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| QUÉ HACER CUANDO EL ORGANISMO
EMPIEZA A DETERIORARSE |
A
medida que uno envejece a causa de la oxidación -proceso bioquímico
normal en las células- el organismo se va deteriornado. Es inevitable.
Sin embargo no todo el mundo envejece al mismo ritmo. Hay personas
con 80 años y una vitalidad envidiable y otras con 50 que parecen
ancianos. Y no por causas genéticas en la mayoría de las ocasiones
sino por el estilo de vida. De hecho el envejecimiento tiene
mucho más que ver con la alimentación, el carácter, la manera
de relacionarse y el ejercicio que con otras causas. Aunque
es evidente que el entorno influye también notablemente. Sea
como sea, a todos nos llega un momento en el que el organismo
empieza a deteriorarse y es entonces cuando conviene ayudarle
"mimándole" más que de costumbre. Cuidado que debe centrarse
en función de las necesidades de cada caso. Porque los cambios
fisiológicos propios de la edad se pueden presentar en forma
y tiempo diferentes. Todo ello sin olvidar los cambios por adaptación,
es decir, los que se producen como consecuencia de una patología
o los derivados de factores ambientales o sociales. Resumiendo,
los cambios más importantes que se producen con la edad son
éstos:
Cambios fisiológicos
-El volumen y tamaño de todos los órganos disminuyen.
-Se incrementa el tejido adiposo y conjuntivo.
-Hay una disminución cuantitativa de células.
-Se requiere mayor cantidad de oxígeno para llevar a cabo cualquier
actividad.
-Disminuye el nivel de hidratación corporal.
Cambios osteoarticulares:
-Se produce pérdida de masa muscular cuya apreciación más evidente
a nivel nutricional es la disminución de las necesides energéticas
(unas 100 Kcal menos por década). -El peso, que suele aumentar
entre los 40 y 50 años, disminuye a partir de los 70 aproximadamente.
-Disminuye la densidad ósea. La razón suele estar en una inadecuada
nutrición y en la escasa actividad física al aire libre. -Hay
pérdida de elasticidad y flexibilidad. -Degeneran las articulaciones.
-Se deteriora el impulso nervioso.
Cambios en la función inmunitaria
(tanto específica como inespecífica) provocados por diferentes
razones: adelgazamiento de la epidermis (barrera de defensa
natural), limitación en la síntesis de citoquinas: quimiocinas,
interleucinas, interferones... La mayor parte de las veces como
consecuencia de una inadecuada nutrición.
Cambios en el sistema cardiovascular.
Se pierde elasticidad en las arterias y vasos (arteriosclerosis),
disminuye la capacidad funcional y hay cambios hemodinámicos
con elevación de los niveles de homocisteína (un factor de riesgo
para la función cardiaca).
Cambios en el sistema gastrointestinal.
Se produce pérdida de piezas dentarias -cuyas consecuencias
se aprecian en toda la función gastrointestinal-, disminuye
la secreción salivar, se atrofia la mucosa gástrica, se limita
la capacidad para absorber nutrientes y disminuye la motilidad
intestinal así como la actividad pancreática y hepática.
Cambios en el sistema nervioso.
Hay una ralentización del movimiento y la respuesta, limitación
en la funcionalidad de las células nerviosas, disminución de
la agudeza visual, olfativa y auditiva, deterioro de las capacidades
cognitivas y cambios en la conducta (inseguridad, desconfianza,
introversión, etc.).
Todos estos cambios son propios del envejecimiento a causa del
paso del tiempo pero a ellos hay que añadir otros que se producen
como consecuencia de la adaptación a los primeros o por otros
relacionados con los cambios sociales o medioambientales. Es
el caso de...
...abuso en el consumo de fármacos y patologías asociadas a
este hecho así como interacciones fármaco-fármaco o fármaco-nutriente.
...dificultades económicas.
...dificultades sociales o barreras arquitectónicas que impiden
un actividad normalizada.
...abuso del alcohol.
...limitación para el ejercicio físico.
...hábitos tóxicos.
...insomnio y/o menor necesidad de horas de sueño.
...cambios en la conducta higiénica corporal.
...aislamiento familiar y social.
...estados de apatía y depresión.
...imposibilidad para comprar o preparar los alimentos.
...hábitos alimentarios inadecuados o una deficiente ingesta
de nutrientes.
...patologías asociadas a malos hábitos alimentarios: obesidad,
diabetes, hipercolesterolemia, hiperlipemia, mala absoción,
deshidratación (mayores posibilidades de toxicidad medicamentosa),
trastornos de tipo gastrointestinal, infeccciones y patologías
relacionadas con la función inmune y deterioros de la función
cognitiva.
