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CÁNCER QUÉ ES, QUÉ LO CAUSA Y CÓMO TRATARLO

Portada del número actualmente a la ventaDiscovery DSALUD es una publicación de Ediciones MK3La salud es armoníaTarifas de la revista y de la webSuscripción a  la revista

    MEDICINA ORTOMOLECULAR
    CÓMO AFRONTAR ORTOMOLECULARMENTE LA INTOXICACIÓN QUÍMICA DEL
    ORGANISMO

Sabemos que la salud depende de diferentes factores: una alimentación equilibrada, un estilo de vida sano, una genética favorable y, hoy más que nunca, un medio externo poco nocivo. Algunos de ellos pueden ser modificados por el hombre como la alimentación y el estilo de vida mientras la genética resulta determinante y difícil de modificar. El medio externo, en cambio, es relativamente modificable porque depende de factores políticos, económicos, sociales, etc. Por eso en este texto trataremos de concienciar al lector sobre la urgente necesidad de exigir cambios que promuevan la mejora de las condiciones de nuestro entorno a la vez que intentaremos enseñarle a desintoxicar su organismo.
Se prevé que entre el 2007 y el 2008 entre en vigor el REACH -acrónimo en inglés de Registro, Evaluación y Autorización de Sustancias Químicas-, norma promovida en el año 2003 por la Comisión Europea a la que la industria química puso todo tipo de trabas e impedimentos. De hecho la propuesta presentada inicialmente por la comisión creada al efecto era muy ambiciosa ya que apostaba por la protección total prohibiendo cualquier sustancia química peligrosa mediante la aplicación de lo que se dio en llamar el Principio de Sustitución. La idea, en suma, era obligar a las industrias químicas a sustituir todas las sustancias extremadamente peligrosas por alternativas más seguras. Por desgracia, sin embargo, lo que veremos plasmado en breve plazo no tendrá nada que ver con la propuesta inicial debido a la presión ejercida por las industrias norteamericanas y europeas.
Para concluir con esta introducción y con el fin de acercarnos a la inmediata realidad que nos espera basta añadir que a pesar de los esfuerzos el texto que se aprobará permite, aún reconociendo su peligrosidad, utilizar determinadas sustancias si se demuestra que pueden ser "controladas". La cuestión que se plantea es cómo la industria va a demostrar el "control" sobre esas sustancias. Porque, aún pareciendo aventurado, se puede demostrar la imposibilidad de conseguir tal control.
Cuando se analiza la toxicidad de una sustancia y se demuestra su inocuidad porque no ha mostrado efectos en los parámetros diseñados no significa que la sustancia esté libre de toxicidad y efectos sobre otras áreas. Además es muy complicado asegurar la inocuidad o baja toxicidad de una sustancia ya que hay multitud de elementos que pueden alterar los resultados como el tiempo de exposición, el tiempo que tardan en evidenciarse los efectos, los daños que se miden, etc.
Los daños de determinadas sustancias en humanos son siempre diferentes porque dependen de la individualidad bioquímica, la edad, el sexo, el estado de salud, la vía de entrada, la capacidad de excreción, el tipo de vida, las sustancias nocivas ya acumuladas, etc., pudiendo todo ello cambiar significativamente los resultados de cualquier prueba a la que se someta.
Además muchos científicos y especialistas en esta materia coinciden en asegurar la falta de ensayos rigurosos y la dificultad que entraña reconocer los daños que varias sustancias unidas pueden provocar cuando se acumulan en nuestro organismo. Un ejemplo de la dificultad para obtener ensayos cuya conclusión sea segura para la población es lo que sucede con el almizcle sintético policíclico (HHCB), sustancia presente en numerosos champús y perfumes. Los ensayos toxicológicos apuntan que la toxicidad aguda de esta sustancia es muy baja pero se ha demostrado que resulta altamente peligrosa a largo plazo porque actúa alterando la función endocrina interfiriendo en la señal de los estrógenos, la testosterona y las hormonas tiroideas.
Ha habido innumerables esfuerzos por parte de la comunidad científica tendentes a presionar sobre el documento final que vaya a aprobarse como el Llamamiento de París de mayo de 2004 en el que un nutrido número de científicos alertó del elevado número de cánceres infantiles que aparecen hoy en los países industrializados así como del alarmante aumento de la infertilidad masculina como consecuencia de la contaminación química. O la Declaración de Praga de junio de 2005 donde un grupo de más de 120 científicos denunciaban y ponían sobre la mesa las cifras alarmantes de alteraciones hormonales, reproductivas y degenerativas denunciando la situación crítica en la que nos encontramos (lea en nuestra web lo publicado en la sección de Reportajes en los números 58 y 59). Dicho esto, como quiera que la legislación que en unos años entrará en vigor no va a resolver el problema lo mejor es asumir nosotros mismos -en la medida de lo posible- nuestra protección. Y para ello es necesario estar informados. Hablemos pues de las principales sustancias peligrosas así como de algunos aditivos autorizados en España cuya utilización pueden comportar riesgos para el organismo y, por último, sobre el etiquetado de algunos productos.

