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  | LAS
AMALGAMAS DE MERCURIO SON PELIGROSAS |
A
mucha gente le mortifica aún acudir al dentista por el miedo al taladro pero mucho
más fundado sería tenerlo por un motivo bien distinto: la intoxicación que puede
provocar en nuestro cuerpo el mercurio que contienen las amalgamas con que algunos
profesionales empastan todavía las piezas dentales. Intoxicación conocida por
médicos y autoridades que hacen caso omiso de los cientos de estudios que demuestran
su potencial peligro para la salud. Ni
en Japón, ni en Rusia, ni en Suecia. En ninguno de esos países se utilizan ya
las amalgamas para hacer empastes dentales. Bueno, no es sólo que no se utilicen
sino que su uso está terminantemente prohibido porque las autoridades sanitarias
consideran que está suficientemente demostrada la toxicidad de las amalgamas a
causa del mercurio. Está comprobado -así lo indican numerosos estudios en todo
el mundo- que el mercurio es absorbido por el cuerpo y que, en su lento periplo
hasta el cerebro -lugar en el que acaba almacenándose-, va provocando daños físicos
en los distintos tejidos, órganos y sistemas humanos además de alteraciones psíquicas
y emocionales de diverso tipo. ¿QUÉ
ES UNA AMALGAMA DENTAL? Dice el diccionario que
una amalgama es una aleación de mercurio con otro metal. Las que se emplean en
Odontología para empastar dientes y muelas -y que salpican de gris metálico nuestras
bocas- se elaboran mezclando mercurio líquido (50% del volumen total) con plata
(35%), estaño (13%), cobre (2%) y una pequeña cantidad de zinc. Con esta fórmula
se obtiene un material -la amalgama- que es utilizado para hacer empastes dentales
desde principios del siglo XIX. Y ya desde entonces algunos miembros de la comunidad
científica plantearon dudas sobre su inocuidad. Sus defensores afirman que aunque
es conocida la alta toxicidad del mercurio no existe riesgo para la salud de quien
lleva una amalgama porque el metal queda bloqueado indefinidamente dentro del
diente reconstruido en el interior de la propia amalgama. Sin embargo, estudios
llevados a cabo por sus detractores demuestran que en sólo 5 años un 30% del mercurio
se ha evaporado de la amalgama por lo que, al menos, cabe la duda de que este
material de obturación dental sea tan estable como algunos defienden. ¿Y a dónde
va ese volumen de mercurio "perdido"? Pues no muy lejos. Al parecer, el metal
es reabsorbido por el propio cuerpo y, a través de la sangre y la linfa, recorre
todo el organismo almacenándose en los tejidos y provocando daños. "DELITO
CONTRA LA HUMANIDAD" Y son tales los daños provocados
por el mercurio contenido en la amalgama que algunos de los científicos y toxicólogos
que se han encargado de comprobarlos y evaluarlos han llegado a calificar su uso
de "grave delito contra la humanidad". En ese sentido, el Instituto Federal
de Medicamentos de Alemania afirmaba ya en 1998 que "la amalgama contribuye
mensurablemente a la contaminación del hombre". Se comprende que no podemos
dar cabida en estas páginas a todos los informes existentes al respecto pero sí
consideramos apropiado mencionar algunos de los más concluyentes y contrastados.
Saque el lector sus propias conclusiones. David Eggleston, profesor
del Departamento de Odontología de la Universidad de California (EEUU), afirma
haber constatado una disminución de la cantidad de linfocitos T (células del sistema
inmune) en pacientes con empaste de amalgama. También son preocupantes los resultados
de recientes estudios llevados a cabo por el Instituto Karolinska de Estocolmo
(Suecia) que revelan la presencia de mercurio en el cerebro. Según el director
del estudio, el profesor Magnus Nylander, el metal llega al cerebro a través
de la sangre. Y la cantidad de mercurio que ha encontrado en el cerebro de los
cadáveres estudiados está en función del número de empastes de amalgama que presenta
cada uno de ellos. Nylander afirma que, aunque aún no se han logrado establecer
los valores de mercurio que dañan el cerebro, estos deberían de ser "cero o casi
cero" dada la delicadeza del tejido cerebral. Es decir, que cualquier cantidad
de este metal que se encuentre en el cerebro estará provocando daño. Muy significativos
son los resultados de otro estudio realizado también en Suecia que asocian los
síntomas del llamado síndrome de fatiga crónica con la presencia de amalgamas
en la boca en un 81% de los casos. Otro investigador, en este caso el doctor
Gilbert Crussol, afirma que por encima de 50 microgramos por metro cúbico
una habitación -e, incluso la consulta de un dentista- debería ser declarada insalubre;
y llama la atención acerca del hecho de que en las bocas de algunos pacientes
se pueden encontrar dosis de 400 a 600 microgramos, es decir, más de 10 veces
las dosis admisibles para una habitación. Pero, sin duda alguna, hoy en día
el crítico más mordaz de la amalgama es el toxicólogo alemán Max Daunderer
que ha comprobado intoxicaciones en más de 10.000 pacientes. "Estamos
sorprendidos -afirma Daunderer- de los daños provocados por la intoxicación
crónica que causa el mercurio de las amalgamas dentales. Probablemente sólo en
Alemania mueren miles de personas bajo los signos de un infarto o de un ataque
de apoplejía que se deben en realidad a la amalgama". Este investigador asegura
también haber constatado la repercusión de la amalgama sobre la fertilidad humana:
"La intoxicación crónica de amalgama es seguramente también una causa frecuente
de infertilidad. Al menos, varias mujeres infértiles quedaron embarazadas después
de haberles eliminado sus empastes de amalgama". Pero hay más datos escalofriantes
que Daunderer ha hecho públicos: "En Alemania mueren cada año unos 1.500 bebés
por muerte súbita infantil. Bueno, pues investigaciones realizadas en Suecia informan
de almacenamientos altos de mercurio en el cerebro del bebé que pueden proceder
de las amalgamas que llevan las madres. Por tanto, hay que sospechar que la amalgama
es también un factor de muerte súbita infantil". MERCURIO
EN LA BOCA, VENENO EN EL CUERPO Sepa el lector que
tener siete empastes de amalgama supone una cantidad de 2 gramos de mercurio puro.
