Las enormes posibilidades terapéuticas de las
enzimas apenas son conocidas por la mayoría de los médicos. Sin
embargo, quienes se han dedicado a su investigación las consideran
"la fuente de la vida". Y es que hablamos de las unidades bioquímicas
esenciales que regulan todo lo que pasa en nuestro organismo,
cada una de sus operaciones metabólicas, coordinando la actividad
física, mental y emocional. De hecho, cuando en nuestro cuerpo
disminuye la actividad enzimática lo hace también la eficacia
de todos los sistemas. Las enzimas intervienen en todos los procesos
y, por tanto, cuando su actividad se detiene también nosotros
nos detenemos y morimos.
En su libro
Alternativa a la aspirina los doctores
Michael
Loes y
David Steinman llegan por ello a afirmar:
"Las enzimas son sustancias completamente naturales a las que
muchos expertos en salud consideran la medicina del futuro. Si
usted sufre dolor crónico por artritis o cáncer, tiene lesiones
o padece enfermedades vasculares, sufre problemas circulatorios,
prostatitis, sinusitis, herpes, colitis ulcerosas, la enfermedad
de Crohn u otras condiciones inflamatorias... las enzimas orales
sistémicas demostrarán ser el elixir que su cuerpo está pidiendo".
Una aseveración especialmente sorprendente porque rara vez -por
no decir nunca- los médicos recomiendan el consumo de complejos
enzimáticos.
FUENTES DE VIDA
Las enzimas son moléculas proteicas -es decir, proteínas- formadas
por largas cadenas de aminoácidos. Y todos los procesos metabólicos
y reacciones químicas del organismo dependen de ellas porque son
las encargadas de su activación o desactivación. Así, cuando se
requiere la producción de una determinada sustancia la célula
activa la enzima correspondiente y ésta se encarga de producir
la sustancia. Luego, una vez se posee la cantidad suficiente de
la misma su producción vuelve a bloquearse. Pues bien, en la activación
o desactivación de una enzima pueden llegar a intervenir auténticas
cascadas de enzimas conectadas sucesivamente. En la coagulación
sanguínea, por ejemplo, se requiere la activación de al menos
cuatro enzimas para que la trombina llegue finalmente a formar
el coágulo destinado a detener la hemorragia. A su vez, la desintegración
del coágulo por la acción de la
plasmita precisa la activación
de otras cinco enzimas. Sirva esto sólo como sencillo ejemplo
de la importancia que tienen estas moléculas para el correcto
funcionamiento de nuestro organismo.
Actualmente se conoce la función de cerca de 3.000 de las enzimas
existentes en nuestro organismo. Y como quiera que según los expertos
tenemos más de 50.000 es obvio que aún estamos en este ámbito
bastante desinformados. Lo que no obsta para que, tras décadas
de investigación, se sepa que muchas patologías aparecen cuando
el delicado equilibrio del que las enzimas son consecuencia y
a la vez causa se rompe, y el organismo deja de producir una determinada
enzima o lo hace en cantidades insuficientes.
Las enzimas, obviamente, se clasifican en función de las reacciones
que catalizan. Y según la
Enzyme Comission de la Unión
Internacional de Bioquímica pueden dividirse en seis tipos:
1)
Las
oxidorreductasas. Posibilitan la oxidación y reducción
biológicas.
2)
Las
transferasas. Transfieren grupos químicos de una molécula
a otra.
3)
Las
hidrolasas. Pueden ser de tres clases:
esterasas,
glucosidasas y
proteasas. Las primeras se encargan
de desmenuzar los lípidos o grasas, las segundas los glúcidos
o hidratos de carbono y las terceras los alimentos proteicos.
4)
Las
liasas. Establecen dobles enlaces entre átomos.
5)
Las
isomerasas. Trasladan grupos químicos dentro de la
misma molécula. Y,
6)
Las
ligasas. Sintetizan compuestos químicos consumiendo
energía. Ahora bien, las enzimas que primordialmente se utilizan
hoy con fines terapéuticos son las hidrolasas proteolíticas o
proteasas que se encuentran tanto en el mundo vegetal como en
el animal. Y se diferencian por la temperatura y el grado de acidez
(PH) a las que desarrollan su actividad óptima.
