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| TRATAN
CON UN CASCO QUE CREA CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS LAS PATOLOGÍAS
CEREBRALES |
El
equipo que dirige el profesor José Luis Bardasano
ha inventado un casco sin conexión a red que
genera campos electromagnéticos y estimula
los centros nerviosos del cerebro lo que permite
¡recuperar la información química y eléctrica
perdida entre las neuronas! El casco permitirá
tratar todas las enfermedades neurodegenerativas,
es decir, Alzheimer, Esclerosis Múltiple,
Ataxia de Friederich, etc., y muy especialmente
el Parkinson, enfermedad en la que la simple
colocación del aparato en el enfermo ha permitido
eliminar uno de sus síntomas característicos:
el temblor de mano.
Hace
ahora algo más de un año, durante una entrevista
al doctor José de la Hoz Fabra, reputado cardiólogo
y presidente de la Sociedad de Investigación
y Tratamiento por Electro-Magnetismo (SITEM)
-entrevista que se publicó en el nº 44 de
Discovery DSALUD- tuvimos ocasión de
conocer al profesor y doctor José Luis
Bardasano, director del Departamento
de Especialidades Médicas de la Facultad
de Medicina de la Universidad de Alcalá de
Henares (Madrid) y presidente de la Fundación
Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias
de la Salud, fundación de la que el propio
De la Hoz es vicepresidente.
Y durante aquel encuentro, casi casual, el
profesor Bardasano nos explicaría que -junto
a su equipo de colaboradores- llevaba algún
tiempo trabajando con un dispositivo generador
de campos magnéticos y que ya las primeras
observaciones le permitían ser optimista en
cuanto a las posibilidades de esta terapia
en el tratamiento de enfermedades tan graves
como el Parkinson.
Tan didáctica e interesante nos pareció su
breve exposición que le emplazamos a que,
cuando fuera oportuno, diera cuenta en estas
páginas de los resultados de su investigación.
Pues bien, ha llegado el momento.
SERES
BIOMAGNÉTICOS
Doctor en Ciencias Biológicas y licenciado
en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense
de Madrid, el profesor y doctor José Luis
Bardasano es uno de los mayores expertos europeos
en Bioelectromagnetismo. Ha escrito varios
libros y numerosos artículos sobre el tema
y, como ya hemos mencionado, actualmente compatibiliza
sus responsabilidades en la Facultad de Medicina
de la Universidad de Alcalá con la presidencia
de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo
y Ciencias de la Salud.
Pero tras este notable currículum hemos encontrado
a un hombre afable, prudente en sus afirmaciones
y dotado de la capacidad de hacer inteligible
el lenguaje y sencilla la explicación de complejas
cuestiones de ciencia que escapan al entendimiento
del común de los mortales. En fin, un agradable
conversador que sabe hacer interesante su
discurso. Prueba de ello es que, antes de
iniciar la entrevista propiamente dicha, el
profesor nos explicaría de forma muy didáctica
los conceptos básicos que explican el éxito
terapéutico de los campos electromagnéticos
en humanos:
-Verá, los humanos somos seres bioquímicos
y biomagnéticos porque nuestras células funcionan
a base de bioelectricidad y, por tanto, generan
magnetismo. Así pues, en todas y cada una
de ellas se forman campos electromagnéticos
que pueden ser influidos por campos externos.
Y de ahí que, controlados y modulados adecuadamente,
los campos electromagnéticos puedan ser utilizados
para tratar diferentes patologías.
-¿Incluso enfermedades neurodegenerativas?
-Sí, incluso las neurodegenerativas. La explicación
es la misma. Las neuronas no son más que células
especializadas del sistema nervioso. Como
el resto de las células, las neuronas tienen
dos componentes: uno bioquímico y otro biofísico.
Fabrican energía eléctrica y, como consecuencia
del movimiento de la energía eléctrica, producen
magnetismo. Por tanto, las neuronas son bioelectromagnéticas
y pueden ser estimuladas con campos electromagnéticos
externos.
-Ha mencionado que las neuronas son células
especializadas. En concreto, se las considera
especializadas en el proceso de información.
Reciben, almacenan y distribuyen información.
Por tanto, su función primordial es producir
y transmitir información en forma de impulso
nervioso. Pero, ¿cómo lo hacen?
