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| Medicinas
Complementarias. |
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| HOMEOPATÍA |
Cuando hace algo más dos siglos
el médico alemán Samuel Hahnemann, planteó su
famoso principio "similia similibus curantur"
(las cosas similares se curan con cosas similares) dio
lugar no sólo a un nuevo planteamiento del arte de curar
sino que inició una violenta polémica que dura hasta
nuestros días entre los defensores de sus ideas y la
medicina alopática o tradicional que se caracteriza
precisamente por lo contrario, es decir, curar con fármacos
de efectos contrarios a los síntomas que presenta el
enfermo. En esta guerra los homeópatas han sido considerados
como indocumentados -en el mejor de los casos- o como
auténticos charlatanes -casi siempre-. Pero las cosas
van cambiando y en este momento gran parte de los colegios
médicos de Europa tienen su sección de Homeopatía y
ya se plantea la posibilidad de seguir cursos para médicos
postgraduados de formación alopática en esta fascinante
forma de plantear la curación.
LA ACTIVIDAD DE LO PEQUEÑO
Para el homeópata no existe
el concepto de enfermedad tal como lo entiende la medicina
clásica sino un conjunto de síntomas físicos, psíquicos
y sociales que afectan a un individuo determinado por
lo que el tratamiento se establece también de manera
individual, un poco "a la carta".
Además, considera que las sustancias curativas son más
activas cuanto más diluidas están. Incluso ha saltado
a la conversación cotidiana el concepto de "dosis homeopática"
que hoy entiende cualquiera. Y así debe ser ya que uno
de los problemas con que se encuentra esta forma de
tratar las enfermedades después de dos siglos de seguridad
es precisamente que con las actuales diluciones se están
empezando a encontrar efectos secundarios.
En general, los remedios homeopáticos se preparan poniendo
en maceración la planta medicinal o la sustancia de
que se trate con alcohol y a ese extracto se le llama
"tintura madre". A continuación se diluye una parte
de esa tintura en nueve de agua (a lo que llama potencia
decimal, DH o X en los países del área anglosajona)
o en noventa y nueve partes de agua (potencia centesimal,
CH o C). A continuación, una parte de esa DH o CH se
diluye nuevamente en función del sistema que se esté
utilizando y empleando y se agita enérgicamente la mezcla
en un proceso que se llama potenciación o dinamización
y que, según la teoría homeopática, hace progresivamente
más activa la dilución.
Si se emplea el método de dilución centesimal, al cabo
de doce operaciones de potenciación el homeópata alcanza
una mezcla cuya concentración viene a ser de 10 elevado
a una potencia de -24. Teniendo en cuenta que el número
de átomos de un mol (cantidad de sustancia igual a su
peso molecular expresado en gramos) es de 6 x 10 a la
23 -aproximadamente- resulta que la potencia 12 CH,
probablemente no contendrá ni un átomo de la sustancia
original.
La mayoría de los remedios homeopáticos utilizan diluciones
comprendidas entre la décima y la milésima potencia
y los practicantes de la Homeopatía consideran que a
mayor dilución más potente es el remedio, lo que crea
una importante paradoja respecto a la farmacología tradicional.
Pero la Homeopatía es una ciencia empírica y sus postulados
se han planteado de acuerdo a pautas de experimentación
elaboradas sobre la observación y realmente esa dilución
en la que existe materia original es más activa en el
organismo humano que la propia sustancia pura.
CÓMO CURA LA HOMEOPATÍA
Cuando Hahnemann formuló
su teoría homeopática pensó que sus remedios creaban
una enfermedad artificial similar a la que pretendía
tratar y que ponía en marcha los sistemas defensivos
específicos del organismo estimulando la movilización
de las defensas naturales, de la misma manera que un
virus puede iniciar el proceso de inmunización frente
a una determinada enfermedad, que es lo que conocemos
como vacunación.
