¿Cuántas
veces se ha preguntado usted qué tecnología
dedicada al ámbito de la Medicina utiliza
la energía nuclear y, sobre todo, si
es o no peligroso someterse a ella? ¿Conoce
sus ventajas e inconvenientes? ¿Sabe
en qué se basan los aparatos y técnicas
utilizadas? ¿Qué es y para qué
sirve el radioinmunoensayo, la gammagrafía
y las técnicas con radioisótopos
radiactivos? ¿Son peligrosas las radiaciones
que se reciben?
Qué cierto es que cuando uno cumple los sesenta
años se da cuenta de que entra en lo que los
antiguos aztecas llamaban la "edad de los
nuncas" -"nunca me habían dolido los huesos
de esta manera", "nunca pensé que me
costaría tanto subir esa cuesta", "nunca..."-,
lo que indica claramente que se está empezando
a envejecer.
Bien es cierto que yo había aprendido a convivir
con la tosecilla matutina de antiguo fumador
y con la necesidad de recolocar los huesos
por la mañana al despertar pero, por lo demás,
no era consciente del paso del tiempo. Por
eso, cuando empecé a notarme cada día más
cansado y nervioso lo achaqué al estrés nuestro
de cada día -lógico en un ejecutivo que espera
su primer nieto- y me autorreceté unos tranquilizantes
y un viaje de fin de semana a la costa a ver
a mi hija embarazada.
Pero el remedio, que había funcionado otras
veces, esta vez no surtió el efecto que esperaba.
Cada día me despertaba peor. Una mañana sentí,
para mi propio terror, que me temblaban las
manos y me costaba tragar. Hasta hablar me
resultaba difícil. Y como el miedo es libre,
decidí que lo que me pasaba era realmente
malo. En lo primero que pensé, obviamente,
fue en el cáncer. Con lo que por un momento
me vi operado, sin poder hablar y con el dolor
y la muerte como meta a corto plazo... Excuso
decir que me fui a ver a mi viejo amigo el
médico. Pero de la consulta salí aún más preocupado:
mi tiroides estaba aumentado de tamaño y,
según el facultativo, tenía todos los síntomas
de un hipertiroidismo. Lo malo es que había
que hacer pruebas nucleares para descartar
"cualquier otra cosa".
Eso de nuclear sonaba a centrales, bomba atómica...
en definitiva, a radiaciones. Así que llegué
a casa hecho un manojo de nervios y no sólo
por mi enfermedad. Tal vez porque ni siquiera
me había tranquilizado respecto a mi temor
sobre un posible cáncer. "Hombre -me
espetó-, aún es pronto para quedarnos completamente
tranquilos, espera al resultado de las pruebas".
O sea, que añadió a mis miedos el terror a
unas pruebas que utilizaban radioactividad.
Fue seguramente la peor noche de mi vida.
Tenía que hacerme -me dijo- unos análisis
de sangre por radioinmunoensayo y una gammagrafía
(¿Qué diablos será eso?, me preguntaba).
Y aunque el médico me había explicado que
no iba a recibir una cantidad apreciable de
radiación, no las tenía todas conmigo.
Así que a la mañana siguiente tomé la enciclopedia
de mi hijo pequeño y busqué los términos que
me preocupaban.
¿QUÉ SON LOS RADIOISÓTOPOS?
"Los isótopos
radioactivos -leí en la enciclopedia-
son generalmente metales (iodo, oro, indio,
hierro, talio o tecnecio) cuya actividad se
induce 'contaminándolos' en una fuente radioactiva,
generalmente en un acelerador de partículas.
La radiación de estos elementos 'contaminados'
es débil y de muy corta duración -horas o
muy pocos días- y siempre inferior a la que
puede recibirse en una simple radiografía."
"Mezclados con otras sustancias, en general
orgánicas, esos metales marcados son utilizados
por el organismo como cualquier otro de los
elementos que llegan a través de la alimentación
y se fijan en determinados órganos, tejidos
o huesos, desde los cuales sus emisiones radioactivas
pueden ser analizadas y registradas mediante
diversos sistemas, sean de laboratorio o de
imagen".
"El secreto está en el compuesto utilizado
para combinar con el radioisótopo, que se
elige de tal manera que tenga fijación en
un determinado órgano o sustancia presente
en nuestro cuerpo. Así, los compuestos de
yodo se acumulan en la glándula tiroides,
los de oro o indio, en el hígado y los de
tecnecio tienen una mayor capacidad de fijación
en el hueso."
Nada, que los términos radioinmunoensayo y
gammagrafía no aparecían en la enciclopedia.
Decidí entonces ir al laboratorio en el que
estaba citado para los análisis de sangre
y pedir allí información.
Fue cuando el jefe del laboratorio, mientras
me sacaba sangre, me explicó que la técnica
de radioinmunoensayo -conocida
internacionalmente con las siglas RIA- se
concibió inicialmente -en 1977- como un método
analítico para el estudio de las cantidades
de hormonas producidas por las glándulas del
cuerpo. Básicamente consiste en tomar una
muestra de sangre y, tras separar las células
del suero por centrifugación, poner éste en
contacto con un elemento radioactivo (generalmente
tecnecio -99 o yodo-125) unido a una sustancia
específica para la determinación que quiera
hacerse.
