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| BIOENERGÉTICA:
LA MEDICINA DEL FUTURO. Entrevista al Dr. Jorge Carvajal |
Prestigioso médico
de renombre mundial, el doctor Jorge Carvajal
se dedica desde hace décadas a la investigación
y desarrollo de terapias encuadradas en el
ámbito de la Bioenergética. Terapias en las
que utiliza láseres de baja frecuencia para
desbloquear y reequilibrar los centros energéticos
a través del sistema retículo-endotelial favoreciendo
así la conexión celular. Un método tan poco
conocido por la comunidad médica como efectivo.
Pero lo que más destaca de este excepcional
filósofo de la Medicina que un día se hizo
cirujano es la filosofía que sobre la vida,
el hombre, el mundo, el universo y, por ende,
la Medicina, posee.
Médico cirujano de la Universidad de Antioquía
(Colombia), el doctor Jorge Carvajal
lleva dedicado a la práctica clínica, la docencia
y la investigación de las llamadas Medicinas
Complementarias desde hace más de veinte años.
Autor del libro Un arte de curar y
de otras numerosas publicaciones sobre bioenergía,
medicina, conciencia y sanación este singular
y extraordinario médico de prestigio mundial
es poseedor de una amplísima experiencia que
le permite ayudar a recuperar la salud a las
personas enfermas con métodos terapéuticos
poco convencionales (si nos atenemos a la
concepción que se tiene de lo ortodoxo en
materia de salud). Pero lo cierto -para asombro
de muchos de sus colegas- es que los resultados
que obtiene con sus pacientes son tan eficaces
que en su entorno se van agrupando cada año
más profesionales que ven en su práctica no
tanto algo de carácter alternativo o complementario
sino una manera de actuar y entender al ser
humano, la propia existencia y la medicina
más acordes con los conocimientos del siglo
XXI. Razón por la que la posibilidad de poder
charlar con él fue una excelente oportunidad
de acercar al público a su pensamiento. Lo
único que lamentamos es que estas breves páginas
sólo nos van a permitir dar unos apuntes sobre
su persona y su labor habiéndonos visto obligados
a dejar gran parte de la entrevista sin transcribir.
Son tantas las cuestiones que le hemos planteado
y tantas las aclaraciones que habría que hacer
para que se comprendiera la profundidad de
lo que transmite que, muy a nuestro pesar,
no ha habido otra solución. Ojalá en los próximos
meses tengamos oportunidad de ampliar la información
que hoy adelantamos.
-¿Por qué un profesional de la práctica
médica convencional como usted decide dedicarse
a la Medicina Bioenergética?
-Porque la Bioenergética es, en nuestra
cultura latina, una visión del mundo desde
lo cotidiano, una actitud hacia la vida más
que una técnica por la que se decide optar.
Hay bioenergética en la magia cotidiana del
sol que te calienta y que modifica los pulsos
de la epífisis y la melatonina; en la mente,
no ya fuera del cuerpo sino en cada célula;
y en la integridad inseparable de la vida
también hay bioenergética. Es bioenergética
la atracción magnética que una persona con
paz interior ejerce sobre otras. En la conciencia,
en la palabra, en la mirada, en la caricia,
en la cascada de la evolución hay tanta información
y tanta energía interactuando con la materia
que la Bioenergética, más que una ciencia
o técnica para escoger en lugar de otras técnicas
o ciencias, es como un orden subyacente o
implícito en la corriente misma de la vida.
-¿Cómo ve, en ese sentido, a la profesión
médica actual, a sus colegas que practican
la medicina convencional? ¿Cree que tardarán
mucho tiempo los estamentos oficiales en admitir
el tipo de terapias que usted practica?
-El arte de sanar tiene miles de años.
