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| ¡ESTAMOS
TODOS ALTAMENTE CONTAMINADOS! La contaminación ambiental y alimentaria
alcanza limites intolerables |
A
mediados de enero todos los medios de comunicación
dieron la noticia de que el salmón de piscifactoría
está contaminado y que ingerirlo más de dos
veces por semana es peligroso. La verdad,
sin embargo, es que lo del salmón no es más
que la punta del iceberg: la Mount Sinai School
of Medicine analizó hace algo más de 2 años
a 9 personas voluntarias que no pertenecían
a grupos de especial riesgo y encontró en
ellas hasta 167 sustancias tóxicas de las
que 76 son cancerígenas, 94 dañinas para el
sistema nervioso y el cerebro y 79 pueden
provocan defectos de nacimiento o un desarrollo
deficiente, entre otras cosas. Pero todo esto
se oculta.
La
reciente publicación en la prestigiosa revista
Science de un estudio sobre contaminantes
químicos en el salmón de piscifactoría del
que se han hecho eco numerosos medios de comunicación
nacionales ha causado tan honda preocupación
entre los españoles que su venta ha descendido
alarmantemente a pesar de las palabras tranquilizadoras
de la ministra de Sanidad y Consumo, Ana
Pastor, a quien los españoles, vista su
reacción en el mercado, no han creído. Ni
que decir tiene que una información así no
sólo perjudica seriamente a productores, distribuidores
y minoristas sino que produce un revuelo importante
en todo el sector, incluidos los estamentos
oficiales encargados de la seguridad alimentaria.
Claro que esos mismos estamentos saben desde
hace mucho tiempo -pero, por supuesto, no
se publica- que lo que pasa con el pobre salmón
de piscifactoría no es más que la punta del
iceberg de un problema gigantesco.
El lector debe saber que hace ahora algo más
de dos años se hizo público un trabajo dirigido
por la Mount Sinai School of Medicine -sita
en Nueva York- en colaboración con el Enviromental
Working Group and Commonwealth que fue
completamente ignorado por la mayor parte
de los medios de comunicación y, sin embargo,
pone de relieve de forma clara, rotunda y
analítica lo que sucede actualmente con la
contaminación química que afecta al medio
ambiente y, por tanto, a plantas, animales
y seres humanos.
¿Y qué informaciones contiene dicho estudio?
Pues en él se explica cómo los investigadores
que participaron en el mismo buscaron la posible
presencia de 210 sustancias diferentes en
la sangre y orina de 9 personas voluntarias
que no pertenecían a grupos de especial riesgo
encontrando en ellas una media de 91 compuestos
industriales, contaminantes y otras sustancias
químicas. ¡Y eso a pesar de que las personas
sometidas a análisis no trabajaban con sustancias
químicas en su labor diaria ni vivían en zonas
industriales!
De hecho, los datos son tan aplastantes que
la comisaria de Medio Ambiente de la Unión
Europea, Margot Wallstrom, ante las
criticas que recibió hace algunos meses por
denunciar que en el mundo se emplean alrededor
de 30.000 sustancias químicas insuficientemente
evaluadas... demostró de qué hablaba sometiéndose
a un análisis de su propia sangre.
Nada del otro mundo a pesar de su gravedad,
sin embargo, si se compara con las 167 sustancias
químicas diferentes que encontraron los norteamericanos
del Mount Sinai School of Medicine en
los 9 voluntarios analizados. Porque de esas
167 sustancias se sabe que 76 son cancerígenas,
94 tóxicas para el sistema nervioso y el cerebro,
79 provocan defectos de nacimiento o desarrollo
deficiente, 86 interfieren con el sistema
hormonal, 77 son tóxicas para el sistema reproductor
y 77 lo son para el sistema inmune (algunas
de las sustancias tienen varios efectos).
Esas 167 sustancias son básicamente compuestos
químicos como los policlorobifenilos (PCBs)
-se encontraron 48 tipos que permanecen en
el medio ambiente durante décadas y que si
bien se prohibieron en Estados Unidos en 1976
se usan aún en otros países como aislantes
en equipos eléctricos, bombas de vacío, etc.-,
dioxinas y furanos, pesticidas organofosforados
y metabolitos, pesticidas organoclorados y
metabolitos, ftalatos, otras sustancias químicas
volátiles y semivolátiles (solventes industriales
e ingredientes de la gasolina como el xileno
y el etilbenzeno) utilizadas en una variedad
amplia de productos como las pinturas y los
pegamentos - y metales tóxicos como el plomo
y el mercurio.
Sin olvidar que hay otro grupo de sustancias
no analizadas esta vez que se sabe que contaminan
ya a la mayor parte de los estadounidenses.