Y sepa también que tan sólo 1 gramo de mercurio conduciría a la muerte si se administrara
por inyección directa. Y si es tan tóxico, ¿cómo se explica que podamos llevar
esa peligrosa carga sin que aparentemente nos ocurra nada? Pues por dos motivos:
primero, porque en la amalgama el mercurio se presenta en su forma metálica que
es relativamente poco tóxica y, segundo, porque su absorción se produce lentamente.
Eso sí hay que aclarar que el mercurio se evapora a sólo 20º C y en esta forma
gaseosa sí es altamente tóxico. Por otro lado, hay que tener en cuenta que en
el interior de la boca en ocasiones se alcanzan temperaturas superiores a los
40º C por lo que se produce una continua liberación de vapor de mercurio que es
absorbido por el cuerpo. Esta liberación aumenta en determinadas situaciones,
por ejemplo, al masticar fuertemente, utilizar pastas dentífricas con flúor, ingerir
comidas y bebidas muy calientes o ácidas, fumar o masticar chicle. Y una vez liberado
de la amalgama, según los investigadores, el mercurio es absorbido por el cuerpo
a través de cuatro vías: 1) Desde la
cavidad bucal y nasal llegan vapores de mercurio al torrente sanguíneo y de ahí
a todos los órganos y al cerebro. 2) Los
vapores se ingieren parcialmente por los pulmones a través de las vías respiratorias.
Así pasa también a la circulación sanguínea donde se transforma parte de ese vapor
en una forma aún más tóxica al oxidarse los iones del mercurio. Puesto que órganos
como el hígado, el corazón y los riñones trabajan como filtros sanguíneos es en
ellos -y también en el cerebro- donde se almacena principalmente este metal tóxico.
3) Cuando masticamos se desprenden partículas
de mercurio en su forma metálica y se tragan. La flora intestinal transforma esas
partículas en la forma más peligrosa del metal: el mercurio metílico. Este proceso
se llama metilación y está confirmado por numerosos experimentos y estudios aunque
pretenda ser desmentido por muchos dentistas y odontólogos. Ese mercurio metílico
pasa desde el intestino a la sangre y de ahí a todos los órganos.
4) El metal se difunde a través de las encías, las raíces dentales
y la mandíbula hasta el sistema nervioso central y el cerebro. Al principio,
el cuerpo intenta acabar con el mercurio pero numerosos estudios confirman que
el propio metal perjudica y hasta bloquea determinadas hormonas, receptores y
enzimas. Lo que se refleja en múltiples enfermedades, trastornos y disfunciones
que son síntomas de una intoxicación por mercurio y que el toxicólogo Max Daunderer
resume en poca vitalidad, irritabilidad, problemas de coordinación, dolor de cabeza,
mareos, temblores, molestias intestinales, pérdida de memoria, insomnio, pérdida
de apetito, debilidad muscular, dolor de espalda, alergias, nerviosismo, depresión,
sistema inmune debilitado o anemia. ¡Quién iba a imaginar que tras esos síntomas
pudieran estar unas simples amalgamas dentales! INTOXICACIÓN
CRÓNICA Como decimos, la liberación del mercurio
y su absorción por distintas vías provoca una intoxicación lenta y crónica. Además
de Daunderer, otros investigadores han descrito los trastornos a los que al parecer
dan lugar. Como el listado es extensísimo, sólo recogemos algunos: -Trastornos
corporales: vista borrosa, reducción del campo visual, dificultades
auditivas, atrofia del hueso manillar, mal aliento, sabor metálico en la boca,
inflamación de la mucosa bucal, alteraciones del ritmo cardiaco, presión sanguínea
baja, respiración irregular, resfriado crónico, aumento de los ganglios linfáticos
del cuello, dolores articulares, debilidad en las piernas, insensibilidad y hormigueo
en manos y pies, dermatitis y descamación de la piel, problemas renales, espasmos
estomacales, diarrea, colitis, etc. -Trastornos
psíquicos: desgana, mal humor, depresión, problemas de memoria y de
concentración, trastornos del sueño y somnolencia diurna, fotofobia, etc. -trastornos
del sistema nervioso: dolor de cabeza, vértigo, temblor de manos, pies, labios
o párpados, trastornos del habla, neuralgias del trigémino, etc. -Trastornos
del sistema inmune: al unirse a las proteínas celulares el mercurio
forma moléculas de un alto peso molecular por lo que el organismo las identifica
como cuerpos extraños y trata de destruirlos mediante los glóbulos blancos. Con
esto se produce una destrucción de células del propio cuerpo y la contaminación
de los glóbulos blancos al digerir el mercurio que contienen las células destruidas.