Después de mezclar el suero sanguíneo con
el marcador radioactivo se le somete a un
lavado para separar los elementos marcados
y se mide la radioactividad del compuesto
resultante; ello permite determinar las cantidades
de hormonas, medicamentos o anticuerpos que
se buscan.
En el campo de la alergología, por ejemplo,
estas técnicas permiten no sólo determinar
si una persona es alérgica, sino también conocer
a qué sustancias se es alérgico sin necesidad
de ser sometido a los molestos pinchazos que
aún siguen siendo la base para ese estudio.
La RIA permite también hacer estudios muy
exactos para diagnosticar los anticuerpos
frente a las hepatitis B y C o al virus del
SIDA, no sólo en la fase activa de la enfermedad
sino también cuando el paciente no presenta
ningún síntoma, así como en la detección de
anticuerpos circulantes que acompañan a infecciones
diseminadas por hongos.
Y, lo que es más, me apuntó que el avance
tecnológico y la investigación están abriendo
cada vez más el campo de sus aplicaciones
y es muy posible que, en poco tiempo, las
técnicas puedan abaratarse y conseguir el
análisis de las cantidades de cualquier sustancia
presente en nuestro cuerpo.
En fin, el caso es que salí del laboratorio
algo más tranquilo y me preparé para la prueba
de fuego: la gammagrafía que me había prescrito
mi médico.
Como ya conocía el sistema, nada más llegar
al Centro de Medicina Nuclear pregunté por
el médico que me atendió. Y posiblemente captó
mi angustia, aumentada por los síntomas de
mi enfermedad (estaba nervioso y temblaba),
porque estuvo paciente conmigo y me dio una
explicación amplia y comprensible:
Así, me contó que "se engloban bajo el
nombre genérico de Gammagrafía una
serie de técnicas que tienen en común utilizar
la radiación gamma de la radioactividad para
lograr imágenes de los distintos órganos del
cuerpo. Con la ventaja sobre la radiología
convencional de que proporciona un estudio
de cómo está funcionando el órgano que se
investiga y no simplemente una imagen anatómica".
"La base -añadiría-, como en los
estudios de laboratorio de RIA, es la fijación
de los compuestos radioactivos en los distintos
órganos y su técnica es de lo más simple:
el compuesto débilmente radioactivo se administra
el paciente por boca o inyección y posteriormente
se toma una imagen a través de un gran contador
de radiaciones -la gammacámara- que registra
la concentración de radioisótopos, no sólo
en el órgano investigado sino en todo el cuerpo
y de una sola vez".
Es decir, que lo importante de la gammagrafía
es, precisamente, que permite un estudio de
la función del órgano explorado. Por tanto,
cuando se administra un compuesto de tecnecio
que se acumula en el tejido normal del hígado
la imagen obtenida por la acumulación de la
radioactividad en él permite saber si existen
zonas donde no hay actividad radioactiva y
de esa manera investigar posibles tumores
o quistes que serían invisibles a la imagen
radiológica convencional. También el exceso
o el defecto de actividad permite ayudar al
diagnóstico de enfermedades como la cirrosis,
la degeneración grasa o la acumulación patológica
de algunas sustancias como el hierro en las
hipercromatosis, que son la acumulaciones
patológicas de ese metal.
"Una de las ventajas que tiene -añadió-
sobre la radiología tradicional es que permite
detectar algunas lesiones, como las metástasis
o localizaciones de los cánceres en los huesos
mucho antes que las radiografías, con la consiguiente
posibilidad de iniciar el tratamiento más
precozmente".
"La evolución tecnológica ha permitido
que las imágenes tomadas por la gammacámara
sean cada vez de mejor calidad, hasta el punto
de que las máquinas actuales son capaces de
tomarlas de distintos niveles del órgano estudiado,
lo mismo que el escáner o TAC puede hacerlo
con las imágenes de rayos X. Este sistema
de tomografía -o imágenes a distintos niveles-
permite hacer lo que se llama Spect o investigación
funcional de órganos y sistemas, lo que se
ha convertido en las auténticas estrellas
de los medios de diagnóstico en la investigación
de determinadas enfermedades del cerebro y
del corazón."
"Así, el spect cardiaco es ya una técnica
insustituible para la valoración de las enfermedades
coronarias y establecer no sólo su pronóstico
sino también las posibilidades de tratamiento
médico y/o quirúrgico. Consiste en administrar
un compuesto marcado con el isótopo radioactivo
tecnecio-99 que se distribuye por las arterias
coronarias y se fija en el propio músculo
cardiaco. El estudio de esa fijación permite
comprobar cómo funcionan las arterias y las
zonas musculares que puedan estar afectadas
por la mala irrigación de una rama arterial
en mal estado, lo que es una ayuda fundamental
a la hora de plantear una intervención de
recanalización -que no está ni mucho menos
exenta de riesgos- o aconsejar un tratamiento
médico".