Ahora bien, a pesar de lo expuesto el paso del tiempo no tiene
por qué implicar una época de sufrimiento ni llevar a todo un
cúmulo de incapacidades. De ahí que propongamos a continuación
una batería de consejos que pueden mejorar considerablemente
la calidad de vida de las personas con el organismo más deteriorado.
RECOMENDACIONES GENERALES
-Hay que disminuir la cantidad de calorías
ingeridas porque la actividad física y el metabolismo basal
son menores.
-Se debe limitar la ingesta de grasa saturada animal aumentando
en cambio el consumo de la monoinsaturada (aceite de oliva)
y la poliinsaturada (pescados azules).
-Hay que evitar el consumo de azúcares, harinas y cereales refinados,
y consumir hidratos de carbono complejos (azúcar integral, harinas
y cereales integrales).
-Debe beberse mucha agua.
-Conviene adecuar la textura del alimento al estado de la dentadura.
-Hay que vigilar el peso tanto por exceso como por defecto.
-Se deben ingerir alimentos ricos en fibra.
-Hay que evitar consumir excesivas proteínas.
-Se debe aumentar el consumo de alimentos ricos en nutrientes.
-No deben consumirse alimentos fritos. Cocínelos al vapor, hervidos,
al papillote o a la plancha.
-Hay que limitar la ingesta de sal.
-Debe descansar y dormir suficientemente.
-Conviene realizar ejercicio en función de la condición física.
-Es bueno fomentar la actividad psicológica y social.
-Debe procurarse vivir en un entorno adaptado a la situación
personal, en la medida de lo posible cómodo, saludable y agradable.
ALIMENTOS ADECUADOS
Cereales integrales
y frutos secos. Son fuente de fibra, nutrientes y
antioxidantes que proporcionan energía.
Fibra. Su consumo mejora
los casos de estreñimiento y la función intestinal al promover
el movimiento peristáltico.
Frutas y hortalizas. Son
también una buena fuente de fibra, minerales, vitaminas, fitoquímicos
y agua.
Aceites de semillas. Ricos
en ácidos grasos esenciales. Tienen actividad antiinflamatoria,
mediadores en la función inmune y protectores de la salud cardiovascular.
Frutos secos y sésamo.
Contienen cantidades importantes de zinc, mineral indispensable
para el sistema inmune. Además son fuente de calcio orgánico.
Vegetales de hoja verde oscura, amarillos
y anaranjados. Por su riqueza en vitamina A son protectores
celulares y antioxidantes. Además promueven el buen estado de
las mucosas.
Almendras y aceitunas. Contienen
vitamina E, sustancia altamente antioxidante.
Uvas, manzanas, ciruelas y fresas.
Son frutas con actividad específica sobre el hígado facilitando
su trabajo. Actúan como descongestivas y detoxificadoras hepáticas.
Alcachofas y cardo. Ambas
sustancias contienen cinarina, sustancia que potencia
la función hepática.
Germinados. Contienen enzimas
y gran cantidad de vitaminas siendo de fácil digestión.
Cereales integrales. Tanto
en forma de copos como de papillas. Suelen ser bien tolerados
por las personas mayores.
Ensaladas. Contienen enzimas,
vitaminas y minerales. En caso de una difícil digestión de las
mismas se pueden licuar o escaldar para mejorar su digestibilidad.
Tapioca y avena. Contienen
mucílagos que las convierten en sustancias suavizantes y protectoras
de la mucosa.
Apio y cebolla. Son alimentos
depurativos facilitando la eliminación de sustancias nocivas.
COMPLEMENTACIÓN
Chlorella.
Este alga aumenta la actividad del sistema inmunitario y es
un potente agente desintoxicante ya que absorbe las toxinas
circulantes en el intestino, mejora los problemas de estreñimiento
y contiene gran cantidad de sustancias nutritivas. De hecho
muchas de sus propiedades terapéuticas son atribuibles a la
elevada concentración de clorofila, ácidos nucleicos y C.G.F.
(Chlorella Grow Factor) que hacen de ella un óptimo complemento
nutricional. También contiene vitaminas (A, B, C, E, H y M,
carotenoides, inositol, niacina, PABA) y minerales (fósforo,
potasio, magnesio, hierro, calcio, cobre y zinc).
NADH. Aumenta la producción
de energía celular, interviene en la regulación y reparación
del ADN, y potencia el sistema inmunitario. Especialmente la
interleuquina-6, potentísimo antioxidante. Actúa regenerando
los antioxidantes naturales de nuestro organismo y estimula
la biosíntesis de dopamina, adrenalina y noradrenalina.
Gracias a ello actúa positivamente sobre las funciones fisiológicas
como la fuerza, el movimiento, la coordinación, el estado de
alerta, las funciones cognitivas, el estado anímico, el deseo
sexual y la secreción de la hormona de crecimiento.
