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ELECTROCUTAN MICROORGANISMOS
PATÓGENOS CON PEQUEÑAS DESCARGAS
ELÉCTRICAS |
Investigaciones desarrolladas en el Instituto
Politécnico Nacional de México han confirmado que bastan pequeñísimas
descargas eléctricas para eliminar microorganismos patógenos,
especialmente bacterias, hongos y parásitos. Y sin efecto secundario
alguno, La terapia de electrocución permitiría eliminar microorganismos
causantes de enfermedades como el hongo Arcyria, la bacteria
Salmonella y el ácaro. La investigación, desarrollada por una
alumna del mencionado centro con el asesoramiento docente correspondiente,
viene a confirmar las conclusiones que la Doctora Hulda Clark
ha mantenido durante más de una década sobre el uso de la corriente
eléctrica como terapia antibacteriana y antiparasitaria. Esta
aportación confirma además que para tratar el problema de la
resistencia bacteriana a los antibióticos existen otras soluciones
que no pasan por la elaboración de fármacos tóxicos.
La cada vez mayor resistencia de bacterias y otros microorganismos
patógenos se ha convertido en las últimas décadas en una de las
principales amenazas para la Salud Mundial. Ya hace siete años
el documento que recogía las Conclusiones de la Conferencia
Internacional Europea sobre la Amenaza Microbiana que tuvo
lugar en Dinamarca realizaba una preocupante previsión de futuro :
"La resistencia a los agentes antimicrobiales es el principal
problema de salud pública en Europa".
La preocupación alcanza -como no podía ser de otra manera- a la
Organización Mundial de la Salud (OMS) que en un documento titulado
Antimicrobial resistance afirma: "Lo más alarmante de
todo es que hay enfermedades que ya no encuentran respuesta en
los medicamentos existentes hoy porque los microorganismos causantes
han desarrollado resistencia a todos ellos levantándose así el
espectro de una era post-antibióticos. Aún cuando la industria
farmacéutica sea capaz de desarrollar los esfuerzos necesarios
para elaborar nuevos medicamentos de reemplazo inmediatamente
las tendencias actuales sugieren que algunas enfermedades no tendrán
ninguna terapia eficaz dentro de los próximos diez años".
En suma, los antibióticos han dejado de ser los "medicamentos-milagro"
a los que la imaginación popular otorgaba la capacidad de curarlo
casi todo. De hecho en la mayoría de los países europeos los antibióticos
ocupan el segundo lugar en la lista de medicamentos más usados
-tras los analgésicos- lo cual carece de explicación lógica. Y
lo malo es que su uso excesivo -y en muchos casos inapropiado-
en medicina, veterinaria y agricultura ha permitido que los microorganismos
se hayan ido adaptando dotándose de genes modificados que les
garantizan una resistencia cada vez mayor a los medicamentos.
En suma, hablamos de una amenaza silenciosa de la que raramente
somos conscientes pero lo cierto es que las infecciones causadas
por agentes patógenos causan cada vez más complicaciones clínicas
lo que provoca una reacción en cadena: más tiempo de enfermedad,
más posibilidades de contagio, más tiempo de hospitalización,
más posibilidades de infecciones hospitalarias, una factura más
alta para la sociedad, y lo que es realmente peor, una mayor amenaza
para nuestras vidas. Las modernas instalaciones de las guarderías
se están convirtiendo en puntos negros por la aparición y expansión
de la resistencia a los antibióticos. Del mismo modo, las residencias
en las que los ancianos pasan largos periodos de tiempo sirven
cada vez más como reservas para las bacterias resistentes ya que
estos pacientes suelen contraer infecciones durante sus frecuentes
visitas al hospital.
Para tratar de evitar esta situación la primera recomendación
siempre es preventiva, un mayor control en el uso de los antibióticos,
sobre todo por parte de los médicos y de los pacientes. A los
médicos les es exigible un mayor acierto en el diagnóstico y eficacia
en la prescripción. "Todos los años, se prescriben decenas
de millones de prescripciones de antibióticos para tratar enfermedades
virales para las que estos antibióticos no ofrecen ningún beneficio"
ha declarado el doctor David Bell, coordinador de resistencia
antimicrobial del Centro del Control de Enfermedades de los
Estados Unidos (CDC), en declaraciones al FDA Consumer
Magazine para el artículo "La Batalla de los microbios:
Luchando contra la resistencia a los antibióticos". Según
el CDC, los antibióticos que se prescriben en los ambulatorios
podrían reducirse en más del 30 por ciento, sin que ello supusiera
ningún riesgo para la salud de la población.
