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| LO
QUE NO SE CUENTA SOBRE LA ENFERMEDAD DE LAS VACAS LOCAS |
Desde que en 1985
se descubrió el primer caso de Encefalopatía
Espongiforme Bovina (EEB) en Inglaterra, los
europeos hemos sido testigos de un problema
sanitario nuevo y enormemente complejo. Es
más, esta enfermedad ha puesto contra las
cuerdas a los responsables políticos y científicos
de la Unión Europea evidenciando de forma
clara y rotunda -una vez más- que el sendero
por el que camina en la actualidad todo el
sector de la producción animal intensiva no
es correcto.
Alimentar a una vaca, biológicamente herbívora,
con harinas de subproductos cárnicos de su
misma especie y de otros animales convirtiéndola
en carnívora con el único fin de incrementar
su producción lechera -ya de por sí bastante
forzada- es una aberración. Y no es de extrañar
que se presenten situaciones como la que ahora
padecemos.
LOS ANTECEDENTES
Las circunstancias
que rodean esta historia han estado siempre
impregnadas de confusión, algo de lo que es
máximo responsable el Gobierno británico -y,
especialmente, el Ministerio de Agricultura-
por haber monopolizado desde el principio
la información -y la investigación- desde
1985 hasta 1996. El recién presentado Informe
Philips demuestra -sin dejar lugar a dudas-
las maniobras hechas a lo largo de todos esos
años para no permitir que la información obtenida
por sus técnicos saliera a la luz pública.
Todo el material obtenido de los animales
muertos fue monopolizado por los investigadores
oficiales y por el Laboratorio Oficial Central
(Weybridge), no permitiendo durante diez años
que prácticamente ningún investigador independiente
pudiese acceder a los mismos.
Los fondos económicos dispuestos para llevar
a cabo las investigaciones fueron distribuidos
internamente. Se trataba de excluir a todos
los actores posibles que pudiesen intervenir
en el caso. Y, encima, el Ministerio de Agricultura
orientó las investigaciones de forma unilateral
e intentó por todos los medios que se disolviera
el problema... ignorándolo. Desgraciadamente,
la situación se agravó día a día y cuanto
más se trató de ignorar, más demostraron los
acontecimientos que la "indeterminación
consciente" -como denominan esa
actitud ahora algunos analistas- no fue una
estrategia correcta.
Paralelamente, las hipótesis alternativas
planteadas sobre el origen de la enfermedad
no se tomaron en cuenta más que de forma muy
superficial. El Informe Philips ha
dejado claro, tras analizar cronológicamente
los hechos acaecidos hasta hoy, que las decisiones
tomadas por los responsables científicos y
políticos del Reino Unido se movían en un
contexto de conocimiento científico dudoso.
La aparición de los primeros casos de la Enfermedad
de Creuzfeld Jacob en personas jóvenes
tradujo esta incertidumbre en certeza.
Había muchas preguntas sin respuesta y el
interés de no alarmar a la población y no
afectar las exportaciones y el consumo hizo
que se antepusiesen los intereses económicos
a los de la salud de la población.
Los primeros casos de EEB empezaron a manifestarse
a finales de 1986. Se trataba de una misteriosa
enfermedad incurable de carácter presuntamente
infeccioso que afectaba a los animales de
raza bovina. Y decimos presuntamente infecciosa
porque en realidad rompe totalmente los esquemas
hasta ahora conocidos de lo que significa
una enfermedad infecciosa producida clásicamente
por bacterias o virus. La EEB se incluye hoy
en un grupo de enfermedades conocidas como
encefalopatías espongiformes que tienen
en común unos síntomas característicos que
afectan al sistema nervioso produciendo unas
lesiones especiales que hacen que el tejido
cerebral observado al microscopio aparezca
como lleno de pequeños islotes o agujeros
vacíos que asemejan una conformación esponjosa.
De ahí su nombre.
