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     SALUD Y BELLEZA
NÚMERO 80 / FEBRERO / 2006

EL TABACO TAMBIÉN PERJUDICA NOTABLEMENTE EL ASPECTO FÍSICO

 

El tabaco es el único producto disponible en el mercado diseñado exclusivamente para crear adicción y mantenerla en el tiempo. Claro que también es el único que acaba matando a la mitad de sus usuarios ya sea de cáncer, infarto o enfermedades pulmonares. Por otra parte a todos les provoca otros “efectos menores” y rápidamente apreciables ya que afectan a su aspecto físico. Así, los fumadores suelen tener manchas en los dientes, arrugas prematuras, deshidratación y atrofia de la piel, uñas amarillas y cabello reseco y quebradizo, entre otros muchos “daños estéticos”. Dejar de fumar es pues en estos casos un efectivo tratamiento de belleza.

Cada seis segundos muere una persona por enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Eso supone más de cinco millones de personas al año, 60.000 de las cuales son españolas. Y es que se considera al tabaco –más bien a sus miles de componentes tóxicos de los que al menos 53 son cancerígenos- responsable del 90% de los tumores pulmonares, del 80% de los de labio, del 70% de los de laringe, del 50% de los de esófago y cavidad bucal, del 30% de los infartos de miocardio (el porcentaje se eleva hasta el 50% entre las personas de menos de 40 años) y del 80% de los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). Pero a estas preocupantes cifras hay que añadir una más que, sin duda, nos debe llevar al menos a la reflexión: nuestro Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo estima que ¡10 millones! de jóvenes españoles no llegarán a cumplir los 50 años porque morirán de forma prematura por enfermedades provocadas o agravadas por el tabaco (vea los textos ya publicados sobre los efectos del tabaco en www.dsalud.com)
Pues bien, con todos estos datos no es difícil suponer que los daños digamos “menores” que provoca el tabaco se pueden contar por cientos. Muchos de ellos se reflejan en nuestra piel y afectan de modo extraordinario a nuestra belleza y a la imagen que proyectamos a los demás. De hecho, los daños estéticos son tan evidentes y severos que muchas personas –especialmente mujeres- se deciden a abandonar el tabaco más preocupadas por el envejecimiento prematuro de su piel que por la posibilidad de padecer cáncer de pulmón. Al menos eso es lo que reflejan varios estudios estadísticos realizados en distintos países. Sea cual sea el motivo último dejar de fumar es siempre una buena decisión.

