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| TELEFONÍA
MÓVIL: MÁS PELIGROSA DE LO QUE SE DICE |
En las páginas de
la revista del pasado mes de febrero publicamos
ya un extenso y documentado reportaje sobre
la peligrosidad de la telefonía móvil. En
este número ampliamos esa información y ofrecemos
al lector nuevos informes para que se forme
su propia opinión. Sintiendo, eso sí, no poder
darle datos tranquilizadores. Lea y juzgue
usted mismo.
Tal y como anticipáramos hace dos meses,
el peligro de la telefonía móvil no está únicamente
-como algunos se empeñan en hacernos creer-
en el sobrecalentamiento que puede provocar
en las células del cerebro la utilización
de esos teléfonos. Porque de ser el sobrecalentamiento
celular el único efecto biológico adverso
de la radiación electromagnética procedente
-entre otras cosas- de las antenas y aparatos
de telefonía móvil no se aclararían por completo
las causas de los problemas de salud -desde
el insomnio al cáncer pasando por ataques
epilépticos y fatiga crónica- que presentan
centenares de personas expuestas a dicha radiación.
Y es que se está ocultando -así lo denuncian
al menos los expertos con los que hemos hablado-
que, a largo plazo, las dolencias cuyas causas
se achacan a la exposición a las ondas electromagnéticas
se deben en buena parte a que las ondas que
emite el teléfono móvil, en concreto las de
muy baja frecuencia, están en el mismo rango
de frecuencias en el que funciona nuestro
cerebro, nuestro corazón y, en general, las
células de nuestro cuerpo; y que, por tanto,
por efecto de biorresonancia, pueden provocar
graves problemas de salud a medio y largo
plazo.
Esto es lo que no se dice. Esto es lo que
muchos niegan aunque tal afirmación se base
en evidencias científicas presentadas desde
hace años por diferentes investigadores. De
hecho, nos consta -y lo reprodujimos casi
en su integridad en el reportaje del mes de
febrero- que la Dirección General de Investigación
del Parlamento Europeo dispone desde marzo
de 2001 de un informe -elaborado conjuntamente
por el Instituto Internacional de Biofísica
de Neuss-Holzheim (Alemania) y el Departamento
de Física de la Universidad británica de Warwick
y dirigido por el prestigioso doctor en Física
Gerard Hyland- en el que, entre otras
cosas, se puede leer: "Lo que distingue
a los campos electromagnéticos producidos
tecnológicamente de la mayoría de los naturales
es su mayor grado de coherencia. Eso significa
que sus frecuencias están especialmente bien
definidas y, por tanto, son más fácilmente
perceptibles por los organismos vivos, entre
ellos, los humanos. Lo cual incrementa su
potencial biológico y "abre la puerta" a la
posibilidad de distintos tipos de influencias
no térmicas de frecuencia específica contra
las cuales las directrices de seguridad -como
las emitidas por la Comisión Internacional
de Protección contra la Radiación No Ionizante-
no garantizan protección". Más claro...
Sugerimos al lector que lea los recuadros
adjuntos en los que explicamos con sencillez
los diferentes tipos de ondas electromagnéticas
que existen, qué es la radiación, cuál es
la diferencia entre radiaciones ionizantes
y no ionizantes por qué y en qué medida interfieren
sobre el organismo y cuáles son sus efectos
térmicos y atérmicos.
EL SER VIVO ELECTROMAGNÉTICO
Hay que empezar
diciendo que -como bien explica Viçenc
Bagué, graduado en Medicina Tradicional
China y profesor del Instituto Superior de
Medicinas Tradicionales en Barcelona- cada
una de las células de un ser vivo constituye
un campo electromagnético perfectamente definido
en el que -valga el símil- la membrana actúa
como condensador, las mitocondrias como fuentes
de alimentación y donde además existen sistemas
que desempeñan una labor de conmutación y
transmisión, como el citoesqueleto. Eso es
lo que ocurre a nivel celular. Y lo mismo
sucede en cada uno de los tejidos, órganos
y sistemas del cuerpo donde existen proteínas
que transportan la información a la velocidad
de la luz. Es más, el propio ser humano en
su conjunto es un campo electromagnético,
el más poderoso instrumento de organización
y comunicación biológica que existe en la
naturaleza.
