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| CÓMO
DESINTOXICARNOS EN SÓLO DIEZ DÍAS |
Buena parte de lo
que llamamos enfermedades tienen su origen
en la intoxicación a la que año tras año sometemos
de forma constante a nuestro organismo sin
darle tiempo para recuperarse. Intoxicación
que llega generalmente a su máximo durante
las fiestas navideñas y de Año Nuevo, época
particularmente dada a los excesos de todo
tipo. Pensando en ello y sabedores de que
la mayor parte de la gente se hace la promesa
de cambiar de vida cada primero de Enero hemos
pensado en ofrecer a nuestros lectores un
método rápido de desintoxicación que les permita
a continuación recuperar la salud y adelgazar
sin apenas esfuerzo y sin pasar hambre siguiendo
nuestra Dieta Definitiva. Es nuestro regalo
de Año Nuevo. Y créanos: funciona.
La vida sedentaria, el estrés, la rapidez
con que muchos almorzamos a mediodía, el consiguiente
abuso de bocadillos, sandwiches, hamburguesas,
perritos calientes y pizzas ingeridas con
bebidas alcohólicas, colas o refrescos con
gas y azúcar, unido a esos tentempiés consumidos
entre horas -galletas, bollos, pasteles, patatas
fritas, caramelos, frutos secos, aceitunas,
etc.- pueden hacer de nuestra alimentación
diaria un ejercicio continuado hacia el sobrepeso,
la obesidad, los problemas cardiovasculares
y el cansancio crónico. Porque quien no engorda
en exceso termina con su organismo intoxicado.
Problema que se intensifica normalmente en
estas fiestas navideñas y de Año Nuevo en
las que se dispara el consumo de las delicias
habituales de la época -turrones, peladillas,
nueces, chocolate, almendras garrapiñadas,
piñones, etc.-, el café y el alcohol. Pantagruélicas
celebraciones que muchos terminan a veces
con un chocolate caliente con churros con
el que intentar disipar el exceso de alcohol
consumido en esas inacabables noches con la
excusa del frío ambiente exterior.
En cualquier caso, el exceso que cometemos
en tan pocos días no suele ser sino la gota
que colma el vaso de nuestra intoxicación.
Y a la alegría de las fiestas suele seguir
en la mayoría de las ocasiones un sentimiento
de hastío en la convicción de habernos pasado,
de pesadez y auténtico agotamiento físico.
Nada debe pues extrañarnos que cada Año Nuevo
sean millones los españoles que se hacen la
"firme" promesa de ponerse a régimen. Unos,
para intentar eliminar los kilos de más cogidos
durante esos días; otros, para desintoxicar
el organismo; los más, para recuperar la figura
-algunos ni recuerdan cómo eran delgados-
de una vez para siempre: "Esta vez
-se prometen- hago el régimen hasta el
final". Por supuesto, la intención es
buena y suele ser sincera. Los resultados,
sin embargo, llevan a la inmensa mayoría al
abandono a los pocos días. Demasiado esfuerzo
-se dicen- para tan escaso resultado.
Y es que son multitud las dietas absolutamente
inútiles que circulan por ahí. Sirven para
vender revistas y libros, eso sí, pero no
hacen adelgazar a nadie. Claro que eso es
lo de menos, lo que importa es que se trata
de un magnífico negocio para quienes viven
de vender ilusiones y para quienes fabrican
todo tipo de productos presuntamente adelgazantes
y fármacos o productos sustitutivos de la
comida relacionados con el problema; para
los que fabrican aparatos cuasi mágicos y
para quienes venden cremas milagrosas que
se supone te hacen "adelgazar" en horas (burdas
mentiras para gente ingenua), para quienes
han inventado sorprendentes mezclas de infusiones
que se supone poco menos que queman la grasa
y para quienes venden vendas frías que destrozan
la piel o excepcionales y carísimas fajas
adelgazantes que no adelgazan un gramo. Y
bien está para ellos que la gente no adelgace:
se les acabaría el negocio.