Coenzima Q-10. Es capaz
de aumentar la energía y la tolerancia ante el esfuerzo, mejora
la función inmune, tiene una potente actividad antioxidante
y es capaz de actuar frente a los efectos tóxicos de algunos
fármacos.
Vitamina E. Es uno de los
antioxidantes más potentes que se conocen pero además tiene
capacidad para mejorar la función cardiaca y la función inmune.
Participa en la respiración celular y, por tanto, en la oxigenación
de todos los tejidos. Es capaz, junto a la vitamina C, de retardar
la progresión de la arteriosclerosis.
Vitamina A. Mejora la función
ocular, las defensas frente a las infecciones y mantiene en
buen estado las mucosas. También estimula la conservación de
los tejidos, especialmente la piel, el tejido conectivo y los
huesos.
Complejo de antioxidantes.
Indispensable para poder mantener en buenas condiciones la función
cardiaca, intestinal e inmune además de prevenir multitud de
enfermedades degenerativas.
Enzimas. Las enzimas favorecen
una mejor digestión y absorción de nutrientes que contribuyen
a los amplios efectos clínicos observados con la Enzimoterapia
Sistémica. Una mejor absorción de vitaminas, minerales, oligoelementos,
ácidos grasos esenciales, proteínas, hidratos de carbono y otros
nutrientes posibilita un organismo más eficiente y sano. Estos
nutrientes esenciales intervienen en múltiples funciones importantes
como el metabolismo, la circulación, el sistema inmunitario
y el vascular.
Vitaminas del grupo B. Favorecen
la asimilación y digestión de los alimentos siendo esenciales
para la transformación de los carbohidratos en energía. Juegan
un papel fundamental en el mantenimiento del sistema nervioso
ya que colaboran en la síntesis de algunos neurotransmisores
e intervienen en el metabolismo de los hidratos de carbono,
lípidos y proteínas.
Vitamina C + bioflavonoides.
Esta combinación protege frente a los radicales libres, ayuda
a prevenir y combatir las enfermedades víricas y bacterianas,
favorece la absorción del hierro (la anemia es bastante común
en las personas mayores), fluidifica la sangre y mejora la función
vascular.
Ácidos grasos esenciales. Mejoran los estados de
inmunodepresión, reducen los niveles de colesterol y triglicéridos,
mejoran la piel seca y las uñas quebradizas y ayudan en la obesidad
y algunos problemas cardiacos -como la arritmia, la angina de
pecho o la hipertensión-. Tienen capacidad antiinflamatoria.
Calcio, magnesio y vitamina D.
Es necesario un buen aporte de estas sustancias por dos razones
fundamentales: asegurar una correcta actividad cardiaca y mantener
en buenas condiciones el sistema óseo y muscular.
Zinc. Su absorción disminuye
con la edad y, sin embargo, es indispensable en multitud de
actividades metabólicas. Estimula la elaboración de glóbulos
blancos y, de manera general, apoya la actividad de los neutrófilos,
linfocitos T y células "natural killer", ayuda a equilibrar
el azúcar en sangre, es imprescindible para la salud de la piel
y fundamental para la salud sexual, acelera la curación de las
heridas y previene la degeneración macular.
Aminoácidos. Constituyen
el sustrato esencial en la síntesis y construcción de las proteínas.
Desempeñan funciones indispensables en la arquitectura celular,
catálisis, regulación metabólica, contracción y defensa de muchos
organismos superiores.
Probióticos. Tienen funciones
de especial interés en las personas mayores: estimulan el peristaltismo
intestinal, producen y aumentan la biodisponibilidad de vitaminas
-como la B1, B2, B6, B12, niacina, biotina, ácido fólico y ácido
pantoténico-, proporcionan mayor biodisponibilidad de minerales
-como el calcio, hierro, cobre, zinc y magnesio-, tienen actividad
antimicrobiana, efectos hipocolesterolemiantes y mejoran la
actividad del sistema inmune.
(Recuerde que tanto el tratamiento a seguir como las dosis
son trabajo de un especialista de la salud y que este artículo
sólo tiene carácter orientativo e ilustrativo).
La
Medicina Ortomolecular
se basa en el convencimiento de que si al organismo
se le proporcionan los micronutrientes necesarios
para su correcto funcionamiento muchas de las
llamadas enfermedades no se manifestarían.
Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos
con ellos en la proporción y cantidad adecuadas.
Una sección elaborada por el Presidente
de la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular.
Las personas
interesadas en contactar con José Ramón
Llorente o la Sociedad Española de Nutrición
Ortomolecular pueden llamar al 96 392 41 66. |
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