También me comentó que algo parecido sucede
con los estudios de este tipo realizados en
el cerebro para el diagnóstico de las epilepsias
o en la valoración del pronóstico de la enfermedad
de Alzheimer o de los tumores cerebrales ya
operados mediante un auténtico "mapa de flujo"
de la sangre a las distintas zonas del cerebro
y la concentración de la radioactividad en
las zonas "calientes" del mismo.
Y no sólo eso. En el estudio de la embolia
pulmonar, complicación muy frecuente en muchas
operaciones quirúrgicas, así como en las flebitis
de las venas de las piernas, en el análisis
del funcionamiento del riñón o en la localización
de trombos o émbolos en toda red vascular
del cuerpo, es fundamental el estudio nuclear.
Su distribución en esos órganos y sistemas
permite visualizar las zonas "mudas" - donde
no se acumula el radiofármaco- y de esa manera
fijar la extensión y profundidad de la posible
lesión.
La verdad es que la prueba, al final, resultó
de lo menos emocionante. Dos horas después
de ponerme una pequeña inyección me hicieron
tumbar en una camilla debajo de un aparato
grande y redondo que fue moviéndose a mi alrededor,
mientras en la pantalla de una consola próxima
iban apareciendo una serie de puntos que acabaron
formando una imagen en bonitos colores...
que no me decían nada.
El médico que me hacía la prueba me dijo que
podía quedarme tranquilo ya que las imágenes
no detectaban cáncer, pero que de todas formas
debía esperar a la consulta con mi médico
para que me diera el diagnóstico definitivo.
Y para allá me fui, aparentemente bastante
más tranquilo aunque por dentro me sentía
irracionalmente angustiado, nervioso y cada
vez más tembloroso. Cuando llegué, mi amigo
tenía esa expresión que ponen siempre los
profesionales cuando tienen que transmitir
una mala noticia: "Chico -me dijo sin
más-, lo tuyo es un poco más complicado
de lo que parecía a primera vista. En la gammagrafía
se aprecia claramente un aumento en la actividad
y tamaño del tiroides, y tienes una enorme
cantidad de hormonas en sangre. Lo que se
dice un hipertiroidismo de caballo. Y a tu
edad, con tu bronquitis crónica y con lo indisciplinado
que eres para tomar fármacos, creo que lo
mejor sería darte una dosis de yodo radioactivo,
que es lo más simple, barato y efectivo para
evitar la crisis que estás iniciando y que
puede llegar a ser muy grave."
"Y como te conozco bien, ya sé que estás
pensando en las dichosas radiaciones, pero
verás: los radioisótopos, cuando se dan como
tratamiento, tienen más radiación que cuando
se usan para diagnóstico, pero toda la radiación
va ir exclusivamente a la glándula sin que
afecte al resto del organismo. Y como hoy
día podemos calcular muy bien las dosis, lo
más probable es que ni siquiera tengas problemas
de funcionamiento del tiroides después. Piensa
que con este sistema no sólo se tratan alteraciones
de funcionamiento como la tuya, sino también
el cáncer en muchas glándulas, la próstata
entre ellas".
En fin, el caso es que después de unos días
de preparación con distintos remedios me sometí
a la pequeña inyección de yodo radioactivo
y tuve que estar un par de días en la clínica.
Y la verdad es que fue como mágico. En poco
tiempo desaparecieron mi angustia, mis nervios,
los temblores y la fatiga. No tuve la menor
molestia ni, después de mi primera experiencia,
miedo a someterme a los análisis y gammagrafías
de control. Hace ya siete años de eso y mis
únicos problemas son mi vieja bronquitis crónica
de fumador y la revolución que mis dos nietos
han producido en mi vida de feliz jubilado.
Andrés
Rodríguez Alarcón
RADIOISÓTOPOS
CURATIVOS
La medicina nuclear
no está centrada sólo en los sistemas de diagnóstico.
La administración de radiofármacos puede no
sólo confirmar un diagnóstico sino también,
en determinadas ocasiones, actuar como tratamiento
activo.
Muchos casos de cáncer de tiroides y determinados
trastornos como el hipertoriodismo por bocio
tóxico multinodular se tratan con una sola
dosis (por supuesto, alta) de yodo radioactivo,
que al mismo tiempo permite seguir la evolución
del proceso por gammagrafías sucesivas que
comprueban la efectividad progresiva del tratamiento.
En algunos casos de trastornos de la médula
ósea (productora de células sanguíneas) se
ha usado un radioisótopo del fósforo, pero
su utilización está actualmente limitada por
la posibilidad de efectos secundarios, como
el desarrollo -a la larga- de una leucemia.
Mejores resultados se obtienen en los tratamientos
de cáncer de próstata -con tumores pequeños-
utilizando radioisótopos de yodo implantados
directamente en la zona que pueden acabar
selectivamente con el tumor en un par de sesiones.
En suma, es verdad que la radioactividad puede
llegar a matar, pero bien utilizada puede
salvar -y de hecho salva- vidas. Todo depende
del uso que se le de.