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| SI
NO TE QUIERES, ¿CÓMO QUIERES QUE TE QUIERAN? |
¿Cómo
esperar que los demás nos valoren y nos aprecien
si nosotros mismos no nos valoramos ni apreciamos?
¿Cómo esperar que les gustemos si no nos gustamos?
¿Cómo esperar que nos quieran si no nos queremos?
¿Cómo ser felices si tenemos un problema de
autoestima? ¿Es este su caso? Y si es así, ¿sabe
qué hacer?
La falta de autoestima es un problema que
sufren -sean o no conscientes de ello- muchas
personas. Pese a lo cual, para la Psicología
convencional -no así para la Psicología Transpersonal
-este no ha sido precisamente hasta hace muy
poco tiempo ni el trastorno de la conducta humana
más estudiado ni al que más importancia se ha
dado. Es más, apenas fue tenido en cuenta hasta
que los responsables de las grandes multinacionales
observaron que había una incidencia directa
entre la estima personal de los trabajadores
y su rendimiento -y, por consiguiente, de los
beneficios empresariales-, haciendo que se replanteara
su trascendencia social (veáse el recuadro sobre
este asunto).
Pero, ¿qué es la falta de autoestima? Pues este
problema psicológico se podría definir como
la falta de confianza que una persona tiene
en sus propias facultades. Es decir, la persona
que sufre falta de autoestima se siente inferior
a los demás, considera que no da la talla; algo
que generalmente le sucede tanto en sus obligaciones
personales como en sus compromisos profesionales.
Es más, aguarda -sin darse cuenta- a que algo
le salga mal o no al menos como era de esperar
para "demostrarse" a sí misma y a los que la
rodean que estaba en lo cierto cuando decía
que no estaba preparada para realizar ese trabajo.
Pero, ¿cuándo y por qué emerge la falta de autoestima?
Está claro que no es un problema que aflore
en el ser humano de un día para otro. Son varios,
obviamente, los factores que hacen que éste
se desencadene y que, además, no sean siempre
los mismos en todas las personas. En cualquier
caso, se puede decir que, en líneas generales,
son la timidez, el sentirse inferior en conocimiento
a los demás, la carencia de don de gentes (verbo
fácil), considerarse poco agraciado físicamente,
la falta de valoración por parte de los familiares,
no encontrarse integrado con sus amigos y con
las personas que le rodean, considerar que los
demás sólo ven sus errores y no sus virtudes
y sus aciertos en las cosas que hace, amén de
otras características, las que ahondan en la
falta de autoestima o valoración personal.
Es decir, todos estos aspectos hacen que poco
a poco la persona que no se valora y constantemente
está viendo sus "defectos" -olvidando que nadie
es perfecto- entre sin darse cuenta en una dinámica
de falta de autoestima que puede derivar, si
no se ataja, en un proceso paulatino de destrucción
personal; porque siempre encontrará una causa
para ver inconvenientes y deficiencias a sus
actuaciones, llegándose a veces -en casos extremos-
incluso a una sensación de satisfacción personal
cuando observa que no ha alcanzado un resultado
bueno. Es en ese momento cuando la persona carente
de autoestima autoafirma su conducta y, si hay
personas a su lado, no dejará de decir una de
sus frases más repetidas por este tipo de individuos:
"Ya sabía yo que no estaba preparado para ello".
Así, en opinión de la psicóloga Eva Sánchez
Fraile, "las personas con baja autoestima
se muestran inseguras, temen comportarse de
forma espontánea por miedo a la crítica y buscan
experimentar sentimientos de culpa, evitando
tomar decisiones y afrontar responsabilidades
o nuevos retos. Son personas muy autocríticas
que distorsionan las situaciones y sus propios
pensamientos".
UN ASUNTO DE TODOS
Llegados a este
punto es preciso señalar que la falta de autoestima
no es un estado exclusivo de determinadas personas;
antes bien, es algo que afecta a cada uno de
los seres humanos ya que todos, en mayor o menor
medida, en más o menos ocasiones, la hemos sufrido.
Es decir, hasta el mayor encantador de serpientes
y el triunfador nato pueden caer en sus garras
en cualquier momento. Todos estamos expuestos
a ser testigos directos de algunas de las causas
anteriormente mencionadas. Porque aun siendo
fuertes y gozando de una alta estima personal
podemos convertirnos en víctimas.