   Almizcles sintéticos
Como el HHCB -mas conocido como Galaxolide- o el AHTN -o Tonalide-. Son sustancias que se utilizan en los perfumes, colonias, cremas, champús, etc. Se pueden encontrar restos de estas sustancias en diferente medios: en la atmósfera, en el mar, en el agua de lluvia, etc. Pueden afectar al sistema nervioso y a la función hormonal y provocar alteraciones de la función reproductiva. Aunque lo más alarmante es que se desconoce qué alteraciones puede provocar unidos a otras sustancias químicas. Además se acumula en el organismo ya que es difícil de eliminar.

   Alquilfenoles y bisfenol
Se utilizan como detergentes de uso doméstico e industrial así como en maquillajes, perfumes, tintes para el pelo, champús, gel de ducha... Y están presentes en plaguicidas, en algunos plásticos de uso doméstico, en los envases de comida precocinada, en latas de refresco, etc., así como en algunas prendas. Una vez utilizados los podemos encontrar en las aguas de los ríos o en la tierra. Además, al ser degradados se generan nuevas sustancias, algunas de ellas más activas, que se pueden acumular en diferentes especies acuáticas.
Son lo que se llama disruptores endocrinos, es decir, sustancias químicas que alteran la función del sistema endocrino una vez instalados en el cuerpo. De hecho pueden provocar alteraciones espermáticas, abortos y alteraciones fetales relacionadas con el sistema inmune y nervioso. Además se asocian a diferentes tipos de cáncer.

   Benzofenonas
Están presentes en las cremas solares, barnices, cosméticos, envases de papel, cartón (como los embalajes para las pizzas). En algunos casos las altas temperaturas o la congelación pueden provocar el paso de estas sustancias a los alimentos.
Son también disruptores endocrinos y además se les relaciona con el síndrome de fatiga crónica y la fibromialgia.

   Bifenoles policlorados (PCBS)
Son sustancias cuya composición química es parecida a la de las dioxinas. Se producen como consecuencia de la combustión de materia orgánica. Además permanecen en el agua y la tierra durante mucho tiempo.
Se han encontrado restos en el jamón curado, en el pollo y en el queso. También están presentes en los plaguicidas, fungicidas y herbicidas.
Está demostrado que estas sustancias -al igual las dioxinas- tienen reconocidos efectos cancerígenos aun en dosis bajas. Además alteran las funciones hormonal, cardiaca e inmune.

   Compuestos bromados
Hay diferentes tipos de compuestos bromados pero todos tienen características comunes en cuanto a su acción. Se acumulan en el medio ambiente -ríos, lagos, tierra, etc.- y en el ser humano. Se pueden encontrar en muy diversos aparatos eléctricos y en el polvo de las moquetas.
Tienen capacidad para alterar los sistemas nervioso, endocrino y reproductivo.

