|
|


| LAS
ANTENAS DE TELEFONIA MOVIL SÍ SON PELIGROSAS |
Que las radiaciones
electromagnéticas pueden afectar gravemente
a la salud de todos los seres vivos no es
discutible por mucho que algunos se empeñen
en negarlo. La evidencia la dan los hechos:
son decenas de miles las personas que han
enfermado -y muchas, muerto- a consecuencia
de ellas. Y cuando alguien afirma que no está
demostrada "científicamente" la causa de todas
esas enfermedades y muertes demuestra que
es un ignorante o un manipulador. Existen
estudios científicos suficientes para afirmarlo.
Aunque las empresas implicadas tengan tanto
poder como para silenciarlos financiando otros
estudios con la intención de sembrar la duda.
Ya lo hicieron en su momento las compañías
tabaqueras que se pasaron décadas afirmando
también que no estaba "científicamente" demostrada
la relación del tabaco con el cáncer.
A muchos lectores les sorprenderá,
teniendo en cuenta las declaraciones oficiales
asegurando que no hay "evidencias científicas"
de que la telefonía móvil sea peligrosa, que
sea tan rotundo afirmando que sí existen.
Pero lo mantengo. Como mantengo que quienes
lo niegan tienen la misma información que
yo.
En los recuadros que acompañan este artículo
el lector podrá ilustrarse con datos que le
servirán para reflexionar. Por mi parte, tengo
intención de dar a conocer los trabajos que
evidencian los peligros de la radiación electromagnética.
Y no sólo de la telefonía móvil. Pero empezaré
a hacerlo el próximo mes. En este instante
prefiero que el lector tenga conocimiento
de que mis afirmaciones no son producto de
una creencia personal con escaso fundamento.
Y afirman lo mismo ilustres científicos a
los que, o no se escucha, o se les ignora.
Veámoslo.
La Dirección General de Investigación del
Parlamento Europeo recibió en su departamento
de Evaluación de Opciones Científicas y Tecnológicas
un informe (su resumen fue publicado en marzo
del pasado año) titulado "Los efectos fisiológicos
y medioambientales de la radiación electromagnética
no ionizante" que fue elaborado conjuntamente
por el Instituto Internacional de Biofísica
de Neuss-Holzheim (Alemania) bajo la dirección
del prestigioso doctor G. Hyland y
el Departamento de Física de la Universidad
de Warwick (Gran Bretaña). Pues bien, en él,
además de todo tipo de consideraciones científicas
sobre los peligros de la telefonía móvil,
se hacen -a modo de conclusiones- varias recomendaciones
muy concretas en la confianza de que tanto
el Parlamento Europeo -en su calidad de órgano
legislativo- como la Comisión Europea -en
tanto órgano ejecutivo- las tuviesen en cuenta.
¿Y cuáles son? Pues veámoslas.
RECOMENDACIONES
AL PARLAMENTO EUROPEO
El primer punto
del informe en este sentido no deja lugar
a dudas. Porque en él se dice textualmente
lo siguiente: " Se desaconseja enérgicamente
que los niños (sobre todo, los adolescentes)
utilicen de forma prolongada y sin necesidad
teléfonos móviles por su creciente vulnerabilidad
a posibles efectos perjudiciales para la salud."
Rotundo, ¿no? Pues inmediatamente a continuación
echa un rapapolvo a las compañías implicadas:
"La industria de la telefonía móvil debería
evitar fomentar el uso prolongado de teléfonos
móviles por parte de los niños utilizando
tácticas publicitarias que explotan la presión
de los compañeros y otras estrategias a las
que los jóvenes son susceptibles, como la
utilización (ahora interrumpida) de personajes
DISNEY en los teléfonos."
La verdad es que hay ocasiones en que sobran
los comentarios. Así que me voy a permitir
transcribir -literalmente- las demás recomendaciones:
* "La industria de la telefonía móvil debería
aclarar a los consumidores que el coeficiente
de absorción específica (CAE) -que en
algunos países aparecerá en breve anunciado
en el aparato- sólo hace referencia al
grado en que las emisiones de microondas desde
la antena pueden calentar el tejido biológico
y que, de ningún modo, es aplicable a los
efectos no térmicos que las emisiones de un
teléfono móvil tienen sobre el usuario."
* "La eficacia de aparatos tales como carcasas
protectoras y auriculares ha de demostrarse
teniendo en cuenta pruebas biológicas y no
sólo la reducción del valor CAE (determinado
por la utilización de cabezas "imaginarias")
que podría conseguirse con el uso de tales
protectores. Debe explicarse al consumidor
que tales aparatos no proporcionan protección
contra el campo magnético de impulso de baja
frecuencia procedente de la batería del teléfono."
