La acupuntura china es uno de
los métodos más antiguos de curar y no sólo mantiene
su vigencia sino que se ha impuesto en todo el mundo
de tal manera que sus enseñanzas se imparten en universidades
y colegios médicos y sus tratamientos son cubiertos
por buena parte de los sistemas de Seguridad Social
occidentales.
El primer texto conocido de acupuntura se remonta
al año 2697 a. C. y es el famoso Nei-King, el
clásico de medicina interna de Houang-Ti -el
Emperador Amarillo- que fue traído por primera vez a
Europa por los misioneros jesuitas en el siglo XVII
aunque no cuajó en nuestro continente por la falta de
preparación de los médicos occidentales.
Tras ser prohibida en la propia China para los nobles
en 1884 por el emperador Taokuang fue de nuevo
potenciada por Mao Zedong durante la Larga Marcha
en 1934-35. Pero no sería hasta la célebre visita de
Richard Nixon a China en 1972 en que la acupuntura
saltó las fronteras de su país para invadir el resto
del mundo, de tal forma que ahora nos resulta familiar
como una técnica de tratamiento útil en multitud de
problemas y superior a la medicina convencional en algunos.
El éxito de la acupuntura en el mundo científico occidental
vino de los estudios que la relacionaban con la liberación
de endorfinas en el sistema nervioso central con lo
que se daba una explicación aceptable para nuestra ciencia
de la conexión entre el antiguo conocimiento oriental
y las vías de transmisión del dolor en la médula nerviosa
y en el cerebro.
Pero las cosas no son tan sencillas. Primero existía
la certeza de que los puntos de acupuntura no tenían
relación con las vías de transmisión del dolor y después,
a través de las llamadas máquinas buscapuntos -que miden
las diferencias de potencial en la piel- se comprobó
que había zonas de mayor actividad eléctrica que se
correspondían efectivamente con los puntos de acupuntura
tradicional. Pero a esas alturas la antigua técnica
china ya había tomado carta de naturaleza en nuestra
sociedad y hasta en las Unidades del Dolor de los más
modernos hospitales se utilizan las agujas para muchos
tratamientos y no sólo como analgésico sin efectos secundarios.
UNA BASE FILOSÓFICO-CIENTÍFICA
Para los orientales, como
para los investigadores de la Nueva Era, la energía
universal -tao, chi'i o kundalini-
forma parte de la propia estructura de la materia-energía
humana y circula por nuestro cuerpo a través de unos
canales energéticos -los meridianos- que se extienden
longitudinalmente por la superficie de nuestro organismo
a partir del eje central de la columna vertebral. Hay
doce meridianos principales o kings en los que
se determinan los puntos de energía que pueden ser estimulados
por la colocación -en los lugares precisos- de las agujas
de acupuntura.
Cada uno de estos doce meridianos principales corresponde
a un conjunto de funciones reguladas por un órgano particular,
de tal manera que se equilibran perfectamente cuando
el organismo funciona en la forma adecuada. Así, los
meridianos del hígado, del corazón y del bazo-páncreas
(que en la medicina tradicional china forman un conjunto
inseparable), del pulmón y del riñón, que se consideran
yin, se equilibran con los del estómago, el intestino
grueso, el delgado y la vesícula biliar, que se consideran
yang. También las funciones orgánicas corresponden
al mismo esquema y el de la circulación-sexualidad (corazón,
órganos sexuales y circulación sanguínea) son yin
mientras que el Triple Calentador que regula las funciones
respiratorias, digestivas y urinarias es de naturaleza
yang.
Los puntos tradicionales de la acupuntura -tal como
se describen en los libros antiguos- eran 365, en curiosa
concordancia con los días del año; pero los avances
tecnológicos y la posibilidad de desarrollo que facilitaron
las máquinas buscapuntos -cada vez más sensibles- han
elevado su número hasta casi 800.
La energía chi'i recorre cíclicamente nuestros
órganos en el sentido de las agujas del reloj de acuerdo
con un patrón pulsante que varía a lo largo de las horas
del día (la ciencia occidental ha empezado a hablar
de ritmos circadianos hace menos de cincuenta años).
En cada uno de los meridianos principales se registran
a diario dos períodos de dos horas de duración cada
uno en los que el flujo energético registra un máximo
para caer posteriormente a un mínimo de intensidad,
cosa que conoce la medicina tradicional china y aplica
sus tratamientos a horas específicas en cada meridiano.
Claro que habida cuenta de que, por ejemplo, el máximo
de actividad del meridiano del pulmón va de tres a cinco
de la mañana, no muchos acupuntores esperan hasta esa
hora para tratar de la forma idónea un ataque asmático.