-Trastornos de la sangre: el mercurio
se une bioquímicamente a las proteínas celulares y, entre ellas, a la hemoglobina,
proteína de los glóbulos rojos encargada de transportar el oxígeno. Al unirse
a ella el mercurio provoca que la cantidad de oxígeno transportado por cada glóbulo
rojo sea menor lo que es causa de fatiga, debilidad muscular, mareos y pérdida
de memoria, entre otras dolencias. También se ha comprobado que una sola parte
de mercurio frente a diez millones de partes de sangre es capaz de destruir la
membrana celular de los glóbulos rojos. -Trastornos
generales: temperatura corporal baja, manos y pies fríos, sudoración
excesiva sin esfuerzo físico, etc. También algunos investigadores han observado
que las amalgamas dentales provocan en algunas mujeres alteraciones ginecológicas
que pueden derivar en problemas graves de infertilidad y aborto. En cuanto a lo
que se refiere a los hombres que llevan amalgamas se ha observado que aunque su
espermiograma suele ser normal su capacidad para fertilizar está muy disminuida.
Por último, hay enfermedades como la esclerosis múltiple, el asma o las migrañas
que, según los investigadores, pueden estar relacionadas en algunos casos por
un envenenamiento con mercurio. ¿ES
NUESTRO CASO...? La forma de saber si somos víctimas
de una intoxicación crónica por mercurio que pueda ser la causa de los trastornos
antes mencionados es someterse a alguno de los métodos de detección que detallamos
aparte (vea el recuadro). Si la prueba da un resultado positivo lo oportuno es
ayudar al organismo a eliminar paulatinamente el mercurio acumulado. Y el primer
paso es retirarlo de la boca. Es fundamental para ello acudir a un dentista con
experiencia en el saneamiento de amalgamas que elimine los empastes poco a poco
y no de una vez. Y se hace así porque al taladrar la amalgama sale vapor de mercurio
que puede contaminar el cuerpo adicionalmente. Para evitarlo se introduce un pañuelo
de goma en la boca del paciente con el fin de retener el vapor y evitar que se
trague el polvo de amalgama. Después de la intervención el paciente debe beber
mucha agua porque eso facilita la eliminación de los tóxicos. También se aconseja
llevar una dieta en la que no falten selenio, vitaminas C y E y aminoácidos ricos
en azufre. Con esta dieta se facilita la excreción del mercurio a través de las
heces y la orina. Algunos de los estudios mencionados incluyen testimonios
de pacientes que mejoraron de enfermedades graves cuando se les sustituyó la amalgama
por otros materiales. Estas enfermedades comprendían la esclerosis múltiple, la
poliartritis reumatoide e, incluso, algunas leucemias infantiles. INCOMPETENCIA
SANITARIA Imagino que a estas alturas los lectores
se estarán preguntando por qué entonces se siguen colocando amalgamas en España.
Y la pregunta no tiene respuesta lógica. Los profesionales de la Odontología lo
siguen aplicando simplemente por cuestiones de practicidad: consideran el mercurio
el material idóneo porque es excepcionalmente plástico, es el único metal pesado
que es líquido a temperaturas regulares, ayuda a disolver a otros metales, forma
fácilmente aleaciones moldeables con ellos, se une extremadamente bien a las paredes
de la cavidad del diente (característica única), mantiene las bacterias acorraladas
y, sobre todo, es el más económico. Todo eso es cierto... pero también lo es que
otros materiales de empaste dejan menos margen de beneficio a los dentistas y
además son más complicados de poner ya que requieren una destreza que no todos
los odontólogos tienen. Y lo que ya resulta ridículo es que muchos de esos
mismos dentistas afirmen que no hay peligro cuando ellos mismos utilizan dispositivos
especiales para el manejo, aplicación y desecho del mercurio que emplean en la
composición de la amalgama cuidándose muy mucho de no contaminarse con un material
que, sin embargo, no tienen reparo en introducir en la boca de un ser humano.
¿Cómo se explica esta ambigüedad y falta de ética cuando estamos hablando de profesionales
de la salud? Quizás algún día ellos o las autoridades sanitarias puedan explicarnos
los razones -que no conocemos pero intuimos- por las que en este país se sigue
permitiendo el uso de amalgamas. Máxime cuando por muchas menos razones y sin
argumentación científica alguna se está prohibiendo el uso de otros muchos productos.
