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| CÁNCER:
¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? Causas exógenas |
El cáncer sigue siendo
para la comunidad científica una de las más
importantes asignaturas pendientes. Especialmente
porque se han dedicado a su estudio ingentes
cantidades de recursos sin apenas resultados
terapéuticos. Pero, ¿qué es el cáncer? ¿Qué
lo provoca? ¿Cómo se diagnostica? ¿Tiene cura
efectiva? ¿En qué casos? Demasiadas preguntas
para responder en unas breves líneas. Hemos
decidido acercar al lector a esta grave dolencia
y explicarle en varios artículos lo que de
verdad es y causa el cáncer. Y, por supuesto,
cómo tratarlo.
Cáncer es el nombre que se da a la multiplicación
descontrolada de una célula cuando pierde
sus mecanismos normales de control en virtud
de lo cual termina formando una masa celular
más o menos compacta que invade los tejidos
adyacentes y puede propagarse por el cuerpo,
hecho éste al que se llama metástasis. Algo
que puede suceder en cualquier tejido de cualquier
órgano del cuerpo. Es decir, las células cancerosas
son células normales que en un momento determinado
cambian genéticamente -se modifica su ADN-
a causa de algún "agente carcinógeno" siempre
que sean "susceptibles" (o sea, que se trate
de células propensas a contraer el cáncer).
¿Y cuáles son esos "agentes" que provocan
el cambio de ADN en la célula genéticamente
propensa y la llevan a ser cancerígena, es
decir, a crecer de forma descontrolada y expandirse
por el cuerpo? Pues son numerosos y luego
los veremos pero pueden serlo tanto un producto
químico como un virus, la radiación o, incluso,
el exceso de luz solar. Aunque también una
"irritación física crónica" aumenta el riesgo
de que las células se conviertan en cancerosas.
Igualmente se sabe que el nivel de defensas
del cuerpo es importante ya que el sistema
inmunitario está capacitado para destruir
cualquier célula cancerígena antes de que
se reproduzca. Y, de hecho, lo hace a menudo.
En cuanto a por qué a veces no lo logra se
sigue estudiando y hay ya diversas propuestas
para explicarlo, entre ellas que si una persona
enferma es porque carece de determinados genes
concretos. Ello explicaría que el cáncer sea
más propenso a desarrollarse cuando el sistema
inmunitario no funciona correctamente, como
es el caso de las personas que tienen alguna
de las llamadas "enfermedades autoinmunes",
las infectadas por el virus del SIDA -enfermedad
que precisamente deja sin defensas al enfermo-
o el de quienes toman fármacos que frenan
la respuesta inmunológica.
Ahora bien, ¿qué mecanismo lleva a la célula
a sufrir esa transformación en su interior
y convertirse en cancerosa? Pues hay que decir
que oficialmente se ignora aunque se han propuesto
diversas teorías. Sólo se tiene la certeza
de que tienen lugar determinados cambios cromosómicos,
de que la célula pierde varios genes por alguna
razón y de que eso es lo que la lleva al cambio
del ADN y a crecer desmesuradamente.
A lo que hay que añadir la existencia de los
llamados oncogenes, es decir, genes que provocan
el cáncer. Se cree que a veces se trata de
versiones anormales de los genes responsables
del crecimiento y del desarrollo que están
presentes sólo en el feto y que, por lo general,
se desactivan de forma permanente tras el
nacimiento. El problema es que en ocasiones
esos genes se reactivan -no se sabe cómo ni
por qué- y pueden provocar cáncer.
Hasta aquí, pues, la "explicación" oficial
de por qué se produce el cáncer. Que, como
puede verse, se limita a describir lo que
sucede sin explicar qué lo provoca realmente.
FACTORES DE RIESGO
En cuanto a los
factores de riesgo, sí se sabe que hay varios
que pueden influir, coadyuvar o provocar el
cáncer, como ya adelantamos antes. Uno de
ellos es la herencia genética. Al menos, se
ha constatado que hay familias con mayor riesgo
que otras a desarrollar determinados tipos
de cáncer. Así, el riesgo de desarrollar cáncer
de mama en la mujer es hasta 3 veces mayor
si la madre o la hermana lo padecieron antes.
