El médico español
Vicenç Herrera está convencido de que
la mayor parte de las enfermedades no son
sino la respuesta inconsciente -pero inteligente-
con la que el organismo responde a la desorientación
que provoca lo que el doctor alemán Ryke Geerd
Hamer denominó un "conflicto biológico."
Es decir, una experiencia inesperada vivida
en soledad que pilla a uno a contrapié y que
pone en juego los mecanismos de supervivencia
atávicos de todo ser humano. Tal sería en
muchos casos el origen, por ejemplo, del cáncer,
del sida y de las llamadas enfermedades mentales.
Médico formado en la más pura ortodoxia de
la Medicina convencional, el doctor Vicenç
Herrera se ha caracterizado sin embargo
por su mente abierta y la necesidad de replantearse
desde el principio todo lo que un día le enseñaron
como verdades indiscutibles, en el convencimiento
íntimo de que sólo así puede avanzarse en
el ámbito del conocimiento. Hombre inquieto
y curioso, mientras otros compañeros de carrera
se limitaban a aplicar con mayor o menor fortuna
los conocimientos recién adquiridos, el doctor
Herrera tuvo la valentía de ir más allá y
atender, escuchar y estudiar los planteamientos
de esos "herejes" que en toda profesión son
los que suelen abrir nuevos caminos al salirse
de los senderos conocidos.
Fruto de ello son dos obras que acaban de
ver la luz -"Entender la vida, comprender
la enfermedad" y "De la enfermedad
a la vida"-, cuyo contenido merece ser
leído sin prejuicios. Hemos querido hablar
con él sobre ellos.
-Acaba de publicar usted dos libros que
se caracterizan por plantear de manera muy
poco convencional lo que es la enfermedad
y su tratamiento. Lo que llama la atención
aún hoy día porque usted es médico formado
en la más pura ortodoxia. -Es cierto pero
en ellos plasmo lo que la vida, la experiencia
y los investigadores de vanguardia con los
que he tenido la oportunidad y la fortuna
de coincidir en estos últimos años me han
enseñado. Que en cierta medida tiene en cuenta
muchos aspectos que no me explicaron en la
Facultad de Medicina.
-¿Y qué cuenta en ellos?
-Mi primer libro -"Entender la vida, comprender
la enfermedad-" trata sobre el proceso
por el cual he llegado a una comprensión de
la enfermedad distinta de la convencional.
En él describo una serie de experiencias que
me provocaron la necesidad de reflexionar
sobre las causas de la enfermedad, analizo
la forma de entenderla e interpretarla y planteo
nuevas propuestas para tratar de ayudar en
mejores condiciones a las personas que confían
en mí, en tanto médico y/o amigo.
En el segundo libro -"De la enfermedad
a la vida"- entro en aspectos más técnicos
y está dirigido a personas interesadas en
profundizar en el nuevo modelo médico que
se propone. Para ello describo lo que -a mi
entender- son los límites del modelo convencional;
enuncio las rupturas y las asunciones necesarias
para un nuevo modelo; y expongo los elementos
que lo configuran y su aplicación práctica
en el cáncer, la enfermedad mental y el SIDA.
Finalmente, analizo varios casos clínicos
con esta nueva interpretación.
-¿Y qué pretende con ello?
-Intento contribuir a poner cada cosa
en su sitio en el maremágnum de teorías y
perspectivas sobre la salud y la enfermedad
que encontramos en este final de milenio,
tanto en el ámbito de la Medicina convencional
-con sus expectativas puestas en la terapia
genética- como en otras medicinas no convencionales.
Y adelanto que las bases del modelo que en
mis libros se propone se fundamentan en los
descubrimientos del médico alemán Ryke
Geerd Hamer -que han dado lugar a lo que
se denomina la Nueva Medicina- así como en
los más recientes avances de la Biología de
la evolución, en mis propias reflexiones -surgidas
a raíz de mi práctica como médico de cabecera-
y en mis experiencias sobre salud pública
en áreas muy deprimidas de nuestro entorno
y en países del Sur, en tanto ejerciente en
Medicina Tropical y Salud Comunitaria.
-Y atendiendo al nuevo modelo sobre la
enfermedad que en ellos propone, ¿cuál es
su consideración sobre el cáncer?
