|
|


| PODREMOS
DUPLICAR UN ÓRGANO PROPIO PARA SUSTITUIRLO |
Las
investigaciones más recientes indican que en
un futuro no tan lejano a cualquier persona
a la que le deje de funcionar un órgano se le
podrá crear una "copia" sana en laboratorio
a partir de una de sus células-madre y sustituirlo
mediante una operación quirúrgica. Con la ventaja
de que, al ser totalmente propio, no existirá
riesgo de rechazo. ¿Fantasía? En absoluto. Los
expertos creen que en sólo 25 años será posible.
Como todo el mundo sabe, un transplante consiste
básicamente en extraer un órgano del donante-
en la mayor parte de los casos, un cadáver-
e injertarlo en un ser vivo, dentro del cual
debe seguir funcionando en sustitución del propio.
Al tratarse generalmente de órganos vitales
-como el corazón, el riñón o el hígado-, el
primer problema que se plantea es mantener con
vida al receptor mientras se efectúa la sustitución
del órgano. En el caso del corazón, hace ya
años que existen las llamadas máquinas de circulación
extracorpórea -o máquinas corazón-pulmón-, que
consisten básicamente en una bomba con depósitos
que se conectan con las grandes venas y la aorta
para bombear, filtrar y oxigenar el organismo,
tras extraer el corazón que va a sustituirse,
durante la intervención quirúrgica.
La técnica quirúrgica en sí es el segundo reto
con el que se enfrentan los especialistas. A
fin de cuentas, se requieren una serie de actuaciones
muy complejas para conseguir que la nueva víscera
se adapte perfectamente a las conexiones vasculares
y nerviosas originales.
En cuanto al tercer reto, no es otro que el
de la falta de órganos porque incluso en un
país como el nuestro, a la cabeza mundial en
número de donaciones, las listas de espera superan
los seis meses. Y teniendo en cuenta que el
transplante es la última solución para los enfermos
que esperan, cualquier retraso puede ser fatal;
de hecho, un 30% muere antes de recibir el órgano
que precisa.
Afortunadamente, el avance tecnológico permite
suponer que en un futuro no muy lejano -esperemos
que pronto- quedará resuelto tan dramático problema.
Es más, lo más probable es que los transplantes
de órganos que se hagan en el futuro no provengan
ni de cadáveres ni de donantes vivos sino que
serán "fabricados" en un laboratorio siguiendo
técnicas muy parecidas a las que permitieron
clonar a la famosa oveja Dolly hace dos
años. Incluso puede que provengan de animales
transgénicos. Y no es ciencia-ficción. El desarrollo
de la informática y los estudios sobre el genoma,
tanto humano como animal, hacen que tales posibilidades
-impensables hace sólo unos meses- se planteen
como una seria alternativa a los transplantes
convencionales.
LA OPCIÓN MÁS CERCANA
EN EL TIEMPO: LOS XENOTRANSPLANTES
En cualquier caso,
mientras ello llega, sigue experimentándose
con cerdos -el animal más parecido al ser humano-
para obtener órganos. La utilización de órganos
animales para transplantes en seres humanos
se consideraba hasta hace muy poco tiempo inviable
por las insuperables barreras de la inmunología;
sin embargo, la opción ha adquirido otras perspectivas
con los avances de la Genética.
Todo el mundo sabe que el organismo cuenta con
un sistema de protección muy poderoso, con una
serie de líneas defensivas para protegerle de
la infección de organismos extraños -generalmente
bacterias y virus- y que reacciona violentamente
frente a cualquier célula o tejido extraño.
Defensas que, como es lógico, también atacan
a los órganos transplantados, constituyendo
el mayor problema en cualquier actuación de
este tipo: el rechazo. Y como es lógico, ese
rechazo es mucho más virulento frente a un tejido
animal que el que se produce normalmente en
el injerto de un órgano humano.
Las primeras líneas de investigación sobre la
posibilidad de transplantes de animales a seres
humanos se centraron en los monos pero los investigadores
se encontraron con el problema de que los grupos
sanguíneos de los antropoides -en general- son
muy distintos a los nuestros y los únicos que
podrían ser compatibles, los babuinos, tienen
unos órganos demasiado pequeños para nuestro
cuerpo.