* "En cuanto a los mecanismos de protección
personal con los que se pretende mejorar la
inmunidad del usuario contra las repercusiones
negativas de la exposición (entre ellas las
que proceden del campo magnético de la batería)
puede decirse que:
a) La eficacia de estos mecanismos debe
establecerse mediante pruebas biológicas.
b) Tales mecanismos no deben ser rechazados
(como ha sucedido en ciertas encuestas de
consumo publicadas) alegando únicamente que
su uso no reduce el CAE, según la medición
obtenida utilizando una cabeza "imaginaria"
puesto que no es esto para lo que se les ha
diseñado.
Por consiguiente, el CAE es aquí una medida
fundamentalmente inapropiada para evaluar
su eficacia.
Aunque el texto es claro voy a comentarlo
para los no expertos. El informe explica que
decirle a los consumidores cuál es el grado
de absorción por los tejidos del cuerpo de
las radiaciones -eso es el CAE- no basta para
determinar el grado de peligrosidad del aparato.
Porque eso sólo indica el grado de calentamiento,
la elevación de temperatura que las microondas
provocan en él, sobre todo en la cabeza. Y
no basta porque las microondas tienen otros
efectos negativos no térmicos; es decir, que
además del peligroso aumento de temperatura
en los tejidos hay otros efectos igualmente
peligrosos (en realidad más, como explicaré
en su momento). Eso es precisamente lo que
llevó a los autores del informe a sugerir
varias opciones de actuación a la Comisión
Europea. Y lo hace descalificando cómo se
han hecho las investigaciones efectuadas hasta
ahora. Así, en su primera recomendación aconsejan
que las próximas investigaciones que patrocine
la Unión Europea se hagan sobre "organismos
vivos" y no con cabezas artificiales rellenas
de una simple solución salina (cabezas fantasma
las llaman) donde la realidad bioquímica del
cerebro no existe y con "teléfonos móviles"
reales y no con "sustitutos" -generalmente
campos generados artificialmente- "puesto
que las emisiones tienen una repercusión biológica
bastante diferente a consecuencia de ciertas
diferencias en la frecuencia de los impulsos."
Asimismo, se sugiere que se "preste
una especial atención a las diferencias en
las condiciones de exposición: si la exposición
es resonante con respecto al tamaño, si se
encuentra cerca o lejos de] campo de la antena,
y si afecta a todo el cuerpo o es más localizada."
Dicho de otro modo: es difícil encontrar
evidencias científicas de algo cuando no se
quieren encontrar. Y la mayor parte de los
experimentos no se han hecho adecuadamente,
es decir, con seres vivos y teléfonos reales.
Eso sí, sirven para ganar tiempo y confundir
a la opinión pública. Con la complicidad de
algunos medios de comunicación que no quieren
perder los sustanciosos ingresos que la publicidad
de este sector les proporciona. Luego siempre
podrán escudarse en que ellos se atuvieron
a reflejar lo que decían los informes "científicos".
Y no tanto para tranquilizar sus conciencias
sino para justificarse ante sus lectores,
oyentes o telespectadores. Salvo que en realidad
sean, sin más, unos incompetentes profesionalmente.
Asimismo, se aconsejan otras cosas:
* Que "se investigue de forma sistemática
la influencia de los diferentes tipos de impulsos
(de teléfonos reales) sobre el EEG (electroencefalograma
humano) y, en el mejor de los casos, sobre
el MEG (magnetoencefalograma) y sobre si alguno
de los cambios observados en los espectros
de potencia tienen correlación con los cambios
en el nivel de caos determinista."
* Que se utilicen "tecnologías nuevas no
invasivas como la emisión de biofotones para
investigar la influencia de la radiación de
los teléfonos móviles en los organismos vivos."
* Que a la hora de evaluar los efectos de
la radiación de los teléfonos móviles "se
preste mayor atención a las lecciones aprendidas
de la exposición a otros tipos de campos de
radiofrecuencia afines como los Skrunda, los
radares de policía y los militares."
-Que conociendo el negativo efecto que las
microondas han tenido sobre el ganado vacuno
que se encontraba en granjas en las que había
una estación base de telefonía "debería
establecerse un servicio de control veterinario
que recogiera y analizara tales informaciones
para difundirlas entre los ganaderos y fueran
conscientes de este peligro potencial para
su ganado."
* Y, por último, que "debería incrementarse
(quizás bajo la tutela de organismos reguladores
nacionales) el conocimiento de la naturaleza
electromagnética de los organismos vivos y
su consiguiente hipersensibilidad a las señales
electromagnéticas ultradébiles y coherentes."
Y es que, como dice el informe, "lo que
distingue a los campos electromagnéticos producidos
tecnológicamente de la mayoría de los naturales
es su mayor grado de coherencia. Eso significa
que sus frecuencias están especialmente bien
definidas y, por tanto, son más fácilmente
perceptibles por los organismos vivos, entre
ellos, los humanos. Lo cual incrementa su
potencial biológico y "abre la puerta" a la
posibilidad de distintos tipos de influencias
no térmicas de frecuencia específica contra
las cuales las directrices de seguridad -como
las emitidas por la Comisión Internacional
de Protección contra la Radiación No Ionizante-
no garantizan protección. "
Este último punto, debo añadir por mi parte,
es crucial. Porque, contra lo que se dice
y afirma, el mayor peligro de la telefonía
móvil no está en su efecto térmico -que también-
sino en las bajas frecuencias, en aquellas
que se creen inofensivas porque no provocan
aumento de calor. Y la razón es simple: actúan
interfiriendo la comunicación celular de los
seres vivos. Y, por tanto, provocar -entre
otras muchas disfunciones- cáncer. Lo explicaré
en detalle el mes que viene.
