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| EL
SÍNDROME X FRÁGIL |
¿Ha
sido su hijo diagnosticado de hiperactividad,
autismo o retraso mental y además tiene la cabeza
grande, las orejas separadas, estrabismo en
los ojos, el paladar ojival, alteraciones en
la válvula mitral del corazón, las articulaciones
laxas o pies planos? Pues sepa que si es así
quizá la causa de sus problemas se deba a una
enfermedad hereditaria crónica conocida como
Síndrome X Frágil. Nombre con aire de
ciencia-ficción tras el que sin embargo se esconde
una triste realidad para más de diez mil familias
en España, la mayor parte de las cuales ni siquiera
lo sospecha.
El Síndrome X Frágil, también conocido
como Síndrome de Martin y Bell,
es la primera causa de retraso mental hereditario
y la segunda, después del Síndrome de Down
o mongolismo, no hereditaria. Y aunque no existe
un registro adecuado en ninguna parte del mundo
se estima que hay un afectado por cada 4.000
nacimientos, una portadora por cada 800 y un
portador sano por cada 5.000. En cuanto a España,
se calcula que hay unos 10.000 afectados por
este problema, otros 8.000 varones portadores
(que a pesar de tener la alteración cromosómica
no presentan rasgos evidentes) y más de 50.000
mujeres que pueden transmitir el cromosoma X
frágil sin tener síntomas de padecer el problema.
Y lo peor es que, a pesar de esta alta incidencia,
más del ochenta por ciento no se diagnostica
por desconocimiento de los propios médicos o
por malas técnicas de diagnóstico.
UNA HISTORIA FRECUENTE
Y REAL
"Cuando nació
Javier fue una alegría para toda la familia.
Después de dos niñas sanas, fuertes y alegres,
teníamos la ilusión de tener un varón. Fue un
parto difícil pero el niño era una preciosidad
a pesar de sus orejas, tal vez un poco separadas.
Los problemas, sin embargo, empezaron a partir
del segundo mes cuando tuvimos que llevarlo
al médico con fiebre y supuración en un oído.
Nos dijo que tenía una otitis y le recetó antibióticos.
Lo malo es que las infecciones se repitieron
con mucha frecuencia. Cuando cumplió el año
y medio descubrimos que, además, tenía estrabismo
en el ojo derecho y hubo que ponerle gafas y
taparle un ojo, cosa que, como es lógico, nos
causó muchos problemas familiares porque el
niño nunca fue fácil.
Al llevarlo a la guardería comenzó a ser ya
evidente que Javier tenía cierto retraso mental.
Era un niño en general arisco que apenas hablaba
y cuando lo hacía era de una manera rápida e
incomprensible hasta para nosotros, sus padres.
Muy agresivo y agitado continuamente, era incapaz
de centrarse en un tema y exigía las cosas inmediatamente;
sin embargo, en sus momentos buenos era el chiquillo
más encantador y cariñoso del mundo, mimoso
hasta hartar.
Así empezamos la peregrinación de médico en
médico y de psicólogo en psicólogo. Por su timidez,
escaso mantenimiento de la mirada y el constante
aleteo de sus manos la mayor parte de los profesionales
le diagnosticaron autismo, pero como, por otra
parte, aunque tímido y de relación difícil,
era un niño muy cariñoso en casa y muy sociable
en general, nos lo acabaron "etiquetando" como
hiperactivo.
Como es lógico, al llegar a la edad escolar
resultó evidente que no podría asistir a un
colegio normal: tenía un vocabulario muy limitado
y una memoria singular capaz de recordar durante
mucho tiempo algunas cosas y olvidar otras en
un tiempo sorprendentemente corto. Nos dijeron
que nunca podría llegar a aprender a leer y
escribir.
Por supuesto, al principio intentamos integrarle
pero la experiencia fue desastrosa, entre otras
cosas porque el sistema escolar no está preparado
para asumir este tipo de situaciones. El excesivo
número de alumnos por clase -que impide una
atención personalizada a cada niño- y la falta
de preparación -en general- del personal docente
en asuntos de educación especial es una terrible
barrera para la integración de niños con problemas.
Así que acabamos, como tantas otras familias,
en un centro de educación especial, que tampoco
es la solución ideal pero que al menos permite
una atención más individualizada y, en lo que
cabe, una mejor integración; algo que en casa
notamos a la hora de la convivencia.