Dos ejemplos los constituyen la familia de
los químicos perfluorinados y un grupo de
compuestos conocidos colectivamente como retardantes
brominados del fuego.
En suma, la contaminación que hoy sufrimos
los seres humanos por sustancias químicas
industriales y pesticidas es gigantesca. Claro
que en muchos países -incluido Estados Unidos-
no se le exige a la industria que comunique
cómo utilizan sus compuestos químicos y cómo
afectan al medio ambiente. La Agencia de Protección
Medioambiental norteamericana, al menos, no
posee información fidedigna al respecto. Claro
que las leyes norteamericanas tampoco exigen
que se realicen pruebas básicas de cómo las
sustancias químicas que se fabrican pueden
afectar a la salud y la seguridad de las personas
antes o después de su comercialización. De
hecho, el 80% de las solicitudes para producir
una nueva sustancia son aprobadas por esa
agencia en tan sólo tres semanas sin tener
fiables de su posible incidencia en la salud.
Sólo las empresas que las fabrican saben realmente
si son peligrosas y pueden contaminar al ser
humano.
POLUCIÓN
Y SALUD
La situación, en definitiva, empieza a ser
dantesca. Un simple ejemplo: si se sabe desde
hace décadas que los pesticidas y sustancias
organocloradas actúan como disruptores endocrinos
y están íntimamente ligados a la aparición
de los tipos de cáncer hormonodependientes
(mama, próstata, ovarios, testículos, etc.)
y hay cientos de trabajos científicos que
demuestran la intensa presencia de estas sustancias
en la grasa de personas afectadas, ¿por qué
la prevención se sigue basando en la detección
precoz y no en la determinación de esas sustancias
en la sangre y los tejidos? Haciendo detección
precoz no hacemos otra cosa que huir hacia
delante. Además, a los profesionales de la
salud -médicos, farmacéuticos, veterinarios,
etc.- no se les prepara para relacionar problemas
de salud con la exposición individual a estas
sustancias tóxicas... cuando es evidente que
están íntimamente relacionadas con el incremento
de las enfermedades crónicas y degenerativas
en nuestra sociedad.
Y ahí están las cifras. Por ejemplo:
-Cáncer.
Entre 1992 y 1999 aumentó en Estados Unidos
la incidencia de cánceres de mama, tiroides,
riñón, hígado, piel, tejido conectivo de la
cavidad abdominal y algunos tipos de leucemias.
Y la incidencia de cáncer en niños aumentó
un 26% entre 1975 y 1999.
El mayor incremento se observa, en todo caso,
en los que afectan al sistema nervioso y al
cerebro (50%) así como en las leucemias linfocíticas
agudas (62%). El cáncer de testículo también
aumentó entre 1975 y 1999. Hoy, la probabilidad
de que un residente en Estados Unidos desarrolle
cáncer en algún momento de su vida es de un
50% en el hombre y de un 33% en las mujeres.
Y eso que sólo entre el 5 y el 10% de todos
los tipos de neoplasias están relacionados
con la genética individual y la herencia.
El resto está en gran parte provocado por
los problemas medioambientales y el estilo
de vida. Recordemos que en el estudio del
Mount Sinai se encontraron 76 tipos diferentes
de carcinógenos y que, por término medio,
cada participante tenía 56 carcinógenos químicos
en su organismo.
-Trastornos del sistema
nervioso. Estudios recientes demuestran
que la incidencia del autismo está aumentando
y actualmente es diez veces mayor que a mediados
de los años 80. Y el número de niños diagnosticados
con problemas de hiperactividad y trastornos
de la atención ha aumentado dramáticamente
en la última década. Las causas no se conocen
pero los factores medioambientales y la exposición
a agentes químicos se consideran potencialmente
implicados.
Como recordatorio añadiremos en este punto
que se detectaron 94 sustancias químicas tóxicas
para el sistema nervioso en todos los participantes
del estudio. Cada individuo tenía una media
de 62 tóxicos diferentes de este tipo.
-Defectos del sistema
reproductivo. Hay muchos estudios
sobre el recuento de espermatozoides, pubertad
adelantada, desarrollo precoz de mamas, hipospadia
(defectos de nacimiento en el pene), criptorquidia
(retenciones del testículo), etc., que demuestran
claramente la influencia de estas sustancias
en su desarrollo. Quizás su explicación esté
en los 77 productos químicos encontrados en
los voluntarios y que se relacionan con afecciones
del sistema reproductor. La media era de 55
sustancias diferentes de este tipo en el organismo
de cada uno de los voluntarios.
Resumiendo, los 9 participantes del estudio
tenían almacenados en su organismo:
-76 sustancias químicas productoras de cáncer
(una media de 53 por persona).
