En realidad no vamos
a hablar -salvo en un solo caso- de dietas
sino de "tipos de dietas". Y es que sólo existen
siete maneras de adelgazar ya que todas las
dietas existentes pueden enmarcarse en seis
de esos modelos. Dietas que en algunos casos
funcionan... pero, ¿sabe a costa de qué?
Cientos de millones de personas en el mundo
padecen sobrepeso. De ellos, buena parte son
obesos. Algo que implica un evidente riesgo
para la salud que no parece tenerse en cuenta
suficientemente. Porque el sobrepeso y la
obesidad suelen conllevar casi siempre exceso
de colesterol y alta tasa de triglicéridos
con la consecuente mala circulación, obstrucciones
en venas y arterias, arteriosclerosis e hipertensión
que frecuentemente desembocan en dificultades
circulatorias, problemas cardiovasculares
y hemorragias cerebrales. Todo ello sin mencionar
los condicionamientos que genera a quien padece
el problema tanto de carácter físico como
emocional y psíquico. Nada debe extrañarnos,
pues, que este problema se haya convertido
en un negocio más de quienes se lucran con
las enfermedades ajenas. Por ese motivo queremos
ofrecer a nuestros lectores información fiable
que sirva para resolver su problema a la vez
que denunciamos la falta de ética de quienes
utilizan cuestión tan importante y grave para
vender... lo que sea.
MÉTODOS PARA ADELGAZAR
Si uno creyera
lo que dicen los eruditos tenidos por autoridades
en Nutrición el futuro de todo obeso sería...
seguir siendo obeso. Y no es verdad. Como
no es verdad -aunque sí sea conveniente- que
el sobrepeso precise una dieta absolutamente
personalizada. Esa afirmación sólo la hacen
quienes viven de ello. Pero tampoco es verdad
que adelgacen esos cientos -¿o miles?- de
dietas que circulan por medio mundo y publican
cada semana otros tantos cientos de revistas
a las que en realidad les importa poco si
la gente adelgaza... porque lo que les preocupa
es que no adelgace la cuenta corriente de
su revista. Saben que hay millones de personas
con problemas de sobrepeso u obesidad y que
si "venden" bien cualquier nuevo engendro
poniendo un título sugerente en portada ya
vale para que piquen varios millares de personas
en cada ocasión.
La verdad, sin embargo, es bien distinta.
Y vamos a contarla.
La práctica totalidad de las dietas útiles
pueden encuadrarse en media docena de métodos.
Veámoslos de forma breve advirtiendo, en todo
caso, que existen otras clasificaciones más
técnicas -y discutibles en mayor o menor medida-
para agrupar todas las existentes. Nosotros,
empero, vamos a centrarnos en las que "funcionan".
El problema es a qué costo...
EL AYUNO TERAPÉUTICO
El ayuno total
-no ingerir alimento alguno durante un tiempo
determinado para obligar al cuerpo a utilizar
las reservas del organismo- ha sido practicado
milenariamente por las culturas más antiguas
como medio de desintoxicación y recuperación
de la salud. Y ciertamente funciona porque
el cuerpo pierde peso y volumen: líquido retenido
y grasa. Ahora bien, este auténtico "tratamiento
de choque" no puede prolongarse demasiado
en el tiempo porque se pierde también masa
muscular. Es decir, al no poder utilizar el
organismo más que la grasa acumulada para
mantenerse, la falta de glucosa que aportan
los glúcidos o hidratos de carbono (imprescindible,
entre otras cosas, para el funcionamiento
del cerebro) lleva al cuerpo a tener que consumir
proteína propia a fin de paliar el problema.
Paralelamente, si el ayuno es prolongado y
no se aporta nitrógeno proteico externamente
desaparecen los aminoácidos, tanto esenciales
como no esenciales. Ello lleva al organismo
a reducir al mínimo la funcionalidad del intestino,
a disminuir la actividad física e intelectual
y al cese de la termogénesis adaptativa (por
eso se suele sentir a veces frío). Por supuesto,
si el ayuno se prolonga en exceso la falta
de proteína llevaría al coma y a la muerte.