Bueno, pues cada uno de esos niveles posee
su propio espectro característico de ondas
electromagnéticas por lo que es necesaria
la existencia de interacciones de resonancia
entre ellos a fin de mantener un equilibrio
dinámico. Un acoplamiento que, si se rompe
y no es reequilibrado por el propio organismo,
hace sobrevenir la enfermedad.
Por eso el ser humano es tan sensible a cualquier
campo electromagnético externo. Hasta el punto
de que un simple cambio de parámetros meteorológicos
(temperatura, humedad, presión, etc.) es suficiente
para poder desajustarle y poner a prueba sus
mecanismos de regulación, defensa y adaptación.
ANTENAS HUMANAS
En suma, sabiendo
que los seres vivos son sensibles a los estímulos
externos es evidente que la cada vez más intensa
polución electromagnética -además de otros
efectos patológicos valorados y descritos
por numerosos investigadores- puede trastornar
su medio interno electromagnético natural.
Y hoy día de forma excesivamente rápida, tanta
como para no permitir que el ser humano pueda
adaptarse. Algo que puede inducir en el organismo
humano cambios y patogénesis más allá de los
efectos negativos que se han podido valorar
hasta el momento.
Obviamente, los posibles efectos en el organismo
de las ondas artificiales -como la radiación
de microondas y las frecuencias extremadamente
bajas de la telefonía móvil- dependerán de
la coherencia, potencia, modulaciones, cercanía
a la fuente de emisión, duración de la exposición,
tipos de ondas y posibles resonancias así
como de las interferencias que se puedan establecer
entre esas señales y los procesos y estructuras
fisiológicas del organismo.
Aunque el principal peligro de esta invisible
-pero real- amenaza es que las distintas frecuencias
del espectro electromagnético de los dispositivos
que emiten radiación (teléfonos móviles, pantallas
de ordenador, líneas de alta tensión, electrodomésticos,
etc.) pueden interferir en las frecuencias
del organismo de la persona -y de todo ser
vivo- tanto a nivel orgánico como celular.
Y eso es así porque esos aparatos -entre ellos,
los teléfonos móviles- emiten en la misma
o muy parecida frecuencia que, por ejemplo,
un cerebro o un corazón humanos. Con la diferencia
de que lo hacen en frecuencias armónicas,
lo que las lleva a interferir las frecuencias
naturales.
¿CÓMO FUNCIONA UN
TELÉFONO MÓVIL?
Lo primero que
hay que tener en cuenta es que el teléfono,
si está encendido, emite radiación de manera
permanente, estemos utilizándolo o no. Eso
sí, no emite la misma dosis cuando se halla
en estado de espera sino que llega a sus máximos
picos cuando uno recibe o efectúa una llamada.
Se trata de un sistema bidireccional permanente
ya que, al tiempo, el aparato es emisor y
receptor-amplificador de señales. Lo que se
debe tener en cuenta ya que si intentamos
hacer uso del teléfono desde el interior de
un coche, de un parking o de un edificio la
radiación que recibiremos será mayor porque
el teléfono necesitará emitir a más potencia
para cumplir su función.
El sistema de telefonía móvil más usado hoy
en el mundo es el llamado GSM (siglas de Global
System for Mobile Communication o Sistema
Global para Comunicación Móvil) que trabaja
a 900 y 1.800 MHz pero ya comienza a extenderse
una nueva tecnología llamada UMTS (Universal
Mobile Telecommunication System o Sistema
Universal de Telecomunicación Móvil) que precisa
frecuencias superiores -entre 1.885 y 2.200
MHz- a fin de poder incorporar mayor volumen
de información (esta tecnología está pensada
para transmitir imágenes y enriquecer las
prestaciones del teléfono móvil con conexiones
a Internet).