No quiero, en todo caso, terminar este primer
texto introductorio sin recoger algunas otras
expresiones significativas del informe que
estoy comentando. Creo que su simple trascripción
ilustrará al lector:
* En la actualidad, una de las principales
amenazas para la salud de la sociedad es la
"electrocontaminación" producida por el hombre.
Esta contaminación electromagnética no ionizante
de origen tecnológico es especialmente perniciosa
porque escapa a la percepción de los sentidos,
circunstancia que tiende a fomentar una actitud
bastante inconsciente en relación con la protección
personal. Con todo, la naturaleza de la contaminación
es tal que, literalmente, "no hay lugar donde
esconderse". Además, dado el tiempo relativamente
escaso durante el cual la humanidad se ha
visto expuesta a ella no tenemos ninguna inmunidad
evolutiva ni contra los efectos nocivos que
directamente pudiera tener sobre nuestros
cuerpos, ni contra las posibles interferencias
con los procesos electromagnéticos naturales
de los que depende la homeostasis.
* Los intentos por abordar un problema que
es intrínsecamente no lineal desde una perspectiva
lineal solo empeora las cosas: el conocimiento
obsoleto es peor que la ignorancia. El ignorante,
por lo menos, sabe que no sabe. En el caso
de la telefonía móvil, no sólo ha habido poca
disposición por parte de los organismos oficiales
para "coger la cuestión no lineal por los
cuernos" sino un lamentable fracaso a la hora
de prestar atención a las señales de perjuicio
para humanos y animales causado por la exposición
a campos de impulsos de microondas de intensidad
subtérmica.
* Con bastante razón, la gente sigue siendo
escéptica ante los intentos de dar noticias
tranquilizadoras por parte del gobierno y
de la industria del sector, sobre todo, teniendo
en cuenta la forma inmoral en que con frecuencia
actúan simbióticamente a fin de promover intereses
creados, a menudo bajo el corretaje de los
organismos reguladores cuya función, según
cabe suponer, es asegurar que la seguridad
de la gente no se vea comprometida por la
exposición electromagnética. Claro que teniendo
en cuenta la reciente experiencia con la duplicidad
oficial respecto a la Encefalopatía Espongiforme
Bovina o Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (con
las garantías iniciales de inexistencia de
riesgo y las posteriores revelaciones de encubrimientos)
es comprensible que la gente sea cauta sobre
las garantías que ofrecen las fuentes científicas
estatales "oficiales" respecto a la contaminación
electromagnética. Este escepticismo se intensifica
cuando, en el peor de los casos, se silencian
las opiniones contrarias al juicio oficial
y, en la mejor de las ocasiones, se ignoran
cuidadosa y deliberadamente.
* La preocupación de la gente no es infundada
y la ironía de la situación actual respecto
a los teléfonos móviles y las estaciones base
es que las directrices de seguridad existentes,
sorprendentemente, proporcionan mayor protección
a la instrumentación electrónica que a los
seres humanos
¿Empieza a creerme el lector? Lo que le hecho
llegar no es la elucubración de un grupo de
alterados sino un informe científico editado
-infiero que bien a su pesar- por el servicio
de publicaciones del propio Parlamento Europeo
y elaborado por científicos de renombre mundial.
Y ahora continúe, si le place, escuchando
los tranquilizadores mensajes de nuestras
autoridades. Por mi parte, lo reitero una
vez más: no nos van a callar. Ni en éste ni
en otros muchos temas.
José Antonio Campoy
Demasiados casos
casos Los casos
de cáncer generados por las ondas y campos electromagnéticos
son conocidos y se han publicado en todo el
mundo. Incluso en España. Veamos algunas de
las noticias más recientes publicadas al respecto
y que son sólo una pequeña muestra de la realidad.
* Ronda (Málaga). En Ronda está confirmada
la existencia de diez casos de cáncer entre
profesores, alumnos y personal de tres institutos
situados en el barrio de El Fuerte. Y hay antenas
de telefonía móvil situadas a escasos metros
de ellos. En el Instituto Rodríguez Delgado
se detectaron 6 casos; además, el anterior director
del centro y una alumna murieron de cáncer.
En el Instituto Pérez de Guzmán se han registrado
ya dos muertes por cáncer: la del jefe de estudios
hace tres años y la de una alumna de 20 años
hace dos meses. Y en el Instituto Martín Rivero
otros dos: un profesor y uno de los alumnos.