En suma, el ayuno terapéutico funciona pero,
aunque tiene aún defensores -especialmente
entre quienes tienen una formación oriental-,
no es recomendable. Beber sólo agua durante
días o semanas es posible durante un cierto
tiempo y es verdad que el cuerpo deja de reclamar
alimento (se deja de tener hambre) a partir
del tercer día pero no es menos cierto que
no se consiguen mejores resultados que con
una dieta hipocalórica, es decir, baja en
calorías. Y con mucho menor riesgo y efectos
secundarios. Bien está, pues, ayunar uno o
dos días como método de desintoxicación. Pero
se trata de una solución parcial que no resuelve
el problema de alguien con sobrepeso y obesidad.
LAS DIETAS LÍQUIDAS
Como su propio
nombre indica, son dietas en las que sólo
se consumen líquidos. Podríamos hablar, pues,
de una especie de semiayuno.
a) Los batidos. Surgieron a mediados
de los años setenta y se trataba de una bebida
básicamente elaborada con gelatina que -se
suponía- contenía toda la proteína, minerales
y vitaminas que el organismo precisa diariamente.
En general se presentaban en forma de batidos
con distintos sabores agradables para tomar
"en lugar de" las tres comidas del día. No
contenían normalmente ni grasas -lípidos-,
ni glúcidos, ni fibra. A veces venían deshidratadas
en polvo dentro de sobres.
Lo cierto, sin embargo, es que tampoco contenían
los aminoácidos esenciales y los niveles de
potasio y calcio eran demasiado bajos. Es
decir, no cubrían las necesidades del cuerpo
-a pesar de lo que decía la propaganda- y
provocaron muchas muertes, fundamentalmente
por fallos cardiacos. Hoy día, sin embargo,
la mayor parte de estos preparados usan la
proteína de la leche en lugar de gelatina
quedando así resuelta la ingesta de aminoácidos
esenciales. Asimismo, contienen mayores niveles
de minerales, entre ellos los dos mencionados.
Ahora bien, la mayor parte de esos preparados
carecen aún hoy de fibra por lo que resulta
necesario tomar suplementos de fibras naturales.
Fibra que irrita casi siempre el intestino
y resulta perjudicial a la larga; pero si
no se toman las heces pueden quedar retenidas
y endurecerse provocando luego abrasión o
hemorroides cuando finalmente consiguen expulsarse.
En definitiva, los batidos son una solución
mediocre que aburre al más voluntarioso de
los seguidores de dietas, causan problemas
por su falta de fibra y genera ansiedad porque
se pasa hambre (y eso sí que no tiene solución).
Algo que algunos pretenden "resolver" con
tranquilizantes, con ansiolíticos. Y créanlo:
no es buena idea
. b) La dieta con sirope de savia y limón.
Ya hemos hablado de ella en el número
12 de la revista. Consiste en tomar diariamente
un preparado hecho con 14-16 cucharadas soperas
de savia de arce y palma, el zumo de 4-5 limones,
media cucharadita de canela y una pizca de
cayena picante que se echan en una botella
de litro o litro y medio de capacidad que
luego se rellena con agua. Contenido que se
toma a lo largo del día en distintas tomas.
Salvo agua e infusiones (excepción hecha del
café y té) no debe tomarse nada más. La dieta
conviene seguirse entre 7 y 10 días aunque
puede prolongarse algún tiempo más. Pero lo
aconsejable es parar, alimentarse equilibradamente
a continuación y volver a hacerla pasados
unos meses si se precisa. Lo suyo es perder
entre 3 y 6 kilos en esos 7-10 días. Y, sobre
todo, uno se deshincha y se desintoxica. Unas
últimas recomendaciones: camine media hora
al día a buen paso, no tome suplementos vitamínicos
y no tome fármacos durante ese tiempo salvo
que sean estrictamente necesario. Se trata
de una "dieta" que sí funciona. Aunque para
pérdidas moderadas.
c) Las dietas de zumos. Las hay para
todos los gustos: unas son sólo de frutas,
otras de verduras y algunas más, mixtas.
En el caso de las de verduras uno puede tomar
cuantos zumos quiera (hasta 5 litros/día).
No así si se usan frutas ya que el exceso
de azúcares nos haría engordar. Adelgazan
-si se siguen suficiente tiempo y con mesura-
pero tienen un problema: no se ingiere proteína.
