El
cobre -al igual que la plata- es capaz de destruir el 99% de las bacterias, hongos,
ácaros y virus patógenos que afectan al ser humano por lo que es un material idóneo
para la fabricación de las mesas quirúrgicas, las camillas, las barandas de cama
y las bandejas usadas en hospitales y clínicas e, incluso, para su inclusión en
sábanas, toallas, apósitos y todo tipo de prendas de vestir desde calcetines a
ropa interior y batas. Así lo han afirmado recientemente representantes de la
Corporación Nacional del Cobre de Chile (Codelco) -la mayor productora
de ese metal del mundo- agregando que las prendas impregnadas de cobre resisten
más de 100 lavados sin perder sus propiedades.
Hasta aquí la noticia. Por
nuestra parte sólo recordar (lea en nuestra web lo publicado en su día en la sección
de Medicina Ortomolecular) que el cobre es un mineral presente en todos los tejidos
corporales que participa activamente en la síntesis de hemoglobina y la absorción
del hierro, es básico para la utilización de la vitamina C, está presente en la
síntesis de determinadas sustancias esenciales en la formación de las vainas protectoras
de mielina que envuelven las fibras nerviosas, participa en la formación y mantenimiento
de los huesos, interviene en la formación del ARN, evita la excesiva coagulación
sanguínea, colabora en el buen funcionamiento de la glándula tiroides, participa
en el mantenimiento óptimo de los niveles de colesterol y tiene actividad anticancerígena,
antidegenerativa y antirreumática. Ahora bien, en su forma aminoquelada tiene
raros efectos adversos aunque se ingiera en dosis ortomoleculares lo que no sucede
con el sulfato de cobre... salvo que se ingiera en dosis superiores a 10 mg diarios
(la necesidad diaria es de 2 mg/día) pues ello puede provocar náuseas, vómitos,
dolores musculares y en algunas ocasiones alteraciones que pueden conducir a estados
de coma y muerte debidos a acidosis metabólica y pancreatitis. Además el exceso
de cobre puede hacer descender los niveles de zinc favoreciendo la pérdida de
cabello, insomnio, menstruaciones irregulares y depresión.
Las principales
fuentes naturales de cobre son las alubias secas, los guisantes, el trigo integral,
las ciruelas pasas, el hígado de vaca y ternera, las gambas y la mayor parte de
los mariscos así como las zanahorias, las cerezas, las lentejas, las cebollas,
el perejil, el ají, la calabaza, el tomate, los nabos verdes y las pipas de girasol.
El cobre se absorbe en el estómago y en el intestino delgado llegando al torrente
sanguíneo a los quince minutos -aproximadamente- de su ingesta. Es excretado principalmente
por las heces y la bilis, y, en menor medida, por la orina.
Por otra parte,
tanto el cobre coloidal como el de las preparaciones homeopáticas está
siendo usado también hoy como remedio para las canas, las quemaduras, los problemas
intestinales, los desórdenes hepáticos, la artritis, la anemia, la desintoxicación
de la sangre, la histeria, las afecciones espasmódicas, los cólicos, la arteriosclerosis,
la dismenorrea, los problemas coronarios y, efectivamente, las infecciones bacterias,
víricas y fúngicas. Eso sí, no conviene tomarlo durante largos períodos (como
máximo tres meses para luego descansar al menos otros tres).