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CÓMO AFRONTAR ORTOMOLECULARMENTE UNA
INTOXICACIÓN POR METALES PESADOS |
Como
ya en otras ocasiones se ha explicado en la revista los minerales inorgánicos
no son asimilables por el cuerpo y, por tanto, su presencia en el organismo a
través de la ingesta del agua y/o de los muchos productos químicos que se usan
en nuestra sociedad moderna lleva a veces a una excesiva acumulación que puede
provocar importantes disfunciones e, incluso, poner en peligro la vida. Siendo
los más peligrosos los llamados "metales pesados" entre los que se encuentran
el aluminio, el bario, el berilio, el cadmio, el cobalto, el cobre, el cromo,
el estaño, el hierro, el manganeso, el mercurio, el molibdeno, el níquel, la plata,
el plomo, el talio, el vanadio y el zinc. Hablamos de sustancias verdaderamente
peligrosas pues no se trata ya de que nuestro organismo no las pueda metabolizar
sino que además tiene dificultad para eliminarlas y de ahí que se acumulen en
los riñones, los nervios, la grasa, los huesos, la piel, los pulmones, las tiroides
o el cerebro con todo lo que ello conlleva. Y no se trata de un problema menor
como mucha gente piensa ya que hoy día se utilizan metales en las pinturas, disolventes,
tintes, lacas, tejidos, utensilios domésticos, cosméticos, pesticidas, medicamentos
y otros muchos productos. Sin olvidar que están en el aire que respiramos -a consecuencia
de la incineración de desechos industriales, el humo de las fábricas y coches,
etc.- y en el agua que bebemos, gravemente contaminada por la industria. Centrémonos
en todo caso en los más importantes, es decir, en aquellos que más problemas causan
en la actualidad. Y hablemos de cómo afrontar la situación ortomolecularmente
sin olvidar que hay otros métodos útiles en situaciones urgentes como es el caso
de la quelación intravenosa con EDTA (lea en nuestra web lo publicado al respecto
en el número 22).
EL
MERCURIO Se trata de un metal que puede provocar
alteraciones de la mucosa, de la piel, irritación e infección de las vías respiratorias,
astenia, anorexia, ataxias, enfermedades renales, alteraciones digestivas e intestinales,
irritabilidad del sistema nervioso, hiperactividad, trastornos del aprendizaje
y otras muchas patologías. Su exceso puede conducir incluso a la muerte. Desafortunadamente
hoy se encuentra en todo tipo de aguas -ríos, lagos, mares y océanos- provocando
su acidificación y limitando la cantidad de oxígeno. Aunque lo peor es que es
absorbido por peces y mariscos y como éstos tampoco pueden metabolizarlo el mercurio
termina pasando a nosotros cuando los comemos. Asimismo es habitual su presencia
en diuréticos, antisépticos, vacunas, cremas y, sobre todo, en las amalgamas dentales.
Una intoxicación aguda por mercurio provoca vómitos, colitis y alteraciones
en la función renal. Son los casos de las intoxicaciones accidentales y de los
suicidios. La intoxicación crónica e involuntaria -que es de la que nos
ocupamos aquí- tiene en cambio una sintomatología más abundante y variada: alteraciones
gástricas permanentes, gingivitis, encefalopatías (hiperexcitabilidad, vértigos,
angustia, alteraciones del lenguaje, temblor en los dedos, párpados y lengua,
delirios, alucinaciones), atrofia muscular, cefaleas, insomnio... y algunas más.
¿Y cómo saber si estamos contaminados por mercurio? La manera más sencilla es
analizar los pelos cercanos al cuero cabelludo y determinar sus niveles. Cabe
añadir que la forma más peligrosa es la de metil mercurio que es la que entra
en nosotros al alimentarnos de animales marinos o al ingerir productos abonados
con antifúngicos. Y que el asunto no es baladí lo demuestra que la Autoridad Europea
de Seguridad Alimentaria -dependiente de la Comisión Europea- recomendó en el
2004 que las mujeres embarazadas o en periodo de lactancia y los niños pequeños
limitaran la ingesta de pescados grandes. Uno de los problemas mas graves
de este metal es que se biomagnifica, es decir, se acumula a lo largo de la cadena
alimentaria generando concentraciones mayores al ascender en la misma y eso provoca
que la concentración de la sustancia en el consumidor sea superior a la concentración
de la sustancia consumida. En cuanto a las amalgamas dentales de mercurio
existe aún mucha polémica ya que se utilizan desde hace más de 150 años.