Razón por la que no pueden seguirse durante
demasiado tiempo. Son buenas, pues, para curas
cortas.
d) Otras propuestas. Entre las dietas
líquidas se han popularizado muchas. Es el
caso, entre otras, de La dieta de la
sopa de tomate, La dieta del pomelo o
La dieta del limón. Pero no se justifica
su popularidad. Sólo sirven para desintoxicarse,
perder algo de volumen, eliminar retención
de líquido, algo -poco- de grasa y, por ende,
de peso. De hecho, lo normal es que uno vuelva
a recuperar lo perdido en cuanto empieza a
alimentarse normalmente. Por tanto, no nos
detendremos en ellas.
LA DIETA VEGETARIANA
Inspirada en el
Ayurveda hindú, sus reglas son simples:
a) No se puede comer ni pescado ni
carne.
b) Las frutas, los frutos secos, las
verduras y las hortalizas es preferible comerlas
crudas. En caso de cocerlas, hacerlo a baja
temperatura (a unos 70º). Y no abusar de ellas.
c) No freír los alimentos; y de hacerlo,
con poco aceite.
d) Ayunar una vez por semana. Beber
sólo agua durante esas 24 horas.
e) Comer despacio, masticando y ensalivando
bien los alimentos.
f) No beber nada fermentado. Y tomar
al menos dos litros de agua diarios.
g) Sustituir el pan blanco por el integral,
el azúcar blanco refinado por miel o azúcar
negro y los cereales descascarillados por
los integrales.
h) Renunciar a las sustancias estimulantes
como el alcohol, el café, las especias picantes,
la sal y los huevos.
i) Evitar los alimentos enlatados y
los que contengan ingredientes sintéticos.
j) Descartar las bebidas gaseosas y
no naturales prefiriendo zumos de fruta fresca
y jugos vegetales.
En suma, más que una dieta se trata de una
filosofía de vida. Comer así implica un aporte
calórico bajo y, por tanto, la pérdida de
peso es segura si no se abusa con la comida.
El único problema que puede presentarse es
la falta de proteína si bien puede resolverse
mezclando cereales con legumbres. O la falta
de vitamina B-12, lo que se resuelve tomando
algas.
En cualquier caso, es más aconsejable que
la dieta fuera ovolacteo-vegetariana. Es decir,
que se incorporasen a la dieta tanto los huevos
como la leche y sus derivados. Entonces esos
problemillas desaparecerían.
Ahora bien, deben seguirse las normas indicadas;
de lo contrario, puede incluso engordarse.
Porque hincharse a comer frutos secos, fruta
-especialmente aguacate o plátano-, legumbres
o queso puede llevar también a la obesidad.
LAS DIETAS DISOCIADAS
No buscan limitar
el aporte energético al organismo sino ocasionar
una disrupción de los mecanismos funcionales
que impida aprovechar eficazmente los nutrientes
obligando así al cuerpo a utilizar sus reservas
de grasa. Lo que se consigue mediante la disociación
de alimentos, es decir, no tomando en la misma
comida proteínas complementarias o glúcidos
y lípidos juntos. Tiene la ventaja de que
no se elimina ningún alimento pero el problema
es que el método sólo funciona si entre una
comida y otra se dejan pasar entre 8 y 12
horas. Y eso es casi imposible. Porque si
alguien toma cordero asado con verdura para
comer y de noche ingiere también carne con
verdura, no engordará. Pero si esa noche se
toma un plato de pasta, por ejemplo, al no
haber transcurrido tiempo suficiente ambos
alimentos -lípidos y glúcidos- harán que se
asimile la grasa ingerida engordando.
Son muchas las dietas disociadas que existen.
Las más conocidas son:
-La dieta de Antoine. Se basa en consumir
un solo tipo de alimento al día. Así, verduras
los lunes, carne los martes, huevos los miércoles,
etc., sin mezclar. Y es verdad, así se adelgaza.
Pero el desequilibrio al que se somete al
cuerpo produce tales problemas -en especial
al intestino- que le recomendamos que no la
haga.
-La dieta del ejército israelí. Al
parecer no tiene nada que ver con él a pesar
del nombre. Es similar a la de Antoine pero
con la diferencia de que se toma el mismo
alimento dos días seguidos: dos días sólo
carne de ave, dos días sólo manzanas... Tiene
los mismos inconvenientes que la anterior
pero agudizados. Sin contar el cansancio que
produce comer así.
