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    Reportajes.

  CÁNCER: ¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (V) La ineficacia de los tratamientos    convencionales

Si uno creyera lo que afirman las autoridades sanitarias y los oncólogos más "prestigiosos" de España y del mundo en los últimos años se ha avanzado muchísimo en lo que a la curación del cáncer se refiere. De hecho, no hay semana -desde hace al menos dos décadas- que los principales medios de comunicación de cualquier país no recojan una buena noticia al respecto. Por eso existe la convicción entre la ciudadanía de que el cáncer ha dejado de ser tan mortal como antes, de que la Quimioterapia, la Radioterapia y los nuevos antitumorales han conseguido poner al cáncer "entre las cuerdas". Bueno, pues no es verdad. Salvo excepciones muy concretas, la única terapia convencional efectiva contra el cáncer sigue siendo la cirugía y eso en los casos en que el tumor está aislado. Ya está bien de mentiras interesadas.

¿Cuántas personas enferman en España de cáncer cada año? No se sabe. ¿Cuántas mueren por esa causa? No se sabe. ¿Cuántas fallecen antes de haber transcurrido un año de habérselas descubierto el cáncer? No se sabe. ¿Cuántas sobreviven dos, tres, cuatro, cinco años o más a los tratamientos? No se sabe. ¿Cuál es la eficacia real de los tratamientos, especialmente de los nuevos antitumorales? No se sabe. Pero, bueno, -imagino que se preguntará el lector-, ¿es que no hay estadísticas nacionales sobre el cáncer? Y la respuesta es NO. ¿Y por qué? Pues porque no interesa. Porque contra las frías cifras no se puede hacer nada, no se pueden difundir mentiras interesadas una y otra vez.
El Ministerio de Sanidad y Consumo no tiene datos. La Asociación Española contra el Cáncer y la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer tampoco. Los grandes laboratorios de investigación de fármacos para combatir la "enfermedad", mucho menos. No hay datos fiables de nada. El único organismo que tiene datos concretos en España es el Instituto Nacional de Estadística y se refieren sólo a la morbilidad hospitalaria. Es decir, lo único que de verdad se sabe es cuántas personas mueren en los hospitales a causa del cáncer. Los últimos datos hechos públicos son del año 1999. Puede usted acceder a ellos a través de Internet y consultarlos (www.ine.es). Y esos datos indican que ese año murieron en los hospitales 371.102 personas. De ellas, 94.566 (el 25,48%) a causa de tumores; es decir, de cáncer. Luego una de cada cuatro personas que muere en un hospital español lo hace de cáncer. Una cifra mareante que, encima, no refleja la realidad porque buena parte de los enfermos terminales de cáncer son enviados a morir a sus casas por los oncólogos "cuando ya no pueden hacer nada por ellos".
En suma, ¿cuántas personas mueren de verdad de cáncer en España si sólo en hospitales fallecen casi cien mil al año? ¿Un 50% más? ¿El doble? No se sabe. Pero eso sí, se ha avanzado muchísimo en la investigación y tratamiento del cáncer....