Desde hace aproximadamente cuarenta años se estudian especialmente
las extraídas de algunos vegetales -la bromelina, la papaína,
la amilasa y la lipasa- y algunos mamíferos -la tripsina, la quimotripsina
y la pancreatina-. Pronto se comprobó "in vitro" que algunas podían
destruir las células cancerosas. Luego, con el tiempo, se constató
que sus aplicaciones eran en realidad extraordinariamente variadas,
sobre todo por su condición de inmunomoduladores (modificadores
de la respuesta biológica-MRB), sustancias activas que se interrelacionan
de varias maneras con el sistema inmunitario. De hecho, hoy sabemos
que pueden actuar aumentando las defensas del organismo
-efecto
inmunoestimulante-, reparándolas
-efecto inmunorreparador-
o inhibiéndolas
-efecto inmunosupresor-. Por eso se utilizan
con frecuencia para amortiguar componentes hiperactivados del
sistema inmunitario o para estimular otras zonas.
Recordemos que nuestro sistema inmunitario reacciona constantemente
a las más diversas influencias del entorno y que en cada ocasión
la reacción inmunitaria está acompañada de una alteración en el
equilibrio del sistema que, por lo general, el organismo es capaz
de reestablecer a través de una serie de mecanismos controlados
por enzimas.
Las enzimas son, pues,
la condición previa para el mantenimiento
del equilibrio de todos los sistemas que intervienen en defensa
del organismo. Por esa razón la ingesta de enzimas proteolíticas
o proteasas es uno de los métodos terapéuticos más importantes
de la Enzimoterapia Sistémica -es decir, de su aplicación global
en el organismo- siendo su actividad positiva fácilmente constatable
cuando las defensas están bajas debido a situaciones de estrés,
inflamaciones agudas o crónicas, vasculopatías, enfermedades malignas
como el cáncer o infecciones víricas. De hecho, los complementos
elaborados con mezclas enzimáticas figuran hoy en todo el mundo
entre los productos más innovadores y de mayor éxito en el tratamiento
de muy diversas patologías, entre ellas el cáncer.
CONSUMO Y EFECTOS GENERALES
Las enzimas se pueden consumir oralmente o introducirlas a través
del recto. Al principio se pensó que los jugos gástricos las destruían
o que no se absorbían bien en el intestino pero actualmente se
sabe que no es así. Y su principal ventaja es que carecen de efectos
secundarios negativos. Su único inconveniente es que deben ingerirse
en grandes cantidades porque es difícil introducir el número suficiente
de las enzimas que se precisan para un tratamiento en una sola
gragea. La enzima
tripsina, por ejemplo, tiene un peso
molecular de 24.000 mientras el del ácido acetilsalicílico es
de 200. De ahí que un comprimido pequeño pueda contener el número
suficiente de moléculas de ácido acetilsalicílico para aliviar
una cefalea. En cambio, si la molécula de aspirina fuera del tamaño
de la tripsina sería necesario ingerir aproximadamente 200 comprimidos
para conseguir el efecto buscado.
Es su único "inconveniente" pero fácilmente asumible ya que la
ingesta masiva de enzimas carece de efectos negativos.
En cuanto a los principales efectos terapéuticos de las enzimas
proteolíticas son -según uno de los principales investigadores
de las mismas, el doctor
Heinrich Wrba, del
Austrian
Cancer Research Institute, centro perteneciente a la Universidad
de Viena- las siguientes:
1)
Inhiben la inflamación y reducen la tumefacción.
Para lo cual:
- degradan fragmentos celulares y mediadores de la inflamación.
- degradan las moléculas proteicas que se desplazan desde el torrente
sanguíneo hasta los tejidos causando edemas.
2)
Mejoran la fluidez de la sangre. Lo que consiguen porque:
- aumentan la elasticidad de los eritrocitos.
- inhiben la agregación plaquetaria.
- incrementan la actividad fibrinolítica en la sangre.
