En
junio de 2004 la revista
Journal of Affective Disorders se hizo eco de
un trabajo titulado
El proceso de las intenciones suicidas entre los médicos:
factores predictivos en una muestra longitudinal noruega que había estudiado
a un grupo de estudiantes mientras cursaba el último semestre de la carrera de
Medicina y luego durante su primer y cuarto año de ejercicio profesional como
médicos. Y la conclusión es que puede hablarse sin duda de un
"grupo ocupacional
con riesgo elevado de suicidio". Una idea además que, según el estudio, les
ronda por la mente de manera temprana ya que el 8% manifestó haber tenido pensamientos
suicidas incluso antes de abordar el semestre final de carrera mientras un 6%
confesó haber llegado a planear su suicidio una vez acabada. Y las razones que
al parecer llevan a tantos médicos a pensar en esa posibilidad son los estados
depresivos que sufren y algunas alteraciones de la personalidad -como la debilidad
de carácter a la hora de encarar la realidad- así como la enorme competitividad
que hay en la profesión, el estrés que provoca el trabajo y los horarios irregulares
que en algunos casos acaban por destruir su convivencia de pareja o dificulta
enormemente la vida familiar. Eso sin desdeñar el alto índice de alcoholismo y
adicción a otras drogas que existe hoy entre los profesionales de la salud.
Y si a todo ello le sumamos que cada día aumenta más el número de agresiones a
los profesionales sanitarios -de médicos a enfermeras pasando por celadores y
auxiliares- y que éstos están cada vez más descontentos con su trabajo porque
dependiendo de la comunidad autónoma en la que ejerzan cobran más o menos salario
y trabajan en mejores o peores condiciones podremos hacernos una idea del panorama
general en España y comprender mejor por qué ¡la mitad de nuestros médicos! confiesa
haber pensado en alguna ocasión en abandonar su oficio y un porcentaje significativo
hasta en suicidarse.
TENDENCIAS SUICIDAS
La propia
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido ya en diversas
oportunidades que los sanitarios son los profesionales más propensos al suicidio.
Es decir, no sólo los médicos sino también enfermeros, farmacéuticos, químicos
y veterinarios. Así lo recuerda el doctor
José Manoel Bertolote, coordinador
del
Departamento de Salud Mental de la OMS: "Hay estudios epidemiológicos dirigidos
por investigadores independientes en unos pocos países que han estudiado los diversos
factores asociados al suicidio. Y en algunos de esos trabajos los profesionales
de la salud, médicos y odontólogos, así como los militares y policías en general
aparecen con las más altas tasas de suicidio". De hecho un estudio realizado
por especialistas ingleses apunta que los profesionales con mayor índice de suicidios
en todo el mundo son en realidad los veterinarios. ¡El doble que los médicos y
cuatro veces más que quienes practican otras profesiones! Siendo la "explicación"
de los investigadores sorprendente ya que aseguran que
"una de las causas es
la visión que se tiene en la medicina veterinaria de la eutanasia como manera
de terminar con el sufrimiento de los animales". De ahí que esa
"salida"
a los problemas graves no les resulte tan extraña ni inhabitual. Y curiosamente,
cuando los veterinarios deciden quitarse la vida lo hacen en la mayoría de los
casos inyectándose
ketamina, un tranquilizante para caballos.
En cuanto
a los médicos el doctor
Sergio Pérez -fundador de la sección de Suicidiología
de la
Asociación Mundial de Psiquiatría (AMP) y de la
Red Mundial de
Suicidiólogos (www.redsuicidiologos.com.ar)- explica que
"es un hecho reconocido
que existe mayor riesgo de suicidio entre los médicos del sexo femenino que entre
los del masculino. Y entre las especialidades, las de mayor riesgo son las de
los galenos que trabajan con anestesias, los de medicina familiar, los psiquiatras
y los de medicina general. El grupo de menor riesgo, en cambio, son los pediatras.
