Los
trabajos del doctor Matías Rath sobre la influencia
positiva de las vitaminas, aminoácidos y diversos
oligoelementos -en especial la lisina, la
prolina y la vitamina C- como alternativa
al tratamiento farmacológico de muchas de
las enfermedades que hoy se consideran incurables
-incluido el cáncer- le han llevado a enfrentarse
abiertamente con la Medicina ortodoxa y la
industria farmacéutica. Al punto de que ha
terminado denunciando ante el Tribunal Internacional
de La Haya al presidente George Bush y a las
grandes corporaciones farmacéuticas por
"crímenes contra la Humanidad". Sus investigaciones,
basadas en la estructura y función de las
proteínas, le llevaron a desarrollar lo que
denomina Medicina Celular. Rath afirma
que prácticamente todas las enfermedades conocidas
pueden controlarse o curarse.
La
lucha contra el cáncer se caracteriza más
por las derrotas sufridas que por las grandes
victorias. Espectaculares anuncios con promesas
curativas en los medios de comunicación ha
habido muchos, resultados reales a la hora
de curar la enfermedad pocos. A pesar de lo
cual la actual estrategia oncológica -que
consiste en luchar de forma directa y agresiva
contra los tumores- sigue sin modificarse.
Y no importa que haya sido denunciada muchas
veces como inútil por médicos e investigadores
criados y educados en el propio sistema.
Tal es el caso del doctor Matías Rath,
mundialmente conocido por denunciar de forma
constante lo que ya hace años denominó "el
negocio de la enfermedad". Para Rath es
un sinsentido el abordaje actual de numerosas
enfermedades al entender que hay soluciones
naturales mucho menos traumáticas, menos yatrogénicas
y más eficaces que las quirúrgicas o las farmacológicas.
Y, en ese sentido, afirma sin tapujos: "El
sector farmacéutico trata de retardar con
su brutal poder algo que ya nadie va a poder
detener: la evidencia de que la utilización
de vitaminas y otras terapias naturales permite
tratar de forma efectiva y sin efectos secundarios
las enfermedades cardiovasculares, el cáncer
y otras muchas enfermedades".
Pero, ¿de quién hablamos? ¿Quién es Matías
Rath? Pues alguien que nació en Stuttgart
(Alemania) en 1955 y que, tras hacer la carrera
de Medicina, empezó trabajando como médico
e investigador en la Universidad Clínica de
Hamburgo y, posteriormente, en el Centro Alemán
de Cardiología de Berlín. Allí centraría sus
investigaciones en encontrar las causas que
provocan la arteriosclerosis -y, por ende,
las enfermedades cardiovasculares- siendo
así como se enteró -en 1987- de la conexión
que hay entre la arterioesclerosis y la carencia
de vitamina C. Es decir, Rath supo que la
lipoproteína-a (molécula presente en el colesterol
"malo" o LDL) sólo se deposita en las paredes
de las arterias provocando la arteriosclerosis
-con el consiguiente estrechamiento de las
arterias- cuando en el organismo hay deficiencia
de vitamina C. Y que, consecuentemente, basta
tomar suficiente vitamina C -sustancia abundante
en las frutas y verduras frescas- para prevenir
y tratar prácticamente todas las enfermedades
cardiovasculares. Una afirmación que provocó
la particular batalla que el Dr. Rath mantiene
hoy con la industria farmacéutica. No es de
extrañar ya que si se le diera oficialmente
la razón las decenas de fármacos que actualmente
se usan en los problemas cardiovasculares
y proporcionan tan pingües beneficios a las
multinacionales se convertirían en inútiles
por innecesarios.
"Que la vitamina C estabiliza las paredes
de las arterias se sabe desde hace 200 años
cuando James Lind descubrió también
que su déficit causa pérdida de sangre y el
escorbuto. Ningún dirigente de compañía farmacéutica
y ningún médico puede negar conocer este hecho.