BIORRITMOS Y ACUPUNTURA
Pero ese ritmo orgánico,
que no se limita a los meridianos sino que a través
de ellos actúa sobre todo el resto del organismo, ha
dado lugar a toda una ciencia -la Cronobiología- que
estudia precisamente los ritmos presentes en el ser
humano -y no sólo a nivel físico- y ha permitido establecer
la existencia de un auténtico reloj biológico interno
que actúa sobre numerosas funciones corporales, incluyendo
la actividad cerebral. La experimentación actual intenta
relacionar esos biorritmos con las energías sutiles,
no conocidas por no medibles con los métodos y técnicas
actuales pero cuya existencia es necesaria para poder
explicar el funcionamiento físico y espiritual del ser
humano como conjunto. Es más, si la ciencia occidental
quisiera tener en cuenta la periodicidad de los flujos
de energías cósmicas a través del sistema de los meridianos
de acupuntura quizá pudiera entender las variaciones
cíclicas de los fenómenos biológicos actualmente estudiadas
por los cronobiólogos.
Sin embargo, los acupuntores sí tienen en cuenta esas
modificaciones ya que precisamente una alteración de
los meridianos se considera precursora de una patología
orgánica.
Las anomalías de esos circuitos revelan un desequilibrio
de las energías polares de las fuerzas yin y
yang, y ninguna de esas fuerzas existe por sí sola
sino en relación con las necesidades energéticas totales
del cuerpo.
En occidente se ha empezado a entender este importante
punto y ya hace años el investigador japonés Hiroshi
Motoyama desarrolló una máquina -la AMI- que es
un aparato computarizado capaz de comparar los flujos
terminales de los meridianos con los del lado contrario
del cuerpo para establecer las diferencias de potencial
y orientar sobre las existencia de un trastorno. Actualmente,
en Japón se utiliza la AMI en las administraciones locales
como filtro para las inspecciones médicas de su personal
ya que sus meridianos son examinados individualmente
por los médicos convencionales con el consiguiente ahorro
de tiempo y dinero.
También el Dermatrón del europeo Reinhart
Voll -más conocido como EAV (Electroacupunture
Acording to Voll)- representa un paso más allá y
mide puntos de acupuntura individualmente, comparándolos
mediante ordenador con los valores medios hallados en
investigaciones previas.
Con estos y otros instrumentos técnicos se está investigando
seriamente la existencia del sistema de meridianos y
sus asociaciones y empieza a valorarse como un modelo
de existencia real y parte de la fisiología orgánica,
a nivel de cualquier otra función, como la actividad
glandular o la hepática.
Pero eso no quiere decir que los meridianos sean nervios
ni nada parecido. Las comunicaciones del sistema nervioso
funcionan por medio de impulsos eléctricos que transmiten
sus mensajes por medio de un código digital de modulación
de frecuencia -de forma muy similar a como lo hace un
ordenador- pero los meridianos no actúan a ese nivel
aunque pueda medirse un potencial eléctrico en los puntos
de acupuntura, que no es pulsátil sino continuo.
Investigaciones recientes (inyección de isótopos radioactivos
del Tc99 en los puntos de acupuntura) han permitido
localizar una auténtica red de "túbulos" que interconexionan
puntos y meridianos, por lo que se apunta a que la auténtica
función de esos centros energéticos no neuronales de
nuestro organismo pudieran ser formas de conexión biológica
con las energías no detectables que existen evidentemente
en el espectro electromagnético, lo que daría a la acupuntura
una dimensión aún más importante que la que tiene su
manejo empírico actual ya que permitiría un reequilibrio
del cuerpo con las energías cósmicas tradicionalmente
descritas por los antiguos pensadores orientales.
Andrés
Rodríguez-Alarcón
EN LA
CONSULTA DEL ACUPUNTOR
Pese a toda su complejidad,
la acupuntura no es más que una técnica de las muchas
que maneja la Medicina Tradicional china. Por eso un
buen acupuntor iniciará su consulta con un amplio interrogatorio,
mucho más extenso que el habitual de sus colegas de
nuestra Seguridad Social. Preguntará por las horas de
sueño, alimentación habitual e, incluso, hasta por sus
ingresos económicos (en el Nei King se justifica
esta curiosidad porque si el paciente es rico y su comida
abundante es difícil que su energía defensiva pueda
estar debilitada). Después procede al examen físico,
bastante diferente al que estamos acostumbrados porque
se basa fundamentalmente en el estudio del pulso radial,
en el que el médico chino distingue hasta doce diferentes
tipos de pulsación -seis en cada muñeca- y que se dividen
en superficiales, profundos y medios. Cada uno de ellos
proporciona indicaciones precisas sobre el estado de
cada órgano. Tras este examen, el acupuntor hace tenderse
al paciente y, de acuerdo con los datos del pulso, busca
en los meridianos correspondientes los puntos de mayor
resistencia, que es donde sitúa las agujas.
La colocación, número, tamaño forma y profundidad a
las que se clavan las agujas depende del efecto que
quiera conseguirse; y la rotación que el acupuntor les
da en el momento de su inserción puede hacer que el
efecto sea sedante o bien que aumente la energía del
punto correspondiente.
Así explicado resulta bastante complejo pero en la realidad
es aún más complicado ya que un buen acupuntor tarda
muchos en formarse.
En la propia China existen desde hace más de medio siglo
una serie de Facultades de Medicina Tradicional cuyo
curso académico dura seis años y estudios paralelos
con los de Medicina Occidental, que no es poco.