La moda cultural ha
impuesto a las mujeres en la sociedad moderna
una servidumbre estética tan profundamente
arraigada que son una minoría las que hoy
se la cuestionan. Y una de tales servidumbres
es la del vello corporal, algo natural
que ha pasado a ser visto como signo de descuido,
suciedad o, cuando menos, falta de clase.
Vello en la cara, en las axilas, en las piernas,
en las ingles... que deben ser eliminados
en aras de esa moda. Afortunadamente, tal
dependencia puede hoy resolverse de forma
rápida y práctica, si no de manera definitiva,
sí durante varios años. Es el caso de la depilación
con láser de diodo.
Forzadas por la moda, las mujeres se ven hoy
obligadas a ingeniárselas para tener una piel
suave, lisa, sin imperfecciones y, por supuesto,
sin vello. Para lo cual han tenido que recurrir
-entre otros métodos- al uso de distintos
tipos de cera, a las pinzas, a la cuchilla
o a la depilación eléctrica. Procedimientos
más o menos dolorosos y de escasa eficacia
ya que generalmente, al cabo de unos días,
el vello renace y es preciso volverlo a cortar
o extraer.
Las más melindrosas, hasta la fecha, optaban
por el rasurado mediante cuchilla pero obvia
decir que, aunque indoloro, el sistema no
contribuye precisamente a la obtención de
una epidermis fina y delicada sino que más
bien la embrutece y hace que el pelo renazca
en mayor cantidad y con más fuerza y rapidez
que al principio.
Y como quiera que hoy el hecho de agradar
a los demás -y a nosotros mismos- se ha convertido
en una obsesión -que afecta también a los
hombres-, la eliminación del vello ha devenido
casi en una forma no ya de contribuir a mejorar
nuestro aspecto sino de elevar la autoestima.
Afortunadamente, los avances tecnológicos
actuales permiten que ello sea posible ya
sin necesidad de sufrir para conseguirlo y
de un modo rápido, duradero e indoloro, gracias
al láser de diodo (Lightsheer), el más avanzado
tecnológicamente de los modelos que utilizan
el láser.
Esta técnica, importada a España desde Estados
Unidos hace apenas dos años, fue desarrollada
por profesores de la Universidad de Harvard
y del Hospital General de Massachusetts basándose
en la amplia experiencia y los excelentes
resultados que desde 1994 venían obteniendo
con el láser de rubí.
El láser de diodo consta -como su propio nombre
indica- de varios semiconductores que emiten
un rayo láser de 800 nm. con una amplitud
de onda de hasta 30 ms. y flujos de 40 j/cm2
a una frecuencia de 1 hz. Utiliza además una
punta de zafiro que, en contacto con la piel,
permite su enfriamiento a unos 5º centígrados,
protegiéndola y haciendo que el tratamiento
sea menos molesto. Para aumentar la eficacia
es frecuente también la aplicación de bolsas
de hielo que contribuyen a mantener baja la
temperatura.
Su acción consiste en un calentamiento selectivo
de la melanina del folículo piloso produciendo
así su destrucción por calor, sin riesgo de
dañar los tejidos circundantes. Eso sí, cuanto
más negro sea el pelo mejores serán los resultados.
Por eso las personas de piel clara y vello
oscuro serán las que mejor respondan a la
acción del láser en tanto la cantidad de energía
que se las puede aplicar en cada sesión es
superior a la de quienes poseen la piel morena,
más susceptibles a quemaduras y alteraciones
en la pigmentación. Por este mismo principio,
el láser será menos eficaz cuando se trate
de pelo rubio, pelirrojo o muy claro.
De ahí que algunos especialistas recomienden
que los pacientes de piel más clara opten
por un sistema de láser alternativo al de
diodo, el denominado "alejandrita", también
originario de Estados Unidos y que surgió
un año antes. En realidad, ambos se basan
en el mismo principio, con lo que precauciones
y resultados serán muy semejantes si bien
el de diodo posee alguna ventaja debido a
su mayor sofisticación.
Existen muchos factores que influyen en el
crecimiento del vello como la edad, la raza,
el sexo, la localización, el nivel hormonal...
Y todos ellos condicionan también la efectividad
del láser de diodo. Así, el pelo que más se
afecta en cada sesión es el que se encuentra
en fase activa de crecimiento ya que posee
mayor cantidad de melanina. En ese estado
la destrucción del vello puede ser de entre
el 50% y el 80%.