* Valladolid. Cuatro alumnos del Colegio
García Quintana, situado a 100 metros de un
edificio en cuya azotea hay instaladas 36 antenas
de radiotelefonía, padecen leucemia. Dos más,
alumnos de otro centro educativo cercano, han
recibido el mismo diagnóstico. A ellos se suman
cinco casos de cáncer confirmados entre los
residentes del edificio colindante al "edificio
repetidor".
* Madrid. En los números 2, 4 y 6 de
la calle General Millán Astray -en el barrio
de Aluche de Madrid- vivían 48 vecinos. Uno
de ellos, Eladio Trell, de 55 años, falleció
en marzo pasado a causa de un linfoma que le
consumió en apenas un año. Según Amelia,
su viuda, era un hombre fuerte y sano que nunca
fue propenso a ninguna enfermedad. Antes que
Eladio, el vecino de arriba había muerto también
de cáncer y su mujer perdió un pecho a causa
de otro cáncer. El vecino de al lado lleva tres
años luchando contra un linfoma y uno del tercer
piso ha fallecido en diciembre también de cáncer.
Los vecinos supervivientes tienen clara la explicación:
la antena de telefonía móvil que tienen enfrente.
* La Coruña. Veinte personas han fallecido
en menos de un año en la coruñesa Calle de los
Claveles. Los vecinos han llegado a la conclusión
de que tantas muertes repentinas no pueden deberse
a la casualidad y las atribuyen a la antena
de telefonía móvil que luce en el tejado de
uno de los edificios de esta calle. Infartos
cardiacos o derrames cerebrales nutren los partes
de defunción de la mayoría de los vecinos. Otra
de las muertes se debe al suicidio de una joven
que se arrojó por la ventana. Sufría, al igual
que decenas de afectados de esta calle, constantes
dolores de cabeza y no podía conciliar el sueño.
Uno de los peores casos es el de una niña de
3 años que desde septiembre y sin causa aparente
sufre ataques epilépticos.
* San Adrián (Navarra). El Ayuntamiento
de la población de San Adrián pidió en mayo
pasado a las tres compañías de telefonía móvil
con instalaciones en el lugar que trasladaran
sus antenas fuera del casco urbano. El motivo
de esta petición es la ingente cantidad de reclamaciones
y quejas recibidas por el consistorio por parte
de los vecinos de las calles donde se encuentran
los repetidores. Montserrat García, una
vecina de 36 años, cuenta que los cuadros de
insomnio, jaqueca y vértigo que sufre empezaron
al poco de que se instalara una de esas antenas
justo al lado de su casa. Eso mismo, además
de otros síntomas como fatiga crónica y debilidad
muscular, les ocurre a decenas de vecinos, incluso
niños de 12 años, algunos de los cuales llevan
meses en cama a causa de ello.
* Badalona (Barcelona). Tras cinco meses
de alquiler y un extenso dossier de visitas
al hospital, la familia de Rosario Espino
decidió volver a su casa cuando supo que la
antena repetidora de telefonía colocada a pocos
metros de su balcón y que les había torturado
durante meses se había quemado por recalentamiento.
"Mucho antes de irnos nos dimos cuenta de que
los mareos, la fiebre, las migrañas y las convulsiones
de mi nieto eran por culpa de la antena", asegura
Rosario. Ahora su temor es que vuelvan a instalarla.
También en Badalona viven Francesc Martí
y su familia. "La antena -cuenta Martí- la instalaron
en octubre de 1999. Enseguida uno de mis hijos
y yo empezamos a sentir molestias, dolores de
cabeza, fatiga e insomnio que no tardamos en
asociar con ella. Nuestra casa está en el último
piso y la antena a pocos metros de nuestros
dormitorios". Sería el cese temporal de la actividad
de dicha antena y la mejoría de sus síntomas
en ese mismo tiempo lo que confirmó las sospechas
de esta familia.
Sentencia pionera
En febrero se cumple
un año desde que se hizo pública la primera
sentencia que en España paralizaba la actividad
de una antena de telefonía móvil por motivos
de salud. En concreto, el Juzgado de Primera
Instancia nº 2 de Bilbao obligó a Airtel a suspender
la actividad de una de sus antenas -la instalada
en la azotea del número 24 de las calle Obieta
de la población de Erandio-, inmueble en el
que residían Juan Carlos Castro, su mujer
y su hija, una niña hiperactiva de 7 años.