Están hechas de un 50% de mercurio, un 35% de plata, un 13% de estaño, un 2% de
cobre y una pequeña cantidad de zinc. Muchos dentistas niegan por ello que sean
tóxicas pero lo cierto es que cuando se toma algo caliente, comemos o nos cepillamos
los dientes siempre se desprenden pequeñísimas partículas y vapores de mercurio
que terminan yendo a la sangre y de ahí a distintas partes del cuerpo. Y bastan
cantidades ínfimas para enfermar (lea en nuestra web lo publicado al respecto
en el número 54 de la revista).
EL ALUMINIO El aluminio
está presente en numerosos utensilios de cocina, en medicamentos -es el caso de
los antiácidos-, en alimentos precocinados, en desodorantes, en los cigarrillos,
etc. También la hemodiálisis a largo plazo se asocia con la acumulación de aluminio
en el cerebro y otros tejidos. Cabe agregar que tras la inhalación de polvo
u óxido de aluminio se ha presentado fibrosis pulmonar.
EL
PLOMO El plomo produce cefaleas, molestias osteoarticulares,
cambios en la conducta, alteraciones de la función intestinal, infertilidad, impotencia,
alteraciones nerviosas, alopecia, anorexia, temblores, vértigos, anemia, ataxia,
dolores de cabeza, alteraciones renales, etc. La intoxicación crónica por esta
sustancia se denomina saturnismo y es muy frecuente en los trabajadores
de industrias donde se emplea este metal. El plomo puede utilizar diferentes
vías de acceso para envenenar nuestro organismo pero básicamente penetra por la
piel, las vías respiratorias y la ingesta de agua. Una vez en el torrente sanguíneo
se une a los hematíes y se deposita sobre todo en el hígado, los riñones y los
huesos. Basta que entren 0,6 mg diarios de plomo para que en apenas unos meses
aparezcan síntomas de toxicidad graves.
EL CADMIO El
cadmio induce la síntesis de una proteína llamada metalotioneína a la que
se une en el hígado. Además es teratogénico -es decir, puede provocar malformaciones
en el feto- y alterar la función renal y hepática. El uso industrial de este metal
es muy amplio y su inhalación provoca insuficiencia renal crónica. Afecta también
a las vías respiratorias de tal modo que una pequeña cantidad inhalada de humo
de óxido de cadmio puede provocar una neumonía química aguda. Está asimismo relacionada
con la enfermedad respiratoria obstructiva crónica y hay evidencias de su relación
con el cáncer de pulmón. El cadmio ingerido con los alimentos y el agua o
a través del humo del tabaco puede ser responsable de hipertensión. Como los demás,
no se degrada pero puede cambiar de forma contaminando suelos y aguas.
EL ARSÉNICO El arsénico
está relacionado con los cánceres de vejiga, riñón, hígado, pulmón y piel. Aunque
se pueden dar intoxicaciones agudas en la actualidad lo más frecuente -como en
los demás causos antes mencionados- es la intoxicación crónica. Los síntomas
son un color oscuro de la piel expuesta, conjuntivitis, traqueitis, caída de pelo,
dolores de cabeza, parestesias, anemias, vómitos, diarreas, vértigos. Si el estado
de toxicidad se prolonga puede provocar cirrosis hepática y trastornos del olfato
y del gusto. El diagnóstico más seguro es demostrar su presencia en las uñas,
el pelo y la orina. Esta sustancia esta presente en la industria del vidrio,
en aleaciones, en colorantes, insecticidas, raticidas y fungicidas. Se absorbe
por la piel, las mucosas, el intestino y los pulmones. Y en caso de intoxicación
crónica puede provocar insuficiencia renal. También se ha hallado mayor mortalidad
por carcinoma bronquial en personas que trabajan con arsenicales inorgánicos.
El problema del arsénico, como el de otros metales pesados, es que cambia de forma
pero no se destruye y acaba contaminando el suelo y los animales marinos.