Se han revisado los estudios realizados desde 1960 hasta nuestros días y la conclusión
es que los médicos se suicidan más que la población en general. Y que las tasas
de suicidios son ligeramente elevadas en los médicos varones y muy elevadas en
las doctoras". Algo, por cierto, que confirmaría otro trabajo -esta vez
publicado el año 2001 en
Journal of American Medical Association (JAMA)
con el elocuente título de
El suicidio entre los médicos- en el que un
grupo de investigadores británicos comparó el riesgo de suicidio entre los médicos
respecto a la población general analizando variables como el sexo, la edad o la
especialidad. Y entre las conclusiones hay una que destaca: ellas deciden terminar
con su vida más que ellos. En cuanto a las razones que llevan a los profesionales
de la Medicina a tomar tan drástica determinación el estudio señala fundamentalmente
dos: el enorme estrés al que están sometidos y los problemas psicológicos que
sufren.
Otro trabajo, en esta ocasión realizado por el Departamento de Salud
Pública de la
Universidad de Oxford (Reino Unido), que llevó por título
Mortalidad entre los médicos de diferentes especialidades y que se publicó
en la revista
Occupational and Environmental Medicine abunda en lo mismo:
la tasa de mortalidad por lesiones y envenenamientos entre las sanitarias así
como el índice de suicidios ha aumentado de manera importante. Pero también la
mortalidad por otras causas, especialmente entre los anestesistas, lo que les
llevaría a plantearse si el exceso de mortalidad por cirrosis entre ellos no podría
reflejar en realidad un riesgo laboral no valorado que justificaría una investigación
más a fondo.
No es pues extraño que
Diario Médico -periódico español
santo y seña del corporativismo sanitario- publicara en junio del 2005 una información
titulada
Anestesista, casado y de edad media, perfil tipo del adicto en
la que se apuntaba que tal es el perfil del médico con más posibilidades de caer
en algún tipo de adicción. En cuanto al hecho de que muchos se refugian en el
alcohol no hay duda. El trabajo
Comportamiento de la mortalidad por alcoholismo
entre médicos publicado en la
Revista Cubana de Medicina General Integral,
por ejemplo, da por claramente establecida
"la existencia de morbilidad oculta
por alcoholismo entre los médicos". También se ha realizado algún estudio
por especialidad. En el 2003, por ejemplo, la ya mencionada
JAMA publicó
un trabajo titulado
Afrontando la depresión y el suicido entre los psiquiatras
en el que se concluye que éstos no reciben un tratamiento sanitario adecuado
"a pesar de las pruebas de los trastornos del humor y el aumento de las tasas
de suicidio". Por lo que los autores del estudio piden que se desarrollen
políticas institucionales para alentar a los médicos a pedir ayuda ya que los
que necesitan ser tratados de sus depresiones y pensamientos suicidas, lejos de
encontrar apoyo, suelen ser discriminados por ello. Un año después la propia
Asociación
Americana de Psiquiatras publicaría en su revista un metaanálisis titulado
Las tasas de suicidio entre los médicos que también reconocía tasas de
suicidio
"muy elevadas" entre los médicos en comparación con las de la
población en general.
En fin, para no cansar a los lectores con la cita de
más y más estudios mencionaremos para terminar brevemente uno realizado en Dinamarca
que compara datos recopilados durante 19 años (
Juel K, Mosbech J, Hansen ES.
Dødelighed og dødsårsager blant danske læger 1973-1992. Ugeskr Læger, 1997)
en el que se concluye que pese a que la mortalidad por todas las causas analizadas
era menor entre los sanitarios que entre la población general encontraron entre
ellos
"un elevado riesgo de suicidio". Según el mismo, la prevalencia de
muertes violentas -suicidio, homicidio o accidentes-
"era significativamente
mayor entre los médicos". Y advertía:
"Son particularmente las muertes
por suicidio las que contribuyen a estas siniestras estadísticas".
Bueno,
pues similares patrones de mortandad para médicos -comparados con otros grupos
de población- se encontraron en Finlandia (
Rimpelä AH,
Nurminen NM,
Pulkkinen PO,
Rimpelä MK,
Valkonen T. Mortality of doctors:
do doctors benefit from their medical knowledge? Lancet, 1987), Reino Unido
(
Carpenter LM,
Swerdlow AJ,
Fear NT. Mortality of doctors
in different specialties: findings from a cohort of 20 000 NHS hospital consultants.