JUGANDO CON LAS CIFRAS
Hace algo más de un año asistí a la presentación oficial del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) que actualmente dirige Mariano Barbacid y que se efectuó en un conocido hotel madrileño durante una cena a la que asistieron los principales responsables del mismo, los representantes de las entidades sociales y financieras que con su contribución económica lo hicieron posible, un seleccionado grupo de cualificados expertos en cáncer traídos de medio mundo y ocho o nueve periodistas. Ya conté entonces en la revista lo que sucedió durante ella, cómo planteé ante los presentes que a mi juicio aquel centro nacía mal porque desde el principio dejaban fuera del terreno de la investigación los aspectos psicoemocionales y les pregunté por qué no se tenían en cuenta -entre otros- los descubrimientos del Dr. Ryke Geerd Hamer y cómo aquellos expertos mostraron una -para mí- fingida sorpresa alegando, con miradas gesticulantes que se notaban forzadas, que no sabían de quién les hablaba. Pero cuando más nerviosos se pusieron fue cuando les pregunté si los resultados a la hora de tratar el cáncer eran mejores en Estados Unidos que en España y cuáles eran esos. Porque se enzarzaron en una discusión acalorada y muy aleccionadora para quien esto escribe al punto de que Mariano Barbacid tuvo que recordarles que estaban delante de periodistas y pidió públicamente disculpas. Debo añadir que son muchos los expertos que no esperan nada del CNIO. Pretender seguir las mismas líneas de investigación que ya llevan otros con muchísimos más medios de todo tipo y creer que van a conseguir más o mejores resultados es de una ingenuidad manifiesta aunque no sea absolutamente descartable. Y quien esto escribe lo duda, sobre todo, porque han centrado todos sus esfuerzos -como los laboratorios- en buscar elementos químicos para violentar de manera no natural la presunta respuesta anormal del organismo y dudo que eso vaya a solucionar nada. De hecho, me gustaría saber qué ha hecho el CNIO en el tiempo que lleva funcionando. Aunque la respuesta oficial ya la conozco: hace falta mucho tiempo para obtener resultados. Lo que es verdad sólo que eso también permite vivir hasta la jubilación de investigar, investigar e investigar... y cobrar un sueldo seguro hasta jubilarse sin tener que ofrecer resultado alguno.

UN CURSO MUY INSTRUCTIVO
El pasado día 11 de Abril tuve oportunidad de asistir en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Madrid -perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas- a un breve cursillo de formación sobre cáncer organizado por la multinacional Bristol-Myers Squibb, entidad que en la nota que entregan a la prensa se presenta como "una compañía líder mundial en la mejora de la calidad de vida y el descubrimiento de terapias que aumenten la supervivencia en pacientes con cáncer". El curso corrió a cargo de Juan Carlos Lacal, biólogo e investigador del CSIC especializado en Bioquímica y Biología Molecular y presidente de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA) de 1995 a 1998 -de la que fue también Secretario General los cuatro años anteriores (Ene 1991 a Dic 1994)- y de otros diversos organismos oncológicos, además de editor ejecutivo de la Revista de Oncología, órgano oficial de la Federación de Sociedades Españolas de Oncología (FESEO); María del Rosario Perona, doctora en Farmacia y jefa del Departamento de Biología Celular y Molecular del ya mencionado Instituto de Investigaciones Biomédicas y actual Secretaria General de la Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (ASEICA); y Carlos Chaib, médico y oncólogo de la Bristol-Myers Squibb cuyo curriculum no nos fue facilitado pero de quien me llamó mucho la atención su sinceridad y honestidad cuando conversé con él.
Y perdóneme el lector si he hecho unas referencias demasiado extensas de los ponentes del cursillo pero me parece importante que comprenda que quienes lo impartieron no era un mero grupo de oncólogos con más o menos conocimiento sino expertos de reconocido prestigio en su campo. Pues bien, en el cursillo se nos dejaría bien claro a los presentes nada más empezar que "el cáncer no es una enfermedad sino un conjunto de más de 100 enfermedades" (en la Asociación Española contra el Cáncer hablan de más de 200). Y que las causas de todas esas enfermedades son exógenas y se deben a la acción de:
-Las radiaciones ionizantes -rayos cósmicos, radiactividad y gas radón-, causantes según ellos de la mayor parte de los cánceres de tiroides, pulmón y linfomas. Y,
-Algunos productos químicos favorecedores de la acumulación de lesiones en el ADN que da lugar a las mutaciones celulares que provocan su proliferación incontrolada (el lector ya conoce los principales productos químicos porque los publicamos en el número de enero aunque debo decir que en el cursillo el número de factores de riesgo totales reconocidos era mucho menor ).
Y punto. Según los expertos mencionados esos factores son los que causan el cáncer. Ni que decir que tiene que mostré de inmediato en público mi sorpresa por el hecho de que no tuvieran en cuenta los factores psicoemocionales, los traumas, como otros expertos en diversas áreas de la salud no sólo han apuntado sino demostrado. Me dejaron claro que no estaban de acuerdo con esa posibilidad aunque les recordé que ellos, mejor que nadie, saben que las emociones y pensamientos provocan procesos bioquímicos y que, en consecuencia, pueden también alterar las células. Es obvio que ese asunto no lo querían tener en cuenta. Lo mismo que Mariano Barbacid. No insistí. No me pareció correcto hacerlo durante la celebración del curso.
