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| LOS
SUPLEMENTOS NUTRICIONALES EN LAS DISTINTAS ETAPAS DE LA VIDA |
Finalizado el curso sobre vitaminas
y minerales damos comienzo este mes a una serie de artículos
en los que vamos a exponer de forma práctica cómo tratar
terapéuticamente con Medicina Ortomolecular distintas
alteraciones de la salud. Y vamos a comenzar con una
enfermedad más extendida de lo que comúnmente se cree:
la gota.
La necesidad de micronutrientes de nuestro organismo
es constante a lo largo de toda la vida. Sin embargo,
la cantidad de cada uno de ellos varía en función de
múltiples factores, entre los que la edad -lactancia,
infancia, adolescencia, madurez y vejez- debe tenerse
tan en cuenta como la posición particular de cada uno
en función de las más diversas situaciones. No se tienen
las mismas necesidades viviendo en el polo que en el
Caribe, siendo deportista de elite que una persona sedentaria,
estando embarazada que cuando llega la menopausia. No
obstante, sí podemos hacer unas consideraciones generales
atendiendo a las distintas etapas de la vida.
EMBARAZO, PARTO Y LACTANCIA
Durante el embarazo es necesario
vigilar estrechamente las carencias que, estadísticamente,
son de todos conocidas. Las más habituales son las de
folatos (vitamina B9) o de hierro aunque
muy posiblemente también de otros nutrientes difíciles
de determinar.
Estas carencias no dejan de ser un riesgo tanto para
la madre como para el bebé. En el caso de la madre puede
aparecer pérdida de cabello, cambios en la piel, fatiga
y, en algunos casos, depresión. Y si esa situación se
mantiene durante todo el embarazo puede traer como consecuencia
un parto y una lactancia dificultosa.
Independientemente de las carencias, la Nutrición Ortomolecular
puede ser de gran ayuda en determinadas situaciones.
Por ejemplo, cuando se tienen náuseas durante los primeros
tres meses de embarazo puede ayudar tomar un suplemento
de vitamina B6 (piridoxina); en cuanto a los
calambres, pueden mejorar con la ingesta de calcio
y potasio.
Existen en el mercado complejos vitamínicos especialmente
indicados como suplemento en el embarazo y en la lactancia
que, entre otros elementos, contienen vitamina C,
vitamina D, vitamina E, vitaminas del grupo B
y minerales como hierro, calcio, magnesio, potasio,
zinc, etc.
Pero, sobre todo, es de especial importancia el aporte
de ácido fólico nada más saber que se está embarazada
para evitar que el bebé nazca con espina bífida así
como tomar alfalfa en extracto seco durante la
lactancia. Ambas son sustancias estimulantes de la producción
de leche.
En cualquier caso, un parto sin dificultades depende,
ante todo, de la calidad nutricional del embarazo e,
incluso, de la etapa anterior al mismo.
EL BEBÉ LACTANTE
Sin duda alguna, la mejor
forma de alimentar a un bebé es que mame la leche materna
porque en ese caso -siempre que su madre goce de buena
salud- no habrá necesidad de darle suplemento alguno.
No sucede lo mismo, empero, con los niños alimentados
con leches artificiales. Y es que la leche materna contiene
la totalidad de ácidos grasos esenciales -indispensables
para la formación del sistema nervioso y el cerebro-,
elementos que no contienen todas las leches artificiales.
Y es que la leche materna contiene la totalidad de
ácidos grasos esenciales -indispensables
para la formación del sistema nervioso y el cerebro-,
elementos que no contienen todas las leches artificiales.
Afirmación que viene apoyada por un estudio británico
publicado ya en 1992 en la prestigiosa revista The
Lancet en el que se comparaba el coeficiente intelectual
de los bebés prematuros alimentados con leche artificial
y los alimentados con leche materna. A la edad de ocho
años, éstos últimos presentaban unas diferencias de
8.3 puntos con respecto a los primeros en su coeficiente
intelectual.
PRIMERA INFANCIA Y ADOLESCENCIA
Durante esta etapa nos encontramos
en muchos casos con un sistema inmunitario deprimido
donde son frecuentes los resfriados, las faringitis
y otras alteraciones como las alergias alimenticias.