L.J. Pruebas
de intoxicación La prueba más fiable y efectiva
para saber si sufrimos intoxicación por mercurio es un análisis de nuestros cabellos
y uñas. Pero hay otros métodos para establecer una posible intoxicación:
A) La prueba del chicle: se emplea
para demostrar que se desprende mercurio de la amalgama de la boca. Este fenómeno
fue demostrado por los científicos Vimy y Lorscheider en 1985 gracias
al aire espirado por dos grupos de personas, con y sin amalgamas, antes y después
de haber masticado un chicle sin azúcar durante 10 minutos. La concentración de
mercurio registrada en el aire espirado fue medida en microgramos por metro cúbico
y los resultados fueron: -Grupo sin amalgama: antes 0,5; después 0,72
-Grupo con amalgama: antes 5; después 30 B)
Prueba DMPS: el dimercapto-propán-sulfonato
es una sal sulfúrica a la que se adhiere el mercurio. Esta sustancia se inyecta
en la sangre del individuo y, mediante un análisis de la misma, se conocen en
pocos minutos los niveles de intoxicación. C)
Electroacupuntura: mide el grado de contaminación
del cuerpo y revela qué órganos están especialmente afectados o dañados.
D) Espectrometría: gracias a esta
técnica de absorción atómica y mediante una prueba de orina se pueden determinar
las cantidades de mercurio y otros metales pesados que se encuentran en el cuerpo.
E) Análisis
de tejido: mediante una tomografía se puede comprobar si un tejido
está contaminado por metales pesados. El
peligroso mercurio
El mercurio (Hg) es un metal pesado conocido por su alta toxicidad en cualquiera
de sus formas (iones, vapores y, sobre todo, en forma de metilo de mercurio).
Su acción es nociva para el organismo y se ha contrastado que principalmente se
acumula en cerebro, hígado, bazo y riñones. Un individuo está constantemente expuesto
a múltiples dosis de mercurio a consecuencia del medio ambiente, de su alimentación
y de la que la Organización Mundial de la Salud considera como principal fuente
de contaminación por mercurio: las amalgamas dentales. Además, por las características
de este metal el organismo no es capaz de excretarlo completamente sino que con
cada exposición se almacena en el cuerpo una nueva dosis. El resultado es que
poco a poco se van acumulando cantidades que producen una intoxicación crónica.
Si la intoxicación es con bajas dosis se habla de micromercurialismo y
sus síntomas son debilidad, cansancio, pérdida de peso y de apetito, dolores de
brazos y piernas, cefaleas y problemas gastrointestinales. A la intoxicación que
se debe a altas dosis de este metal se le llama eretismo mercurial y afecta
a diversos órganos y sistemas del cuerpo. Las
guerras de la amalgama Desde que se empastan los
dientes con amalgama hay disputas en el seno de las comunidades médica y científica
sobre la toxicidad o inocuidad de su carga mercurial. Ya en 1833, poco después
de la presentación de la amalgama, se produjo en Estados Unidos la "primera guerra
de la amalgama" que se debió a que, de repente, aparecieron enfermedades desconocidas
en personas a las que se habían hecho empastes dentales con este material. La
amalgama fue prohibida pero la presión de la industria logró que la prohibición
quedara anulada en 1860 y se empezara a considerar la amalgama como un material
de empaste muy valioso ya que era barato y fácil de elaborar. Aumentaron entonces
las intoxicaciones por mercurio pero los numerosos informes sobre la toxicidad
de la amalgama fueron desmentidos o ignorados. La "segunda guerra de la amalgama"
se produjo en Alemania en 1926. Entonces, el profesor de Química doctor Alfred
Stock demostró en varios experimentos que el mercurio sale de la amalgama
y es acogido por el cuerpo. "No hay duda alguna -dijo- de que muchos
síntomas, entre ellos, fatiga, depresión, irritabilidad, vértigo, amnesia, inflamación
bucal, diarrea, inapetencia, catarros crónicos, etc.- son muchas veces ocasionados
por el mercurio al que el cuerpo está expuesto por los empastes de amalgama".
La "tercera guerra de la amalgama" estalló en 1978 en Suecia. Fue una lucha
entre 12.000 personas organizadas y las autoridades suecas. Como resultado de
la labor de investigación e información de estas personas, la amalgama fue prohibida
en ese país en 1997. Pero ya antes -desde 1991- las amalgamas fueron retiradas
de las bocas de los suecos y cambiadas por empastes de otros materiales con cargo
a la Seguridad Social porque se había demostrado su toxicidad. También ha
habido "batallas" en países como la antigua Unión Soviética donde la amalgama
se prohibió en 1975 o en Japón donde desde 1982 sólo se hacen empastes de plástico.
Además, los estados de California y Colorado (EEUU) y el gobierno de Alemania
obligan a colocar carteles de advertencia sobre la amalgama en las clínicas dentales.
Una
ridícula paradoja
Las pinturas que contenían mercurio en su fórmula fueron eliminadas del mercado
por su toxicidad al desprender vapores de este metal en niveles de 2 a 3 microgramos
por metro cúbico. Paradójicamente, según los toxicólogos, las amalgamas dentales
desprenden de 6 a 150 microgramos por metro cúbico. España,
un país singular España es el único país de la Unión
Europea donde no se informa al paciente de los riesgos que suponen las amalgamas.