Occup Environ Med, 1997) y Estados Unidos (
Frank E,
Biola H,
Burnett CA. Mortality rates and causes among U.S. physicians. Am J Prev
Med, 2000). Se cuentan por decenas los estudios que demuestran que los médicos
se suicidan en mayor proporción que la mayor parte de los demás profesionales.
AGRESIONES
EN CONSULTA En suma, el ejercicio de la Medicina se ha convertido en
una profesión de riesgo. Y no sólo ya por el alto porcentaje de suicidios que
presenta sino porque en los últimos meses no han parado de sucederse las noticias
relativas a las agresiones que está sufriendo el personal sanitario por parte
de los pacientes. Las cifras al respecto no pueden ser más elocuentes. Según el
estudio
Situación actual de la responsabilidad civil en el ámbito sanitario
-realizado por las consultoras
Marsh y Gómez-Acebo y
Pombo Abogados-
en España el 60% de los sanitarios ha sido ya insultado o amenazado por pacientes
y cerca de 8.000 -el 47% enfermeros y enfermeras- agredidos.
La situación
que describe el informe es tan grave que en noviembre del 2007 el
Colegio de
Médicos de Madrid (ICOMEM) puso en marcha un teléfono dedicado exclusivamente
a recoger quejas por vejaciones, maltratos, agresiones o intimidaciones. Gracias
a lo cual disponen ya de un registro para elaborar un mapa de las zonas conflictivas
dentro de la Comunidad de Madrid y reivindicar sus derechos ante la Administración.
Pues bien, según
Cristóbal Zarco -abogado del colegio- el 2007 ha sido
el año con más agresiones a profesionales sanitarios de los que tiene constancia
la entidad. Han sido 80 en total sólo en la Comunidad de Madrid. En el 2006 fueron
sesenta los expedientes abiertos y en el 2005 cuarenta y ocho.
"Esto se debe
en parte -comenta el señor Zarco-
a que, en efecto, las agresiones son
cada vez más comunes. La cifra del pasado año es mayor también porque los doctores
denuncian más, conocen mejor estas situaciones y cómo hacerles frente ya que el
propio ICOMEM
ha creado un Departamento de atención a agresiones en el
que, entre otras cosas, se explica cómo encarar judicialmente tales actos violentos.
Y también es cierto que vivimos en una sociedad más violenta".
En cuanto
a las causas que llevan a las agresiones Zarco menciona
"la falta de información
de los derechos de los pacientes, la presión asistencial, la negativa del médico
a conceder una baja, problemas con el alta o la disconformidad en la prescripción.
En otros casos la espera en la atención especializada o la no aceptación de las
normas del hospital llevan a la violencia". Lo que está comprobado es
que la mayor parte de las agresiones a profesionales de la Medicina se produce
en la Atención Primaria y suelen llevarla a cabo los propios pacientes o sus familiares.
Y no deja de ser paradójico que las agresiones a galenos generen a su vez mayor
burocracia ya que el Colegio de Médicos de Madrid, cuando recibe una llamada de
un médico agredido, trata el caso a través de sus abogados, éstos lo analizan,
le ofrecen asesoramiento jurídico y le hacen rellenar un informe explicando los
hechos.
Pues bien, el tema es tan preocupante que en Gran Bretaña se decidió
hace ya tiempo que el personal sanitario acudiera a clases de defensa personal
para poder protegerse de los pacientes más violentos. En aquel país, según datos
oficiales, se han producido 65.000 agresiones a profesionales de la salud por
parte de los pacientes o sus allegados y ante tan contundentes cifras se pidió
a los médicos que acuden a pasar consulta a los domicilios privados que lleven
siempre encima un teléfono móvil para solicitar ayuda en caso de encontrarse ante
una situación comprometida.
Claro que hay más de una versión para el mismo
hecho.
