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| CÁNCER:
¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (III) El origen emocional del cáncer
y la "Nueva Medicina" de Ryke Geerd Hamer |
En los dos artículos
precedentes hemos explicado brevemente que
el cáncer puede aparecer y desarrollarse en
el organismo por causas externas a la persona
-algo que sucede en aproximadamente una quinta
parte de los casos- o por causas endógenas
-motivo de al menos el 80% de los cánceres-.
Entre las causas externas se habló tanto de
la posible predisposición genética como de
los agentes potencialmente cancerígenos admitidos
por los oncólogos, lista a la que se añadieron
otros cuyo reconocimiento no se hace por las
implicaciones económicas y políticas que ello
tendría para distintas multinacionales y gobiernos.
En cuanto a las causas endógenas, nos limitamos
a explicar que la mayoría de los cánceres
se deben en realidad a conflictos biológicos
originados por shocks emocionales traumáticos
inesperados que se viven en soledad. Y adelantamos
que así lo había demostrado Ryke Geerd Hamer.
Pero, ¿de quién estamos hablando?
Como ya adelantamos el mes pasado, la
gran mayoría de los casos de cáncer se deben
a shocks traumáticos inesperados que se viven
en soledad y aislamiento. Shocks que mientras
en unos casos provocan la desarmonización
energética del organismo de forma casi fulminante,
en otros lo hace de forma más lenta y paulatina.
Añadiré que el hecho de que el cáncer -como
otras muchas dolencias- pueda tener su origen
en un fuerte shock psíquico y emocional es
algo que vienen afirmando investigadores,
médicos y terapeutas desde hace mucho tiempo
pero no es menos cierto que quien lo demostró
-más allá de toda duda razonable- tras sistematizar
científicamente sus investigaciones fue el
médico alemán Ryke Geerd Hamer, uno
de los hombres más injustamente perseguidos
y vilipendiados de nuestra historia reciente.
De hecho, me parece vital explicar quién es
este médico alemán del que estamos hablando
antes de entrar en lo que asevera porque quienes
afirman que sus postulados no tienen fundamento
científico alguno no utilizan precisamente
argumentos científicos para desacreditarle
sino exabruptos y descalificaciones. Es más,
han intentado hacerle pasar por un desequilibrado
peligroso cuyas facultades mentales están
perturbadas para que se le encerrara en un
psiquiátrico. Y han logrado incluso que, siendo
médico, se le metiera durante un año en la
cárcel por "intrusismo profesional" ya que
-dicen- ejerció como tal estando inhabilitado
para ello. Lo que no se dice es que todo parece
indicar que esos "pacientes" -tres- fueron
mandados a hacer ese "papel". Ni que Hamer
se limitó a darles una serie de explicaciones
sobre lo que postula en "La Nueva Medicina"
sin tratarlos como médico y, por tanto, cobrar
por sus servicios. Una conspiración, en suma,
orquestada por gente sin escrúpulos que, carentes
de ética, de vergüenza y de argumentos científicos
que oponer a los de Hamer, utilizaron argucias
legales para quitarlo de la circulación. No
en vano el negocio del cáncer mueve billones
de pesetas. Que haya pues medios de comunicación
importantes dispuestos a hacer ese juego no
debe tampoco extrañar a nadie. Aunque la mayoría
lo hagan por pura ignorancia.
QUIÉN ES RYKE GEERD
HAMER
Nacido en la localidad
alemana de Frisia en 1935, Hamer se casaría
teniendo sólo 21 años con otra aspirante a
médico, Sigrid Oldenburg, sólo un año
después de superar el examen de acceso para
estudiar Medicina. Sin embargo, influido sin
duda por sus padres -pastores protestantes-
se licenciaría primero en Teología en Erlangen.
Luego, en 1959 -con 24 años- Hamer aprobaría
el examen estatal de Medicina de Marbourg
y terminaría licenciándose en Ciencias Médicas
con las especialidades de Psiquiatría y Pediatría.
Formación que, por cierto, complementaría
con los estudios de Física donde llegó a completar
doce semestres aunque no llegó a efectuar
el examen.
En 1961 obtendría el grado de Doctor en Medicina
trabajando durante varios años en clínicas
universitarias de Tübingen y de Heidelberg,
lugar donde también ejercería la docencia.
En 1972 se especializaría en Medicina Interna
y efectuó investigaciones sobre "la angiometría
de los tumores cerebrales". Asimismo,
obtendría diploma de radiólogo. Hamer es además
inventor. Así, inventó el escalpelo eléctrico
que lleva su nombre y que permite operar de
forma no traumática -corta casi 20 veces más
finamente que un bisturí normal- y de una
sierra especial para las intervenciones óseas.