La profesión médica, en tanto que ciencia,
es apenas una recién nacida. La Medicina es
más arte que ciencia, tiene más de actitudes
que de aptitudes, más de compromiso que de
técnicas asépticas. La Bioenergética no es
una medicina alternativa pues incluye a la
medicina convencional, la utiliza y la complementa
con otras técnicas que, más que antagónicas,
son complementarias. Así como no sería posible
comprender hoy la acupuntura y sus efectos
sin echar mano de la neurociencia no es posible
hablar de conciencia sin referirnos al campo
cuántico. La de hoy es una cultura de síntesis
en la que la única mentira es la verdad absoluta
o el dogma. Ayer los biólogos buscaban en
la Física la raíz de la conciencia y de la
vida pero hoy, para muchos físicos de vanguardia,
como para los antiguos rishis, la conciencia
es el campo unificado. Es decir, la conciencia
se volvió un sustrato lícito de la investigación
científica. En esos términos, ¿dónde está
la frontera entre lo oficial y lo alternativo?
Hace mucho tiempo que esa frontera dejó de
existir. Por eso no se trata ya de obtener
el reconocimiento de otros estamentos sino
de saber que nuestro marco de acción es el
de una sola humanidad que requiere una medicina
más humana, es decir, más integral. Soy muy
optimista respecto del porvenir pues la nuestra
será una cultura de salud fundamentada en
la integración de todos los territorios terapéuticos,
de tal manera que no habrá competencia entre
la medicina oriental y la occidental, entre
la medicina natural y la tecnológica, entre
las medicinas "duras" y las "blandas". Lo
oficial será en el mundo no sólo lo vigente
en el plano académico o económico sino también
-y sobre todo- lo culturalmente vigente ya
que los sistemas médicos, con sus territorios
terapéuticos, no son sino estrategias de supervivencia
de las culturas. Se puede ser blando con un
bisturí o duro con un medicamento homeopático.
Eso depende de nuestra propia humanidad como
terapeutas. Conozco muchos médicos "convencionales"
que dieron ya el salto hacia una ciencia médica
con conciencia; y a muchos médicos "alternativos"
que siguen anclados a un paradigma que no
ve en la vida más que un conglomerado molecular
con sus correspondientes emisiones electromagnéticas.
-Según su planteamiento, ¿cómo definiría
la enfermedad?
-Cuando nacemos empezamos a morir. Pero nacer
y morir no son más que fases diferentes del
continuo vivir. Así como morir y vivir no
son opuestos, la salud no es lo contrario
de la enfermedad. Muchos enfermos sintomáticos
están más sanos que aquellos que no han tenido
el maestro de la enfermedad para aprender
el significado del vivir. No hay nadie totalmente
sano pues todos, ya al nacer, estamos incubando
algún tipo de enfermedad. La salud no es un
estado, es una tendencia, una condición relativa
que puede ser definida como una cualidad esencial
ligada al ser, que se revela como integridad.
No tenemos más o menos salud: somos más o
menos saludables en la medida en que somos
más o menos íntegros. En ese sentido, la enfermedad
es pérdida de integridad, revelada como disolución
del ser en cualquiera de sus vehículos o estados
de conciencia, sean estos físicos, emocionales,
mentales o espirituales. Pero, frecuentemente,
la enfermedad, al permitirnos despertar, reconocernos
más allá de las apariencias y avanzar hacia
un estado más incluyente de la conciencia
es, paradójicamente, el mejor agente de la
salud.
-¿Cuál es para usted el concepto de medicina
bioenergética?
-Es una actitud hacia la vida fundamentada
en una visión del mundo que no sólo concibe
cascadas de causalidad sino que acepta tendencias
de probable finalidad. Es una práctica de
la medicina que no sólo reconoce la validez
de la observación objetiva sino que reivindica
la necesidad de una aproximación subjetiva
al hombre cuya desarmonía se arraiga frecuentemente
en la profundidad de sus emociones.
La Bioenergética implica rescatar para la
medicina al hombre, esa humanidad viva en
terapeutas y pacientes. Porque sólo una ciencia
médica con sujeto puede tener objeto. La Bioenergética
ha propuesto el rescate del sujeto en su plena
integridad volviendo a integrar aquello que
descuartizamos en nuestra loca carrera hacia
las subespecialidades. Desespecializar, integrar
y rescatar ese territorio de la conciencia
donde tienen plena vigencia las sincronicidades
y las correspondencias es la propuesta de
la Medicina Bioenergética.
-¿Es la figura del terapeuta un interfase
o puente entre el paciente y la enfermedad?