Esto contrasta con los usos de otros países en los que el paciente ha de firmar
un consentimiento informado para que se le coloquen empastes con dicho componente.
Trabaja
en la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Un español ya ha
demandado a Sanidad y al Insalud por la intoxicación que le causaron las amalgamas
En abril del 2002 Benito de Pedro, trabajador de la Consejería de Sanidad
de la Comunidad de Madrid, presentó una demanda contencioso-administrativa contra
el Ministerio de Sanidad y Consumo y contra el Instituto Madrileño de la Salud
que fue admitida a trámite por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. El
demandante considera que ambas instituciones son responsables de la intoxicación
por metales pesados que sufre desde hace años y que, según los informes clínicos
y la declaración de dos odontólogos y un médico, se debe a las amalgamas que llevaba
en su boca. "Mi cliente -nos contaría Álvaro Sardinero, abogado
de Benito de Pedro- demanda al Ministerio por permitir el uso de mercurio en
tratamientos odontológicos cuando en otros países está prohibido el uso de empastes
de amalgama por su contrastada nocividad. En cuanto al Insalud, la demanda se
interpone por haberle negado hasta en dos ocasiones la realización de una prueba
analítica de metales pesados que hubiera permitido adelantar el diagnóstico y,
consecuentemente, el tratamiento. Y por error de diagnóstico. En suma, entendemos
que se han producido unos evidentes daños y perjuicios además del daño moral que
se podrían haber evitado si el Ministerio y el Insalud hubieran obrado diligentemente".
Los orígenes del caso se remontan a 1997 cuando, tras 25 años enfermo, Benito
de Pedro acudió a una clínica privada porque sufría a menudo vértigos, astenia,
depresión, falta de memoria y atención, dolores de cabeza y musculares, trastornos
digestivos, bronquitis y catarros frecuentes, caída del pelo, estrés, encías sangrantes,
mal sabor de boca (sabor metálico), cansancio, agotamiento, debilidad, perturbaciones
de la vista, insomnio, náuseas, nerviosismo, tensión alta y alergias, entre otras
afecciones. "Llevaba años recorriendo todas las especialidades dentro del sistema
público, de un lado para otro, sin que nadie me diagnosticara la intoxicación,
sometido a tratamientos y fármacos de todo tipo que a veces no toleraba bien y
que no me producían mejoría alguna", nos diría Benito de Pedro. En dicha
clínica se llegó a la conclusión de que su malestar podía deberse a una intoxicación
por metales pesados a causa de las amalgamas dentales que llevaba por lo que se
le recomendó que se hiciera unos análisis para descartarlo o corroborarlo. Sin
embargo, resulta que ese tipo de análisis no se hacen -o no se hacían entonces-
en los centros públicos y le denegaron dos veces los mismos. Los análisis revelaron
que presentaba en sangre niveles muy altos de varios metales, sobre todo de mercurio.
Un grado de intoxicación bastante alto (75 ug/l). Hay que añadir que el laboratorio
alemán que analizó la composición de las amalgamas presentó los siguientes valores:
mercurio (40,4%), plata (19,6%), cobre (2,9%) y zinc (17,1%). Conocidos los resultados
se le recomendó cambiar los empastes de amalgama y las coronas dentales por materiales
biocompatibles. Y como rápidamente comprobó que su estado general mejoraba quiso
repetir las pruebas analíticas. Los nuevos resultados indicaron que los niveles
de intoxicación por metales pesados habían descendido notablemente. "Con
la denuncia -continúa el abogado- se han adjuntado varios informes firmados
por dos odontólogos y un perito médico que señalan categóricamente que la intoxicación
por metales pesados que padece el señor de Pedro se debe a las amalgamas y que
es evidente la influencia negativa que han tenido esos metales en su salud. Igualmente
queda patente la mejoría que experimenta el paciente cuando se le retiran esos
metales de su boca". A la espera del fallo, Benito de Pedro continúa trabajando
en la Consejería de Sanidad de la Comunidad. Sin explicarse aún -como nos dijo
cuando estuvo con nosotros en la redacción- por qué en este país se permiten aún
los empastes de amalgama cuando hay constancia científica de su peligrosidad.
A él le costó la salud y sólo gracias a su empeño no le ha costado la vida.
Tales son los hechos. Nosotros, en todo caso, dudamos seriamente de que a pesar
de las evidencias el juez falle contra el Ministerio y el Insalud. Reconocer que
las amalgamas afectan negativamente la salud podría abrir una batería de demandas
y reclamaciones económicas inasumibles por el Estado. Así que lo más probable
es que se nieguen las evidencias. Al tiempo.