- aceleran la degradación de los inmunocomplejos.
- inhiben la acción destructora celular de la cascada del complemento.
- estimulan la fagocitosis.
3)
Actúan regulando el sistema inmunitario. Y es que:
- inhiben la formación de moléculas de adhesión.
- condicionan de forma positiva las células inmunitarias del sistema
fagocítico mononuclear.
- regulan el equilibrio de sustancias que actúan como mensajeros
celulares, tales como el Factor de Necrosis Tumoral y la interleuquina.
- activan los macrófagos y las células asesinas naturales.
LAS ENZIMAS Y EL CÁNCER
La verdad es que los hombres se han servido de las enzimas desde
tiempos remotos. Hace mucho tiempo ya que se descubrió que un
simple zumo de uva o de cereales podía transformarse, a través
de la fermentación, en un líquido de degustación placentera...
y curativa. En Centroamérica y América del Sur, por ejemplo, se
usan desde hace mucho tiempo las hojas y el fruto de plantas como
el melón o la piña como medicinas. Es más, todas las culturas
tradicionales han usado emplastos vegetales en sus artes curativas
aprovechando así las posibilidades de las enzimas vegetales y
provocar reacciones del sistema inmunitario. Aunque no sería hasta
comienzos del siglo XX cuando el estudio científico de las enzimas
en el tratamiento del cáncer recibió el impulso que necesitaba...
a pesar de las constantes trabas del oficialismo médico que continúa
incluso hoy. Porque fue entonces cuando el embriólogo
John
Beard publicó
The Enzyme Treatment of Cancer and Its Scientific
Basis, obra en la que explicaba el uso de las enzimas digestivas
como agentes anticancerígenos. En él sostenía que las enzimas
producidas por el páncreas constituían la primera línea de defensa
del cuerpo humano frente al cáncer en base a lo que denominó
Teoría
Trofoblástica según la cual las células cancerígenas son de
la misma naturaleza que las células trofoblásticas encargadas
de elaborar la placenta para la instalación del embrión: invasivas,
corrosivas y metastásicas
(vea el lector de forma más extensa
en nuestra web lo publicado al respecto en nuestro número anterior).
El caso es que Beard suministró a sus enfermos de cáncer jugo
depurado extraído del páncreas de animales, bien aplicándolo directamente
en la zona donde se localizaban los tumores malignos, bien inyectándolo
en vena. Sólo que, como ya explicamos el mes pasado, su teoría
fue rechazada porque los médicos que pretendieron imitarle no
consiguieron los mismos resultados. Claro que, a la luz de lo
que un siglo después sabemos, resulta que estaban cometiendo un
grave error. Beard elaboraba siempre su extracto con páncreas
fresco de corderos y terneros recién sacrificados asegurándose
así de que el jugo obtenido poseyera una elevada actividad enzimática.
Quienes trataron de imitarle, por el contrario, utilizaron extractos
de páncreas elaborados horas o días antes ignorando que las enzimas
pierden su actividad en poco tiempo. Por eso sus colegas, ignorantes
de ese hecho, se limitaron a rechazar sus teorías y resultados.
Afortunadamente a mediados del pasado siglo XX el uso de enzimas
para tratar el cáncer volvió a coger impulso gracias a los trabajos
de
Max Wolf -catedrático de Medicina en la
Fordham University
de Nueva York- quien descubrió que la adición de enzimas en
la sangre de personas enfermas de cáncer restablecía su función
destructora de las células cancerosas. Comprobando además que
la combinación de distintas enzimas proteolíticas -de procedencia
tanto vegetal como animal- permitía aumentar considerablemente
ese efecto. Aquellas combinaciones enzimáticas, optimizadas después
de múltiples y elaborados ensayos, se denominarían más tarde
WoBe
(las dos primeras letras de los apellidos de Wolf y
Hellen
Benítez, su principal colaboradora). Wolf observó además efectos
positivos de su tratamiento enzimático en otros procesos patológicos
como enfermedades vasculares, linfedema, herpes zoster, cicatrización
de heridas e inflamaciones. Y dio a conocer los resultados obtenidos
en muchas publicaciones así como en su libro
Enzimoterapia
(Viena 1970). Está de más decir que sus investigaciones abrieron
un amplísimo campo de investigación, sobre todo en Europa donde
quizás la figura más representativa sea el doctor
Karl Ransberger,
director del
Instituto Médico de Investigación Enzimática de
Munich y cabeza de uno de los principales laboratorios mundiales
dedicados a las combinaciones enzimáticas.
