El flúor empezó a utilizarse en 1945 argumentándose simplemente que existía
"una correlación estadística entre la fluoración del agua y una menor incidencia de caries". Sin embargo numerosos estudios científicos posteriores constatarían que provoca a la larga graves daños en dientes, huesos, hígado, cerebro y células reproductivas; un problema grave porque la fluorosis se considera irreversible al ser el flúor un veneno acumulativo. Bueno, pues se nos sigue vergonzosamente intoxicando porque hoy aún está presente en el agua, la pasta dental, las bebidas embotelladas, los alimentos procesados y deshidratados, los cereales, las bebidas sin alcohol, la sal, el té o el vino. Está presente ¡hasta en las leches para bebés y en el teflón de las sartenes! Inconcebible.
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