nos respondieron de inmediato negando rotundamente que usen transgénicos en sus productos. Así lo hizo elGrupo Kalise Menorquina por mediación de Patricio Garrido, Director de Calidad del grupo, quien nos aseguró que sus productos cumplen con la legislación en materia de organismos genéticamente modificados (reglamentos CE 1829/2003 y 1830/2003) y de etiquetaje, presentación y publicidad de alimentos (RD 1334/1999 y sus posteriores correcciones). María Carmen Briceño, Directoradel Laboratorio de Calidad e I+D de Lacrem, S.A. (Farggi)afirmaría que ellos sólo usan ingredientes no transgénicos. “Hace años que sustituimos los ingredientes transgénicos o susceptibles de serlo por otros que no lo eran aunque ello incrementara el coste del producto”, nos aseguró.Por su parte, Federico Segarra Gurría,Jefe de Comunicación y Relaciones Externas delGrupo Damm, nos remitiría a la propia página web de la entidad donde se puede leer que “Damm cumple escrupulosamente toda la reglamentación legal requerida y, por tanto, la no inclusión en el etiquetado indicando el empleo de ingredientes procedentes de cultivos transgénicos es garantía para sus consumidores de que no incorporan ni maíz ni cualquier otro ingrediente derivado de este tipo de cultivo en ninguna etapa del proceso de elaboración”. Otro tanto nos manifestóNeus Martínez Roldán, responsable de Comunicación de Nestlé sobre los productosLa Cocinera que pertenecen al grupo. “Ninguno de nuestros productos en España contiene transgénicos. Puedo asegurárselo”, nos dijo telefónicamente. También la responsable del gabinete de comunicación de ElPozo Alimentación –y, por tanto, de Fripozo-,Ana Marín Conesa,negó rotundamente que sus productos contengan organismos genéticamente modificados. “Para comprobarlo basta con leer el etiquetado”, diría con firmeza. En el mismo sentido se pronunció Marta Riesgo, Directora Técnica deChovi S.L., quien afirmó igualmente: “No usamos materias primas de origen transgénico”. Añadiendo que la exigencia de Greenpeace para que las empresas demuestren esa afirmación no se justifica porque “se trata de una organización no gubernamental con intereses propios” y ellos deben cumplir la legislación, responder ante las autoridades gubernamentales y dar cuenta a los consumidores. No aceptando pues que una entidad privada les fiscalice. Una opinión, debemos añadir, que nos manifestaron prácticamente todos nuestros interlocutores. En el momento de cerrar este número de la revista no habíamos recibido más comunicaciones. LOS “DICTADORES DE LA ALIMENTACIÓN” Así llaman los colectivos que hemos mencionado a lo largo del texto a las empresas multinacionales que promueven la comercialización de transgénicos. Y lo son si tenemos en cuenta que, además de todo lo dicho, los organismos modificados genéticamente (OMG) suponen una importante fuente de poder monopolístico ya que son patentables y favorecen la concentración del capital en muy pocas manos. Es tal además la “presión” que ejercen estos grupos sobre los políticos -¡va siendo hora de que se investigue de una vez el origen de algunos patrimonios!- que a pesar de que la inmensa mayoría de los consumidores los rechazan ellos hacen oídos sordos y se sigue autorizando su experimentación y comercialización. Una peligrosa “sordera” selectiva de la que muchos probablemente se arrepentirán algún día.
L. J.
¿Sabía que según Greenpeace...
...a España llegan anualmente 6 millones de toneladas de soja de las que el 66% es transgénica y millón y medio de toneladas de maíz de países que cultivan masivamente organismos modificados genéticamente (OMG)?
Zonas Libres de Transgénicos En la actualidad 162 regiones o provincias y más de 4.500 administraciones locales europeas se han declarado Zona Libre de Transgénicos o han comunicado su intención de restringir estos cultivos. Entre ellas se cuentan 8 de las 9 provincias de Austria, las 54 prefecturas griegas -con lo que Grecia se ha convertido en el primer estado miembro de la Unión Europea declarado totalmente libre de OMG-, casi el 80% del territorio italiano, más de 1.250 municipios, 15 regiones y 5 departamentos de Francia y casi la mitad de Polonia. En nuestro país también el País Vasco y el Principado de Asturias forman parte de la red habiéndolo solicitado igualmente Canarias y Cataluña (Fuente: Greenpeace y Amigos de la Tierra) |
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