-La enfermedad no es algo externo que le sucede
al paciente sino que forma parte de su estilo
de vida, de su actitud hacia el mundo, hacia
sí mismo. Está relacionada con la imagen que
tiene de sí. El terapeuta está ahí para que
el paciente se mire y se reconozca. Para que
reconozca la otra mitad de sí mismo sumergiéndose
en ese océano interior que esconde su verdadero
potencial: el de un sanador interior. El terapeuta
es el catalizador de un proceso de conciencia,
de un despertar interior que permite al paciente
recuperar su poder: el de su propia conciencia.
Y esto no es simplemente el arte de sobrevivir
o soportar la enfermedad, es también el arte
de liberarse, de desprenderse, de desapegarse,
de morir descubriendo en todo el proceso la
continuidad de la vida. La gente no busca
un técnico. En su inconsciente añora encontrar
al amigo, al hermano, al sacerdote, al consejero,
a la madre que la vida le negó... un hombro
para llorar, una sonrisa para compartir, una
llama para encender la tea de su propio corazón.
La terapéutica es música en la que uno apenas
pulsa la cuerda sensible para que el paciente
reconozca su nota y su lugar en el concierto
de la humanidad.
-¿Quién puede ser sanador? ¿Qué cualidades
debe reunir?
-Todos, en cada instante, cuando el milagro
de la vida se reconoce, cuando la sinfonía
de la integridad se restablece, participamos
del arte sublime de sanar. Toda relación humana
puede ser terapéutica si se fundamenta en
la comprensión amorosa. El sanador debe ante
todo tener pureza magnética, lo cual significa
honestidad a toda prueba. Esto es, coherencia
en su pensar, en su sentir, en su actuar;
es decir, integridad. Somos íntegros cuando
somos honestos, cuando somos lo que somos.
Y desde ese ser, nuestro ser, somos de la
misma esencia de todos los seres y, por ello
mismo, sanadores. Se sana la vida revelando
el ser, esa esencia permanente que no muere
con la muerte pues es cauce de todas las corrientes.
Un buen carácter, una motivación transparente,
una genuina devoción por el alma, un deseo
ardiente de servir y, por último, aunque no
menos importante, un adecuado entrenamiento
son algunas de las cualidades de un buen sanador.
-¿Qué tipo de patologías trata más frecuentemente
con la terapia bioenergética?
-En general, todas las enfermedades crónicas
son susceptibles de mejorar con la terapia
bioenergética. Lo cual no significa que la
terapia bioenergética sea una panacea o simplemente
mejor que cualquier otra terapéutica. La mejor
terapia es la que le sirve a nuestro paciente,
cualquiera sea su nombre o su procedencia.
¿Qué paciente sufre la enfermedad? ¿En qué
terreno ha germinado la misma? Son preguntas
cuyas respuestas son más importantes para
la Bioenergética que el tipo de enfermedad
que sufre el paciente. Una enfermedad no es
una entidad con existencia propia, forma parte
de alguien y ese alguien nos importa mucho
más que la "entidad nosológica" de la enfermedad.
-Según apuntan las últimas tendencias,
la enfermedad no sería sino la manifestación
en el organismo de un conflicto emocional,
pero, ¿sin eliminar el conflicto emocional
puede haber una sanación real y duradera?
-Curar tiene que ver con el alivio de los
síntomas. Sanar se refiere a rescatar la integridad
aprendiendo la lección del evento físico,
emocional o mental que origina la desarmonía.
Más que modificar o eliminar el conflicto
emocional se aprende la lección del conflicto
y éste se revela como un maestro. Cuando aprendemos
la lección ya no hay conflicto puesto que
lo que eran opuestos ahora son complementarios.
