Vivimos en un mundo de apariencias donde nada
es lo que parece y la realidad menos que nada. Nos sentimos cómodos
pensando que estamos formados por materia sólida cuando esa impresión
no es sino una mera formulación cultural que no soporta el más
mínimo análisis científico. Por lo que respecta a nuestro cartesiano
Occidente ya
Albert Einstein formuló que la materia no
es sino energía con lo cual empezó a desmoronarse la idea de un
universo sujeto a leyes mecánicas que está simplemente a la espera
de ser reformulado en función de la nueva Física Cuántica. Y esa
nueva visión del mundo y del ser humano nos está obligando a iniciar
un vertiginoso descenso desde nuestra aparente realidad externa
hasta detenernos en el último nivel comprensible por el momento,
aquel en el que descubrimos que los mecanismos de la vida son
regulados por oscilaciones electromagnéticas muy precisas como
consecuencia final de que a cada átomo le corresponde un campo
eléctrico. La coordinación intracelular e interorgánica se realiza
a nivel de estas ondas electromagnéticas cargadas de información
producidas por nuestras propias células. Se puede hablar incluso
de un "lenguaje intercelular". Y el lenguaje de las células está
constituido por ondas vibratorias que hoy es posible medir. Ondas
que son específicas para cada órgano y función lo que permite
escoger la información que se les puede enviar cuando un problema
comienza a manifestarse... siendo el mensaje transportado bien
por ondas correctoras, bien por un remedio terapéutico con su
propia composición electromagnética.
Probablemente fue en 1930 cuando comenzó la aventura científica
que hoy nos permite entender mejor esta realidad. Un físico ruso,
Lakovsky, publicaba entonces en Francia su
"Teoría de
la oscilación celular" en la que, entre otras cosas, afirmaba:
"La vida es una cuestión de ondas electromagnéticas y se basa
en los principios de resonancia de las mismas". En otras palabras,
las células vivas son pequeños osciladores que reciben información
y la emiten merced a los mismos principios.
Otro compatriota suyo,
A. Gurvich, experimentó con cultivos
de bacterias y logró transmitir sus propiedades virulentas a través
de un vidrio de cuarzo que servía de pantalla antiparasitaria.
Lo que le permitió concluir que determinadas propiedades de los
organismos vivos se pueden transmitir electromagnéticamente.
Veinte años más tarde un físico inglés,
H. Frolich -Premio
Nobel- confirmaba los trabajos de Lakovsky.
"Las células emiten
campos electromagnéticos -afirmó-.
Y me parece que se comunican
entre ellas mediante ondas electromagnéticas".
La obra de estos pioneros tendría su continuación en los trabajos
de físicos y biólogos eminentes de Alemania, Gran Bretaña, Bélgica
y Estados Unidos. Se llegaría así, por ejemplo, a los trabajos
de
Ilya Prigogine -Premio Nobel de Química- y, finalmente
de
F. A. Popp -véase su obra
"Biología de la Luz" (1989)-
que demuestra que
"las células y los órganos se comunican gracias
a campos coherentes de ondas electromagnéticas que están vinculadas
a la esencia de la vida". Popp agregaría que la enorme cantidad
de información que precisa un organismo vivo sólo se puede transmitir
mediante oscilaciones que vibran a la velocidad de la luz. Poniendo
como ejemplo la constante renovación celular: entre 7 y 10 millones
de células por segundo. Las fibras nerviosas y/o los líquidos
son por eso, a su juicio, claramente insuficientes para trasladar
la información precisa que sólo es posible transmitir a través
de receptores y emisores electromagnéticos situados en el ADN.
Según Popp la cantidad de información que se transmite por segundo
en una sola célula es tan enorme que se necesitarían 100 años
para leerla si pudiera ser impresa.
La conclusión final, para un amplio número de investigadores -sobre
todo físicos- después de setenta años de investigación es que
las ondas electromagnéticas, como portadoras de información, son
anteriores a los procesos bioquímicos simplemente porque la información
tiene que existir en primer lugar. Solamente después los demás
procesos -perceptibles o imperceptibles- pueden ocurrir. El problema
es que, desgraciadamente, mientras la Física nos acerca a ese
mundo cuántico y energético la Medicina sigue ignorando las implicaciones
que para el diagnóstico y tratamiento de nuestro organismo tiene
este nuevo modelo.
