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| CÁNCER:
¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (V) La ineficacia de los tratamientos
convencionales |
Si uno creyera lo
que afirman las autoridades sanitarias y los
oncólogos más "prestigiosos" de España y del
mundo en los últimos años se ha avanzado muchísimo
en lo que a la curación del cáncer se refiere.
De hecho, no hay semana -desde hace al menos
dos décadas- que los principales medios de
comunicación de cualquier país no recojan
una buena noticia al respecto. Por eso existe
la convicción entre la ciudadanía de que el
cáncer ha dejado de ser tan mortal como antes,
de que la Quimioterapia, la Radioterapia y
los nuevos antitumorales han conseguido poner
al cáncer "entre las cuerdas". Bueno, pues
no es verdad. Salvo excepciones muy concretas,
la única terapia convencional efectiva contra
el cáncer sigue siendo la cirugía y eso en
los casos en que el tumor está aislado. Ya
está bien de mentiras interesadas.
¿Cuántas personas enferman en España de
cáncer cada año? No se sabe. ¿Cuántas mueren
por esa causa? No se sabe. ¿Cuántas fallecen
antes de haber transcurrido un año de habérselas
descubierto el cáncer? No se sabe. ¿Cuántas
sobreviven dos, tres, cuatro, cinco años o
más a los tratamientos? No se sabe. ¿Cuál
es la eficacia real de los tratamientos, especialmente
de los nuevos antitumorales? No se sabe. Pero,
bueno, -imagino que se preguntará el lector-,
¿es que no hay estadísticas nacionales sobre
el cáncer? Y la respuesta es NO. ¿Y por qué?
Pues porque no interesa. Porque contra las
frías cifras no se puede hacer nada, no se
pueden difundir mentiras interesadas una y
otra vez.
El Ministerio de Sanidad y Consumo no tiene
datos. La Asociación Española contra el Cáncer
y la Asociación Española de Investigación
sobre el Cáncer tampoco. Los grandes laboratorios
de investigación de fármacos para combatir
la "enfermedad", mucho menos. No hay datos
fiables de nada. El único organismo que tiene
datos concretos en España es el Instituto
Nacional de Estadística y se refieren sólo
a la morbilidad hospitalaria. Es decir, lo
único que de verdad se sabe es cuántas personas
mueren en los hospitales a causa del cáncer.
Los últimos datos hechos públicos son del
año 1999. Puede usted acceder a ellos a través
de Internet y consultarlos (www.ine.es). Y
esos datos indican que ese año murieron en
los hospitales 371.102 personas. De ellas,
94.566 (el 25,48%) a causa de tumores; es
decir, de cáncer. Luego una de cada cuatro
personas que muere en un hospital español
lo hace de cáncer. Una cifra mareante que,
encima, no refleja la realidad porque buena
parte de los enfermos terminales de cáncer
son enviados a morir a sus casas por los oncólogos
"cuando ya no pueden hacer nada por ellos".
En suma, ¿cuántas personas mueren de verdad
de cáncer en España si sólo en hospitales
fallecen casi cien mil al año? ¿Un 50% más?
¿El doble? No se sabe. Pero eso sí, se ha
avanzado muchísimo en la investigación y tratamiento
del cáncer....
JUGANDO CON LAS
CIFRAS
Hace algo más
de un año asistí a la presentación oficial
del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas
(CNIO) que actualmente dirige Mariano Barbacid
y que se efectuó en un conocido hotel madrileño
durante una cena a la que asistieron los principales
responsables del mismo, los representantes
de las entidades sociales y financieras que
con su contribución económica lo hicieron
posible, un seleccionado grupo de cualificados
expertos en cáncer traídos de medio mundo
y ocho o nueve periodistas. Ya conté entonces
en la revista lo que sucedió durante ella,
cómo planteé ante los presentes que a mi juicio
aquel centro nacía mal porque desde el principio
dejaban fuera del terreno de la investigación
los aspectos psicoemocionales y les pregunté
por qué no se tenían en cuenta -entre otros-
los descubrimientos del Dr. Ryke Geerd
Hamer y cómo aquellos expertos mostraron
una -para mí- fingida sorpresa alegando, con
miradas gesticulantes que se notaban forzadas,
que no sabían de quién les hablaba. Pero cuando
más nerviosos se pusieron fue cuando les pregunté
si los resultados a la hora de tratar el cáncer
eran mejores en Estados Unidos que en España
y cuáles eran esos. Porque se enzarzaron en
una discusión acalorada y muy aleccionadora
para quien esto escribe al punto de que Mariano
Barbacid tuvo que recordarles que estaban
delante de periodistas y pidió públicamente
disculpas. Debo añadir que son muchos los
expertos que no esperan nada del CNIO. Pretender
seguir las mismas líneas de investigación
que ya llevan otros con muchísimos más medios
de todo tipo y creer que van a conseguir más
o mejores resultados es de una ingenuidad
manifiesta aunque no sea absolutamente descartable.