RECOMENDACIONES GENERALES
Limite el consumo
excesivo de carnes y sus derivados. Limite
la ingesta de grasas saturadas. Evite
la ingesta de pescados grandes (en especial las mujeres embarazadas o en periodo
de lactancia y los niños pequeños). Evite
los alimentos envasados y precocinados. Evite
el consumo de tabaco, café y alcohol. Asegúrese
de ingerir abundantes vegetales y frutas -crudas o en zumos- de cultivo biológico.
Sustituya el azúcar
y las harinas refinadas por azúcares y harinas completos. Beba
a diario suficiente agua. Entre dos y tres litros al menos. No
tome antiácidos farmacológicos.
ALIMENTOS ADECUADOS Ajo,
rábano y cebolla. Contienen sustancias con capacidad para atrapar agentes
activos y potencialmente patológicos. Frutas
y hortalizas frescas. Tienen una reconocida acción lixiviante y ayudan
a eliminar sustancias tóxicas. Especialmente el limón, potente depurativo, reparador
y alcalinizante del organismo. Cáscara
de psillium (Plántago Ovata). Su fibra, además de favorecer la limpieza
del intestino, impide la absorción de algunas sustancias no recomendables. De
hecho se han llevado a cabo estudios con animales en los que la planta ha demostrado
su eficacia para impedir los daños producidos por la ingesta de aditivos alimentarios.
Cereales
integrales. La fibra que contienen tiene capacidad para acelerar el
tránsito intestinal y arrastrar sustancias nocivas. Diente
de león. Tiene una actividad depurativa incuestionable y es capaz además
de favorecer la liberación de sustancias tóxicas por parte del hígado y riñones.
Cardo
mariano. Planta rica en silimarina es especialmente útil en
casos de envenenamiento por setas o medicamentos. Ayuda en la digestión de las
grasas, dificulta su entrada en las células hepáticas, regenera el hígado y estimula
la secreción lo que la hace recomendable en caso de digestión lenta y/o piedras
en la vesícula.
COMPLEMENTACIÓN Ácido
glutámico y ácido aspártico. Eliminan el exceso de amoníaco transformándolo
en urea. Ácido
lipoico. Tiene capacidad para atrapar y ayudar a eliminar el cadmio,
el plomo y el mercurio. Algas
kelp, espirulina y chlorella. Absorben las toxinas presentes en el
intestino y tienen capacidad para neutralizar metales pesados como el cadmio,
el mercurio y el plomo. Glicina.
Actúa como detoxificador hepático. L-Cisteína.
Este aminoácido -componente del glutatión- contiene azufre y ayuda a detoxificar
el hígado. Indol-3-Carbinol.
Presente en las crucíferas es una sustancia que promueve la detoxificación del
hígado y del intestino. L-Histidina.
Facilita la eliminación de los metales pesados, sobre todo cuando se ingiere junto
con vitamina C. L-Lisina.
Muy recomendable y efectivo ante una intoxicación por plomo. L-Metionina.
Se convierte en cisteína para realizar su trabajo detoxificador. MSM
(metilsulfonilmetano). Participa en la eliminación de metales pesados
por vía hepática. NAC
(N-acetil-cisteina), glicina, metionina y vitamina C. Son indispensables
para estimular la síntesis de glutatión. El NAC en particular es un buen quelador
de metales pesados. SAM
(S-adenosil-L-metionina). Potencia la producción de cisteína. Taurina.
Es eficaz en la eliminación de metales pesados como el cadmio y el cisplatino.
Vitaminas
A y del grupo B así como zinc y selenio. Actúan neutralizando diferentes
sustancias tóxicas y promoviendo una buena actividad hepática, indispensable en
una intoxicación por metales pesados. Vitamina
C. Interviene en los procesos de detoxificación del cadmio, el mercurio
y el plomo.
(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis
adecuadas debe indicarlas un especialista de la salud y que este artículo sólo
tiene carácter orientativo e ilustrativo).
José
Ramón Llorente
La
Medicina Ortomolecular se basa en
el convencimiento de que si al organismo se le proporcionan los micronutrientes
necesarios para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas enfermedades
no se manifestarían. Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos con
ellos en la proporción y cantidad adecuadas. Una sección elaborada
por el Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.
Las personas interesadas en contactar
con José Ramón Llorente o la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular pueden hacerlo en: Avda. Barón de Cárcer, 26, 5º,
67º 46001 Valencia. Tel: 96 392 54 55. www.seno.biz. |
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