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| CONDENADOS
A LA SILLA DE RUEDAS... ANDAN. Tratamiento de la esclerosis
múltiple con cirugía |
Aún después de los
dos artículos que hemos dedicado al método
que practican dos cirujanos españoles para
resolver algunos casos de esclerosis múltiple
-además de otros procesos degenerativos- las
asociaciones de afectados que agrupan a estos
enfermos, influidas por los médicos que las
manipulan, se resisten a creerlo; a pesar
de las evidencias. Ésa es la razón -como adelantamos
en nuestro número anterior- de que demos nuevos
testimonios de personas operadas. Es un asunto
demasiado importante para no reiterarnos en
él.
Carmen Pombo, vecina del pueblecito lucense
de Loseiro, cercano a Sarria, se enteraría
a través de nuestra revista de que había personas
que tras una operación habían recuperado la
movilidad que les había causado la esclerosis
múltiple.
Los problemas de Carmen Pombo empezarían en
1982, hace ahora 19 años, cuando sólo contaba
26. Todo comenzó con unos dolores musculares
y óseos que no fueron inicialmente considerados
un problema grave por los médicos quienes
la prescribieron sólo una serie de intensos
ejercicios de rehabilitación (de 9 a 13.00
de la mañana) que realizaría durante varios
meses en el Hospital Hermanos Pedrosa Posada
de Lugo (hoy Fundación Xeral-Calde). Sin embargo,
como no mejoraba decidió pedir el alta voluntaria
ante la inutilidad de su esfuerzo.
El problema, sin embargo, fue a más. Y comenzó
a tener problemas de columna a nivel lumbar
y dorsal así como ciática, dolor en las cervicales
-especialmente en la nuca- y mala circulación,
al punto de que se le dormían la mano y el
brazo derechos al ordeñar las vacas. Paralelamente,
se le diagnosticaría una neuritis óptica.
Carmen se sometería entonces a toda una serie
de análisis y radiografías que, al no aclarar
cuál podría ser la causa de sus dolencias,
llevaría a su traumatólogo a enviarla al Hospital
Juan Canalejo de La Coruña para que se la
efectuara una HDL-27 (prueba reumática) al
pensar que quizás pudiera deberse a una espondilitis
anquilopoyética. Sin embargo, en el Servicio
de Reumatología de ese hospital no encontrarían
patología reumática alguna.
Carmen empezaría entonces a sufrir un deterioro
rápido de su organismo con dolores en las
más diversas zonas que la llevaría, además,
a tener visión doble y a sufrir pérdidas de
equilibrio. Ante tal situación su médico decidiría
enviarla esta vez al Hospital de A Baca -también
en La Coruña- a fin de que se la hiciese una
gammagrafía.
-Cuando llegué allí -nos contaría- apenas
podía ya caminar e, incluso, me resultaba
difícil mantener el equilibrio para ir por
los pasillos de una dependencia a otra. Recuerdo
que me atendió una doctora llamada Montoya,
especializada en reúma, que me dijo que fuera
también al oftalmólogo para ver a qué se podía
deber mi problema de visión. En fin, el caso
es que al día siguiente me internaron en el
servicio de Neurología porque vieron que lo
mío no era nada puntual, que los síntomas
eran múltiples para una sola patología. Y
entonces me hicieron varias pruebas más, incluida
una punción lumbar. Estuve ingresada 12 o
13 días y el diagnóstico final fue claro:
tenía esclerosis múltiple.
-¿Cuál fue el tratamiento?
-El normal en estos casos. Me daban corticoides
con un protector gástrico. A partir de entonces
sólo tomaba fármacos. Y cuando tenía un brote
me inyectaban Solu-moderin inyectable
de 125 miligramos. Pero yo fui empeorando
día a día; según los médicos, no había nada
más que se pudiera hacer. Con brotes frecuentes.
Hasta que llegó un momento de deterioro en
que mis rodillas no soportaban ya el peso
de mi cuerpo y me vi obligada a comprar una
silla de ruedas para desplazarme.
-¿Cuándo fue eso? ¿Cuándo tuvo que recurrir
a la silla de ruedas?
-En 1994.
-¿Continuaron luego los brotes?
-Sí.
-Observo que vive usted en una casa de
dos pisos. ¿Cómo subía y bajaba las escaleras?
