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| CÁNCER:
¿QUÉ ES Y QUÉ LO CAUSA? (X) LOS SUPUESTOS AVANCES EN LA CURACIÓN
DELCÁNCER SON MANIPULACIONES ESTADÍSTICAS |
La maquinaria del
"establishment" sanitario viene ocupándose
desde hace años en hacer creer a la sociedad
que se ha avanzado mucho en la curación del
cáncer pero no es verdad en absoluto. Es puro
marketing. En lo que quizás se ha avanzado
es en el "diagnóstico" y "tratamiento"
convencional del cáncer pero en su "curación"
prácticamente nada. Todo eso se ha hecho creer
mediante manipulación de las estadísticas.
Se lo contamos en detalle.
En un extenso
artículo titulado La eficacia real de los
tratamientos convencionales del cáncer que
publicamos en el nº 39 de la revista explicábamos
ya: "Si uno creyera lo que afirman las
autoridades sanitarias y los oncólogos más
'prestigiosos' de España y del mundo, en los
últimos años se ha avanzado muchísimo en lo
que a la curación del cáncer se refiere. De
hecho, no hay semana -desde hace al menos
dos décadas- que los principales medios de
comunicación de cualquier país no recojan
una buena noticia al respecto. Por eso existe
la convicción entre la ciudadanía de que el
cáncer ha dejado de ser tan mortal como antes,
de que la Quimioterapia, la Radioterapia y
los nuevos antitumorales han conseguido poner
al cáncer 'entre las cuerdas'. Bueno, pues
no es verdad. Salvo excepciones muy concretas,
la única terapia convencional efectiva contra
el cáncer sigue siendo la cirugía y eso en
los casos en que el tumor está aislado. Ya
está bien de mentiras interesadas".
En aquel artículo plasmamos también una serie
de interrogantes y respuestas que conviene
recordar de nuevo por su importancia: "¿Cuántas
personas enferman en España de cáncer cada
año? No se sabe. ¿Cuántas mueren por esa causa?
No se sabe. ¿Cuántas fallecen antes de haber
transcurrido un año de habérselas descubierto
el cáncer? No se sabe. ¿Cuántas sobreviven
dos, tres, cuatro, cinco años o más a los
tratamientos? No se sabe. ¿Cuál es la eficacia
real de los tratamientos, especialmente de
los nuevos antitumorales? No se sabe. Pero,
bueno, -imagino que se preguntará el lector-,
¿es que no hay estadísticas nacionales sobre
el cáncer? Y la respuesta es NO. ¿Y por qué?
Pues porque no interesa. Porque contra las
frías cifras no se puede hacer nada, no se
pueden difundir mentiras interesadas una y
otra vez." Y añadíamos: "El Ministerio
de Sanidad y Consumo no tiene datos. La Asociación
Española contra el Cáncer y la Asociación
Española de Investigación sobre el Cáncer
tampoco. Los grandes laboratorios de investigación
de fármacos para combatir la 'enfermedad',
mucho menos. No hay datos fiables de nada.
El único organismo que tiene datos concretos
en España es el Instituto Nacional de Estadística
y se refieren sólo a la morbilidad hospitalaria.
Es decir, lo único que de verdad se sabe es
cuántas personas mueren en los hospitales
a causa del cáncer. Los últimos datos hechos
públicos son del año 1999. Puede usted acceder
a ellos a través de Internet y consultarlos
(www.ine.es). Y esos datos indican que ese
año murieron en los hospitales 371.102 personas.
De ellas, 94.566 (el 25,48%) a causa de tumores;
es decir, de cáncer. Luego una de cada cuatro
personas que muere en un hospital español
lo hace de cáncer. Una cifra mareante que,
encima, no refleja la realidad porque buena
parte de los enfermos terminales de cáncer
son enviados a morir a sus casas por los oncólogos
'cuando ya no pueden hacer nada por ellos'.
