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    Medicina Ortomolecular

  LA TRASCENDENCIA DE LAS ENZIMAS EN LA SALUD


Es frecuente escuchar que somos el resultado de lo que comemos y, sin embargo, seríamos más precisos diciendo que somos el resultado de lo que absorbemos con la alimentación. Porque aunque comamos de forma equilibrada si nuestro sistema digestivo no está en condiciones de transformar y absorber los nutrientes difícilmente gozaremos de buena salud. Y deberíamos saber que para que una sustancia nutritiva pueda ser absorbida y utilizada por nuestro organismo debemos contar con un mediador absolutamente imprescindible: las enzimas.

LAS ENZIMAS
Las enzimas -actualmente se han identificado más de 3.000- son sustancias de naturaleza proteica que básicamente actúan como catalizadores, es decir, multiplican de forma notable con su simple presencia muchas de las reacciones químicas que se producen en nuestro interior sin sufrir ellas transformación alguna, permaneciendo inalteradas.
Y de hecho, cada una de las transformaciones que experimentan los alimentos en nuestro aparato digestivo está asociada a un tipo específico de enzima. Son las llamadas enzimas digestivas. Es más, parece que cada enzima actúa sobre un solo tipo de alimento y en unas condiciones muy concretas de acidez por lo que si éstas no se dan no actúan y las reacciones bioquímicas del proceso digestivo no tienen lugar adecuadamente. Obviamente, en tales casos los alimentos sólo son digeridos parcialmente.
Hoy sabemos que hay al menos 22 tipos de enzimas responsables de la transformación de los alimentos que ingerimos en sustancias más simples capaces de pasar al torrente sanguíneo a fin de ser utilizadas. Enzimas capaces de acelerar las reacciones químicas de la digestión ahorrando así una importante cantidad de energía y tiempo (sin ellas nuestras digestiones podrían durar varios días). Hay tres categorías básicas de enzimas digestivas:
-Las proteasas: encargadas de ayudar a degradar las proteínas (se las conoce también como enzimas proteolíticas).
-Las amilasas: encargadas de ayudar a degradar los carbohidratos y almidones.
-Las lipasas: encargadas de ayudar a degradar los lípidos o grasas.
Conviene saber, en todo caso, que existen diferentes tipos de enzimas digestivas específicas localizadas en diferentes lugares: el páncreas, las glándulas salivares, el estómago, el intestino delgado, etc.

LA OBTENCIÓN DE ENZIMAS
Es básico entender que la principal fuente de enzimas son los alimentos crudos ya que la mayoría de ellas se destruyen con el calor y, por tanto, al calentar, cocer, asar o freír los alimentos. De ahí la importancia de una dieta rica en ensaladas y frutas crudas.
Y recuerde también que una buena digestión y la absorción correcta de los alimentos están entre las funciones fisiológicas más importantes del organismo. Al punto de que una digestión deficiente puede contribuir al desarrollo de muy diversas patologías. Especialmente por dos causas:
1) Porque los nutrientes que podría aportarnos el alimento no pueden ser debidamente utilizados. Es el caso de las vitaminas y minerales cuya función se ve comprometida ante un déficit de enzimas.
2) Porque la falta de enzimas adecuadas lleva a procesos de fermentación y putrefacción de los alimentos cuando quedan a medio digerir. Y ello conlleva que gran variedad de productos tóxicos pasen a la sangre intoxicándonos y sobrecargando los sistemas de eliminación del organismo.
¿Y cómo saber si tenemos alguna deficiencia enzimática? Pues observando si aparecen síntomas característicos como gases, hinchazón de vientre, eructos, espasmos abdominales, ardor, dispepsias, alergias o intolerancias alimentarias, etc. Porque todos esos síntomas suelen estar asociados a una alimentación deficiente en alimentos crudos; es decir, en enzimas.