En ese sentido, Eva Sánchez Fraile señala que
"el hecho de que nuestra autoestima no sea
estable depende de situaciones muy puntuales;
disminuye, por ejemplo, cuando nuestras expectativas
no coinciden con la realidad, cuando sufrimos
acontecimientos adversos, etc. Es también muy
frecuente -agrega- que personas que sufren
trastornos de ansiedad y depresiones experimenten
una pérdida de autoestima importante".
En suma, la falta de autoestima no es un trastorno
de la conducta que afecta a unos pocos; es un
problema que afecta a muchos. Y si bien en algunas
ocasiones es sólo un proceso temporal, en las
más es un estado que se dilata a lo largo del
tiempo. A fin de cuentas, son muchas las personas
que parecen preferir vivir sin llegar a aceptarse
tal y como son, negándose su propio cariño.
No obstante, aquellas personas que se ven inmersas
en un proceso de falta de autoestima de manera
temporal no responden al barómetro -que suele
ser bastante común- de aquellas que viven en
una situación permanente de carencia de estima
personal.
CLASES DE FALTA DE
AUTOESTIMA
Y si ya hemos visto
que las causas de la falta de autoestima radican
en varios factores, también hay que hablar de
diferentes clases de falta de autoestima, en
opinión de los psicólogos de vanguardia. Así,
entre otras, habría que resaltar la falta de
autoestima crónica, es decir, aquella
cuyos causas se remontan a la infancia y está
ligada directamente con la falta de valoración
que el niño tiene de sus padres, de sus amigos,
de los profesores y del resto de las personas
que conformaron su mundo. Es posiblemente la
más traumática porque sus repercusiones no sólo
comienzan a notarse cuando el niño es pequeño
sino que delimitan sus actuaciones cuando está
creciendo y se hace mayor. De ahí que, hoy por
hoy, los responsables de velar por la educación
infantil den tanta importancia a fomentar la
autoestima en el niño. En ese sentido, Eva Sánchez
Fraile nos dice que "es fundamental que el
niño se sienta aceptado incondicionalmente,
es decir, sienta que es querido por lo que él
es, que se le escuche y se le atienda en un
ambiente de seguridad. El adulto no debe de
negar los sentimientos expresados por el niño,
ni quitarles importancia. No le comparemos con
otros y evitaremos las ridiculizaciones y las
amenazas. Por el contrario, el educador ha de
proporcionar al niño oportunidades reales de
éxito, ofrecerle alternativas, negociar con
él normas y darle responsabilidades dependiendo
de sus capacidades".
De hecho, ya se está trabajando en ese sentido
en muchas guarderías y escuelas infantiles.
Así nos lo puso de manifiesto, por ejemplo,
María Fernández de los Ríos, coordinadora
general de la escuela infantil Los Angelitos,
quien nos diría que una de las metas de su centro
es precisamente "que los niños fomenten al
máximo su autoestima, por lo que nuestras educadoras
buscan potenciar por medio del juego la propia
identidad del niño y la confianza en sus propias
posibilidades".
La importancia que tiene para una buena educación
integral fomentar la estima personal -nos explicaría
Eva Sánchez Fraile- lo recogía ya la Ley Orgánica
del Sistema Educativo (LOGSE), que "contempla
éste y otros problemas en uno de sus principios
básicos: la atención a la diversidad. No todos
los niños tienen las mismas necesidades ni los
mismos ritmos de desarrollo, por lo que la respuesta
educativa no puede ser homogénea y debe adaptarse
a cada niño. La labor del educador es conocer
las capacidades, necesidades, intereses, conflictos,
etc., de cada niño y adaptar programaciones,
recursos, espacios y tiempos con la finalidad
de potenciar el desarrollo del menor".
Luego estaría la falta de autoestima atemporal,
aquella que se presenta en función del tiempo
y de las circunstancias que vive el sujeto.
Es decir, se destapa en el momento en que queda
al descubierto un factor que la persona que
la sufre mantiene oculto. Por tanto, el sujeto
se comporta como una persona segura... hasta
que emerge a la superficie ese algo que no desea
que salga a la luz; y eso lo denota, por ejemplo,
la agresividad cuando va conduciendo, el no
saberse dirigir a sus subordinados o el no saber
perder en el juego. Su conducta varía tanto
que cuando es descubierto deja de ser el emprendedor
nato y se vuelve un ser sumiso. En definitiva,
es una persona segura hasta que le colocan delante
de sí el punto vulnerable.