Y quien esto escribe lo duda, sobre todo,
porque han centrado todos sus esfuerzos -como
los laboratorios- en buscar elementos químicos
para violentar de manera no natural la presunta
respuesta anormal del organismo y dudo que
eso vaya a solucionar nada. De hecho, me gustaría
saber qué ha hecho el CNIO en el tiempo que
lleva funcionando. Aunque la respuesta oficial
ya la conozco: hace falta mucho tiempo para
obtener resultados. Lo que es verdad sólo
que eso también permite vivir hasta la jubilación
de investigar, investigar e investigar...
y cobrar un sueldo seguro hasta jubilarse
sin tener que ofrecer resultado alguno.
UN CURSO MUY INSTRUCTIVO
El pasado día
11 de Abril tuve oportunidad de asistir en
el Instituto de Investigaciones Biomédicas
de Madrid -perteneciente al Consejo Superior
de Investigaciones Científicas- a un breve
cursillo de formación sobre cáncer organizado
por la multinacional Bristol-Myers Squibb,
entidad que en la nota que entregan a la prensa
se presenta como "una compañía líder mundial
en la mejora de la calidad de vida y el descubrimiento
de terapias que aumenten la supervivencia
en pacientes con cáncer". El curso corrió
a cargo de Juan Carlos Lacal, biólogo
e investigador del CSIC especializado en Bioquímica
y Biología Molecular y presidente de la Asociación
Española de Investigación sobre el Cáncer
(ASEICA) de 1995 a 1998 -de la que fue también
Secretario General los cuatro años anteriores
(Ene 1991 a Dic 1994)- y de otros diversos
organismos oncológicos, además de editor ejecutivo
de la Revista de Oncología, órgano oficial
de la Federación de Sociedades Españolas de
Oncología (FESEO); María del Rosario Perona,
doctora en Farmacia y jefa del Departamento
de Biología Celular y Molecular del ya mencionado
Instituto de Investigaciones Biomédicas y
actual Secretaria General de la Asociación
Española de Investigación sobre el Cáncer
(ASEICA); y Carlos Chaib, médico y
oncólogo de la Bristol-Myers Squibb cuyo curriculum
no nos fue facilitado pero de quien me llamó
mucho la atención su sinceridad y honestidad
cuando conversé con él.
Y perdóneme el lector si he hecho unas referencias
demasiado extensas de los ponentes del cursillo
pero me parece importante que comprenda que
quienes lo impartieron no era un mero grupo
de oncólogos con más o menos conocimiento
sino expertos de reconocido prestigio en su
campo. Pues bien, en el cursillo se nos dejaría
bien claro a los presentes nada más empezar
que "el cáncer no es una enfermedad sino un
conjunto de más de 100 enfermedades" (en la
Asociación Española contra el Cáncer hablan
de más de 200). Y que las causas de todas
esas enfermedades son exógenas y se deben
a la acción de:
-Las radiaciones ionizantes -rayos cósmicos,
radiactividad y gas radón-, causantes según
ellos de la mayor parte de los cánceres de
tiroides, pulmón y linfomas. Y,
-Algunos productos químicos favorecedores
de la acumulación de lesiones en el ADN que
da lugar a las mutaciones celulares que provocan
su proliferación incontrolada (el lector ya
conoce los principales productos químicos
porque los publicamos en el número de enero
aunque debo decir que en el cursillo el número
de factores de riesgo totales reconocidos
era mucho menor ).