Me sorprendió también que Juan Carlos Lacal, al ofrecer los datos que obraban en su poder sobre cáncer, reconociera que sólo tenía cifras correspondientes a ¡1991! Y que, según las mismas, ese año habían muerto de cáncer en España 81.298 personas, 49.798 hombres y 31.500 mujeres (debo decir que en realidad esa cifra corresponde sólo a los muertos en hospitales). Añadiendo que cada año se producían en nuestro país alrededor de 120.000 casos nuevos. Cuando mostré de nuevo mi sorpresa por el hecho de que alguien con su representatividad y cargos no pudiera darnos más recientes y más completos se limitó a decirme que no existían o, cuando menos, él no los conocía. Y, por supuesto, que tampoco tenía datos sobre la supervivencia de los pacientes de cáncer a los dos o más años de recibir tratamiento. Mi pregunta de "¿Y entonces cómo saber si los tratamientos convencionales que se están aplicando contra el cáncer son efectivos,?" recibió como respuesta un significativo silencio. Es obvio que no me podía dar datos que no tenía.

UN CURSILLO CLARIFICADOR
El curso continuaría. Pero en él se limitaron a explicarnos a los presentes los procesos relacionados con la cancerización de una célula, cómo se producía y cómo los investigadores entendían que podría interrumpirse el proceso para evitarlo. Es decir, se nos dejó claro que -a su juicio- el cáncer aparece como consecuencia de la acumulación de varias alteraciones genéticas a lo largo de los años. Algo, añadiré por mi parte, que es verdad en algunos casos pero no en todos como ha demostrado Ryke Geerd Hamer.
La explicación de qué son los oncogenes, los genes supresores y los genes reparadores llevaría posteriormente a la conclusión de que la alteración de los genes en el organismo es algo normal, hasta el punto de que a lo largo de la vida una persona puede llegar a sufrir hasta unas 10.000 mutaciones por gen que son reparadas satisfactoriamente. Y que el problema empieza cuando el organismo no puede efectuar en un momento dado esa reparación. En suma, se nos estaba dando a entender que había que buscar la solución al cáncer en el terreno de la genética.
Me pareció complejo e innecesario. Si el organismo, a lo largo de la vida, está suficientemente capacitado para destruir las células cancerosas.... hasta que un día falla, da la impresión de que lo inteligente sería averiguar por qué, potenciar el sistema inmune y dejar actuar al organismo en lugar de seguir caminos no naturales. Así que intervine de nuevo preguntando por qué no se hacía así. Y se me respondió que esa vía "también" se estaba investigando con lo que se denomina Inmunoterapia. Y el curso siguió.
Tras unos comentarios irónicos sobre la batalla acaecida para descifrar el Genoma Humano y la poca diferencia que genéticamente tenemos con una mosca se explicaría a los presentes que tenemos entre 30 y 35.000 genes. Está aún por determinar la cifra exacta a pesar de todo lo que se ha publicado. Tras recordar que cada célula tiene 23 cromosomas y que todas las células de un organismo tienen el mismo ADN se aclararía luego que el conjunto de genes de cada tejido es distinto porque en cada órgano se manifiestan unos genes y otros no. Algo que las futuras terapias antitumorales deben tener en cuenta.

TRATAMIENTOS DEL CÁNCER EN EL FUTURO
Entraría el ponente entonces a plantear que las actuales investigaciones sobre el cáncer se centran en el estudio de tres ámbitos: la Genómica, la Oncofarmacogenómica y la Proteómica. Mediante la Genómica se pretende conocer mejor el funcionamiento de los oncogenes y los genes supresores, descubrir nuevas dianas para diseñar antitumorales y saber qué genes han mutado en un tumor. La idea es crear así bases de datos. Con la Oncofarmacogenómica se pretende descubrir cómo va a responder un tumor a un tratamiento específico de quimioterapia. Algo que ya se efectúa mediante microchips de ADN. Se trata también de un proyecto a largo plazo para obtener resultados. Y con la Proteómica se quiere conocer mejor el mundo de las proteínas.