-Básicamente comunicándose a través de
la sinapsis, que es como se denomina al contacto
que establecen dos neuronas entre sí para
hacer pasar los bits de información de una
a otra. Para que se haga una idea le diré
que hay tantas neuronas en nuestro cerebro
como estrellas en la Vía Láctea y que existen
tantas sinapsis como mil galaxias juntas.
-Un símil muy ilustrativo y, sencillamente,
asombroso. Si me lo permite, podríamos añadir
que el Nobel Santiago Ramón y Cajal definía
las neuronas como las "mariposas del alma".
Pero continúe, por favor.
-Hemos observado que existen distintos modos
de contacto o sinapsis. Uno de ellos, el más
evolucionado, es el de tipo bioquímico, es
decir, el que llevan a cabo los neurotransmisores.
La cuestión es que cuando se dan fallos en
la neurotransmisión y, por tanto, fallos bioquímicos
en el cerebro a causa de alguna enfermedad,
la información no se transmite de forma óptima
de una neurona a otra. Y es entonces cuando
hay que recurrir a otros métodos para conseguir
que las células nerviosas vuelvan a comunicarse.
-¿Para este propósito se puede recurrir
de forma efectiva a los campos electromagnéticos?
-Sí. De hecho, las neuronas se comunican
entre sí a través de los neurotransmisores
o de la electricidad. Por lo que cuando falla
la química sólo queda la posibilidad eléctrica.
Y en tales casos los campos electromagnéticos
pueden sustituir de forma efectiva a las sinapsis
bioquímicas. De esa forma la información -que
siempre es bioeléctrica- logra pasar de una
neurona a otra que es lo que se pretende.
CIENCIA
Y PARKINSON
El profesor Bardasano y su equipo -compuesto
por biólogos, físicos e ingenieros- lleva
tiempo trabajando con un dispositivo de neuroestimulación
magnética extracraneal en pacientes de Parkinson.
Esta tecnología, con forma de gorro o casco,
se encuentra aún en fase experimental pero
ya se ha contrastado que permite eliminar
-aunque de forma temporal- el síntoma quizá
más incapacitante del mal de Parkinson: el
temblor.
Y aunque similares resultados se están obteniendo
con otros métodos terapéuticos, el gran avance
aportado por Bardasano y sus colaboradores
es que los consigue con un método inocuo y
no invasivo.
-Vera, el Parkinson se debe a que en el cerebro
de la persona afectada se producen fallos
en los neurotransmisores. Concretamente, y
por causas que aún se desconocen, deja de
generarse un neurotransmisor, la dopamina,
que es la encargada de poner en marcha el
circuito del movimiento y que, en condiciones
normales, se produce en los núcleos basales
del cerebro. Al faltar este neurotransmisor
las neuronas dejan de comunicarse entre sí
y comienza a manifestarse la sintomatología
parkinsoniana.
-Torpeza de movimientos, rigidez muscular,
temblor e inexpresividad, entre otros. Por
eso a los afectados por este mal se les administra
mediante fármacos la dopamina que sus cerebros
han dejado de producir de manera natural y
que, por tanto, falta en el "circuito".
-Exacto. El inconveniente principal de este
método terapéutico es que, además de producir
efectos secundarios indeseables en muchos
casos, no es fácil que la L-dopa, (denominación
de la molécula que se les administra a estos
pacientes principalmente en forma de pastillas),
llegue a los sistemas donde se tiene que utilizar,
es decir, a los ganglios basales del cerebro.
-¿Por qué razón?
-Pues porque tiene que atravesar una
importante barrera que se establece entre
los vasos sanguíneos y el sistema nervioso.
Este impedimento es la barrera hematoencefálica,
una frontera muy selectiva a muchas sustancias.
Es precisamente por ella por lo que la L-dopa
que se suministra a los pacientes de Parkinson
muchas veces no puede ser utilizada por el
sistema nervioso. Simplemente, no llega a
los lugares donde debería llegar para ser
efectiva. Por eso este método no es del todo
efectivo para el tratamiento del Parkinson.