Ahora bien, a consecuencia de su propia naturaleza la transmisión
de información celular a través de ondas puede ser perturbada
de distintas maneras hasta llegar a alterar el funcionamiento
celular por falta de información o a causa de una información
incorrecta. Y cuando por cualquier motivo el sistema autorregulador
o de autocuración que todo organismo vivo posee no consigue reestablecer
el equilibrio la enfermedad será entonces el resultado final.
La enfermedad, pues, podría definirse en este nuevo contexto como
"un estado provocado por oscilaciones incorrectas mantenidas
durante largo tiempo y en tal grado que terminan provocando fenómenos
o reacciones patológicas". Según lo cual la actuación de los
modernos medicamentos depende en realidad de la interacción electromagnética
de sus componentes con los campos orgánicos.
Bueno, pues como respuesta a este nuevo modelo -intuido de alguna
manera por la Medicina Tradicional China hace milenios y redescubierto
ahora por la Física moderna- han ido apareciendo en los últimos
años nuevos sistemas terapéuticos basados en el conocimiento del
lenguaje electromagnético de nuestras células. Destacando entre
ellos por su concepción teórica y práctica la
Moraterapia o
Terapia de Biorresonancia (vibrar en concordancia), sistema
que utiliza los últimos adelantos tecnológicos para analizar y
corregir -a través de un dispositivo electrónico- las oscilaciones
electromagnéticas recogidas del propio paciente para tratar de
ayudarle a recuperar la salud.
De hecho, el aparato permite detectar procesos cancerosos y pre-cancerosos
-así como el lugar donde están situados- además de infecciones
bacterianas y víricas pasando por intoxicaciones crónicas, carencia
de minerales, anemia, diabetes, alteraciones graves del hígado,
la vejiga o el páncreas, micosis y alcalosis mesenquimal o acidosis.
REPROGRAMAR LAS CÉLULAS
Ante todo debe aclararse que la
Moraterapia no aplica frecuencias
electromagnéticas, ni corrientes eléctricas producidas artificialmente.
No incluye ni polo positivo, ni polo negativo. El paciente no
está en contacto con ningún tipo de corriente eléctrica. Y se
trata además de una autoterapia en la medida en que utiliza las
informaciones electromagnéticas propias del cuerpo del paciente
obtenidas merced a filtros y sistemas de amplificación. Para lo
que bastan unos dispositivos tecnológicos como los que comercializa
la empresa
Med-Tronik con todos los requisitos legales,
entre ellos los certificados ISO 9001 que avalan que cumplen la
reciente Ley de Productos Médicos.
La
Mo-Ra-Terapia fue formulada por el doctor
Franz Morell
(Mo) y desarrollada tecnológicamente por el ingeniero alemán
Erich Rasche (Ra) y se trata de un tratamiento que se basa
en la biorresonancia. Su base es sencilla: nuestras células, tejidos
y órganos se expresan a través de ondas electromagnéticas y cuando
se alteran por alguna interferencia -causada por ejemplo por ataques
microbianos, virus, productos tóxicos, una alimentación errónea
o tensión emocional- se desajustan provocando la aparición de
enfermedades. Es decir, el lenguaje intercelular es el primero
en dar muestras de cualquier desajuste y es anterior a la aparición
de la enfermedad. Bueno, pues como cada órgano posee un espectro
de frecuencias específico y las emite hacia el exterior en forma
de ondas electromagnéticas el doctor Morell tuvo la idea de utilizarlas
con fines terapéuticos. Es decir, pensó en identificar las vibraciones
inarmónicas procedentes del interior del cuerpo y basándose en
el hecho conocido en Física de que una oscilación puede ser neutralizada
por otra opuesta de las mismas características utilizar otras
ondas para contrarrestrarlas. Obviamente, de la misma longitud,
alineadas espacialmente, igual de intensas, emitidas al mismo
tiempo... y que estén además invertidas.
Y sería Erich Rasche quien encontraría tanto la forma de detectar
las ondas deformadas -que la Moraterapia denomina desarmónicas
o patológicas distinguiéndolas de las ondas fisiológicas normales
o armoniosas- como la manera para reprogramarlas de nuevo: mediante
un filtro de resonancia molecular que permite separar y clasificar
las ondas por nivel de frecuencias y distribuirlas en armónicas
y desarmónicas. Filtros capaces de reconocer la frecuencia (cantidad
de periodos oscilatorios en un espacio de tiempo definido), la
amplitud y las características específicas de las ondas.
