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| LA
RISA, TRATAMIENTO EFICAZ EN MULTITUD DE DOLENCIAS |
El estado de ánimo
es determinante del estado de salud.
Las personas alegres, risueñas, confiadas
en la vida -y esa actitud no tiene nada que
ver con la posición económica, social o laboral-
son más felices. Igualmente sabemos que el
estado de mayor sensación de felicidad lo
provoca la risa. Y aún más la carcajada. Y
que esa sensación de bienestar -siquiera sea
momentáneo-
se multiplica enormemente si además sentimos
amor. Porque el amor y la risa constituyen
un binomio insuperable capaz incluso de hacernos
sanar de cualquier enfermedad.
Dice la Psicobiología que la salud depende
del equilibrio entre dos sistemas, el simpático
-identificado con los sentimientos de guerra
y huida- y el parasimpático -que se identifica
con sentimientos de paz y armonía-, segregador
éste de endorfinas, sustancias relacionadas
con la alegría y la felicidad.
Y asegura también que como en nuestra vida
diaria son muchos los condicionantes que nos
generan estrés, miedo e inseguridad hay un
claro predominio del sistema simpático sobre
el parasimpático, lo que trae como consecuencia
inmediata una bajada del sistema inmunológico.
ACTIVANDO EL SISTEMA
PARASIMPÁTICO
¿Qué hacer entonces
para equilibrar ambos sistemas? Pues, por
ejemplo, relajar de vez en cuando los ojos,
mirar tranquilamente un paisaje, el mar o
el cielo, reproducir mentalmente algún dibujo
geométrico sencillo, pensar en alguien a quien
queremos o recordar situaciones de felicidad.
Así de sencillo.
Y es que hoy sabemos que el cerebro tiene
un funcionamiento muy simple y no es capaz
de distinguir entre realidad y fantasía. De
hecho, la respuesta es la misma tanto si vemos
un helado como si lo imaginamos: producimos
saliva. "Donde quiera que va un pensamiento,
un proceso químico le acompaña" nos dicen
los descubrimientos sobre la relación entre
mente y cuerpo. Como también nos dicen que
los pensamientos y las actitudes, las emociones
y los sentimientos que generamos suponen un
auténtico alimento reparador tanto para la
mente como para el cuerpo.
La práctica continuada de determinados pensamientos
podemos simbolizarla con un camino que hay
que recorrer. Las primeras veces el pensamiento
tendrá que abrirse camino con dificultad desbrozando
la jungla que se abre ante él pero en las
siguientes ocasiones el camino estará más
"limpio" y será más fácil recorrerlo; poco
a poco se convertirá en un camino de tierra,
más tarde en una carretera y, finalmente,
en una autopista tan sencilla de recorrer
que podríamos hacerlo con los ojos cerrados.
Es por eso que las nuevas terapias basadas
en la Neurolingüística, en el pensamiento
positivo o en la visualización creativa intentan
potenciar la energía del amor.
El amor nos conduce a la vida y a disfrutar
del placer, a la felicidad, en definitiva.
El odio, en cambio, nos lleva a la desintegración,
a la destrucción, a la privación y a la muerte
puesto que atenta directamente contra la vida
física y mental de quien lo padece.
Deberíamos ser conscientes de que nuestro
cuerpo actúa como un auténtico filtro de los
pensamientos, emociones y sentimientos que
generamos y deja traducir al exterior lo que
sucede en nuestro interior. De hecho, el buen
funcionamiento y el equilibrio de nuestros
órganos está relacionado con lo que piensa
nuestra mente y cuando ese equilibrio se rompe
aparece la enfermedad como consecuencia directa
de la falta de armonía entre lo que genera
nuestro interior y lo que vivimos en el mundo
exterior.
¿QUÉ RELACIÓN HAY
ENTRE RISA Y SALUD?
Ya Francis
Bacon decía que "la risa produce una
dilatación en la boca y labios; una expulsión
continua de respiración con un ruido estentóreo
que produce la interjección de la risa y la
agitación de los pechos y laterales; si es
violenta y continuada, los ojos se llenan
de agua".
Y, ciertamente, según las últimas investigaciones
la risa tiene unos poderes medicinales que
muchas civilizaciones antiguas conocían y
que se mencionan incluso en la Biblia: "Un
corazón alegre es como una buena medicina
pero un espíritu deprimido seca los huesos".
Hoy se sabe que la risa es capaz nada menos
que de cambiar la química del cuerpo y la
frecuencia de las ondas cerebrales.
Sin duda, el sentido del humor de los pacientes
es algo que los médicos valoran aunque sea
a nivel inconsciente. Sin embargo, debido
a que resulta algo obvio el papel que juega
el humor en la salud, no se suele discutir
de forma explícita en ninguna Facultad de
Medicina y no existe ningún tipo de registro
sanitario acerca de si el sentido del humor
de los pacientes es normal o no. Como si existiese
un cierto rechazo a aceptar aquello que no
es medible con los sofisticados aparatos de
que disponen los hospitales.