Y punto. Según los expertos mencionados esos
factores son los que causan el cáncer. Ni
que decir que tiene que mostré de inmediato
en público mi sorpresa por el hecho de que
no tuvieran en cuenta los factores psicoemocionales,
los traumas, como otros expertos en diversas
áreas de la salud no sólo han apuntado sino
demostrado. Me dejaron claro que no estaban
de acuerdo con esa posibilidad aunque les
recordé que ellos, mejor que nadie, saben
que las emociones y pensamientos provocan
procesos bioquímicos y que, en consecuencia,
pueden también alterar las células. Es obvio
que ese asunto no lo querían tener en cuenta.
Lo mismo que Mariano Barbacid. No insistí.
No me pareció correcto hacerlo durante la
celebración del curso.
Me sorprendió también que Juan Carlos Lacal,
al ofrecer los datos que obraban en su poder
sobre cáncer, reconociera que sólo tenía cifras
correspondientes a ¡1991! Y que, según las
mismas, ese año habían muerto de cáncer en
España 81.298 personas, 49.798 hombres y 31.500
mujeres (debo decir que en realidad esa cifra
corresponde sólo a los muertos en hospitales).
Añadiendo que cada año se producían en nuestro
país alrededor de 120.000 casos nuevos. Cuando
mostré de nuevo mi sorpresa por el hecho de
que alguien con su representatividad y cargos
no pudiera darnos más recientes y más completos
se limitó a decirme que no existían o, cuando
menos, él no los conocía. Y, por supuesto,
que tampoco tenía datos sobre la supervivencia
de los pacientes de cáncer a los dos o más
años de recibir tratamiento. Mi pregunta de
"¿Y entonces cómo saber si los tratamientos
convencionales que se están aplicando contra
el cáncer son efectivos,?" recibió
como respuesta un significativo silencio.
Es obvio que no me podía dar datos que no
tenía.
UN CURSILLO CLARIFICADOR
El curso continuaría.
Pero en él se limitaron a explicarnos a los
presentes los procesos relacionados con la
cancerización de una célula, cómo se producía
y cómo los investigadores entendían que podría
interrumpirse el proceso para evitarlo. Es
decir, se nos dejó claro que -a su juicio-
el cáncer aparece como consecuencia de la
acumulación de varias alteraciones genéticas
a lo largo de los años. Algo, añadiré por
mi parte, que es verdad en algunos casos pero
no en todos como ha demostrado Ryke Geerd
Hamer.
La explicación de qué son los oncogenes, los
genes supresores y los genes reparadores llevaría
posteriormente a la conclusión de que la alteración
de los genes en el organismo es algo normal,
hasta el punto de que a lo largo de la vida
una persona puede llegar a sufrir hasta unas
10.000 mutaciones por gen que son reparadas
satisfactoriamente. Y que el problema empieza
cuando el organismo no puede efectuar en un
momento dado esa reparación. En suma, se nos
estaba dando a entender que había que buscar
la solución al cáncer en el terreno de la
genética.
Me pareció complejo e innecesario. Si el organismo,
a lo largo de la vida, está suficientemente
capacitado para destruir las células cancerosas....
hasta que un día falla, da la impresión de
que lo inteligente sería averiguar por qué,
potenciar el sistema inmune y dejar actuar
al organismo en lugar de seguir caminos no
naturales. Así que intervine de nuevo preguntando
por qué no se hacía así. Y se me respondió
que esa vía "también" se estaba investigando
con lo que se denomina Inmunoterapia.
Y el curso siguió.
Tras unos comentarios irónicos sobre la batalla
acaecida para descifrar el Genoma Humano y
la poca diferencia que genéticamente tenemos
con una mosca se explicaría a los presentes
que tenemos entre 30 y 35.000 genes. Está
aún por determinar la cifra exacta a pesar
de todo lo que se ha publicado. Tras recordar
que cada célula tiene 23 cromosomas y que
todas las células de un organismo tienen el
mismo ADN se aclararía luego que el conjunto
de genes de cada tejido es distinto porque
en cada órgano se manifiestan unos genes y
otros no. Algo que las futuras terapias antitumorales
deben tener en cuenta.
TRATAMIENTOS DEL
CÁNCER EN EL FUTURO
Entraría el ponente
entonces a plantear que las actuales investigaciones
sobre el cáncer se centran en el estudio de
tres ámbitos: la Genómica, la Oncofarmacogenómica
y la Proteómica. Mediante la Genómica se pretende
conocer mejor el funcionamiento de los oncogenes
y los genes supresores, descubrir nuevas dianas
para diseñar antitumorales y saber qué genes
han mutado en un tumor. La idea es crear así
bases de datos. Con la Oncofarmacogenómica
se pretende descubrir cómo va a responder
un tumor a un tratamiento específico de quimioterapia.