Y fue precisamente en el centro donde, hablando
con los padres de otros niños con problemas
parecidos, oímos hablar por primera vez del
Síndrome X Frágil y acudimos al médico que nos
recomendaron. Éste nos habló por primera vez
de la posibilidad de que lo que pensábamos era
un problema psicológico en un niño nervioso
y superprotegido -hijo pequeño y único varón-
podía ser una enfermedad hereditaria con la
importancia que eso podría tener a la hora de
pensar nosotros mismos en otro hijo o que nuestras
hijas pudieran transmitir la enfermedad a su
descendencia.
Así que nos sometimos -una vez más- a los consabidos
análisis de sangre y a todo tipo de pruebas,
pero esta vez con una novedad porque incluían
una prueba de ADN de diagnóstico molecular,
demostrándose sin lugar a dudas que los problemas
de infecciones, nervios y retraso mental de
Javier tenían una causa desgraciadamente conocida:
el Síndrome X Frágil, una alteración del cromosoma
X de sus células. Y, bueno, no es que saber
la causa del problema pueda ayudarle de forma
definitiva pero ahora sabemos también que sus
hermanas pueden transmitir la enfermedad. Lo
que sí es importante".
¿QUÉ ES EL SÍNDROME
X FRÁGIL?
Pero, ¿en qué consiste
el Síndrome X Frágil? Hemos hablado con
José Guzmán, secretario de la Asociación
X Frágil de Madrid, quien nos ha facilitado
los datos para poder explicarlo Los seres humanos
poseemos 23 pares de cromosomas en cada una
de nuestras células que condicionan no sólo
las características físicas y gran parte de
las psíquicas que manifestamos sino también
las que transmitimos a nuestra descendencia.
De esos cromosomas, veintidós pares llevan todos
los genes que condicionan cómo es cada persona
siendo el último par el que determina el sexo
con el que cada uno nace. Por su forma, al cromosoma
femenino se le llama X y al masculino Y. Las
mujeres tienen dos cromosomas X (XX) y los hombres
uno X y uno Y (XY).
Cuando hay un daño en uno de los cromosomas
X, concretamente la alteración de uno de los
genes que lo constituyen -el llamado FMR-1 (Fragile
X Mental Retardation)- que aparece al final
del brazo largo del cromosoma X (el llamado
locus Xq.27.3), la variación puede aparecer
como dominante y provocar la aparición del retraso
mental y alteraciones físicas que constituyen
el conjunto de síntomas del Síndrome X Frágil.
Cuando este daño cromosómico aparece en una
mujer raramente se desarrollan los síntomas
completos del síndrome porque el segundo cromosoma
X se encarga de alguna manera de compensar los
síntomas, cosa que no sucede en el hombre que
tiene el segundo cromosoma masculino. Por eso
una mujer que tenga el daño genético puede no
presentar síntomas pero sí en cambio transmitir
la alteración ya que el aporte femenino es siempre
de la mitad de la dotación total de cromosomas
(23) a través del óvulo.
El hombre, sin embargo, transmitirá a sus hijos
varones siempre un cromosoma masculino Y, nunca
un femenino X, por lo que, padeciendo el síndrome
no lo propalan.
En resumen: la mujer es portadora pero raramente
desarrolla la enfermedad mientras que el hombre
desarrolla la enfermedad y solamente puede transmitir
el rasgo genético a sus hijas pero nunca a sus
posibles hijos varones.
CÓMO SE DIAGNOSTICA
El gran problema
del Síndrome X Frágil es que la mayor
parte de los casos -hasta un 90%- no se diagnostican
por falta de información de los propios médicos
o porque no aplican los medios adecuados para
ponerle el apellido correcto.
Desde hace muchos años los problemas en los
que se sospecha una alteración de los cromosomas
se han estudiado mediante el análisis cromosómico,
también llamado citogenético. Es una técnica
complicada que consiste en fotografiar mediante
potentes microscopios el núcleo de células sanguíneas
-normalmente linfocitos- y aislar uno por uno
los cromosomas de las mismas, emparejándolos
después para establecer lo que se conoce como
"mapa cromosómico". De esa manera se puede obtener
una imagen del cromosoma X más o menos nítida
y observar si existe un punto frágil o una rotura
en el lugar que corresponde al gen responsable
del síndrome. Lo malo es que esta característica
no se observa habitualmente en todas las células
sino que aparece solamente entre un 4% y un
50% de las estudiadas, lo que hace que la técnica
sea bastante imprecisa a la hora de confirmar
el diagnóstico, especialmente porque al observar
sólo los cromosomas y no los genes directamente
no se detecta en la mayoría de las mujeres portadoras
ni en los varones transmisores normales.