También tiene patentada una couchette para
masaje que se adapta automáticamente al contorno
del cuerpo y un aparato que permite el diagnóstico
serológico transcutáneo. Se trataba, en suma,
de un médico de sólida reputación y un prestigio
innegable.
Sin embargo, todo cambiaría en 1978 cuando
-como contamos el pasado mes- la muerte de
su hijo por un disparo le llevaría tanto a
él como a su mujer a desarrollar sendos cánceres
-él en un testículo, ella en una mama- no
tardando mucho en relacionar ambos hechos.
A partir de ese instante iniciaría una investigación
que le llevaría a determinar lo que denominó
"Ley de Hierro del Cáncer", piedra angular
alrededor de la cual se articularía lo que
hoy se conoce como "La Nueva Medicina".
En octubre de 1981, convencido de que su descubrimiento
podía ayudar a mucha gente, decide presentarlo
para su validación en la Universidad de Tübingen.
¿Y por qué en ella? Pues porque la ley alemana
obliga a las universidades a pronunciarse
respecto de los trabajos de los médicos doctorados
en ellas y Hamer se doctoró en Tübingen.
Sin embargo, y para su sorpresa, el tribunal
médico designado al efecto, en una decisión
insólita, le coloca ante la alternativa de
abjurar de su tesis o abandonar de inmediato
su trabajo clínico en la institución. Hamer
insiste en que se compruebe lo que afirma
y espera. Y en mayo del año siguiente la Universidad
de Tübingen le devuelve sus documentos de
trabajo sobre la relación entre psiquismo
y cáncer... pero sin haber efectuado verificación
alguna.
Posteriormente, en 1986, viendo que sigue
manteniendo sus ideas, la Universidad de Tübingen
le abre un proceso para prohibirle el ejercicio
de la medicina "por no querer abjurar de la
Ley de Hierro del Cáncer y no asumir las tesis
convencionales sobre el cáncer". El acto se
celebra en una sesión única en 1990 y en el
mismo se le declara como una persona incapaz
de controlarse y, por tanto, incompetente
para juzgar las necesidades de tratamientos
contra el cáncer. Se le inhabilita como médico.
Y encima, el tribunal decreta que no existe
posibilidad alguna de que se vuelva a revisar
su caso. Hamer, sin embargo, acude a los tribunales
y exige que la Universidad de Tübingen se
pronuncie sobre los descubrimientos que presentó
en lugar de limitarse a descalificarle. Y
gana: en 1986 el tribunal condena a la Universidad
de Tübingen a reabrir el proceso de inhabilitación
de Hamer y a pronunciarse sobre lo que éste
plantea. Pero la universidad guardaría silencio
¡durante 8 años!: hasta 1994. Y sólo para
volver a declarar -el 22 de abril- que "en
el marco del proceso de habilitación del Dr.
Hamer no está prevista la verificación"
de sus asertos.
Y no crea el lector que durante todo ese tiempo
Hamer dejó de ser perseguido. El 21 de julio
de 1988, a instancias de quienes habían decidido
retirarlo de la circulación, el tribunal de
primera instancia de Coblence le citó para
que compareciera y decidir si estaba en su
sano juicio sometiéndole a un examen psiquiátrico,
algo de lo que se encargaría el profesor Horn,
director del hospital psiquiátrico regional.
Sin embargo, el intento de internarlo a la
fuerza en una institución psiquiátrica con
el fin de callarle -o, al menos, desprestigiarle-
fracasa. Sólo unos meses después, el 9 de
diciembre de 1988, el profesor titular de
la cátedra de cancerología de la Universidad
de Viena, Dr. Jórg Birkmayer, declararía
-para sorpresa general- que había verificado
la veracidad de la llamada Ley de Hierro de
Hamer. Verificación a la que seguirían otras
posteriores realizadas por equipos médicos
de Munich y Chambéry. Otros colegas médicos,
obviamente, se interesarían de inmediato en
ello. Y el 24 de junio de 1992 se anuncia
que de nuevo ha vuelto a verificarse. Así
se recoge en un comunicado oficial de la Facultad
de Medicina de Dusseldorf firmada por el profesor
E. A. Stemmann.
Todo esto, sin embargo, no paralizaría
los ataques. Es más, desde entonces los intentos
de desprestigio y desacreditación del Dr.
Hamer y de sus descubrimientos han sido constantes.