-La dieta de los incrementos desequilibrados.
Consiste en tomar en periodos alternativos
un determinado alimento en grandes cantidades
que se complementa con pequeñas cantidades
de otro para intentar contrarrestar los posibles
efectos negativos. Así, propone comer un día
sólo pomelo y huevos duros, otro vino y queso,
etc. Una manera de alimentarse que cansa rápidamente
y no permite seguirla suficiente tiempo como
para contrarrestar sus resultados.
-La dieta del pollo. Consiste en alimentarse
sólo con pollo y ensalada durante todo el
tiempo que se siga. Es verdad que adelgaza
pero no es menos cierto que no aporta al organismo
los micronutrientes necesarios para la vida.
Salvo que se ingieran los mismos aparte en
preparados farmacéuticos, es peligrosa. Y
aburrida por monótona. Aunque el mayor peligro
está en que hoy la mayor parte de los pollos
se engordan con hormonas y una ingesta masiva
puede tener efectos adversos importantes.
LAS DIETAS HIPOCALÓRICAS
Son las más numerosas
y en ellas se basan casi todos los regímenes
personalizados de los expertos en Nutrición
porque pueden hacerse equilibradas. La idea
es ingerir diariamente menos calorías de las
que se consumen. Se basan, pues, en contar
calorías por lo que en realidad cada uno puede
fabricarse su propia dieta. Sólo hay que hacer
que la suma total de lo que se come no exceda
las 1.000-1.400 calorías (hay muchas tablas
con las calorías que tiene cada alimento por
kilo). Y funcionan... durante un cierto tiempo.
Porque en cuanto el organismo iguala el consumo
energético a la ingesta -lo que hace sin mayores
problemas- uno deja de adelgazar. Y el problema
es que en cuanto el sufrido paciente vuelve
a alimentarse normalmente suele volver a engordar
y recuperar lo perdido.
LAS DIETAS CETOGÉNICAS
Son las que eliminan
los glúcidos o hidratos de carbono de forma
total o parcial -en este caso disociando su
ingesta- para obligar al organismo a utilizar
las grasas -propias o de la ingesta- para
fabricar la glucosa. Las más conocidas son
La dieta de Atkins y La dieta de Montignac
(ésta última, una copia de la primera, hace
sin embargo afirmaciones falsas). Pero funcionan.
Se basan en eliminar totalmente durante el
periodo de adelgazamiento los glúcidos o hidratos
de carbono permitiendo ingerir todo lo demás.
El problema es que al permitir la ingesta
de carne roja, embutidos y quesos de todo
tipo se acumulan en la sangre gran cantidad
de cuerpos cetónicos que pueden alcanzarse
niveles muy peligrosos para la salud (se puede
perder hasta la vida). Además, el cuerpo utiliza
primero esa grasa ingerida en lugar de la
propia. Decir, finalmente, que es frecuente
constatar que, tras la pérdida de peso, uno
tiene el hígado graso. Con lo que eso supone.
LA DIETA DEFINITIVA
Quienes nos siguen
desde el número 1 ya la conocen. Se trata
de una dieta equilibrada que aporta al organismo
todo lo que necesita con las ventajas de otras
dietas y ninguno de sus inconvenientes. Y
funciona con todo el mundo. Con la ventaja
añadida de que no hay que contar calorías
ni pesar la comida, no se pasa hambre, no
hay que tomar suplementos vitamínicos ni fibra
extra, no hacen falta diuréticos y no hay
que hacer otro ejercicio que el de caminar
media hora diaria a buen paso. La pérdida
de peso -líquido y grasa acumulada- dependerá
del que uno tenga al iniciarla pero suele
estar entre los 5 y 10 kilos al mes.
Es, pues, nuestra propuesta para el lector.
Se la resumimos a continuación en la certeza
de que con él también funcionará. De forma
más rápida, más segura, más equilibrada y
más completa que con cualquier otra de las
mencionadas. Porque las que no mencionamos
-y son muchas- ni las tenemos en cuenta: algunas
pueden hacer perder al lector unos kilos con
mucho esfuerzo... para recuperarlos después.
Y, encima, suelen tener en general efectos
adversos.
José
Antonio Campoy