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| Medicinas
Complementarias. |
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| TÉCNICAS
DE ACTIVACIÓN ENERGÉTICA |
"La materia no es más que una
manifestación de energía que tiende al equilibrio".
Este concepto, expresado hace miles de años por la antigua
sabiduría oriental -tanto china como hindú-, se está
redescubriéndose hoy tanto a nivel científico como social
y personal. Y es que apenas hay nada nuevo bajo el sol...
Una de las características de nuestra evolucionada
sociedad de cara al nuevo milenio es la síntesis. Los
nuevos conceptos de la comunicación han permitido que
todo tipo de ideas se globalicen y no es de extrañar,
por tanto, que en la actualidad se esté produciendo
una síntesis de los antiguos conocimientos y las nuevas
ideas impulsadas por la ciencia y la tecnología.
Pues bien, una de las "revoluciones" más importantes
-desde mi punto de vista- es el concepto de la interacción
del cuerpo-mente con la espiritualidad (sin que ello
tenga ninguna connotación mística ni religiosa). Porque,
de hecho, el espíritu es capaz de interrelacionar con
la mente y, a través de ella, con el cuerpo y las funciones
orgánicas.
Incluso un científico tan conservador como Laín Entralgo,
en uno de sus últimos libros -Alma, cuerpo, persona
(Círculo de Lectores)- afirma que el hombre es pura
energía concentrada, estructurada y evolutiva, y aconseja
-como sistema de equilibrio personal- la apertura a
lo transcendente a través de cuatro vías -oración, sacrificio,
trabajo y experiencia mística- en lo que viene a coincidir
no sólo con la más ortodoxa norma del Tao o de los Vedas
sino con las más actuales terapias de la Nueva era,
que han redescubierto la meditación y las técnicas de
activación energética como sistema de equilibrio personal
y mejora de la calidad de vida global de cada uno.
La concepción actual de los centros de energía del cuerpo
-los viejos chakras védicos- puede ser tal vez menos
místico que el original hindú pero se ha aceptado con
facilidad en nuestra sociedad tecnológica por una sencilla
razón: funciona.
ACTIVAR LOS CHAKRAS
Para el pensamiento hindú,
el poder universal -la kundalini- se concentra en siete
centros energéticos dentro de nuestro cuerpo -los chakras-
y se dispersa a su través por todo nuestro organismo
desde el inferior -en la base de la columna vertebral-
hasta el más espiritual -en lo más alto del cerebro-.
Cuanto más alto se encuentre el chakra más regula lo
anímico. Y estos chakras pueden estimularse por muchos
sistemas, desde la meditación hasta los colores o la
energía mineral de las piedras.
Cada uno de los cinco primeros chakras tiene su función
específica: el lumbar o mulhadara concentra las
energías orgánicas; el hipogástrico o Indri -llamado
"centro del placer"- controla la energía animal y los
órganos sexuales; más arriba, en el ombligo, el Manipura
regula las emociones y el cuerpo astral; en la boca
del estómago, el Anahata regula la fuerza vital
y la conciencia de grupo; y en la garganta se encuentra
el Vishudha, que controla el sonido y la energía
creativa. En cuanto a los dos chakras superiores, se
encuentran en la cabeza: sobre el entrecejo está el
Ajna o "Tercer Ojo", que se encarga de la conciencia
y la sabiduría; y más arriba, sobre la región del hipotálamo,
está el Brahmarandra, que se considera el asiento
de la conciencia superior.
Los colores -que, en definitiva, son manifestaciones
energéticas de carácter vibratorio- condicionan de alguna
manera su actuación para potenciar la energía global
de nuestro organismo y estimular los distintos chakras.
Como ellos, también tienen sobre nosotros un sentido
ascendente en la escala.
Pues bien, los colores inferiores -el rojo anaranjado
y amarillo- regulan la parte material del hombre mientras
el azul, índigo y violeta regulan la parte espiritual.
El verde -en realidad, una mezcla de amarillo y azul-
se considera un color intermedio. No se olvide que para
los hindúes hay tres colores primarios que hacen que
queramos en azul, pensemos en amarillo y sintamos
en rojo. Por eso cuando están en armonía, nuestro
cuerpo y nuestro espíritu se encuentran en paz.
