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| ¿CUÁNDO
LA INTOLERANCIA A LOS ALIMENTOS IMPIDE ADELGAZAR? |
Salud
y alimentación son dos parámetros íntimamente
relacionados entre sí. Si no comemos, enfermamos
y morimos. Pero también ingerir alimentos
inadecuados para nosotros puede traernos problemas.
Y es que la intolerancia a un alimento puede
ser causa de múltiples dolencias, incluida
la obesidad o el cáncer. Lo malo es que podemos
ser intolerantes sin saberlo porque muchas
veces los síntomas pasan inadvertidos. Hemos
hablado con el doctor Jesús Calderón, un experto
que nos explica cómo saber si tenemos el enemigo
en la mesa
De
todos es conocido que la alimentación afecta
a nuestra salud. Y lo hace tanto si es deficiente,
como ocurre en los países pobres, como si
es excesiva, caso de los países ricos en los
que se disparan las cifras de obesos, diabéticos
y enfermos cardiovasculares cuyas dolencias
están directamente ligadas a la alimentación.
Pero hay otro aspecto interesante que relaciona
alimentos y salud, y que no tiene que ver
con la cantidad. Se trata de la posibilidad
de que los alimentos actúen en nuestro organismo
como agentes patógenos provocando reacciones
adversas y, por ende, determinadas patologías.
Dependiendo de su virulencia tales reacciones
se catalogan como casos de alergia o
de intolerancia.
La diferencia es que en el primer caso
el organismo produce anticuerpos y libera
histamina generalmente antes de transcurrir
dos horas desde la ingesta del alimento. Por
tanto, una alergia alimentaria se reconoce
porque provoca una reacción exagerada y evidente
de respuesta del sistema inmune ante cualquier
sustancia extraña que el organismo considera
potencialmente peligrosa para su salud. Reacción
que se manifiesta principalmente en la piel,
el estómago y los intestinos. En cambio, la
intolerancia o sensibilidad alimentaria se
manifiesta de forma más discreta e inespecífica
por lo que muchas veces sus síntomas pasan
inadvertidos. Y, sin embargo, es tal el número
de afectados por ella que se estima que entre
un 20 y un 30% de la población mundial es
intolerante a algunos de los alimentos más
comunes de nuestra dieta, lo que les acarrea
trastornos y molestias más o menos graves
que les impide llevar una vida normal.
¿POR
QUÉ NO PUEDO ADELGAZAR?
En suma, saber qué alimentos nos están perjudicando
y eliminarlos de nuestra dieta es cosa sencilla
cuando advertimos que un determinado producto
nos provoca una reacción indeseada de forma
inmediata. Pero, ¿qué ocurre si la reacción
no es tan evidente y no nos damos cuenta de
que somos sensibles o intolerantes a un determinado
alimento? Pues que podremos llegar a padecer,
sin saber realmente que la verdadera causa
reside en esa sensibilidad o intolerancia,
trastornos como hinchazón de abdomen, retención
de líquidos, flatulencia, mal olor corporal,
sobrepeso, obesidad, dificultad para adelgazar,
dolores de cabeza y de estómago, problemas
gastrointestinales, diarrea, sinusitis y otras
complicaciones respiratorias, artritis, problemas
de piel, fatiga crónica... y hasta cáncer.
Y por eso, por ser más difíciles de detectar,
hemos querido volver a tratar el problema
-del que ya hablamos extensamente en el número
27 de la revista (puede consultarlo en
nuestra web: www.dsalud.com)- con el doctor
Jesús Calderón, médico, doctor en Farmacia,
académico de la Real Academia de Medicina
de la Comunidad Valenciana y director de un
laboratorio que lleva su nombre y en el que
cada día se hacen numerosos tests de sensibilidad
a los alimentos.
-Doctor, ¿cómo define usted la llamada
intolerancia o sensibilidad alimentaria?
-Se trata de la reacción del cuerpo a
un alimento determinado. Cursa sin patologías
manifiestas y sin signos clínicos evidentes
lo que la diferencia de la alergia alimentaria
crónica. Lo que sí presenta la sensibilidad
es una serie de alteraciones que, sin ser
graves, son lo suficientemente molestas como
para impedir el desarrollo de una vida normal.
Las personas que las padecen no se sienten
en plenitud, no se encuentran del todo bien
y van de médico en médico sin encontrar la
solución a sus problemas.
