El acné es un trastorno cutáneo que tiene
su origen en el sistema pilosebáceo siendo su aparición más frecuente
en cara y tronco al haber más glándulas sebáceas y folículos pilosos.
Pero antes de adentrarnos en ese problema conviene que repasemos
algunos conceptos. Como probablemente ya sepa el lector, la piel
está formada por diferentes capas y tejidos cuya especificidad
viene dada por la actividad concreta que desarrollan. La capa
más externa y fina es la
epidermis, la capa interna y más
gruesa la
dermis y debajo de ésta se halla la
hipodermis,
constituida por tejido conectivo y adiposo, y con la capacidad
de fijarse a los órganos subyacentes. En cuanto a las principales
funciones de la piel son las de:
-Excreción.
Lo que realiza gracias a las glándulas sudoríparas.
-Protección. Constituye
una importante barrera física con actividad inmunitaria que impide
la invasión de sustancias peligrosas para el organismo.
-Regulación de la temperatura corporal.
Su actividad es fundamental para regular la temperatura
del cuerpo aumentando o disminuyendo la eliminación de líquidos
en función de las necesidades. Además es capaz de modificar las
características de la red vascular dependiendo de los requerimientos.
-Detección de estímulos. La
piel contiene un gran número de terminaciones nerviosas capaces
de detectar diferentes tipos de estímulos.
-Participación en la síntesis de vitamina
D. Merced a la acción de los rayos ultravioleta
sobre la piel.
LA EPIDERMIS
En la epidermis encontramos
cuatro tipos diferentes de células:
Queratinocitos.
Su actividad se centra en la formación de queratina, una proteína
impermeable al agua encargada de proteger los tejidos más profundos.
Melanocitos. Son las células encargadas de la pigmentación
de la piel.
Las
células de Langerhans. Aunque proceden de la médula ósea emigran
a la epidermis para formar parte del sistema inmunitario.
Las células de Merkel. Que junto con los queratinocitos
forman parte del sistema sensitivo. La epidermis está compuesta
por cinco capas:
La capa basal. Es la zona más profunda y donde se generan
células incansablemente que emigrarán a la superficie. También
aquí se encuentran otros tipos de células que emigrarán hacia
la dermis y participarán en la formación de las glándulas sudoríparas,
en la producción de grasa y en la formación de los folículos pilosos.
El estrato espinoso. Contiene fundamentalmente melanocitos
y células de aspecto espinoso.
El estrato granuloso. Produce queratohialina, una sustancia
precursora de la queratina.
El estrato lúcido.
Solo aparece en las zonas donde la epidermis es muy gruesa.
El estrato córneo. Está compuesto por células que continuamente
se están escamando y serán reemplazadas por células nuevas.
LA DERMIS
La dermis se halla fundamentalmente compuesta por tejido conectivo,
colágeno y fibras elásticas. En su parte más externa se pueden
apreciar vasos sanguíneos, nervios, glándulas y folículos pilosos
mientras en la porción más profunda encontramos tejido conectivo
y fibras elásticas. Pues bien, el espacio entre esas fibras elásticas
está ocupado por tejido adiposo, glándulas sebáceas, conductos
de glándulas sudoríparas y folículos pilosos. Y en él se encuentra
el punto de partida del acné porque cuando esas glándulas sebáceas
secretan una cantidad excesiva de sebo (sustancia compuesta por
triglicéridos, ésteres de cera, escualeno y esterolesteres) éste
se acumula en los canalículos formando lo que se conoce como
comedones.
En la primera fase del acné aparece los
comedones cerrados
que se aprecian como diminutos puntos blancos. En ese momento
pueden intervenir algunos microorganismos -especialmente el
propionibacterium
acnes- que provocan irritación e inflamación, lo que se conoce
como pápula. Se habla entonces de
acné papuloso.
Y en el caso de que la pápula se transforme en vesícula y se llene
de pus nos encontramos ante el denominado
acné pustuloso
(que puede dejar cicatrices). Ahora bien, puede haber otra fase
del acné aún más virulenta que se caracteriza por la presencia
de nódulos dolorosos e inflamados que afectan al conjunto del
folículo piloso y cuya evolución es larga -entre diez y doce semanas-
convirtiéndose en pústulas. A ello se denomina
acné quístico.
En algunos casos puede también producirse encapsulamiento en zonas
amplias apareciendo forúnculos -aunque es poco frecuente- y entonces
se habla de
acné forunculoide.
Hay que agregar que se pueden dar otros tipos como el
acné
conglobata -cuando cursa con abscesos, quistes, cicatrices
y queloides-, el
acné fulminante -forma poco frecuente
pero de carácter grave que afecta sobre todo a los adolescentes
y que puede ir acompañada de fiebre, inflamación de las artrodias,
astenia y alteraciones sanguíneas-, el
acné miniquístico
-caracterizado por aparecer en época tardía y haber comedones
cerrados, sobre todo en el maxilar inferior- y
acné rosáceo
-patología crónica que compromete únicamente a la piel de la cara
y que comienza con un enrojecimiento de la nariz, mejillas, frente
y barbilla, aumento de la vascularización y picor en las zonas
afectadas pudiendo aparecer posteriormente erupciones acnéicas
y puntos de pus (suele darse en pieles blancas de entre 30 y 40
años que en su adolescencia padecieron brotes de acné).
CÓMO
AFECTA EL ACNÉ
De forma resumida podemos agregar que cuando el acné aparece se
produce normalmente:
Una
obstrucción del canal pilosebáceo.
Cambios
cuantitativos y cualitativos en la producción de sebo.
Modificaciones
lipídicas en la superficie de la piel.