En la actualidad, y desde que se desarrolló
en 1992, existe un sistema mucho más eficaz
que consiste en el análisis directo del ADN,
mediante el cual se pueden detectar las alteraciones
específicas del gen y que consiste en las repeticiones
de tripletas de aminoácidos (Citosina-Guanina-Guanina
o CGG), que por este sistema pueden cuantificarse
con exactitud y así detectar tanto en varones
como en mujeres aparentemente sanos las alteraciones
que los hacen portadores de la anomalía.
EL TRATAMIENTO
En la actualidad
no hay cura para el Síndrome X Frágil
aunque se están desarrollando experimentos basados
tanto en terapia como en ingeniería genética
consistentes en reproducir la carencia de la
proteína causante de la enfermedad.
No obstante, se puede ayudar a los niños a alcanzar
su máximo potencial. Esta ayuda puede ser tanto
a nivel médico para los problemas físicos que
suelen presentar, como educacionales y de ocupación.
Se debe tener en cuenta que, como en cualquier
síndrome, en el Frágil X no todos los
rasgos asociados están siempre presentes en
todos los que lo padecen, siendo necesario en
primer lugar saber las necesidades y habilidades
del niño en concreto. Estos pacientes tienen
con frecuencia facilidad para la imitación,
la memoria visual, el humor y son prácticos
a la hora de resolver un problema y aprender.
La debilidad más común es la incapacidad para
organizar la información y actuar sobre la misma
de una forma efectiva. Teniendo en cuenta esto,
los "niños frágil X" necesitan apoyo en las
áreas más frecuentemente afectadas: atención,
hiperactividad e impulsividad, aprendizaje,
habla, lenguaje escrito y problemas de comportamiento.
Pero lo verdaderamente importante -como en todas
las áreas de la salud- es la prevención y eso
solamente puede hacerse a través de las pruebas
de detección precoz y, por supuesto, a toda
la familia del niño que pueda presentar rasgos
de sospecha de la anomalía.
Siempre es mejor prevenir que curar.
Andrés
Rodríguez Alarcón
ASOCIACIONES ESPAÑOLAS
DE SÍNDROME X FRÁGIL
* Associació
Catalana Síndrome X Frágil c/ Providencia,
42 (Hotel d'Entitats). 08024 Barcelona Tel.
93-203 61 03. Fax. 93-205 31 73 http://www.gencat.es/entitats/xfragil.htm
* Asociación Síndrome X Frágil de Madrid
c/ San Emilio, 6 4-2. 28017 Madrid. Tel. 91-725
33 52, 91-407 11 42 y 91-739 80 40. E.mail:
jgab@ctv.es http://www.ctv.es/USERS/jgab/
* Asociación Murciana Síndrome X Frágil
c/ Doña Adela, 21-3ºA. 30530 Cieza (Murcia).
Tel. y fax. 968-76 29 12. E.mail: joguar@ctv.es
* Asociación Canaria Síndrome X Frágil Urbanización
Los Eucaliptos, 10-5ºC Ginamar (Telde.) 35220
Las Palmas de Gran Canaria. Tel. 928-37 02 60.
E.mail: R.Bueno@futurnet.es
* Asociación Galega Do Síndrome X Frágil
c/ Morteiral, 50 - Celas de Peiro Culleredo.
15189 La Coruña Tel. 981-66 82 75
. * Asociación Síndrome X Frágil de la Rioja
c/ Doctor Múgica, 1-2º E 26002 Logroño (La Rioja)
Tel. 941-24 11 49. E-mail: fernando.ayala@dq.unirioja.es
* Asociación Andaluza Síndrome X Frágil
c/ Marina, 16-18. 3º C. 21002 Huelva Tel. 959-28
01 90.
*
Euskadi: Juan Carlos. Tel. 943-72 55 43
y 944-60-24-31.
*
Aragón: Pilar. Tel. 976-52-55-73.
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