La enfermedad celíaca -también conocida como Celiaquía, Enteropatía sensible al gluten, Esteatorrea idiopática y Esprue no tropical o celíaca- es una de las patologías más frecuentes entre los trastornos de mala absorción y se caracteriza porque el gluten que contienen algunos alimentos daña la mucosa del intestino delgado. Es decir, hablamos de una serie de sustancias proteicas -gliadina, glutenina, secanina, hordeína, etc.- que se encuentran en cereales como el trigo, el centeno, la cebada, la espelta o el kamut. Siendo la principal diferencia con otras patologías en que en ésta la alteración morfológica del intestino puede revertirse eliminando simplemente el gluten de la alimentación.
Agregaremos que aún no se conocen bien los mecanismos por los que se producen las lesiones pero hay varias hipótesis. Una de ellas las relaciona con una enzima, la Transglutaminasa tisular (TG2 o tTG), que participa en la degradación de algunos componentes tóxicos del gluten. Al parecer en los celíacos se produciría una reacción cruzada que generaría la liberación de anticuerpos anti-transglutaminasa, tanto inmunoglobulinas A y G como otras sustancias igualmente inflamatorias que serían las que lesionan la mucosa.
Otra posibilidad que se apunta es que se trate de un defecto congénito por el que los celíacos producirían muy limitadas o nulas cantidades de peptidasas específicas –un tipo de enzimas proteolíticas- que faciliten la digestión del gluten.
Y hay aún una tercera teoría -la más apoyada- que es la que apunta que el gluten provoca una reacción en cascada del sistema inmune mediante la formación de sustancias inmunoactivas que tomarían como blanco las células epiteliales encargadas de la absorción de nutrientes. Aunque también se indica que es posible que sea necesaria la presencia de otros factores no definidos para que se desarrolle la enfermedad.
Todos sabemos la importancia que tiene mantener en buenas condiciones la mucosa intestinal (vea en nuestra web- www.dsalud.com- el artículo que sobre permeabilidad intestinal publicamos en esta misma sección en el nº 89) ya que participa en multitud de funciones fundamentales y cómo su alteración genera trastornos que pueden llegar a ser de carácter grave. Pues bien, cuando los celíacos ingieren alimentos con gluten sus vellosidades intestinales se acortan o desaparecen -una lesión que es más frecuente en la primera parte del intestino ya que luego el problema va decreciendo-, aumenta el número de células inflamadas y el tejido epitelial se daña a la vez que disminuye la liberación de las enzimas necesarias para la absorción de los nutrientes. Con lo que además disminuye la superficie dedicada a la absorción. Por tanto puede decirse que la longitud de intestino dañado es directamente proporcional a la gravedad de los síntomas (es importante recordar que hay otras enfermedades que pueden dañar la mucosa intestinal como las de tipo infeccioso o inflamatorio y otros trastornos de mala absorción que cursan con la misma sintomatología pero se trata de problemas diferentes).
En el caso de los celíacos suele aparecer a menudo diarrea, haber heces pálidas, pastosas, malolientes y grasientas -porque las grasas no absorbidas son colonizadas por las bacterias del colon y sintetizan ácidos de gran efecto laxante-, pérdida de peso, astenia, debilidad (si la pérdida es importante puede provocar -sobre todo en niños- deshidratación y alteración del equilibrio electrolítico), distensión abdominal, gases malolientes, molestias digestivas tras comer, etc. Y tras toda esta sintomatología puede además esconderse algo que debe alarmarnos más: un posible déficit nutricional. De hecho los celiacos suelen padecer carencias, entre otras, de vitaminas del grupo B, D y K así como dificultades en la absorción de la A y la E, de hierro y trastornos del metabolismo del calcio y el magnesio.
Cabe añadir que el método de diagnóstico más fiable es la biopsia del intestino delgado aunque es más práctico eliminar de la dieta los alimentos con gluten una temporada y comprobar si desaparecen los síntomas al hacerlo.