Curiosamente, el problema empezó a tener visos
de solución cuando hace unos seis años se hicieron
los primeros experimentos con cerdos. Estos
paquidermos tienen un tamaño muy similar al
humano y, lo que es más interesante, unos órganos
muy similares y que funcionan de manera parecida
a los nuestros.
Bueno, pues actualmente, mediante manipulaciones
genéticas -que consisten en inyectar células
humanas a los embriones de cerdos antes del
momento de la diferenciación celular- se están
consiguiendo los llamados cerdos transgénicos,
animales que presentan células auténticamente
humanas en su sangre y tejidos orgánicos. Investigaciones
como la de Platt en la Universidad de
Duke están abriendo así la posibilidad de que
el xenotransplante -tal es el nombre con que
se ha bautizado el transplante de un animal
a un hombre- deje de ser una utopía en breve
tiempo. La técnica consiste básicamente en introducir
dos genes humanos en el embrión del cerdo, células
que contienen dos proteínas "llave" llamadas
de aceleración del factor retardante (DAF según
sus siglas en inglés) y CD59 que pueden detener
la cascada de complemento en los procesos inmunológicos
antes de que aparezca daño en el tejido transplantado.
De momento, este tipo de operaciones se está
practicando en babuinos a los que se transplantan
corazones de cerdo. Los resultados, publicados
en la revista Nature Medicine, demuestran
que aunque los procesos de rechazo inmediato
se retardan espontáneamente sin necesidad de
medicación inmunodepresora, todos los babuinos
terminan muriendo.
Una experiencia similar se está realizando en
el Hospital Juan Canalejo de La Coruña
donde el equipo del doctor Rafael Mañez
viene trabajando desde Abril del año pasado
con 36 cerdos transgénicos comprados a la empresa
británica Imutran. Con resultados similares
porque los babuinos a los que les han sido transplantados
los corazones de los cerdos -algo que hay que
hacer rápido porque crecen muy rápido y si no
la víscera cardiaca no cabría en su tórax- han
fallecido en el mejor de los casos en un mes.
En cualquier caso, el problema de los xenotransplantes,
más que el del rechazo, es la posibilidad de
que el tejido extraño pueda ser asiento de mutaciones
de virus y bacterias que de momento no parecen
ser agresivos para los seres humanos pero que,
a la larga, pueden dar lugar a enfermedades
nuevas. Razón suficiente para que estos experimentos
sean drásticamente controlados por muy importantes
que sean los intereses económicos de las empresas
dedicadas a ello. Un peligro real porque ya
son más de 160 las personas que en todo el mundo
han recibido tejidos procedentes de cerdos transgénicos.
LA OBTENCIÓN DE ÓRGANOS
Y TEJIDOS EN LABORATORIO
Claro que también
es posible que los xenotransplantes pasen a
la historia antes de que puedan ser una realidad
masiva porque las investigaciones más recientes
indican que en un futuro no tan lejano a cualquier
persona a la que le deje de funcionar un órgano
se le podrá crear una "copia" sana ¡en laboratorio!
a partir de una de sus células-madre y sustituirlo
mediante una operación quirúrgica.
Uno de los primeros resultados objetivos en
este campo consistió en comprobar que, en las
primeras fases de división del óvulo, las células
eran aún indiferenciadas, es decir, que no tenían
características específicas de ningún tejido
ni órgano y que, por tanto, posteriormente podían
desarrollarse en cualquier sentido. Por ello
fueron denominadas "células- madre" o
células pluripotenciales. Esto sucede
en la fase de desarrollo que se conoce como
"blastocito".
Más tarde, cuando el óvulo fecundado se divide,
pasa por una primera fase en la que las células
resultantes se agrupan de forma muy parecida
al fruto de la mora (por eso en ese estadio
al embrión se le llama "mórula"), si bien en
poco tiempo se forma una cavidad central alrededor
de la cual se organizan: nos referimos a la
blástula o blastocito, constituida por 140 células
idénticas. A partir de ese momento, y en sucesivos
cambios, las células embrionarias empiezan a
diferenciarse en los distintos tejidos que darán
lugar a la enorme complejidad del organismo.