En suma, el espectro electromagnético de los
teléfonos móviles está compuesto por dos tipos
de ondas, algunas de las cuales están en el
mismo rango de frecuencias que los sistemas
vivos:
1) Las microondas, que son las que
portan la señal (por eso son conocidas como
"ondas portadoras"). La frecuencia portadora
está en torno a los 900 MHz en el caso de
la tecnología GSM (concretamente, entre 890
y 915 MHz en la banda de emisión y entre 935
y 960 en la recepción) y de hasta 1.800/1.900
MHz en el caso de aparatos digitales. Y,
2) Las ondas de muy baja o extremadamente
baja frecuencia que son las que modulan
la señal (por eso se las llama "ondas de modulación").
En cuanto a la frecuencia de estas ondas en
los teléfonos móviles las encontramos de:
a) 2 hertzios. Se usan para evitar
la modulación poco confortable para los oídos
que provoca el ruido circundante.
b) 8,34 hertzios. Es la frecuencia
de emisión de la señal asociada a las condiciones
de recepción.
c) 30 a 40 hertzios. En ella emiten
distintos elementos electrónicos internos
del teléfono móvil.
d) 217 hertzios. Es la modulación
de la frecuencia portadora de las microondas
utilizadas por los sistemas GSM.
Ahora bien, hay que decir que en caso de tráfico
intenso la frecuencia de 217 Hz desaparece
y sólo queda la de 8'34 Hz. Todo esto es importante
porque, como hemos explicado, los organismos
vivos son sensibles a las intensidades ultra-bajas
de los campos externos ya que sus células,
tejidos y órganos se mueven en esa franja
electromagnética. El corazón y el cerebro,
por ejemplo, entran en resonancia con frecuencias
externas similares: el corazón emite a una
intensidad de 100.000 femtoTeslas para frecuencias
eléctricas de 1 o 2 Hz mientras que la potencia
de emisión magnética de un cerebro humano
es de 150 femtoTeslas para las frecuencias
eléctricas de 0 a 31'5 Hz (hay que recordar
que el campo magnético de frecuencia extremadamente
baja de una pantalla de televisión es de 250
nanoteslas, que es un millón de veces más
grande que el desarrollado por cerebro y corazón).
Es decir, los dramáticos efectos de las radiaciones
de frecuencias extremadamente bajas sobre
procesos tan importantes como la división
celular o la comunicación intercelular se
debe a que las que emiten los teléfonos móviles
(8'34 Hz y 2 Hz) coinciden en el mismo espectro.
Así lo refleja cualquier electroencefalograma
ya que las ondas cerebrales theta, delta y
alfa están entre los 0 y 12 Hz. Y esa es la
razón de que esta clase de radiación afecte
a la actividad eléctrica y electroquímica
del cerebro así como a la permeabilidad de
la barrera hemática del mismo a la par que
degrada el sistema inmunitario.
HECHOS INEXPLICABLES
Todos conocemos
-o deberíamos conocer- la prohibición de utilizar
teléfonos móviles en gasolineras, aeropuertos
y hospitales, entre otros lugares. Esta prohibición
se basa en que "se sabe" (al parecer, en este
caso sí) que sus emisiones electromagnéticas
podrían interferir adversamente -y de forma
no térmica- en los equipos electromagnéticos
de que están dotadas las citadas instalaciones.
Es más, desde hace años se sabe que estas
radiaciones provocan interferencias en marcapasos
y audífonos, alteraciones que no tienen nada
que ver con el efecto térmico de la radiación
por campos electromagnéticos.
Pues bien, por increíble que parezca, la actual
legislación europea sobre "compatibilidad
electromagnética" no extiende ese mimo y consideración
a los seres humanos, a los que debe entender
inmunes a los efectos atérmicos de la radiación
electromagnética de un teléfono móvil.
Y ¡más increíble aún!: actualmente algunas
pautas de seguridad basadas en los efectos
térmicos permiten que los usuarios sean expuestos
a campos eléctricos hasta 10 veces más potentes
que el valor estándar de compatibilidad electromagnética
definida para algunos aparatos (3 V/m). Las
autoridades sanitarias obvian de nuevo que
los organismos vivos son campos electromagnéticos
muy sensibles.