En suma, una vez conocidos los parámetros de las ondas desarmónicas
se realiza un proceso de inversión de fase de 180°. La información
vibracional se convierte así en una contravibración que neutraliza
las ondas patológicas al tiempo que las células en disfunción
reciben la información correcta que permiten su recuperación progresiva.
Se trata de un principio muy similar al que se está utilizando,
por ejemplo, para eliminar los ruidos en los vehículos. Muchos
lectores recordarán que a finales de los años 90 del pasado siglo
XX se desarrolló el sistema ANC
(Active Noise Control) -Gestión
Activa del Ruido- que empezó a incorporarse en vehículos de
alta gama. Método que aplica el "antirruido" como interferencia
destructiva de los sonidos desagradables. El sistema consiste
en superponer al ruido del motor un sonido artificial a través
de los altavoces del radiocasete. Las vibraciones del antirruido,
por supuesto, deben ser idénticas a las del motor en cuanto a
frecuencia y amplitud de onda aunque invertidas en 180º. En suma,
ruido + antirruido = silencio. Basta para ello hacer coincidir
los valles de onda de una vibración con las crestas de onda de
la otra. Se consigue así minimizar el ruido desagradable sin el
uso de pesados y costosos materiales aislantes. Siendo suficiente
un simple osciloscopio para comprobar si una oscilación y su inversa
se neutralizan.
Pero volvamos a la
Moraterapia. ¿Cómo funciona? Es simple:
el paciente sólo tiene que tomar entre sus manos dos electrodos
redondos y colocar ambos pies en otros dos electrodos planos.
Y aclaramos que aunque reciben ese nombre no pasa por ellos ningún
tipo de corriente. En cambio, sí permiten que las frecuencias
vibratorias del paciente sean registradas por el aparato al que
se conectan los electrodos y, asimismo, reciban las que emite
éste durante el tratamiento. De la misma manera que los impulsos
nerviosos son conducidos en un electrocardiograma o un electroencefalograma.
En lo que a su seguridad y eficacia se refiere Erich Rasche sería
contundente:
"La Moraterapia es una terapia tanto preventiva
como curativa que puede utilizarse tanto en casos agudos -por
ejemplo en procesos reumáticos como se ha comprobado durante quince
años en una clínica especial de enfermedades reumáticas- como
en casos crónicos. Y añadiré que el mejor aval técnico de seguridad
del aparato es que en Europa existe una reglamentación muy exigente
para la comercialización de todo aparato sanitario y ello nos
ha obligado a demostrar meridianamente su seguridad y eficacia".
LAS POSIBILIDADES DE LA MORATERAPIA
¿Y en qué patologías es útil? Pues según sus creadores cualquier
desequilibrio orgánico puede en principio ser tratado con Moraterapia...
siempre que no exista destrucción del tejido corporal. En todo
caso aseguran que ya ha demostrado su eficacia en alergias, intolerancias
alimentarias, envenenamiento medioambiental, dolencias cardiacas
y circulatorias, enfermedades reumáticas -inflamatorias o degenerativas-,
enfermedades orgánicas (asma, bronquitis, gastritis, pancreatitis...),
depresión, tratamientos odontológicos, mioartropatías agudas y
crónicas, estados agudos y crónicos de dolor (neuralgias, cáncer,
dolores nerviosos, epicondilitis...), intoxicación de mercurio
por amalgamas, etc.
En cuanto a su funcionamiento, el primer paso a dar es eliminar
las perturbaciones que no se correspondan con desequilibrios orgánicos
ya arraigados mediante la aplicación de la denominada terapia
base. Y hacemos un inciso para aclarar que, según sus inventores,
tanto un análisis como la eficacia de un tratamiento pueden verse
afectados por perturbaciones instaladas en el organismo que parasiten
la circulación de la energía-información, y bloqueen los procesos
biológicos. El doctor
Dominique Senn, por ejemplo, puso
ya de relieve la presencia de perturbaciones en Homeopatía que
neutralizan la acción de remedios bien escogidos. Bloqueos energéticos
que pueden deberse a:
Vacunas mal aceptadas por el organismo -recibidas bien
durante la infancia, bien siendo adultos- que a veces son causa
de patologías crónicas.
Enfermedades infantiles mal resueltas.
Las paperas, por ejemplo, pueden dejar una sintomatología
latente sobre las parótidas, la salivación, el páncreas o el sistema
genital. Y una escarlatina mal curada puede permanecer presente
en agmigdalitis, nefritis, erupciones cutáneas, etc.