Pues bien, es precisamente en ese período cuando
puede "dirigirse" la especialización de las
células hacia la formación de cualquier clase
de tejido. Y eso es lo que se está haciendo.
A partir de esta fase, que aparece al sexto
día de la fecundación, se extraen células de
la masa celular interna de la blástula y se
cultivan en laboratorio con nutrientes especiales
sometiéndolas a condiciones específicas para
que se transformen en células especializadas
del tejido u órgano del cuerpo que se desee.
Pero el progreso técnico es imparable: las últimas
investigaciones demuestran ahora que será posible
el cultivo de tejidos humanos sin necesidad
de clonar embriones. Un reciente artículo aparecido
en la prestigiosa revista Science prueba que
las células-madre de animales adultos también
son pluripotenciales. Es decir, que desde un
organismo adulto también pueden conseguirse
células indiferenciadas capaces de desarrollar
células de cualquier tipo.
El trabajo, firmado por el doctor Angelo
Vescovi -del Instituto Neurológico Nacional
de Italia- y sus colaboradores de la compañía
canadiense NeuroSpheres Limited evidencia
que las células-madre no son sólo los componentes
básicos de los embriones durante su fase inicial
sino que también se encuentran en los organismos
adultos, en los que se ocupan de renovar partes
del cuerpo que necesitan una constante regeneración,
como la piel, los intestinos y la sangre. Realmente
este concepto no es nuevo ya que se conoce desde
hace tiempo la posibilidad de especialización
de las células de la médula ósea pero se suponía
que incluso éstas ya estaban previamente diferenciadas.
La novedad del experimento consiste en la posibilidad
de llegar a "fabricar" órganos completos con
células procedentes del propio paciente al que
se va a transplantar.
Y aunque el proceso parece muy simple teóricamente,
aún habrá que superar gran cantidad de problemas
técnicos para conseguir la esperada fuente ilimitada
de órganos para transplante que, además, tendrían
la ventaja de no producir rechazo y encontrarse
en principio libres de virus, bacterias o cualquier
otro tipo de enfermedad transmisible.
LA TERCERA VÍA: ÓRGANOS
ARTIFICIALES
Existe, en todo
caso, una tercera vía, intermedia en el tiempo.
Y es que el desarrollo de la llamada Nanotecnología
(Tecnología de lo diminuto), impulsada por la
sofisticación progresiva de la informática,
está permitiendo reducir el tamaño de las engorrosas
máquinas que ejercen las funciones de muchos
órganos de nuestro cuerpo -como el corazón,
el riñón o el páncreas-, por lo que no es descartar
que pudieran ser implantados en el cuerpo en
lugar de los mismos. Siendo el hígado probablemente,
por su complejidad, el último en poder conseguirse
artificialmente.
De hecho, es posible que en los próximos años
se consigan corazones artificiales que puedan
implantarse y sustituir los todavía demasiado
grandes equipos experimentales que, en muchos
casos, están sirviendo para prolongar la vida
de los candidatos al transplante que aún no
han recibido su órgano.
CÓMO SON HOY DÍA LOS
TRANSPLANTES DE ÓRGANOS
Desde aquel día
de Diciembre de 1967 en el que el doctor Christiaan
Neethlinling Barnard consiguió que por primera
vez funcionara un corazón humano en un pecho
distinto al original, los transplantes de órganos
se han ido convirtiendo en algo familiar, siempre
aureolados por la leyenda de último recurso
y el miedo a su posible provisionalidad. Pero
en estos treinta y dos años la tecnología ha
avanzado exponencialmente y la ciencia médica
conoce muchas más cosas de las que el pionero
sudafricano pudo haber siquiera imaginado. Actualmente
los transplantes de órganos tienen sus indicaciones
precisas, sus técnicas ampliamente consolidadas
y permiten, en gran número de casos, reiniciar
una vida casi totalmente normal después de la
operación.
Hoy por hoy es posible transplantar casi cualquier
órgano o incluso partes del cuerpo tan complejas
como la mano, de las que ya se han realizado
tres implantes procedentes de personas muertas
en hombres que las habían perdido traumáticamente
muchos años antes.