Se restablece la armonía interior cuando somos
aprendices pues el médico interior, el verdadero
sanador, es siempre un aprendiz. Así, es posible
estar sanos aunque tengamos alguna enfermedad
y es posible seguir enfermos aunque nos hayamos
curado de algún mal por la supresión o eliminación
de un conflicto emocional; y es que la modificación
o eliminación del conflicto, aunque nos libere
momentáneamente de los síntomas, no nos libera
de su repetición si no hemos aprendido la
lección. Sanarse es aprender; de la misma
forma en que el sistema inmune aprende la
lección de los gérmenes, nuestra conciencia
aprende la lección que nos traen los conflictos
emocionales. Las enfermedades pueden ser reediciones
o reiteraciones del mismo conflicto emocional
básico de nuestra infancia por lo que hasta
que no aprendamos realmente la lección estamos
condenados a reeditar la fricción del conflicto
en el seno del cuerpo. Es tan importante la
auténtica sanación emocional que en más de
veinticinco años de práctica clínica he llegado
a la convicción de que en el núcleo de la
inmensa mayoría de las enfermedades crónicas
hay un conflicto emocional no resuelto.
-¿Cuánto tarda el órgano en recuperarse
cuando se aplican las terapias bioenergéticas?
-Aunque los síntomas clínicos tarden
en aparecer, un shock traumático emocional
que se vive sin la protección amortiguadora
de una red de soporte emocional adecuada incide
sobre la energía y la función del órgano respectivo
así como en su representación cerebral inmediatamente.
Asimismo, la terapia adecuada incide sobre
toda la cascada de eventos relacionados con
la enfermedad de una manera sincrónica. Esto
no quiere decir que siempre sea posible la
restitución anatómica pues existe un status
de no retorno en el cual las lesiones asumen
el carácter de irreversibles. Siempre es necesario
un sustrato, un cerebro para procesar y transmitir
las señales, una reserva orgánica para sostener
las funciones. Por tanto, aún con el estímulo
energético adecuado muchas enfermedades crónicas
no remiten aunque se puedan presentar mejorías
en su evolución y pronóstico. El tiempo de
respuesta varía en función del tipo de estímulo
y la condición del paciente pero va desde
el efecto inmediato hasta el que se instala
lenta y progresivamente en el curso de varios
meses. En casos excepcionales hemos visto
la restitución anatómica allí donde nuestros
conocimientos médicos convencionales decían
que era literalmente imposible; lo que nos
revela que más allá de materia y energía hay
un lugar de la conciencia en el que la enfermedad,
por avanzada que esté, puede ser reversible.
Este es el territorio de la sanación espiritual,
en el que el alma del paciente, el sanador
interior, es el actor principal.
-¿Es cierto que el corazón es el gran
regulador de los ritmos biológicos y que el
cerebro y todo el funcionamiento orgánico
se adecua a este órgano?
-El corazón produce un campo electromagnético
cinco mil veces más potente que el del cerebro.
Este campo es la onda portadora de todas las
demás actividades eléctricas, lo que explica
que en condiciones de registro adecuado el
electrocardiograma se pueda captar en cualquier
parte del cuerpo. Así, por ejemplo, en la
cabeza se puede captar el electroencefalograma
como una pequeña oscilación que "va a caballo"
sobre la onda electrocardiográfica. En el
abdomen de la mujer gestante se podrá registrar
el electrocardiograma de la madre y, por encima,
el del feto. El grado de coherencia de la
actividad cardiaca, medida por la variabilidad
de frecuencia en el tiempo, es hoy una medida
objetiva de estados interiores. Así, un estado
genuino de amor impersonal produce una mínima
variabilidad de la frecuencia cardiaca con
una máxima coherencia que, a su vez, se refleja
en una capacidad incrementada para actuar
sobre otros sistemas vivos. En ese estado
de coherencia interior el amor impersonal
se manifiesta en la capacidad de sanar. Los
investigadores norteamericanos de estos fenómenos
-que no son propiamente alternativos- han
llamado al corazón "el oscilador eléctrico
maestro".
-Al parecer, el bazo es un gran acumulador
de energía, quizás el más importante que tenemos.
Pero, además del bazo, ¿hay algún otro órgano
especializado en procesar la energía? ¿Y qué
pasa si se extrae el bazo?