Otra modalidad de falta de autoestima es la
conocida como carencial y afectaría a
aquellas personas que descubren que quienes
les rodean les superan en conocimiento y en
información. Momento en el que comienzan a sentirse
desplazadas y a sentir temor en su comportamiento.
Es decir, pasan a mostrarse inseguras.
También es importante la falta de autoestima
dormida, que es aquella que surge en la
persona que menos se espera. Es decir, suele
darse en personas arrogantes. Sin embargo, es
suficiente una pequeña depresión para que estos
individuos se sientan de pronto un cero a la
izquierda.
Y, por último, estaría la falta de autoestima
que no surge y que sería bueno que aflorara
para cambiar o modificar una conducta, aunque
fuera temporalmente, sobre todo porque suele
darse en personas que, para que conozcan sus
propias limitaciones, necesitan de otras que
les pongan en evidencia a fin de que vean sus
conductas reflejadas en un espejo.
ENFRENTARSE AL PROBLEMA
Ahora bien, conocer
qué es la falta de autoestima, cuáles son los
factores que llevan a ella y las diferentes
clases que existen no es suficiente para enfrentarnos
al problema. Entonces, ¿qué hemos de hacer?
Como se ha venido apuntando, la falta de autoestima
no es otra cosa que la ausencia de valoración
personal, la falta de confianza en uno mismo
y la carencia de motivación en el ser integral.
Claro que no debemos de pasar por alto una cosa
muy importante: cuando uno carece de autoestima
lo que está potenciando es la concreción de
una energía negativa (la falta de valoración
en sus posibilidades) que terminará afectándole.
De ahí que pueda llegar a sufrir depresiones
periódicas y las somatice; es decir, que puede
llegar incluso a sufrir determinadas dolencias,
aunque sea un simple constipado en verano o
una diarrea habiendo comido alimentos en perfecto
estado, antes que afrontar el asunto que le
ocupa.
Una situación que podría evitarse con algo tan
sencillo como el autoanálisis. Es decir, cuando
una persona sufre falta de autoestima, si desea
que su problema encuentre vías de solución puede
comenzar a enfrentarse a él de una manera tan
sencilla como colocarse delante de un espejo
y formularse las siguientes preguntas: ¿Soy
justo conmigo y con los demás? ¿Por qué me da
miedo enfrentarme a las situaciones? ¿Cuáles
son las causas? ¿Por qué no las supero? ¿Hago
algo para remediar la situación? ¿Por qué pienso
que yo no podré hacer eso? ¿Y si estoy equivocado?
Pues bien, si hacemos eso -según la Psicología
de vanguardia- el subconsciente irá dando poco
a poco las respuestas adecuadas a modo de pequeñas
pildoritas que llegarán en forma de información
al consciente. No olvidemos que la falta de
autoestima se cura pero que es sólo la persona
implicada quien lo puede hacer. En suma, primero
hay que ser consciente del problema, luego asumirlo
y analizar sus causas y después buscar las soluciones
adecuadas.
¿CÓMO POTENCIAR LA
AUTOESTIMA?
Bien, pues aunque
le parezca sorprendente, si queremos superar
la falta de autoestima tendremos que empezar
por querernos más. Es decir, como recoge el
dicho popular, "no podemos pedir a los demás
que nos quieran si ni siquiera nos queremos
nosotros". En definitiva, hemos de ser conscientes
de que la falta de autoestima no es más que
una manera encubierta de miedo al fracaso y
que si conocemos nuestras limitaciones y las
asumimos, si nos aceptamos tal como somos, dejaremos
de sentir miedo. Porque si logramos ser nosotros
mismos, comenzaremos a tener coherencia en los
actos que realizamos, tendremos perseverancia
y una actitud positiva ante las cosas. No nos
amilanaremos y no sentiremos ya temor de dar
el paso hacia adelante, pese a quien pese -sin
hacer, por supuesto, daño a nadie- y sea cual
sea el resultado final. Actuando así, el ser
que tiene falta de autoestima superará la barrera
y dejará de sufrir el problema que, además,
le está impidiendo evolucionar como persona.