TABACO Y BELLEZA

Sin duda el mejor tratamiento de belleza es dejar el tabaco y adoptar una forma de vida sana que incluya una alimentación correcta y variada así como algo de ejercicio. No en vano la piel es uno de los primeros órganos-diana de los efectos negativos del humo del tabaco que la afecta tanto directamente –por el simple contacto con el humo ambiental- como de forma indirecta por la llegada vía sanguínea de las sustancias tóxicas que proceden del humo que se inhala. Afectando a toda la piel pero especialmente a la del rostro donde sus efectos se suman y se agravan por la exposición a los rayos del sol. Y da igual que la piel sea normal, mixta o grasa: tabaco y sol –ya sea por separado o conjuntamente- pueden dañarlas.
En concreto, la nicotina –responsable en gran parte de la dependencia que genera el tabaco y que tiene una capacidad adictiva 5 veces mayor que la heroína- es uno de los principales enemigos del buen estado de la piel ya que deteriora su calidad al producir –junto con el cianuro de hidrógeno que contiene el humo- la constricción de los vasos sanguíneos que irrigan la dermis a la que deja de llegar el oxígeno y los nutrientes necesarios para su salud. De hecho se calcula que un solo cigarrillo produce la contracción de los vasos cutáneos durante hora y media por lo que una persona que fuma un paquete diario mantiene su piel privada de oxígeno todo el día. Esta hipoxia constante hace que las células de la piel se deterioren y se empiecen a producir en ellas cambios importantes que no se refieren sólo a su color sino también a su textura y a su capacidad para defendernos del exterior ya que –recordémoslo- es una de las funciones principales de la piel. Por ejemplo, al efecto de la nicotina se suma el del propio humo del tabaco, causante de la deshidratación del estrato córneo de la piel de la cara de los fumadores que provoca un aspecto grisáceo, quebradizo y áspero del rostro y la aparición de arrugas. Es más, numerosas investigaciones establecen que los fumadores de entre 40 y 50 años pueden tener a esa edad las mismas arrugas que un no fumador de entre 70 y 80.
Cada bocanada del humo del tabaco contiene dos millones de radicales libres que favorecen la aparición de diferentes dolencias, envejecen la piel y alteran la síntesis del colágeno. Además estos peligrosos elementos químicos pueden llegar a mutar la información genética de las células y en la piel producen lo que se conoce como “disfunción endotelial”, trastorno que compromete seriamente la irrigación de la zona afectada.
Por otro lado el tabaco también inhibe el funcionamiento de algunos sistemas enzimáticos. Así, hace que se libere elastasa –es decir, la enzima que destruye la elastina- y, por tanto, que aumente su actividad sobre la piel. Esto implica que se rompan las fibras elásticas que le dan soporte y resistencia apareciendo descolgamiento, flacidez y arrugas, especialmente alrededor de los ojos y de la boca (donde aparece el típico “código de barras” del fumador). Además cuando los desechos de la elastina se acumulan degeneran el colágeno existente, situación que se agrava por el hecho de que el efecto contaminante del tabaco hace que disminuya la síntesis de colágeno nuevo.
En cuanto al monóxido de carbono contenido en el humo se sabe que altera la función de las glándulas sebáceas. Ello y el depósito sobre la piel de los contaminantes del tabaco, de los atmosféricos, del sebo, de los residuos de maquillajes y productos cosméticos, etc., hacen que los poros se dilaten y se ensucien, se saturen los sistemas detoxificantes naturales de la piel, se asfixien las células dérmicas, la piel se vuelva más tensa y delicada y se afee, en suma, el aspecto de nuestra cara. También se ha comprobado que este monóxido impide la regeneración de las fibras elásticas y que es otro de los factores que disminuye la capacidad de transporte de oxígeno por parte del sistema vascular.
Además se ha contrastado que el tabaco hace disminuir los niveles de vitamina A, B y C y esta deficiencia acaba provocando atrofia dérmica, disminución de fibroblastos, alteraciones del tejido conjuntivo y propicia que los radicales libres generados por el tabaco ataquen con mayor agresividad, entre otros efectos.
Por lo que respecta a la boca, las manchas en los dientes, las caries, el mal aliento, la enfermedad periodontal y la disminución de las sensaciones del gusto y el olfato son muy habituales entre los fumadores. Pero la circulación del humo entre la boca y la nariz es una pequeña agresión continua que también puede provocar cáncer de labio, de cavidad bucal, de laringe, faringe, esófago y pulmón. Además la nicotina afecta a las células periodontales haciéndolas enfermar y provoca un descenso de la irrigación de las encías y un aumento en la cantidad de placa bacteriana. En cuanto al alquitrán que contiene el humo se sabe que es muy irritante, que tiene capacidad para disolverse en la saliva y que es así como logra atravesar el esmalte y llegar incluso a la dentina del diente desde donde empieza a extenderse una mancha de un color amarillo oscuro. A medida que van pasando los años de adicción los daños empiezan a percibirse y las encías se retraen dejando expuestas las raíces de los dientes a posibles infecciones por acumulación de bacterias y de residuos. El paso siguiente es la aparición de gingivitis y otras enfermedades periodontales graves que pueden incluso conllevar la pérdida de alguna pieza dental. A este respecto científicos del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos afirman que el tabaco es la causa principal del 50% de las enfermedades de encías que se diagnostican.
Pero los daños estéticos del tabaco no se limitan a la piel o a la boca. Las uñas de los fumadores se tornan amarillentas, sus párpados suelen estar hinchados por la congestión de los senos nasales que acompaña a la rinitis que produce el humo del tabaco y el cabello pierde luminosidad y se vuelve quebradizo y poroso a causa del efecto secante del monóxido de carbono.
En fin, a simple vista pueden apreciarse los cientos de efectos indeseables que provoca el tabaco sobre nuestro aspecto físico. Y, aunque quizá ése no sea el más importante, es otro motivo más por el que plantearse dejar de fumar.

SI QUIERE DEJAR EL TABACO...