Otro hecho inexplicable es que tampoco se
tiene en cuenta que las ondas de frecuencia
extremadamente bajas emitidas desde un teléfono
móvil (sujeto contra la oreja) pueden alcanzar
una potencia entre 10 y 25 veces más elevada
que los estándares de energía permitidos para
los campos de ondas de frecuencia extremadamente
baja emitidos por las pantallas de televisión
y de ordenador. Y es que, incluso a medio
metro de distancia, un móvil emite un campo
magnético de entre 1,8 nanoteslas y 5,2 nanoteslas,
cifras escalofriantes si se tiene en cuenta
que las pantallas mencionadas emiten 0,2 nanoteslas
(la tesla es la unidad de inducción magnética
en el sistema internacional)
UN EXPERIMENTO CLARIFICADOR
En suma, la mayoría
de los estudios que se han venido efectuando
hasta la fecha se basaban en analizar los
efectos biológicos de las microondas. Estudios
que no tenían en cuenta -o no diferenciaban-
los efectos de las frecuencias muy bajas o
extremadamente bajas, precisamente las que
corresponden a frecuencias de funcionamiento
del organismo humano. Además, la mayoría no
se han basado en la utilización de un teléfono
real sino de un generador que sólo emite la
frecuencia portadora y no la de modulación.
Y ni siquiera se observaban los resultados
sobre un ser vivo sino sobre una cabeza artificial
rellena con una solución salina a la que se
añadían unos sensores para medir la energía
transmitida. Y en esa "cabeza", como es evidente,
no se da la realidad eléctrica y bioquímica
del cerebro humano.
Pues bien, existe un experimento que queremos
mencionar y que sí ha tenido en cuenta todo
eso: un estudio realizado con huevos de gallina
(es decir, embriones de un ser vivo) a los
que ¡por primera vez! -y esa es la diferencia
fundamental con respecto a otros estudios
llevados a cabo en laboratorio- se expuso
a la radiación electromagnética de un teléfono
GSM real. Y ya adelantamos que los resultados
de este trabajo -llevado a cabo por el neuroendocrinólogo
Youbicier-Simo y Bastide en el laboratorio
de Inmunología de la Universidad de Montpellier
y confirmados en el laboratorio del profesor
Grigoriev, del Instituto de Biofísica de Moscú-
son alarmantes. Por supuesto, el teléfono
móvil utilizado -que se colocó a tan sólo
10 centímetros de los huevos- tenía las mismas
características técnicas que los más extendidos
en el mercado: tecnología GSM, emisión de
microondas a 0,9 GHz, 2 W de potencia y 1.714
GHz de frecuencia.
Bueno, pues el experimento demostró que cuando
se exponían los huevos a la radiación electromagnética
de un simple teléfono móvil la mortandad de
los embriones pasó del 16% considerado normal
-porcentaje sin exposición- al 59%. Un porcentaje
de mortandad que se elevaba hasta el 77% cuando
entre el teléfono y los huevos se colocaban
además presuntos dispositivos de "protección"
(en concreto, una rejilla de cobre o una funda
protectora del aparato).
Resumiendo, lo observado en el laboratorio
por Youbicier-Simo y Bastide puso en evidencia
tres cosas:
1) Que cuando se expone un grupo de
embriones -seres vivos- a la radiación emitida
por un teléfono móvil se produce un notable
aumento de mortalidad.
2) Que esa mortalidad aumenta aunque
se proteja a los huevos de las microondas
emitidas por el aparato con los dispositivos
mencionados; y,
3) Que eliminada -o, al menos, reducida-
la radiación por microondas lo que queda de
la radiación del móvil (es decir, las ondas
de frecuencias extremadamente bajas) son más
peligrosas aún que la totalidad de la emisión.