-El prana o energía vital entrante al sistema
pasa a través de los chakras del bazo adecuándose
a la frecuencia de cada uno de los chakras
o centros mayores de energía. Los chakras
-palabra sánscrita que significa rueda- son,
como usted sabe, los vórtices energéticos
que captan y distribuyen la energía etérica
por el organismo. Pero cuando hablamos del
bazo, como de cualquier órgano en medicina
bioenergética, no sólo nos referimos a su
componente físico sino básicamente a la unidad
etérica. Un órgano extirpado sigue teniendo
existencia desde el punto de vista energético;
por eso se puede experimentar dolor en un
miembro amputado y es posible tratar con un
color o un sonido la contraparte etérica del
miembro u órgano faltante y mejorar situaciones
clínicas como el síndrome del "miembro fantasma".
De hecho, todos los átomos del organismo se
renuevan. A pesar de lo cual, la memoria de
la función y la distribución -el patrón de
organización- permanece. La memoria de nuestro
cuerpo está en el campo de energía etérico
y éste -mientras vivamos- mantiene la plantilla
o molde que permite la constancia de la distribución
y ordenamiento de las energías en su seno.
-¿Los canales por donde circula la energía
etérica son detectables con la tecnología
actual?
-A la luz de los conocimientos actuales,
la realidad eléctrica, fisiológica e histológica
de los puntos de acupuntura es hoy indiscutible.
Como vías de menor resistencia eléctrica de
posible conducción de corriente directa la
existencia de los meridianos está aún sujeta
a discusión aunque la prueba clínica de su
vigencia después de milenios es, sin duda,
más importante que la probable constatación
biofísica. Si asumimos fenómenos vitales que
ocurren por fuera de los límites de nuestra
física convencional, como las ondas no hertzianas,
no podremos obviamente esperar que las registremos
con instrumentos para medir ondas electromagnéticas
convencionales. Nosotros los occidentales
no nos preguntamos tanto si una cosa funciona
o no sino cómo funciona. Y si no encontramos
el cómo negamos el hecho. Es la tiranía de
la lógica como único uso de razón la que nos
ha llevado a posturas a veces irracionales.
No tenemos que esperar la bendición del método
científico para disfrutar el milagro vivo
de la vida cada segundo. La vida se demuestra
a sí misma en el ojo del científico que intenta
descubrirla detrás del microscopio.
-La conexión entre el chakra del plexo
solar y el del corazón parece ser la llave
de la salud y la enfermedad por cuanto controlan
el mundo de las emociones. ¿Es eso así?
-Juntos, el plexo solar y el plexo cardíaco
constituyen un comando magnético procesador
de las energías provenientes del cuerpo emocional.
Cuando la polaridad emocional se orienta a
la satisfacción de las ambiciones del pequeño
yo personal las energías así generadas se
dirigen hacia el plexo solar y son procesadas
por el páncreas, el estómago y el hígado;
y a través de éstos órganos inciden sobre
todo el tracto intestinal. Buena parte de
las enfermedades en nuestra práctica clínica
afectan vísceras y órganos adscritos al plexo
solar expresándose como gastritis, úlceras,
desórdenes biliares, colitis, alteraciones
digestivas, etc., que además de los factores
conocidos por los médicos tienen un motor
oculto en actitudes emocionales dirigidas
a saciar apetitos individuales que se reflejan
en un estilo de vida consagrado a la expansión
del propio territorio. Esto ocasiona una congestión
energética crónica de los órganos adscritos
al plexo solar y se refleja en hábitos alimenticios
inadecuados. La congestión del plexo solar
no puede hacerse sino a costa de disminuir
el flujo de energía hacia el plexo cardíaco
y entonces el corazón y el sistema inmunológico
empiezan a sufrir. Multitud de problemas inmunes
y cardíacos tienen su génesis en desórdenes
emocionales que, al afectar el plexo solar,
terminan afectando también al timo y al corazón.
Podríamos simplemente adecuar la dieta pero
olvidamos que no somos lo que somos por lo
que comemos o bebemos sino que lo que comemos
y bebemos es un manifestación de lo que somos.
Ese ser se revela en actitudes hacia la vida
y es allí donde podría realizarse el cambio.
El cambio de actitud consiste en que, en lugar
de preguntarnos ¿qué espero yo de la vida?
-actitud de pedir que nace del plexo solar-,
nos preguntemos qué espera la vida de nosotros
-actitud de servir que nace del corazón-.