Un mero examen de las uñas, cabello, aspecto y color
de la piel, lengua, dientes así como algunas preguntas
sobre sus hábitos nutricionales, dificultades en su
rendimiento físico y psíquico, sueño, evacuaciones,
etc., nos indicarán ya -en muchos casos- las carencias
existentes.
Las más habituales suelen ser de vitaminas del grupo
B -en los casos donde aparece fatiga, depresión
y dificultades para conciliar el sueño- y hierro
-si se trata de jóvenes irritables, fatigados y con
una tez pálida (suelen ser grandes consumidores de azúcares
y leche)-. En el caso de las jóvenes este problema se
agrava con la llegada de la primera menstruación ya
que las necesidades de este mineral se ven aumentadas.
Asimismo, probablemente deban tomar magnesio
en los casos de calambres, irritabilidad o nerviosismo.
Por otra parte, como no suelen tomar ensalada es habitual
que tengan déficit de ácidos grasos esenciales,
indispensables -ademas de para el desarrollo del cerebro
y el sistema nervioso, como explicamos antes- para el
buen funcionamiento del sistema endocrino y del equilibrio
hormonal, tan importantes en esta etapa.
Si lográramos que los jóvenes comprendieran la importancia
de responsabilizarse de su alimentación, el paso por
la adolescencia -ya de por sí difícil en ocasiones-
sería mucho menos traumático.
LA VEJEZ
La vejez no es una enfermedad.
Por tanto, no debe creerse como algo "lógico" que con
la edad debe llegar el dolor y los achaques. El padecimiento
de muchas patologías no se justifica sólo por tener
una edad avanzada.
Es cierto que con la vejez aparecen pérdidas progresivas
o bruscas de funciones importantes como la hormonal
y que nos encontramos además con una baja respuesta
inmunitaria y una disminución de la producción de jugos
gástricos, pancreáticos y hepatobiliares con la consiguiente
dificultad digestiva, reducción de las funciones intelectivas
y sensoriales, degeneración articular y ósea, pérdida
de piezas dentales, etc. Pero eso depende sobre todo
de la calidad de vida que haya llevado la persona. Hay
ancianos de 80 y más años con una salud envidiable y
que ejercen una buena actividad física e intelectual.
No es, sin embargo, el caso de la mayoría, a quienes
la vida pasa generalmente factura por todos los excesos
cometidos, por la falta de cuidado de su cuerpo. Es
entonces cuando, a los achaques, se añade la disminución
de interés por la cocina -y por la vida-, la apatía
como consecuencia de la soledad, las carencias afectivas,
la ausencia de actividad y motivación...
Es un momento de la vida en el que suele haber deficiencias
de vitamina C -indispensable para la absorción
de otros nutrientes (vitaminas del grupo B, hierro,
calcio, etc.)-, vitaminas del grupo B -cuya carencia
ocasiona anemia, fatiga, palidez, alteraciones nerviosas,
etc.-, vitamina D -fundamental en el metabolismo
óseo y en la función inmunitaria-, vitamina A -que
interviene en las defensas, los trastornos de la visión,
etc.-, antioxidantes como el selenio, la metionina
y la vitamina E -necesarios para luchar contra
los problemas inflamatorios e infecciosos y las lesiones
orgánicas y degenerativas- y minerales indispensables
como el hierro, el zinc, el magnesio
y el calcio, entre otros.
En estos casos lo más recomendable es tomar diariamente
un complejo multivitamínico y multimineral específico.
Y, en los casos que fuera necesario, otros elementos
que sin duda mejoran ciertas funciones como la memoria
y la circulación; es el caso del ginkgo biloba
y de los bioflavonoides.
Decir, por último, que todos esos complementos deberían
ir acompañados de sol, ejercicio adecuado, una buena
higiene emocional y una alimentación sana y equilibrada,
rica especialmente en alimentos crudos.
José
Ramón Llorente
Presidente
de la "Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular".
La
Medicina Ortomolecular
se basa en el convencimiento de que si al organismo
se le proporcionan los micronutrientes necesarios
para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas
enfermedades no se manifestarían. Por tanto,
es preciso asegurarse de que contamos con ellos
en la proporción y cantidad adecuadas. Una
sección elaborada por el Presidente de la
Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.
Las personas
interesadas en contactar con José Ramón
Llorente o la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular pueden llamar al 96 392 41 66. |
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