En suma, ¿cuántas personas mueren de verdad
de cáncer en España si sólo en hospitales
fallecen casi cien mil al año? ¿Un 50% más?
¿El doble? No se sabe. Pero eso sí, se ha
avanzado muchísimo en la investigación y tratamiento
del cáncer..." Algunos lectores, tras
la lectura de aquel artículo, se resistieron
a creer lo que contábamos. Y nos lo dijeron.
Pero, ¿cómo -nos decían- van a engañar las
multinacionales a tanta gente? ¿Cómo va a
ser posible que la quimioterapia y la radioterapia
no sirvan para nada en la mayor parte de los
casos y las autoridades del Estado y los médicos
vayan a consentirlo? Tienen ustedes que estar
mal informados...
¿Mal informados? El pasado 4 de febrero, Mariano
Barbacid, director del Centro Nacional
de Investigaciones Oncológicas (CNIO), afirmaba
ante el presidente del Gobierno, José María
Aznar, durante la inauguración oficial
de la nueva sede de ese organismo, que "la
mitad de los españoles padecerá un cáncer
en algún momento de su vida, de los que la
mitad fallecerá debido a esa enfermedad".
Es decir, el propio Barbacid, una de las
"personalidades internacionales de más
prestigio en esta enfermedad" asegura
que la cuarta parte de los españoles morirá
de cáncer. ¿Empieza a entender el lector
la gigantesca importancia de este tema y por
qué nos reiteramos en él? ¿Empieza a entender
por qué el silencio de muchos medios de comunicación
y, sobre todo, su aquiescencia a dar acríticamente
las informaciones falsas y manipuladas que
cada cierto tiempo filtran algunas multinacionales
constituyen ya una cuestión de complicidad
criminal? Pero, entonces -insisten mis interlocutores-,
¿de dónde salen las cifras tan esperanzadoras
de "curaciones" que ofrecen los oncólogos?
Pues -evidentemente- de la propia industria
fabricante de quimioterápicos y de aparatos
de radioterapia a los que no controla, con
rigor, nadie.
Hace sólo dos meses publicamos en Discovery
DSALUD una entrevista con la doctora Ghislaine
Lanctôt, autora del best seller mundial
La mafia médica, en la que ésta denunciaba
abierta y valientemente la corrupción del
actual sistema sanitario, "permitida y
amparada por médicos y gobiernos en beneficio
de las grandes empresas farmacéuticas".
Pues bien, hace ya muchos años se publicó
otra obra esclarecedora que tenía un título
similar: La mafia del cáncer. Escrito
por Christian Bachmann, un periodista
alemán de investigación, el libro -no editado
en español que sepamos-, riguroso y perfectamente
documentado, constituye una denuncia brutal
-e inatacable- de la práctica oncológica vigente.
Un documento cuyo contenido, a pesar de haber
transcurrido varios años, sigue estando de
plena actualidad.
"Un informe del Instituto Nacional del
Cáncer de los Estados Unidos elaborado en
1979 -puede leerse en el libro- reconoce
que en el lapso de los últimos 23 años la
barrera de los 5 años de sobrevivencia para
todos los tipos de cáncer sólo ha mejorado
en un 2%. Y precisamente en los tipos más
comunes y frecuentes de cáncer las gráficas
que indican la sobrevivencia están totalmente
inmóviles desde hace decenios. El 'New England
Journal.of Medicine' reconoce que desde 1955
la cifra de curación en pacientes con 'cáncer
de mama' ha permanecido prácticamente constante.
Y en el cáncer de estómago y de intestino
grueso hay una ausencia total de éxito desde
hace 40 años. Un reconocimiento público -añade-
que fue mal muy recibido por el alto
mundo especializado."
Bachmann explica luego que la práctica totalidad
de los medios de comunicación suelen participar
"con celo y esmero" en las "campañas
de encubrimiento" de la verdad. Y agrega
que por eso, por ejemplo, "las grandes
y calificadas revistas norteamericanas lograron
acallar durante años las palabras del investigador
Hardin B. Jones, cuyos trabajos mostraban
al desnudo las escandalosas irregularidades
que se cometían en las estadísticas del cáncer
a fin de maquilllar los resultados de los
ineficaces tratamientos" de hoy.