Cuando somos lo que somos por lo que a la
vida le podemos dar y no por lo que podemos
poseer y retener tiene lugar un cambio fundamental
en nuestra evolución: ascendemos en nuestra
humanidad, centrada en nuestra más grande
riqueza, nuestra capacidad de dar. El cuarto
centro o chakra cardíaco es el territorio
de la comprensión amorosa, actitud desde la
que podemos sanar nuestras relaciones. Y sanar
las emociones y las relaciones es la clave
para llenar la vida de sentido.
-Por último, quisiéramos preguntarle por
algo que forma parte de muchas terapias bioenergéticas:
los medallones, las piedras, las gemas....
colocadas sobre el plexo solar o sobre el
corazón, ¿tienen realmente validez terapéutica?
¿Cree que las formas circulares o esféricas
-ondas de forma- producen efectos curativos?
-Lo que uno piensa de una cosa es más importante
para la salud que la misma cosa. Cuando se
utiliza un medicamento que normalmente provoca
el vómito diciendo a los pacientes que es
un medicamento para evitar el vómito el efecto
de su creencia supera la de la sustancia en
sí y el vómito es controlado por la mayoría.
El sistema nervioso y el sistema inmune también
"creen". Así nació la Psiconeuroinmunología,
ciencia que describe y utiliza las interacciones
entre el sistema nervioso, las emociones y
actitudes, y el sistema inmune. Cuando se
asocia sacarina con un tóxico para el sistema
inmune, al dar luego exclusivamente sacarina
el sistema inmune reacciona como si ésta fuera
muy tóxica. Lo mismo sucede con amuletos,
piedras, etc. Además de su acción intrínseca
-que puede o no existir-, lo más importante
es nuestra conciencia sobre ellas. Un amuleto,
un medallón o una piedra pueden no ser más
que un símbolo externo de una conciencia interior.
De ahí deriva su poder. Poder que puede ser
más fuerte sin la piedra porque, en última
instancia, lo que es significativo se inscribe
profundamente en nuestra conciencia y deja
sus huellas en el cuerpo. Una forma, un símbolo
-por ejemplo, la cruz-, un mandala, un mudra,
una postura de hatha yoga, un mantram o una
oración pueden ser muy poderosas si se asocian
a un profundo sentir interior, a una conciencia
viva anclada al corazón. De lo contrario,
serán simplemente cosas inocuas.
Luis Arribas
TERAPIAS BIOENERGÉTICAS
En su libro Un arte de curar el doctor
Jorge Carvajal hace una breve clasificación
de las terapias bioenergéticas que suele aplicar
a sus pacientes: las terapias densas y las terapias
sutiles. Las primeras se dirigen al cuerpo físico
y las segundas al sistema energético vital.
A) TERAPIAS DENSAS
TERAPIAS BIOMECÁNICAS:
Kinesiología,
Osteopatía, Quiropraxis, Automasaje, Rolfing,
Fasciaterapia y Acupresión. Basadas
en el contacto físico con el paciente -esencialmente
a través de las manos como principal instrumento
terapéutico-, su mecanismo de acción tiene secundariamente
un efecto energético a partir de los estímulos
mecánicos, generadores de microcorrientes eléctricas
por la conocida propiedad piezoeléctrica de
las moléculas biológicas.
MEDICINAS NATURALES:
Emplean la luz solar,
el aire, la tierra, el agua, una sana alimentación
y un ritmo de vida acorde con los ritmos de
la naturaleza como elementos indispensables
para mantener una buena salud. La terapia
con arcilla, la Fitoterapia, la Helioterapia
-o terapia con baños de sol-, la Hidroterapia
-que incluye baños de mar y algas marinas- son
formas de tratamientos naturales tan antiguos
como la humanidad. Son recomendables el ayuno
y una dieta adecuada donde no tengan cabida
alimentos potencialmente tóxicos como los azúcares
refinados o las grasas de procedencia animal.