SE CULPABILIZA AL
PRIÓN
Al nuevo agente
infeccioso le denominaría "prión" el Dr. Stanley
Prusiner, siendo definido como "una
partícula infecciosa de característica proteínica".
Prión que es capaz de multiplicarse de manera
increíble ya que induce un cambio conformacional
en otras proteínas normales al entrar en contacto
con ellas. Es decir, los priones son proteínas
normales que se encuentran en el cerebro y
la única diferencia entre una proteína de
un prión normal y la de un prión de la EEB
es puramente conformacional. Si en un tubo
de ensayo lleno de priones normales se añade
una pequeña cantidad de proteínas de priones
de conformación anormal, al cabo de muy poco
tiempo todas las proteínas adoptan la misma
conformación anormal al "contagiarse" la conformación
errónea.
Las proteínas de los priones normales pueden
ser desnaturalizadas por calor de forma relativamente
fácil. Asimismo, pueden ser inactivadas por
la acción de las proteasas (enzimas que digieren
o desmenuzan las proteínas). Sin embargo,
las que tienen la conformación anormal son
de una estabilidad fuera de lo común y eso
dificulta enormemente su destrucción.
Ello hace que su capacidad infecciosa permanezca
estable en las harinas de subproductos animales
a pesar de que son tratadas a altas temperaturas
y presión durante su proceso de fabricación.
Es más, hay evidencias de que pueden resistir
la incineración y mantenerse activas durante
años sobre el suelo. De ahí la preocupación
expresada por algunos científicos y la toma
en consideración del Ministro de Agricultura
alemán -antes de dimitir a principios de enero-
de poner en cuarentena indefinida los terrenos
en donde hayan pastado animales afectados
por la enfermedad.
LA ENFERMEDAD EN
EL HOMBRE
En el hombre,
la dolencia es denominada Enfermedad de
Creuzfeld-Jacob (ECJ), tiene unas características
similares y se encuadra igualmente en el grupo
de las encefalopatías espongiformes. Descrita
por primera vez en los años veinte, suele
presentarse en una proporción aproximadamente
de un caso por millón de habitantes, generalmente
personas de edad madura, por lo que se ha
considerado en principio que se trata de un
proceso cuyo período de incubación es enormemente
lento.
Hay que hacer aquí un inciso para decir que
se ha descrito una enfermedad parecida denominada
"kuru", común en una población indígena de
Nueva Guinea y que llegó a tener características
de epidemia pues era costumbre entre éstos
comerse los cerebros de los muertos. Las mujeres
creían que aumentaba su fertilidad. El kuru
tardaba también unos treinta años en manifestarse
clínicamente pero, una vez que se presentaba,
la evolución era muy rápida con signos fuertes
de demencia previa a la muerte. En algunos
poblados, las muertes por Kuru llegaban a
afectar al 80% de sus habitantes.
ENFERMEDAD SIMILAR
EN LAS OVEJAS
En ovejas, los
veterinarios conocemos desde hace ya doscientos
años una enfermedad parecida denominada "scrapie"
(tembladera). Los síntomas clínicos y las
lesiones son los mismos y hasta ahora no se
ha podido descubrir su causa. Pero sí sabemos
que si a una oveja se la inyecta tejido de
una persona muerta por la Enfermedad de Creuzfeld-Jacob
ésta desarrolla una Encefalopatía Espongiforme.
Parece, pues, que el Kuru, el Scrapie, la
Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB) y
la Enfermedad de Creuzfeld-Jacob (ECJ) podrían
ser el mismo tipo de enfermedad y ser capaz
de saltar de una especie a otra.
De hecho, en 1996 se demostró que la causa
de la denominada nueva variante de Creuzfeld-Jacob
está producida por la Encefalopatía Espongiforme
Bovina al aparecer los primeros casos en personas
jóvenes. Sin embargo, si a una vaca se le
inyecta tejido de una oveja muerta de Scrapie
desarrolla la Encefalopatía Espongiforme pero
no se trata de una EEB.