-¿Qué ocurre en el cuerpo de estas personas
cuando, obviamente sin saberlo, ingieren el
alimento al que son sensibles o intolerantes?
-Pues, para simplificarlo, diremos que el
organismo identifica ese alimento como un
elemento extraño o invasor al que hay que
atacar o del que hay que defenderse. Verá,
cuando las partículas del alimento llegan
a la sangre, una vez han pasado la barrera
intestinal, se empiezan a comportar como antígenos;
y como es natural, el sistema inmune reacciona
formando los anticuerpos correspondientes.
-¿Y esa reacción es lo que da lugar a la
patología?
-Bueno, no la reacción en sí. En realidad
el tipo de patología dependerá del lugar en
el que se deposite el complejo antígeno-anticuerpo.
-¿Puede ser más explícito?
-Sí, verá. Por ejemplo, cuando ese complejo
se deposita en el riñón disminuye la filtración
glomerular y hay tendencia a la retención
de líquidos y, por consiguiente, al aumento
de peso y a la obesidad.
-Es decir, que la sensibilidad a un alimento
puede ser la causa de que una persona engorde
o no pueda adelgazar...
-Exacto. Hemos constatado que las personas
que tienen una notable retención de líquido
y no adelgazan a pesar de ponerse a dieta
o comer moderadamente suelen sufrir alguna
intolerancia alimentaria por lo que basta
hacerse el test y eliminar los alimentos a
los que es sensible para que adelgace.
-¿Y a qué otros trastornos puede dar lugar
una sensibilidad alimentaria?
-A muchos y muy variados. Además de la retención
de líquidos, la obesidad y el sobrepeso que
ya hemos mencionado también puede ser causa
de afecciones que van desde la hinchazón abdominal,
a la flatulencia pasando por dolores de cabeza,
problemas gastrointestinales, respiratorios
o de piel, entre otras. Eso sin contar con
que estas situaciones mantenidas en el tiempo
pueden degenerar en patologías más graves.
-¿Incluido el cáncer?
-Incluido el cáncer.
-La siguiente pregunta es obvia. ¿Qué se
puede hacer para prevenir o aliviar estos
trastornos? ¿Hay alguna solución?
-Pues afortunadamente sí y además es tremendamente
sencilla. Basta con someterse a un test de
sensibilidad que determine a qué alimento
o alimentos se es sensible y eliminarlos de
la dieta. Así de fácil. EL
EL
TEST DE LA DIETA MEDITERRÁNEA
-¿Puede explicarnos cómo se hace el test?
-Basta extraer un poco de sangre y analizarla.
Cuando en ella se observa un aumento considerable
de inmunoglobulinas G -específicas en cada
caso- sabemos que existe una situación de
sensibilidad alimentaria. Para que sus lectores
lo entiendan, las inmunoglobulinas G son los
anticuerpos específicos que el organismo genera
para combatir aquel alimento al que es sensible.
Luego, una vez determinado el alimento que
da problemas, basta con eliminarlo de la dieta
y los resultados serán verdaderamente satisfactorios.
-¿Está suficientemente comprobada la exactitud
del test? ¿Cuánto hace que lo aplica?
-Puedo decirle que no nos queda la menor duda
acerca de la precisión de los resultados que
arroja el test. Verá, hace siete años fuimos
los pioneros en España en utilizar, para la
detección de la sensibilidad alimentaria,
unas tecnologías fundadas en las alteraciones
morfológicas de los leucocitos en sangre.
Cuando utilizábamos estas técnicas los resultados
ya eran fiables pero aún así las sustituimos
por otras que ofrecían mayores ventajas y
garantías.
-¿Puede explicarnos en qué consisten esas
nuevas tecnologías?
-En la cuantificación de la reacción antígeno-anticuerpo
y de las inmunoglobulinas G específicas de
cada uno de los alimentos más comunes de nuestra
dieta mediterránea.
-¿Y en qué alimentos detecta el test la
intolerancia?
-Pues exactamente en cien. Los más típicos
y característicos de nuestra dieta. De hecho,
a los kits para la realización de los tests
se les llama "kits de la dieta mediterránea".
Lo importante es que nuestro test incluye
alimentos tan nuestros como las alubias, las
lentejas o los garbanzos, excluidos de las
pruebas de otros laboratorios que sustituyen
productos mediterráneos por alimentos de la
dieta norteamericana.
