Asegueran los expertos
que cuatro de cada cinco españoles
adultos padece o ha padecido de hemorroides,
problema que viene causado fundamentalmente
por la falta de fibra en la alimentación
y el sedentarismo. Una dolencia que no es
otra cosa que la inflamación de una
vena al romperse la capa elástica que
la recubre. Es decir, nada que justifique
la timidez -por no decir la vergüenza-
que a la gente le da decir que tiene una.
¿Es su caso? Le explicamos qué
hacer.
¿Que no ha tenido nunca una almorrana? Alégrese,
pero sepa que tarde o temprano casi todo el
mundo acaba teniendo una. De hecho, cuatro
de cada cinco europeos sufren este problema
alguna vez en su vida. Y lo malo es que se
trata de una dolencia socialmente humillante
que no suele tomarse en serio... hasta que
uno mismo es el protagonista.
¿Y qué es una almorrana o hemorroide? Pues,
sencillamente, una variz (es decir, la dilatación
e inflamación por rotura de la capa elástica
de la pared venosa) de una o varias de las
venas que forman el llamado plexo hemorroidal
que recoge la sangre del último tramo del
aparato digestivo -el recto- y de ese anillo
muscular dilatable que es el ano.
Las personas que levantan peso en su trabajo
o como deporte, las que llevan una vida sedentaria,
las que están de pie muchas horas, las que
no toman la suficiente cantidad de fibra en
su alimentación, los obesos, los ancianos,
las mujeres embarazadas o los que se pasan
mucho tiempo en el cuarto de baño son los
candidatos habituales de esta molesta y a
veces peligrosa enfermedad que además tiene
factores hereditarios de debilidad vascular
como en cualquier otra localización de las
varices ya que, en definitiva no se trata
de otra cosa.
¿La prevención? Bien sencilla: hacer una vida
activa y una alimentación sana rica en fibra,
especialmente si se trata de una persona mayor
o una mujer gestante.
Desgraciadamente, como demuestran las estadísticas,
ello no se practica habitualmente de la forma
adecuada y entonces aparecen las hemorroides
externas o las igualmente molestas internas
con el dolor, picor y hemorragias características
de este auténtico incordio físico.
¿Y qué hacer? La verdad es que la doliente
humanidad hemorroidista ha hecho de todo para
aliviarse e intentar curarse, hasta hace poco
con mínimo éxito.
Tradicionalmente se han usado plantas, casi
siempre en aplicación local mediante baños
de asiento de tipo suavizante o astringente
-como la col, espliego, hojas de roble o salvia-
y los frutos del castaño de indias, posteriormente
utilizado con fortalecedor vascular en la
moderna industria farmacéutica. Las plantas
y los baños de asiento consiguen básicamente
un alivio momentáneo pero el problema es que
la almorrana se forma por la rotura de las
fibras elásticas que la vena posee en su pared
para recuperar su tamaño normal después de
dilatarse al paso de la sangre y, desgraciadamente,
una vez rotas las fibras no vuelven nunca
a funcionar adecuadamente. Por eso nuestra
agresiva medicina actual ha desarrollado una
serie de remedios que, como la casi totalidad
de nuestra farmacopea, provienen de los productos
naturales y que fundamentalmente se pueden
dividir en dos grandes grupos: vasoconstrictores-protectores
vasculares -que reducen el calibre de los
vasos afectados y refuerzan de alguna manera
su pared- y cremas, supositorios o enemas
de acción local, antiinflamatorias y analgésicas.
En el primer grupo se utilizan derivados del
arrayán silvestre (ruscus aculeatus) como
el Venoruton 300 o el Ruscus Llorens,
del castaño de Indias o de las aurantiáceas
(Daflon) o de la Hidrosamina como el Venosmil.
Todos ellos tienen en común sus pocos efectos
secundarios y pueden ser útiles cuando el
problema es inicial o no está del todo desarrollado
pero, desde luego, no pueden curar un proceso
hemorroidal desarrollado.
En el segundo grupo, de tratamiento local,
el denominador es la cortisona, esa droga
tan ampliamente utilizada para casi todo y
que a sus innegables efectos antiinflamatorios
une casi todos los efectos secundarios indeseables,
desde la disminución de funcionamiento de
la corteza suprarrenal hasta la facilidad
y diseminación de las infecciones generales.
Normalmente, junto al denominador común de
la cortisona las cremas antihemorroidales
ofrecen una variada gama de componentes: desde
analgésicos-anestésicos locales (Hemoal,
Percainal, Hemorrane, Synalar rectal, Cohortan
rectal, etc.) a heparina para evitar la
posibilidad de trombosis de las venas afectadas
como Recto Menaderm. Los supositorios
y enemas más frecuentemente utilizados suelen
tener como componente primordial la cortisona,
que es el caso del Anusol HC o el
Cortenema.
TRATAMIENTOS PRÁCTICOS
Ante un cuadro
hemorroidal desarrollado, con dolor y picor,
tenga o no hemorragia, lo primero que hay
que hacer es tomar baños de asiento, siempre
calientes y con sal marina o sales de baño
tipo Epsom, a los que se puede añadir alguna
de las plantas antiguamente utilizadas, en
forma de infusión. Maurice Mességué
- el conocido naturista francés- recomienda
un baño de asiento con decocción de un puñado
de perifollo por litro de leche. Sea como
fuere, el efecto primordial es el del calor.
Y va bien. Después del baño de asiento puede
aliviar la aplicación de cualquiera de las
cremas locales analgésicas mencionadas (Hemoal,
Hemorrane o Scheriproct) e iniciar un
tratamiento con rutósidos o derivados del
castaño de indias.
Pero lo más probable es que la enfermedad
reaparezca en forma de crisis cada vez más
frecuentes, especialmente si el tratamiento
no se acompaña de cambios de vida y alimentación,
como suele suceder.
Entonces hay que pasar a la segunda fase,
siempre controlada por su médico, que es quirúrgica.
En la actualidad hay dos tipos de tratamientos:
el esclerosante -que consiste en cerrar las
venas afectadas con una sustancia que las
endurece (habitualmente se usa una mezcla
de polidocanol y etanol) mediante inyecciones
locales- o la intervención quirúrgica pura
y dura para evitar que la sangre llegue a
las hemorroides dilatadas, lo que se hace
congelándolas mediante criocirugía, láser
o fotocoagulación con rayos infrarrojos. Cualquiera
de esos sistemas -en manos de un buen profesional
con experiencia- es adecuado y aunque se ponga
de moda uno u otro realmente son equiparables.
Pero cuando las hemorroides internas se hacen
muy grandes o las externas se inflaman el
único sistema adecuado es la extirpación quirúrgica
del bloque venoso afectado, sin más remedio.
Algo que, afortunadamente, se hace ya de forma
ambulatoria y permite al enfermo -salvo excepciones-
dormir esa misma noche en casa. Lo malo, en
cualquier caso, es que como éste no cambie
sus hábitos de vida y alimentación y, si lo
precisa, pierda peso, las hemorroides volverán
a recordar dolorosa y humillantemente su presencia
una y otra vez.
Andrés
Rodríguez Alarcón