-Yo participo de la afirmación de Hamer -y
les felicito sinceramente por el artículo
que publicaron recientemente en la revista
sobre él- de que el cáncer es un "programa
inteligente de respuesta de la naturaleza",
tal como postula en su Quinta Ley Biológica.
Y soy muy consciente de que se trata de una
afirmación que puede provocar perplejidad
e, incluso, rechazo o escepticismo, especialmente
porque son numerosas las personas con cáncer
que sufren mucho y la mortalidad es elevada.
-¿Y qué explicación da a ese hecho?
-Esa aparente paradoja es consecuencia de
la habitual distancia con la que observamos
la enfermedad en el modelo médico convencional.
El cáncer, desde mi punto de vista, es una
respuesta biológica que rememora el desarrollo
de órganos y sistemas en los seres vivos a
lo largo de su evolución, y obedece a la inercia
de la memoria biológica específica de las
células en cada capa embrionaria, con su capacidad
ontogenética u organoformadora. Por ese motivo
el tumor o proliferación celular sigue los
mismos requerimientos que tuvieron que pasar
las células a lo largo de su adaptación al
medio.
Lo que sucede es que en el cáncer esa respuesta
no está adaptada ya que se relaciona con un
conflicto biológico. Y para que esa respuesta
biológica -que considero inteligente- no provoque
problemas anatómicos y funcionales en los
órganos o en el sistema global del organismo
es necesario que se integre armoniosamente
tanto en el código genético de las neuronas
del sistema nervioso como en las células del
órgano correspondiente. Pero para ese cometido
hacen falta muchos años de adaptación a la
nueva pauta de comportamiento surgida del
conflicto específico, tal como ha descubierto
Hamer y planteado en sus cinco leyes biológicas.
-¿Las causas del cáncer, entonces, las
atribuye también a un conflicto biológico?
-Sí. Es decir, en la medida en que el
conflicto biológico -inesperado y vivido en
soledad- es vivenciado con una intensidad
y duración conflictiva elevada, éste se manifiesta
en una serie de respuestas orgánicas que modifican
la anatomía de los órganos. Entender correctamente
el concepto que trata de definir estas dos
palabras -conflicto biológico- es la piedra
angular que permite no sólo comprender la
enfermedad en general y el cáncer en particular
sino que nos sitúa en el contexto adecuado
para poder abordar el diagnóstico y, posteriormente,
la terapia.
De ahí que dedique varios capítulos en los
libros al conflicto biológico y su significación
y traducción en la especie humana así como
al proceso evolutivo teniendo en cuenta los
últimos descubrimientos en biología de la
evolución. Espero contribuir con ello a una
mejor comprensión del problema.
-¿Y qué interpretación da entonces al SIDA?
-Después de muchos años junto a seropositivos,
de acompañarles en su sufrimiento a la caberera
de sus camas, y aún teniendo en cuenta las
analíticas, sus cargas virales, sus linfocitos
T4, sus anemias, sus enfermedades oportunistas
y sus radiografías, he llegado al convencimiento
de que estamos interpretando incorrectamente
unos fenómenos que son considerados sólo efectos
de una invasión vírica. Porque es evidente
que en el proceso que etiqueta este síndrome
existen alteraciones serológicas o cambios
analíticos, entre los cuales destaca la presencia
de enzimas con actividad de transcripción
inversa, pero esos cambios, junto a la sintomatología
clínica, son a mi entender expresión de intentos
de adaptación al medio o entorno, en el contexto
que trato de explicar en los libros. Para
una mejor comprensión, introduzco también
otra interpretación del sistema inmune, el
papel de los gérmenes y el sentido de las
infecciones.
De esta manera, al analizar el fenómeno del
SIDA he comprobado que existen en las personas
etiquetadas como seropositivas graves conflictos
crónicos -de variada intensidad- de desvalorización
y separación. Pues bien, la desvalorización
personal justifica sobradamente la atrofia
de la médula ósea, lo que provoca la inmunodepresión;
y los conflictos de separación provocan alteraciones
dermatológicas y de mucosas con gran emisión
al torrente sanguíneo de factores inflamatorios
y material genético que es interpretado convencionalmente
como efectos de un virus externo, autónomo
y de gran capacidad infecciosa.