Algunos cánceres de mama están ligados a una
mutación genética específica que, por cierto,
es más frecuente en ciertos grupos étnicos
y en algunas familias. Según las estadísticas,
la probabilidad de desarrollar un cáncer de
mama entre las mujeres que tienen esa mutación
está entre el 80% y el 90%, probabilidad que
oscila entre el 40% y el 50% en los casos
de cáncer de ovario. Otro ejemplo es el de
quienes tienen el llamado Síndrome de Down;
se trata de enfermos que tienen tres cromosomas
en lugar de los dos habituales en el par 21
y el riesgo de que desarrollen una leucemia
aguda es entre 12 y 20 veces mayor que en
otras personas.
Pero la genética no es el único factor de
riesgo. Existen más factores, otros potenciales
agentes cancerígenos. Es el caso del tabaco.
Hoy se sabe -aunque se oculta- que son muchos
los ingredientes cancerígenos que contiene,
especialmente los cigarrillos. Muchos más
de los que se reconocen. Y que fumar causa
buena parte de los cánceres de pulmón, boca,
laringe y vejiga.
Otro factor de riesgo -bien conocido- es la
exposición prolongada a la radiación ultravioleta,
sobre todo la que proviene del sol. La mayor
parte de los melanomas -cáncer de piel- se
deben a ello. Y otro, las radiaciones ionizantes.
Son las que producen, por ejemplo, las explosiones
atómicas y los reactores de las centrales
nucleares. Pero no son las únicas. A fin de
cuentas, esas mismas radiaciones se reciben
desde el espacio exterior y pueden provocar
cáncer directamente. Por eso es mayor el riesgo
entre quienes viven en montañas altas, quienes
se encuentran en zonas donde la capa de ozono
ha desaparecido o disminuido en las últimas
décadas y quienes pasan mucho tiempo volando,
especialmente pilotos, mecánicos y auxiliares
de vuelo de las compañías comerciales.
Como radiaciones potencialmente cancerígenas
son las utilizadas para hacer radiografías.
Los rayos X pueden provocar cáncer y, por
tanto, toda persona debe ser consciente de
ello y negarse a dejarse radiar sin auténtica
necesidad. Especialmente porque buena parte
de las radiografías que hoy encargan los médicos
son innecesarias.
También hay numerosos productos químicos cancerígenos.
Se sabe con certeza. Muchos de ellos utilizados
en la construcción. Es el caso del asbesto,
del amianto y de otros.
La alimentación es, asimismo, un importante
factor de riesgo, particularmente del que
afecta al sistema gastrointestinal. Y lo mismo
que hoy se sabe que una dieta con alto contenido
en fibra reduce la posibilidad de desarrollar
cáncer de colon se sabe que una con alto contenido
en productos ahumados y picantes incrementa
la probabilidad de desarrollar cáncer de estómago.
Las evidencias actuales sugieren además que
consumir más de un 30% de grasas saturadas
en la alimentación diaria (carne, embutidos,
quesos, etc.) es un claro factor de riesgo.
Y otro tanto puede decirse de quienes abusan
del alcohol.
LA IMPORTANCIA DEL
ENTORNO
El riesgo de cáncer
también varía según el lugar en el que se
viva. Durante mucho tiempo se pensó que determinados
tipos de cáncer tenían mayor incidencia en
unas razas que en otras pero resultó ser falso.
El riesgo de cáncer de colon y mama, por ejemplo,
es muy bajo entre los japoneses que viven
en su país natal por lo que se pensó que se
debía a alguna característica genética propia
pero luego se comprobaría que esa incidencia
era bastante mayor en los japoneses que emigraron
a Estados Unidos llegando a igualar al resto
de la población americana. Paralelamente,
los japoneses tienen en su país porcentajes
muy elevados de cáncer de estómago y, sin
embargo, esa incidencia es más baja en los
japoneses nacidos en Estados Unidos.
Todo lo cual parece demostrar que aunque el
papel de la genética es obvio en determinados
casos no es, como algunos creen, un factor
tan crucial en muchos otros. Influye de forma
mucho más significativa el entorno en el que
se vive, especialmente en lo que se refiere
a las costumbres alimenticias y al medio ambiente.
También se sabe que varios virus pueden provocar
cáncer y se sospecha de varios otros. El papilomavirus
-causante de verrugas genitales- está considerado
el responsable del cáncer cervical en las
mujeres, el citomegalovirus del sarcoma de
Kaposi y el virus de la hepatitis B de cáncer
de hígado (la verdad es que en este caso al
menos no está claro si se trata de un agente
cancerígeno o de un elemento coadyuvante).