Algo que ya se efectúa mediante microchips
de ADN. Se trata también de un proyecto a
largo plazo para obtener resultados. Y con
la Proteómica se quiere conocer mejor el mundo
de las proteínas.
En este ámbito, algunos laboratorios estudian
el desarrollo de nuevos fármacos antitumorales.
Así, la Bristol Myers Squibb trabaja sobre
algunos taxanos presuntamente más potentes
que su conocido paclitaxel (Taxol) y sobre
otros agentes no taxanos como la epotilona,
presunto estabilizador de la tubulina. Asimismo,
intentan bloquear la transmisión de mensajes
de crecimiento y supervivencia de la célula
cancerígena inhibiendo la farnesiltransferasa
y cortocircuitar así la información celular
desde el conocido oncogen ras. Es más, creen
que puede provocar con ello la apóptosis (autodestrucción
o suicidio) de la célula.
Otra de las vías que se están investigando
es cómo frenar la Angiogénesis, el proceso
de formación de vasos sanguíneos que alimentan
los tumores.
En suma, tales son los ámbitos por donde pretende
avanzarse para comprender y combatir el cáncer...
en el futuro. Pero, ¿y ahora? ¿Qué se hace
en el presente?
EFECTIVIDAD DE LOS
TRATAMIENTOS CONVENCIONALES
Actualmente hay
tres vías con las que la Medicina convencional
afronta el problema del cáncer: la Cirugía,
la Quimioterapia y la Radioterapia.
En lo que se refiere a la Cirugía, se explicó
la importancia de detectar a tiempo un tumor
antes de que se extienda porque si el mismo
se extirpa cuando aún está aislado el problema
puede atajarse antes de que sea irremediable.
Cuando así se hace, cuando se actúa en la
fase inicial, el porcentaje de casos en que
el tumor desaparece y no vuelve a aparecer
es notable.
Agregaré que, según el conocido Manual
Merck de Medicina, la cirugía es suficiente
en un alto porcentaje de cánceres (en el de
pulmón el porcentaje de éxito es muy bajo).
Obviamente, no hay manera de contrastar sus
datos. Pero en él se afirma que incluso en
casos incipientes, sin metástasis, la cirugía
sola no es suficiente entre un 30 y un 63%
de los casos de cáncer de pulmón, del 18 al
35% en los cánceres de boca, testículo, riñón,
vejiga, colon, mama, útero, próstata, ovarios
y laringe, y en el 6% de los casos de cuello
uterino.
En lo que se refiere a la Radioterapia, se
reconocería durante el cursillo que a pesar
de que mueve miles de millones de dólares
al año los resultados son más bien escasos.
Una información que no me sorprendió en absoluto
ya que, según los expertos que previamente
había consultado, la Radioterapia es ineficaz
en un alto porcentaje de cánceres. Según el
propio Manual Merck, la eficacia de esta terapia
sola nada más es aceptable en casos de cáncer
iniciales de testículos, en la llamada Enfermedad
de Hodgkin, en los linfomas no hodgkinianos
y en los cánceres de próstata (entre el 67
y el 90% de los mismos).
En cuanto a la Quimioterapia no se dieron
datos de su eficacia pero el Manual Merck
indica que, por sí sola, tiene un porcentaje
de éxito en los casos iniciales de coriocarcinomas
(98%), cáncer de testículos -excepto seminomas-
(88%), la Enfermedad de Hodking (74%), el
Linfoma de Burkitt (44-74%) y el Linfoma linfoblástico
(50%).
¿Y el resultado de combinar las tres terapias,
es decir, cirugía-radioterapia, cirugía-quimioterapia,
radioterapia-quimioterapia y cirugía-radioterapia-quimioterapia?
Pues hay que decir que no se logran resultados
mucho mejores en la mayor parte de los casos
comentados aunque sí ayuda en otros cánceres
no mencionados como los de endometrio (62%),
estómago (54%), riñón -tumor de Wilms- (80),
sarcoma de Ewing (70%) y sistema nervioso
central -meduloblastoma- (71-80%).