   DDT
Se trata de un conocido insecticida organoclorado prohibido en España desde 1977. Es una sustancia que no se degrada y permanece largo tiempo en distintos medios. Además, como se mantiene en los tejidos grasos y no se elimina, la propia cadena alimentaria hace que aumente el nivel de esta sustancia ya que se suma el nivel de DDT dentro de la cadena de un animal a otro hasta llegar al ser humano.
Un estudio del grupo de investigación en medio ambiente y salud de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha confirmado "la elevada presencia de este contaminante en nuestro organismo". Datos, según dichos expertos, extrapolables a toda España. Y aún más: han descubierto en casi la mitad de la población canaria DDT inalterado; o, lo que es lo mismo, población expuesta a esta sustancia recientemente.
El DDT esta relacionado con alteraciones degenerativas, hemáticas, cambios en el ADN, disfunciones inmunológicas, etc.

   Otros compuestos organoclorados
Es el caso de las dioxinas, los furanos y algunos pesticidas persistentes como el aldrín, el dieldrín, el lindano, metoxicloro y el endosulfan.
Su peligrosidad está directamente relacionada con la vía de entrada en el cuerpo humano, su capacidad para permanecer estable y para fijarse en medios grasos.
Sucede como en el caso anterior: una vez introducidos en la cadena alimentaria aumentan en cada eslabón su dosis letal.
Producen alteraciones de tipo neurológico, digestivo, hormonal, hepático y renal. Estas sustancias están relacionadas con algunos tipos de cáncer.

   Formaldehído
Esta sustancia es un gas volátil que se utiliza en multitud de industrias como desinfectante y fertilizante, en materiales de construcción, pinturas, papel, plásticos, cosméticos y materiales aislantes. Además también se produce como consecuencia de la combustión de los coches, cigarros, etc.
Puede provocar en quienes lo inhalan de forma continuada cáncer de nariz y garganta así como alteraciones dermatológicas.

   Ftalatos (DEHP)
Se utilizan sobre todo en la industria plástica. Son altamente peligrosos. De hecho la Unión Europea retiró de forma urgente algunos tipos de ftalatos pero seguimos expuestos a ellos porque están dispersos en nuestro entorno: en casa, en los juguetes, en los cosméticos, en el material médico, etc.
Producen daños en las mucosas además de alterar las funciones hepática, renal y hormonal.

   Metales pesados
Se trata de sustancias realmente peligrosas porque nuestro organismo no está preparado para eliminarlas y, por tanto, pasan a formar parte de nuestro medio interno con el riesgo que ello conlleva. Hablamos de metales como el mercurio, el plomo, el arsénico o el cadmio. Algunas se han utilizado hasta hace muy poco y otras se siguen utilizando de forma incontrolada o sin darle la importancia que como residuo peligroso tienen.
Se utilizan en los aditivos para pinturas, en los textiles, en muchos productos ignífugos y en utensilios domésticos. También aparecen en la atmósfera como consecuencia de la incineración de desechos industriales y la combustión de los coches.
El mercurio, en función de la vía expuesta al mismo, puede provocar alteraciones de la mucosa, de la piel, irritación e infección de las vías respiratorias, astenia, anorexia, alteraciones digestivas e intestinales, irritabilidad del sistema nervioso, etc. Y en casos graves puede conducir a la muerte.
El plomo produce cefaleas, molestias osteoarticulares, cambios en la conducta, alteraciones de la función intestinal, infertilidad, impotencia, alteraciones nerviosas, etc.
El cadmio es teratogénico, es decir, puede provocar malformaciones en el feto y alterar la función renal y hepática.
En cuanto al arsénico está relacionado con el cáncer de vejiga, riñón, hígado, pulmón y piel.