LA DIETA DEFINITIVA
Lo explicamos
en los dos primeros números de la revista.
La única manera de adelgazar, para los expertos
nutrólogos de todo el mundo, es consumir menos
calorías que las que gastamos. En eso se basan
todas las llamadas dietas hipocalóricas. Su
principal problema es que suele pasarse hambre.
Y la gente las deja. Pero en realidad el problema
es que el organismo termina ajustando su metabolismo
basal a esa ingesta reducida y uno deja de
adelgazar a las pocas semanas para desesperación
de quienes las siguen.
Comentamos también las demás. Las más conocidas
al menos. Y explicamos por qué no funcionan
o, en el caso de las que sí hacen adelgazar,
los peligros para la salud que conllevan.
Y dimos las bases de la única dieta que de
verdad nos consta que sirve para adelgazar
sin pasar hambre, sin pesar la comida, sin
hacer deporte ni otro ejercicio que el de
caminar un poco todos los días, sin pastillas
ni diuréticos. Nos referimos, obviamente,
a la Dieta Definitiva con la que miles de
nuestros lectores han perdido peso. Y no vamos
a hablar de ella puesto que ya la conocen.
Lo que no obsta para que la incluyamos en
recuadro aparte a fin de que quienes lean
esta revista por primera vez y no tuvieran
acceso a la misma, puedan beneficiarse de
ella.
En cualquier caso, son muchas las personas
que no padecen problemas de sobrepeso u obesidad
pero tienen su organismo intoxicado. Personas
que no quieren perder peso -o no sólo quieren
eso- sino eliminar todas esas toxinas que
abotargan su mente y su cuerpo. Y de ello
es de lo que vamos a hablar en este artículo.
No de las posibilidades de una desintoxicación
parcial con remedios naturales, piel incluida,
algo útil y a lo que la revista dedica varias
páginas en distintas secciones de este número,
sino a una desintoxicación profunda y drástica.
Una desintoxicación que proponemos hacer a
todos nuestros lectores y que luego pueden
completar quienes deseen seguir adelgazando
-porque también se adelgaza rápidamente con
ella- siguiendo la Dieta Definitiva. Nos referimos
a la cura mediante sirope de savia y limón.
En cualquier caso, y como siempre hacemos,
hágala bajo la supervisión de su médico. No
porque tenga peligro alguno sino porque cada
persona es un mundo y conviene seguir los
consejos de un profesional. Aunque la mayor
parte probablemente le diga que no sirve para
nada: los médicos, en su mayoría, no han sido
formados en nutrición. Es más, la mayoría
saben de ello poco y lo que saben suele estar
equivocado. La mejor demostración es que los
principales expertos del mundo afirman que
hacer adelgazar a un obeso es poco menos que
imposible. Y lo explican en sesudos tratados
de cientos -o miles- de páginas. Expertos
para quienes la Dieta Definitiva, por ejemplo,
no existe. Lo que se explica bien: es la demostración
palpable de que sus creencias no valen ni
el papel en el que están escritas. Y lamentamos
tener que ser tan duros pero es hora de poner
las cosas en su sitio. A pesar de lo cual,
nos reiteramos: busque si así se queda más
tranquilo el asesoramiento de un médico, preferentemente
naturista o al menos no fanatizado por lo
que le han dicho que es la verdad. También
los hay.
EL AYUNO Y LA DESINTOXICACIÓN
La necesidad de
someter al cuerpo a una desintoxicación cada
cierto tiempo es algo que recogen todas las
culturas. Normalmente, eso sí, recomendada
por imperativo religioso, única manera de
que la masa inculta atendiera cualquier norma
higiénica mínima. En el Occidente cristiano
se resume en la Cuaresma, es decir, en suprimir
la ingesta de carne los viernes. En la cultura
islámica tal norma se recoge en el Ramadán,
mucho más extensa en el tiempo y que se reduce
a la prohibición de ingerir alimento. Claro
que esa norma no deja de ser una copia del
ayuno tradicionalmente recomendado por la
práctica totalidad de las culturas milenarias
orientales.