-¿Insinúa que tanto en los tratamientos
contra el cáncer como contra el SIDA debería
realizarse una acción similar?
-Uno de los objetivos de mis dos libros es
precisamente plantear el contexto en el que
creo que se pueden abordar en mejores condiciones
ambas enfermedades. Ello no quiere decir que
no se tenga que actuar con medidas biomédicas
ya que, por poner un ejemplo, está claro que
ante una obstrucción intestinal lo que hay
que hacer es intervenir quirúrgicamente con
el fin de restablecer el tránsito intestinal.
Es decir, hay que poner en práctica la lógica
y el sentido común. Pero eso sí, en el ámbito
específico de las propuestas que formulo hay
un trabajo inmenso aún por hacer. Lo primero
es comprender bien la propuesta. Y ello pasa
por entender que toda enfermedad grave -y
muy especialmente el cáncer y el sida- puede
estar condicionada por una historia personal
traumática, aquella que nos ha dejado una
profunda huella.
Luego, conocido el o los conflictos, no se
trata de dejar que el enfermo los afronte
sólo y confiar en que su comprensión va a
bastar para que el cáncer o el SIDA se curen
espontáneamente. Es más complejo.
Mi propuesta terapéutica aborda la enfermedad
en tres fases. La primera pasa por hacer un
buen diagnóstico psicobiológico a fin de conocer
las causas del o de los conflictos biológicos;
la segunda consiste en encontrar soluciones
prácticas a ese o esos conflictos; y, finalmente,
hay que implementar medidas terapéuticas concretas
lo menos agresivas posible.
Es importante decirle a la gente que existen
muchos casos de remisiones espontáneas en
cánceres y otras enfermedades consideradas
incurables. Se trata de un fenómeno que yo
mismo he constatado en mi práctica médica.
Y existen multitud de casos clínicos; basta
consultar, por ejemplo, la base de datos Med-Line
que se halla al alcance de cualquier persona
interesada.
A mi entender, en la medida en que este hecho
se vaya conociendo, aunque sea poco a poco,
se irá extendiendo una nueva pauta de autocuración
con lo que eso tiene de repercusión tanto
en nuestra conciencia individual como en la
colectiva.
-¿También la enfermedad mental entraría
entonces a su juicio en el mismo ámbito de
interpretación?
-Efectivamente, en mis libros trato de explicar
que una enfermedad mental es también una "respuesta"
coherente y necesaria de cualquier ser vivo
que se enfrenta de pronto a demasiadas situaciones
conflictivas juntas. Un "error" necesario
para permitir la supervivencia. Por tanto
-y no me cansaré de repetirlo-, las llamadas
enfermedades mentales se han de interpretar
siempre de forma individualizada, no global
-no hay enfermedades, hay enfermos-,
en su contexto particular y atendiendo a un
espacio-tiempo determinado. Es decir, que
en todos los casos habrá que esperar "tiempos
mejores" en que se resuelvan cada uno de esos
conflictos biológicos. Mientras la persona
está -por así decirlo- "desconectada", es
difícil actuar pero podemos incidir en las
situaciones o acontecimientos que provocaron
los conflictos. Siempre, eso sí, con habilidad
y buen sentido.
Las conductas denominadas psicopatológicas
adquieren así una finalidad que está relacionada
con una respuesta más instintiva, atávica,
en que se ponen en marcha mecanismos neurológicos
pertenecientes a áreas del cerebro propias
de la conservación de la especie. Se trataría
por tanto de un proceso defensivo de respuesta
inconsciente, automático. En este sentido,
podemos decir que la enfermedad mental es
un proceso orgánico ya que participa el sistema
nervioso. La diferencia es que en una enfermedad
mental la expresión no se produce en una zona
del cuerpo físico (somatización) sino que
se manifiesta mediante conductas que calificamos,
como ya dije antes, de psicopato...lógicas.
-Luego, en definitiva, lo que usted propone
en sus libros es un modelo alternativo al
convencional de entender la enfermedad.
-Efectivamente. Nada más que eso.
-Más bien nada menos...
José Antonio Campoy