Luego, ¿por qué no se ha utilizado médicamente
esa información para combatir las enfermedades
cardiovasculares? Es más, ¿se marcó como dosis
mínima diaria de vitamina C la cantidad de
60 mg. porque se sabía que era una cantidad
suficiente para prevenir el escorbuto... pero
lo suficientemente baja como para asegurarse
de que las enfermedades cardiovasculares se
convertirían en una epidemia?" Después de
plantear tan insolente -y brutal- interrogante,
Rath fue más allá aún en sus acusaciones:
"Estoy convencido de que las compañías farmacéuticas
saben desde hace décadas que un suplemento
vitamínico óptimo llevaría al derrumbe del
multimilmillonario mercado de fármacos de
prescripción. A fin de cuentas, las vitaminas
no son patentables y sus márgenes de ganancia
son bajos". Y añade: "No debe extrañar que
la supervivencia de la industria farmacéutica
pasara por ello a depender de una doble estrategia:
obstruir la investigación, información y uso
de vitaminas y otras terapias naturales por
todos los medios disponibles, y promover el
engaño de que los fármacos sintéticos patentables
son la respuesta a las enfermedades
humanas."
Es evidente que Rath apoyaba con sus palabras
las investigaciones de Linus Pauling,
galardonado dos veces con el Premio Nobel
-el primero de Química, otorgado en 1954 por
sus investigaciones sobre la estructura de
las moléculas de las proteínas, y el segundo
de la Paz (1962) por su acción a favor del
desarme y su oposición a los experimentos
nucleares- quien atribuía a la vitamina C
un poder regenerativo y protector capaz de
retardar los procesos de envejecimiento merced
a su capacidad para combatir los efectos negativos
de los radicales libres, moléculas inestables
con carga eléctrica que afectan negativamente
a las funciones celulares. No es de extrañar,
pues, que en 1990 accediera trasladarse a
Estados Unidos aceptando el ofrecimiento que
se le hizo para hacerse cargo del Instituto
Linus Pauling de Investigación Cardiovascular.
Sólo dos años más tarde -en 1992- el Dr.
Rath desarrollaba lo que hoy se conoce como
Medicina Celular, fruto de sus investigaciones
sobre el apasionante mundo de la célula.
TRATANDO
EL CÁNCER
Interesado en saber cómo
combatir la enfermedad, Rath elegiría -de
entre todas las posibles formas de abordar
el problema- estudiar los mecanismos celulares
que utiliza el cáncer para extenderse por
el organismo afectando a distintos órganos.
A fin de cuentas, un tumor situado en una
zona concreta y limitada del cuerpo no suele
constituir un peligro vital. Por el contrario,
cuando el cáncer se extiende (metástasis)
sí existe una clara amenaza para la vida.
De hecho, de los procesos cancerosos con resultado
mortal alrededor del 90% tienen su origen
en la metástasis, en la irrupción de células
cancerosas en otros órganos y tejidos. Pues
bien, Rath afirma que para poder extenderse
las células cancerosas segregan unas enzimas
que descomponen el tejido conjuntivo circundante
facilitando así el camino hacia otros órganos
del cuerpo.
Entender ese proceso fue la primera fase de
su investigación. La siguiente fue buscar
cómo evitarlo. Y Rath asegura que las investigaciones
desarrolladas por él y su equipo de colaboradores
les han permitido finalmente identificar varias
sustancias biológicas naturales que impiden
la propagación de las células cancerosas.
Los resultados -afirman- muestran no sólo
una ralentización del crecimiento de las células
cancerosas sino una interrupción completa
en muchos tipos de cáncer.
Esas sustancias son todas, sin excepción,
de origen natural: vitaminas, aminoácidos,
extractos de plantas o nutrientes fundamentales
para la célula. En resumen, sustancias naturales
que mantienen las células sanas. Y que, a
diferencia de las terapias convencionales
contra el cáncer -la Quimioterapia y la Radioterapia-,
no producen efectos secundarios yatrogénicos.
Una terapia contra el cáncer que se fundamenta
en la ya mencionada Medicina Celular. Veamos
en qué consiste.