Y es que el ayuno ha sido considerado siempre
en Oriente fuente de armonía, norma de imprescindible
cumplimiento para poder mantener la salud,
preventivo de cualquier enfermedad.
Hoy día sabemos que esa tradición tenía como
fin permitir al organismo liberarse de sus
toxinas suprimiendo todo alimento y así dedicar
toda su energía a depurarse por dentro sin
tener que dedicar parte al proceso de digestión
-operación que requiere un gran consumo energético-;
hecho que, paralelamente, garantizaba no ingerir
durante ese tiempo nuevas toxinas.
De ahí que el ayuno fuera elemento imprescindible
para conservar una buena salud y se llegara
a recomendar seguirlo hasta durante 40 días.
De ahí precisamente nace la "cuarentena".
El propio Jesús de Nazaret ayunó 40
días en el desierto cuando decidió comenzar
su "vida pública". Debía "purificarse".
Ahora bien, atendiendo a nuestros conocimientos
actuales, ¿se trata de una buena medida? Las
opiniones al respecto están divididas. Nosotros
pensamos que en las distintas épocas en que
se adoptaron, posiblemente fueron una buena
medida. Pero con los conocimientos y las posibilidades
actuales, no. Porque un ayuno total ingiriendo
sólo agua es verdad que desintoxica el organismo
pero se corre el riesgo de dejarlo durante
ese tiempo sin algunos de los oligoelementos
imprescindibles para la vida. Es decir, el
beneficio del ayuno se puede ver contrarrestado
por los posibles perjuicios. Y aunque sus
defensores argumentan que no hay peligro ya
que se trata de poco tiempo es mejor a nuestro
juicio buscar una alternativa. Especialmente
porque cuando las personas se sometían en
la antigüedad a un ayuno cesaban en sus actividades
y descansaban. Y ese es un lujo que hoy día
pocos pueden permitirse.
Afortunadamente, desde hace unos años la fórmula
existe. Fue propuesta por Stanley Burroughs
y constituye sin duda una alternativa
ciertamente válida al ayuno tradicional. Nos
referimos a la cura con sirope de savia y
limón.
LA CURA CON SIROPE
DE SAVIA Y LIMÓN
Así llamada, no
constituye una forma de alimentación. Por
tanto, no debe seguirse más que durante un
cierto tiempo que, como norma, debe estar
entre los siete y los diez días. Tiempo más
que suficiente, en general, para desintoxicarse
y eliminar buena parte -en la mayoría de los
casos, no todos- de los depósitos de grasa
acumulados en el cuerpo. ¿Y en qué consiste?
Pues es sencillo: se trata de ingerir exclusivamente
durante ese tiempo -7 o 10 días- un preparado
elaborado a base de sirope de savia y palma
mezclado con zumo de limón y agua al que se
le añade un poco de canela y una pizca de
cayena picante. Mezcla que será nuestro único
alimento durante esos días si bien podemos
tomar paralelamente algunas infusiones.
El método original -creado, como ya hemos
dicho, por Stanley Burroughs- se completa
con un sistema especial de masaje que llama
Vitaflex y el uso de Cromoterapia.
Pero aun cuando cabe admitir que esos dos
elementos son muy útiles, no son imprescindibles.
Obviamente, si puede conseguir que alguien
le de un masaje en todo el cuerpo durante
los días que dure la cura, mejor. Pero si
no es así, no es motivo para que no siga la
terapia que le proponemos. Entre otras cosas,
porque lo normal es que tras ese tiempo usted
se haya deshinchado, su cuerpo habrá logrado
una desintoxicación importante -cuyo grado
dependerá también del grado de intoxicación
de su organismo- y, además, perderá entre
cuatro y siete kilos. En tan corto espacio
de tiempo... y sin pasar hambre.