La familia Castro había acudido al juzgado después
de que la comunidad de vecinos autorizara la
instalación de un repetidor de telefonía móvil
en el tejado del inmueble y de que tuvieran
conocimiento de los posibles efectos perniciosos
de las radiaciones no ionizantes de la instalación
sobre la salud de su hija. Antes de presentar
la denuncia, el matrimonio había pedido la opinión
de Ángel González Guija, ex director
del Centro Nacional de Psiquiatría, que hizo
un informe clínico de la menor y certificó que
"en manera alguna deben situarse este tipo de
antenas cerca de personas con patología del
sistema nervioso. No podemos correr el menor
riesgo de que determinadas situaciones originadas
por estímulos externos y basadas en el avance
tecnológico puedan dar lugar a graves perjuicios
para la salud, añadidos a su patología neurológica,
agravando ésta o creando otras nuevas". La sentencia
en firme, después de los recursos interpuestos
por Airtel -hoy Vodafone- llegó en julio del
2001 y consideraba "probable que la exposición
a las radiaciones de las antenas de telefonía
móvil afecte a la salud". Desde entonces, la
antena está inactiva. Esta sentencia pionera
debería sentar precedente y dar la vuelta a
la tortilla: ahora las empresas deberían demostrar
que las radiaciones son inocuas y no al revés.
Laura Jimeno
Numerosas investigaciones
con datos concluyentes
* La primera señal de alerta sobre el peligro
potencial para la salud de los campos electromagnéticos
-de la que tengamos constancia- se dio en la
ex Unión Soviética en 1972 cuando el científico
V. P. Korobkova observó extraños síntomas
en los trabajadores del sector eléctrico, sometidos
constantemente a campos electromagnéticos intensos.
Personas que presentaban cambios continuos de
presión arterial, cefaleas persistentes, fatiga
excesiva, estrés y depresiones agudas. Los resultados
de ese estudio moverían al gobierno de la URSS
a dictar una ley -aún en vigor en Rusia- según
la cual las líneas de alta tensión deben situarse
a una distancia mínima de 110 metros de cualquier
edificio habitado.
* Otro ingeniero, el alemán Egon Eckert,
llevó a cabo en la década de los setenta un
estudio que concluía que la mayoría de los casos
de muerte súbita de lactantes se producía en
las cercanías de vías electrificadas, emisoras
de radio, radares o líneas de alta tensión.
* La primera sospecha de que los campos electromagnéticos
de muy baja frecuencia (hasta 300 hz) estaban
vinculados a casos de cáncer no apareció hasta
1979 cuando los doctores Nancy Wertheimer
y Ed Leeper publicaron los resultados
de un estudio en el American Journal of Epidemiology
(vol. 109 pp 273-284) sobre muerte infantil
ocasionada por cáncer en Denver, Colorado (EE.UU.)
El estudio demostraba que los niños tenían una
probabilidad de dos a tres veces mayor de desarrollar
leucemia, linfomas o tumores en el sistema nervioso
si vivían cerca de una línea eléctrica de alta
tensión que si no vivían en esas condiciones.
Obviamente, las críticas a este trabajo no se
hicieron esperar pero se limitaron a atacar
el trabajo de Wertheimer y Leeper diciendo que
no proporcionaban datos sobre la intensidad
de campo en el aspecto físico del análisis,
ni sobre los orígenes socioeconómicos de la
población en la vertiente estadística del estudio.
* Tras la realización de varios estudios a principios
de los 80 aparece en 1986 uno de los trabajos
de más impacto. Su autor, el doctor David
Savitz, catedrático de la Escuela de Salud
Pública de la Universidad de Carolina del Norte
(EE.UU.), repitió el trabajo de Leeper y Wertheimer
con mejor método epidemiológico obteniendo conclusiones
similares: relación entre un elevadísimo riesgo
de cáncer infantil y la presencia de líneas
eléctricas circundantes de alta potencia, creadoras
de fuertes campos electromagnéticos.
* La investigación continuó en la Universidad
del Sur de California en Los Ángeles (EE.UU).
Un informe de 1991 descubriría vínculos entre
la leucemia infantil y determinada distribución
de la acometida (cableado) eléctrica en algunos
hogares así como entre leucemia y la utilización
de televisores en blanco y negro y secadores
de pelo. Sin embargo, la falta de traza estadística
significativa vinculada a medidas de intensidad
de campo efectuadas a lo largo de 24 horas hicieron
perder fuerza a las conclusiones que apuntaba
el estudio.
* En Argentina, un estudio llevado a cabo por
el profesor Adolfo Portela -miembro del
Centro de Divulgación Científica de dicho país-
establecería la zona de mayor riesgo en el rango
de las radiofrecuencias entre los 30 y los 300
megahertzios que es precisamente la frecuencia
más utilizada en los enlaces de las telecomunicaciones
de corta distancia, en emisoras de radio y TV
y en la telefonía móvil. Según este estudio,
la exposición severa a estas radiaciones afecta
principalmente a la vista, al sistema nervioso
central, al hígado y a las glándulas de secreción
interna.
* Mientras tanto, un estudio finlandés de 1991
realizado con niños que vivían dentro de un
radio de 500 m en la proximidad de líneas de
muy alta tensión no encontró un aumento significativo
en la susceptibilidad a la leucemia y al linfoma
aunque encontró un aumento de tumores en el
sistema nervioso en jóvenes expuestos a campos
magnéticos superiores a 0.2 microteslas.