El presidente de la Asociación Española de Estética Dental difiere
LUIS CABEZA FERRER: "LAS AMALGAMAS QUE CONTIENEN MERCURIO NO SON PELIGROSAS"
El Dr. Luis Cabeza Ferrer, médico estomatólogo, profesor
de Estética y Odontología de la Universidad Europea de Madrid y presidente de
la Asociación Española de Estética Dental difiere abiertamente de los estudios
que indican que las amalgamas que contienen mercurio son peligrosas y contrapone
a los mismos otros trabajos en sentido contrario a los que hace referencia en
este artículo. Lector de nuestra revista desde sus inicios, cuando supo por el
Avance del próximo número que iba a parecer un texto hablando de la peligrosidad
de las amalgamas nos llamó para consultar si podía dar también su opinión, contraria
a la tesis del reportaje que íbamos a publicar y que le enviamos por fax para
su conocimiento. Aun sabiendo que ello podría confundir al lector accedimos para
que quienes nos siguen tengan ambas versiones y los elementos de juicio que le
permitan formarse su propia opinión. Y ya adelantamos que, tras su lectura, la
principal duda que nos ha quedado a nosotros en el aire sin responder es ésta:
si hay evidencias científicas en este ámbito -como en otros- que "demuestran"
una cosa y la contraria, ¿no deberemos empezar a dedicar más atención a averiguar
quién ha sufragado cada estudio y qué instituciones y empresas están detrás de
los mismos? Los materiales de restauración de amalgama que contienen
mercurio han sido permanentemente atacados por sus supuestos efectos sobre la
salud y su aspecto estético y, sin embargo, han sido parte fundamental en la práctica
odontológica de premolares y, sobre todo, de molares durante 166 años. Y si en
la moderna Odontología ha disminuido de modo creciente su uso se debe a los siguientes
factores: 1) La disminución real del número de caries. La prevalencia
de las caries es hoy baja y éstas son de menor tamaño por cuanto se las trata
incipientemente. 2) A pesar de que la última investigación científica
disponible sobre la amalgama dental revela que sigue siendo un material de restauración
útil, seguro y efectivo, una investigación bibliográfica reveló que las restauraciones
de amalgama liberan pequeñas cantidades de mercurio aunque, aparentemente, no
sean suficientes para causar problemas sistémicos de salud. Y, 3)
La aparición de modernas amalgamas hechas de galio eutéctio a pesar de que tienen
un alto coste económico ya que es un material más caro que el mercurio. Es más,
las alternativas a las amalgamas de mercurio -resinas compuestas, composites,
de porcelana...etc.- no están exentas de potenciales riesgos para la salud. El
composite, por ejemplo, sólo se utiliza en Estados Unidos en el 20,7% de los casos
mientras las amalgamas de mercurio representan más del 76% de las obturaciones
dentales (unas 100 millones al año). Y pasa lo mismo en el Reino Unido donde cada
año se colocan unos 22 millones de amalgamas en el Servicio Nacional de Salud.
TOXICIDAD
DEL MERCURIO
El mercurio es un mineral que está presente en casi todas partes: en el aire que
respiramos, en los alimentos que comemos -especialmente en el pescado- y en el
agua que bebemos. Pues bien, las amalgamas dentales contienen del 42,5 al 50%
de mercurio antes de mezclarse y el porcentaje es menor tras la condensación.
Y hay que reconocer -porque está constatado- que los empastes con amalgamas liberan
vapores de mercurio. En cuanto a la cantidad de liberación de vapor de mercurio
que se desprende eso depende tanto del número de amalgamas como de otros factores:
cambios de temperatura, bruxismo, cepillado dental, masticación de alimentos y
chicle... Es difícil, en suma, determinar la dosis de mercurio diaria media que
alguien con amalgamas dentales inhala. Sí se sabe, en cambio, que la cantidad
de mercurio liberado por ellas disminuye al "envejecer" éstas. En todo caso, un
estudio realizado en 1995 sobre 21 personas con restauraciones de amalgama dirigido
por el investigador Hallbach estimó que la dosis media de mercurio que
probablemente inhalaba una persona que tuviera amalgamas en su boca era de 4,8
microgramos al día, cantidad muy inferior a la ingesta diaria de 40 microgramos
considerada aceptable para la población en general. Kingman y sus
colaboradores, por su parte, estimarían en 1998, tras un trabajo de investigación
con 1.127 varones sanos, que un paciente tendría que tener 2.740 restauraciones
de amalgama para llegar al umbral de 88,20 microgramos
de mercurio al día considerado peligroso para la exposición laboral en Estados
Unidos. Asimismo, Michael J. Wahl, en un artículo titulado La mitología
médica de la antiamalgama, haría una exhaustiva revisión de la bibliografía
existente llegando a la conclusión de que la mayoría de las afirmaciones anti-amalgama
no se basan en hechos científicos sino en mitos y medias verdades. ¿AFECTA
A LOS RIÑONES?