Ahora bien, hay que tener en cuenta otros factores
además de los hasta este momento mencionados;
por ejemplo, el ambiente en el que se mueve
quien sufre de falta de autoestima. Porque es
obvio que si se vive en un entorno de melancolía,
de tristeza y, además, las personas de su entorno
tienen su mismo problema, salir de esa situación
le será sumamente difícil. De ahí que sea fundamental
que no se rodee de otras personas con su mismo
problema sino de gente alegre y ambientes luminosos
y que lleve ropa cómoda de colores intensos
(rojos, azules, verdes, amarillos, etc.,). A
fin de cuentas es sabido que las flores, las
plantas, los colores suaves y, al mismo tiempo,
las prendas con colores vivos ayudan a despertar,
dando vida y fuerza, por lo que es muy importante
cuidar ese aspecto. Es decir, en la medida en
que potenciemos un entorno más agradable, con
mayor carga de energía, nos enfrentaremos luego
con más ánimo a las situaciones que día a día
la vida nos depara y que, en la mayoría de los
casos, son verdaderas pruebas que miden el nivel
de autoestima. No olvidemos que todas las personas
necesitamos energía para enfrentarnos a las
cosas que nos dan miedo, para hacer frente a
las cosas que nos producen inseguridad. Y que
en la medida en que nos sintamos más fuertes,
esa energía resurgirá cuando nos tengamos que
enfrentar a las circunstancias que nos dan miedo.
Es decir, nuestras actuaciones estarán marcadas
por el equilibrio energético interior, lo que
aflorará en un comportamiento armónico y lineal
sin demasiados altibajos en lo externo. Emergerá
la confianza en nosotros mismos y nos sentiremos
más seguros. Claro que esto no es algo que se
pueda conseguir de un día para otro, pero trabajando
poco a poco, paso a paso, siempre se logra.
Por otra parte, es importante recordar que la
falta de autoestima es una de las causas que
hace somatizar las más variadas dolencias en
el físico, tanto cáncer como otras enfermedades
graves. Y la razón es que quien sufre ese problema
y se guarda sus miedos, no exteriorizándolos
-por temor a hacer el ridículo, al que dirán,
a equivocarse, a no ser brillante o a que le
despidan por cometer un error-, se desarmoniza
por completo.
Por tanto, recuérdelo: hemos de querernos más.
Nuestra salud y nuestra felicidad dependen de
ello.
Carmen
Quintana
¿SE QUIERE USTED?
AVERIGÜELO RESPONDIENDO A ESTE CUESTIONARIO
La verdad es que
uno no siempre es consciente de si sufre falta
de autoestima y, por tanto, es necesario buscar
vías que nos lleven a observar si es nuestro
caso. Le ofrecemos, para ello, un breve cuestionario
a fin de que lo averigüe.
Por supuesto, y como todo test, sólo pretende
servir de ayuda para sacar a la superficie un
problema que puede estar oculto y tapado por
la máscara de una supuesta timidez. Porque la
timidez y la falta de autoestima nada tienen
que ver ya que la primera es sólo una sensación
de vergüenza mientras la segunda es la negación
de la persona.
Este es el test. Y respóndase con sinceridad:
no sirve de nada autoengañarse.
- ¿Me levanto con ilusión por la mañana?
- ¿Me siento feliz a lo largo del día? - ¿Estoy
a gusto conmigo mismo tanto a nivel personal
como profesional?
- ¿Me encuentro a gusto con los que me rodean
y prefiero estar con gente antes que a solas?
- ¿Me apetece hacer constantemente cosas nuevas?
- ¿Disfruto de las actividades que realizo?
- Cuando acudo a una entrevista de trabajo,
¿me planteo que soy merecedor del puesto y,
además, no me da miedo el resultado porque,
aunque necesito el empleo, sé que si no es ese
conseguiré otro?
- ¿Sé que sirvo para lo que estoy haciendo porque
estoy preparado para ello y lo hago bien?
- ¿Desarrollo mis propias iniciativas en lugar
de consultar y pedir opinión siempre acerca
de lo que tengo proyectado hacer?
- ¿Me planteo habitualmente hasta dónde prodré
llegar en el trabajo, en la amistad, en las
relaciones familiares, etc.?
- ¿Me planteo de manera habitual que me gustaría
ser tal o cual persona?
Bien, si ha respondido negativamente a las nueve
primeras preguntas y afirmativamente a las dos
últimas, es obvio que tiene usted un cierto
grado de falta de autoestima. Si por el contrario,
las nueve primeras respuestas han sido afirmativas
y las dos últimas negativas, esta claro que
es usted una persona segura de sí misma y que
afronta la vida con ilusión. En tal caso, le
damos la enhorabuena.