MECANISMOS DE ACTUACIÓN
Aunque la Enzimoterapia es especialmente útil en la prevención
primaria (aparición del tumor) y secundaria (recidivas) los efectos
activadores y reguladores de las enzimas sobre el sistema inmunitario
son útiles en todas las fases de la enfermedad cancerosa. "Hay
-afirma ya mencionado doctor Heinrich Wrba- dos tipos de terapia
para el tratamiento inmunológico del cáncer: incrementar el reconocimiento
de las células tumorales por el sistema inmunitario -es decir,
su immunogenicidad- y fortalecer y estimular las diversas partes
del sistema inmune. Pues bien, las enzimas proteolíticas pueden
jugar ese papel en ambos aspectos ya que aumentan la immunogenicidad
de las células tumorales y, al mismo tiempo, apoyan el sistema
inmune a distintos niveles". En suma, según sus explicaciones
las enzimas actúan, por un lado, frente a la célula tumoral:
a) Alterando
las moléculas de superficie de la membrana celular.
b) Liberando
los antígenos de la célula tumoral.
c) Disminuyendo
la capacidad de adhesión de las células tumorales. Y por otro,
consiguiendo una mayor eficacia del sistema inmunitario mediante:
a) La degradación
de los inmunocomplejos circulantes (eliminación de los "factores
bloqueantes" de la actuación del sistema inmune).
b)
El aumento de la fagocitosis (eliminación de los "factores
bloqueantes").
c)
La activación de los macrófagos y células asesinas naturales
(ataque directo contra las células tumorales).
d) La secreción
de sustancias mensajeras celulares (FNT, interleuquina). e) La
inhibición de las moléculas de adhesión responsables de las metástasis
y el aumento de la fibrinolisis.
Conviene explicar que uno de los planteamientos propuestos por
la Oncología es que las células tumorales se vuelven invisibles
al sistema inmune mediante modificaciones en la membrana celular
y la segregación de factores bloqueantes. Y en esa línea de
camuflaje
hay que señalar que una de las características de las células
cancerosas es su viscosidad. Por eso las personas enfermas de
cáncer son más propensas a las trombosis, embolias y flebitis.
Cuanto mayor es la tendencia del tumor a formar metástasis mayor
es la capacidad de adherencia de las células y la razón podría
ser que las células cancerosas utilicen "fibrina" para camuflarse
enmascarando así su condición de células malignas. Ello significaría
que la degradación de la fibrina no sólo impide la formación de
metástasis sino que, al mismo tiempo, expone a las células cancerosas
a los sistemas de defensa del organismo. Es decir, las enzimas
proteolíticas disminuyen la capacidad adhesiva de las células
cancerosas e inhiben de esa manera el crecimiento invasivo y la
formación de metástasis en distintas patologías cancerosas.
INCIDENCIA EN EL FACTOR DE NECROSIS TUMORAL
El otro sistema de ocultamiento utilizado por las células cancerosas
es el desprendimiento de señuelos, moléculas superficiales que
se unen con anticuerpos específicos formando
inmunocomplejos
que confunden y paralizan a las células inmunitarias. Han
sido denominados por los investigadores
factores bloqueantes
porque bloquean el sistema de depuración, no se eliminan por
medio de la fagocitosis y permanecen en el tejido o circulando
en la sangre o en la linfa. Estos
inmunocomplejos presentes
en la sangre, la linfa y el tejido tumoral desempeñan un papel
determinante en múltiples cánceres. Este aspecto ha sido investigado
particularmente en los linfomas, reticulosis, hemoblastosis y
carcinomas de mama, pulmonar y gástrico así como en toda una serie
de carcinomas de colon, páncreas, ovarios y en los melanomas.