Se sabe que aunque el mercurio puede acumularse en muchos órganos se suele concentrar
sobre todo en el riñón y en el cerebro. Y ese hecho llevaría a afirmar que una
concentración elevada de mercurio en el ambiente provoca en los trabajadores expuestos
a él lesiones renales. Sin embargo, Sandborgh dirigió en 1996 un estudio
realizado sobre 10 personas y constató que el ritmo de filtración glomerular era
igual en ellos tanto una semana antes como 60 días después de quitarles las amalgamas,
no habiendo efectos detectables en la excreción de albúmina lo que, según él,
indica que la amalgama dental no afecta a la función renal. Herrström
efectuó otro estudio en 1995 sobre 48 varones jóvenes seleccionados al azar de
los que 23 no tenían amalgama alguna, 23 tenían entre uno y seis empastes, uno
tenía nueve y uno más diecisiete. Pues bien, los investigadores no hallaron relación
entre el número de superficies de amalgama y los valores de proteína en la orina,
normalmente indicativos de lesiones glomerulares o tubulares. Con lo que los autores
concluyeron que las amalgamas no causan disfunción renal. Lo mismo se constató
en 1991 gracias a un estudio efectuado -también en Estados Unidos- por Naleway
y sus colaboradores en el que revisaron entre 1985 y 1986 a un grupo de odontólogos
-cuyo nivel de mercurio es normalmente mayor que entre el resto de la población-
que presentaban concentraciones urinarias 115 mmg de mercurio por litro sin hallar
en ellos disfunciones renales. Resultados parecidos se registrarían en otro estudio
similar, esta vez realizado por Langworth en 1990 con odontólogos suecos.
Por tanto, no puede decirse que exista evidencia científica de que el mercurio
de las amalgamas dentales causa lesiones renales. ¿AFECTA
AL CEREBRO?
Otras de las alegaciones contrarias al uso de las amalgamas es que el mercurio
que desprenden pueden coadyuvar en el desarrollo del Alzheimer. Pues bien, en
1999 Saxe y su equipo de colaboradores analizaron a fondo los cerebros
de un grupo de 68 personas que habían muerto de Alzheimer y de otras 33 que no
padecían la enfermedad sin hallar diferencias en los niveles de mercurio de ambos
grupos. Ni hallaron tampoco asociación entre la enfermedad de Alzheimer y el número,
área de superficie o historial de colocación de amalgamas dentales. Tampoco
estudios de control realizados por Bangsi en 1998 y por Mc´Grother
en 1999 hallaron relación entre el número o la duración de la exposición a las
restauraciones de amalgama y el riesgo de esclerosis múltiple. En cuanto
a la hipótesis de que las amalgamas pueden coadyuvar a la aparición de tumores
en el sistema nervioso central, Rodvall emparejó en 1998 a 333 pacientes
con gliomas, meningiomas o neurinomas acústicos por edad, sexo y localización
con 343 controles. Y constató que no existía asociación entre el número de empastes
de amalgama y los tumores del sistema nervioso central. En suma, no hay evidencia
científica de que el mercurio de las amalgamas dentales tenga algo que ver con
la enfermedad de Alzheimer, la esclerosis múltiple u otras enfermedades del sistema
nervioso central. ¿PROVOCA
OTROS PROBLEMAS?
Termino diciendo sobre este punto que quienes aseguran que las amalgamas causan
o empeoran diversas enfermedades y que su eliminación lleva a una mejoría espectacular
de la salud deberán también demostrarlo. En un trabajo dirigido por Melchart
en 1998 sobre 4.787 personas, los investigadores no pudieron hallar relación alguna
entre los problemas médicos de los enfermos analizados y las amalgamas; ni una
correlación significativa entre el número de empastes y la intensidad de los síntomas.
Ya en otro estudio anterior -esta vez realizado en 1989 por Michael I
y Norbäck D. sobre trabajadoras de hospitales- se comparó a 35 mujeres
con síntomas de cansancio con 30 compañeras sin síntomas de fatiga -formando grupos
similares en cuanto a edad y hábitos de fumar- y no se halló diferencia estadística
significativa según la cual pudiese inferirse que había relación entre los síntomas
de cansancio del primer grupo y las amalgamas. Ahlqwisty, por su parte,
publicó en 1993 un estudio con 1.462 mujeres suecas a las que él y sus colaboradores
siguieron durante 20 años y tampoco pudieron hallar relación entre el número de
empastes de amalgama y los casos de infarto de miocardio, derrames, diabetes,
cáncer o mortalidad general. Posteriormente, en un trabajo similar en el
que se formularon 30 preguntas específicas a 1.024 mujeres sobre diferentes síntomas
-si sufrían de mareo, molestias oculares, cefalea, cansancio general, dolor precordial,
molestias en las articulaciones, etc.- Ahlqwisty tampoco pudo encontrar correlación
entre el número de empastes de amalgama y el de síntomas o molestias. Por
su parte, un equipo dirigido por Molin en 1987 comparó un grupo de pacientes
con síntomas subjetivos de "galvanismo oral" (sequedad, boca urente, dolor oral
y/o sabor metálico) con un grupo de control. Y aunque los valores plasmáticos
de mercurio se correlacionaron con el número de superficies de obturaciones de
amalgama en todos los pacientes no hubo diferencias en los valores de selenio
en plasma, glutatión-peroxidasa eritrocitica y otros numerosos parámetros sanguíneos
entre ambos grupos por lo que no hay evidencia tampoco de que el mercurio cause
la llamada "enfermedad de la amalgama". Björkman publicó también
un estudio en 1996 con 587 gemelos suecos cuya edad media era de 66 años y los
investigadores no pudieron hallar relación alguna entre salud adversa física o
mental y el número de empastes de amalgama dental en los gemelos o en el grupo
de control en general. En cuanto a la afirmación de que las amalgamas deterioran
el sistema inmunitario debo decir que hay trabajos científicos que no apoyan esa
afirmación. Mackert, por ejemplo, hizo un estudio en 1991 y no pudo hallar
diferencias significativas en la cantidad de linfocitos que tenían 21 pacientes
con amalgamas y 16 sin ellas. Y lo mismo ocurrió con un nuevo estudio dirigido
por Langworth en 1997 en el que se comparó a 44 odontólogos y auxiliares dentales
con 44 empleados de un hospital: el recuento de células blancas sanguíneas era
normal en los dos grupos. Cabe añadir que la aseveración de que el mercurio
de las amalgamas causa un aumento de la resistencia a los antibióticos no se justifica
tampoco. En 1995 Österblad estudió la resistencia a múltiples antibióticos
en 191 personas divididas en tres grupos: un grupo con amalgama dental, otro a
los que se les había retirado las amalgamas y un tercer grupo que no habían tenido
exposición conocida a la amalgama. Y no hubo diferencias significativas en la
resistencia a antibióticos en la microflora intestinal aeróbica gram negativa.