-Sentada y yendo despacio, de escalón
en escalón. También podía aún gatear un poco
por el suelo. No puede usted imaginarse la
impotencia que se siente. Hasta que en octubre
del año pasado supe que su revista había entrevistado
a dos médicos que trataban algunos casos de
esclerosis múltiple, los que se deben a lo
que ellos llaman un CTOS. Le di muchas vueltas
a la cabeza y lo hablé con mi marido y mi
hijo. Me parecía mentira que eso fuera posible
porque en ese caso lo normal es que los demás
médicos conocieran tal posibilidad. Pero la
revista me pareció tan seria y, sobre todo,
transmite tanta confianza que decidí pedir
hora y viajar hasta Madrid.
-¿Cuándo fue eso?
-El 9 de febrero pasado.
-Continúe, por favor.
-Fui a Madrid en autobús, acompañada de mi
hijo. Allí me recibieron los doctores José
Pérez Fernández y José Luis Castillo Recarte.
Y tengo que decir antes de nada, aún lamentando
que se molesten los otros que me han tratado
hasta ahora, que fue la primera vez en mi
vida que dos médicos me trataban con tanta
sensibilidad y humanidad. Siempre había sido
tratada con desdén, con cierta lejanía; casi
con soberbia. Médicos que te tratan como si
fueras un niño y no una persona adulta. Ellos
me escucharon más como amigos que como médicos.
Y me dieron pacientemente todas las explicaciones
que pedí.
-¿Puede decirme cuál era exactamente su
situación cuando llegó a la consulta?
-Bueno, llevaba ya casi siete años en
silla de ruedas. De hecho, fui a Madrid con
mi tercera silla porque las dos anteriores
ya las había destrozado. Imagínese...
-Pero, ¿puede describirme sus síntomas?
-¿Por dónde empiezo? -me dice sonriendo-.
Mire, llegué a Madrid incapacitada para andar.
Lo máximo que conseguía, y con ayuda, era
dar dos vueltas a la cocina, caminando despacito.
Lo hacía para intentar mantener la musculatura.
Pero no podía estar más de quince minutos
de pie. Además, tenía ya serias dificultades
para sujetar los objetos. Se me caían frecuentemente
de las manos porque no podía asirlos con la
fuerza necesaria. Últimamente me había cortado
dos veces con los cuchillos. Y si tenía que
desplazarme cuando mi marido y mi hijo no
estaban... gateaba por el suelo. Como un bebé.
-Prosiga, por favor...
-También tenía ya dificultad para orinar sin
diuréticos. Y estaba muy hinchada... Hinchadísima.
Se me dormían a menudo los miembros. Y tenía
siempre los pies fríos. La visión doble aparecía
también ocasionalmente. Y los dolores musculares
y, sobre todo, de cervicales, eran constantes.
A veces sentía, por cierto, como un chasquido
en el cuello.
-Bueno, ¿y qué la dijeron cuando contó
todo esto?
-Me explicaron que a veces los síntomas de
la esclerosis múltiple vienen provocados por
la falta de sangre y, por tanto, del oxígeno
que llega al cerebro. Y que cuando eso se
debe a lo que llaman un CTOS, una operación
quirúrgica puede resolverlo. Pero también
me advirtieron que después de tantos años
sufriendo este problema iba a ser difícil
-si no imposible- la recuperación total porque
mi cuerpo estaba ya anquilosado, que podía
tener músculos atrofiados. El caso es que
me hicieron todo tipo de pruebas para ver
si lo mío era un CTOS de esos y todo indicaba
que sí... menos una de ellas. El doppler,
creo que se llama. Y la verdad es que cuando
vi la cara del médico al ir a darme el resultado
me di cuenta de que no me traía buena noticias.
-¿Pues qué le dijo...?
-Que todo indicaba que se trataba de un CTOS
menos el aparato ese. Y que, a su juicio,
convenía repetir esa prueba un mes después.
También añadió que, a pesar de todo, pensaba
que mi caso era operable pero que no podía
asumir esa decisión sin estar seguro.
Así que me volví con mi hijo al pueblo y durante
una semana no paré de darle vueltas a la cabeza.