De la enfermedad CJ clásica (la descrita por
primera vez en los años 20) se conocen tres
tipos. El más común es el "esporádico", que
afecta aproximadamente a un 85% de los afectados;
luego se describe un 10% de casos hereditarios
y un 5% de yatrogénicos, estos últimos producidos
por contaminación de material quirúrgico y
medicamentos en cuya composición entran proteínas
animales.
La Enfermedad de Creuzfeld-Jacob (ECJ) esporádica
afecta a personas de edad madura a partir
de los 50 años y es la que se considera que
tiene un período de incubación lento. Para
ser afectado por ella ha de tenerse también
-al menos, aparentemente- una predisposición
genética.
Pero la denominada "nueva variante de CJ"
(nvCJ o nueva variante de Creuzfeld-Jacob)
es la producida directamente por la EEB y
puede afectar a personas de todas las edades.
Los primeros casos aparecidos en Inglaterra
en personas jóvenes hicieron que cambiase
completamente la actitud del Gobierno británico
y los científicos respecto a las medidas a
tomar al respecto.
Todos los casos humanos muertos por la nvCJ
llevan de nacimiento la misma alteración genética
que predispone al CJ esporádico.
Cuando se hace una autopsia a una persona
muerta por la ECJ se deben tomar todas las
precauciones posibles pues los tejidos son
altamente infecciosos. En experimentos con
ratones se ha observado que el simple contacto
de tejido infectado sobre una herida abierta
es 100 veces más infeccioso que por ingestión,
lo que ha hecho que se hayan presentado casos
en los que algunas personas de la profesión
médica se hayan negado a intervenir en autopsias
de cadáveres sospechosos de haber padecido
la enfermedad.
La capacidad infecciosa sobre heridas abiertas
explica en cierta forma los casos de jóvenes
muertos en edades tempranas pues se considera
muy probable que hayan entrado en contacto
con la proteína alterada a través del consumo
de hamburguesas u otro alimento que contenga
proteínas animales. La vía de entrada, en
este caso, podría haber sido cualquier herida
en la encía de la mucosa bucal, etc.
LA OTRA VERSIÓN
Ahora bien, lo
explicado hasta aquí es lo oficialmente aceptado
y existe aparentemente unidad de criterio
respecto a la hipótesis más plausible desde
el punto de vista científico. No obstante,
existen aún muchas preguntas sin respuesta
que hacen que incluso la hipótesis de los
priones tenga lagunas, sobre todo en lo que
respecta a la causa desencadenante del proceso.
La exportación de harinas de subproductos
cárnicos ingleses a Europa se suspendió en
1991 (aunque se continuó haciéndolo -vergonzosamente-
al Tercer Mundo hasta 1996). Pues bien, en
la mayor parte de los países europeos la presentación
de casos aumentó y declinó tras este hecho
pero en Francia el número de animales afectados
se dobló el pasado año. Y eso es imposible
explicarlo teniendo en cuenta que ya no se
consumían harinas inglesas.
El consumo de harinas infectadas, pues, tiene
sin duda un papel importante en toda esta
historia... pero esa explicación, por sí sola,
no es suficiente. En Inglaterra el número
de casos aumentó de forma considerable, independientemente
de haber retirado las harinas de subproductos
de la cadena alimenticia. Muchas toneladas
de harinas fueron exportadas a Europa y en
ningún país sucedió lo que pasó en Inglaterra.
Es más, no ha sido posible reproducir experimentalmente
la enfermedad en vacas (EEB) utilizando en
la alimentación tejidos de ovejas enfermas
de Scrapie. El mismo Ministerio de Agricultura
británico tiene una granja en Lyscombe -al
sudoeste de Inglaterra- en la que a los animales
se les da un alimento producido en la misma
granja, nunca han entrado en contacto con
harinas de subproductos extraños y, sin embargo,
han sufrido gran cantidad de casos de EEB.