Luego, en un trabajo posterior -del año 2000- los mismos investigadores estudiaron
en 209 personas las concentraciones inhibitorias mínimas de cefuroxína, penicilina,
tetraciclina o mercurio de 839 tipos de streptococcus mutans y no eran diferentes
en ninguno de los grupos. En este estudio se concluyó que "el mercurio derivado
de los empastes no seleccionó tipos resistentes de s.mutans". También
es un mito que el mercurio de las amalgamas cause efectos reproductores dañinos
en pacientes, odontólogos y auxiliares dentales. Ericson y Kalle
estudiaron en 1989 en Suecia a 1.157 niños hijos de dentistas, auxiliares dentales
y técnicos dentales y no encontraron, comparativamente, un riesgo mayor de espina
bífida, supervivencia perinatal, bajo peso al nacer o malformaciones.
¿SON
SEGUROS LOS COMPOSITES?
Llegados a este punto no quiero dejar de comentar el hecho de que quienes critican
el uso de amalgamas recomiendan la utilización de alternativas "no tóxicas" y,
en especial, los composites de resina. Y, sin embargo, al igual que la amalgama
libera mercurio se ha demostrado que el composite de resina libera entre 14 y
22 compuestos separados potencialmente peligrosos, incluyendo DL, camforquinona;
ácido 4-dimetilaminobenzoico etilo éster, drometrizol; dimetacrilato etileno glicol
y dimetacrilato trietileno glicol. De hecho, Geurtsen descubriría en 1998
que entre los 35 monómeros identificados de composites de resina dental y aditivos
de resinas composites comercializadas, 9 eran citotóxicos en mayor o menor medida.
Algo que ya antes -en 1994- había asegurado Wataha: "Los componentes
de la resina composite son peligrosos y todos causan toxicidad significativa en
contacto directo con los fibroblastos". Cabe añadir que está demostrado
que los componentes de los composites de resina causan inmunosupresión o inmunoestimulación
-según los casos- y que inhiben la síntesis de ADN -lo constatan los estudios
de Hanks hechos en 1991- y la síntesis de ARN -lo corroboraría Canghman
en 1990. Y agregaré que ya en estudios comparativos "in vitro" realizados
por el equipo de Al-Nazhan en 1988 se había comprobado que los materiales
restauradores de resina composite son más citotóxicos que los de amalgama. De
hecho, existen incluso publicaciones que tratan de la alergia que provocan los
composites de resina y sus componentes. Se ha sugerido, por ejemplo, que pueden
ser causa del eczema de manos y de los "síntomas de piel" en los odontólogos.
Y no acaba aquí la cosa: los composites de resina, selladores y cementos
de ionómero de vidrio liberan formalhdeido, un posible carcinógeno. Además, también
preocupa que pueda dañar el medio ambiente los restos del pulido de los composites.
En suma, la mayoría de los estudios aseguran que los composites de resina
son seguros pero lo cierto es que hoy hay mucho más conocimiento sobre la amalgama
dental que sobre los materiales de restauración de composites de resina y de ionómero
de vidrio. Es evidente que todo lo dicho justifica la necesidad de hacer
estudios más amplios. Por mi parte, pienso que si las resinas compuestas sustituyeran
un día a las amalgamas los efectos secundarios serán, probablemente, igual de
frecuentes. Concluyo: es verdad pues que las amalgamas liberan pequeñas cantidades
de mercurio en el organismo pero todo indica que no en cantidad suficiente para
causar problemas de salud sistémica. Y, desde luego, no hay evidencia científica
que relacione el mercurio con posibles lesiones renales, la enfermedad de Alzheimer,
la esclerosis múltiple, la llamada "enfermedad de la amalgama", las alteraciones
mentales, el aumento de la resistencia a los antibióticos, tenga efectos dañinos
en la reproducción o deteriore el sistema inmunitario. Para quien esto suscribe,
la amalgama dental continúa siendo un material de restauración seguro, útil y
efectivo aunque sólo debería usarse cuando ofrezca una clara ventaja sobre otros
materiales. Dr.
Luis Cabeza Ferrer
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