Esa es precisamente una de las razones del
éxito de este método: el primer día puede
tener usted algo de ansiedad -su mente le
dice que "hay" que comer, que es lo que "corresponde"-
pero el segundo esa sensación habrá desaparecido
y a partir de entonces no tendrá ni ansiedad
ni hambre. Y lo más importante: no sólo no
se sentirá cansado sino que comprobará, quizá
perplejo, que tiene mucha más energía que
antes. Es decir, no padecerá síntomas tan
habituales en otras dietas como nerviosismo,
irritabilidad, fatiga o desvitalización. Antes
bien, se sentirá más ligero y con más ganas
de vivir. Incluso dormirá y descansará mejor.
LOS INGREDIENTES
La razón es simple:
la mezcla contiene por sí misma -y de forma
equilibrada- la mayor parte de las vitaminas,
minerales (potasio, sodio, calcio, magnesio,
zinc, manganeso y hierro), enzimas y demás
oligoelementos que el organismo necesita,
lo que con la alimentación normal no es tan
frecuente que ocurra. La grasa, obviamente,
la sacará de los depósitos acumulados en el
cuerpo, quemándolos. Y en cuanto a los hidratos
de carbono del sirope de savia -fructosa y
glucosa- son naturales porque no contiene
azúcar artificial alguno.
Por otra parte, el limón -también importante
fuente de minerales y vitaminas, especialmente
de la C- es un antioxidante natural que ayuda
en la eliminación de los depósitos grasos
y mejora la actividad del metabolismo. Además
de ser un buen diurético. En cuanto a la cayena,
además de contrarrestar el fuerte sabor dulzón
del sirope de savia, es una buena fuente de
vitaminas del complejo B, disuelve flemas
y regenera la sangre.
LOS EFECTOS
Como ya hemos
comentado, el ayuno con sirope de savia y
limón permite al cuerpo dedicar su energía
a la desintoxicación, a eliminar las toxinas
acumuladas. Y así, tras efectuar una primera
limpieza del tracto digestivo, el cuerpo dedicará
luego sus esfuerzos a eliminar toxinas del
hígado y de los riñones. Paralelamente, la
presión de los vasos sanguíneos se irá regularizando
ayudando a mantener una buena circulación.
Es más, también desaparecen rápidamente las
enfermedades respiratorias -catarros, gripes,
sinusitis, bronquitis...- y los estados febriles
así como diversas alergias, causadas muchas
veces por la acumulación de toxinas.
Igualmente es útil para eliminar los depósitos
calcáreos en articulaciones y músculos así
como los depósitos de colesterol en arterias
y venas. Y como quiera que numerosas infecciones
se deben a la acumulación de toxinas, la eliminación
de éstas hace superar el problema.
No podemos olvidar tampoco, por otra parte,
que muchas de las llamadas enfermedades tienen
su origen en el sistema digestivo, así que
no está de más reiterar que una alimentación
sana y equilibrada es el mejor remedio para
conservar la salud.
LA PREPARACIÓN
Hace unos años
el sirope de savia que se utilizaba para esta
cura era exclusivamente el de arce -proveniente
especialmente de América del Norte y, más
concretamente, de Canadá- pero con el tiempo
se descubrió que su contenido de minerales
estaba sujeto a diversos condicionamientos,
desde la calidad de la tierra hasta las condiciones
climatológicas. Problema que se resolvería
satisfactoriamente al mezclarlo con el sirope
de savia de palma y conseguir que la proporción
de minerales sea exactamente la adecuada.
Eso sí, no se deje confundir con esos otros
siropes industriales fabricados masivamente
que no proceden de la savia del árbol aunque
se comercialicen como siropes de arce. Precisión
necesaria tras la que pasamos a explicarle
cómo prepararlo:
Utilice una botella de litro y medio o dos
de vidrio o plástico (más cómodo este último
material si debe llevarla consigo, por ejemplo
al trabajo). Tras lavar bien su interior,
use un embudo y vierta en ella el contenido
de 14 cucharadas soperas grandes de sirope
de savia de arce y palma. A continuación,
exprima cuatro limones grandes y eche el zumo
en la botella. Después añada una pizca de
cayena picante molida (la puntita de una cucharadita
de café; y no se pase porque si lo hace puede
resultarle desagradable al paladar). Para
terminar, y a fin de darle un toque de sabor,
puede añadir media cucharadita de café de
canela en polvo. Rellene después el resto
de la botella de agua y agite fuertemente
la mezcla. Tendrá así preparada su "comida"
para todo el día.