RECOMENDACIONES DIETÉTICAS
-Ante todo deje de ingerir cualquier alimento que contenga gluten. Especialmente los que lleven trigo, centeno, cebada y avena (aunque en este caso aún se discute si la avenina causa o no problemas lo más probable es que su peligrosidad se base en que esté contaminada por el gluten de otros cereales), todos aquellos que son susceptibles de contenerlos (pastas, galletas, pan, dulces, pastelería, etc.), legumbres mezcladas con harinas, frutas en compota, postres envasados, turrones, helados, bombones, chocolates, carnes, embutidos preparados, algunos fiambres, cremas de queso, sémolas, cervezas (incluida la no alcohólica), salsas, conservas, alimentos con almidón, comida precocinada, desayunos instantáneos, sopas, salsa de soja, etc. Es importante leer la etiqueta detenidamente con el fin de asegurarse de la no presencia de gluten aunque en muchas ocasiones es más difícil de lo que parece y por eso en muchos países se ha instaurado ya un símbolo para identificar los alimentos libre de gluten: una espiga con un círculo y una barra cruzada delante.
-Puede en cambio consumir sin problema carnes blancas, pescados, huevos, frutas, verduras, legumbres, maíz, arroz, tapioca, mijo y sorgo. Eso sí, aunque las carnes, pescados y huevos están permitidos su ingesta debe ser moderada.
-Elimine de la dieta el tabaco, el café y las bebidas alcohólicas, estimulantes y gasificadas. Alteran la mucosa del intestino.
-Evite la leche ya que la lactosa no suelen ser bien digerida y puede producir irritación y disbacteriosis (alteración de la flora intestinal) empeorando aún más si cabe la situación.
-Suprima todo alimento que tenga reconocida actividad inflamatoria sobre el intestino.
-Coma en situación relajada y sin estrés.
-Mastique e insalive correctamente los alimentos.
-Ingiera de forma habitual alimentos ricos en enzimas para mejorar su digestión y metabolización.
-Beba abundante agua para prevenir el desequilibrio electrolítico.
-Consuma suficiente fibra para ayudar a eliminar toxinas y residuos.
-Ingiera habitualmente fruta fresca pero si le resulte difícil su ingesta quizás se deba a una deficiencia enzimática y en ese caso es mejor que las escalde o las tome en compota.
-Tome diariamente una ensalada de vegetales y germinados (también se puede escaldar en el caso de que su ingesta provoque hinchazón abdominal u otras molestias).
-Descanse suficientemente para que el sueño sea reparador.
ALIMENTOS BENEFICIOSOS
Aceites de semillas prensados en frío. Por su riqueza en ácidos grasos esenciales de la serie omega-6.
Agua. Hay que tomar entre 7 y 8 vasos al día fuera de las comidas.
Aguacate. Es suavizante, desinflamante y protector de la mucosa.
Ajo. La ligera irritación que produce su ingesta estimula la producción de prostaglandinas antiinflamatorias que protegen la mucosa gástrica. No debe abusarse del ajo si no se tolera bien y se producen flatulencias. Lo mejor es comenzar por una pequeña cantidad e ir aumentándola progresivamente.
Alfalfa. Contiene enzimas que mejoran los procesos digestivos y evitan las fermentaciones responsables de las distensiones abdominales. Es rica en vitamina K.
Alimentos probióticos. Ayudan a reequilibrar la flora bacteriana intestinal.
Arroz integral (debe tomarse cocido). Contiene almidón. Es hipoalergénico y normalizador del tracto intestinal. Tiene efecto antiinflamatorio sobre las mucosas digestivas.
Tapioca. Contienen un mucílago con acción demulcente (calmante) y protector de la mucosa. Es nutritiva, desinflamante y cicatrizante.
Calabaza. Suavizante y protectora de la mucosa interna del estómago produce una disminución de los ácidos.
Chirimoya. Protege la mucosa intestinal.
Chufa. Es remineralizante y contiene enzimas que facilitan la digestión de los hidratos de carbono y las grasas.
Col. Su contenido en glutamina la convierte en muy útil como antiinflamatoria de la mucosa intestinal.
Germinados. Por su contenido en enzimas.
Granada. Astringente y antiinflamatoria de la mucosa.
Hortalizas crudas en general. Contienen fibra y enzimas.
Maíz dulce y harina de maíz. No contienen gluten y son además muy bien toleradas.
Mango. Por su riqueza en provitamina A.
Manzanas, peras, dátiles y caquis. Aportan fibra soluble y mucílagos por lo que protegen la mucosa y facilitan la función del intestino. El caqui además es astringente, antiinflamatorio, suavizante y espasmolítico intestinal.