Una
clara alteración de la flora bacteriana.
En cuanto a los factores que inciden en su aparición destacan:
La
edad y el sexo. El acné es más frecuente en el sexo masculino
y en la adolescencia. Más adelante veremos cómo incide el factor
hormonal en ello.
El
embarazo. Porque aumenta la producción de sebo.
La
climatología. Durante el invierno decrece la producción de
sebo mientras en verano aumenta.
El
ciclo menstrual. En la primera mitad del ciclo menstrual disminuye
la producción de sebo.
El
ciclo circadiano. Se ha constatado un aumento en la producción
de sebo durante el día que disminuye por la noche.
Los
cambios hormonales. Sabemos que la secreción sebácea viene
inducida por diferentes hormonas. Tanto en el hombre como en la
mujer esta producción sebácea viene mediada por los andrógenos
gonadales y adrenales, en particular por una hormona derivada
de la testosterona: la dihidrotestosterona. Por otra parte, debemos
contar con la actividad de los estrógenos que ejercen un efecto
contrario, es decir, disminuyen el tamaño de las glándulas sebáceas
y limitan la secreción de sebo.
Factores
genéticos. Se han encontrado importantes coincidencias entre
padres y hermanos con la misma alteración y en casos graves cromosomas
anormales en la misma familia.
Factores
dietéticos. Si bien no se ha podido demostrar su trascendencia
efectiva en esta patología -sobre todo si nos atenemos a la incidencia
de la misma en zonas geográficas con diferentes costumbres dietéticas-
sí es importante señalar la mejoría que se evidencia cuando se
libera a la persona afectada de alimentos hipercalóricos, grasos
e irritantes. En este apartado hay que señalar la importancia
que tiene en esta patología la posible deficiencia de determinadas
vitaminas que participan como coenzimas en rutas metabólicas y
cuya deficiencia puede ocasionar trastornos en la oxidación lipídica.
RECOMENDACIONES
GENERALES
Evitar
contaminantes industriales, cosméticos y otras drogas.
Evitar o limitar la ingesta de grasa de procedencia animal.
Cambiar los hidratos de carbono refinados por completos.
Evitar la ingesta de grasas oxidadas, leche y derivados o aceites
hidrogenados.
Evitar el consumo de alimentos fritos o precocinados.
Incrementar la ingesta de fibra, frutas y verduras crudas.
Mantener una buena higiene de las zonas afectadas.
Evitar el consumo de bebidas azucaradas.
Realizar periódicamente una dieta detoxificante.
ALIMENTOS ADECUADOS
Fruta.
Tiene una conocida actividad depurativa. Las frutas son alcalinizantes
y promueven la eliminación masiva de sustancias tóxicas y de desecho.
Además son buena fuente de vitamina A, en particular los mangos,
albaricoques, papayas y demás frutas amarillas.
Limón.
Tiene una conocida actividad antibiótica y alcalinizante. En los
casos de acné se usa como alimento alcalinizante y depurativo
pero también se usa el zumo de forma tópica para tratar los daños
causados por el acné debido a su fuerte actividad antibiótica.
Soja. Contienen fitoestrógenos que promueven el equilibrio
hormonal, tan importante en este caso.
Cereales
integrales. Su contenido en fibra mejora los estados acnéicos.
Hortalizas.
Además de ser depurativas son buena fuente de vitamina A.
Germen
de trigo, frutos secos y aguacate. Contienen vitamina E que
actúa de forma muy eficaz junto a la vitamina A para el tratamiento
del acné.
COMPLEMENTOS
Vitamina
A. Tiene la capacidad de reducir la secreción de sebo y la
hiperqueratosis de los folículos sebáceos. Por otro lado es importante
recordar que esta vitamina participa en la síntesis de hormonas
sexuales ayudando a regular los niveles de estrógenos.
Vitamina
B6. Es una vitamina moduladora de la acción de las hormonas
esteroideas. Interviene en reacciones biológicas relacionadas
con los ácidos grasos esenciales. Además su deficiencia puede
incrementar la absorción de testosterona.
Vitamina
E y Selenio. La presencia de vitamina E mejora y mantiene
los niveles de vitamina A. Además inhibe junto al selenio la formación
de peróxidos (radicales libres). Por otra parte, tienen la capacidad
de mejorar los niveles de glutatión peroxidasa, una enzima que
se encuentra significativamente baja en los hombres que padecen
acné y que tiene -entre otras- la capacidad de eliminar radicales
libres y una clara actividad detoxificadora.
Zinc.
Tiene una importante actividad cicatrizante. Es un mineral fundamental
porque interviene en la activación local de algunas hormonas y
en la formación de proteínas además de ser un importante regenerador
de los tejidos dañados.
Ácidos
grasos esenciales. Son absolutamente fundamentales porque
aseguran la formación de prostaglandinas, intermediarios metabólicos
de gran actividad que, entre otras propiedades, tienen la de estar
presentes en la acción de algunas hormonas sexuales. Se ha comprobado
que el sebo de pacientes con acné presenta niveles disminuidos
de ácido linoleico -uno de los principales ácidos grasos omega-6-
y ello propicia la hiperqueratosis ductal.
Cromo.
Niveles altos en cromo mejoran a los pacientes con acné. Puede
ser debido a su actividad ya que se ha comprobado que la regulación
de los niveles de insulina mejoran el acné.
Vitaminas
del grupo B. Es importante para mantener en buen estado la
piel y el sistema nervioso.
(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis
a prescribir son trabajo de un especialista de la salud y en ningún
modo este artículo puede ser utilizado como tratamiento específico;
sólo sirve como elemento orientativo e ilustrativo para tratar
algunas alteraciones de la salud).