Jones -entonces profesor de la Universidad
de California en Berkeley y conocido en todo
el mundo por unas investigaciones en las que
demostró la relación existente entre fumar
y el cáncer de pulmón- denunció en un seminario
celebrado en 1975 ante numerosos periodistas
especializados de todo el mundo lo que había
descubierto. Según explicó, en las investigaciones
para comprobar la eficacia de los fármacos
muchos pacientes desahuciados eran colocados
en el grupo "testigo" -es decir, en el de
aquellos pacientes a los que sólo se les da
un placebo y no el tratamiento que se va a
probar- con lo que el índice de supervivencia
de ese "grupo de control" resultó ser muy
bajo. En cambio, en el grupo de personas a
las que se iba a administrar el tratamiento
no sólo no había nadie desahuciado sino que
se incluía en él a quienes tenían ya de por
sí mayores posibilidades de sobrevivir. Y,
encima, a los enfermos de este segundo grupo
que fallecían tempranamente se les excluía
del estudio -una vez empezado- para que no
se contabilizaran sus muertes con la excusa
de que no habían sido tratados "durante el
tiempo suficiente" con el tratamiento para
ser tenidos en cuenta. En suma, se favorecía
desde el principio "de forma engañosa e
indecente" al grupo de pacientes asistidos
con el producto o tratamiento que se estaba
estudiando.
Jones denunció además que desde 1940, debido
a la nueva "definición científica" de lo que
se consideraba "cáncer", se estaban clasificando
como tales tumores de dudosa malignidad. Y
aseguró que fue a partir de ese momento cuando
creció rápida y espectacularmente la cifra
de "curaciones de cáncer". Explicó
luego que había comprobado cómo la cifra de
"curaciones" conseguida se correspondía precisamente,
en todos los estudios revisados, con el porcentaje
de "diagnósticos dudosos". En otras palabras:
muchos de los que presuntamente se curaban
de cáncer... no habían tenido probablemente
jamás esa enfermedad.
Pero Jones fue aún mucho más allá. Porque
resulta que, una vez corregidas esas "irregularidades"
en las estadísticas estudiadas, llegó a la
conclusión de que "la verdadera expectativa
de vida de los pacientes con cáncer que no
fueron tratados parece ser mayor y mejor que
la de los que se someten a tratamiento".
En suma, los tratamientos oficiales para el
cáncer no sólo no ayudan sino que son peligrosos.
O, dicho de otra manera: los enfermos de cáncer
que no se someten a ningún tratamiento convencional
viven más tiempo y con más calidad de vida
que quienes se someten a ellos.
¿Y que pasó con tan increíble revelación?
El periodista científico Gary Nuil
lo resumió en su momento: "Sólo dos de
los centenares de periodistas que asistieron
al simposio lograron que tan asombrosa información
fuese publicada". Un silencio que se mantuvo
en los años siguientes a pesar de que Jones
demostró entre 1975 y 1978 -con mayor lujo
aún de detalles- que se había utilizado esa
misma argucia en otros trabajos. Todos sus
hallazgos fueron silenciados sistemáticamente
por los medios de comunicación. Hardin B.
Jones murió en 1978... Sin comentarios.
POR
QUÉ LOS ONCÓLOGOS INSISTEN TANTO EN LA IMPORTANCIA
DEL DIAGNÓSTCO PRECOZ
El autor de La mafia
del cáncer comenta sobre lo anteriormente
dicho: " Hoy se sabe a ciencia cierta que
Jones no era el único que había descubierto
que las probabilidades de éxito de un tratamiento
para el cáncer no dependen del tratamiento
en sí sino de cómo es escogido el grupo que
va a ser utilizado para la estadística. Es
más, Benninghoff y Tsirn habían
llegado ya en 1959 a esa misma conclusión
tras analizar con lupa las historias clínicas
de 26.000 mujeres con cáncer de mama".