El blanco y el negro -todos los colores y ninguno- son
los símbolos de la actividad creadora. El blanco (yang
de la filosofía china) posee todos los colores; es masculino,
activo, positivo, dinámico y estimulante; su centro
de convergencia se encuentra en la cima del cráneo y
su luz nos penetra a través de la glándula pineal. Se
utiliza como protector del cuerpo físico y mental. El
negro es yin, femenino, pasivo, negativo y creador.
Representa lo abstracto. Como dice el Tao, "la oscuridad
del interior de las tinieblas es la puerta que se abre
a la explicación del misterio".
LA TÉCNICA
Los chakras pueden abrirse
y activarse mediante técnicas muy distintas que van
desde la meditación al biofeedback pasando por la acupuntura,
la cromoterapia, la gemoterapia o cualquier otra manifestación
energética.
Un buen sistema para todos los días, es la práctica
de lo que Anodea Judith llama en su libro
"Los chakras" (Ed. Robinbook) "ejercicios preliminares"
y que, por sí solos, son una forma magnífica y rápida
de armonización energética y que sustituye con ventaja
al salvaje gim-jazz tan de traumática moda.
PASOS A SEGUIR
1) Alineación:
para la máxima armonía del funcionamiento de los chakras
es preciso que estos se hallen ajustados entre si. La
puesta en sintonía se realiza con la columna vertebral
relativamente recta (si está excesivamente erguida se
produce envaramiento y tensión que bloquea la apertura
de los chakras). Con las piernas abiertas -como medio
metro- se estiran las manos por encima de la cabeza
tensando al mismo tiempo todo el cuerpo mientras uno
se concentra en alinear los chakras. Después se retoma
la postura erguida normal intentando conservar la sensación
de elevación y equilibrio.
A continuación se repite el mismo ejercicio sentado
en una silla o en suelo con las piernas cruzadas.
2) Establecimiento de la corriente manifestadora:
de pie o cómodamente sentado, con los pies descalzos
firmemente asentados en el suelo, se procura sintonizar
con el eje vertical del cuerpo manteniendo una postura
de cómodo equilibrio y respirando profunda y lentamente.
Una vez conseguida la situación de equilibrio físico
se eleva la mente por encima de la cabeza y se procura
subir hacia las inmensidades de lo superior imaginando
absorber, a través de la cabeza, los espacios infinitos,
que pasan con la respiración a través de los pulmones
y a todo el cuerpo.
Esa energía puede imaginarse de una forma concreta -con
luz, color, sonido o movimiento- y debe repetirse varias
veces el ciclo de absorción-difusión.
3) Establecimiento de la corriente liberadora:
una vez conocida y manejada la técnica manifestadora
puede empezar a trabajarse la contraria, la que se toma
de la tierra y, tras rellenar los chakras de uno en
uno, se elimina hacia los planos superiores. La "corriente
de la tierra" se toma a través de los pies y con la
imaginación se lleva por las piernas, abdomen y columna
vertebral hasta el séptimo chakra, desde donde se lanza
al cielo.
Cuando se controlan bien estos procedimientos deben
intentarse que ambas corrientes fluyan al mismo tiempo
y posteriormente combinarlas de distintas maneras hasta
aprender a sentirlas en las actividades de la vida diaria,
lo que permite una mayor armonía orgánica y espiritual.
Y,
4) Chakrasana: hay muchos ejercicios complementarios
que ayudan y activan la apertura de los chakras. El
más sencillo consiste en arrodillarse y, en esa posición,
agarrar los tobillos con las manos al mismo tiempo que
se arquea el cuerpo mientras se respira profundamente,
aguantando la postura mientras no resulte incómoda.
Estos simples ejercicios son ideales para empezar el
día de una forma equilibrada y armonizarse tras la cotidiana
lucha con la vida, generadora de ese estrés que se acumula
hasta llegar a producir enfermedad, independientemente
de la edad, sexo y condición de cada uno.
Andrés
Rodríguez-Alarcón
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