Y así, el 21 de mayo de 1997 fue de nuevo
arrestado. Resulta que, como oficialmente
seguía inhabilitado para ejercer por no abjurar
de sus afirmaciones, fue acusado de practicar
la Medicina por asesorar a unas personas que
le habían consultado sobres sus problemas
cancerígenos. Por lo que la juez, en Colonia
(Alemania), decidió encarcelarle basándose
en tres razones. La primera, que había infringido
la ley de práctica médica. Es decir, como
estaba inhabilitado para ejercer como médico
es obvio que sus consejos los había hecho
como vulgar curandero y eso lo castiga la
ley. Así que se aplicó la norma al respecto,
aprobada en la época de Hitler. Muy apropiada
al caso. Especialmente porque, para mayor
sarcasmo, Hamer se limitó a dar unos consejos
y ni siquiera cobró por ello. La segunda razón
fue "no atenerse a razones". Es decir, negarse
a abjurar de sus convicciones. Una exigencia
más propia de la época de la Inquisición que
del siglo XXI. Y tercero, que existía el "temor
fundado" de que se fugase a España. Para mayor
escarnio, la resolución judicial indicaba
que el doctor Hamer sólo podría ser visitado
en prisión media hora dos veces al mes, previa
solicitud y, a ser posible, en grupo. Medidas
propias de un peligroso criminal. He de decir
que seguí aquel vergonzoso proceso muy de
cerca y publiqué ampliamente en su momento
todo este sinsentido sufragando los gastos
para que Itziar Orube, colaboradora
de la revista que entonces dirigía, pudiese
asistir en directo en Alemania al juicio.
Han pasado varios años pero la sensación de
asco ante determinados actos de ¿justicia?
como éste aún me revuelven el estómago.
Cabe añadir que son muchos los médicos que
verificado las afirmaciones y postulados de
Hamer. Hay casi una treintena de estudios
al respecto, algunos oficializados notarialmente.
Sin embargo, no se les ha dado credibilidad
alguna. Siempre con el argumento de que el
reconocimiento oficial de algo así sólo podía
hacerlo una universidad oficial. Entonces
sí sería reconocida...
Pero quienes se excusaban con tal argumento
mentían. Porque el 8 y 9 de Septiembre de
1998 los postulados de la Nueva Medicina fueron
también verificados y confirmados oficialmente
por la Universidad de Trnava, en Eslovaquia,
como certificaron con sus firmas los doctores
J. Miklosko -Vicerrector de la Universidad-,
V. Krcmery -Decano de la Facultad-
y J. Pogády -Catedrático de Psiquiatría
y Presidente de la Comisión-. Una certificación
que, textualmente dice:
"Durante los días 8 y 9 de Septiembre de
1998, en el Servicio de Oncología del Instituto
Oncológico Santa Isabel de Bratislava, y ante
la presencia del Vicerrector de la Universidad
de Trnava, del Decano de la Facultad de Enfermería
y Naturaleza Social de la Universidad y de
diez personas más, entre docentes y catedráticos,
han sido examinados siete casos de pacientes
con más de veinte enfermedades. Los protocolos
médicos de dichos casos, establecidos por
el Dr. Hamer, se adjuntan a la presente. Se
trataba de constatar la comprobación de su
sistema en base a reglas científicas de reproductibilidad.
Los hechos ocurrieron de la siguiente manera:
de las cerca de cien pruebas que se pueden
examinar en cada enfermedad según las reglas
de la Nueva Medicina (no pudieron ser examinadas
todas por falta de datos), en todas las que
se pudo comprobar se constató que se cumplían
con exactitud las leyes naturales de esta
Nueva Medicina.
Los abajo firmantes aseguramos que, en su
presentación, realizada en dos ejercicios
de verificación, se confirma su sistema con
mucha probabilidad. Valoramos en gran estima
el compromiso ético, humano y paciente del
Dr. Hamer así como su nueva aproximación integral
al paciente.
Considerando todos estos factores estamos
convencidos de que la cuestión de la pronta
aplicación de la Nueva Medicina debe
ser efectuada con urgencia."
Cabe añadir que hoy son miles los médicos
convencidos en todo el mundo de que Hamer
tiene razón y siguen sus enseñanzas, recogidas
en lo que vino a denominar "La Nueva Medicina".
A pesar de que algunos colegios médicos españoles
abrieron también expedientes a algunos afiliados
que decidieron seguirla. Porque también en
España hay médicos que han sufrido persecución
por compartir los planteamientos de Hamer.
Aquellos que se atrevieron a decir que tenía
razón o, simplemente, que lo que planteaba
tenía sentido y había que investigarlo. Hoy,
conscientes de que el sistema los aplastaría
si insisten en decir lo que piensan en público,
trabajan en silencio. Discretamente. Conozco
a médicos de toda España en esa situación.