Benninghoff y Tsirn descubrieron además la
importancia del "diagnóstico precoz"... a
la hora de maquillar resultados. Y lo hicieron
al intentar comprender por qué en la clínica
gineco-obstétrica de la ciudad de Munich se
"curaba" en 1933 el 38% de los casos, a comienzos
de los años cincuenta un 54% y en los sesenta
el 61%. Y es que ambos constataron que en
realidad esas mejoras se correspondían con
"el perfeccionamiento en el diagnóstico precoz".
Es decir, se dieron cuenta de que el número
de "curaciones" aumentaba porque el tumor
presuntamente cancerígeno se encontraba mucho
antes que años atrás. Y, consecuentemente,
el número de casos de "sobrevivencia" era
mayor. Hasta el punto de que en el llamado
"estadio I" de la enfermedad las "curaciones"
habían subido desde el 71% al 90%. ¿Significaba
eso, pues, que se "curaban" más enfermos gracias
a la mejora y perfeccionamiento de los tratamientos?
¿Era eso lo que indicaban las frías cifras?
En absoluto. Lo que sucedía, por una parte,
es que se diagnosticaban como "enfermos de
cáncer" muchos casos que no lo eran (entrando
en las estadísticas de enfermos de cáncer
todos los casos dudosos). Y, por otra, como
el diagnóstico era más precoz, como el tumor
se encontraba antes, el tiempo de desarrollo
o crecimiento del mismo era también mayor.
Se conseguía así un porcentaje de sobrevivencia
igualmente mayor. Porque como ya hemos explicado
en ocasiones anteriores, en Oncología la palabra
"curación" no significa -como en otras enfermedades-
que el paciente ha dejado de tener cáncer,
que queda libre de la enfermedad. En modo
alguno. Los oncólogos hablan de "curación
clínica", no de curación a secas. Y dicen
que un paciente está "clínicamente curado"
cuando sigue vivo cinco años después de serle
diagnosticado un cáncer. Aunque siga teniendo
cáncer. Aunque se muera un día después. Si
uno sobrevive cinco años -y no importa nada
si uno está vivo pero hecho un guiñapo a causa
del tratamiento- la persona pasa a formar
parte del batallón de "enfermos clínicamente
curados". Evidentemente, a muchos oncólogos
les da hoy ya tanta vergüenza esa manipulación
tan descarada de la realidad que empiezan
a negarse a hablar de "curación" y utilizan
ya sólo el término "sobrevivencia". Pero siguen
encantados cuando alguien les dice que un
fármaco logra tamaña "hazaña". A fin de cuentas,
la mayoría de los enfermos de cáncer se les
muere mucho antes cuando aplican sus protocolos
oficiales. Lo que esos oncólogos ignoran es
que, encima, en la mayor parte de las ocasiones
eso tampoco es verdad.
El cirujano alemán Werner E. Loecke
destapó esa realidad hace ya algunos años
en su libro Krebs-Alarm. La explicación
a los aparentes éxitos de algunos fármacos
era, según él, mucho más sencilla: lo que
los manipuladores de las estadísticas habían
hecho era "correr hacia adelante los límites
de los estadios clásicos del cáncer" Dicho
de otra forma, lo que hoy día se diagnostica
como "estadio I" de la enfermedad -un cáncer
en su fase inicial- no se podía siquiera descubrir
años antes. En esa época todas las personas
enfermas con "tumores malignos" pero indetectables
se consideraban sanas. Y, obviamente, si a
uno se le detecta el cáncer mucho antes, cuando
el tumor es aún diminuto, las posibilidades
de superar los cinco años de sobrevivencia
-la barrera mágica de los oncólogos que les
permite alardear de que sus tratamientos sirven
para algo- son mucho mayores. Es evidente
que no es lo mismo superar ese lustro cuando
se detecta el tumor teniendo ya dos o centímetros
que cuando se detecta cuando sólo tiene dos
o tres milímetros. Se gana un tiempo precioso...
para que el enfermo engorde la estadística
de pacientes de cáncer tratados y "curados
clínicamente" (es decir, que no se mueren
antes de transcurrir cinco años desde que
se le diagnostica).