-94 sustancias químicas tóxicas para el cerebro
y el sistema nervioso (una media de 62 por
persona).
-86 sustancias químicas que interfieren con
el sistema hormonal (una media de 58 por persona).
-79 sustancias químicas asociadas a la producción
de defectos de nacimiento y desarrollo anormal
( una media de 55 por persona).
-77 sustancias químicas tóxicas para el sistema
reproductivo (una media de 55 por persona).
-77 sustancias químicas tóxicas para el sistema
inmune (una media de 53 por persona).
CARGA
TÓXICA
Tan alarmantes datos son sólo ejemplos de
nuestra "carga tóxica real". Dicho lo cual,
¿qué representa en realidad la noticia de
la contaminación de los salmones de piscifactoría
en todo esto? Pues que ese pescado no es sino
una víctima más. De hecho, resulta ridículo
hablar hoy en España de los peligros del salmón
cuando hay una alarmante contaminación por
anisakis en buena parte de los pescados que
se venden en nuestros mercados, problema ante
el que el Gobierno y los medios de comunicación
afines guardan un incómodo silencio.
¿Y dónde, cuándo y cómo entran tantas sustancias
químicas en nuestro organismo convirtiéndose,
en palabras de la doctora Sherry Rogers,
gran especialista americana en Medicina Medioambiental,
"nadamos en una sopa química de la que
no somos conscientes"? Son muchas las
hipótesis. Por ejemplo, recientes análisis
llevados a cabo por Greenpeace sobre
el polvo doméstico revelan que nuestro propio
hogar es una fuente contaminante que pasa
más desapercibida. Y el problema es que el
organismo es incapaz de metabolizar, detoxificar
y eliminar totalmente muchas de las sustancias
que se van acumulando durante años. El peligro
de exposición a estas sustancias de forma
combinada nunca ha sido estudiada.
Pero no sólo eso porque ocurre que la combinación
de diferentes compuestos puede ser perfectamente
sinérgica. Si valoramos así el riesgo, uno
más uno no tiene por qué ser dos sino que
pueden ser diez. A ese respecto el libro de
Fagin y Lavelle, "Desengaño
tóxico. Cómo la industria química manipula
la ciencia, se escamotea de las leyes y hace
peligrar su salud" (en inglés, "Toxic
deception. How the chemical industry manipulates
science, bends the law and endangers your
health". Centro para la Integridad pública.
Birchane Press) resulta especialmente revelador.
También es nuestro país la editorial Vida
Sana publicó hace ya varios años el libro
"Nuestro futuro robado" donde se dejaba
claro que la contaminación es una de las causas
fundamentales del incremento preocupante del
cáncer y otras enfermedades degenerativas
que nos afectan. Además, cualquier persona
puede hacer una revisión bibliográfica en
apenas unos minutos entrando en distintas
bases de datos científicas a las que tenemos
acceso en Internet y comprobar lo que los
toxicólogos llevan décadas denunciando.
No debemos, en cualquier caso, dejarnos arrastrar
por el pesimismo. Los gobiernos son esclavos
del statu quo y para tomar medidas
necesitan ponerse de acuerdo con infinidad
de sectores. Están amordazados y nadie quiere
ponerle el cascabel al gato. Y así nos va.
Los incumplimientos del Protocolo de Kyoto
son un ejemplo. Sólo nos queda denunciarlo
constantemente, tener paciencia y, sobre todo,
empezar a desintoxicarnos e intentar ir eliminando
poco a poco todas esas sustancias tóxicas
que nos rodean. Pero para ello hay que conocerlas
y eso implica un esfuerzo autodidacta nada
sencillo de llevar a cabo.
La doctora Rogers antes mencionada acaba de
publicar un libro fácil de leer para el público
profano que explica en detalle lo descrito
anteriormente exponiendo las medidas que podemos
tomar individualmente para desintoxicarnos.
Se titula Desintoxicarse o morir (Detoxify
or die) y puede pedirse en
www.prestigepublishing.com
Ante todo lo expuesto -y
lo que expondremos en el próximo número de
la revista-, cuando uno observa la persecución
brutal que sufren actualmente en Europa las
vitaminas, la fitoterapia o la homeopatía
con la excusa de proteger nuestra salud sabiendo
que en realidad las quieren considerar medicamentos
para proteger los intereses de la industria
farmacéutica tenemos cada vez más claro que
nuestros representantes no cumplen el más
elemental principio de proporcionalidad.
Rudolph
Hawkins
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S.L. C/ Puerto de los Leones 2, 2ª Planta. Oficina 9, 28220 Majadahonda,
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