ENZIMAS INTRACELULARES
Hay también enzimas que actúan en el interior de las células transformando los nutrientes que les llegan a través de la sangre en otras sustancias, como el ácido oxalacético o el pirúvico que forman parte del metabolismo celular. Hablamos de las enzimas intracelulares, responsables de los procesos de degradación celular con los que se obtienen nutrientes elementales a partir de los materiales estructurales propios de las células cuando el aporte mediante la dieta se interrumpe -por ejemplo, durante el ayuno- o cuando la célula no puede utilizar los nutrientes de la sangre -por ejemplo, en la diabetes.
En fin, en el cuerpo hay enzimas que controlan multitud de actividades. Es el caso de todos los procesos químicos que tienen lugar, por ejemplo, en el caso de una hemorragia -es decir, en la coagulación-. Y en la formación de las hormonas por las glándulas. Y en otros muchos casos. Por ejemplo, hay enzimas altamente específicas -como la ADN-polimerasa- encargadas de preservar el material genético de posibles defectos.
También en la reproducción su papel es importante. Y es que el primer espermatozoide que accede al óvulo es capaz de atravesar esa barrera gracias precisamente a la actividad de una enzima: la acrosina (de hecho, justo después se activan inhibidores enzimáticos para impedir la penetración en el óvulo de más espermatozoides). De lo que se deduce que la ausencia de acrosina es causa suficiente de infertilidad.
Las enzimas participan de forma muy activa, asimismo, en el equilibrio del sistema inmunitario tanto a nivel humoral como celular elevando las defensas.
Se sabe también que las enzimas proteolíticas poseen un importante efecto antiinflamatorio ya que son capaces de incrementar el flujo sanguíneo en la zona afectada, mejorar la nutrición y oxigenación, impedir la formación de coágulos sanguíneos y reducir el dolor y la hinchazón.
En las vasculopatías en general impiden la coagulación protegiendo de la formación de trombos. Y pueden aumentar el colesterol bueno previniendo las alteraciones cardiovasculares. Es más, la actividad enzimática es fundamental para la prevención de alergias. Hoy se sabe que la mayoría de la población no tiene los niveles necesarios de proteasas -enzimas imprescindibles para la correcta degradación de la gran cantidad de proteínas que ingerimos- con lo que numerosas partículas no digeridas pasan a través de la pared intestinal al torrente sanguíneo causando la formación de los antígenos que provocan las reacciones alérgicas.
Hay que agregar que incluso en el ámbito de la oncología la actividad enzimática se ha mostrado eficaz. Y ello porque:
-Ayudan a estimular el factor de necrosis tumoral.
-Son capaces de detectar antígenos en la superficie de la célula cancerosa permitiendo su identificación y destrucción.
-Contribuyen a deshacerse de los inmunocomplejos producidos cuando las células cancerosas liberan sus propios antígenos.
-Alivian los efectos de la quimioterapia.
-Inhiben la capacidad de las células cancerosas de unirse a otras lo que previene su diseminación.
En definitiva, la Enzimoterapia es una especialidad en auge porque se sabe que con enzimas pueden tratarse hoy numerosas patologías. Es el caso de la dispepsia, el estreñimiento, la diarrea, la colitis, la enfermedad celiaca, las dolencias osteoarticulares inflamatorias, la enfermedad de Crohn, la fragilidad vascular, la trombosis venosa, la acidosis metabólica, las alteraciones hepáticas, etc.
¿Es consciente ahora de lo que implica una deficiencia enzimática? Pues si es así le sugerimos que preste a partir de ahora mucha atención a la alimentación evitando el consumo excesivo de alimentos precocinados y preparados, y procurando ingerir frutas y vegetales crudos todos los días. Solo de esa manera garantizará los niveles enzimáticos adecuados que le permitan tener buena salud. Hablaremos más extensamente de ello en próximos números.


José Ramón Llorente




La Medicina Ortomolecular se basa en el convencimiento de que si al organismo se le proporcionan los micronutrientes necesarios para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas enfermedades no se manifestarían. Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos con ellos en la proporción y cantidad adecuadas. Una sección elaborada por el Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.

Las personas interesadas en contactar con José Ramón Llorente o la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular pueden llamar al 96 392 41 66.





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