¿Entiende ahora el lector por qué es tan "importante"
un diagnóstico precoz? Pues es simple: no
lo es porque eso implique que el paciente
tanga más probabilidades de curarse. Cuando
no se sabe cómo curar un cáncer el hecho de
que se empiece a tratar al enfermo cuando
el tumor tiene tres milímetros o tres centímetros
es indiferente. El enfermo se morirá de todas
formas. Pero para los manipuladores de estadísticas
no es lo mismo presumir de que la persona
ha vivido más de cinco años que reconocer
que se les muere a los dos. Así que es importante
concienciar a la gente de la importancia del
diagnóstico precoz. Eso les permite a las
empresas "mejorar" o "maquillar" los presuntos
resultados obtenidos. Especialmente porque
se puede incluir a todos los casos dudosos
en el porcentaje de cánceres "estadio I" y
cuando se comprueba que el cáncer no se desarrolla...
incluirlos entre los casos de cáncer curados.
Aunque en realidad nunca hubieran tenido cáncer.
El diagnóstico precoz sólo es útil cuando
se trata de un tumor aislado que se puede
extirpar sin que se haya extendido por la
zona adyacente.
En definitiva, ¿cree alguien que existe algún
fármaco que con tales argucias puede dejar
de obtener buenos resultados estadísticos?
Vamos, ya le puede usted dar a los enfermos
agüita del grifo que si puede controlar los
parámetros de la investigación y "manejar"
a su presunto "controlador" va a obtener unos
resultados buenísimos.
Si cree que esos parámetros se han controlado
históricamente de forma eficaz es usted bastante
ingenuo. Desde luego, hasta hace muy pocos
años no ha sido así. Ni en los productos para
combatir el cáncer ni en los demás. Quizás
porque nadie -salvo quienes conocían a fondo
la trastienda de las multinacionales farmacéuticas-
dudaba de la buena de fe los laboratorios.
Y, sobre todo, nadie pensaba que un investigador
de fuste se fuera a jugar su prestigio con
un fraude así. Hoy se sabe a ciencia cierta
que los laboratorios mienten y que tanto los
investigadores como los médicos y muchos medios
de comunicación se corrompen fácilmente.
¿ES
CÁNCER... O NO?
Estoy seguro de que a muchos de los lectores
lo que les cuento les parecerá imposible.
A pesar de que les bastaría documentarse mínimamente
para cotejar mis afirmaciones. Es más, estoy
persuadido de que buena parte piensa que un
cáncer debe ser algo fácilmente reconocible,
especialmente a simple vista. Si no cuando
un tumor es pequeño, sí al menos cuando ya
está extendido; cuando, por ejemplo, hay metástasis
generalizada. Bueno, pues no es verdad. Basta
para demostrarlo llevar una misma muestra
a varios patólogos para que la examinen y
hagan una biopsia. Se comprobará que, con
mucha frecuencia, se dan diagnósticos diferentes,
que en unos casos se diagnosticará el tejido
como canceroso y en otras el resultado será
negativo.
Y es que la creencia de que se puede saber
si una célula es cancerosa o no viendo simplemente
su comportamiento bajo el microscopio es falsa.