Lo cierto es que son ya millones de personas
en todo el mundo los que viven, caminan, respiran
o limpian su organismo de tóxicos gracias a
corazones, pulmones, hígados, riñones, páncreas
o médulas óseas de donantes.
LOS PROBLEMAS POSTERIORES
AL TRANSPLANTE
Tras el acto quirúrgico
en sí, se plantean habitualmente tres tipo de
problemas.
En primer lugar, puede fallar el buen funcionamiento
de las conexiones, con la posibilidad de que
alguna de las suturas -especialmente las vasculares-
pueda ceder con la aparición de una hemorragia
o un hematoma, que son las complicaciones inmediatas
más graves de una operación de este tipo. Afortunadamente
cada vez son menos frecuentes por el desarrollo
tecnológico y la preparación profesional de
los equipos de cirujanos que efectúan los transplantes.
Una vez superada la primera fase, el segundo
tipo de problemas que pueden plantearse en el
receptor de un órgano (o en el dador vivo, que
alguno hay) es el de las infecciones. Se trata
de grandes intervenciones quirúrgicas que duran
muchas horas y en el transcurso de las cuales
puede contaminarse el lecho quirúrgico o las
vías respiratorias del paciente intubado con
cualquiera de los temibles gérmenes hospitalarios.
Y, por fin, el siempre temido rechazo del órgano,
que es cada vez menos frecuente por el rápido
desarrollo de las drogas anti-rechazo o inmunosupresoras,
que disminuyen la capacidad del organismo para
reconocer al órgano transplantado como extraño
al propio cuerpo. Claro que también, por desgracia,
disminuye la capacidad de reacción del organismo
frente a las infecciones por lo que el paciente
debe aprender a vivir con una serie de normas
para evitar -o tratar- precozmente cualquier
tipo de infección.
Pero merece la pena porque la vida de un paciente
transplantado, hoy día, es en general de buena
calidad y las supervivencias son largas.
LOS ÓRGANOS QUE SE
TRANSPLANTAN
Desde el desarrollo
de las drogas inmunosupresoras, las técnicas
de transplante de órganos permiten en la actualidad
injertar casi cualquier órgano del cuerpo en
el receptor que los necesite. Entre ellos, el
riñón es el más frecuente y, posiblemente, el
que mejores resultados ofrece a la larga.
La médula ósea, por su parte, es el órgano más
problemático ya que en ella se generan todas
las complicadas series de células sanguíneas
en las que, precisamente asientan los procesos
inmunológicos que causan tantos dolores de cabeza
a los especialistas en transplantes. La médula
ósea puede transplantarse de forma autóloga
-es decir, al mismo donante (procedimiento frecuente
para el tratamiento de ciertas enfermedades
de la sangre), generalmente tras una irradiación
previa de la misma- o heteróloga -cuando
se recibe de otra persona-. Al estar constituida
en su mayor parte por células, el procedimiento
habitual para su transplante es por aspiración
directa de la del donante y posterior inyección
en la del receptor.
Los pulmones forman un bloque con el corazón,
no sólo anatómicamente sino también por su función
fundamental de oxigenar la sangre. Por eso habitualmente
su transplante se hace en bloque con la víscera
cardiaca en los casos de grandes insuficiencias
cardiorespiratorias.
El páncreas viene a ser el recién llegado al
mundo de los transplantes. Dada la complejidad
de la glándula, es muy difícil su transplante
en bloque. Sin embargo, su parte activa -los
llamados islotes de Langhans- puede ser
transplantada para tratar casos avanzados de
diabetes.
En cuanto a la córnea del ojo, se transplanta
con mucha frecuencia y es una de las técnicas
más espectaculares del casi mágico mundo de
los transplantes de órganos. Las cicatrices
o lesiones de esta cubierta transparente del
ojo son las responsables de un gran porcentaje
de las cegueras y los resultados de la intervención
son espectaculares.
Andrés Rodríguez Alarcón
A QUIÉNES SE HACEN
TRANSPLANTES..