Aún más: en ninguna granja ecológica del país
(35 en total) se presentaron casos de EEB,
independientemente de que en muchas de ellas
se utilizaba hasta un 20% de piensos convencionales
(permitido por la ley), es decir, que contenían
restos de proteínas animales. Los únicos casos
presentados en ellas fueron en vacas incorporadas
de granjas no ecológicas.
¿Qué explicación se le da a todo esto?
INEXPLICABLE ACTUACIÓN
GUBERNAMENTAL
La reacción normal
en un caso tan dramático como éste es que
si la hipótesis más plausible tiene fisuras
deben tenerse en cuenta otras explicaciones
e investigarlas a fondo. Sin embargo, el Gobierno
británico se dedicó más a atacar las hipótesis
alternativas que a investigarlas seriamente.
Es el caso de la presentada por Mark Purdey,
un granjero ecológico de Somerset que sospechó
desde un principio que las autoridades habían
pasado por alto un hecho concreto muy importante
que puede dar una respuesta también racional
a cuáles son las raíces del problema.
El Sr. Purdey es una persona autodidacta,
muy observadora y con una capacidad de estudio
francamente llamativa, que ha publicado sus
teorías en varias revistas científicas. Sin
embargo, al principio sus declaraciones fueron
constantemente silenciadas y luego criticadas
sin presentar argumentos en contra. Posteriormente,
fue físicamente atacado, le cortaron las líneas
telefónicas, quemaron su granero, amenazaron
a su esposa, destruyeron su biblioteca y,
para finalizar este dramático relato, su veterinario
y su representante legal murieron en extrañas
circunstancias. Esto último, evidentemente,
puede no estar relacionado con su causa sino
ser un hecho fortuito y coincidente pero a
la opinión pública británica le ha dado mucho
que hablar.
En apoyo de la hipótesis de Purdey interviene
el hecho de que el Ministerio de Agricultura
británico obligó por decreto en 1980 a todos
los propietarios de ganado a tratar a sus
animales con un insecticida organofosforado
-denominado en Inglaterra Phosmet-
con el fin de eliminar una epidemia de miasis
(enfermedad producida por la picadura de una
mosca que pone sus huevos sobre la piel de
los animales desarrollándose unas larvas que
emigran al interior y producen molestias intensas
y una reducción notable en la producción de
leche), muy extendida en esa época en el país.
Purdey se negó a utilizar el producto, en
primer lugar porque su granja era ecológica
y, en segundo lugar, porque él tenía un tratamiento
alternativo muy eficaz y barato que llevaba
usando desde hace años al igual que el resto
de los granjeros ecológicos. Además, la dosis
de Phosmet recomendada por el ministerio
era mucho más alta que la utilizada en otros
países como Irlanda o Suiza. Y un nuevo dato:
en Francia, el Phosmet fue declarado
obligatorio en la zona de Bretaña (aunque
la dosis aplicada era menor), lugar donde
aparecieron los primeros 20 casos de los 28
que aparecieron en todo el país.
Se trata de un insecticida que se rocía sobre
la espalda del animal a lo largo de la columna
vertebral y que se absorbe a través de la
piel, actuando sobre los parásitos y destruyéndolos.
Bien, pues Purdey empezó a investigar su teoría
con mayor insistencia al observar la total
similitud de síntomas que existe entre la
EEB y la intoxicación crónica por organofosforados.
Es más, con el fin de intentar demostrar su
teoría compró vacas de una granja convencional
que desarrollaron al cabo de un tiempo la
enfermedad y las trató, junto a su veterinario,
como si fuesen afectadas por una intoxicación
por organofosforados -con altas dosis de magnesio
y con los antídotos convencionales (sulfato
de atropina, etc.)-, observando con sorpresa
que los animales mejoraban notablemente. Es
más, ni siquiera mostraban síntomas mientras
estaban siendo tratados. Y comprobó también
que al suspender el tratamiento la afección
se manifestaba de nuevo.