Me decía una y otra vez: ¿y si resulta que
con la operación me curo o mejoro? ¿Estoy
dispuesta, a los 45 años, a resignarme a estar
lo que me queda de vida en una silla de ruedas
por no arriesgarme? ¿Empeorando además día
a día porque esto es progresivo...? Siete
días después lo tenía claro. Lo más que podía
sucederme es que me quedara como estaba. Así
que llamé al doctor Pérez Fernández y le dije
que quería operarme. Él me insistió en que
lo pensase, que dejase pasar algún tiempo,
que entendía mi decepción pero que... Y no
le dejé seguir: le rogué que lo hiciera, que
yo asumía el riesgo. El caso es que terminó
aceptando después de hablar con su compañero
y un mes después entré en quirófano.
-¿Y...?
-Me operaron a las nueve de la mañana y en
una hora estaba de vuelta en la habitación.
Sólo notaba las molestias de las heridas.
-Pero, ¿cuándo empezó a notar algo?
-Casi de inmediato. A las pocas horas
fui a orinar al baño sola. ¡Sin necesidad
de muletas porque no se me doblaban las piernas
como antes! Y esa misma tarde empecé a dar
pequeños paseos por la habitación. ¡Sólo unas
horas después...! Al tercer día podía andar
con cierta soltura. De hecho, lo que más me
costaba era adaptarme a estar de pie. Veía
el suelo muy lejos -se ríe-. Me veía altísima.
Supongo que por la costumbre de estar sentada
o tumbada todo el día. También noté muy pronto
que mi cerebro funcionaba mejor. Y que hablaba
con más fluidez. Antes debía apuntarlo todo
para acordarme de algo; ahora no. Aunque lo
más llamativo fue notar cómo se me fue deshinchando
el cuerpo y, sobre todo, la cara. Se notaba
casi por horas. Fue tal el cambio en sólo
tres días que, al regresar, mi marido no se
lo podía creer. Él estaba también enfermo
entonces y no pudo acompañarme.
-Y dice que al tercer día volvió ya a
su pueblo...
-Sí. Y le voy a decir algo que sé que a la
gente le va a costar creer pero que juro que
es verdad. Al quinto día de la operación guardé
la silla de ruedas y no he vuelto a usarla
nunca más. Llevo 3 meses caminando. Hoy me
levanto a las 8 de la mañana y subo y bajo
las escaleras de mi casa varias veces al día.
Paso de pie horas, sin sentarme siquiera.
He recuperado la fuerza de las manos y trabajo
en la cocina normalmente. Incluso salgo a
menudo a dar paseos por el campo.
-Observo, en cualquier caso, que se mueve
aún con cierta lentitud...
-Ni siquiera los médicos que me operaron se
esperaban una recuperación tan rápida y amplia.
He ido a revisión a Madrid dos veces y me
dicen siempre que me lo tome con más calma,
que vaya despacio, que son casi dos décadas
con el problema y seis años en silla de ruedas.
Quizás por eso a veces me siento cansada.
Pero es que estoy tan contenta. El destino
ha puesto todo a mi favor para que yo me recuperase...
y yo quiero ayudar al destino poniendo también
todo de mi parte.
-¿Y qué dicen los médicos que la trataban
anteriormente de su recuperación?
-No he vuelto a verles. Ni me apetece. Salvo
al cirujano cardiovascular al que acudo una
vez al año y que, a pesar de comprobar lo
bien que tengo ahora las piernas, no hizo
un solo comentario. Falta de sensibilidad.
Eso sí, en el Centro de Salud de Sarria me
han felicitado al ver lo bien que estoy.
-¿Y qué comentan sus vecinos? Porque ellos
sí conocerían su situación anterior y la actual...
-Están asombrados. Como la gente de mi familia
y los amigos. Y como en los pueblos ya sabe
que todo se comenta han venido ya a verme
varias personas afectadas por el mismo problema
y familiares de otras que no pueden desplazarse.
Quieren comprobarlo por sí mismos y saber
más. Así que les narro mi experiencia y les
aclaro que no todos los casos de esclerosis
múltiple se deben a la misma causa por lo
que deben ser los médicos que me operaron
los que tienen que decirles si es su caso.
-Una última cuestión: ¿sabía usted que
los especialistas de esclerosis múltiple le
dicen a los afectados por esta enfermedad
que los cirujanos que la operaron a usted
son unos farsantes?