Hay que añadir que este experimento se efectuó
-entre otros varios- para comprobar la efectividad
de un nuevo aparato creado por la empresa
Tecnolab para proteger a los seres vivos,
el Tecno AO, un oscilador de compensación
magnética. Pequeño aparato que se presenta
en tres modelos diferentes según se use para
la protección de las radiaciones emitidas
por ordenadores, pantallas de televisión o
teléfonos móviles. Un sistema que permite
la biocompatibilidad electromagnética entre
el móvil y el ser humano sin interferir en
las emisiones del móvil o del ordenador.
Asimismo, existen en el mercado otros aparatos
que -según sus fabricantes- atenúan el aumento
de la temperatura corporal que genera la radiación
de microondas de los teléfonos móviles así
como los campos electromagnéticos y radiaciones
emitidas por los monitores de pantallas de
tubo de rayos catódicos utilizados en los
ordenadores personales y pantallas de televisión.
En definitiva, los datos aportados tanto en
este reportaje como en el de febrero pasado
podrían ampliarse notablemente pero son suficientes
para dejar claro al lector -ya que quien debe
no lo hace- que tanto el teléfono móvil como
las antenas de telefonía móvil -entre otros
aparatos que emiten radiaciones- pueden perjudicar
seriamente su salud. El resto depende de usted.
Pero no diga que nadie le había advertido.
Laura Jimeno Muñoz
Nota:
damos las
gracias por su inestimable colaboración en
la realización de este reportaje al doctor
Marco Francisco Payá -ex director de docencia
en la Facultad de Medicina de París Norte
y miembro del International Center for Electromagnetic
Biocompatibility-, a Nikolai Klykov -investigador
de la Universidad Estatal de Moscú y de la
Academia de Ciencias Médicas de Rusia-, a
Vicenç Bagué i Borroy -experto en Biocibernética
y Medicina Tradicional China-, a la "Asociación
de Estudios Geobiológicos" (GEA) y a "TECNOLAB
(International Centre of Research in Electromagnetisc
BioPhysics)".
¿QUÉ SON LAS ONDAS
ELECTROMAGNÉTICAS?
Todas las señales
utilizadas en las telecomunicaciones son ondas
electromagnéticas pues, independientemente de
la frecuencia de la radiación, la onda portadora
de la señal incluye siempre un campo eléctrico
y un campo magnético.
Estas ondas son campos eléctricos y magnéticos
oscilantes que se desplazan en el espacio en
forma de ondas transversales y que difieren
en la frecuencia de su oscilación. El campo
eléctrico se forma con partículas cargadas estáticamente
mientras que el campo magnético se forma con
cargas en movimiento. Estos dos campos son perpendiculares
entre sí y ambos perpendiculares a la dirección
de propagación de la onda. Tienen la misma longitud
de onda y se desplazan a la misma velocidad.
El campo eléctrico se caracteriza por su intensidad
mientras que el campo magnético se caracteriza
por su inducción magnética.
Sabemos que una onda electromagnética transporta
consigo energía y es en eso en lo que se basa
el funcionamiento de una antena de radio, televisión
o telefonía, por ejemplo. Cuando reciben las
ondas electromagnéticas, los electrones de los
átomos de los metales de las antenas de estos
aparatos oscilan con los campos eléctrico y
magnético, es decir, con la frecuencia de las
ondas. El movimiento de los electrones genera
una corriente que es la que captan y amplifican
los componentes de los aparatos.
Lo que diferencia las ondas electromagnéticas
utilizadas en las telecomunicaciones (y, por
tanto, artificiales) de otras radiaciones naturales
como los rayos gamma, X, ultravioleta o la misma
luz visible es la frecuencia de la señal, es
decir, el número de oscilaciones por segundo
que realizan los campos eléctrico y magnético
que forman la onda.
También es importante señalar que alrededor
de la fuente de ondas electromagnéticas existen
dos zonas: la cercana o zona Z (onda que aún
no se ha formado) y la lejana (onda que ya se
ha formado) La frontera entre estas dos zonas
se encuentra a la distancia de la longitud de
onda. En esa zona Z el factor importante de
influencia de las ondas electromagnéticas es
la orientación espacial entre la persona y la
fuente de radiación y también la forma de esta
fuente de radiación. En función de esta orientación
espacial recíproca la mayor influencia sobre
la persona la va a ejercer o la componente magnética
o la componente eléctrica de la onda. En la
zona Z prevalece la componente del campo eléctrico
que es del orden de un 85% de la suma total
de la energía de la onda electromagnética que
se forma durante el funcionamiento del teléfono
móvil o de otro dispositivo electrónico con
antena.