TERAPIAS BIOQUÍMICAS:
Además de la dieta
y el empleo regulado de vitaminas y minerales
se propone la utilización de microdosis de
oligoelementos (en especial determinados
minerales como el zinc y el cobre que existen
en cantidades infinitesimales en el organismo
y son facilitadores de la acción de las enzimas),
la terapia ortomolecular (con megadosis
de vitaminas) -en tanto protegen entre otras
cualidades del efecto tóxico de los radicales
libres, subproductos nocivos de las reacciones
normales de oxidación en los organismos vivos-;
la Mesoterapia (suministro de medicamentos
clásicos en dosis no tóxicas aplicados en microinyecciones
por diversas partes del cuerpo).
TERAPIAS BIOFÍSICAS:
Actúan directamente
sobre el cuerpo físico provocando cambios electromagnéticos
que restauran la función normal del organismo.
Entre ellas, se encuentran la Acupuntura,
la Terapia Neural (fundamentada en la
utilización de microdosis de anestésicos locales
como la procaína o la xilocaína que se infiltran
sobre los puntos de acupuntura, su propuesta
es restablecer la permeabilidad eléctrica de
los tejidos ya que restaura sus comunicaciones
con el resto del organismo). También pertenece
a este grupo la Magnetoterapia, basada
en la aplicación de imanes para restaurar los
desequilibrios producidos en las polaridades
electromagnéticas de membranas celulares y trayectos
de energía como los meridianos de acupuntura.
REFLEXOTERAPIAS:
Se basan en la existencia
de pequeñas pantallas llamadas somatotopías
que reflejan la imagen de todo el organismo.
Las más conocidas son las orejas (Auriculoterapia),
el iris (Iridología), los pies y las
manos (Reflexoterapia plantar y palmar),
la nariz (Nasoterapia o Simpaticoterapia)
y la lengua. A partir de ellas se han trazado
mapas reflejos o cartografías del organismo
que son utilizadas como puertas de acceso a
todo el organismo a fin de conseguir efectos
a distancia a partir de puntos que en la cartografía
representan el órgano o función que ha de tratarse.
B) TERAPIAS SUTILES
Son conocidas como
medicinas vibracionales y actúan fundamentalmente
sobre el campo de energía que rodea e interpenetra
al organismo lo que desencadena un efecto secundario
sobre el cuerpo físico. Las más conocidas son
la Homeopatía, las esencias florales,
la Auriculomedicina, el balance polar
y la Radiónica.
LA HOMEOPATÍA
está basada en el
principio de curación por los semejantes, al
contrario que la medicina alopática convencional
que se basa en la curación por los contrarios.
Algunos fundamentos de la Homeopatía postulan
el almacenamiento de una forma de energía en
los enlaces químicos de las moléculas del agente
utilizado en la disolución de los principios
activos que, posteriormente, pasan a actuar
sobre el conjunto energético.
LAS ESENCIAS FLORALES
se fundamentan en
la utilización de una tintura madre que se prepara
a base de flores silvestres colocadas en agua
de manantial que se exponen a la acción de los
rayos solares. Tienen una acción básica sobre
los patrones emocionales que inciden profundamente
en la génesis de las enfermedades y su pronóstico.
LA AURICULOMEDICINA
utiliza el potencial
del organismo para captar y responder a sutiles
informaciones provenientes de sustancias químicas,
colores, formas, sonidos y campos electromagnéticos.
El diagnóstico y tratamiento se basan en la
detección de cambios en el pulso del paciente.
EL BALANCE POLAR
busca el equilibrio
de las polaridades del individuo empleando filtros
de colores y figuras geométricas cuya acción
sobre el cuerpo físico-etérico ha investigado
el terapeuta, el cual utiliza su pulso -en lugar
de tomárselo al paciente- para percibir alteraciones
en el campo etérico de éste último.
LA RADIÓNICA
utiliza la facultad
de percepción extrasensorial y el concepto de
acción a distancia. Al parecer, el campo energético
humano está capacitado para detectar e interactuar
con diversos patrones geométricos o formas que
van desde símbolos como los mandalas hasta figuras
tridimensionales que se utilizan en bioenergética
guiados por el tipo de reacciones del pulso.
Además
de las descritas, se emplean la sanación
-entendida como el equilibrio de los cuerpos
o estados de conciencia sutiles- y ka sintergética
-fundamentada en la retroalimentación
con las propias emisiones energéticas
para estimular la inmunidad y el autorreconocimiento-.
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