ENTENDER
LA CÉLULA
Matías Rath asevera que
las enfermedades tienen su origen básicamente
en dos factores detectables a nivel celular:
la falta de combustible biológico en la central
de energía de la célula -la mitocondria- y
el funcionamiento defectuoso del núcleo, centro
de control metabólico de la misma. Veámoslo
más detenidamente.
1) La falta de combustible
biológico en la central de energía de la célula
(mitocondria). Según Rath, una
de las principales causas de las enfermedades
-especialmente las coronarias- se debe a un
insuficiente suministro de combustible biológico,
de los nutrientes que son imprescindibles
para la transformación de los alimentos en
la energía que se precisa para efectuar las
numerosas reacciones metabólicas del cuerpo.
Y de ahí que, por regla general, baste un
correcto suministro de vitaminas y otras sustancias
bioenergéticas para prevenir las enfermedades
e, incluso, revertir la situación en muchos
casos de patologías ya manifestadas.
2) Enfermedades
debidas a un defecto en el programa metabólico
de las células (núcleo). Del mismo
modo que los virus informáticos trastornan
las funciones normales de los ordenadores,
las células -por diversas razones- pueden
llegar a estar bajo el control de un "programa"
enfermo. Los principales daños causados por
esas órdenes erróneas son una multiplicación
incontrolada de las células y, al mismo tiempo,
el descontrol en la organización del tejido
conjuntivo circundante que permite que las
células enfermas se extiendan. Este proceso
es el que termina llevando a la aparición
de las enfermedades infecciosas y el cáncer.
Y es que, según Rath, tanto las
enfermedades infecciosas como el cáncer se
expanden por el organismo disolviendo el colágeno
del tejido conjuntivo adyacente.
Es decir, para que una infección -esté producida
por un virus o una bacteria- o un grupo de
células cancerígenas puedan diseminarse por
el organismo deben ser capaces de disolver
temporalmente el colágeno -la principal molécula
estructural de los huesos, la piel, las paredes
de los vasos sanguíneos y demás órganos- del
tejido circundante que les rodea. Deben "abrirse
camino". Y para ello utilizan unas enzimas
-proteínas- susceptibles de disolver y debilitar
provisionalmente el colágeno y que por eso
se conocen como "enzimas disolventes de colágeno".
DISOLUCIÓN
Y REPARACIÓN DEL COLÁGENO
Hay que decir en ese sentido
que una de las más fascinantes funciones para
las que nuestro organismo utiliza precisamente
este mecanismo de disolución de colágeno es
el proceso de ovulación de la mujer. Los cambios
hormonales que se producen cada mes durante
la primera mitad del ciclo femenino estimulan
determinados tipos de células que construyen
una pared alrededor del óvulo en vías de maduración
(folículo). Esa células producen grandes cantidades
de enzimas susceptibles de disolver colágeno
hasta que a mitad del ciclo el óvulo maduro
acumula tantas que son ya capaces de romper
temporalmente el tejido colágeno de la pared
ovárica. Se trata de un mecanismo que se repite
todos los meses permitiendo que el óvulo se
mueva del ovario a la matriz (útero) pasando
por la trompa de Falopio. Es obvio que este
mecanismo ha de producirse en un momento preciso
y un lugar muy específico. Asimismo, debe
garantizar que solamente madure y se mueva
un óvulo por ciclo. Por eso es absolutamente
necesario que exista un perfecto equilibrio
temporal y fisiológico entre las enzimas disolventes
de colágeno y el mecanismo que las bloquea
y activa la autorregeneración del tejido.
Para lograrlo, en cuanto el óvulo abandona
el ovario la actividad de las enzimas disolventes
de colágeno queda bloqueada por la acción
de una serie de inhibidores enzimáticos que
produce el propio organismo. Así la balanza
se inclina a favor de los mecanismos productores
de colágeno que acaban prevaleciendo sobre
el proceso destructor del mismo. Gracias a
tal mecanismo el tejido de la pared ovárica
se cura y se cierra rápidamente. Cuatro semanas
más tarde, durante el próximo ciclo, todo
el proceso se repite. Y en las mujeres sanas
seguirá repitiéndose hasta la menopausia.