. ...DE CORAZÓN
El transplante cardiaco se plantea sólo, siguiendo
los criterios de la New York Hearth Association,
generalmente aceptados, en pacientes con insuficiencia
que no responden a los tratamientos habituales
y que previsiblemente no van a llegar al año
de vida.
El paciente ideal, según la mencionada asociación,
debe tener menos de 55 años, ser psicológicamente
estable y poseer una infraestructura familiar
sólida.
Las contraindicaciones son la presencia de hipertensión
o enfermedad pulmonar severa, embolia pulmonar
reciente, infección activa, diabetes insulindependiente
u otras enfermedades que puedan limitar la posibilidad
de supervivencia a corto y medio plazo, como
insuficiencia renal, obesidad extrema, cáncer
o infecciones activas.
...DE HÍGADO
Lo ideal es hacerlo
en niños y adultos menores de 55 años que presenten
enfermedad hepática irreversible pero, al mismo
tiempo, que no tengan alteraciones generales
que impidan la recuperación posterior del organismo,
especialmente por los daños que el fallo del
hígado produce en el sistema nervioso central.
En los niños la situación más frecuente que
se resuelve por transplante hepático es la falta
congénita de alguno de los conductos que forman
el sistema biliar o de la propia vesícula (atresia
del sistema biliar). También está indicado el
transplante infantil en muchas alteraciones
metabólicas congénitas como la enfermedad
de Wilson -en la que el hígado no puede
dirigir la transformación del cobre en el organismo,
con el resultado de la acumulación de este metal
en el propio hígado, el cerebro y otros órganos-,
en la protoporfiria -enfermedad congénita que,
entre otras cosas, presenta grandes acúmulos
de una sustancia (la protoporfirina) en el hígado
produciendo la degeneración cirrótica del mismo-
o en algunos casos de hipercolesterolemia familiar
hereditaria.
En los adultos, las situaciones más frecuentes
que se pueden resolver por transplante hepático
son la trombosis de la vena hepática, las cirrosis
no alcohólicas -como la que aparece tras una
hepatitis A o la biliar primaria y algunos casos
de cáncer hepatobiliar- en fase muy precoz.
Las contraindicaciones para el transplante,
aparte de las enfermedades generales graves
que previsiblemente puedan limitar la esperanza
de vida del paciente, son los tumores diseminados,
las cirrosis alcohólicas descompensadas o las
hepatitis fulminantes con afectación cerebral
o insuficiencia del riñón (síndrome hepatorenal).
...DE MÉDULA ÓSEA
El transplante de
médula se hace en caso de enfermedades genéticas
con trastornos medulares como la talasemia mayor,
en la que los glóbulos rojos no son capaces
de asimilar el hierro que forma parte de la
hemoglobina.
También en las enfermedades que cursan con destrucción
de la médula ósea -anemias aplásicas, sea cual
sea su causa- así como en algunos tipos de leucemias
agudas y linfomas en las que muy frecuentemente
se indica la técnica de autotransplante
después de irradiar la médula extraída al propio
paciente.
...DE RIÑÓN
Es el más frecuente
y el más seguro. De hecho, en España se practicaron
1.991 transplantes de riñón en 1998, lo que
representa el 58.7% de los 3.394 transplantes
de todo tipo realizados.
Como el resto de los órganos, el riñón se transplanta
cuando no hay otro sistema para arreglar una
insuficiencia crónica, que puede aparecer en
el ser humano en cualquier momento de la vida
y por las causas más variadas, desde falta congénita
de uno o de ambos hasta enfermedades vasculares
que producen secundariamente esclerosis del
órgano o tumores que lo anulen parcial o totalmente.
El primer paso habitualmente antes de plantear
el transplante es la diálisis, que consiste
en someter al paciente a una depuración de su
sangre a través de una máquina que filtra y
limpia de tóxicos la sangre. Este sistema permite
conservar con vida y mínimo deterioro a los
pacientes con insuficiencia renal durante mucho
tiempo por lo que este tipo de transplante tiene
mucha menos mortalidad que otros en las listas
de espera que inevitablemente se establecen.
Las contraindicaciones para efectuarlo son las
mismas que para cualquier otro órgano: el estado
terminal del paciente o las enfermedades graves
que puedan presentar y que limiten previsiblemente
la supervivencia a corto y medio plazo.