Membrillo. Antiinflamatorio de la mucosa. Se recomienda utilizarlo cocido y en forma de puré.
Níspero. Es normalizador y astringente pero además contiene sales minerales y vitaminas.
Okra. Contiene mucílagos que suavizan y protegen la mucosa intestinal.
Papaya. Interesa sobre todo por su contenido en papaína (enzima digestiva).
Patatas. Contienen almidón y reducen el trabajo digestivo. Es un alimento hipoalergénico y calmante.
Piña. La bromelaína que contiene facilita la digestión de las proteínas.
Plátano. Alimento bien tolerado que aporta minerales, sobre todo potasio.
Otras verduras y frutas en general. Suponen una buena fuente de fibra soluble además de aportar gran cantidad de micronutrientes.
Zanahorias. Ricas en vitamina A y fibra protegen la mucosa intestinal.
COMPLEMENTACIÓN
Ácido fólico. Al igual que otras vitaminas del grupo B la mayoría de quienes sufren la enfermedad celiaca presentan deficiencias de este grupo por lo que su complementación se hace indispensable. Además es útil porque acelera la regeneración y recuperación de las células epiteliales dañadas en el intestino. Su carencia empeora las cosas porque provoca diarrea y mala absorción intestinal.
Ácidos grasos esenciales de las series omega 3 y 6. Son antiinflamatorios.
Algas espirulina y clorella. Aportan aminoácidos esenciales, sales minerales y oligoelementos, vitaminas, clorofila, mucílagos y ácidos grasos esenciales. En suma, tienen gran cantidad de nutrientes por lo que son idóneas en esta patología.
Antocianidinas. Protectoras de la estructura celular del tracto intestinal tienen capacidad para inhibir la acción de la histamina y, por tanto, tienen también actividad antiinflamatoria.
Arabinogalactanos. Indispensables en la patología celiaca porque actúan como antiinflamatorios, regeneradores de la mucosa, calmantes y protectores.
Beta 1-3 glucanos. Se ocupan sobre todo de recuperar el tejido epitelial dañado.
Bromelaína. La actividad de esta enzima proteolítica en todos los procesos de carácter inflamatorio -sobre todo en los tejidos blandos- es bien conocida.
Canela. Aconsejable en los casos en que curse con flatulencia y distensión abdominal.
Complejo B. Los celiacos suelen tener importantes deficiencias de este grupo de vitaminas lo que sumado a una deficiencia enzimática puede dificultar aún más la correcta absorción y metabolización de los alimentos.
Enzimas digestivas. Responsables de la degradación de grandes moléculas en otras más pequeñas y digeribles; además tienen actividad antiinflamatoria y favorecen la eliminación de sustancias tóxicas. En la celiaquía su deficiencia es muy frecuente.
Glutamina. Protege la estructura del aparato digestivo.
Minerales. Deben aportarse puesto que se pierden con las heces que en esta patología suelen ser abundantes.
Probióticos (Lactobacillus, Bifidobacterias y algunos cocos gram positivos). Facilitan la biodisponibilidad de las vitaminas B1, B2, B6, B12, niacina, biotina, ácido fólico y ácido pantoténico. Tienen una marcada actividad antimicrobiana y restauradora de la mucosa intestinal dañada.
Vitamina A. Promueve la regeneración de la mucosa intestinal dañada.
Vitamina B1. Mejora la digestión, absorción y asimilación de los alimentos.
Vitamina B5. Su deficiencia es muy frecuente en estos casos porque para poder ser sintetizada necesita de la presencia de determinados factores presentes en la mucosa intestinal.
Vitamina K. Es sintetizada por las bacterias intestinales y por tanto su presencia está limitada en los casos de enfermedad celiaca.
(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis adecuadas debe indicarlas un especialista de la salud y que este artículo sólo tiene carácter orientativo e ilustrativo).
José Ramón Llorente
La
Medicina Ortomolecular se basa en
el convencimiento de que si al organismo se le proporcionan los micronutrientes
necesarios para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas enfermedades
no se manifestarían. Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos con
ellos en la proporción y cantidad adecuadas. Una sección elaborada
por el Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.
Las personas interesadas en contactar
con José Ramón Llorente o la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular pueden hacerlo en: Avda. Barón de Cárcer, 26, 5º,
67º 46001 Valencia. Tel: 96 392 54 55.
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