Bueno, pues avisados los técnicos veterinarios
del ministerio de esta circunstancia se personaron
en la granja... y le obligaron a llevar a
los animales al matadero con el argumento
de que era obligatorio el sacrificio en estos
casos.
EL PHOSMET Y LOS
PRIONES
El Dr. Stephen
Whatley, microbiólogo y Director Científico
del Instituto de Psiquiatría de Londres, publicó
un trabajo en la revista Neuroreport
con los resultados de un estudio en el que
demostraba la influencia dramática del
Phosmet sobre las proteínas de los priones.
Whatley no habla en él del insecticida como
la causa de la enfermedad sino de la gran
predisposición de los priones a alterarse
si entran en contacto con el mismo. Un estudio
que se realizó cuando Purdey se puso en contacto
con Whatley explicándole su hipótesis y que
financió él mismo de su propio bolsillo con
la ayuda de algunos amigos.
En sus declaraciones ante el comité que elaboró
el Informe Phillips -presentado recientemente-,
Whatley ha dejado bastante clara la necesidad
de investigar la posible influencia del uso
de los organofosforados dadas las evidencias
encontradas. El Dr. Fergusson-Smith,
miembro del mismo comité, al escuchar las
declaraciones de Purdey a lo largo de la investigación,
se manifestó en el mismo sentido y declaró
que era urgente profundizar en la investigación.
UN PROBLEMA COMPLEJO
Hay que decir,
en todo caso, que en la hipótesis presentada
por Purdey intervienen más factores que los
de la presencia de los insecticidas. Tras
investigar los senderos complejos de la bioquímica
del cerebro, Purdey considera que los priones
normales están diseñados por el organismo
para protegerle de los ataques oxidativos
de ciertas sustancias químicas que han sido
activadas por agentes perniciosos como la
luz ultravioleta. Y considera que si las proteínas
de los priones son expuestas a poco cobre
y a mucho manganeso, el manganeso ocupa el
lugar del cobre (que es su sustancia natural),
lo que implica que la proteína se distorsiona
y pierde su función.
Purdey agrega que el Phosmet, al ser
aplicado sobre la columna vertebral del animal
y absorberse a través de la piel y pasar al
interior del organismo, retiene y secuestra
el cobre. Luego, sería la alimentación con
suplementos de harinas animales en la que
intervienen los restos de gallinas alimentadas
con altas dosis de manganeso para aumentar
su producción de huevos lo que habría hecho
el resto.
Para corroborar esta hipótesis, cabe decir
que la mayor incidencia de casos de la nvCJ
en humanos se da precisamente en las zonas
inglesas de Kent y Queniborogh (Leicestershire)
donde se usan y se han usado grandes cantidades
de organofosforados en la agricultura.
Decir, por último, que un trabajo publicado
recientemente por un equipo de bioquímicos
de Cambridge ha mostrado que cuando el cobre
de la proteína de los priones se sustituye
por manganeso, los priones adoptan precisamente
la conformación que le distingue como agentes
productores de la EEB.
LOS LOBBIES DE LA
INDUSTRIA FARMACÉUTICA
En definitiva,
hay muchas personas que piensan que en esta
historia están de nuevo implicados los lobbies
o grupos de influencia de la industria farmacéutica
que quieren evitar a toda costa que a la hipótesis
de Purdey se le de credibilidad. Desde el
Ministerio de Agricultura británico se ha
intentado constantemente desacreditarle y
las investigaciones efectuadas para corroborar
o negar su explicación han sido realizadas
muy superficialmente.
Últimamente, gracias a las presiones de la
opinión pública y las demandas penales que
han presentado los familiares de las víctimas
francesas contra los responsables políticos
franceses e ingleses, se observa un cambio
de actitud y han prometido buscar fondos para
iniciar una investigación en este sentido
e intentar encontrar una teoría de transmisión
alternativa que explique totalmente lo que
ha ocurrido sin ningún tipo de dudas.