Pero lo cierto es que cuando alguien nos sonríe
-incluso si es un desconocido- y le devolvemos
la sonrisa nos sentimos mejor, cambia nuestra
actitud y nos invade la sensación de que todo
va bien.
Incluso en los experimentos que se han hecho
sobre la sensibilidad de las plantas en relación
con los estados anímicos de las personas con
las que conviven se constató que percibían
lo que sucedía a su alrededor y reaccionaban
positivamente (mayor crecimiento y lozanía)
ante los ambientes de optimismo y alegría
mientras también se "contagiaban" de la tristeza,
el odio o la agresividad que sentían los que
les rodeaban. E igualmente reaccionan los
animales, dando muestras bien de alegría,
bien de recelo y huida según el tipo de estímulos
que perciben.
En los seres humanos sonreír está íntimamente
ligado a la capacidad de dar y recibir. Eso
produce un trasvase de energías muy saludable
que se traduce en una vida más feliz. Los
taoístas de la antigua China, por ejemplo,
hacían ejercicios de meditación para practicar
la sonrisa interior; con ello conseguían aumentar
su salud física y mental. El asunto consistía
en ir sonriendo a sus órganos internos y lo
hacían en cuatro tiempos: inspirar (relajarse),
espirar, (sonreír), inspirar (sentirse vivo),
espirar (disfrutar del momento: la vida es
maravillosa). Y es que consideraban que la
sonrisa que estaba dirigida a uno mismo garantizaba
la salud, la felicidad, la longevidad y, en
definitiva, se traducía en vivir en armonía
consigo mismo y con el entorno.
LA RISA Y LA COMUNICACIÓN
A lo largo de
nuestra vida nos vamos conformando una personalidad
externa que es la que nos sirve para relacionarnos
con el exterior aunque eso en muchas ocasiones
tenga poco que ver con lo que realmente somos.
Sin embargo, los convencionalismos, el miedo
al dolor, la necesidad de adaptarnos a un
determinado ambiente, la falta de libertad,
la necesidad de mostrar una imagen que sea
aceptada por los demás, etc., nos ha hecho
adquirir una serie de escudos que aparentemente
nos protegen pero que, al mismo tiempo, nos
alejan de los demás.
Así, en muchos momentos del día en realidad
estamos representando un papel como si la
vida se tratara de una obra de teatro. Sin
darnos cuenta, tendemos cada vez más a dramatizar
cosas insignificantes que se convierten en
problemas insolubles que nos mantienen prisioneros
de una realidad "objetiva" que sólo
lo es para nosotros.
No obstante, cuando miramos hacia atrás vemos
que nuestro pasado está salpicado de problemas
que, actuando como acicate, nos han hecho
crecer y recordamos que quizá en esos momentos
alguien a nuestro lado nos dijo sin que le
escucháramos: "Esto también pasará".
Pues bien, si se aplica la risa a esas situaciones,
exagerando el problema hasta el límite, desmenuzándolo
y dramatizándolo con sentido del humor hasta
convertirlo en algo ridículo que provoque
la risa, se consiguen eliminar los miedos
y encontrar la actitud correcta para hallar
la solución más idónea.
En este sentido, existen grupos de terapia
de la risa que intentan, en un ambiente de
respeto y confianza, ayudar a esa "teatralización"
de los conflictos con técnicas de psicodrama.
Los componentes del grupo utilizan el juego,
las bromas, las cosquillas o cualquier cosa
que active el sentido del humor para que la
persona se distancie del problema, supere
el miedo a enfrentarse a él, aprenda a reírse
de sí misma, a juzgarse con cariño... y, en
definitiva, a soltar tensiones en lugar de
reprimirlas.
Pero es que, además, la risa es un maravilloso
mecanismo de comunicación entre los seres
humanos. Las personas que han compartido situaciones
de humor, que se han reído juntas, se sienten
más cercanas, más libres, capaces de saltar
los límites de los convencionalismos sociales,
creándose unos canales de comunicación difíciles
de conseguir de otro modo. Según se desprende
de las mediciones realizadas por medio de
los electroencefalogramas, las ondas cerebrales
del grupo se sincronizan y se produce una
armonización natural en los procesos mentales.
No hay barreras o límites que la risa no sea
capaz de traspasar.
RISA Y SALUD
Desde hace unos
años se habla mucho del poder curativo de
la risa. Especialmente, desde que se comprobó
en experimentos realizados en hospitales que
la risa ayuda a recuperar antes la salud de
los enfermos, que produce cambios en la química
del cuerpo, que modifica la frecuencia de
las ondas cerebrales, que activa áreas dormidas
del cerebro y que produce conexiones entre
éste y el corazón creando estados de armonía
interior.
En la filosofía Zen también consideran la
risa como "una de las medicinas más penetrantes
con que la naturaleza ha provisto al hombre"
en tanto "es capaz de hacer surgir del
interior energías curativas muy potentes".
Por otra parte, ayuda a conectar con uno de
los objetivos de la meditación zen: parar
el pensamiento. De hecho, es imposible reír
y pensar a la vez: si la risa es auténtica,
la mente desaparece.