Incluso se afirma que algunos retrovirus humanos
-como el VIH, responsable del Sida- causan
linfomas y otros cánceres de la sangre.
Añadiremos, por último, que también algunos
parásitos pueden causar cáncer. La literatura
médica detalla varios casos.
Un punto importante que conviene en todo caso
destacar, llegados a este punto, es que la
incidencia del cáncer ha cambiado notablemente
en las últimas décadas. Por ejemplo, algunos
cánceres que antes eran corrientes hoy son
raros. En algunos países el cáncer de estómago
era hace sólo 60 años cuatro veces más frecuente
que hoy, algo que se achaca al hecho de que
hoy se consumen muchos menos alimentos ahumados.
Por el contrario, el de pulmón ha aumentado
muchísimo (hasta 20 veces) así como el de
boca. Y se sabe que ello se debe al mayor
consumo de cigarrillos.
¿TIENE ALGO QUE
VER EL CÁNCER CON LA EDAD?
Oficialmente la
edad es también un "factor de riesgo" importante
en el desarrollo del cáncer. Así se concluyó
al constatarse que algunos tipos de cáncer
afectan casi exclusivamente a personas jóvenes.
Sólo que ese hecho no demuestra nada por sí
mismo.
También se asegura que cuanto mayores somos,
mayor es el riesgo de padecerlo. Hasta el
punto de que los expertos aseguran que, a
partir de cumplir los 25, el riesgo se duplica
cada 5 años. Y todo porque la mayoría de los
cánceres los padecen las personas de mayor
edad y algunos, como los de próstata, estómago
y colon, tienen más probabilidad de aparecer
después de los 60 años. La verdad, sin embargo,
es que a medida que envejecemos la mayoría
de las personas cuentan con un sistema inmunitario
más debilitado y por eso es más fácil que
padezcan cáncer... y cualquier otra enfermedad.
No porque el cáncer tenga algo que ver con
la edad salvo que aceptemos que todas las
enfermedades tienen algo que ver con la edad
y, por ende, con el estado del sistema inmunitario.
De hecho, la importancia del sistema inmune
es tal que está demostrado que el cáncer tiene
100 veces más posibilidades de aparecer en
quienes toman fármacos que inhiben el sistema
inmunitario (por ejemplo, los que se utilizan
para evitar los rechazos en los trasplantes
o en algunas enfermedades reumáticas).
OTRAS CAUSAS DE
CÁNCER
Imagino que muchos
lectores estarán perplejos a estas alturas
pensando en la cantidad de factores que pueden
llegar a provocar la cancerización de una
célula. Resumámoslos antes de seguir:
1) La herencia genética.
2) Determinados virus.
3) Algunos parásitos.
4) Una "irritación física crónica".
5) La exposición prolongada a la radiación
ultravioleta.
6) Las radiaciones naturales del espacio.
7) Los rayos X de las radiografías.
8) Productos químicos radiactivos
como el uranio y otros.
9) Productos químicos utilizados en
la industria como el arsénico, el asbesto,
el alquitrán, el amianto, las aminas aromáticas,
el benceno, los cromatos, el níquel, el cloruro
de vinilo y otros.
10) Productos utilizados en Medicina
(los agentes alquilantes, el dietilestilbestrol,
la oximetolona y el thorotrat, entre otros),
11) Una inadecuada alimentación (por
ejemplo, la ingesta excesiva de grasas saturadas,
alimentos ahumados y picantes, nueces de betel
y alcohol)
12) El tabaco (en realidad, algunos
de los cientos de productos que llevan los
cigarrillos).
Factores de riesgo todos que inciden, en mayor
o menor medida, a la hora de contraer o no
cáncer según se encuentre nuestro sistema
inmunitario, nuestro nivel de defensas.
Y hasta aquí la lista de los principales agentes
carcinógenos reconocidos por los expertos.
Todos ellos constatados. Sólo que no son los
únicos: hay más y no menores en orden de importancia.
En cuanto a las razones de que no estén aún
reconocidos como tales son muy variadas pero
la mayor parte se debe a los gigantescos intereses
económicos que hay detrás de su posible reconocimiento.
Es el caso de los campos magnéticos y, sobre
todo, de los campos electromagnéticos. Que
una exposición prolongada a los campos generados
por las torres de alta tensión produce cáncer
está demostrado por mucho que estudios pagados
por las propias compañías eléctricas pretendan
demostrar que no es así. Y que muchos gobiernos
abunden en esa idea para no tener que afrontar
posibles indemnizaciones millonarias, también.