Pues bien, está demostrado que la Enzimoterapia Sistémica desdobla
los inmunocomplejos y activa su degradación intensificando la
fagocitosis.
La célula tumoral también utiliza señuelos para evitar otra de
las armas de nuestro sistema inmune: el Factor de Necrosis Tumoral
(FNT), una molécula relativamente pequeña segregada por los macrófagos
capaz de destruir las células cancerosas. Sin embargo, resulta
que el FNT pierde su eficacia cuando estas moléculas se agrupan
formando estructuras mayores (polímeros) o cuando se fijan a receptores
que, como señuelos, se han desprendido ya de las células tumorales.
Como las enzimas se fijan en la sangre a proteínas de transporte
-la más importante de las cuales es al mismo tiempo responsable
del control y regulación de la acción del FNT- a través de la
acción conjunta las enzimas proteolíticas son capaces de regular
el metabolismo alterado de estas sustancias mensajeras celulares.
Además rompen la unión bloqueante de las moléculas de FNT o polímeros
de FNT recuperando así sus funciones citotóxicas.
También actúan las enzimas sobre los factores de crecimiento tumoral.
El doctor
Lauer demostró en
Cancer Chemother Pharmacol
(2001) que la ingesta oral de proteasas -tripsina, quimotripsina,
papaína o bromelina- es beneficiosa en pacientes con cáncer, cuando
se encuentran presentes en cantidades elevadas, al reducir el
nivel de factores de crecimiento tumoral. Estudios complementarios
efectuados por la doctora
Lucía Desser -de la Universidad
de Viena- demostraron que las enzimas proteolíticas reducen además
el TGF-beta, factor de crecimiento tumoral presente en muchos
procesos cancerígenos.
MOLÉCULAS DE ADHESIÓN
Otro factor que puede combatirse con las enzimas es la capacidad
de adhesión a las paredes vasculares de las células cancerosas
para iniciar una metástasis para lo cual se sirven de unas sustancias
adhesivas llamadas moléculas de adhesión. Sólo cuando la célula
cancerosa ha establecido contacto con el endotelio a través de
esta molécula está en situación de infiltrarse y desarrollar una
metástasis. Respecto al melanoma maligno, la molécula de adhesión
es la
vitronectina. Bueno, pues la doctora Desser logró
demostrar que las enzimas bloquean la adhesión por medio de la
suspensión de la formación de
vitronectina en la superficie
celular impidiendo así la metastatización. Igualmente en el carcinoma
de mama y colon tiene importancia la molécula de adhesión CD44.
Pues bien, el doctor berlinés
Rudolf Kunze demostró que
las enzimas proteolíticas modifican esta molécula de adhesión
hasta el punto de inhibir la metástasis.
Otra investigación realizada en 1997 por
Tibor Harrach y
Frank Gebauer sobre la capacidad de varias enzimas proteolíticas
para modular la molécula de adhesión CD44 -fundamental también
en el proceso de progresión del tumor y posterior metástasis-
reveló que
"las enzimas proteolíticas -como la bromelina, la
papaína y la quimotripsina- pudieron modular la molécula CD44
en las células de origen de la leucemia así como en las líneas
celulares de melanoma y carcinoma mamario. El efecto más pronunciado
se consiguió utilizando la bromelina. Pero el tratamiento de proteasas
no sólo redujo la concentración de epítopes (lugares de anclaje)
de CD44 en la superficie de células del tumor: los resultados
implican que el tratamiento con las enzimas proteolíticas podría
ser útil para reducir la conducta metastásica de las células malignas".
En un estudio del año 2001
M. Wald confirmó esta disminución
de CD44 y CD54 demostrando además que una mezcla de enzimas podía
reducir la formación de metástasis de melanoma B16 al tiempo que
el tiempo de supervivencia se alargaba significativamente. Concluyendo
que la serina y la cisteína son capaces de inhibir la metastatogénesis.