   Parabenos
Los parabenos se obtienen del ácido hidroxibenzoico y se utilizan en multitud de productos cosméticos, farmacéuticos y alimentarios. Dentro de este grupo se incluyen los etil, metil, propil y butil parabenos además del benzoato de sodio.
Estas sustancias se hicieron "famosas" como consecuencia del revuelo que suscitó el trabajo de un grupo de científicos de la Universidad de Reading (Gran Bretaña) cuya coordinadora, la doctora Phillippa Darbre, reconocía haber encontrado "niveles suficientemente elevados de esta sustancia en los tejidos de 20 mujeres con cáncer de mama".
Aunque no se puede probar de forma directa la causa-efecto la doctora Darbre está convencida de que "los desodorantes pueden encontrarse en el origen de numerosos casos de cáncer de mama".

   Hidrocarburos bromados
Son los polibromobifenoles (PBB), el bromodifenil éter (BDE) y el polibromo difenil éter (PBDE), entre otros. Son sustancias producidas químicamente que se utilizan en plásticos, aparatos de televisión, telas, etc. Aunque en Estados Unidos no se fabrican ya desde 1976 su presencia en el agua, la atmósfera y el suelo permanece inalterada ya que son sustancias muy estables y en los animales y seres humanos se fijan en el medio graso por lo que también resulta difícil su eliminación.
Pueden producir astenia, anorexia, alteraciones cutáneas y dolores generalizados, entre otros síntomas. En animales de laboratorio está demostrado que producen cáncer.

   Aditivos alimentarios
En España hay autorizados 300 aditivos alimentarios (BOE 12/1/96, BOE 22/1/96 y BOE 22/3/97). Hablamos de "toda sustancia que, sin constituir por sí misma un alimento ni poseer valor nutritivo, se agrega intencionadamente a los alimentos y bebidas en cantidades mínimas con objeto de modificar sus caracteres organolépticos o facilitar o mejorar su proceso de elaboración y/o conservación".
Dicho lo cual lo primero que habría que preguntarse es si se justifican. Porque todo indica que no es así al menos en el caso de los colorantes sintéticos. De hecho en los países del norte de Europa están prohibidos casi todos y en Estados Unidos sólo hay autorizados nueve. En cambio en España los autorizados son ¡veintiocho! ¿Por qué?
Hoy se sabe que pueden ser poco recomendables. Basta analizar algunos para comprobarlo:
-La Tartrazina (E-102). Se ha relacionado con el asma y las crisis recurrentes de migrañas siendo además responsable de algunas alergias.
-El Amaranto (E-123). Está prohibido en Estados Unidos desde la década de los 70 del pasado siglo. Es una sustancia liberadora de histaminas y, por tanto, produce reacciones alérgicas.
-La Eritrosina (E-127). Es productora de alergias y altera la función de la glándula tiroides.
-El Negro Brillante (E-151). Es un colorante artificial que produce alergias y en combinación con algunas bacterias intestinales puede provocar graves daños.
-El Marrón FK (E-154). Puede provocar alteraciones renales y linfáticas.
-El Amarillo naranja (E-110). Tiene reacción cruzada con la aspirina, es generador de alergias y está relacionado con el cáncer.
-Además de los señalados hay otros que también pueden ser peligrosos -así se sospecha al menos- como los E-122, E-124, E-133, E-171 y E-173, entre otros.
En cuanto a los conservantes -usados para prevenir la proliferación de microorganismos potencialmente peligrosos en los alimentos- hay motivo para dudar de la efectividad de algunos, no suficientemente probada. Conllevan pues riesgos para la salud. Son los casos de:
-El Benzoato (E-212). Puede producir alergias y urticaria.
-El Nitrato de Sodio (E-251). Produce alteraciones en la función vascular.
-La Hexametilenotetramina (E-239). Puede provocar alteraciones gastrointestinales y mutagénicas.
-El Tiabendazol (E-233). Puede provocar alteraciones renales y hepáticas.
Los conservantes que van del E-221 al E-227 son peligrosos para los asmáticos. Además hay otros a considerar como los: E-210, E-211, E-213, E-215, E-217, E-220 al E-228, E-230 al E-233, E-236 y E-248 al E-252.
En cuanto a los edulcorantes se obtienen por diversos procesos químicos a partir de distintas sustancias o de productos vegetales. Algunos pueden tener diferentes contraindicaciones como es el caso del sorbitol que, en grandes cantidades, produce irritación gástrica y diarrea.
Sin embrago, el uso de estas sustancias es creciente dado el interés por reducir la ingesta de calorías en los países desarrollados. Y ello supone un riesgo para la salud ya que a altas dosis todos ellos ejercen efectos secundarios indeseables.
Hay dos tipos de edulcorantes: los de volumen -de dulzor similar o ligeramente inferior al del azúcar- y los intensos, de potencia muy superior. Los edulcorantes de volumen son el sorbitol, el manitol, el isolmalt, el maltitol, el lactitol y el xilitol. Se encuentran en los vegetales aunque en cantidades muy pequeñas y su absorción intestinal es más lenta por lo que la energía que aprovecha el organismo es la mitad de las del azúcar para la misma cantidad ingerida. Pero no dejan de tener un alto contenido energético -son alcoholes- y además si el consumo diario sobrepasa los 20 gramos pueden causar diarrea o flatulencia.
Los edulcorantes intensos son diferentes tanto respecto a los anteriores como entre sí ya que su naturaleza química y su potencia son distintas. Unos son naturales y otros no. Los más conocidos son:
-La sacarina. No es asimilada por el organismo por lo que se elimina por completo.
-El aspartamo. Se trata de una dipéptido producto de la combinación de dos aminoácidos: el ácido aspártico y la fenilalanina. Está contraindicado en los enfermos de fenilcetonuria.
-Los ciclamatos. Se sintetizan a partir del benceno. Los más utilizados son el ciclamato de sodio, el del calcio y el ácido ciclámico. Se comercializan también mezclados con sacarina, aspartamo o acesulfam K ya que son sinérgicos con ellos.
-El acesulfam K. De estructura similar a la sacarina su dulzor es algo menor que la de ésta.
-La neohesperidina Es un producto derivado de una molécula presente en la corteza de los cítricos, especialmente de las naranjas amargas. Se usa mucho para potenciar el olor de alimentos y bebidas.
-La taumatina. Es una proteína natural que se extrae del fruto de un árbol africano, el Thaumatococcus danielii. Como el anterior, potencia aromas en los alimentos.
Hay estudios que indican que los edulcorantes intensos presentan riesgo de padecer alteraciones nerviosas, pueden provocar aumento del apetito y en animales de experimentación han provocado efectos cancerígenos en altas dosis. Pueden además provocar dolor de cabeza y excitación nerviosa.