Cicatrices. Normalmente son neutras
pero en ocasiones bloquean circuitos energéticos. Es frecuente
entre las mujeres que sufren intervenciones en el abdomen y se
bloquea lo que la Medicina Tradicional China conoce como
vaso
concepción pudiendo afectar además a circuitos energéticos
tan importantes como los meridianos del hígado, el estómago o
el riñón. Porque aunque la naturaleza trata en tales casos de
crear circuitos de compensación no por ello dejan de producirse
a veces serias disfunciones. Pues bien, con un aparato Mora se
puede constatar si existen esas perturbaciones y reprogramar energéticamente
de nuevo las células de la zona interesada favoreciendo la vascularización
y la restitución del colágeno para la formación de nuevas fibras
musculares. Un resultado que también puede obtenerse con Acupuntura
si bien tras varias sesiones largas y repetidas. Y con Terapia
Neural mediante anestésicos locales.
Cabe agregar que al igual que una cicatriz las perturbaciones
las puede provocar una verruga, un absceso, etc. Y liberar todos
esos bloqueos constituye, cuando existen, una tarea preliminar
indispensable antes de profundizar en el estado físico del paciente
lo que se consigue tras las mediciones adecuadas y las correspondientes
oscilaciones inversas.
El proceso continúa luego con el análisis de frecuencias de otros
posibles focos desequilibrantes. Es el caso de:
Los dientes.
La dentadura oculta frecuentemente focos permanentes de infección
que manifiestan distintas disfunciones orgánicas y el aparato
las puede detectar. Esencialmente permite explorar las aleaciones
presentes en la mandíbula -a menudo colocadas en períodos diferentes
y por distintos profesionales- cuyos metales presentan incompatibilidades.
En tales casos las consecuencias pueden ser de orden menor pero
molestas como insomnio, jaqueca, zumbidos... o mucho más serias
como la absorción orgánica de metales como el mercurio, altamente
venenoso. Desequilibrios todos ellos que dejan su rastro electromagnético
en los medidores de frecuencias.
La sangre. Al igual
que toda sustancia viva la sangre gira -de forma levógira o dextrógira-
pudiéndose detectar si lo hace en un sentido u otro mediante un
aparato de reflexión óptica concebido a tal efecto así como con
el Mora. Normalmente en la sangre el giro es dextrógiro -como
en la saliva y en los alimentos sanos- a diferencia de las sustancias
y alimentos tóxicos cuyo giro es levógiro. Ahora bien, a veces
la sangre -normalmente dextrógira como decimos- puede en determinadas
condiciones volverse levógira -es decir, girar hacia la izquierda-.
Y ello es prueba de la existencia de alguna perturbación profunda.
Alteración del sentido rotatorio que puede proceder:
a)
De una fuerte acumulación de sustancias tóxicas: vacunas, metales,
alcohol, tabaco, productos químicos, alimentos, píldoras...
b)
De alguna influencia geopatógena. Es decir, vinculada con el lugar
donde se habita o resultar de la exposición a radiaciones: pantallas
de ordenador, proximidad a líneas de alta tensión, trabajos en
un centro nuclear o -más simple y mucho más frecuente- debido
a campos electromagnéticos domésticos.
Pues bien, con el dispositivo Mora se puede devolver a la sangre
su giro dextrógiro tras un tratamiento, obvia señal de una mejoría
de fondo.
Hay que añadir que el dispositivo Mora permite tanto el examen
de la sangre como de cualquier otra sustancia. Basta con colocarla
en un pequeño recipiente dentro de un circuito del que forma parte
el paciente para que los indicadores del aparato, a través de
la resonancia electromagnética, permitan conocer si un producto
es causa de desequilibrio patológico.
Finalmente, tras el examen de la circulación energética, de las
secuelas patológicas heredadas de un pasado más o menos lejano
y del proceso de eliminación de todo factor patógeno que produzca
bloqueos llega el momento de adoptar la terapia adecuada a cada
caso que permita reprogramar la información celular y remediar
los desórdenes detectados.
CROMOTERAPIA Y HOMEOPATÍA ELECTRÓNICAS
Debe saberse que entre las posibles aplicaciones terapéuticas
de la Moraterapia destacan, además de otras más conocidas, la
Electroacupuntura, la Cromoterapia y la Homeopatía Electrónica.