Pues bien, Rath afirma que las células cancerígenas
-de todos los tipos- forman tumores que se
extienden con la ayuda del mismo mecanismo:
la disolución de los tejidos adyacentes.
Un cáncer no es sino la multiplicación incontrolada
de una célula -por razones aún sin determinar-
que terminan formando un tumor. Y según Rath,
esas células, con el fin de poder seguir expandiéndose,
producen una gran cantidad de enzimas destinadas
a destruir el colágeno del tejido conjuntivo
adyacente que se lo impide. Una vez lo logran
las células cancerosas llegan hasta los vasos
capilares y desde ellos pasan a la sangre,
lo que las permite diseminarse por el cuerpo
e invadir otras zonas u órganos. También pueden
expandirse a través del plasma. Llegadas a
una nueva zona del cuerpo, las células cancerosas
se agrupan y comienzan a multiplicarse hasta
desarrollar un segundo tumor: la metástasis
se ha completado.
La rapidez con que el cáncer se extiende a
través del cuerpo depende del número de enzimas
producidas por la célula cancerosa. Obviamente,
cuanto más rápida sea la extensión de la enfermedad
más se reduce la expectativa de vida del paciente.
LA
NATURALEZA NOS ENSEÑA EL CAMINO
¿Y qué se puede hacer?
Como hemos visto en el proceso de ovulación,
la propia naturaleza tiene mecanismos de control
de la actividad enzimática. Y lo hace merced
a dos grandes grupos de moléculas que pueden
bloquear el mecanismo de asimilación y disolución
de colágeno. Al primer grupo pertenecen los
inhibidores propios de nuestro organismo que
son capaces de poner fin a la acción de las
enzimas disolventes de colágeno en muy poco
tiempo. Y así ocurre normalmente. Sin embargo,
en el caso de enfermedades infecciosas graves
o de cáncer es evidente que a veces no es
suficiente. El segundo incluye las sustancias
inhibidoras de enzimas que provienen de nuestra
dieta -o de suplementos dietéticos- y que
nos permiten levantar una segunda línea de
defensa en la protección del colágeno.
Bueno, pues según Rath el elemento más importante
de este segundo grupo es un aminoácido natural:
la lisina. Y afirma que si se toma una cantidad
suficiente de lisina a través de algún suplemento
dietético pueden bloquearse las enzimas disolventes
de colágeno y prevenir así la degradación
del tejido conjuntivo. Es decir, se trataría
sobre todo de un eficaz agente preventivo.
Pero también combate el cáncer en sinergia
con otras sustancias: "Cuanto más agresivo
es el tipo de cáncer -afirma Rath- más enzimas
colágeno-digestivas de este tipo produce.
Y se puede disminuir o detener completamente
esa producción desmesurada de enzimas capaces
de destruir el tejido usando los aminoácidos
lisina y prolina combinados con vitamina C
y algunos otros micronutrientes. Recientemente,
nuestra investigación ha establecido que todos
los tipos de células cancerosas estudiadas
se pueden bloquear aprovechando esta sinergia
de nutrientes al bloquear la acción de esas
enzimas".
Se trata, en suma, de un tratamiento que pretende
corregir el equilibrio perdido proporcionando
al organismo una concentración elevada y prolongada
de lisina a fin de poner fin al proceso de
desintegración. Hay que añadir que el bloqueo
que se consigue con la lisina no puede fallar
por exceso según el equipo de Rath ni siquiera
cuando se ingieren cantidades elevadas del
orden de 10 o más gramos diarios. Por eso
la ingesta de grandes dosis de este aminoácido
esencial da tan buenos resultados en el tratamiento
de todos los tipos de cáncer.
Ya en 1977 un grupo de investigación sueco
dirigido por el Dr. Astedt -de la Universidad
de Lund- informó de la eficacia de los
inhibidores enzimáticos en el tratamiento
del cáncer de mama: "Se estaban ya desarrollando
tumores secundarios en el cerebro de la paciente
que sufría cáncer de mama -explica en
su informe el médico sueco-. Y mientras
la radioterapia y la quimioterapia no surtieron
efecto alguno, el tratamiento a base de inhibidores
enzimáticos produjo una reducción de las metástasis
cerebrales y de los demás síntomas de la enfermedad.
