En 1998
The Lancet publicó un estudio dirigido por el Dr.
Andrew Wakefield en el que se concluía que la triple vírica podía causar trastornos neurológicos e intestinales lo que llevaría a una vergonzosa campaña para negar toda posible relación entre ella y el autismo, a forzar que 10 de los 13 autores del artículo se retractaran, a que el
Sunday Times iniciara una campaña de descrédito contra él y a que el
Consejo General Médico le abriera un expediente que culminaría con la retirada de su licencia para ejercer. Pues bien, estudios independientes posteriores han confirmado lo que aseveraba Wakefield. Y autoridades sanitarias norteamericanas admiten implícitamente ya la posibilidad de que la vacuna pueda causar autismo. De hecho tribunales estadounidenses han ordenado que se indemnice a familias de niños que sufrieron autismo tras ser vacunados.
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