-Ya. Por eso gracias a sus consejos yo
estaba en una silla de ruedas y con todo tipo
de problemas y ahora camino y estoy en plena
recuperación. Mire, yo no había encontrado
en toda mi vida a dos médicos con más calidad
humana y honestidad que la de estos dos doctores.
Y lo que puedan decir de ellos y de lo que
hacen me importa muy poco. Yo, y otros como
yo, somos la mejor demostración de que lo
que afirman es cierto.
INMACULADA GALLEGOS
FERNÁNDEZ
El segundo caso
que traemos a las páginas de la revista es
el de una joven granadina que demuestra, una
vez más, hasta qué punto la esclerosis múltiple
no está relacionada con la edad ya que cada
vez es mayor el número de personas jóvenes
afectadas.
Inmaculada Gallegos Fernández -que así
se llama nuestra segunda interlocutora- tuvo
sus primeros problemas de salud con 16 años
cuando cursaba segundo de BUP (junio 1990).
Sencillamente, le dolía un ojo y sus padres
la llevaron al oculista. Éste, al ver el nervio
ótico inflamado sospechó que podía tratarse
de una neuritis óptica y la mandó al neurólogo
quien, a su vez, decidió pedir que se la hiciera
un TAC. El diagnóstico se confirmó, la dieron
una dosis de corticoides y el problema desapareció.
Inmaculada no volvería a tener problemas hasta
mayo de 1993, cuando sufrió mareos en el coche.
-No es que las cosas dieran vueltas a mi alrededor
-nos diría- sino que se me iba la cabeza para
atrás. Era una sensación muy rara. Así que
fui otra vez al neurólogo y me mandó una resonancia
magnética. Pero al parecer no se veía en ella
nada significativo. "Se ve como un punto"
-recuerdo que comentó-. Y como en el informe
no se decía nada, no hizo caso. Además, los
mareos se me habían pasado a la semana sin
necesidad de medicación.
-¿Cuándo surgió el siguiente problema?
-Casi tres años después, en 1996. Un sábado
estaba haciendo ejercicios de gimnasia y empecé
a sentir que se me dormía la frente. Aquello
fue a más hasta que el domingo por la noche
tenía dormida toda la parte derecha de la
cara. Luego, a lo largo de la semana, se me
empezaron a dormir la barriga y las piernas,
sobre todo las rodillas. Me sentía torpe.
Tropezaba con todo, sin sentido. Hasta conmigo
misma. Así que tuve que ir otra vez al neurólogo,
le expliqué lo que me pasaba y me mandó hacer
un análisis de sangre, una nueva resonancia
magnética y unos potenciales evocados para
ver si los nervios transmitían bien las órdenes.
Además pidió que se me hiciera una punción
lumbar.
-¿Y cuál fue el resultado esta vez?
-La resonancia me la hicieron el 31 de octubre
y en el informe se dice textualmente que padecía
"...lesiones difusas, probablemente de
desmielinización, compatible con esclerosis
múltiple".
-¿Y qué decidió el neurólogo?
-Me mandó corticoides en vena durante
tres días. Y a continuación, nuevas dosis
orales. Y mejoré un poco pero al mes tuve
una nueva recaída. Se me empezaron a dormir
otra vez las manos y la cara. Y me volvieron
a mandar más corticoides.
-¿No le dieron un diagnóstico concreto?
-Indirectamente, sí. El neurólogo me dio
unos libros sobre esclerosis múltiple para
que me los leyera...
-¿Y se recuperó de nuevo?
-Me recuperé bastante. Pero posteriormente
pidió que se me incluyera en el protocolo
para que se me pudiera dar Interferón.
Y se me incluyó, con lo que empezaron a inyectarme
por vía intradérmica en días alternos. Se
supone que es un tratamiento que debes ya
seguir siempre pero a los dos meses lo suspendieron
por un error. Al parecer, faltaban por rellenar
unos datos en el formulario. Resuelto el problema
administrativo, un mes después volvieron a
dármelo.
-¿Cuándo tuvo la siguiente recaída?
-A finales de junio de 1997. Se me durmió
desde el cuello hasta los pies y la mitad
derecha de la cara, incluido el ojo. Y de
nuevo fui al neurólogo y también de nuevo
me mandaron corticoides en vena. Y otra vez
se me pasó sólo que en esta ocasión la recuperación
fue bastante más lenta.