El conocido maestro espiritual Osho
recomienda un ejercicio para comenzar el día
con buen pie. Consiste en no abrir los ojos
cuando te despiertas por la mañana e ir antes
rememorando lo que habitualmente haces durante
una jornada normal de tu vida cotidiana para
intentar descubrir cuántas cosas ridículas
y sin sentido hacemos al cabo del día: saltas
de la cama poniéndote las zapatillas, corres
al cuarto de baño, te cepillas los dientes,
te duchas deprisa porque no tienes tiempo...
¿y todo para qué? ¿A dónde vas? Y así, compruebas
que en tu vida haces un montón de cosas mecánicamente,
sin consciencia. Te vistes, vas corriendo
a la oficina sorteando los problemas del tráfico...
Y cada mañana haces lo mismo. De forma que
cada día los procesos automáticos se van adueñando
de ti. ¿Te das cuenta de que harás exactamente
lo mismo mañana? En ese instante hay que intentar
contemplar la ridiculez de algunas situaciones
y reírse, reírse a gusto sin abrir aún los
ojos. Reír antes de despertar. Porque eso
generará una inercia que se mantendrá a lo
largo del día. De hecho, hoy la Psicología
nos dice que lo que se "graba" en nuestro
cerebro en los primeros momentos apenas nos
hemos despertado permanece durante todo el
día y se crean sincronicidades curiosas, coincidencias
significativas o, cuando menos, una cadena
de acontecimientos de signo positivo puesto
que una cosa conduce a la otra y la risa traerá
más risa y los pensamientos positivos más
pensamientos positivos.
Por el contrario, aquellos que se levantan
de mal humor, quejándose, pesimistas, deprimidos,
tristes o agresivos mantendrán su estado de
ánimo en esa línea durante el resto de la
jornada.
APRENDIENDO A REÍR
Dicen que el mundo
se está olvidando de reír y tal vez por eso
surgen cursillos intensivos, se editan libros
para enseñar a reír a la gente, se ponen en
marcha seminarios en las escuelas, entre el
personal sanitario de los hospitales, en algunos
organismos públicos e, incluso, en empresas
privadas. Todos ellos han descubierto que
la risa es un mecanismo de equilibrio que
intentan poner en marcha, unas veces por cuestiones
de salud y otras con fines puramente económicos
buscando una mayor rentabilidad.
Y bien está que la ciencia recurra a estos
métodos naturales para favorecer y despertar
el potencial de la persona pero, ¿tendrá los
mismos efectos una carcajada producto del
"adiestramiento" que una que surge del interior?
Bien está también, por tanto, que algunos
hospitales se hayan decidido a promocionar
la existencia de una sala especial donde el
humor sea el protagonista principal y los
pacientes compartan anécdotas, se cuenten
chistes y vayan a ellas a reírse pero, ¿esta
"planificación" no disminuirá el potencial
transformador de la risa natural? ¿No estaremos
a punto de "prescribir" unas cuantas carcajadas
en lugar de un analgésico? Qué duda cabe de
que es un paso adelante y de que no existirán
los efectos secundarios que producen los medicamentos
pero, ¿no correremos el riesgo de que en poco
tiempo provocar la risa se convierta en algo
tan poco natural que pierda todo su efecto
de expansión, de conmoción del ser humano
integral (cuerpo físico, energías, emociones
y mente)?
Hace ya varios años surgió en Estados Unidos
un médico sorprendente -el doctor Patch
Adams- que revolucionó los conceptos establecidos
en lo concerniente a la relación médico-paciente
creando un hospital donde el sentido del humor
y la risa eran las principales medicinas.
No algo tan artificial y puntual como esa
"sala de humor" de algunos hospitales, que
no deja de ser una especie de guetto
aislado de la gigantesca maquinaria que es
un hospital. No. El doctor Adams puso en marcha
unos nuevos canales de comunicación -todos
los médicos y asistentes van vestidos de payasos-
basados en el amor porque descubrió que cuando
éste y la risa van juntos se convierten en
la medicina por excelencia. Asimismo, descubrió
que cuando al médico le interesa el ser humano
que tiene delante como una persona global
-y no como alguien que, por ejemplo, tiene
el hígado enfermo- se acortan las distancias
y se activan las capacidades curativas del
paciente. El médico se convierte así en un
facilitador, en un acompañante -terapeuta-
que ayuda no sólo con sus conocimientos técnicos
sino con su comprensión y cercanía. La experiencia
de Patch Adams y su proyecto -sobre el que
se hizo una película que se estrenó en todo
el mundo el pasado año- es por ello un punto
de referencia. Y no sólo para los médicos
de cualquier especialidad sino para los psicólogos
y terapeutas que participan de esa misma filosofía.
María Pinar Merino
BENEFICIOS DE LA RISA
· Activa el sistema
inmunológico.
· Aumenta la producción de endorfinas.
· Favorece la circulación sanguínea.
· Aquieta el sistema nervioso.
· Armoniza la respiración.
· Equilibra la presión arterial.
· Despierta la inteligencia.
· Aumenta el ritmo cardiaco.
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