Un año después del tratamiento el paciente
había superado la enfermedad."
ALGO
MÁS SOBRE LA LISINA
Decíamos antes que la lisina
es un aminoácido -uno de los más importantes
ya que interviene en funciones como el crecimiento
y la reparación de tejidos además de colaborar
en la síntesis de anticuerpos y hormonas-
que debe de ser suministrado a través de un
suplemento dietético. Y eso es así porque
el organismo no lo sintetiza, es decir, no
puede fabricarlo por sí mismo. Pero, ¿qué
es un aminoácido? Para entenderlo conviene
que hagamos un mínimo acercamiento a la biología
de la célula. Y lo vamos a hacer de forma
sencilla.
Todas las funciones metabólicas del organismo
humano se rigen por un lenguaje biológico.
Un lenguaje en el que las letras serían
los aminoácidos (actualmente se conocen
25 básicos). Y esos aminoácidos pueden combinarse
entre sí de muy diferentes formas dando lugar
a palabras -los péptidos- y
éstas a frases -las proteínas-.
Sólo que en este "lenguaje" cada letra por
separado -cada aminoácido- desempeña importantes
funciones metabólicas "individuales".
Cabe añadir que cuando el propio organismo
puede sintetizar los aminoácidos -es decir,
producirlos a partir de otros elementos- se
les llama aminoácidos no esenciales.
Y si, por el contrario, no puede producirlos
y debe obtenerlos de fuentes externas se les
denomina aminoácidos esenciales. En
suma, han de obtenerse a través de la dieta
porque son imprescindibles para la vida.
Pues bien, hay que decir que en el grupo de
los aminoácidos esenciales la lisina ocupa
un lugar primordial, similar al que ocupa
la vitamina C en el grupo de las vitaminas.
Y como en el caso de ésta, la cantidad diaria
requerida de lisina es superior a la de los
demás aminoácidos. Piénsese que aproximadamente
un 25% del colágeno -la base estructural de
los huesos, la piel, las paredes de los vasos
sanguíneos y los demás órganos- está básicamente
formado por dos aminoácidos: la lisina y la
prolina. Por eso además de ser importante
en el tratamiento del cáncer juega un destacado
papel en el desarrollo del sistema locomotor.
Además participa en la síntesis del aminoácido
carnitina, muy importante en la generación
de energía de la célula a través del metabolismo
de las grasas; por consiguiente, es igualmente
vital para un óptimo funcionamiento del músculo
cardíaco.
Asimismo, la lisina colabora en la síntesis
de la hormona del crecimiento en la hipófisis.
De ahí que su carencia -junto a la de otros
aminoácidos esenciales- se haya relacionado
con cuadros de retrasos y disfunciones cerebrales.
De hecho, la OMS considera la lisina uno de
los aminoácidos "críticos" para una adecuada
nutrición y un desarrollo infantil idóneo.
Dicho lo cual, suponemos que el lector se
estará preguntando si con la alimentación
obtenemos suficiente lisina. Y la respuesta
es que en muchos casos no porque se trata
de un aminoácido que se destruye en gran parte
al cocer o freír los alimentos. Y otro tanto
ocurre cuando se congelan. Por eso es recomendable
ingerirlo como suplemento, preferiblemente
combinado con alguna de estas sustancias:
vitamina B2, B6, C, niacina, ácido glutámico
y hierro. En cuanto a las fuentes alimenticias
ricas en lisina destacan el pescado, el pollo,
los huevos, la leche y, ya en mucho menor
medida, los cereales, frutos secos y legumbres.
Los mejores resultados se observan cuando
se combina con una dieta rica en vitamina
C y baja en arginina ya que se trata
de aminoácidos antagónicos o competitivos
para algunas funciones.