En este ámbito, algunos laboratorios estudian el desarrollo de nuevos fármacos antitumorales. Así, la Bristol Myers Squibb trabaja sobre algunos taxanos presuntamente más potentes que su conocido paclitaxel (Taxol) y sobre otros agentes no taxanos como la epotilona, presunto estabilizador de la tubulina. Asimismo, intentan bloquear la transmisión de mensajes de crecimiento y supervivencia de la célula cancerígena inhibiendo la farnesiltransferasa y cortocircuitar así la información celular desde el conocido oncogen ras. Es más, creen que puede provocar con ello la apóptosis (autodestrucción o suicidio) de la célula.
Otra de las vías que se están investigando es cómo frenar la Angiogénesis, el proceso de formación de vasos sanguíneos que alimentan los tumores.
En suma, tales son los ámbitos por donde pretende avanzarse para comprender y combatir el cáncer... en el futuro. Pero, ¿y ahora? ¿Qué se hace en el presente?

EFECTIVIDAD DE LOS TRATAMIENTOS CONVENCIONALES
Actualmente hay tres vías con las que la Medicina convencional afronta el problema del cáncer: la Cirugía, la Quimioterapia y la Radioterapia.
En lo que se refiere a la Cirugía, se explicó la importancia de detectar a tiempo un tumor antes de que se extienda porque si el mismo se extirpa cuando aún está aislado el problema puede atajarse antes de que sea irremediable. Cuando así se hace, cuando se actúa en la fase inicial, el porcentaje de casos en que el tumor desaparece y no vuelve a aparecer es notable.
Agregaré que, según el conocido Manual Merck de Medicina, la cirugía es suficiente en un alto porcentaje de cánceres (en el de pulmón el porcentaje de éxito es muy bajo). Obviamente, no hay manera de contrastar sus datos. Pero en él se afirma que incluso en casos incipientes, sin metástasis, la cirugía sola no es suficiente entre un 30 y un 63% de los casos de cáncer de pulmón, del 18 al 35% en los cánceres de boca, testículo, riñón, vejiga, colon, mama, útero, próstata, ovarios y laringe, y en el 6% de los casos de cuello uterino.
En lo que se refiere a la Radioterapia, se reconocería durante el cursillo que a pesar de que mueve miles de millones de dólares al año los resultados son más bien escasos. Una información que no me sorprendió en absoluto ya que, según los expertos que previamente había consultado, la Radioterapia es ineficaz en un alto porcentaje de cánceres. Según el propio Manual Merck, la eficacia de esta terapia sola nada más es aceptable en casos de cáncer iniciales de testículos, en la llamada Enfermedad de Hodgkin, en los linfomas no hodgkinianos y en los cánceres de próstata (entre el 67 y el 90% de los mismos).
En cuanto a la Quimioterapia no se dieron datos de su eficacia pero el Manual Merck indica que, por sí sola, tiene un porcentaje de éxito en los casos iniciales de coriocarcinomas (98%), cáncer de testículos -excepto seminomas- (88%), la Enfermedad de Hodking (74%), el Linfoma de Burkitt (44-74%) y el Linfoma linfoblástico (50%).
¿Y el resultado de combinar las tres terapias, es decir, cirugía-radioterapia, cirugía-quimioterapia, radioterapia-quimioterapia y cirugía-radioterapia-quimioterapia? Pues hay que decir que no se logran resultados mucho mejores en la mayor parte de los casos comentados aunque sí ayuda en otros cánceres no mencionados como los de endometrio (62%), estómago (54%), riñón -tumor de Wilms- (80), sarcoma de Ewing (70%) y sistema nervioso central -meduloblastoma- (71-80%).