La mayor parte de los equipos electrónicos son
utilizados por las personas en la zona Z. En
el caso de los teléfonos móviles -con una frecuencia
de trabajo a 900 megahertzios- la longitud de
onda de la radiación emitida es de 30 centímetros.
Pero si la frecuencia de trabajo se dobla la
longitud de onda se reduce a la mitad (1800
MHz/15 cm.) Tenga estos datos en cuenta porque
el espectro de las radiaciones electromagnéticas
le afectará más o menos -y de una forma u otra-
en función de la frecuencia y de la longitud
de onda.
ONDAS ELECTROMAGNÉTICAS
Y TEJIDOS BIOLÓGICOS
Puesto que las ondas electromagnéticas penetran
en el cuerpo por medios que poseen distintas
propiedades físicas (sangre, tejido intersticial,
huesos, etc.) la interacción de los mismos también
es distinta en cada caso. Lo que sí se sabe
es que, a altas frecuencias, la mayor parte
de la energía es absorbida por una zona superficial
del cuerpo localizada cerca del origen de la
radiación. En cuanto a las frecuencias extremadamente
bajas, atraviesan tanto materias muertas (madera,
la mayoría de los metales, cristal, plástico,...)
como tejidos biológicos (compuestos en parte
por moléculas electrosensitivas y con actividad
electromagnética) sin ser alteradas, reflejadas,
bloqueadas o eliminadas. Las alteraciones que
provoquen estas radiaciones dependerán de que
los sistemas de adaptación, regulación y defensa
del organismo sean capaces de corregirlas o
no.
También se sabe que el campo eléctrico y el
campo magnético tienen efectos diferentes sobre
el organismo humano. Así, el eléctrico actúa
disminuyendo la energía interna de los tejidos
y bajando el nivel de conductividad de, por
ejemplo, el sistema nervioso central. El campo
magnético actúa justamente al revés. Además,
ambos contribuyen a generar turbulencias en
los líquidos conductores como la sangre.
Pero el peligro de la radiación radica también
en el hecho de que sus efectos biológicos son
acumulativos. Los efectos se notan sobre todo
a medio o largo plazo aunque hay personas especialmente
sensibles que pueden notar efectos importantes
a corto plazo (especialmente, niños y personas
que padezcan alguna dolencia física). Por otro
lado, no son extrapolables los efectos de la
radiación sobre personas en estado de vigilia
y movimiento -es decir, con metabolismo activo-
al de personas con metabolismo basal por encontrarse
durmiendo o en reposo. Los efectos de las radiaciones
electromagnéticas son más acusados durante el
sueño por encontrarse el cuerpo en el estado
basal. Así es que, antes de disponerse a dormir,
la prudencia manda alejar de sí cualquier aparato
-incluido el teléfono móvil- que emita este
tipo de radiaciones.
Efectos
térmicos/efectos no térmicos
A pesar de que son muchos los estudios que
demuestran que los efectos de las emisiones
electromagnéticas pueden ser simultáneamente
térmicos y atérmicos, los estándares de seguridad
internacionales no contemplan la intensidad
de las frecuencias extremadamente bajas de
los teléfonos móviles y aparatos radiantes.
Simplemente, se consideran inocuas.
Aún así, y teniendo únicamente en cuenta los
efectos térmicos, hay varios hechos... extraños.
Por ejemplo, los hornos microondas (llamados
así por el tipo de onda que generan para producir
calor) están equipados con una puerta metálica
blindada diseñada para impedir que las radiaciones
nocivas se escapen al exterior mientras que
los móviles emiten al aire libre, en contacto
directo con la cabeza, donde se encuentran
los centros nerviosos de la vida y de la inteligencia.