Mientras tanto, las medidas dramáticas que
han tomado las autoridades europeas son la
prohibición del uso de harinas de subproductos
en todas las especies domésticas, una analítica
exhaustiva a todos los animales mayores de
24 meses, la reestructuración de empresas
procesadoras de subproductos, la incineración
de harinas almacenadas, la instalación de
incineradoras especiales, la incineración
de los MER o materiales de riesgo que se extraen
en los mataderos (cabeza, médula espinal,
intestinos, etc), la indemnización a ganaderos,
las intervenciones para mantener los precios
y amortizar las pérdidas del sector, etc.
Medidas que costarán a la Unión Europea una
cantidad bastante superior al billón de pesetas
y que parecen desproporcionadas respecto al
número de muertes habidas en humanos hasta
el momento si lo comparamos con otras enfermedades,
lo que es una muestra clara del grado de preocupación
que de repente ha dominado a los responsables
políticos.
Nada debe extrañarnos, pues, que las personas
más conscientes se pregunten si la información
que poseen es mayor que la que declaran dadas
las medidas adoptadas. Y, sobre todo, si no
predominará la intención de salvar al sector;
es decir, si no estarán primando aún los intereses
económicos sobre los humanos.
Werner Ulrich
El colágeno que se
emplea en cirugía estética es de procedencia
bovina
En cirugía estética
se utiliza el colágeno en implantes de todo
tipo, en particular para tratar arrugas en el
rostro o para el arreglo de la forma de los
labios. Aunque también se usa material artificial
de plexiglás o metacrilato en distintas versiones
(gore-tex, artecol...), el colágeno de procedencia
animal (bovina) es el más utilizado porque es
reabsorbible y ello supone una garantía si el
paciente no acaba de gustarse con su nueva imagen.
Pero, además, desde que la silicona está prohibida
su utilización se ha extendido. El colágeno,
al igual que los materiales sintéticos, se implanta
a través de microinyecciones.
Los especialistas consultados nos aseguran que
los colágenos son siempre de procedencia bovina
hasta el momento. Hemos preguntado al doctor
Iván Mañero por la posibilidad de que pudiera
contraerse el mal de las vacas locas a través
de los implantes de colágeno bovino y nos explicó
que "aunque es poco probable debido a que
la aparición de esta enfermedad está relacionada
con la cantidad de priones que hay en la carne
consumida y en la poca cantidad que implantamos
no puede haber muchos, en realidad nadie está
capacitado para dar garantías absolutas".
Recordemos que los priones tienen los mismos
atributos que los virus pero son más resistentes
ya que los procedimientos que inactivan los
virus -como la ebullición y las exposiciones
a los rayos ultravioleta o las ionizaciones-
no destruyen los priones. Además, su capacidad
infecciosa es conocida desde los años 50 aunque
se ignoraban los mecanismos de acción de la
infección.
También se sabe que es más factible contagiarse
con las partes del animal que contienen más
tejido nervioso, como la carne nerviosa, las
zonas cercanas a la columna vertebral o el tuétano
de los huesos. Pero no hay garantía alguna de
que el contagio comiendo otras partes del animal
sea imposible.
"Aunque ya digo que los priones que puede
contener la cantidad de colágeno inyectada en
los labios es mínima y en principio la posibilidad
de infección parece descartable, quizá habría
que revisar los principios y legislación al
respecto, aunque los profesionales estamos en
manos de las autoridades sanitarias que, por
el momento, nada han dictado al respecto",
agregaría nuestro interlocutor.
Dolors
Muntané
Hasta las cápsulas
de los fármacos están fabricadas con sustancias
bovinas
El Ministerio de
Sanidad español ha enviado a los laboratorios
una carta exigiéndoles que garanticen por escrito
que las cápsulas que utilizan para envasar algunos
principios activos de los medicamentos y que
están elaboradas con sustancias de origen animal
no transmiten el mal de las vacas locas.