El método del extendido celular de Papanicoalu,
por ejemplo, tan practicado durante años (con
un porta-algodón se toman células superficiales
del cuello de la matriz y se mandan al laboratorio
para su examen) tiene un porcentaje de error
bastante alto. Y como los patólogos, en sus
diagnósticos, van "sobre seguro", el número
de pacientes que entran a formar parte de
la estadística con el diagnóstico de vegetaciones
malignas cuando en realidad son benignas es
igualmente alto. Además, luego pasan a engrosar
la lista de "pacientes curados". Y total,
sólo hay que hacerle a la mujer una histerectomía
y quitarle el útero. A fin de cuentas -argumentan
muchos médicos-, a ciertas edades, ¿para qué
lo quiere una mujer si ya no va a tener hijos?
Y es mejor prevenir...
Bachmann, muy crítico con lo que sucede, comenta
a este respecto en su libro: "(...) Es
evidente que cada día se hacen más histerectomías
innecesarias. La mayoría se hacen para mantener
ocupados a los cirujanos y formar nuevos.
Como la frecuencia del cáncer de matriz está
disminuyendo, las grandes clínicas se quedan
sin trabajo y como 'eso no puede ser', los
hallazgos ginecológicos insignificantes se
elevan a la categoría de casos quirúrgicos.
Según una investigación norteamericana, la
extirpación de la matriz se hace 3 veces más
cuando los cirujanos cobran por cada operación
que hacen. El salario fijo los vuelve
reposados y conservadores."
Bachmann añade más adelante: "Puede
que el lego se deje impresionar por las grandes
diferencias en los años de sobrevivencia de
cánceres descubiertos tempranamente y de los
diagnosticados tardíamente. El pobre no se
da cuenta de que lo tienen sometido a un trío
de barata prestidigitación pues le están comparando
partidas que no pueden compararse. Junto a
Loeckle cayeron, además, en la cuenta
de este error fundamental Kothari y
Wetha, especialistas del cáncer del
Medical College de Bombay. "Comparables" son
los años de sobrevivencia de pacientes con
los mismos estadios de cáncer pero con diferente
tratamiento. La "tasa de curaciones" real
sería, exactamente definido, el número de
pacientes tratados que aún esté vivo después
de 5 años menos el número de pacientes que
aún está con vida sin haber recibido tratamiento
alguno para su cáncer." Y todo esto en
el caso de que realmente pudieran compararse
los casos elegidos entre los dos grupos, algo
harto difícil de conseguir por no decir imposible,
por lo que en la práctica hay que darse por
satisfecho con la comparación de pacientes
que en edad, sexo y estadio del tumor se asemejen
lo más posible.
CONCLUSIÓN
Los oncólogos con los que he hablado -la mayor
parte de los cuales dejaron por ética de trabajar
como tales en el sistema sanitario público
ya que en él los médicos no pueden decidir
libremente el tratamiento que proponer al
paciente y tienen que someterse al protocolo
oficial establecido (es más fácil corromper
o sobornar a unos cuantos médicos, funcionarios
y/o políticos que a varios miles) no tienen
duda de la "eficacia" real de los tratamientos
oncológicos actuales. Por eso los han dejado.
Y eso que los datos que nos daban, siendo
pesimistas, no llegaban a la altura de los
aportados hace algo más de un año por el ya
mencionado Mariano Barbacid. Para éste, la
cirugía sólo tiene éxito en el 40% de los
casos. Y la Quimioterapia en un 10%. De la
Radioterapia ni habla. ¿Para qué? Y eso lo
dice alguien que está considerado uno de los
mayores expertos en cáncer del mundo. ¿Hace
falta que nosotros digamos que tiene razón?
¿O más bien que se queda corto porque él admite
como buenos los casos de cáncer curados...
de personas que en realidad no tenían cáncer?
Lo hemos dicho y nos reiteramos: o la Oncología
actual se replantea por completo lo que cree
saber sobre el cáncer o seguirá yendo de fracaso
en fracaso a la hora de tratarlo. Aunque sigan
engañando y utilizado a tantos periodistas,
médicos y políticos desinformados. Un empecinamiento
que está costándole la vida a 100.000 personas
al año sólo en España.
Seguiremos profundizando en este asunto.
José Antonio Campoy
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