Carmen Flores, presidenta de la
Asociación El Defensor del Paciente,
matiza las informaciones relativas al maltrato hacia los médicos:
"Es cierto
que han aumentado las agresiones a los profesionales sanitarios pero más o menos
en la misma proporción que lo ha hecho la violencia en la propia sociedad. El
problema radica en que los médicos siguen sin bajar al nivel del paciente. Si
un galeno es agresivo en su vida cotidiana también lo será en el hospital y eso,
unido a las condiciones estresantes que afrontan médicos y pacientes por la saturación
de la asistencia sanitaria, produce los conatos violentos a los que asistimos.
De hecho el mayor número de agresiones se produce en Urgencias dada la enorme
tensión que se vive en esa sección". A juicio de Carmen Flores los médicos
lo que intentan es aprovechar las agresiones producidas para que se les considere
"agentes de la autoridad":
"Es lo que nos faltaba -diría-,
que la agresión
a un médico sea denunciada por ellos mismos como atentado a la autoridad. Eso
no ayuda a que estos problemas se resuelvan pues refuerza más, si cabe, su imagen
autoritaria".PRESIONADOS POR LA INDUSTRIA
A lo mencionado cabe añadir que los médicos no son inmunes al caos y corrupción
del sistema sanitario. De hecho, buena parte de la presión que sufren les viene
por parte de los laboratorios farmacéuticos. Esta revista ha denunciado ampliamente
que las grandes compañías farmacéuticas no tienen el más mínimo reparo en sobornar
a los médicos para que receten sus medicamentos. Denuncia, por cierto, de la que
se hizo
eco Tele5 emitiendo a principios de enero un reportaje de dos minutos
que causó gran revuelo en el mundo sanitario, sobre todo entre las asociaciones
de visitadores. Es más,
Elena Salgado, cuando era ministra de Sanidad,
lo advirtió:
"Nuestros profesionales tienen que saber prescribir mejor el medicamento
más adecuado, no prescribir el más caro simplemente por la presión de la industria
farmacéutica". Y es que los galenos dependen demasiado de los laboratorios
ya que la mayor parte de la "formación" que reciben sobre nuevos tratamientos
proviene de los productores de fármacos. Mucho se ha publicado sobre la denominada
"formación continuada de los médicos" por la gran carga promocional que
conlleva. Otra presión sobre los sanitarios.
DESCONTENTO
EN LA PROFESIÓN Es verdad que la sociedad en general valora positivamente
la labor de los médicos. Es más, se les considera profesionales prestigiosos,
con buena imagen y de ellos se piensa que cobran buenos sueldos por sus servicios.
Pero la realidad es que, salvo excepciones, esa imagen no es tan idílica. De hecho
la situación es preocupante y estos profesionales están muy descontentos con el
funcionamiento del sistema sanitario hasta el punto de que una encuesta realizada
no hace mucho por la
Organización Médica Colegial revelaba que la mitad
-fueron 200 los médicos consultados- afirmaban estar tan insatisfechos que habían
pensado en algún momento en abandonar. Y es que, en términos generales, su remuneración
no es muy alta para la responsabilidad que asumen y más si comparamos sus sueldos
con los de sus compañeros del resto de países europeos. Además sus horarios en
muchos casos son impredecibles y eternos como ya hemos publicado en estas páginas
(lea en nuestra web el reportaje
Los médicos avisan: "Llevo
32 horas sin dormir. ¿Te opero?").
Por todo ello se entiende que
muchos médicos afirmen sentir una gran insatisfacción laboral y tener la autoestima
muy baja. Asimismo, según los datos recogidos en la citada encuesta, los médicos
no creen que su labor esté reconocida ni social ni institucionalmente, se encuentran
desmotivados, sin expectativas de promoción en su empleo y afirman sentirse explotados
laboralmente. Además hoy el médico no dedica demasiados minutos -de su escaso
tiempo para consulta, cabe añadir- a lo que debería ser lo más importante: escuchar
al paciente. ¿Por qué? Pues porque como ha advertido la
Sociedad Española de
Medicina General (SEMG) el 40% de su jornada la dedican a rellenar recetas,
materializar bajas, etc. Es decir, a pura burocracia. Y otro 30% de su tiempo
se les va en cumplimentar informes y papeles que hasta los propios galenos consideran
inútiles.