Hoy se sabe que los colores son fuentes energéticas y, consecuentemente,
sus vibraciones son capaces de afectar a nuestro organismo. Se
encuentran en un área de vibración que va desde los 380 nm hasta
los 780 nm. De hecho, ya la sabiduría popular distinguió hace
tiempo entre colores calientes y fríos. Y su utilidad es conocida.
Pues bien, la moderna tecnología que incorpora el aparato Mora
convierte las frecuencias de los colores en oscilaciones electromagnéticas
de frecuencias mucho más bajas que son transmitidas por los cables
y conductores facilitando la penetración de la información en
las capas profundas de la piel y en los órganos. Y como el resto
de informaciones que circulan por el aparato pueden aplicarse
en distintos puntos de la red energética a través de los puntos
de acupuntura y los meridianos. La acción es muy rápida y la dosificación
de las frecuencias fácil.
Las vibraciones de luces cromáticas poseen la misma naturaleza
electromagnética y pueden almacenarse de la misma forma que los
medicamentos. Y no se necesita ningún otro aparato-hardware que
un interface-módulo acumulador de informaciones electromagnéticas
en formato digital en conexión con el aparato Mora así como un
software apropiado para después trasladarlo al organismo de forma
analógica.
El caso de la Homeopatía Electrónica es muy similar. Ya en el
siglo pasado el doctor
Reinholl Voll descubrió que los
medicamentos podían ser testados al entrar simplemente en contacto
con el paciente. El método se fue mejorando y en 1958 el doctor
Morell comprobó que el efecto de los medicamentos actuaba
a través de un cristal si se aumentaba su potencia demostrando
que no es necesaria la presencia física de la sustancia original.
La radiación y el efecto no dependen pues de ella sino del proceso
de potenciación (dilución y dinamización). Tales son los principios
de la Homeopatía. Con posterioridad el doctor
Cramer concluyó
que la radiación procedente de los medicamentos era de naturaleza
electromagnética -similar a la de las ondas de radio- ya que podía
ser capturada y transmitida a cierta distancia por los conductores
adecuados. Morell dedujo entonces que debía ser posible capturar
las oscilaciones del medicamento, modular con él una frecuencia
portadora, amplificarla, remodularla y sólo entonces devolverla
al circuito del que el paciente forma parte. Siendo en 1975 cuando
Erich Rasche materializaría esa teoría en un novedoso dispositivo
electrónico demostrando que los medicamentos -tanto los homeopáticos
como los alópatas- tienen e irradian oscilaciones electromagnéticas.
El propio Rasche nos ponía un ejemplo para un mejor entendimiento:
"Sabemos -nos dijo-
que la clorofila es la ATP de la
planta. Pues bien, si cogemos clorofila, almacenamos su información
electromagnética en los aparatos Mora, la ampliamos y la almacenamos
en agua y a continuación preparamos dos cultivos y los regamos,
uno con agua normal y el otro con el agua que contiene la memoria
electrónica de la clorofila, haciéndolo cada día a la misma hora
y bajo las mismas condiciones de luz y temperatura, constataremos
al cabo de una semana la clara diferencia de crecimiento entre
la planta regada con agua corriente y la que contenía la información
de la clorofila".
Eso sí, la gran diferencia entre medicamentos alopáticos y homeopáticos
es que los homeopáticos desarrollan procesos bioquímicos a través
de su radiación electromagnética pero con carácter secundario.
Y sus oscilaciones electromagnéticas como portadoras de información
tienen una importancia superior a los meros procesos bioquímicos.
Se puede medir el espectro de frecuencia de un remedio homeopático
y ver cómo su mensaje electromagnético se modifica cuando se cambia
la dilución de este remedio. Es más, cuando un producto homeopático
es beneficioso para un organismo la medida del punto de acupuntura
que aparecía descompensada se normaliza tras su aplicación por
un fenómeno de resonancia. Y cuánto más coincidan las vibraciones
del cuerpo y el medicamento más se cancelarán la una a la otra.
El software del aparato permite así al terapeuta valorar con precisión
varios remedios homeopáticos y elegir la mejor dilución. En casos
más complejos el remedio podrá ser buscado "en ciego" por barrido
del detector sobre grupos de remedios almacenados digitalmente
en soporte informático a través del interface.
Terminamos explicando que la Moraterapia tiene muchas más posibilidades
y combinaciones con otras terapias y dispositivos energéticos.
Y es que el mundo del lenguaje electromagnético de nuestras células
no ha hecho sino abrir sus puertas a médicos, investigadores y
terapeutas.
Francisco
San Martín