Ahora bien, estamos hablando de los resultados que se obtienen en las fases iniciales de desarrollo del cáncer. Porque cuando el cáncer se ha desarrollado y extendido la cuestión es muy otra. En tales casos los porcentajes de "curación" (supervivencia de 5 años sin que se manifieste de nuevo el cáncer) son muy bajos. Pero de eso nadie quiere hablar.
Pobres resultados que ha obligado a todas las compañías -así se nos anunció también que lo ha hecho la Bristyol-Myers Squibb- a realizar un cambio fundamental de estrategia y que los esfuerzos se encaminen ahora en buscar moléculas que inhiban la proliferación celular. Es decir, a encontrar inhibidores específicos de los factores de crecimiento, receptores y GTP de la célula. Y crear tantos inhibidores distintos como tumores hay. Una labor, pues, de muchos años aunque en estos momentos se está investigando ya con 400 moléculas concretas. La nueva "Quimioterapia dirigida" pretende crear cuerpos monoclonales para cortocircuitar la transmisión de la información en la célula cancerosa, moléculas inhibidoras que impidan su replicación logrando que entre en apóptosis, es decir, lograr que la célula se autodestruya -se "suicide"- o sea destruida por las células de defensa del organismo.
Existen, en todo caso, otras vías de investigación. Es el caso de la terapia génica cuya idea básica es introducir material genético en las células -se piensa en retrovirus- para modificar sus funciones. También se pretende desarrollar la Inmunoterapia con la idea de introducir genes para potenciar la respuesta del sistema inmune.
Lo único que hoy está en fase III -probándose ya en humanos- son algunos antitumorales siendo uno de los más conocidos el Taxol fabricado por el laboratorio organizador de este cursillo. Los citotóxicos y los citostáticos se prueban hoy en miles de pacientes aunque no son tan específicos como los nuevos fármacos que se pretenden crear, inhibidores de la señal para interrumpir el ciclo celular e impedir la proliferación cancerosa.
Por supuesto, si toda esta investigación dará o no fruto alguno es una incógnita como los propios ponentes del curso reconocieron. Porque muchas veces las sustancias que dan resultado en animales fracasan posteriormente en humanos. Y, en el mejor de los casos, los fármacos que pudieran salir de estas investigaciones no estarían al alcance de los enfermos antes de varios años. Por consiguiente, no son una esperanza siquiera para los enfermos de hoy, sólo para los de mañana.
De hecho, varias compañías como Dendreon, Inspire Pharmaceuticals o Cubist Pharmaceuticals han informado hace poco de fallos o retrasos en los ensayos clínicos de sus medicamentos. Aunque los dos fracasos recientes más notables es precisamente el de dos anticancerosos, uno de ellos relacionado con la Bristol Myers Squibb, algo que los ponentes del cursillo se abstuvieron de mencionar. Hablamos del Erbitux.
Fabricado por ImClone, la Bristol Myers Squibb llegó en septiembre pasado a un acuerdo por el que se comprometió a pagar 2.000 millones de dólares a cambio del 20% de la empresa y de parte de los derechos del fármaco. Sólo que la FDA, tras ser probado en pacientes que sufrían cáncer colorrectal y que no habían respondido a la terapia habitual, lo rechazó a finales de diciembre pasado porque en los ensayos clínicos no pudo determinarse si la respuesta de los participantes se debía al nuevo medicamento o a los tratamientos habituales. Con lo que la Bristol Myers Squibb ha amenazado con romper el pacto firmado con ImClone si no se le permite controlar los próximos ensayos clínicos.
El otro es el SU5416, un medicamento diseñado para frenar la angiogénesis desarrollado por Sugen Inc., empresa comprada en 1999 por 650 millones de dólares por Pharmacia. Pues bien, los ensayos clínicos tuvieron que detenerse en la última fase tras constatarse que no prolongaba la vida de los pacientes más que la quimioterapia habitual. De los 355 participantes evaluados (con cáncer colorrectal en estadios avanzados) se comprobó que el grupo que recibía el SU5416 combinado con quimioterapia respondía exactamente igual que el que recibía el tratamiento normal sin combinar con el nuevo fármaco. El tiempo de supervivencia, como se esperaba, no aumentó hasta un 33%.
En suma, está por ver a dónde nos llevan esas investigaciones.