Además, cuando se sabe que sólo son necesarios
10 minutos para asar un pollo en el microondas
parece lógico que los investigadores se pregunten
si el hecho de hacer o recibir llamadas repetidamente
no podría, a la larga, dañar las células y
los tejidos del cerebro, incluso teniendo
únicamente en cuenta el efecto térmico y aunque
éste sea débil.
Lo que parece quedar claro tras la publicación
de numerosos estudios (de algunos de ellos
dimos cuenta en el citado texto de nuestro
número de febrero) es que los efectos térmicos
son específicos de las microondas (frecuencias
portadoras de la señal) generadas por los
teléfonos móviles. En contraste, los efectos
no térmicos están vinculados a todo el espectro,
desde las frecuencias extremadamente bajas
a las más altas frecuencias emitidas o recibidas.
Estos efectos biológicos atérmicos provocan
disfunciones celulares, disfunciones orgánicas
y disfunciones en los sistemas hormonal e
inmune.
Por tanto, y en resumen, la creencia de que
los efectos adversos para la salud son provocados
sólo por el efecto de calentamiento de la
radiación GSM es, simplemente, una falacia.
1º) Los problemas de salud que presentan
las personas cuando se exponen a este tipo
de radiación son evidentes.
2º) Existe numerosa literatura científica
que demuestra que tal radiación puede afectar
a un organismo vivo en varias formas no térmicas:
dolor de cabeza, interrupción del sueño, problemas
de concentración y memoria y, en el caso de
niños epilépticos, un significativo incremento
en la frecuencia de episodios.
3º) La radiación utilizada actualmente
en la telefonía móvil puede provocar diferentes
reacciones en el organismo humano porque,
después de todo, las microondas son ondas
y, como tales, tienen más propiedades que
la mera intensidad.
4º) El organismo humano, por sí mismo,
soporta gran variedad de actividades electrobiológicas,
cada una caracterizada por una frecuencia
particular, alguna de las cuales están muy
próximas a las empleadas por la telefonía
móvil.
Radiaciones
ionizantes y no ionizantes
Se llama radiación a toda energía que
se propaga en forma de onda a través del espacio.
Radiación que puede ser ionizante o
no ionizante.
-Las ionizantes son los rayos gamma, los rayos
X, los rayos ultravioleta y la energía fotónica.
-Las no ionizantes son las ondas de radio,
televisión, telefonía móvil, luz visible,
etc. Establecida esta clasificación hay que
aclarar lo siguiente: cada elemento atómico
se caracteriza por un número de protones que
es constante pero puede presentar distinto
número de neutrones. Y es el número de éstos
lo que define a los diferentes isótopos
de cada elemento químico. Muchos isótopos
son inestables y pueden cambiar su número
de masa (suma de neutrones y protones)
por emisión de partículas. Y dependiendo de
qué tipo de partículas se emitan hablamos
de radiación alfa, beta o gamma. Que tienen
distinta interacción sobre la materia. Así,
-La radiación alfa queda frenada en
las capas exteriores de la piel y no es peligrosa
a menos que se introduzca directamente a través
de heridas, alimentos, etc.
-La radiación beta es más penetrante
ya que se introduce uno o dos centímetros
en los tejidos vivos. Y,
-La radiación gamma -o radiación electromagnética
de alta energía- es capaz de penetrar profundamente
en los tejidos; sin embargo, libera menos
energía en el tejido que las alfa o beta.
Éstas interaccionan con los átomos y moléculas
que se van encontrando a su paso, lo que es
mucho más nocivo.
LAS
RADIACIONES IONIZANTES
Las radiaciones ionizantes proceden casi todas
de fuentes naturales y se trata de radiaciones
de muy alta frecuencia estando demostrado
que son potencialmente cancerígenas; incluso
en pequeñas dosis pueden desencadenar un cáncer
al acumularse.
Las fuentes de las radiaciones ionizantes
pueden ser:
-La radiactividad natural. Resultado
de la inestabilidad intrínseca de una serie
de átomos presentes en la naturaleza (uranio,
torio, etc) así como la procedente de los
rayos cósmicos.