-¿Qué son exactamente los "kits" que ha
mencionado?
-Son los estuches de reactivos que utilizamos
para la realización de las pruebas. Se trata
de pequeñas placas o cajas con 100 pequeños
pocillos de tal manera que en cada uno de
ellos se encuentra el antígeno correspondiente
a cada uno de los 100 alimentos seleccionados
para la prueba.
-¿Y cómo se hace la prueba en sí?
-Depositando en cada uno de los pocillos o
departamentos una pequeña cantidad del suero
sanguíneo del paciente al que se le va a realizar
la prueba. Después se deja un tiempo suficiente
para que la reacción tenga lugar o no. El
complejo antígeno-anticuerpo formado se pone
de manifiesto con una coloración amarilla
cuya intensidad es proporcional al contenido
en anticuerpos del suero del paciente. Así,
con arreglo a esos resultados clasificamos
los alimentos de mayor a menor sensibilidad
y se establece cuáles deben eliminarse de
la dieta del paciente. También le entregamos
una relación de lo que se llaman "alimentos
ocultos".
-¿Alimentos ocultos? ¿A qué se refiere?
-Mire, cuando una persona da positivo, por
ejemplo, al trigo no es suficiente con no
comer pan. También tiene que eliminar de la
dieta todos aquellos alimentos en cuya composición
se emplee harina de trigo. Es decir, no debe
comer pasta, bollería, galletas, churros,
etc. Y eso mismo lo hacemos con todos los
alimentos a los que el paciente resulte sensible.
-Querría volver un momento al proceso de
realización de la prueba. Ha mencionado antes
que utilizan el suero sanguíneo del paciente
y no la sangre. Esto diferencia su método
de otros que existen en el mercado.
-Efectivamente. La gran ventaja de nuestro
método es la utilización del suero y no de
la sangre total. Cuando se utiliza sangre
es fundamental e imprescindible realizar la
prueba dentro de las 24 horas que siguen a
la extracción de la misma lo que representa
un gran inconveniente cuando ésta tiene lugar
lejos del laboratorio donde se procesan las
muestras. Por el contrario, cuando se emplea
suero conservado en nevera la muestra es válida
durante muchos días, lo que representa una
gran ventaja a favor de nuestro sistema.
-¿En qué tipo de situaciones puede ser
útil su método? ¿En qué casos puede ser una
solución auténtica para una persona?
-La verdad es que en muchos casos, demasiados
para exponerlos aquí pero le mencionaré los
más evidentes. Por ejemplo, en casos de trastornos
gastrointestinales pues es lógico pensar que
el equilibrio y buen estado del tracto gastrointestinal
está en gran parte vinculado a los alimentos
y a la sensibilidad a alguno de ellos o de
sus componentes. Digestiones pesadas, flatulencias,
diarreas, etc., representan el 20% de las
personas que acuden a ver al médico. Y una
gran parte de ellas -adultos y niños- encontrarían
alivio siguiendo escrupulosamente las indicaciones
derivadas del test. En Medicina General es
muy útil en el tratamiento de múltiples dolencias,
incluidas las migrañas. Resulta igualmente
interesante en el abordaje terapéutico de
rinitis, sinusitis y procesos afines. Y en
Medicina Deportiva contribuiría sin duda alguna
a mejorar el rendimiento físico del deportista.
Ya le digo que son muchas las patologías que
puede deberse a una intolerancia alimentaria.
-Ha dicho que es necesario que el paciente
siga escrupulosamente las indicaciones derivadas
del resultado del test. ¿Por qué lo recalca
de forma tan acusada?
-Pues porque ahí radica verdaderamente la
mejoría del estado del paciente. El test solamente
le dice por qué se encuentra mal y cómo resolverlo
pero es la persona la que tiene luego que
ser consciente de su problema y cumplir nuestras
indicaciones y las de su médico -al que pedimos
colaboración- a rajatabla. Únicamente así
obtendrá resultados satisfactorios. Los alimentos
a los que el paciente es sensible han de eliminarse
por completo de su dieta. No hay otra solución.
Es la única forma de encontrarse mejor y aliviar
sus dolencias. Lo hemos contrastado más allá
de toda duda.
-Suponemos que ninguno se negará a ello.
Gracias por su tiempo, doctor.
-Gracias a ustedes.
Laura
Jimeno Muñoz
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