Cabe añadir que el hecho de que el organismo
pueda almacenar una elevada cantidad de este
aminoácido demuestra hasta qué punto es importante
para nuestra salud. El cuerpo de una persona
que pese 70 kg. alberga en todo momento alrededor
de 500 gramos de lisina. Por eso sufrir una
sobredosis de lisina, según el Dr. Rath, es
tan imposible como sufrir una sobredosis de
vitamina C. Nuestro metabolismo está acostumbrado
a manejar grandes cantidades de ambas sustancias
y puede deshacerse de su sobrante cuando quiera
y sin problemas. En realidad es más frecuente
lo contrario: está constatado que hoy día
casi todo el mundo padece deficiencia crónica
de lisina.
OTRAS
ENFERMEDADES GRAVES
Por otra parte, según recoge
el Dr. Rath en su libro Avance de la Medicina
Celular", las aplicaciones terapéuticas
de la lisina en la lucha contra las enfermedades
no están limitadas al cáncer: "En los pacientes
con arteriosclerosis -afirma- la lisina
puede poner fin a la expansión y al crecimiento
de las placas depositadas en las arterias
del corazón y del cerebro. Al mismo tiempo,
se puede iniciar un proceso terapéutico natural
de las paredes arteriales a base de vitaminas
y otros suplementos dietéticos. Con respecto
a las enfermedades que tienen su origen en
un virus, como es el caso de la gripe,
los herpes y el sida, o que
son causadas por bacterias, como las infecciones
pulmonares, del oído interno o
de la vejiga, la lisina puede detener
o frenar la expansión agresiva de las mismas.
La ingesta de una combinación de altas dosis
de vitamina C y otros suplementos dietéticos
puede aportar beneficios adicionales. Incluso
en pacientes que sufren una inflamación
crónica del estómago, intestino, articulaciones
o huesos el uso de lisina puede ayudar
a controlarla. Eso sí, para que el tratamiento
de las inflamaciones crónicas resulte eficaz
debe incluir necesariamente elevadas dosis
de lisina en combinación con otros nutrientes
dietéticos importantes. También los problemas
alérgicos más comunes, como la fiebre
del heno, la neurodermatitis
o la urticaria pueden beneficiarse
de una terapia a base de lisina puesto que
puede aliviar y prevenir la enfermedad. En
estos casos también es recomendable combinar
la lisina con vitamina C y otros suplementos
dietéticos."
SUSTANCIAS
ANTICANCERÍGENAS
Las investigaciones del
Dr. Rath le han llevado a formular en estos
años una lista de sustancias que, además de
la vitamina C y los aminoácidos lisina y prolina,
son a su juicio fundamentales para impedir
eficazmente la propagación de las diferentes
formas de cáncer atendiendo al hecho de que,
en su opinión, la expansión del cáncer -como
la de las enfermedades infecciosas- se produce
por destrucción del colágeno del tejido conjuntivo.
De ahí que se haya centrado especialmente
en las sustancia que lo impiden. Hablemos
brevemente de todas ellas.
La vitamina C.
No sólo protege las células sanas
ayudando tanto a impedir la arterioesclerosis
como la propagación del cáncer sino que promueve
el suicidio -apóptosis- de las células cancerosas.
Además, combate los radicales libres. Ahora
bien, la vitamina C es más eficaz -a juicio
de Rath- cuando se ingiere en la forma liposoluble
del palmitato de ascorbilo.
La lisina y la prolina.
Se trata de dos aminoácidos naturales -el
primero de ellos es uno de los diez esenciales-
que cumplen la función de "ladrillos" de las
fibras del colágeno y la elastina. El primero
de ellos, la lisina, evita la descomposición
del colágeno al inhibir los efectos de las
colagenazas por lo que desempeña un papel
fundamental en la protección del tejido conjuntivo
y, por tanto, en la expansión del cáncer y
las infecciones, como ya se ha explicado.
Ahora bien, al igual que ocurre con la vitamina
C la lisina no la produce el cuerpo y, sin
embargo, nuestra salud depende de que la tengamos
en cantidad suficiente. Debemos pues procurar
conseguirla con la dieta o con suplementos
dietéticos.