A. R-A.
LA LEY ESPAÑOLA DE
TRANSPLANTES
En nuestro país,
la extracción y transplante de órganos está
regulada por el Real Decreto 426/1980 que desarrolla
la Ley 30/1979. A pesar de su relativa antigüedad
es, posiblemente, uno de los textos legales
más avanzados del planeta en esta materia.
Establece las condiciones para la extracción
de órganos de donantes vivos comenzando por
las condiciones que debe reunir el centro sanitario
en cuanto a quirófanos, salas de recuperación,
laboratorios y demás utillaje, para continuar
puntualizando los requisitos exigidos para la
donación, por parte del donante (mayor de edad,
consciente y en buena salud), de que el órgano
no sea vital y de una amplia información sobre
el proceso y sus consecuencias, así como garantizar
el anonimato del receptor.
Respecto de la extracción de órganos de personas
fallecidas, la Ley establece la determinación
de la muerte cerebral con ausencia de respuesta
y respiración espontánea, ausencia de reflejos
y midriasis (dilatación) pupilar -datos que
deben ser consignados por médicos diferentes
a los que vayan a hacer el transplante-, así
como garantizar la conservación y posibilidad
de traslado de la pieza anatómica.
Los centros autorizados para hacer transplantes
deben garantizar que todos los ciudadanos que
en ellos ingresen y sus familiares tengan pleno
conocimiento de la regulación sobre donación
y extracción de órganos con fines terapéuticos.
Pero, a pesar de que la Ley determina que puede
transplantarse cualquier órgano de cualquier
fallecido, también especifica que no podrán
extraerse si existe la menor oposición expresada
por el fallecido o por sus familiares en cualquier
momento.
El receptor, por su parte, debe ser cuidadosamente
informado sobre la intervención y sus posibles
efectos a corto, medio y largo plazo, y ha de
estar adecuadamente estudiado. No sólo en cuanto
a su enfermedad sino que también deben serle
practicadas las necesarias determinaciones de
histocompatibilidad (compatibilidad del tejido
del donante con el del receptor) y los demás
estudios que sean necesarios entre ambos.
Y algo muy importante: en ningún caso se exigirá
precio alguno al receptor por el órgano transplantado.
La Ley determina también que no puede haber
contacto de ningún tipo entre los diversos equipos
médicos que intervienen en las diferentes fases
del transplante.
Actualmente existe un proyecto de renovación
de la ley por parte del Gobierno que, en pocos
meses, podría introducir modificaciones en el
proceso de determinación de la muerte cerebral
añadiendo la posibilidad de adjuntar a los dos
electroencefalogramas actualmente exigidos las
pruebas llamadas "de flujo", concretamente la
gammagrafía cerebral; igualmente, se pretende
reforzar la confidencialidad del proceso y prohibir
los llamamientos para localizar órganos a través
de los medios de comunicación ya que normalmente
tienen un efecto negativo sobre la donación.
A. R-A.
LISTAS DE ESPERA PARA
TRANSPLANTE EN ESPAÑA
En la actualidad
hay alrededor de 6.500 personas esperando transplante
de distintos órganos, sin contar con los de
córnea ocular. De ellas, 4.235 esperan un riñón,
1.340 un hígado y 558 un corazón.
El problema es que casi un 7% de los pacientes
que está a la espera de un transplante cardiaco
muere antes de conseguir su nuevo corazón; y
eso que un 67% de los pacientes lo reciben antes
de dos meses.
Respecto del hígado, en el año 1997 fallecieron
96 personas de las 1.284 que esperaban para
ser transplantadas de esta víscera. De las 60
personas que en el mismo año esperaban nuevos
pulmones un 63% lo recibieron a lo largo del
año y un 28.7% antes del primer mes de espera.
En los transplantes de médula ósea la cosa es
un poco más complicada ya que, por sus características,
es muy difícil encontrar una médula compatible.
Para estos transplantes existe una red mundial
y en el año 1997 (los datos de 1998 aún no están
tabulados) los tiempos medios de espera fueron
de 152 días, Sin embargo, los procedentes de
España fueron solamente 5, trasplantándose en
cambio 13 médulas procedentes de Estados Unidos,
7 de Francia y 6 de Holanda.