MÁS ALLÁ DE LA INVESTIGACIÓN
Las enzimas proteolíticas, además de bloquear los mecanismos de
escape, aumentan la capacidad de las principales células de defensa
del sistema inmune -macrófagos, células asesinas naturales y linfocitos
T- encargadas de reconocer las células cancerosas a través de
las moléculas de superficie y destruirlas.
A nadie puede extrañar, en suma, que hoy las enzimas se usen ampliamente
como terapia complementaria en el tratamiento del cáncer. Datos
clínicos objetivos apoyan su eficacia en tumores de cerebro, tumores
epiteliales en la región de la cabeza y el cuello, cáncer de pulmón,
melanoma maligno, mieloma múltiple, leucemia, linfoma de células
T, cáncer de estómago y colon, enfermedades cancerosas del abdomen,
cáncer pancreático y tumores en la cerviz, pecho y útero. Los
beneficios se extienden a la prolongación de la vida, la mejora
de su calidad y una clara mejoría en los marcadores tumorales.
"Yo he visto un tercio de casos de cáncer pancreático -ha llegado
a asegurar Wrba- completamente curado frente a aproximadamente
dos tercios que no han respondido bien lo que para este tipo de
cáncer es un resultado excelente. Basado en la experiencia, el
resultado para la mayoría de los pacientes es una mejoría con
la terapia sistémica de enzimas orales. Las enzimas son mi medicina
adyuvante favorita para cualquier tipo de cáncer. Eso sí, es esencial
tomarlas en dosis muy altas. Nosotros logramos el efecto beneficioso
con 30 píldoras tres veces al día".
Hay que agregar que en esta misma línea están los trabajos ya
citados en esta revista del doctor
Nicholas González que
tiene publicados en Nutrición y cáncer
(lea el artículo aparecido
en el nº 66) y
que han dado lugar a la puesta en marcha de un estudio del Instituto
Nacional del Cáncer de Estados Unidos sobre la eficacia de las
enzimas digestivas. González explicó que después de un año de
tratamiento con grandes dosis de enzimas pancreáticas porcinas
-ingeridas oralmente-, suplementos nutritivos, procedimientos
de desintoxicación y una dieta orgánica el 81% de los pacientes
que sufrían en fase inoperable adenocarcinomas pancreáticos -en
grados III y IV- habían sobrevivido un año, el 45% sobrevivió
2 y el 36% lo hizo 3 años. Estos resultados mejoran espectacularmente
las cifras de supervivencia oficiales: un 25% de supervivencia
durante un año y un 10% de supervivencia a dos años para todas
las fases de adenocarcinoma pancreático.
Pero no sólo hay registrados buenos resultados en los casos de
páncreas. Sobre los efectos de las enzimas en el caso de cáncer
de colon un trabajo publicado
en Cáncer, Chemotherapeutics
and Pharmacology informa que los pacientes tratados de cáncer
de colon con enzimas orales experimentaron una significativa reducción
de los síntomas asociados a la enfermedad. Así lo afirma el director
de la investigación
Tadeuz Popuela, del
Department of
General Gastroenterological Surgical Clinica de Cracovia (Polonia).
Al mismo tiempo se redujeron las reacciones adversas a los tratamientos
convencionales: radioterapia y quimioterapia.
También existen estudios sobre la eficacia en el tratamiento de
la hepatitis C, en muchos casos causa de cáncer hepático. En un
estudio comparativo de posibles tratamientos del Departamento
de Hepatología, Gastroenterología y Enfermedades Infecciosas del
Hospital Universitario Benha de El Cairo la conclusión
fue que los mejores resultados se dieron en el grupo tratado con
una combinación de enzimas hidrolíticas más el flavonoide
rutosid
por delante del grupo tratado con
interferón-a o con
ribavirin.
Y aún podríamos mencionar más estudios que apuntan en la misma
dirección de eficacia de las enzimas como los de
S. Batkin
en el
Journal Cancer Research Clinical Oncology (1998)
-en el que se demuestran los efectos antimetastásicos de la bromelina
y otras enzimas proteolíticas en pacientes de cáncer- o los de
E. Grabowska en el
Internacional Journal of Clinical Oncology
informando de la eficacia de la bromelina para suprimir el crecimiento,
invasión y metástasis pulmonar de melanoma B16F10 en células de
ratón.