...la clave para conseguirlo es convencerse de que puede hacerlo. Y no se engañe: necesitará toda su fuerza de voluntad pues a nadie se le oculta que el “enemigo” es poderoso ya que la adicción a la nicotina tiene un doble componente. Por un lado, la propia adicción física y, por el otro, el hábito de fumar que es más difícil de romper y para el que se precisa, insistimos, voluntad.
Una vez convencidos y dispuestos se puede optar por distintos métodos que faciliten la empresa (consulte los reportajes publicados al respecto en nuestra web). Uno de ellos es la Hipnosis que, en sus diferentes técnicas, suele resultar muy efectiva. Por ejemplo, el hipnólogo puede -entre otras opciones- implantar en el cerebro la aversión por el tabaco o llevar al fumador a identificar el cigarrillo con sensaciones tan desagradables que incluso acaban disuadiéndole del deseo de fumar. La mayor ventaja de este método es que, aplicado por un buen terapeuta, resuelve terapéuticamente las causas inconscientes que llevan al individuo a depender el tabaco de forma que es más que probable que no vuelva a probarlo.
También la Acupuntura resulta eficaz y, de hecho, algunos terapeutas aseguran que en una sola sesión –que en ningún caso dura más de 45 minutos- pueden eliminar la necesidad física de fumar y la dependencia de la nicotina de un fumador. Es decir, que su cuerpo se muestre indiferente hacia el tabaco. La otra parte, la del hábito, seguirá dependiendo de la fuerza de voluntad pero un buen acupuntor puede facilitarle mucho las cosas si la decisión es firme.
Lo mismo ocurre con la Laserpuntura que actualmente es el método más eficaz para dejar de fumar. De hecho el porcentaje de éxito se sitúa entre el 79 y el 85%. El sistema por el que se aplica este método es el llamado Action Laser que utiliza el láser de diodo para estimular unos puntos de acupuntura determinados e inhibir otros y conseguir en 2 sesiones de media hora –más otra de refuerzo si fuera necesario que sólo duraría 5 minutos- eliminar la adicción física. Eso sí, como en cualquier método para conseguir la deshabituación el paciente debe poner de su parte pero se ha observado que con la Laserpuntura el hábito empieza a desaparecer cuando se elimina la dependencia física ya que, simplemente, a la persona no le apetece fumar y no lo hace. Por tanto es un método rápido e inocuo con el que se está consiguiendo que hasta el 85% de las personas que se someten a él dejen de fumar lo que contrasta con el pobre 22% de los parches y chicles de nicotina –que además tienen contraindicaciones absolutas ya que según la Universidad de Stanford (Estados Unidos) pueden provocar cáncer y estrechamiento de las arterias, al menos en ratones- o el 42% del antidepresivo Bupropion que se ha de tomar durante meses bajo prescripción facultativa a pesar de que provoca insomnio y náuseas en 3 de cada 10 personas que lo toman además de los efectos secundarios propios de un fármaco de estas características.
En suma, si fuma y ha decidido dejar de hacerlo asesórese con un profesional acerca del método que más le conviene para ayudarse a conseguirlo y no se deje engañar por el constante bombardeo de fórmulas mágicas. No lo dude: la única fórmula realmente efectiva para dejar de fumar es la decisión firme de dejar un vicio que, simplemente, le está matando lentamente.

 

L. J.

 


 

“Cara de fumador”

En 1985 el doctor Douglas Model publicaba en el British Medical Journal un informe que contenía una “descripción de la cara del fumador” y en el que afirmaba que con sólo mirarles a la cara podía identificar a un gran número de fumadores con 10 o más años de hábito. Concluyendo que todos presentan uno o más de los siguientes signos:

-Aspecto envejecido con arrugas muy marcadas en el rostro y mayor profundidad de las líneas de expresión
-Semblante demacrado con prominencia de los huesos.
-Piel de apariencia atrofiada, opaca o grisácea.
-Manchas cutáneas purpúreas.

Tras las descripción de Model diferentes autores han ido añadiendo características del aspecto físico del fumador hasta definir las siguientes:

-Arrugas prematuras por alteración de las fibras elásticas
-Piel deshidratada y atrófica.
-Cabello reseco, sin brillo y quebradizo.
-Olor corporal a tabaco.
-Dificultad para la cicatrización de heridas.
-Alteraciones de la estética bucal.
-Cáncer de labio.
-Agravamiento de los melanomas. 

 


 

Cuando se deja de fumar

.-Mejora la salud en general.
-Se elimina uno de los principales causantes o coadyuvantes de numerosas patologías.

-Mejora el aspecto físico porque...

...se frena la aparición prematura de arrugas.
...llega más oxígeno a las células de la piel.
...se evita el descolgamiento de los tejidos causado por la alteración de las fibras de elastina y el déficit de colágeno.
...los poros se limpian y dejan de estar en contacto con la suciedad que genera el humo.
...la piel empieza a recuperar su color natural a los tres meses.
...desaparece el color cetrino.
...la piel se muestra progresivamente más sana y luminosa.
...se frena el proceso de envejecimiento prematuro que aceleran los radicales libres producidos por el humo del tabaco.
...se dejan de ensuciar los dientes.
...se sufren menos caries.
...mejora el aspecto del cabello a los pocos meses al ser mejor el riego sanguíneo de todo el organismo.



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