Control también por parte de los pacientes, que manifiestan según
los médicos un uso poco disciplinado de los antibióticos, cuando
no se olvidan de tomar la medicación, la toman para lo que no
les sirve, o interrumpen su tratamiento cuando empiezan a sentirse
bien, lo que no garantiza la muerte del patógeno y si el aumento
de su resistencia. Pero si usarlos en bajas dosis y por poco tiempo
es negativo, también lo es tomarlos durante demasiado tiempo.
El doctor Stuart Levy, presidente de la Alianza para el
Uso Prudente de Antibióticos afirma en el artículo citado, a este
respecto: "El número de bacterias resistente a antibióticos
diferentes ha aumentado, en muchos casos, diez veces o más. Incluso
nuevos medicamentos están encontrando resistencia, afortunadamente
en cantidades pequeñas, pero tenemos que tener cuidado en cómo
se usan. Si se usan durante periodos largos de tiempo, nos arriesgamos
a volverlos ineficaces antes de tiempo".
Y control por fin, en el área veterinaria, donde muchas bacterias
se hacen resistentes como resultado del exceso de antibióticos
que se le da al ganado con carácter preventivo o para reforzar
su crecimiento, lo que permite la adaptación gradual de los patógenos
a los mismos.
Pero más allá de la respuesta preventiva que siempre es más lenta
que el proceso biológico de adaptación de los microbios, las soluciones
propuestas siempre apuntan hacia el mismo lado, el desarrollo
de nuevos antibióticos con efectos reforzados. Ante lo cual, los
microorganimos siguen reaccionando de la misma manera, adaptándose.
Un círculo vicioso que si se rompe nos acarrearía graves perjuicios
"Cuando las infecciones se muestran resistentes a los antimicrobiales
de primera línea, -afirma el informe de la OMS - el tratamiento
tiene que ser cambiado por medicamentos de segunda o tercera generación
que casi siempre son mucho más caros y a veces, también, más tóxicos;
por ejemplo los medicamentos necesarios para tratar las formas
multirresistentes de tuberculosis son 100 veces más caras que
los medicamentos de primera generación que trataban formas no
resistentes. En muchos países, el alto coste de tales medicamentos
de reemplazo es prohibitivo, con el resultado de que algunas enfermedades
ya no pueden tratarse en áreas dónde la resistencia a los medicamentos
de primera generación ya está extendida". ¿Y entonces?.
El informe europeo recoge la necesidad "indispensable"
de desarrollar nuevos medicamentos para asegurar la disponibilidad
de tratamientos eficaces contra las infecciones causadas por bacterias
agresivas. "El peor supuesto que, por desgracia, no parece
improbable, -añade- es que los agentes patógenos peligrosos
adquieran con el tiempo resistencia a todos los antibióticos hasta
ahora eficaces, lo que daría lugar a epidemias incontroladas de
enfermedades bacterianas imposibles de tratar". Es la misma
argumental que sostienen las autoridades sanitarias norteamericanas.
"Éste es un problema muy serio - afirma el doctor Mark
Goldberger director de la oficina de la FDA responsable del
uso de los antibióticos, en el FDA Magazine Consumer -
Necesitamos hacer dos cosas: facilitar el desarrollo de nuevas
terapias antimicrobiales y al mismo tiempo preservar la utilidad
de las habituales y las nuevas drogas". Pero a continuación
el doctor Goldberger pone el dedo en la llaga abierta en la Salud
a nivel mundial. "Nos gustaría que las personas los usaran
menos y sólo en presencia de infección bacteriana - dice Goldberger
- Esto presenta un desafío. Reducir el uso puede producir que
bajen las ventas, y que las compañías de medicamentos puedan pensar
en lugares mejores para invertir sus recursos".
¿Y si lo hicieran? Quizás entonces aprendiéramos a buscar soluciones
en otros lados .
LA SALMONELLA DERROTADA POR UNA ESTUDIANTE
Puede parecer broma, pero no lo es. Mientras
en el mundo se invierten miles de millones de euros/dólares en
el desarrollo de nuevos antibióticos, en equipos de laboratorio
supersofisticados, en investigaciones patrocinadas por grandes
laboratorios, una estudiante del Instituto Politécnico Nacional
de México (IPN) en un trabajo avalado por propio Centro, ha
confirmado que a base de pequeñas descargas eléctricas pueden
matarse bacterias y parásitos como la salmonella, sin dañar al
organismo.
Alba Citalli Murillo, estudiante de Telemática, en la Unidad
Profesional Interdisciplinaria en Ingeniería y Tecnología Avanzadas,
"una persona, sencilla, inteligente y con ganas de trabajar" en
palabras del profesor Alberto Hernández, supervisor y asesor
de su trabajo, decidió desarrollar para el Congreso Nacional
Interdisciplinario de Tecnologías Avanzadas, un Aparato Electromédico
que le permitiera combatir microorganismos sin causar efectos
secundarios.