-La radiactividad incorporada (se usan
a veces en alimentos y bebidas para esterilizar).
-La generada por aparatos médicos (como
las radiografías).
-La "basura nuclear". Es decir, los
materiales de desecho radiactivos de la industria
nuclear, hospitales y centros de investigación.
-El gas radón. Gas procedente del uranio
que se encuentra de forma natural en la tierra.
Se encuentra también en materiales de construcción,
abonos fosfatados, componentes de radioemisores,
detectores de humos, gas natural en los hogares,
etc..
-Las explosiones nucleares.
LAS
RADIACIONES IONIZANTES
A las radiaciones naturales se ha unido en
el último siglo un amplio número de aparatos
que generan radiaciones artificiales: maquinaria
industrial, líneas eléctricas, electrodomésticos,
telefonía móvil, aparatos de telefonía, antenas,
ordenadores, electrodomésticos, etc., que
nos exponen a diario a una radiación adicional.
La mayor parte de las cuales son no ionizantes.
Y, con alguna excepción, su radiación es más
débil que la generada por los campos electromagnéticos
naturales. El problema es que la exposición
a ella suele ser más continuada y directa.
Y además, son más armónicas. Algo importante
porque, debido al efecto de biorresonancia,
las de muy baja frecuencia pueden interferir
en la comunicación celular y orgánica del
organismo y alterar los flujos celulares de
algunos iones, sobre todo el calcio, lo que
puede tener efectos biológicos importantes.
Por otra parte, los campos electromagnéticos
artificiales emiten microondas que
provocan vibraciones moleculares que producen
calor -de ahí su empleo doméstico e industrial-
y pueden provocar quemaduras a partir de una
determinada cantidad de radiación absorbida.
En cuanto a la posibilidad de que las radiaciones
no ionizantes provoquen cáncer hasta ahora
se mantenía que, en todo caso, podrían actuar
como promotores tumorales con escaso o nulo
poder inicial para convertir genes normales
en oncogenes pero la reciente asociación con
leucemias infantiles y la existencia de estudios
recientes apunta que es más que posible.
|
Frecuencia
|
Origen
|
Cambios
físicos y químicos
|
Penetración
detejido
|
|
3
MHz a 300 MHz
|
-Radioteléfonos
-juguetes
-teledirigidos
-emisoras
-radio
-televisión
|
-La
resistencia de las membranas celulares
disminuye un 20%.-Se polarizan los tejidos.-Activación
de la oxidación celular.
-Desplazamiento de las moléculas de gran
amplitud.
-Aumento de la concentración de iones
de calcio Ca2+.-Máximo de calor en las
células óseas, en los intersticios y en
el tejido nervioso. |
No
descrito |
|
De
300 MHz a 3 GHz (3.000 MHz)
|
-Telefonía
móvil,
-TV
-Informática |
-Alteración
del citoesqueleto y de las membranas (de
las neuronas y de las células sanguíneas)
-Cambios de la permeabilidad y de las
propiedades funcionales de las membranas
celulares).
-Activación de la síntesis de ácidos nucleicos
y proteínas en las células-Dilatación
de los capilares.
-Activación del sistema endocrino.-Estimulación
de los procesos tiroideos.
-Disminución de la presión arterial.
-Máxima cantidad de calor en la sangre,
la linfa y los tejidos musculares.
-Recalentamiento de la piel (por ejemplo,
"efecto oreja caliente"). |
Tejidos
con poco contenido en agua (nervioso,
óseo, intersticial, tendinoso) hasta 26
centímetros |
|
De
3 a 30 GHZ
|
-Hornos
microondas
-comunicaciones espaciales
-industria |
-Influencia
en el sistema endocrino.
-Aumento de la tiroxina, la insulina y
la cortisona en el plasma sanguíneo.
-Aumenta la temperatura de la piel entre
3 y 5 ºC mientras que en las capas profundas
aumenta hasta 5 ºC.
-Cambios en el sistema adreno-simpático.
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Tejidos
con alto contenido en agua (sangre, linfa,
tejido muscular, parénquimas) hasta 3,6
centímetros |
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