Algunos investigadores han utilizado las enzimas en combinación
con otras sustancias naturales. El doctor
Wolfgang Scheef y
el doctor
Hans Hoefer-Janker, responsables del desarrollo
de tres agentes anticancerígenos -la
ciclofosfamida (o
Cytoxan), la
isofosfamida y la
A-Mulsin -una
emulsión concentrada de vitamina A que se administra en enormes
cantidades-, desarrollaron un complejo de enzimas cuidadosamente
equilibrado que utilizan de forma coadyuvante en ciertos tipos
de cáncer conscientes de que las enzimas proteolíticas y la vitamina
E pueden conducir a la involución de los tumores benignos del
tejido conectivo (fibromas) e, incluso, del carcinoma de mama.
En esta misma línea decidieron ensayar también con enzimas y vitamina
E en casos de mastopatías (nódulos no cancerígenos de mama). El
éxito fue sorprendente y después de sólo seis semanas el 85% de
las pacientes estaban asintomáticas. En muchas de ellas se confirmó
la involución completa de las alteraciones nodulares.
En un caso extremo, Scheff llegó a inyectar varias ampollas de
enzimas líquidas en el adenocarcinoma de una mujer de cincuenta
y cinco años y el tumor, del tamaño de un melón, se redujo rápidamente
rezumando un líquido purulento compuesto de células de cáncer
muertas. Dos años después la mujer estaba totalmente libre de
cáncer. Una experiencia muy similar a la que tuvo el doctor
Harold
Manner quien llegó a ser responsable de la sección de Biología
de la
Universidad de Loyola (Chicago), puesto que tuvo
que abandonar al defender sus teorías sobre el uso de la vitamina
B17 y las enzimas en la lucha contra el cáncer. Manner usó una
combinación de vitamina A, un complejo de enzimas y vitamina B17.
Sus resultados fueron publicados en su libro
La muerte del
cáncer. Después de seis u ocho días apareció una ulceración
en el tumor de la que salió un líquido parecido a pus
(lea
el lector lo publicado en el número 64 de la revista respecto
del tratamiento del cáncer
con vitamina B17). Un examen de este fluido también
reveló en este caso la presencia de células cancerosas muertas.
Los tumores sufrieron una regresión completa de forma gradual
en el 75% de los animales. Esto representó el 89% del grupo total.
Los otros 9 animales mostraron sólo una regresión parcial. Cuando
Manner repitió su experimento probó combinaciones diferentes de
vitaminas, enzimas y B17. Y según sus resultados la vitamina B17
tomada sola apenas tenía efectos apreciables pero su ingesta junto
con las de enzimas multiplicaba enormemente la eficacia. Era mucho
mayor que la de ambos productos tomados separadamente
QUIMIO-RADIO Y ENZIMAS
Absurdamente ignorada por los médicos, la administración de enzimas
tiene también gran importancia como coadyuvante en los tratamientos
de quimioterapia y radioterapia. No sólo porque su ingesta disminuye
los efectos secundarios sino también por el aumento que se consigue
en las expectativas de vida. En una importante investigación,
el profesor
Beaufort -de la
Universidad de Graz-
demostró que la administración simultánea de preparados enzimáticos
de combinación reducía de forma muy significativa los efectos
secundarios de la radioterapia. Los pacientes toleraban el tratamiento
mucho mejor. Este efecto protector de las enzimas proteolíticas
se extiende también a las inflamaciones de las mucosas como consecuencia
de la administración de radioterapia en la cavidad oral.
M.
Gujral, en un trabajo titulado
Eficacia de las enzimas
hidrolíticas en la prevención de efectos colaterales inducidos
por la radioterapia en pacientes con cáncer de cabeza y cuello
y
P. Dale en otro titulado
Comedicación con enzimas
hidrolíticas en la radioterapia de cáncer de cerviz y uterino:
evidencia de la reducción de efectos colaterales agudos demostraron
igualmente que las enzimas representan un gran alivio para los
pacientes sometidos a los habituales tratamientos de radioterapia,
como mucositis o irritación y ulceración de las células mucosas
que revisten el tracto digestivo, reacciones superficiales y disfagia,
dificultad para tragar en los pacientes con cáncer de cabeza y
cuello, y cáncer de cerviz uterino.