Ahora bien, estamos hablando de los resultados
que se obtienen en las fases iniciales de
desarrollo del cáncer. Porque cuando el cáncer
se ha desarrollado y extendido la cuestión
es muy otra. En tales casos los porcentajes
de "curación" (supervivencia de 5 años sin
que se manifieste de nuevo el cáncer) son
muy bajos. Pero de eso nadie quiere
hablar.
Pobres resultados que ha obligado a todas
las compañías -así se nos anunció también
que lo ha hecho la Bristyol-Myers Squibb-
a realizar un cambio fundamental de estrategia
y que los esfuerzos se encaminen ahora en
buscar moléculas que inhiban la proliferación
celular. Es decir, a encontrar inhibidores
específicos de los factores de crecimiento,
receptores y GTP de la célula. Y crear tantos
inhibidores distintos como tumores hay. Una
labor, pues, de muchos años aunque en estos
momentos se está investigando ya con 400 moléculas
concretas. La nueva "Quimioterapia dirigida"
pretende crear cuerpos monoclonales para cortocircuitar
la transmisión de la información en la célula
cancerosa, moléculas inhibidoras que impidan
su replicación logrando que entre en apóptosis,
es decir, lograr que la célula se autodestruya
-se "suicide"- o sea destruida por las células
de defensa del organismo.
Existen, en todo caso, otras vías de investigación.
Es el caso de la terapia génica cuya idea
básica es introducir material genético en
las células -se piensa en retrovirus- para
modificar sus funciones. También se pretende
desarrollar la Inmunoterapia con la idea de
introducir genes para potenciar la respuesta
del sistema inmune.
Lo único que hoy está en fase III -probándose
ya en humanos- son algunos antitumorales siendo
uno de los más conocidos el Taxol fabricado
por el laboratorio organizador de este cursillo.
Los citotóxicos y los citostáticos se prueban
hoy en miles de pacientes aunque no son tan
específicos como los nuevos fármacos que se
pretenden crear, inhibidores de la señal para
interrumpir el ciclo celular e impedir la
proliferación cancerosa.
Por supuesto, si toda esta investigación dará
o no fruto alguno es una incógnita como los
propios ponentes del curso reconocieron. Porque
muchas veces las sustancias que dan resultado
en animales fracasan posteriormente en humanos.
Y, en el mejor de los casos, los fármacos
que pudieran salir de estas investigaciones
no estarían al alcance de los enfermos antes
de varios años. Por consiguiente, no son una
esperanza siquiera para los enfermos de hoy,
sólo para los de mañana.
De hecho, varias compañías como Dendreon,
Inspire Pharmaceuticals o Cubist Pharmaceuticals
han informado hace poco de fallos o retrasos
en los ensayos clínicos de sus medicamentos.
Aunque los dos fracasos recientes más notables
es precisamente el de dos anticancerosos,
uno de ellos relacionado con la Bristol Myers
Squibb, algo que los ponentes del cursillo
se abstuvieron de mencionar. Hablamos del
Erbitux.
Fabricado por ImClone, la Bristol Myers Squibb
llegó en septiembre pasado a un acuerdo por
el que se comprometió a pagar 2.000 millones
de dólares a cambio del 20% de la empresa
y de parte de los derechos del fármaco. Sólo
que la FDA, tras ser probado en pacientes
que sufrían cáncer colorrectal y que no habían
respondido a la terapia habitual, lo rechazó
a finales de diciembre pasado porque en los
ensayos clínicos no pudo determinarse si la
respuesta de los participantes se debía al
nuevo medicamento o a los tratamientos habituales.
Con lo que la Bristol Myers Squibb ha amenazado
con romper el pacto firmado con ImClone si
no se le permite controlar los próximos ensayos
clínicos.
El otro es el SU5416, un medicamento diseñado
para frenar la angiogénesis desarrollado por
Sugen Inc., empresa comprada en 1999 por 650
millones de dólares por Pharmacia. Pues bien,
los ensayos clínicos tuvieron que detenerse
en la última fase tras constatarse que no
prolongaba la vida de los pacientes más que
la quimioterapia habitual. De los 355 participantes
evaluados (con cáncer colorrectal en estadios
avanzados) se comprobó que el grupo que recibía
el SU5416 combinado con quimioterapia respondía
exactamente igual que el que recibía el tratamiento
normal sin combinar con el nuevo fármaco.