Con su razonamiento homeopático, expresado en sus dos
principales libros -"Organon del arte de curar" y
"Materia médica pura"- Hahnemann suponía que los
remedios originaban una enfermedad similar a la que
el organismo trataba de rechazar y procuraba congeniar
empíricamente -con la experimentación- los síntomas
producidos por un remedio en la persona sana con los
de la enfermedad que pretendía curar.
De ahí que la Homeopatía clásica no admita el tratar
los distintos síntomas con diferentes remedios sino
que procura encontrar la sustancia que reproduzca de
la forma más completa el conjunto de síntomas que presenta
el enfermo de manera que con esa sintonización empírica
de frecuencias pueda neutralizarse el desarreglo causante
de la enfermedad correspondiente.
EN LA CONSULTA DEL HOMEÓPATA
El perfil más habitual del
médico homeópata es hoy el de un profesional tradicional
que ha llegado a esta rama de la Medicina a través de
estudios especializados que se imparten a través de
muchos colegios médicos europeos o instituciones homologadas
por la Sociedad Europea de Homeopatía, siendo sus estudios
de tres años de duración.
El homeópata, a diferencia del médico convencional,
hace especial hincapié en la historia clínica del paciente
buscando establecer una sintomatología no sólo física
sino procurando situar a la persona en su entorno y
de acuerdo con sus reacciones emocionales e intelectuales.
La exploración física es similar a la realizada en las
consultas tradicionales y puede manejar los análisis
y medios de diagnóstico de imagen de la misma forma
que su colega de la Medicina oficial.
Todo ello va a intentar conseguir una armonización del
paciente consigo mismo y con su entorno.
Por ello, en la prescripción hará hincapié en las normas
de vida y alimentación que, curiosamente, tienen muchos
puntos en común con los de la Medicina tradicional china.
Puede decirse que, en general, es una medicina mucho
más personal que la oficial en tanto establece una profunda
relación médico-paciente.
LA FARMACIA HOMEOPÁTICA
La Homeopatía no trata enfermedades
sino síntomas. Busca sustancias -sobre todo del reino
vegetal- cuya administración reproduzca en lo posible
los síntomas que presenta el enfermo.
Así, para tratar los vómitos utiliza nuez vómica y para
la fiebre el acónito o la belladona cuya intoxicación
produce síntomas similares a los del paciente febril.
La correlación entre los síntomas y las sustancias que
los reproducen se encuentra en la materia médica, que
es la base del conocimiento homeopático y que cada profesional
maneja como los médicos tradicionales usan el vademecum
de especialidades farmacéuticas.
En el caso de la fiebre, por ejemplo, los tratamientos
serán distintos según se trate de un proceso que curse
con aplanamiento general -en cuyo caso el homeópata
puede decidirse por la belladona (cuya intoxicación
produce sedación y la piel aparece roja y los ojos brillantes)-
o con agitación más o menos intensa - para lo que elegirá
el acónitum.
La farmacia homeopática no tiene medicamentos específicos
para el dolor, entre otras cosas porque considera que
se trata de un síntoma de aviso en relación con el resto
de los signos de enfermedad (dolor de oídos o de cabeza,
menstruales, etc.) que se tratan globalmente con una
determinada, prescripción que procura englobar el mayor
número posible de alteraciones.
Así, ante un problema de menstruación dolorosa, además
de los consejos de reposo, calor local -en ocasiones-
y alimentación ligera con poca sal, el homeópata recomendará
belladona, útil para aliviar lo calambres dolorosos,
la chamomilla (manzanilla), el magnesium phos.
y el colocyntis.
Y si hay vómitos y diarreas, además de las lógicas medidas
de alimentación y aporte abundante de líquidos se recomendarán
arsénicum, ipecacuana, brionia o phosphorus,
cuya intoxicación natural reproduce dichos síntomas.
Los preparados homeopáticos pueden ser encontrados fácilmente
en farmacias especializadas, cada vez más numerosas.
Andrés
Rodríguez-Alarcón
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