Obviamente, lo suyo es beberse media botella
por la mañana y otra media durante la tarde-noche
repartiéndola en varias tomas. Pero puede
usted distribuir el líquido como prefiera.
Nuestro consejo es que se beba un vaso cada
vez que sienta hambre. Y que, a continuación,
se beba otro u otros dos más de agua.
Como ya le adelantamos, el primer día puede
tener ansiedad porque el cuerpo, inconscientemente,
reclamará la comida a la que está habituado.
Suele suceder sobre todo a mediodía, a la
hora de almorzar. Un buen truco para "engañar"
entonces al organismo consiste en tomarse
después del sirope de savia la infusión que
suela ingerir normalmente tras la comida:
café (descafeinado), té, manzanilla, poleo...
De esa forma al cuerpo le dará la "sensación"
de que ya ha comido porque ese líquido es
con el que termina normalmente su comida.
Le aseguramos que funciona.
Eso sí, no tome a lo largo del resto del día
ningún otro café más (ni siquiera descafeinado),
ni té (contiene un excitante similar: la teína).
Y otro consejo importante: beba cuanto pueda.
Un mínimo de dos litros de agua, además del
preparado. Pero recuerde que si se bebe cuatro
o cinco litros de agua la desintoxicación
será más rápida y más efectiva. Y no se preocupe
incluso si tiene normalmente retención de
líquido: cuanto más líquido ingiera, más líquido
expulsará (el que beba ahora más parte del
que retenía).
LIMPIAR EL INTESTINO
Una de las cosas
fundamentales que deberá tener en cuenta y
del que depende en buena medida el éxito de
esta cura es la necesaria limpieza del intestino.
La mayor parte de las personas intoxicadas
suele padecer gases, hinchazón y estreñimiento
cuando no gastritis o úlceras a causa de las
deficientes digestiones por malas combinaciones
alimenticias, falta de suficiente fibra en
la comida y consumo excesivo de pan blanco
además de ingerir demasiado alcohol y café.
Y no digamos nada de la malsana costumbre
de comer dulces o fruta de postre, error tan
extendido en nuestra sociedad.
De ahí que la limpieza del intestino se convierta
en algo prioritario. Porque debe saber que
aun cuando no va a ingerir alimento sólido
alguno durante estos días defecará todos y
cada uno de ellos. Y que si así no sucediera
es que algo no funciona bien en su organismo.
Nuestra sugerencia en cuanto a lo que en tal
sentido puede hacer depende ya de su preferencia.
Puede elegir uno de estos dos sistemas:
1) Beba a lo largo de la mañana -con
el estómago vacío y antes de tomar el sirope
de savia con limón- un litro de agua al que
habrá debido echar dos cucharaditas de sal
marina (no use sal común). De esa forma, media
hora después el intestino habrá quedado limpio.
2) Si no le gusta esa primera solución,
tome entonces cada mañana uno o dos vasos
de agua templada tirando a caliente nada más
levantarse y cada noche una infusión laxante
suave de plantas.
En cualquier caso, no estará de más que el
segundo, quinto y octavo día utilice un enema.
Bastará echar en un irrigador (de venta en
farmacias) entre litro y medio y dos de agua
templada. Pero previamente eche en el tubo
de plástico una pequeña cantidad de aceite
de oliva -un par de cucharadas soperas- para
que "abra camino" al agua (ya sabe que agua
y aceite no se mezclan).
Una vez en su interior, aguante lo que pueda
y luego siéntese tranquilamente en el inodoro
hasta desalojar completamente el líquido y
los desechos del intestino.
Eso sí, póngase el enema por la noche cuando
ya esté en casa... por si acaso. A veces no
sale todo el líquido a la primera.
