El dióxido de titanio utilizado para blanquear productos puede provocar cáncer

El dióxido de titanio (E-171), aditivo pigmentario utilizado por la industria alimenticia para blanquear productos como el requesón, el yogur, el helado, la crema agria, los chicles, los dulces, las pastillas, los dentríficos y muchos otros productos de consumo masivo puede traspasar las barreras intestinales y provocar cáncer. Lo acaba de constatar el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA) tras proporcionar simplemente durante 100 días agua con dióxido de titanio a un grupo de ratas y ver que al 40% le provocaba lesiones precancerosas en el colon. El INRA asume que puede dar lugar al desarrollo de carcinogénesis colorrectal aunque entiende que los resultados no pueden extrapolarse sin más a humanos por lo que el Gobierno francés ha pedido a la Agencia Nacional de Seguridad Alimentaria que lo investigue.

El Comité Mixto de Expertos en Aditivos Alimentarios de la Organización para la Alimentación y la Agricultura y la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria  (EFSA) afirmaban hasta ahora que esa sustancia ni se absorbe ni se almacena en los tejidos. Y como está clasificada como producto de ayuda del proceso de manufacturación y no como ingrediente alimentario no es obligatorio decirlo en el etiquetado. Inocuidad que en cualquier caso habían establecido en 3 gramos por cada 100 de producto lácteo. Porque a dosis más altas si se admitía ya que puede bloquear la respiración celular -afectando en especial al hígado y los riñones- y provocar cáncer. De hecho la propia Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) lo tiene catalogado como posible carcinógeno para humanos en el Grupo 2B.

Por nuestra parte debenos añadir que nosotros ya advertimos en una respuesta de la sección de Cartas al Director del nº 152 que hasta hace cinco años las nanopartículas de dióxido de titanio se consideraban no tóxicas porque no incitaban reacción físico-química aparente pero desde entonces se sabe que causan estrés oxidativo y puede conducir a la muerte celular al dañar el ADN. Bastó echar dióxido de titanio en el agua que bebía un grupo de roedores para que éstos comenzaran a mostrar daño genético ¡al quinto día! Cantidad añadida al agua que según esos investigadores correspondía a lo que un humano inhala o absorbe en año y medio de exposición a esas nanopartículas en un entorno de fabricación.