La siguiente crisis llegaría en Noviembre
de 1998. Estaba haciendo ejercicio en una
piscina y se me empezaron a dormir las piernas
y la barriga. Y otra vez los corticoides en
vena. A partir de aquella crisis me sentía
siempre cansada.
Fue entonces cuando un amigo de mis padres,
que era médico y tenía también esclerosis
múltiple, les comentó que se había operado
y se encontraba estupendamente. Y fue él quien
nos habló por primera vez de los doctores
Pérez Fernández y Castillo Recarte.
-Y fue entonces cuando fue a verles...
-No. Mis padres y yo hablamos primero con
el neurólogo que me trataba y él les respondió
que qué tenía que ver el escaleno con el sistema
inmunológico. Que lo que esos médicos hacían
tenía que ser un timo. Pero mis padres habían
escuchado a su amigo médico, estudiaron lo
que esos otros dos médicos planteaban y les
pareció que, a pesar de lo que les decía el
neurólogo, aquello tenia sentido. Así que
finalmente fuimos a verles.
-¿Cuándo fue eso?
-El 4 de Enero del 99. El día 20 me hicieron
una nueva resonancia en cuyo informe se decía
que tenía "posibles lesiones desmielinizantes"
por lo que se sugería "una investigación
LCR de esclerosis múltiple." Y el 3 de
febrero, tras confirmarse que el mío era un
caso de CTOS, fui operada.
-Pero, ¿tenía en esos momentos alguna
crisis?
-No, no tenía ninguna crisis pero mi equilibrio
era malo, no había conseguido recuperarlo.
-¿Y qué cambios percibió tras la operación?
-Lo primero que noté, a las pocas horas
de salir de la anestesia, es que ya no tenía
esa sensación de desequilibrio, de andar como
si estuviera borracha. Me encontraba bien.
Luego, con el tiempo, noté muchos cambios.
Aquel verano, por ejemplo, tomé el sol sin
problemas algo que no podía hacer desde hacía
dos años porque me ponía fatal. Y volví a
hacer excursiones por la sierra y a hacer
ejercicio, lo que había tenido que abandonar
porque el calor excesivo me provocaba crisis.
De hecho, el cansancio crónico que tenía desapareció.
-¿Se ha hecho alguna resonancia magnética
tras la operación?
-Sí, dos veces. Una, al año de la operación,
el 20 de enero del 2000; y otra en marzo de
este año. En ambas se aprecian los focos anteriores
pero no parece haber avance alguno. En la
primera se dice que se han detectado "algunos
focos de alta intensidad de señal en disposición
y características compatibles con esclerosis
múltiple" por lo que se sugiere que se
compare con la anterior para valorar el grado
de evolución; y en la segunda se sugiere la
existencia de áreas de desmielinización que
hacen conveniente descartar la posibilidad
de esclerosis múltiple. No se concreta ningún
avance.
-¿Ha vuelto a tener alguna crisis en estos
dos años?
-Ninguna. Ni síntomas. Aunque en momentos
de mucho cansancio tengo a veces una sensación
distinta tanto en la rodilla izquierda como
en el ojo derecho. Pero son algo así como
un recuerdo más que molestia o dolor; supongo
que se debe a que son las partes del cuerpo
que más resultaron afectadas durante las crisis.
-¿Y qué le ha dicho su neurólogo? ¿Le
comentó usted que había sido operada?
-Sinceramente, no. No he vuelto a verle.
Estuvo tan negativo cuando le dijimos que
existía esta posibilidad... Bueno, la verdad
es que un día le llamé para decírselo porque
me parecía que debía saberlo pero no estaba.
Yo había acudido a él como miembro de ASISA
y al parecer ya no atendía a los pacientes
de la sociedad, sólo a los de la Seguridad
Social. Y no he vuelto a intentarlo. ¿Para
qué?
DOS "FARSANTES"
MUY SINGULARES
El número de pacientes
operados en los nueve últimos meses que se
han ofrecido a la revista para dar sus testimonios
es muy amplio. Probablemente, en agradecimiento
a haberse enterado de esta posibilidad gracias
a los dos artículos que en ella publicamos.
Pero, a nuestro juicio, no ha transcurrido
tiempo suficiente para hacer una valoración
objetiva y por eso no hemos accedido a darles
aún esa oportunidad. Y si hemos dado cabida
al caso de Carmen Pombo con el que abrimos
este artículo es por la espectacularidad de
su recuperación. A fin de cuentas, se trata
de alguien que tras casi siete años en silla
de ruedas ha metido ésta en un armario para
no tener que volver a usarla... ¡a los cinco
días de ser operada!