El tiempo de supervivencia, como se esperaba,
no aumentó hasta un 33%.
En suma, está por ver a dónde nos llevan esas
investigaciones.
EFECTOS SECUNDARIOS
DE LA RADIOTERAPIA Y LA QUIMIOTERAPIA
No quiero dejar
de hablar, en cualquier caso, de los efectos
secundarios de la Radioterapia y la Quimioterapia.
Estos varían mucho de un paciente a otro pero
las náuseas, los vómitos, la fatiga intensa,
la caída del cabello y la pérdida de glóbulos
en sangre son los más frecuentes. Al menos
tres de cada cuatro pacientes padecerá como
consecuencia una anemia severa -disminución
de los glóbulos rojos- con la consecuente
debilidad, somnolencia, dolor de cabeza, fatiga
constante, falta de aire y palpitaciones aunque
no necesariamente se presentan a la vez todos
los síntomas descritos. Hay quien afirma,
por cierto, que en estos casos ayuda la eritropoyetina
pero una buena parte de los expertos lo duda.
También bajan los glóbulos blancos ya que
resulta afectada la médula ósea y disminuyen
las plaquetas -trombocitopenia- impidiendo
el control por el cuerpo de una posible hemorragia.
Es igualmente corriente observar petequias,
hemorragias muy pequeñitas (se ven como puntitos
rojos), principalmente en el interior de la
boca y en las piernas. También es más fácil
hacerse moretones.
Ambas terapias provocan además inflamación
e, incluso, úlceras en las membranas mucosas
así como en la boca y la garganta.
Asimismo, pueden irritar y dañar las venas
inutilizándolas temporal o permanentemente.
Y provocar una flebitis. Otras veces las venas
se vuelven muy frágiles y se rompen fácilmente
con lo que el medicamento administrado puede
causar, al salirse, quemaduras en los tejidos
vecinos.
Cabe añadir que cuando se trata a una embarazada
el riesgo de provocar serias malformaciones
en el feto -especialmente en el caso de la
Quimioterapia- es altísimo; de hecho, lo normal
es que nazca muerto.
Y lo más importante: el organismo se intoxica.
Muchas veces irremediablemente. Con lo que
se da la paradoja de que al enfermo le desaparece
su tumor... pero se muere algún tiempo después
porque el organismo le falla al estar envenenado.
Y, claro está, esa persona no se habrá muerto
de cáncer sino de otra cosa. Y si el fallecimiento
se produce con suerte cinco años después,
¡se habrán salvado incluso las estadísticas
y esa persona podrá hasta figurar entre los
enfermos "libres de cáncer" y engordar los
porcentajes de buenos resultados!
Aunque lo más sangrante es que tanto la Radioterapia
como la Quimioterapia, que se utilizan para
combatir el cáncer, pueden a su vez provocar
cáncer. Un sarcasmo.
CONCLUSIÓN
Llegados a este
punto no puedo dejar de denunciar que el problema
del cáncer está siendo manipulado vergonzosamente.
Porque en ningún lugar de Occidente se está
atendiendo a consideraciones sanitarias sino
políticas. Hay una orden no escrita que hace
que las autoridades de todo el mundo intenten
minimizar el problema ocultando la verdad.
Por eso no se hacen estadísticas oficiales
y constatables de los índices de supervivencia
en los tratamientos convencionales. Los "éxitos"
que con la Cirugía, la Quimioterapia y la
Radioterapia se supone que se obtienen se
reflejan en datos que aportan quienes fabrican
los aparatos de radioterapia, los laboratorios
que desarrollan los fármacos y, en el mejor
de los casos, los oncólogos que practican
ambas técnicas terapéuticas. De la credibilidad
los fabricantes y laboratorios no hay mucho
que explicar porque de vez en cuando la propia
FDA norteamericana, harta probablemente de
tanta mentira, les tiene que reconvenir a
menudo. Los ensayos clínicos no se efectúan
en buena parte de los casos a doble ciego
y no los controlan equipos independientes.
Y los oncólogos no tienen acceso a otros datos
para corroborar la eficacia de lo que hacen
por lo que, cuando su fracaso es alto, terminan
pensando que han tenido la mala suerte de
que a ellos les lleguen casos muy difíciles
pero como a otros compañeros les va mejor
-eso dicen las estadísticas- lo que tienen
que hacer es no desesperar.