LA FALTA DE AUTOESTIMA
INCIDE EN EL RENDIMIENTO EMPRESARIAL
El dinero ha sido
-una vez más- factor determinante para que la
Psicología comenzara a ser más sensible con
uno de los trastornos psicológicos que afecta
a más personas: la falta de autoestima. ¿Y por
qué hacemos esta afirmación? Pues porque hasta
que no se constató con números que la falta
de estima personal influía directamente en los
beneficios de las empresas -algo que observaron
por primera vez los responsables de las multinacionales
gracias a los informes remitidos por sus jefes
de recursos humanos- no se comenzó a analizar
a fondo las repercusiones económicas de este
problema de la conducta humana, dejando de ser
ya una cuestión personal e individual para convertirse
en un obstáculo socioeconómico.
Tan es así que, hoy por hoy, todo empresario
que se precie sabe que uno de los factores de
éxito de su negocio -y ya no estamos hablando
sólo de las grandes multinacionales, que se
adelantan a todo- es que sus empleados han de
sentirse parte integrante de la empresa. Algo
que no se le escapa a Ernesto Ortiz,
profesor de Psicología de la Universidad de
Comillas y Director General de Diagnóstico
y Desarrollo, una de las empresas líderes
en el asesoramiento a otras empresas de nuestro
país. En su opinión, "el empresario ha de
hacer ver al trabajador que forma parte esencial
del engranaje de la empresa, que todos y cada
uno de quienes trabajan en ella integran una
misma máquina, incluso aunque no sea así en
realidad. Porque en ese caso el empleado estará
más contento, tendrá más ilusión en lo que hace
y no se sentirá ajeno a la maquinaria que supone
la adquisición de riqueza sino que verá que
ésta es una consecuencia directa de su actuación.
Estará motivado, en definitiva".
¿Y quién se ha de encargar de realizar esa labor?
Desde luego, no sólo el empresario. Aquí entra
en juego el psicólogo de empresa. Es decir,
llega la figura del especialista que asesora
al empresario y hace que éste obtenga riqueza,
cuente con un negocio tranquilo en el que sus
empleados están contentos y animados y, sobre
todo, consigue unos resultados económicos superiores.
"Si el trabajador se siente bien, es respetado,
se le mima y se le demuestra que sin él la empresa
no es nada -añade Ernesto Ortiz-, los
beneficios se incrementarán. Las relaciones
laborales han de estar marcadas por la inevitable
comunicación empresario-trabajador. Sin embargo,
no podemos olvidar que son todavía muchos los
empresarios que siguen viendo a su empleado
como unas manos que trabajan. No cabe duda de
que están enquilosados y sólo se entiende que
actúen así porque desconocen los costes que
supone para las empresas que sus trabajadores
carezcan de falta de autoestima. El futuro será
diferente"
Es decir, si se quiere tener una empresa donde
los empleados se sientan cómodos, trabajen a
gusto, tengan ilusión y rindan más es necesario
potenciarles como personas. En definitiva, fomentar
su nivel de autoestima personal. Terreno en
el que son especialistas -¡cómo no!- las grandes
multinacionales, en donde el trabajador, a las
pocas semanas de entrar, se comporta como si
la empresa fuera suya, estando dispuesto a todo
para obtener mejores resultados.
"Se trata de modificar la conducta de los
trabajadores, mejorar las relaciones personales,
cuidar a la persona para que sea buena consigo
misma, con el equipo y con los clientes",
apunta Ernesto Ortiz. Y añade: "Los empresarios
valoran que se genere valor añadido, pero para
generar valor añadido éstos necesitan que las
personas que están trabajando tengan suficiente
autoestima. Y para tener una alta estima de
sí mismas necesitan estabilidad emocional y
confianza en lo que hacen, algo a lo que sólo
se llega mediante el éxito".
Es decir, se trata de terminar con el conformismo
y con el "yo no sirvo". Al menos, esto
es lo que piensa Ortiz, quien a lo largo
de dos décadas de asesoramiento a empresarios
y hablar con trabajadores se siente en posición
de afirmar que "en muchas empresas se detectan
personas conformistas que trabajan para sobrevivir,
gente para la cual el trabajo carece de significado.
Hacen lo que buenamente pueden, sin ilusión.
Y eso es una espiral en contra de la autoestima.
Es decir, hay que procurar que ante las dificultades
las personas se crezcan. Se necesita terminar
con el 'yo soy un pobre hombre...' o el 'no
valgo para nada...' y caminar hacia la aceptación
de uno mismo pensando no qué pueden hacer los
demás por mí sino qué puedo hacer yo por mí.
Y, sobre todo, pensar que no hay nadie perfecto".
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