Sin embargo, los hechos no bastan. A algunos
les han lavado de tal manera el cerebro que
ni la publicación de los espectaculares casos
dados a conocer en enero pasado les han servido
para reflexionar. Y en algunas asociaciones
de afectados por esta enfermedad se sigue
diciendo a quienes llaman para informarse
que los doctores Pérez Fernández y
Castillo Recarte son poco menos que unos
farsantes. Eso sí, sin conocerles. Sin hablar
con un solo paciente operado. Haciendo gala
de un singular talante.
Pues bien, venciendo el natural pudor de ambos
médicos -que huyen de toda polémica- vamos
a desvelar algo que no habíamos contado aún:
la confianza de estos doctores en lo que hacen
es tal que familiares de ambos han sido operados
de esclerosis múltiple. Por ellos mismos.
El segundo caso es reciente y vamos a esperar
unos meses para hablar de él. Pero el primero
es nada menos que la propia esposa del doctor
Pérez Fernández. Y como quiera que ha pasado
el tiempo suficiente para hacer una valoración
adecuada, vamos a dar brevemente los datos
de su caso.
MAUREEN COTTRELL
La mujer del doctor
Pérez Fernández, Maureen Cottrell
-nacida en la ciudad galesa de Pontypool hace
ahora 60 años- es enfermera de profesión y
conoció a su actual marido cuando éste trabajaba
en Gran Bretaña como médico. Y el único antecedente
que cabe destacar es que teniendo 5 años sufrió
ataques de epilepsia debiendo ser tratada
de ese problema durante un lustro (cabe añadir,
en cualquier caso, que también una hermana
menor padeció esa dolencia). Por lo demás,
y salvo una operación de apendicitis cuando
tenía 16 años, su salud fue siempre bastante
buena hasta que en 1977, tras el parto de
su cuarto y último hijo, presentó un ligero
cuadro de visión doble con adormecimiento
y pérdida de fuerza en el brazo derecho. Asimismo,
comenzó a sentir inestabilidad y fatiga crónica
(astenia). Sin embargo, bastaron tres días
de tratamiento con corticoides para que los
síntomas desaparecieran durante años.
Tiempo después, en 1986, Maureen volvería
a Gran Bretaña con motivo del fallecimiento
de su padre y allí desarrollaría un episodio
similar al anterior pero de mayor intensidad.
Sometida a diversas pruebas analíticas se
la diagnosticaría esclerosis múltiple siendo
inicialmente tratada con Nuvacthen Depot
de 1 mgr.
De regreso a España, el doctor Pérez Fernández
entraría de inmediato en contacto con un médico
de origen cubano afincado en Estados Unidos
al que conocía bien, el doctor Fernández
Noda, quien poco antes había descubierto
que algunos casos de esclerosis múltiple se
debían a una comprensión del opérculo torácico
-lo que se conoce como TOS (Thoracic Outlet
Sindrome)- y que una simple operación
resolvía el problema al desaparecer los síntomas.
De ahí que decidiera rebautizarlo y llamarlo
con mayor propiedad CTOS (Cerebellar Thoracic
Outlet Sindrome) añadiendo la referencia
al cerebro. Y lógicamente interesado, quiso
conocer su opinión sobre el caso de su esposa.
Fernández Noda confirmaría que el de Maurren
era un caso de CTOS. Y sin pensarlo más, el
doctor Pérez Fernández decidió operar personalmente
a su propia mujer ayudado con el entonces
joven doctor Castillo Recarte, con el que
lleva trabajando conjuntamente más de 20 años
desde que le tomara como pupilo tras haber
sido brillante alumno suyo en la Facultad
de Medicina del CEU.
A fin de cuentas, Maureen no había vuelto
a tener ningún nuevo brote pero el deterioro
había sido rápido y progresivo. En el momento
de ir a ser operada caminaba con mucha inestabilidad,
tenía una marcada disminución de fuerza en
toda la parte izquierda de su cuerpo, sufría
episodios de pérdida de visión en el ojo izquierdo
(lo que se denomina amaurosis fugax),
tenía una clara disminución de memoria y había
perdido la fuerza en las manos hasta el punto
de que no podía hacer ejercicios finos (es
decir, abrocharse un botón por ejemplo).