Todos estos inconvenientes son los que provocaron precisamente la
aparición de la denominada
Plataforma 10 Minutos (a la que dedicamos un
reportaje en el
nº 90), organización
de profesionales sanitarios que reclama algo tan simple como poder atender a cada
paciente al menos diez minutos. Lo que sería todo un logro si se tiene en cuenta
que -al menos en los centros de salud madrileños- el tiempo medio de consulta
es de menos de cinco minutos (para contextualizar con mayor exactitud el problema
sépase que en el Reino Unido un estudio ha calificado de frivolidad que se dediquen
sólo siete minutos a la consulta de cada paciente).
"El número de habitantes
por cada médico existente en Madrid -afirma
Javier González Medel,
portavoz de la
Plataforma 10 Minutos de la capital española-
ha crecido
a un ritmo muy superior al de los recursos sanitarios para atenderlos con corrección.
En el año 1995 había un galeno de familia por cada 1.482 ciudadanos. En el 2001
cada profesional debía atender ya a 1.645. Hoy se superan con creces los 2.000
por doctor". El objetivo de estos profesionales es no sobrepasar 25 pacientes
por jornada laboral.
SANITARIOS QUE NO PUEDEN ENFERMARCabe
agregar que además de las agresiones y amenazas por parte de los pacientes y sus
familiares en algunas comunidades autónomas los trabajadores de los centros de
salud reciben también presiones que rozan el acoso laboral por parte de sus propios
superiores. Un acoso que no les permite siquiera estar enfermos. Es el caso de
Andalucía -y, concretamente, de lo que ha venido sucediendo en el Área sanitaria
de Campo de Gibraltar (Cádiz, España)- donde el personal de los hospitales que
se ve obligado a estar de baja médica es requerido a los pocos días por la Inspección
Médica y es el propio enfermo el que tiene que desplazarse para recibir el parte
de alta.
El problema radica en que la Consejería de Salud andaluza y la Inspección
Médica -órgano éste independiente de la primera- firmaron un convenio -que no
comunicaron a los trabajadores- por el que pretendían acabar con el, a su entender,
excesivo número de bajas laborales. Pero estas entidades aplicaron una práctica
de tierra quemada. De un modo nada selectivo llamaron para incorporarse a su puesto
a todos los trabajadores con baja laboral a los tres o cuatro días de comenzar
ésta. Ello creó un grave conflicto humano pues, como cuenta
Manuel Menéndez
Menéndez, marido de una auxiliar de clínica que trabaja en un hospital de
Algeciras y afectada por estas prácticas,
"se han dado casos de celadores con
los brazos escayolados que han tenido que incorporarse a su trabajo. Incluso los
sindicatos hablan de enfermos que estando en la Unidad de Cuidados Intensivos
han sido requeridos para que se presenten en la Inspección". José Luis
Maitegui, portavoz del sindicato
Comisiones Obreras (CCOO), asegura
por su parte que ha habido personas con cáncer de mama que fueron citadas a los
pocos días de obtener la baja laboral.
"La Inspección decía que como no tenían
el programa informático, Diaria
, que controla quién está de baja, durante
cuánto tiempo y por qué motivo decidieron llamar a todos los trabajadores. Sin
embargo, ellos saben perfectamente quiénes son los absentistas. Así pues, ¡que
actúen sobre ellos! No estamos contra la existencia de la Inspección sino de que
ésta actúe de manera totalitaria". Lo más kafkiano es que la Inspección
ha llegado a desautorizar a los médicos dando altas en contra de la opinión de
especialistas y sancionando a los trabajadores (que hay que recordar que también
pagan la Seguridad Social y tienen derecho a unos servicios médicos de los que
se les priva en estos casos).
En resumen, no resulta muy "saludable" el medio
en el que se mueven y respiran quienes se supone velan por nuestra salud. Y si
los propios médicos se encuentran cada vez más estresados, desmotivados, presionados
y, en suma, enfermos, ¿qué cabe esperar de ellos?
Miguel
Jara