* En 1992 los científicos María Feychting
y Anders Ahlbom -del Instituto Karolinska
de Estocolmo (Suecia)- presentaron las conclusiones
de uno de los estudios más concluyentes sobre
la relación de los campos electromagnéticos
generados por las líneas de alta tensión y el
riesgo de padecer cáncer y leucemia por las
personas que viven en su entorno. El trabajo
se diseñó como un estudio de control por casos
basado en una población que comprendía a todas
aquellas personas que hubieran vivido en casas
situadas dentro de un radio 300 metros de distancia
de líneas de alta tensión de entre 220 y 400
voltios, en un periodo desde 1960 a 1985. Se
estudió a medio millón de personas. Textualmente,
el informe final dice: "Los resultados proporcionan
una base para sostener la hipótesis de que la
exposición a campos electromagnéticos aumenta
el riesgo de cáncer; y ello resulta especialmente
evidente en la leucemia infantil".
* Otro estudio sueco, en este caso dirigido
por el oncólogo Lennar Hardell en 1992
pero publicado más tarde, contribuía a evidenciar
más aún el eslabón campo electromagnético-cáncer.
Mostraba que el riesgo de desarrollo de leucemia
en niños que viven en entornos de campos magnéticos
de al menos 0.2 microteslas, comparado con aquellos
que viven en entornos de campo más débil (0.1
microteslas), era tres veces mayor y se cuadriplicaba
cuando la intensidad era 0.4 microteslas. Es
decir, el estudio vinculaba intensidad de campo
a riesgo. Los investigadores suecos calcularon
la intensidad media de campo durante un año
a partir de registros de intensidad detallados
de las propias compañías eléctricas. Tras la
publicación de esos resultados, el Gobierno
de Suecia llegó a reconocer la incidencia de
los campos magnéticos generados por la línea
de alta tensión en las crecientes estadísticas
de los casos de leucemia infantil.
* En un documental, emitido por la cadena de
televisión inglesa BBC en 1997, John Holt
-cirujano y radioterapeuta de Darwin (Australia)-
afirmó tener evidencias de la relación entre
la evolución de ciertos cánceres situados al
nivel de la cabeza y el teléfono móvil. Según
el doctor Holt, él mismo había podido constatar
en 20 de sus pacientes que el cáncer evolucionaba
más rápido -hasta en un 20%- con la permanencia
en la zona de influencia del campo electromagnético
generado por el aparato. "Esa evolución más
rápida tenía que deberse necesariamente -afirma
este investigador- al calentamiento de las células
por las microondas emitidas por el móvil ya
que se ha observado que las células se recuperan
vitalmente cuando son alejadas del teléfono".
* Más recientemente, científicos de la Universidad
de Heidelberg (Alemania) han demostrado
que los cables eléctricos de 220 voltios y 50
Hz instalados en las viviendas generan campos
que elevan la presión parcial del oxígeno en
sangre además de los valores de hemotocrito.
Laura Jimeno
Radiaciones y aborto
La conexión existente
entre abortos de tipo natural y la exposición
a campos magnéticos está también estudiada.
Esta vinculación se sugirió por primera vez
a finales de 1970 cuando se registró en Estados
Unidos y Canadá un número significativo de abortos
espontáneos y malformaciones en recién nacidos
en madres que trabajaban con pantallas de monitor
de televisión. La investigación se efectuó inicialmente
en California como consecuencia de una fuga
de pesticida. Se intentaba contabilizar el número
de mujeres embarazadas que podían haber sufrido
las consecuencias de la fuga en términos de
abortos, malformaciones en el feto, etc... Curiosamente,
no se encontró una relación directa con la fuga
del pesticida pero la investigación reveló que
había un incremento del 73% en la aparición
de abortos espontáneos en las mujeres que utilizaban
pantallas de televisión alrededor de 20 horas
por semana durante el primer trimestre de embarazo.
También se encontró un aumento de malformaciones
congénitas aunque no era estadísticamente significativo.
Otro trabajo ilustrativo fue publicado en 1992
en Helsinki por el Instituto de Seguridad e
Higiene en el Trabajo de Finlandia. En aquel
estudio se comparaban exposiciones ante campos
magnéticos producidos por terminales de vídeo
observándose que las mujeres embarazadas expuestas
a campos de 0.3 microteslas tenían un riesgo
3 veces mayor de sufrir abortos espontáneos
que otras expuestas a 0.1 microteslas. Aquellas
que estaban expuestas a campos entre 0.2 y 0.3
microteslas tenían un riesgo doble de aborto
espontáneo. En este caso, la duración de la
exposición no tenía un efecto añadido importante.
Laura Jimeno
Estudios sobre riesgo laboral
Los epidemiólogos
han buscado también respuestas a los efectos
de los campos magnéticos en trabajadores expuestos,
en razón de su oficio, a altos niveles de radiación
electromagnética. El ejemplo más evidente lo
constituyen los trabajadores de las compañías
eléctricas.