Y hay muchos otros trabajos que certifican las posibilidades de
las enzimas. En la conclusión de un estudio multicéntrico epidemiológico
del
Institute for Scientific Evaluation of Naturopathy de
la Universidad de Colonia sobre tratamiento postoperatorio con
enzimas orales puede leerse:
"El tratamiento complementario
de pacientes de cáncer de pecho con enzimas orales mejora la calidad
de vida reduciendo las señales y síntomas de la enfermedad y los
efectos colaterales de las terapias antineoplásicas adyuvantes.
Este análisis proporciona también evidencias de que los pacientes
pueden beneficiarse de una prolongación de tiempo antes de una
recidiva o una metástasis pero también de una mayor expectativa
de supervivencia".
En resumen, los sorprendentes efectos de la ingesta de enzimas
en pacientes con cáncer, sobre todo como terapia complementaria,
han sido documentados además de por los organismos e instituciones
ya citados en este artículo por la
American Medical Association,
la
American Heart Association, la
Zoological Society
of Philadelphia, la
Tokyo Imperial University, la
Cornell University, la
John Hopkins University, la
UCLA's School of Medicine, la
Canadian Medical Association
y el
Russian Institute of Biochemistry, por nombrar algunos
más. Estas instituciones, colectivamente, ofrecen evidencias de
que las enzimas son la principal causa y, al mismo tiempo, de
curación de buena parte de las enfermedades. En otras palabras,
la salud depende de la producción correcta y equilibrada de enzimas
y la enfermedad de su destrucción. Y sólo estamos al principio
de conocer las auténticas posibilidades de esta "fuente de vida".
Antonio F. Muro
Las enzimas digestivas
Recuadro Las enzimas digestivas Para los expertos en Enzimoterapia
no hay duda de que las enzimas pancreáticas forman la primera
línea de defensa del cuerpo contra el cáncer. Siendo dos enzimas
en particular -la tripsina y la quimotripsina- especialmente importantes.
El problema es que hay muy diversas causas para una deficiente
producción enzimática. Por ejemplo,
-La excesiva ingesta de comida. Todo exceso alimentario requiere
una gran cantidad de enzimas pancreáticas para hacer la digestión
lo que disminuye la producción de enzimas para luchar contra el
cáncer.
-Una dieta incorrecta que requiera excesivo tiempo para su aprovechamiento
nutricional.
-La falta de determinados elementos nutritivos -vitaminas, minerales,
aminoácidos, etc.- absolutamente necesarios para el metabolismo
normal del páncreas.
-La escasez de minerales en nuestra dieta ya que son esenciales
para iniciar la actividad de las enzimas.
-El fracaso del intestino delgado a la hora de generar los activadores
pancreáticos adecuados.
-La obstrucción del flujo de secreción pancreático.
-El deficiente o nulo suministro de sangre a determinadas áreas
lo que impide la afluencia de enzimas a la zona.
-Un equilibrio inadecuado del pH (balance ácido/alcalino)) dentro
del tracto intestinal y/o dentro de la masa tumoral.
-Infecciones bacterianas o virales.
-Los numerosos productos tóxicos presentes en la cadena alimenticia,
los medicamentos, etc.
-La inestabilidad emocional y los fuertes traumas psicoemocionales.
-Los daños en el intestino delgado por diversas enfermedades que
impiden la absorción de las enzimas.
-La inestabilidad y debilidad del sistema nervioso autónomo.
-La herencia genética.
Añadamos que la mejor manera de proteger nuestras enzimas digestivas
es moderar al máximo el consumo de proteínas cárnicas, consumir
productos vegetales ricos en enzimas y complementar nuestra dieta
con suplementos vitamínicos, ortomoleculares y enzimáticos.