-En estos casos en que la farmacopea no
es efectiva el único recurso hasta ahora era
la cirugía que, indudablemente, implica unos
riesgos ciertos en cualquier caso pero más
cuando lo intervenido es el cerebro. El caso
es que a principios de los noventa se empezó
a practicar un procedimiento quirúrgico que
consiste en la estimulación cerebral mediante
electrodos que se implantan directamente en
los núcleos basales del cerebro, precisamente
allí donde no consigue llegar la L-dopa. El
propio paciente puede activarlos mediante
un generador de impulsos eléctricos que se
coloca junto a la clavícula de forma subcutánea.
-Así es. No es un método perfecto pero
es efectivo. Con él se consigue -mediante
campos eléctricos- hacer pasar la información
de una neurona a otra y eliminar en muchos
casos, no en todos, el temblor propio de estos
pacientes. Por tanto, la técnica es útil pero
tremendamente agresiva e implica los riesgos
que supone operar en el cerebro, como usted
bien ha dicho. Por eso, conociendo las limitaciones
del tratamiento farmacológico y los riesgos
del quirúrgico, varios miembros del Instituto
de Bioelectromagnetismo Alonso de Santa Cruz
nos pusimos en marcha para desarrollar
otro procedimiento alternativo que fuera eficaz
pero inocuo y no invasivo para abordar terapéuticamente
el Parkinson.
-Y ese otro procedimiento es el prototipo
que actualmente se encuentra en fase experimental
con pacientes de Parkinson que voluntariamente
se ofrecen para que se puedan comprobar los
efectos de este método. Pero, díganos profesor,
¿en qué se basaron para idearlo?
-Me temo que en este punto no voy a poder
ser todo lo explícito que me gustaría porque
la explicación nos llevaría horas, aunque
no tantas como las que mis colaboradores y
yo mismo hemos empleado para desarrollar este
dispositivo. Verá, para idearlo se han atendido
distintos principios y fundamentos biofísicos.
Por ejemplo, las características bioeléctricas
de las células; el conocimiento profundo de
la superconductividad en Física; la influencia
del campo geomagnético sobre la glándula pineal
y otros posibles órganos magnetosensibles;
el principio de la resonancia estocástica;
el desarrollo de ecuaciones teóricas de base
físico-matemática... En fin, múltiples variables
que se han ido analizando y valorando hasta
crear el prototipo y colocarlo sobre la cabeza
de un paciente. Pero por dar una respuesta
más sencilla a su pregunta le diré que la
base primordial que sustenta la idea de la
utilidad del casco son las leyes de Faraday
y el principio de la inducción electromagnética.
-¿Las leyes de Faraday?¿El principio de
la inducción electromagnética? ¿Puede ser
más explícito?
-Con gusto. Me explico. Faraday dedujo
-por mera observación- que la electricidad
puede convertirse en magnetismo y el magnetismo
en electricidad. Si nos basamos en esto podemos
deducir que no es necesario implantar electrodos
en el interior del cerebro. Basta con estimular
las neuronas desde el exterior del cráneo
mediante un campo magnético adecuado porque
el magnetismo lo atraviesa todo sin necesidad
de implantes. Por tanto, la enorme ventaja
terapéutica que ofrece nuestro casco es lograr
una estimulación magnética extracraneal que
se convierte en electricidad en el cerebro
sin someter al paciente a ninguna intervención
quirúrgica. Así pues, el casco es una manera
efectiva -aunque temporal- de paliar los síntomas
del Parkinson sin tener que pasar por un quirófano.
ESTIMULACIÓN
MAGNÉTICA EXTRACRANEAL
-Hemos adelantado ya parte de la explicación
a lo largo de la entrevista pero, concretamente,
¿en que consiste este dispositivo?
-Pues verá, se trata de un casco de plástico
flexible y semiesférico que se adapta a la
cabeza del paciente. Consta de 32 bobinas
de estimulación dispuestas en cuatro círculos
concéntricos con ocho bobinas en cada uno
de ellos. Dichas bobinas están unidas a un
pequeño generador mediante finos cables de
cobre. El generador estimula las bobinas y
éstas crean campos electromagnéticos -a la
frecuencia e intensidad deseadas- que atraviesan
el cráneo y llegan hasta los núcleos basales
del cerebro. Una vez allí se transforman en
electricidad y se restablece el lenguaje perdido
entre las neuronas. Así se facilita la producción
de dopamina y se reducen los temblores del
paciente de Parkinson.
-A esta técnica se la conoce como estimulación
magnética extracraneal. Y, díganos, ¿qué intensidades
tienen los campos generados por el casco?