Esta área de investigación fue iniciada en 1982
por Samuel Milhom Jr, un epidemiólogo
del Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo
del Estado de Washington. El doctor Milhom analizó
las causas de la muerte en el estado de Washington
de 438.000 personas entre 1950 y 1979 que tenían
en común haberse dedicado a profesiones sometidas
a la influencia constante de campos eléctricos
y magnéticos. El resultado fue una proporción
de muerte por leucemia muy elevada con respecto
a la población general. Globalmente, encontró
137 casos de cáncer en estos trabajadores sobre
100 casos esperados en una población estándar.
Otros estudios, como el realizado en la Universidad
de Pittsburgh (Pensilvania, EE.UU), encontraron
que los trabajadores de una factoría de aluminio,
en la que altas intensidades de corriente forman
parte del proceso de refinado y producción,
morían de leucemia y linfoma a un ritmo 5 veces
superior al esperado en muestras de población
no expuesta.- Y otro estudio de la Universidad
del Sur de California (EE.UU) demostraba que
los trabajadores de compañías eléctricas -operadores
de líneas- tenían una probabilidad entre un
20 y un 30% más que los operadores de línea
del sector telefónico de contraer leucemia.
Y que los que pasaban la mayor parte de su tiempo
expuestos a campos de gran intensidad tenían
2,3 veces mayor riesgo que los no expuestos
de desarrollar leucemia mieloide.
Laura Jimeno
Sumergidos en un mar de radiaciones
Es verdad que los
seres vivos del planeta Tierra hemos estado
a lo largo de toda la evolución expuestos a
muy diversas radiaciones electromagnéticas -terrestres,
solares o cósmicas- pero no es menos cierto
que los niveles de intensidad de determinadas
frecuencias se han visto multiplicados por cientos,
miles o millones de veces en lo que va de siglo.
Nuestro espacio vital actual está repleto de
ondas electromagnéticas de baja y alta frecuencia
de procedencia totalmente artificial. Entre
las de alta frecuencia hallamos fuentes tan
familiares como las líneas de alta tensión,
los transformadores eléctricos, las instalaciones
eléctricas domésticas, los electrodomésticos,
las maquinarias eléctricas y todos los equipos
informáticos -sobre todo, los ordenadores con
pantalla de tubo catódico-. Y, entre las de
baja frecuencia tenemos las emisoras de radio
y de televisión, las emisoras de radioaficionados
o de uso civil -policía, ambulancias, transportistas,
transmisión de datos...- y las redes de telefonía
móvil, de control de tráfico aéreo -con sus
radares- y los cada vez más numerosos satélites
de telecomunicaciones, bien meteorológicos,
bien militares. A lo que deberemos sumar los
mecanismos de mando a distancia por ondas de
radio y los sistemas de vigilancia "permanente".
Síntomas del "estrés
electromagnético"
Los síntomas que
detallamos a continuación son los que a día
hoy han podido relacionarse con la exposición
a campos electromagnéticos pulsados emitidos
por los teléfonos celulares así como por las
pantallas de ordenador y de televisión. Conjunto
de síntomas o "síndrome" de lo que ha terminado
denominándose "estrés electromagnético" y cuyos
efectos sobre el organismo, según los trabajos
de Clements y Croome en la Universidad de Reading
(Gran Bretaña), son los siguientes:
Sobre el sistema nervioso:
· Insomnio.
· Angustia.
· Depresión.
· Trastornos de la atención, de la concentración
y de la rapidez.
· Trastornos de memoria.
· Dolores de cabeza.
· Irritabilidad, parestesias, espasmofilia.
· Desregulación de los ritmos circadianos por
modificación de la secreción nocturna de melatonina.
Sobre el sistema vascular:
· Hipertensión arterial (con la particularidad
de resistir a los diferentes fármacos -solos
o asociados- probados por el paciente).
· Aumento de la viscosidad de la sangre con
todas sus consecuencias.
· Alteraciones del ritmo cardiaco.
Sobre el sistema inmunitario:
· Alteración de la viabilidad de los linfocitos.
· Alteración de las secreciones de las diferentes
inmunoglobulinas.
· Disminución de la secreción de ACTH y de corticoesteroides.
(El resultado es una disminución de la resistencia
a las infecciones así como de cansancio y aumento
de las alergias).
Sobre el sistema visual:
· Ojos rojos con lágrimas que pican, sequedad
y visión borrosa.
· Modificación de la convergencia cuya consecuencia
es una modificación del tono postural.
· Interferencias con ciertos tratamientos de
glaucoma.
Sobre el sistema osteoarticular:
· Adaptación de los diferentes captores electromagnéticos
cuya consecuencia es una modificación de posición
del cuerpo en el espacio con dolores que se
vuelven crónicos (desaparecen cuando hay más
de 4 o 5 días de descanso).
· Dolores, calambres, rampas, articulaciones
tensas.
Sobre el sistema cutáneo:
· Piel seca con descamación.
· Picazón.
· Urticaria.
· Sensibilidad aumentada al herpes.
¿Inciden los campos
electromagnéticos sobre los seres vivos?