La epigalocatequina galato (EGCG).
Se trata de una catequina presente en los
polinefoles -especialmente del té verde- que
previene la aparición del cáncer y frena su
propagación al inhibir la uroquinasa, enzima
fundamental para el crecimiento de un tumor.
Tiene pues propiedades antimutágenas y antiproliferativas.
Además, los polifenoles son potentes antioxidantes
que neutralizan los radicales libres y protegen
a las células.
El selenio.
Componente fundamental del sistema
de defensa antioxidante del cuerpo protege
además a las células frente a las toxinas.
Frena el crecimiento tumoral en los primeros
estadios de propagación del cáncer.
La N-acetilcisteína (NAC).
Se trata de un potente antioxidante,
fundamental para la producción de glutation,
otro eficaz antioxidante. Contribuye también
a proteger el tejido conjuntivo evitando su
destrucción.
La arginina.
Hablamos de otro aminoácido, imprescindible
en elevadas cantidades en casos de estrés,
lesión o enfermedad. La arginina no sólo mejora
el rendimiento del sistema inmunitario sino
que evita la multiplicación de las células
tumorales. Las mayores concentraciones de
arginina se hallan en el tejido conjuntivo.
El cobre.
Indispensable para numerosas funciones corporales,
sobre todo para garantizar una adecuada estructura
y estabilidad del tejido conjuntivo y protegerlo
frente a los radicales libres.
LA
LUCHA CONTRA EL SISTEMA FARMACEÚTICO
Cabe añadir que para Rath
no sólo el cáncer sino la práctica totalidad
de las enfermedades constituyen sólo un negocio
para los grupos de poder que manejan el mundo.
Y de ahí que promoviera la creación de una
fundación que lleva su nombre desde donde
ha efectuado diversas iniciativas para dar
a conocer los métodos naturales de prevención
y tratamiento de las enfermedades en contraposición
a los métodos de la medicina farmacológica.
Es el caso del programa de 10 puntos que con
el nombre de Salud para todos en el año
2020 se presentó en Johannesburgo en agosto
del pasado año durante la reunión anual de
la Organización Mundial de la Salud (OMS)
o la presentación en La Haya de The People's
Agenda, toda una Constitución para
un Nuevo mundo de paz, salud y justicia
social para todos. Constitución en la
que puede leerse, dentro del apartado referido
al Derecho a la salud, lo siguiente:
"Nosotros, las personas del mundo, estamos
determinadas a defender nuestro derecho a
la salud con todos los medios pacíficos disponibles.
Y nos aseguraremos de que el negocio farmacéutico
con la enfermedad y la promoción deliberada
de enfermedades para lucro de las corporaciones
sea proscrita a nivel mundial. Llevaremos
ante la Justicia a aquellos que deliberadamente
promueven las enfermedades y a quienes impiden
la libre información sobre terapias naturales
no patentables que permitan salvar vidas.
Proporcionando salud a nuestras comunidades
y llevando a cabo los programas nacionales
de cuidado de la salud, nos centraremos en
aproximaciones naturales a la salud, eficaces
y seguras. La primera meta de cualquier estrategia
de cuidado de la salud es la prevención y
desarraigo de las enfermedades."
Pues bien, cumpliendo con esa declaración
de intenciones, el pasado 14 de junio el Dr.
Rath presentó personalmente "en nombre
de todos los pueblos del mundo" ante el
Fiscal de la Corte Penal Internacional de
La Haya una denuncia por "genocidio y otros
crímenes contra la humanidad perpetrados en
relación con el 'negocio con las enfermedades'
de la industria farmacéutica y la reciente
guerra de Irak". Entre los acusados se
encuentran varios altos cargos de la Administración
norteamericana -con George Bush a la
cabeza, el Primer Ministro británico Tony
Blair y los directivos de las grandes
multinacionales farmacéuticas. Las acusaciones
recogidas en la denuncia en lo que se refiere
a los cargos presentados por los delitos relacionados
con la industria farmacéutica son los siguientes:
"-Los acusados mantienen, intencionada
y sistemáticamente, enfermedades cardiovasculares
como la hipertensión arterial, la insuficiencia
cardiaca, las complicaciones diabéticas y
otras patologías además del cáncer, las enfermedades
infecciosas -como el SIDA-, la osteoporosis
y muchas de las afecciones más comunes hoy
en día, cuando todas ellas son evitables en
buena medida por medios naturales. Los acusados
han provocado deliberadamente sufrimiento
innecesario y la muerte prematura de cientos
de millones de personas.