SÍNTOMAS CARACTERÍSTICOS
Es importante
también que sepa que la desintoxicación hará
que su organismo utilice todas las vías naturales
para eliminar toxinas: a través de la defecación,
de la orina (en general más oscura y de olor
penetrante), del aliento (notará un fuerte
olor dulzón que si le resulta poco agradable
puede disimular masticando hojas de menta
o perejil fresco), de la vagina (con aumento
del flujo), de la boca (la sentirá a veces
pastosa) y de la piel (no sólo por el sudor
sino también por las inpurezas que tenga).
En ese sentido, es conveniente explicar que
son muchas las personas a las que el ayuno
con sirope de savia y limón activa drásticamente
al principio sus problemas de piel: forúnculos,
abscesos, granos, herpes, eczemas, espinillas,
urticaria... A fin de cuentas, tales manifestaciones
no son sino el medio que utiliza el organismo
para deshacerse de las impurezas, de las toxinas
acumuladas. No se preocupe pues por ello:
indica que la limpieza se está activando.
Y que, gracias a ello, en unos días lo más
probable es que esas impurezas, terminada
la desintoxicación, desaparezcan de forma
natural.
Como también a veces se potencian los dos
o tres primeros días los problemas que arrastramos
y que se manifiestan mediante cefaleas, jaquecas,
migrañas, náuseas o vómitos. No deje por ello
la cura. Son los síntomas de que el organismo
está reaccionando.
ALGUNAS COSAS MÁS
QUE DEBE SABER
Muchas personas
piensan que como no ingieren alimento sólido
alguno lo mejor es tomar un completo vitamínico
durante la cura para prevenir posibles carencias.
No lo haga. Podría comprometer el resultado
y no es necesario.
También son muchas las personas que entienden
que habrá que hacer mucho ejercicio o deporte
para que la cura funcione. Y tampoco es así.
De hecho, no le recomendamos que haga deporte
o ejercicio intenso mientras la siga. Pero
sí debe hacer algo -consejo que es extensible
para toda la vida- de mucha utilidad: caminar
a paso ligero -no correr- al menos media hora
al día.
Otro problema que le puede surgir es qué hacer
si está tomando medicamentos. En ese caso
deberá consultar con su médico si puede o
no interrumpir la medicación ya que cada caso
es distinto y depende del problema que usted
tenga. Pero, por norma, cualquier fármaco
dificulta el proceso de purificación. En todo
caso, si no tiene más remedio que seguir medicándose,
hágalo. Pero no es razón suficiente para por
ello no hacer la cura desintoxicadora.
En cuanto a las infusiones de hierbas puede
tomar las que quiera a lo largo del día, excepción
hecha del té y del café (salvo un descafeinado
a mediodía). Pero no pruebe el alcohol. Y,
por supuesto, sepa que el tabaco le está envenenando.
Desintoxicarse mientras simultáneamente se
intoxica es absurdo. Pero de usted depende.
Es su salud y su vida.
¿Y CÓMO SABER QUE
EL PROCESO DE DESINTOXICACIÓN HA TERMINADO?
Ya dijimos al
principio de este artículo que el tiempo que
debería seguirse este singular " ayuno" es
de 7-10 días. Es el tiempo mínimo para que
el proceso sea eficaz. Ahora bien, que el
mismo sea suficiente para lograr nuestro objetivo
de desintoxicación total dependerá ya de nuestra
acumulación de toxinas. Algo que es fácil
constatar por nosotros mismos: mientras el
organismo está depurándose tendremos la lengua
cubierta con una capa blanca pastosa. Así
que si a los diez días la lengua no ha recuperado
su característico tono rosáceo y aparece limpia
es que el proceso no ha terminado. Algunos
expertos aconsejan en tal caso proseguir con
la cura unos días más. Nosotros, sin embargo,
le aconsejamos que comience a alimentarse
normalmente de forma equilibrada -mucho mejor
haciendo la Dieta Definitiva- y repita la
cura tres meses después. Y si aún así no lo
consiguiera totalmente, volver a insistir
una tercera vez pasado otro trimestre.