Es más, la estrategia adoptada por los prebostes
de la Oncología es hacerse los tontos cuando
se les pregunta por Hamer, mirarse los unos
a los otros con cara de fingida sorpresa y
decir que no saben quién ese señor por el
que se les pregunta. Lo he vivido varias veces,
la primera de ellas durante el acto de presentación
del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
(CNIO) que dirige Mariano Barbacid.
Por supuesto, todos lo conocen. Sin excepción.
EL PLANTEAMIENTO
DE HAMER
Llegados a este
punto, el lector que no ha oído hablar de
Hamer ni de lo que postula se estará preguntando
qué afirma ese médico alemán para que haya
sufrido tamaña persecución. Y es sencillo:
Hamer afirma que el cáncer es un proceso biológico
natural que el cuerpo pone en marcha cuando
alguien sufre un shock traumático inesperado.
Lo que él llama un choque conflictivo biológico.
Y que mientras dura el conflicto, el cáncer
se extiende. Sin embargo, si el conflicto
se resuelve el cáncer se detiene y el propio
organismo lo hace desaparecer. Por lo que
en muchos casos la mejor manera de curar
un cáncer es actuar sobre el problema psíquico
y emocional dejando a continuación, resuelto
a ese nivel el conflicto, que actúe la naturaleza.
Sin interferencia alguna. Y, por tanto, evitando
radiarle, darle quimioterapia o envenenarle
con otros tóxicos. Porque eso sólo agrava
el problema e impide la recuperación. Es más,
para Hamer la mayor parte de las muertes en
los casos de cáncer no se deben a éste sino
a los tratamientos que los médicos aplican
intentando "curarlo".
"En las estadísticas oficiales facilitadas
por el Centro Alemán de Investigación del
Cáncer de Heidelberg -cuenta Hamer- se puede
leer que son pocos los pacientes que después
de cinco años sobreviven al tratamiento con
quimioterapia. La Fiscalía de Wiener Neustadt
tuvo que admitir, por el contrario, que de
los 6.500 pacientes -la mayoría con cáncer
avanzado- cuyas direcciones incautaron en
el registro que efectuaron en el Centro para
la Nueva Medicina de Burgau sobreviven todavía
6.000 después de 4 a 5 años; es decir, más
de un 90%".
Y añadiría, atónito y dolido: "En los últimos
años he sufrido amenazas de muerte, caza de
brujas, persecución por los medios de comunicación
y prohibición de ejercer la medicina así como
diversos intentos de atentado y amenazas de
psiquiatrización forzada -por distorsión
de la realidad- hasta llegar a ser encarcelado
todo un año simplemente por informar gratuitamente
a tres personas sobre la Nueva Medicina. ¿Le
parece a alguien normal?"
LA NUEVA MEDICINA
Imagino que tanto
las peripecias como las afirmaciones de Hamer
habrán dejado perplejos a la mayor parte de
los lectores, especialmente a los médicos.
Y, sin embargo, no son aseveraciones gratuitas
o infundadas. Es más, la Nueva Medicina de
Hamer da respuesta a la causa de la mayor
parte de las enfermedades así como pautas
sobre su curación. Una Nueva Medicina que
se fundamenta en cinco Leyes Biológicas que
explican no sólo qué es el cáncer sino cómo
se cura: dejando simplemente actuar al organismo.
Pero como quiera que su explicación requiere
cierto espacio para que el lector lo comprenda
bien le invito a leerlo el próximo mes en
detalle.
En todo caso, debo adelantar ya desde este
instante que si bien la mayor parte de las
afirmaciones de Hamer son correctas y las
ha demostrado fehacientemente discrepamos
con él en una cuestión importante: en su afirmación
de que todo cáncer tiene un origen traumático.
Esa afirmación cabe matizarla porque, a juicio
de otros muchos expertos, sólo es cierta en
el 80 u 85% de los casos. En la mayoría, pues,
pero no en todos. Y es que existen causas
externas no psíquicas ni emocionales que pueden
provocar un error de decodificación en las
células que las lleven a cancerizarse como
ya explicamos en los dos primeros artículos
de esta serie.
Ello no obsta, empero, para que las aportaciones
de Hamer nos hayan permitido entender a todos
mucho mejor qué es en realidad el cáncer y
cómo se cura y, por tanto, merezcan nuestro
más sincero reconocimiento. Hablaremos de
todo ello en el próximo número.
José Antonio Campoy
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