EFECTOS SECUNDARIOS DE LA RADIOTERAPIA Y LA QUIMIOTERAPIA
No quiero dejar de hablar, en cualquier caso, de los efectos secundarios de la Radioterapia y la Quimioterapia. Estos varían mucho de un paciente a otro pero las náuseas, los vómitos, la fatiga intensa, la caída del cabello y la pérdida de glóbulos en sangre son los más frecuentes. Al menos tres de cada cuatro pacientes padecerá como consecuencia una anemia severa -disminución de los glóbulos rojos- con la consecuente debilidad, somnolencia, dolor de cabeza, fatiga constante, falta de aire y palpitaciones aunque no necesariamente se presentan a la vez todos los síntomas descritos. Hay quien afirma, por cierto, que en estos casos ayuda la eritropoyetina pero una buena parte de los expertos lo duda.
También bajan los glóbulos blancos ya que resulta afectada la médula ósea y disminuyen las plaquetas -trombocitopenia- impidiendo el control por el cuerpo de una posible hemorragia. Es igualmente corriente observar petequias, hemorragias muy pequeñitas (se ven como puntitos rojos), principalmente en el interior de la boca y en las piernas. También es más fácil hacerse moretones.
Ambas terapias provocan además inflamación e, incluso, úlceras en las membranas mucosas así como en la boca y la garganta.
Asimismo, pueden irritar y dañar las venas inutilizándolas temporal o permanentemente. Y provocar una flebitis. Otras veces las venas se vuelven muy frágiles y se rompen fácilmente con lo que el medicamento administrado puede causar, al salirse, quemaduras en los tejidos vecinos.
Cabe añadir que cuando se trata a una embarazada el riesgo de provocar serias malformaciones en el feto -especialmente en el caso de la Quimioterapia- es altísimo; de hecho, lo normal es que nazca muerto.
Y lo más importante: el organismo se intoxica. Muchas veces irremediablemente. Con lo que se da la paradoja de que al enfermo le desaparece su tumor... pero se muere algún tiempo después porque el organismo le falla al estar envenenado. Y, claro está, esa persona no se habrá muerto de cáncer sino de otra cosa. Y si el fallecimiento se produce con suerte cinco años después, ¡se habrán salvado incluso las estadísticas y esa persona podrá hasta figurar entre los enfermos "libres de cáncer" y engordar los porcentajes de buenos resultados!
Aunque lo más sangrante es que tanto la Radioterapia como la Quimioterapia, que se utilizan para combatir el cáncer, pueden a su vez provocar cáncer. Un sarcasmo.

CONCLUSIÓN
Llegados a este punto no puedo dejar de denunciar que el problema del cáncer está siendo manipulado vergonzosamente. Porque en ningún lugar de Occidente se está atendiendo a consideraciones sanitarias sino políticas. Hay una orden no escrita que hace que las autoridades de todo el mundo intenten minimizar el problema ocultando la verdad. Por eso no se hacen estadísticas oficiales y constatables de los índices de supervivencia en los tratamientos convencionales. Los "éxitos" que con la Cirugía, la Quimioterapia y la Radioterapia se supone que se obtienen se reflejan en datos que aportan quienes fabrican los aparatos de radioterapia, los laboratorios que desarrollan los fármacos y, en el mejor de los casos, los oncólogos que practican ambas técnicas terapéuticas. De la credibilidad los fabricantes y laboratorios no hay mucho que explicar porque de vez en cuando la propia FDA norteamericana, harta probablemente de tanta mentira, les tiene que reconvenir a menudo. Los ensayos clínicos no se efectúan en buena parte de los casos a doble ciego y no los controlan equipos independientes. Y los oncólogos no tienen acceso a otros datos para corroborar la eficacia de lo que hacen por lo que, cuando su fracaso es alto, terminan pensando que han tenido la mala suerte de que a ellos les lleguen casos muy difíciles pero como a otros compañeros les va mejor -eso dicen las estadísticas- lo que tienen que hacer es no desesperar.