Después de cada sesión es necesario esperar
a que el pelo que no haya sido eliminado vuelva
a salir. De esa forma se va obteniendo una
disminución progresiva de la cantidad de vello
al tiempo que se va debilitando el que aún
no ha desaparecido. Todos estos condicionantes
determinarán el número de sesiones necesarias
para completar el tratamiento, si bien suele
oscilar entre cinco y siete.
En cuanto a la duración de cada una de ellas,
existen también variaciones. Así, en pequeñas
superficies -como el labio superior o las
axilas- no va más allá de una hora. Empero,
en el caso de las piernas se prolonga hasta
casi tres.
La zona también está ligada a la eficacia,
siendo ésta mayor en ingles, axilas, mentón
y labio superior. Por otro lado, siempre que
la aplicación del láser sea cerca de los ojos
es imprescindible que médico y paciente se
protejan con una gafas especiales; de lo contrario,
existe riesgo de quemadura.
Antes de comenzar el tratamiento debemos abstenernos
de cualquier tipo de depilación, al menos
durante el mes previo a la primera sesión.
Sólo así nos aseguraremos de que el láser
pueda actuar sobre el mayor número de pelos
en crecimiento.
Tampoco es conveniente acudir bronceado a
la consulta pues, como ya hemos comentado,
un tono de piel más oscuro implica una mayor
sensibilidad al láser. Por consiguiente, debemos
evitar tomar el sol entre una sesión y otra.
Esto hace que otoño e invierno sean la mejor
época del año para someterse a esta técnica.
Asimismo, conviene no pasar por alto que embarazadas
y personas con infecciones graves o tumores
están excluidas de esta tecnología, siendo
éstos los únicos grupos de riesgo en los que
no está recomendado el uso del láser.
Por otra parte, aunque su aplicación no es
dolorosa, sí puede resultar algo molesta en
función de la sensibilidad de cada persona.
En todo caso, se trata de una molestia tolerable
que no precisa de anestésicos tópicos y cuyo
único efecto secundario es un leve enrojecimiento
de la piel que apenas dura dos horas. Una
crema hidratante es suficiente para calmar
la zona. Finalizada la última sesión, sólo
dos advertencias: no se exponga a la luz solar
ni se aplique cosméticos que contengan alcohol
hasta que hayan transcurrido al menos 24 horas.
HASTA LA PRÓXIMA...
En fin, lo ideal
sería que el método depilatorio fuera definitivo,
que se prolongara toda la vida. Pero hoy en
día no se tiene esa seguridad, sencillamente
porque no han transcurrido los años suficientes
para constatarlo.
Eso sí, al menos la seguridad y eficacia del
tratamiento están suficientemente demostradas.
No existe prácticamente apenas riesgo de complicaciones
si se siguen fielmente las recomendaciones
del especialista. En cuanto a la eficacia,
alcanza cotas de hasta un 90% y son contados
los casos en que se ha producido un rebrote
del vello antes de lo previsto.
Es más, en ocasiones se ha conseguido que
el pelo no vuelva a salir pero como el sistema
lleva poco tiempo utilizándose aún no puede
asegurarse que parte de él no renazca en el
futuro. Lo que sí está demostrado es que el
vello se debilita de forma considerable con
lo que podría pensarse que posteriores tratamientos
acabarían con él para siempre.
En España existen hoy alrededor de una decena
de clínicas donde se practica la depilación
con láser de diodo, en una de las cuales,
la madrileña Clínica Menorca,
que dirige el doctor Ángel Martín
Hernández, hicimos las fotografías
que ilustran este reportaje. En cuanto al
l precio varía en función del centro, del
número de sesiones y de la extensión de la
zona que queramos tratar. Así, en el caso
de las axilas una primera sesión rondaría
las 30.000 pesetas, coste que se reduciría
a la mitad en las dos siguientes y a 10.000
en el resto.
En fin, para quien se lo pueda permitir la
tecnología láser es hoy el sistema depilatorio
por excelencia. Una buena forma de eludir
los engorros de la cera, los tirones de la
maquinilla eléctrica y la aspereza de la cuchilla.
Al menos, mientras llega el ansiado método
definitivo.
Hay que añadir, en cualquier caso, que el
láser de diodo no sólo tiene utilidad cosmética
sino también médica. Así nos lo recordó
la doctora Mª Elena de las Heras
en la madrileña Clínica Cabeza
Ferrer de Majadahonda (donde también
se utiliza esta técnica), ya que permite
solucionar los frecuentes casos de foliculitis
y forúnculos en las ingles de las mujeres
o los casos de foliculitis y pseudofoliculitis
de la barba masculina. Como igualmente mejoran
mucho los problemas de las mujeres con vello
facial por causas hormonales.
Raquel González
Arias