-Los acusados evitan, intencionada y sistemáticamente,
la erradicación de las enfermedades cardiovasculares,
el cáncer y otras patologías mediante la obstrucción
y el bloqueo de la difusión de información
sobre los beneficios de las terapias naturales
no patentables, una información que podría
salvar muchas vidas. Por consiguiente, los
acusados han causado deliberadamente más sufrimiento
innecesario y la muerte prematura de cientos
de millones de personas.
-Los acusados extienden, intencionada y
sistemáticamente, las enfermedades existentes
y crean nuevas enfermedades mediante la fabricación
y comercialización de productos farmacéuticos
que alivian los síntomas a corto plazo pero
tienen efectos secundarios conocidos y perjudiciales
a largo plazo. Por consiguiente, los acusados
han causado deliberadamente más sufrimiento
innecesario y la muerte prematura de cientos
de millones de personas."
Suponemos que el lector, tras leer estas
palabras, entiende por que Matías Rath es
una persona muy "incómoda" para la industria
farmacéutica. Y probablemente se pregunte
por qué no han ido a por él. El mismo Rath
contesta a ese interrogante: "La única
razón por la que la industria farmacéutica
no ha tomado represalias contra mí es porque
vinculé ese 'negocio de la enfermedad' sin
escrúpulos con los mayores crímenes cometidos
contra la humanidad en el siglo XX: el asesinato
masivo durante la Segunda Guerra Mundial.
Es un hecho histórico que el mayor cártel
europeo petroquímico y farmacéutico financió
la toma del poder de Hitler hace 70 años.
La Segunda Guerra Mundial fue primordialmente
una guerra por la conquista de los recursos
naturales de la Europa del este y de Asia.
El Tribunal de Guerra de Nüremberg de 1946/47
declaró que la Segunda Guerra Mundial no hubiera
sido posible sin ese cártel petroquímico,
llamado I. G. Farben. Por eso el tribunal
decidió dividir I. G. Farben en Bayer, BASF
y Hoechst. Y algunos de sus directivos fueron
sentenciados por comenzar una guerra en contra
del Derecho Internacional, por asesinato masivo
y por la explotación y saqueo de la propiedad
pública y privada en países extranjeros además
de por otros crímenes contra la humanidad.
La historia de lo que había a nivel empresarial
tras la Segunda Guerra Mundial está documentada
en el libro de Josef Borkin, "El crimen
y el castigo de I. G. Farben". Puede encontrarse
la documentación en la página web de nuestra
fundación. Por eso desde el comienzo mismo
de mi estrategia de desenmascaramiento la
industria farmacéutica ha estado a la defensiva.
Por eso no es ninguna sorpresa que no se hayan
atrevido a tomar represalias o a iniciar un
pleito contra mí por injurias y calumnias".
Como nuestros lectores pueden comprobar, Matías
Rath no se anda por las ramas. Y se expresa
y actúa sin miedo. A pesar de que sus denuncias
son demoledoras. Por eso, una vez contados
sus descubrimientos y explicada cuál es su
propuesta para combatir el cáncer y las enfermedades
infecciosas, quisimos hablar a fondo con él.
Accedió. Daremos a conocer nuestra conversación
el próximo número. Hasta entonces.
Antonio
Muro
Para
más información:
Dr. Matías Rath
Web:
http://www.drrath.com
Para
más información:
Rosa Ulderink (Colaboradora del Dr. Rath en
Europa)
E-mail: rosa.ulderink@mrpublishing.nl