Sin embargo, los escasísimos datos fiables que existen son tozudos. Según el Instituto Nacional de Estadística muere hoy casi en España el doble de personas por tumores que hace dos décadas. En 1980 fallecieron de cáncer en hospitales (además de los muertos en casa) 58.431 personas, en l985 -cinco años después- 68.779, en 1990 fueron 79.609, en 1995 se llegó a 89.493 y en 1999 a 94.566. Eso supone el 25,48% de todas las muertes habidas en hospitales. Una de cada cuatro personas. Siendo los índices de mortandad más altos en los casos de cánceres de tráquea, bronquios y pulmón -en primer lugar- y los de colon (la mitad de casos que los anteriores). Les siguen a poca distancia los cánceres "mal definidos, secundarios y no especificados" y los de estómago, mama, próstata, hígado, tejido linfático, vejiga y páncreas. Es decir, que el número más alto de fallecimientos se da entre buena parte de quienes padecen los tipos de cáncer que se supone mejor resultado tienen con Quimioterapia y Radioterapia. ¿Alguien lo entiende?
Las autoridades políticas y sanitarias deberían dar una explicación de todo lo aquí expuesto. Pero no lo harán. No tienen más argumentos que la retórica y echar balones fuera alegando que en otros países se hace lo mismo. Como si ello fuese una razón y no una excusa.
No, la verdad es que aquí hay muchísimo dinero en juego. Cientos de miles de millones de euros. Y el control sobre el negocio, férreo. Ello explica que con tan paupérrimos resultados la Radioterapia y la Quimioterapia sean hoy los tratamientos "oficiales" cuando la cirugía no es viable. Y sólo eso explica también que desde las asociaciones de oncólogos y desde el poder se persiga encima como charlatanes y estafadores a quienes pretenden tratar a los enfermos de cáncer de otra manera. "Si nosotros, que somos los que más sabemos en este ámbito, no conseguimos gran cosa, ¿qué van a poder hacer otros?". Y con tal pensamiento exigen que a quienes tratan a los pacientes de otra manera -médicos incluidos- se les persiga legalmente y se les impida ejercer. Conozco varios casos sangrantes en España. Médicos a los que sus colegios, en nombre de la verdad que detentan, los han inhabilitado profesionalmente o los han llevado a los tribunales para que lo haga el juez.
Hace ahora un año, un conocido oncólogo, harto de que se le murieran los pacientes, decidió abandonar el ejercicio de la Oncología en el hospital de su comunidad autónoma para el que trabajaba a fin de poder aplicar otras terapias que consideraba más eficaces. Y así lo está haciendo hoy en su consulta privada. Porque en los hospitales públicos un oncólogo sólo puede hacer lo que le indican, no puede ejercer su libre albedrío. Y lo más singular es que hablamos de alguien que hace ya más de 25 años introdujo en su comunidad la Medicina Nuclear. Con alta experiencia, pues, en los tratamientos convencionales. Excuso decir que ya entonces le invité a expresar abiertamente en la revista sus impresiones. Su respuesta fue clara: "Mire usted, me encantaría pero tengo tres hijos aún en casa y debo trabajar para vivir. Y sé que si abro la boca me quitan la licencia como médico. A pesar de haber renunciado a mi cargo de responsable de Oncología en el hospital. Lo siento." No insistí. Hace sólo unos días entré de nuevo en contacto con él y me aseguró que sus resultados, hoy, son mucho mejores que antes. Como los de otros médicos que conozco y que trabajan discretamente para no ser perseguidos y denunciados, al igual que Hamer.
Termino. Sé que quienes padecen cáncer o tienen familiares o amigos que lo sufren estarán angustiados. Y sé que muchas personas dirán que no tiene sentido decirle la verdad a la gente cuando ésta es tan dura. Pero me niego a aceptar esa falacia. La gente tiene derecho a saber la verdad, a estar informada y, sobre todo, a poder elegir tratamientos alternativos a los de la Quimioterapia y Radioterapia si lo desea. Porque los hay aunque las autoridades lo nieguen y persigan a quienes los practican. Seguiré hablando de ello en los próximos números.


José Antonio Campoy



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