Sin embargo, los escasísimos datos fiables
que existen son tozudos. Según el Instituto
Nacional de Estadística muere hoy casi en
España el doble de personas por tumores que
hace dos décadas. En 1980 fallecieron de cáncer
en hospitales (además de los muertos en casa)
58.431 personas, en l985 -cinco años después-
68.779, en 1990 fueron 79.609, en 1995 se
llegó a 89.493 y en 1999 a 94.566. Eso supone
el 25,48% de todas las muertes habidas en
hospitales. Una de cada cuatro personas. Siendo
los índices de mortandad más altos en los
casos de cánceres de tráquea, bronquios y
pulmón -en primer lugar- y los de colon (la
mitad de casos que los anteriores). Les siguen
a poca distancia los cánceres "mal definidos,
secundarios y no especificados" y los de estómago,
mama, próstata, hígado, tejido linfático,
vejiga y páncreas. Es decir, que el número
más alto de fallecimientos se da entre buena
parte de quienes padecen los tipos de cáncer
que se supone mejor resultado tienen con Quimioterapia
y Radioterapia. ¿Alguien lo entiende?
Las autoridades políticas y sanitarias deberían
dar una explicación de todo lo aquí expuesto.
Pero no lo harán. No tienen más argumentos
que la retórica y echar balones fuera alegando
que en otros países se hace lo mismo. Como
si ello fuese una razón y no una excusa.
No, la verdad es que aquí hay muchísimo dinero
en juego. Cientos de miles de millones de
euros. Y el control sobre el negocio, férreo.
Ello explica que con tan paupérrimos resultados
la Radioterapia y la Quimioterapia sean hoy
los tratamientos "oficiales" cuando la cirugía
no es viable. Y sólo eso explica también que
desde las asociaciones de oncólogos y desde
el poder se persiga encima como charlatanes
y estafadores a quienes pretenden tratar a
los enfermos de cáncer de otra manera. "Si
nosotros, que somos los que más sabemos en
este ámbito, no conseguimos gran cosa, ¿qué
van a poder hacer otros?". Y con tal pensamiento
exigen que a quienes tratan a los pacientes
de otra manera -médicos incluidos- se les
persiga legalmente y se les impida ejercer.
Conozco varios casos sangrantes en España.
Médicos a los que sus colegios, en nombre
de la verdad que detentan, los han inhabilitado
profesionalmente o los han llevado a los tribunales
para que lo haga el juez.
Hace ahora un año, un conocido oncólogo, harto
de que se le murieran los pacientes, decidió
abandonar el ejercicio de la Oncología en
el hospital de su comunidad autónoma para
el que trabajaba a fin de poder aplicar otras
terapias que consideraba más eficaces. Y así
lo está haciendo hoy en su consulta privada.
Porque en los hospitales públicos un oncólogo
sólo puede hacer lo que le indican, no puede
ejercer su libre albedrío. Y lo más singular
es que hablamos de alguien que hace ya más
de 25 años introdujo en su comunidad la Medicina
Nuclear. Con alta experiencia, pues, en los
tratamientos convencionales. Excuso decir
que ya entonces le invité a expresar abiertamente
en la revista sus impresiones. Su respuesta
fue clara: "Mire usted, me encantaría pero
tengo tres hijos aún en casa y debo trabajar
para vivir. Y sé que si abro la boca me quitan
la licencia como médico. A pesar de haber
renunciado a mi cargo de responsable de Oncología
en el hospital. Lo siento." No insistí.
Hace sólo unos días entré de nuevo en contacto
con él y me aseguró que sus resultados, hoy,
son mucho mejores que antes. Como los de otros
médicos que conozco y que trabajan discretamente
para no ser perseguidos y denunciados, al
igual que Hamer.
Termino. Sé que quienes padecen cáncer o tienen
familiares o amigos que lo sufren estarán
angustiados. Y sé que muchas personas dirán
que no tiene sentido decirle la verdad a la
gente cuando ésta es tan dura. Pero me niego
a aceptar esa falacia. La gente tiene derecho
a saber la verdad, a estar informada y, sobre
todo, a poder elegir tratamientos alternativos
a los de la Quimioterapia y Radioterapia si
lo desea. Porque los hay aunque las autoridades
lo nieguen y persigan a quienes los practican.
Seguiré hablando de ello en los próximos números.
José Antonio Campoy
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