PROBLEMAS DE IDENTIFICACIÓN
Cabe añadir que uno de los problemas más graves con los que se encuentran los consumidores es la dificultad de identificar los colorantes, conservantes y aditivos que se hallan en un producto al leer sus etiquetas. Debería exigirse claridad a ese respecto y que se pudiese conocer no sólo qué lleva cada producto sino la cantidad de los mismos así como sus interacciones. Un ejemplo es la que se produce con los llamados ácidos grasos "trans" que se generan a partir de la hidrogenización de los aceites vegetales. Sorprende por ello que las autoridades no obliguen a indicar en el etiquetado la cantidad de grasas "trans" que contiene un preparado.

RECOMENDACIONES GENERALES
-Lea las etiquetas de los alimentos envasados.
-Evite el consumo de tabaco, café, alcohol y drogas.
-Limite el consumo de carnes y sus derivados.
-Limite la ingesta de grasas saturadas.
-Evite los alimentos precocinados.
-Asegúrese de ingerir suficientes vegetales y frutas, a ser posible de cultivo biológico.
-Sustituya el azúcar y las harinas refinadas por azúcares y harinas completos.
-Evite los aceites vegetales hidrogenados.
-Evite, en la medida de lo posible, los aditivos alimentarios.
-Tome abundantes zumos de frutas y jugos de verduras frescas.
-Beba suficiente agua -esto es muy importante- ya que es el diluyente universal.
-Utilice cúrcuma como colorante natural ya que tiene propiedades depurativas, antioxidantes y hepatoprotectoras.