Claro que no son sólo las torres de alta tensión:
un simple radiodespertador encendido toda
la noche y colocado en la mesilla de noche
puede ser cancerígeno. De hecho, la propia
Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba
de pasar los campos magnéticos de la categoría
de inocuos a la de potencialmente cancerígenos.
Otro tanto hay que decir de la exposición
prolongada a las microondas. Las antenas y
repetidoras de telefonía móvil son potencialmente
cancerígenas. Es más, lo son incluso los actuales
teléfonos móviles. Y muchos otros pequeños
aparatos generadores de campos electromagnéticos.
Basta con que el tiempo de exposición a ellos,
a distancias cortas, sea muy alto. Aunque
los miles de millones gastados en publicidad
en los medios de comunicación social hagan
silenciar a la mayor parte de estos esa verdad.
Porque todos ellos emiten radiaciones que,
si son muy prolongadas en el tiempo, pueden
dañar las células.
Lo mismo que son potencialmente cancerígenas
algunas radiaciones telúricas naturales. Los
expertos en Geobiología vienen advirtiendo
de ello hace años sin que se les escuche.
Lo que explicaría el hecho constatado -y no
sólo en razón de la alimentación o de la forma
de preparar los alimentos- de que hay cánceres
relacionados con el lugar en el que se vive.
Añadiré que son numerosos los expertos que
se han pronunciado ante esta revista para
denunciar un hecho poco conocido: que los
propios equipos de radioterapia que se utilizan
para combatir el cáncer pueden ser -¡curiosa
paradoja!- provocadores de cáncer. Y es que
para alcanzar el órgano afectado y combatirlo
con radiaciones se necesita radiar todos los
tejidos intermedios, los que se hallan entre
el aparato y el órgano canceroso. Y esa misma
radiación puede cancerizar todos esos tejidos
sanos.
Los factores de riesgo son pues, como vemos,
más amplios de los que se nos dice.
EN DEFINITIVA, ¿QUÉ
CAUSA EL CÁNCER?
En suma, una célula
puede cancerizarse por todos los motivos expuestos
siempre que además exista en ella una predisposición
genética y el sistema inmune esté bajo de
defensas y no actúe de manera inmediata para
resolver por sí mismo el problema. Eso es
lo que, al menos, afirma la Oncología oficial.
¿Y es eso correcto? Pues hay que decir que
básicamente sí... pero sólo a medias. Porque
aún admitiendo que todo lo dicho sea verdad
sería sólo una parte de la verdad.
La auténtica verdad es que los factores de
riesgo mencionados son los responsables de
sólo una quinta o sexta parte de los cánceres.
El 80 u 85% de los cánceres se deben en realidad
a fuertes traumas emocionales, a shocks traumáticos
inesperados vividos en soledad. Algo que la
inmensa mayoría de los oncólogos ignora. Quizás
porque los problemas psíquicos y emocionales
y las posibles consecuencias psicosomáticas
de los mismos escapan a sus parcelados conocimientos.
Es el clásico problema de la especialización
en la Medicina. Algo que ya comentara en estas
mismas páginas el Dr. José Pérez Fernández,
director médico de la Clínica Rochester
de Madrid, para quien no cabe duda alguna
de que "en la mayor parte de los casos
la causa del cáncer no debe buscarse sólo
en el ámbito físico sino también en el espiritual.
Ciertamente, hay una somatización de todo
problema psíquico y emocional en el plano
físico pero centrar el tratamiento terapéutico
exclusivamente en este último ámbito es un
error. La Biología es importante pero no lo
es menos la medicina del alma. Sobre todo
cuando buena parte de lo que se cree saber
hoy sobre Biología a nivel molecular está
ahora mismo en entredicho".
"En todo caso -añadiría-, cuando
hablamos de cáncer hablamos de cambios que
se producen no sólo a nivel microscópico sino
energético. Cambios en el ADN celular que
puede provocarlos tanto una radiación como
un campo electromagnético, un producto químico
como una enfermedad crónica, un virus como
un parásito. Luego, ¿por qué no la bioquímica
consecuencia de una emoción fuerte? No veo
la diferencia?"
El próximo mes nos centraremos pues,
amigo lector, en las verdaderas razones que
dan lugar al cáncer. Algo de lo que en muy
buena medida depende la efectividad o inutilidad
de los tratamientos oncológicos.
José Antonio Campoy
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