Maureen sería operada en 1990. Y prácticamente
todos los síntomas desaparecieron al cabo
de sólo unos meses. Hoy goza de espléndida
salud y el único recuerdo de aquella amarga
experiencia es una disminución de la agudeza
visual de su ojo izquierdo. Por lo demás,
su recuperación fue total.
¿Le sigue extrañando, amigo lector, que al
doctor Pérez Fernández le quede alguna duda
sobre lo que hace tras esta experiencia personal,
los más de ciento cincuenta casos operados
ya en España y los más de 1.500 casos tratados
en Estados Unidos por el doctor Fernández
Noda?
José Antonio Campoy
PD:
los intesados en contactar con estos cirujanos
pueden llamar al 91 532 89 32.
EL DESCUBRIMIENTO
DEL DR. FERNÁNDEZ NODA
El descubrimiento
que hoy está permitiendo en el mundo tratar
con cirugía algunos casos de esclerosis múltiple
-entre otras patologías- se debe al doctor Fernández
Noda, un cirujano cardiopulmonar norteamericano
afincado en Puerto Rico y de origen cubano que
a principios de la década de los 80 estaba interviniendo
un día a un paciente de TOS (lo que se conoce
como Síndrome del Opérculo Torácico) que también
padecía Parkinson y observó, tras la operación,
que al tiempo que se habían resuelto los síntomas
del TOS había mejorado la sintomatología de
esa otra enfermedad.
Obsesionado por esa posible relación, Fernández
Noda comenzaría a investigar casos de pacientes
afectados por el Parkinson y otras enfermedades
del sistema nervioso central -como la esclerosis
múltiple, la epilepsia o algunos casos de Alzheimer-
y se encontró con que la mayoría de los pacientes
que padecían esas patologías tenían el síndrome
compresivo de la base del cuello o TOS. Fue
entonces cuando decidió introducir la letra
C antecediendo al TOS para dejar claro que el
problema afectaba al riego sanguíneo del cerebro.
Desde entonces lo llama CTOS.
Tras seguir investigando descubriría que la
causa estaba fundamentalmente en la compresión
que se producía en la arteria vertebral en tanto
provocaba una disminución intermitente de su
flujo sanguíneo. Y entendió que eso era lo que
originaba la isquemia cerebral subyacente como
elemento de minusvalía en la patología del sistema
nervioso central. Es decir, que la comprensión
intermitente de la arteria vertebral, además
de otras patologías, provocaba que no llegara
al cerebro la sangre de manera fluida y, por
tanto, llegara también menos oxígeno. Su trabajo
posterior sería el de diseñar una técnica quirúrgica
que permitiera resolver el problema devolviendo
a la arteria vertebral su correcto nivel de
flujo sanguíneo. Una técnica distinta a la de
las operaciones quirúrgicas convencionales en
las que se actúa bien desgajando el escaleno
superior, el medio y la primera costilla, bien
cortando y quitando ésta directamente. Con la
técnica que diseñó Fernández Noda se actúa sólo
sobre la arteria vertebral. Una operación menos
compleja y mucho más efectiva.
Finalmente, y dentro de la más estricta ortodoxia
médica, demostraría la participación de la arteria
vertebral en la génesis de la patología degenerativa
del sistema nervioso central probando las consecuencias
que la disminución del flujo sanguíneo tiene
sobre la función de las estructuras neuronales
del cerebro. Para lo cual realizó de forma sistemática
estudios arteriográficos de los troncos supraaórticos,
estudios Doppler vasculares -incluido Doppler
transcraneal- y estudios de captación de isótopos
radioactivos (SPECT y PetScan).
Ahora bien, se trata de una isquemia de naturaleza
funcional, no continua. Además, el Dr. Fernández
Noda piensa que los fenómenos autoinmunes que
se presentan en algunos de estos procesos -particularmente
en la esclerosis múltiple- son de naturaleza
secundaria y no la causa, tal como en la actualidad
se especula. Asimismo, cree que el daño último
y las lesiones están producidas por la masiva
generación de radicales libres que se forman
a causa del déficit circulatorio. El propio
doctor aclara por ello que hay que seguir investigando
para dar respuestas a estas interrogantes.
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