ALIMENTOS ADECUADOS
   Frutas y hortalizas frescas: tienen una reconocida acción lixiviante y ayudan a eliminar sustancias tóxicas.
   Ajo, rábanos y cebolla: contienen sustancias con capacidad para atrapar agentes activos potencialmente patógenos.
   Cereales integrales: la fibra que contienen tiene capacidad para acelerar el tránsito intestinal y arrastrar sustancias nocivas.
   Diente de león: tiene una actividad depurativa incuestionable y es capaz además de favorecer la liberación de sustancias tóxicas por parte del hígado y riñones.
   Cáscara de psillium (plántago ovata): su fibra, además de favorecer la limpieza del intestino, impide la absorción de algunas sustancias no recomendables. De hecho se han llevado a cabo estudios con animales en la que la planta ha demostrado su eficacia para impedir los daños producidos por la ingesta de aditivos alimentarios.
   Limón: es un potente depurativo, reparador y alcalinizante del organismo.

COMPLEMENTACIÓN
   Algas kelp, espirulina y chlorella. Actúan como potentes agentes desintoxicantes ya que absorben las toxinas circulantes en el intestino. Estudios hechos por el Instituto de Ciencias de la Salud y Medioambiente de Japón demostraron que inhiben la absorción de dioxinas acelerando su excreción fecal. También son potentes neutralizadores de metales pesados como el cadmio, mercurio, paladio y plomo.
   Vitamina A, grupo B, zinc y selenio. Actúan neutralizando diferentes sustancias tóxicas y promoviendo una buena actividad hepática.
   Indol-3-carbinol. Presente en las crucíferas es una sustancia que promueve la detoxificación del hígado y del intestino.
   Glutation (cisteína, ácido glutámico y glicina). Como hemos podido observar a lo largo de esta exposición muchas sustancias tóxicas se acumulan en las grasas lo que dificulta su eliminación; sin embargo, gracias al glutation esto puede cambiar ya que al unirse a una sustancia tóxica pasa a ser hidrosoluble y así favorece su excreción.
   NAC (N-acetil-cisteina), glicina, metionina y vitamina C. Son indispensables para estimular la síntesis de glutation. El NAC en particular es un buen quelador de metales pesados.
   Glicina. Actúa como detoxificador hepático.
   Ácido glutámico y ácido aspártico. Elimina el exceso de amoníaco.
   L-Histidina. Facilita la eliminación de los metales pesados, sobre todo cuando va unido a la vitamina C.
   L-Lisina. Es muy recomendable y efectivo cuando existe intoxicación por plomo.
   SAM (S-adenosil-L-metionina). Potencia la producción de cisteína, un aminoácido que, como hemos visto antes, forma parte del glutation.
   Taurina. Es eficaz en la eliminación de metales pesados como el cadmio y el cisplatino.
   Factores lipotrópicos (metionina, colina, inositol y betaína). Estos factores nos garantizan la detoxificación hepática ya que actúan como auténticos "barrenderos de grasas" en el hígado.
   Vitamina C: interviene en los procesos de detoxificación de algunas sustancias peligrosas como el cadmio, el mercurio, el plomo y el DDT.

Fuentes consultadas en Internet:
www.cima.org.es
www.greenpeace.es
www.wwf.es
www.fao.org
www.aditivosalimentarios.com
www.europa.eu
www.ecologistasenacccion.org



(No olvide que tanto el tratamiento a seguir como las dosis adecuadas debe indicarlas un especialista de la salud y que este artículo sólo tiene carácter orientativo e ilustrativo).


La Medicina Ortomolecular se basa en el convencimiento de que si al organismo se le proporcionan los micronutrientes necesarios para su correcto funcionamiento muchas de las llamadas enfermedades no se manifestarían. Por tanto, es preciso asegurarse de que contamos con ellos en la proporción y cantidad adecuadas. Una sección elaborada por el Presidente de la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular.

Las personas interesadas en contactar con José Ramón Llorente o la Sociedad Española de Nutrición Ortomolecular pueden llamar al 96 392 41 66.



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