Evidentemente, esta medida exige la no utilización
de materiales de riesgo -grasas, piensos animales
o gelatinas que no estén en condiciones higiénicas
por su procedencia-, algo difícil de certificar
en el momento actual ante la confusión existente
en el sector de las harinas cárnicas.
La situación es esta:
1. Las gelatinas con las que se fabrican
las cápsulas son extraídas de proteínas animales.
2. Se supone que estas gelatinas han
pasado los test de priones o lo han hecho las
sustancias que les dieron origen (¿).
3. En realidad -según los informes que
constan en Sanidad-, estas gelatinas superan
las pruebas de esterilización pertinentes a
unos 57 grados de temperatura.
4. A criterio de los expertos, eso sería
adecuado sólo si previamente las sustancias
procedieran de harinas cárnicas que habían estado
sometidas al proceso de esterilización legislado
por la Unión Europea en 1994 y que consiste
en someter estas harinas a 133 grados de temperatura
y a 3 bares de presión. Pero se sabe que Inglaterra
no cumplía esta legislación.
5. El período de latencia del prión
y la transmisión del mal es lo que llevó al
gobierno francés a prohibir donar sangre a las
personas que estuvieron de viaje o residiendo
en Inglaterra en los últimos diez años, medida
que ha imitado el gobierno australiano. Es más,
Australia está estudiando la posible prohibición
de la importación de productos cosméticos de
procedencia europea elaborados con sustancias
bovinas, como es el caso de los pintalabios,
que poseen grasa animal como producto-base.
La preocupación ahora se instala en la revisión
de los productos cosméticos, en particular los
que el cuerpo humano reabsorbe como cremas rejuvenecedoras
o antiestrías.
Dolors
Muntané
RUDOLF STEINER LO
ADVIRTIÓ HACE 77 AÑOS
Hace ya 77 años
-el 13 de enero de 1923- que Rudolf Steiner
escribía en un artículo dedicado a cuestiones
agrícolas lo siguiente: "¿Qué sucedería si,
en lugar de vegetales, las vacas se pusiesen
a comer carne? Pues que, entre otras sustancias,
se llenarían de ácido úrico y de urato. Tocante
al urato debo añadir que tiene propiedades muy
particulares; entre otras, su gran afinidad
con el sistema nervioso y con el cerebro. Si
los bueyes, vacas, toros, terneros, ovejas,
cabras, etc., es decir, los animales herbívoros,
comieran carne directamente el urato aumentaría
enormemente en el cuerpo del animal yendo a
instalarse preferentemente en su cerebro. Y
el buey, la vaca y demás animales herbívoros
se volverían locos."
Bien, pues la locura sobre la que nos alertó
Steiner y que amplió y desarrolló en el Curso
de Agronomía para agricultores que impartiera
en la ciudad alemana de Breslau durante varias
semanas- se ha popularizado en nuestros días
como "la enfermedad de las vacas locas". Y añadiré
que el curso citado se considera hoy día el
fundamento sobre el que se erigió la llamada
Agricultura Biodinámica de la que Steiner fue
su fundador. Pero ya ven -¡ironías de la historia!-,
a Steiner no se le hizo caso. Es más, a pesar
de que el fondo de su pensamiento es cristianismo
puro y defiende incansablemente el amor al trabajo
y la práctica de las virtudes individuales y
sociales en armonía con las Leyes que rigen
la vida cósmica en aras a inculcar en los seres
humanos una vida más libre, justa, pacífica
y espiritual, y a pesar del entusiasmo que despertaban
sus conferencias y publicaciones, Steiner no
fue nunca bien visto por los poderes públicos
ni por un gran sector de las iglesias católica
y protestante que le difamaron, calumniaron
y atacaron sin cesar y con virulencia hasta
conseguir que el populacho, adoctrinado y engañado,
se dirigiera enfurecido hacia la residencia
cultural que había en Dornach -cerca de la ciudad
Suiza de Basilea con el nombre de Goetheaneum-
y en la noche de la San Silvestre del año 1922
le incendiaran el edificio. Hacía sólo 4 años
que había finalizado la Primera Guerra Mundial
y ya se estaba creando el caldo de cultivo para
la segunda gran guerra que reventaría 18 años
después.