¿Son totalmente inocuas?
-Completamente. Los campos son de muy
baja intensidad, casi ínfima, y siempre dentro
de valores fisiológicos. Lo que hace el casco
es aplicar campos electromagnéticos de frecuencia
extremadamente baja y con una intensidad del
orden de las picoteslas (la tesla es la
unidad de medida de la intensidad de campo
magnético).
Mire, el campo magnético del corazón humano
es un millón de veces más pequeño que el terrestre
y se mueve en el orden de las picoteslas.
Por su parte, el campo magnético del cerebro
es aún más pequeño que el del corazón. En
concreto, es un billón de veces más pequeño
que el campo magnético de la Tierra y sus
valores están en el orden de las femptoteslas
(unidades de medida aún más pequeñas que las
picoteslas). Pues bien, en nuestra terapia
utilizamos picoteslas que, por tanto, son
valores de intensidad compatibles con la fisiología
del ser humano. Con este orden de intensidad
es suficiente para no causar daño y para que
se recupere el lenguaje eléctrico de las neuronas
dañadas que es lo que interesa para que circule
la información.
-¿Es posible medir de forma exacta intensidades
tan bajas?
-Actualmente, sí. Hasta hace sólo unos
años no se disponía de aparatos suficientemente
sensibles como para detectar el campo magnético
de un ser vivo. Pero hoy, gracias al desarrollo
tecnológico propiciado por la ingeniería médica,
ya se dispone de interferómetros de superconductividad
cuántica, es decir, magnetómetros de altísima
sensibilidad que permiten el estudio de los
campos magnéticos de los seres vivos a todos
los niveles, incluso minúsculos. Gracias a
estos magnetómetros podemos registrar cada
uno de los campos magnéticos que se generan
en el cerebro y ayudarnos de ellos para tratar
a personas aquejadas de patologías neurodegenerativas.
-¿Pero cuando se está registrando la actividad
electromagnética del cerebro de una persona
no se corre el riesgo de que los datos sean
falseados por la contaminación electromagnética
ambiental?
-No cuando se toman en las condiciones
adecuadas, esto es, cuando se coloca al paciente
con el casco puesto dentro de lo que se llama
"jaula de Faraday" que no es otra cosa que
un receptáculo rodeado de una tela metálica
que aísla al individuo e impide la entrada
de otros estímulos electromagnéticos. Además
hemos ideado un sistema de estimulación que
consiste en activar el casco, desactivar la
estimulación y acto seguido registrar la respuesta.
Si se hace así no hay interferencias electromagnéticas,
se logra el objetivo y los datos que se obtienen
en los registros son completamente fiables.
RESULTADOS
ESPERANZADORES
-¿Qué resultados se han obtenido de la
utilización del casco en pacientes de Parkinson?
-Pues se consigue eliminar el temblor aunque
únicamente durante el tiempo que el paciente
lo lleva puesto. Cuando se lo quita los temblores
vuelven. También hemos observado que el éxito
es mayor en aquellos casos en los que el paciente
se encuentra en los primeros estadios de la
enfermedad.
-¿Cuánto tiempo puede llevarlo?
-Sólo durante una hora diaria y únicamente
de día y con luz natural.
-¿Y además de su aplicación en el tratamiento
no invasivo del Parkinson este método tiene
utilidad en otras patologías?
-Sí, principalmente en las neurodegenerativas
como el Alzeimer, la Esclerosis múltiple o
la Ataxia de Friederich pero también puede
ser útil para el tratamiento de otras enfermedades
como la migraña, la epilepsia, la depresión,
etc. Obviamente, es necesario seguir investigando
y trabajando. En todo caso, considero que
nuestra aportación es interesante ya que elimina
los inconvenientes de otras técnicas para
el tratamiento de una dolencia tan grave como
el Parkinson y éste, sin duda, es de por sí
un gran avance que quizá conlleve otros aún
más prometedores.
-Lo es. Y suponemos que los millones de
enfermos de Parkinson de todo el mundo estarán
expectantes ante lo que puede ser un primer
paso efectivo y sin riesgos para controlar
los síntomas de su enfermedad. No le robamos
más tiempo porque sabemos que es una persona
muy ocupada. Gracias, profesor
-A ustedes.
Laura
Jimeno Muñoz
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