¿Y CÓMO CREAR UN ÓRGANO
"SUELTO"?
Son muchas las personas
a las que resulta difícil entender que de una
sola célula se pueda hacer "crecer" un órgano
nuevo. Y aunque los científicos tienen aún muchas
dudas sobre esa posibilidad, sobre todo porque
la tecnología aún no está suficientemente desarrollada,
ello es posible desde un punto de vista teórico.
Intentaremos explicarlo de manera sencilla.
Y lo vamos a hacer con un símil.
Es sabido que cada célula lleva en su núcleo
el código genético de todo el organismo. Es
decir, que de una sola célula puede hacerse
un "duplicado" de cualquiera de cada uno de
nosotros. Pues bien, imagine ahora el lector
que el código genético es un libro. Un libro
instalado en el núcleo de cada célula. Un libro
en el que además de capítulos dedicados a la
herencia psicológica hay otros dedicados a cómo
ser célula ósea, epitelial, nerviosa, sanguínea,
etc. Solo que un libro instalado en una célula
de la piel sólo podría abrirse por el capítulo
de las células de la piel. Por lo que no parecería
muy complicado "leer" sólo ese capítulo. Sin
embargo, eso no es tan fácil. ¿Y por qué? Pues
porque la piel está relacionada a su vez con
otros tejidos y, por tanto, para entender bien
ese capítulo habría que tener eventualmente
acceso a los capítulos de esos otros tejidos.
En definitiva, el problema hoy por hoy estriba
en saber:
a) Cómo es el capítulo de cada célula.
b) Qué conexiones genéticas están establecidas
entre los diferentes tipos de células.
c) Descifrar las claves que indican a cada
célula dónde debe de ubicarse. Este último punto
es fundamental porque las células-madre son
libros abiertos y no consiste sólo en hacer,
por ejemplo, que se convierta en hígado o corazón,
sino que al tener que referenciarse en otros
órganos y tener que ubicarse en un determinado
sitio y con una determinada forma necesita un
molde que no puede ser físico (un cuerpo completo)
sino que debe ser de carácter energético. Molde
que formaría parte de la estructura biológica
del individuo. De hecho, las células-madre son
células embrionarias sin desarrollar, pero electrográficamente
puede observarse una representación a escala
del individuo desarrollada. Es decir, la célula-madre
contiene el patrón holográfico del cuerpo completo.
Lo que sucede es que si a la célula se le dan
las instrucciones precisas para ser hígado,
la plantilla holográfica se convierte en hígado
energético.
La forma de construir un hígado pasaría, pues,
por la anulación de todos los capítulos del
libro excepto el correspondiente a cómo ser
la mejor célula hepática. Y dejando abierta
la puerta a los códigos de relación con el resto
del organismo, pero sin desarrollar. Y lo más
importante, sin cerrar las páginas que le indicarán
a cada célula dónde deberá situarse espacialmente
(lo que sigue siendo un cierto misterio para
los biólogos que no incorporan el patrón holográfico).
¿Y cómo hacer crecer un órgano de forma individual?
La respuesta pertenece al mundo de la tecnología.
Pero si la célula se ubica en un lecho biológico
apropiado (no necesariamente un útero) y se
le suministra alimento a través de un sistema
placentario biológico (no olvidemos que no se
deberá eliminar su conexión con estos órganos),
la célula se desarrollaría como si fuera un
embrión pero sólo en lo correspondiente al hígado.
Es suma, la idea sería conectarlo en el segundo
o tercer estado de desarrollo a sistemas de
alimentación, respiración y eliminación de residuos
similares a los de la placenta humana. Aspecto
que es el más complicado tecnológicamente porque
la célula en desarrollo puede sufrir daños que
imposibilite su correcto desarrollo. Decir,
por último, que es importante que se cuiden
la luz, el medio ambiente y las radiaciones.
J.A.C
|
|
|
|
© 2006 DSALUD.COM Ediciones MK3
S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
Madrid. TF:91 638 27 28. FAX:91 638 40 43. e-mail: mk3@dsalud.com
|
|
|
|