NO COMIENCE A COMER
SIN MÁS TRAS LA CURA
Terminados los
siete-diez días de cura no empiece ya a comer
de forma normal. Deje que su metabolismo se
habitúe de nuevo poco a poco. Dos días de
transición pueden ser suficientes. Nuestro
consejo es que ingiera lo siguiente:
Primer día:
Desayuno: un vaso grande de sirope
de savia y limón. 1 pieza de fruta: manzana
o pera.
Mediodía: un vaso grande de zumo de
naranja, manzana o piña.
Almuerzo: un vaso grande de sirope
de savia y limón. 1 pieza de fruta: manzana
o pera.
Merienda: un vaso grande de zumo de
naranja, manzana o piña.
Cena: un vaso grande de sirope de savia
y limón.
Segundo día:
Desayuno: un vaso grande de zumo de
naranja, manzana o piña. 2 piezas de fruta:
manzana, pera o plátano.
Mediodía: 1 pieza de fruta: manzana,
pera, naranja o mandarina.
Comida: un caldo de verduras sin grasa.
2 piezas de fruta: manzana, pera o plátano.
Merienda: un vaso grande de zumo de
naranja, manzana o piña. una rebanada de pan
integral.
Cena: una ensalada de manzana, pera
y plátano. un vaso grande de sirope de savia
y limón.
A partir del tercer día vaya incorporando
poco a poco nuevos alimentos pero procure
no ingerir en los tres días siguientes a la
fase de transición ni carne, ni pescado graso,
ni embutidos, ni queso (salvo requesón o el
de Burgos), ni pan blanco, ni repostería,
ni leche, ni café, ni alcohol. A partir del
cuarto, empiece a comer normalmente; eso sí,
de forma equilibrada y atendiendo las normas
de la Dieta Definitiva o, en su defecto, las
de la Dieta Mediterránea.
Y no vuelva a caer en los mismos errores alimenticios
de antes. Su cuerpo no es un acordeón y someter
el metabolismo a constantes cambios termina
siendo perjudicial. Recuérdelo.
José Antonio Campoy
LA DIETA DEFINITIVA
Los fundamentos
y normas de la Dieta Definitiva fueron publicadas
en los dos primeros números de la revista. En
todo caso, para quienes no la conocen porque
no adquirieron aquellos dos ejemplares -que
aún pueden pedirse a nuestra redacción-ofrecemos
un breve resumen. Recordamos, en cualquier caso,
que tanto las mujeres mayores de 45 años como
los niños menores de 5 deben tener en cuenta
algunas cuestiones que ya publicamos en el número
2 y que no repetimos aquí por falta de espacio.
LAS REGLAS DE LA DIETA DEFINITIVA
1. La fruta
-entera o en zumo- debe ingerirse siempre en
ayunas y sola: jamás durante o después de una
comida.
2. Hasta una hora antes del almuerzo
se debe comer sólo fruta o zumos de fruta naturales
-la cantidad que se desee-, pero nunca mezclando
las dulces con las ácidas.
3. Excepción hecha de los zumos de las
mañanas, a lo largo del día sólo se debe beber
agua -sin gas- y nunca menos de tres litros
diarios, además de las infusiones y el café
descafeinado.
4. La carne, el pescado, el marisco
y los huevos procure cocinarlos al pavor, al
horno, a la plancha, asados o cocidos antes
que fritos.
5. Las verduras y hortalizas, aliñadas
si lo desea, puede tomarlas solas, combinadas
entre sí o como acompañamiento de la carne,
el pescado, el marisco y los huevos. Y aunque
puede asarlas, cocerlas o hacerlas al vapor
o al horno recuerde que se conservan mucho mejor
sus propiedades nutricionales cuando se comen
crudas.
6. No consuma requesón de postre si
en esa comida toma jamón o pescado graso.
7. No pese o cuente la comida. Puede
comer hasta saciarse. Pero no abuse tampoco:
adelgazará antes.
8. El único ejercicio que debe hacer
necesariamente es el de caminar -no correr-
al menos 4 kilómetros diarios.
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