La respuesta es
afirmativa. Son varias las investigaciones efectuadas
hasta hoy -y no sólo utilizando tejidos en el
laboratorio- que demuestran sin lugar a dudas
la interacción de los campos electromagnéticos
con los seres vivos y, consecuentemente, con
los seres humanos. Es más, a día de hoy se han
efectuado incluso estudios que desarrollan sistemas
de compensación electromagnética que permiten
disminuir de manera eficaz los efectos secundarios
de la exposición a tales campos electromagnéticos.
Con la misma metodología científica convencional
que se utiliza por la industria farmacéutica
para desarrollar medicamentos. Trabajos que
han sido publicados en congresos y revistas
científicas (Bioelectromagnetics, Radioprotecçao,
NIR-IRPA, EBEA, BEMS, PIERS...) Es más, se cuenta
con experimentos realizados con teléfonos móviles,
antenas y repetidores de telefonía móvil en
los que se han analizado sus efectos biológicos
y cómo llegan a menguarlos métodos de protección
como la técnica de compensación magnética (CMO).
CONSECUENCIAS PATOLÓGICAS
DE LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS
Hay quienes argumentan que, aun admitiendo que
los campos electromagnéticos inciden sobre el
organismo, ello no demuestra por sí mismo que
tengan necesariamente un "efecto biológico".
Es decir, que no tienen por qué provocar disfunciones
patológicas. Sin embargo, los hechos demuestran
que es así. Es decir, indican que los campos
electromagnéticos pueden interaccionar en el
organismo tanto a nivel celular como genético
afectando especialmente al sistema inmunitario.
Estudios como el de los profesores Clements
y Croome, según el cual las principales
alteraciones o perturbaciones en el organismo
se producen en los siguientes ámbitos:
1) En el ión calcio. El ión calcio esta
implicado en la activación de varias enzimas
del organismo y su acumulación en el interior
de la célula hace suponer que hay un incremento
de las funciones de esas enzimas; por ejemplo
en la apófisis, donde se ha medido un aumento
de la síntesis y de la excreción de la ACTH.
Con variaciones de concentración -tanto intra
como extracelulares- que obligan al organismo
a "regular" esos niveles creando un estado de
estrés electromagnético que lo termina agotando
a largo plazo. A fin de cuentas, los desplazamientos
iónicos del calcio traen como consecuencia el
desplazamiento inverso de otros iones como el
del magnesio. Por otra parte, al nivel del sistema
nervioso central y del sistema neuromuscular
sabemos que el ión calcio juega un papel importante
en los fenómenos de excitación y que sus perturbaciones
podrían favorecer los estados de excitabilidad
que se describen y se califican de espasmofilia,
con consecuencias tanto a nivel del corazón
y de la circulación como de la respiración,
la digestión o la sensibilidad al dolor.
2) En la cortiosterona y el ACTH. Se
ha constatado que existen variaciones importantes
de secreción de varias hormonas (ACTH, corticoides,
calcitonina...). Y recuérdese que en Medicina
se sabe que existe una relación directa entre
una sintomatología endocrina y la hormona correspondiente.
3) En los niveles de melatonina. Conocida
por el público por las virtudes que se la atribuyen,
se habla de ella como la "hormona madre" ya
que, al regular los ritmos del organismo, controla
indirectamente la secreción de otras hormonas.
Varios estudios indican que tiene propiedades
antioxidantes -combate los radicales libres-
y ayuda a inducir el sueño además de proteger
contra el envejecimiento. Algunos estudios de
laboratorio llegan a relacionar la disminución
del nivel de melatonina con el incremento del
riesgo de cáncer de mama.
4) En el óxido nítrico. El aumento de
óxido nítrico por vía respiratoria hace aumentar
el consumo de la melatonina periférica, lo que
localmente es neurotóxico. Al nivel del oído
interno produce una vasodilatación que se relaciona
con mareos y vértigos.
5) En la respuesta del sistema inmunitario.
La depresión -demostrada- que los campos electromagnéticos
provoca en pollos y ratones hace pensar que
toda persona sometida a los mismos puede, consecuentemente,
sufrir una depresión del sistema inmune.
6) En la neurogénesis. La disminución
de las células del hipocampo -estructura del
cerebro implicada en los fenómenos de la memoria-
permite explicar el origen de los trastornos
de memoria a corto plazo que se observa en los
afectados a esos campos y sus problemas de aprendizaje.
7) En los núcleos celulares. La multiplicación
de micronúcleos en las células inmunitarias
(macrófagos-linfocitos) son una señal de disfunción
que conlleva a su muerte o a un desarrollo anárquico.
8) En la mortalidad embrionaria. El
notable incremento de mortalidad en los embriones
de pollo sometidos a la influencia de campos
electromagnéticos ha llevado a plantearse seriamente
si estos no serán, a su vez, los causantes del
aumento de abortos espontáneos habidos entre
las mujeres que se encuentran sometidos a ellos.
|
|
|
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
.
|
|