Este buen y gran hombre, pues, predijo y nos
alertó sobre "la enfermedad de las vacas locas"
y sus consecuencias en la salud de los animales
y de las personas. Y, sin embargo, fue él quien
durante sus últimos años tuvo que soportar que
le llamaran loco, enfermo mental y paranoico.
Hoy se sabe que la Encefalopatía Espongiforme
se produce básicamente, aunque pudiera haber
otros elementos que participaran en el proceso,
por alimentar al ganado vacuno con piensos procedentes
de harinas hechas con carnes animales. Pero
de lo que apenas se habla es de que existen
varios tipos de encefalopatías y que los ciervos,
visones, gatos, etc., también la pueden contraer.
Hay que añadir, por otra parte, que la alimentación
es sólo una parte del grave problema que ha
surgido en el mercado de la carne. Hoy, con
pequeñas variaciones, están de acuerdo todos
quienes se ocupan del tema de que existen otras
cuestiones de la cría del ganado que hay que
cambiar o modificar. Y ello porque:
1) Las defensas naturales (sistema inmune)
de los animales se han deteriorado enormemente
debido al hacinamiento en que se crían.
2) Las hormonas que se suministra al
ganado para acelerar su crecimiento y engorde
termina afectando a su metabolismo.
3) Los constantes antibióticos que se
les da para combatir infecciones repetitivas
terminan perjudicando al hombre cuando luego
consume la carne de esos animales.
4) Los pesticidas, herbicidas, fungicidas,
insecticidas y abonos químicos con que se tratan
los pastizales y campos de plantas forrajeras
se fijan -al ingerirlos- en las vísceras y músculos
de los animales. Y,
5) Los animales en las granjas de explotación
masiva están sometidos a un enorme estrés. Y
se sabe que el estrés -incluso en los animales-
tiene efectos químicos sobre el organismo.
Tengámoslo en cuenta.
Pedro Navarro
¿PUEDE TRANSMITIR
LA LECHE EL MAL DE LAS VACAS LOCAS?
Aunque hasta ahora
se había descartado que "el mal de las vacas
locas" pudiera transmitirse a través de la leche
algunos cualificados expertos afirman ahora
que no hay seguridad alguna de que no sea así.
Con lo que el problema crecería de forma desmesurada
ya que habría que plantearse si el contagio
no puede llegarnos a través de la leche... y
de todos los productos derivados: quesos, yogures,
natillas, flanes, cuajada, cremas, nata, helados,
batidos, pasteles, tartas, caramelos, aperitivos,
bombones, polos... y un sinfín de productos
más.
Y no estamos siendo alarmistas. El departamento
británico encargado de regular la calidad de
la alimentación en el Reino Unido, la Food
Standars Agency, inició a mediados de enero
pasado una investigación para averiguar si esa
posibilidad existe tras reconocer que los estudios
anteriores no son definitivos.
Y es que cuando estos se efectuaron -en 1995-
inyectando leche de vaca enferma a 275 ratas
de laboratorio no se tuvieron en cuenta las
barreras biológicas entre especies que suelen
impedir -no siempre- que el mal pase de vacas
a ratas. Malcom Ferguson, profesor de
Genética en la Universidad de Cambridge y miembro
del comité científico que estudia la epidemia,
calificó de "asombroso" que no se hubiera tenido
en cuenta ese hecho y las pruebas no se realizaran
con vacas en lugar de con ratas. Máxime cuando
a su juicio la leche tiene el suficiente potencial
para transmitir la enfermedad ya que ésta se
extiende a través del sistema linforeticular.
Ninguno de los métodos que se utilizan en la
fabricación de los productos lácteos puede eliminar
los priones responsables de la enfermedad.
J.A.C.
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