El resultado final fue bautizado como ATEDEL, Aparato Electromédico
para Aplicar la Electrocución. El paciente coloca las manos
en dos pequeños terminales para a continuación recibir una descarga
mínima de corriente eléctrica a través de una pila de nueve voltios.
"La mayor parte de nuestro cuerpo es agua (conductor) -
nos explica Alberto Hernández - por lo que si ponemos un positivo
en un extremo y un negativo en otro extremo fluye a través de
nuestros líquidos la corriente (flujo de electrones). Si esta
pasa por el tejido humano genera potenciales (voltaje) que podemos
registrar en los instrumentos. Ahora bien si el potencial es positivo,
al pasar por las células entrará por canales iónicos y la corriente
(flujo de electrones) generará un calentamiento que los microorganismos
de carga negativa no pueden soportar. El nivel de voltaje y corriente
debe ser el adecuado para terminar con microorganismos sin dañar
al paciente."
La aplicada estudiante del Politécnico de México sueña con
que su trabajo sea la antesala de una nueva terapia de electrocución
o electrochoque que aplicada bajo supervisión médica elimine microorganismos
causantes de enfermedades. De momento tras las experiencias in
vitro realizadas asegura que el dispositivo termina con el hongo
Arcyria, la bacteria Salmonella typh, agente acusante
de la fiebre tifoidea, y los ácaros, portadores de muchas
enfermedades importantes, como el tifus y la rickettsiosis exantemática.
Aunque la descarga que se aplica es pequeña la terapia de electrocución
de microorganismos no se recomienda para mujeres embarazadas o
pacientes que usen marcapasos. Salvo esta recomendación, afirman
que quedó demostrada la falta de efectos secundarios del dispositivo
en un grupo de pacientes que presentaban cuadros gripales y que
se sometieron voluntariamente al tratamiento. "No se detectó
-afirma Alba Citalli- efecto alguno en la presión sanguínea,
estado de alerta mental, ritmo cardíaco o temperatura corporal.
El prototipo dosifica el voltaje para afectar sólo a la bacteria
o parásito mediante terapia sin dolor que no requiere medicación
adicional".
El Director del Departamento Orlando Palma se mostró esperanzado
en las posibilidades de la línea de trabajo, sin embargo reconoció
a esta revista haberse sentido desconcertado por la falta de interés
mostrada por la clase médica. Y si bien es cierto que los estudios
se encuentran en una primera fase y que se necesitan muchos más
experimentos, la falta de fondos para la investigación puede abortar
todo lo hecho hasta el momento.
Puede parecer increíble que llegue a ser así, pero tampoco nos
extrañaría sobre todo si tenemos en cuenta que los resultados
del Instituto Politécnico Nacional de México no son ni
mucho menos novedosos. Diez años después vienen a confirmar punto
por punto las conclusiones que la Doctora Hulda Clark expuso
en 1995, en su libro "La cura de todas las enfermedades"
sobre la posibilidad de terminar con bacterias, virus y parásitos
con pequeñas corrientes eléctricas. "Se trata de mejorar su
trabajo -dice Alberto Hernández asesor del estudio de México-
para lo que se están implementando nuevas técnicas como variar
los parámetros del dispositivo (nivel de voltaje, frecuencia,
corriente) y tratar de generar otro tipo de campo que acelere
el tratamiento." Quizás ahora con al amenaza que supone la
resistencia bacteriana, por fin la investigación médica oficial
utilizando de palanca los estudios del IPN se atreva a levantar
la losa que echaron sobre los trabajos de la Doctora Clark, y
descubra que quizás existen otras posibilidades en la lucha del
hombre contra los microorganismos patógenos.
ELECTRICIDAD CONTRA LOS PATÓGENOS
Desde que en 1995 Hulda Clark publicó su
libro, se han tratado de sepultar sus teorías, de obstaculizar
su trabajo, hasta el punto que en la actualidad no puede ejercer
en Estados Unidos y Canadá. De origen australiano, Clark es licenciada
en fisiología y biología con mención honorífica por la Universidad
de Saskatchewan, Cánada; licenciada en biofísica y fisiología
celular por la Universidad de Minnesota; doctorada en fisiología
por la misma universidad; y dirige el Century Nutrition Clinic
en Tijuana, Mexico, para prevenir posibles problemas con las
autoridades sanitarias de Canadá y Estados Unidos, donde sus teorías
sobre el origen y curación de las enfermedades ha provocado que
no pueda ejercer allí. La causa de la mayoría de las enfermedades
degenerativas sería según ella la presencia al mismo tiempo en
el cuerpo humano enfermo de parásitos y de contaminantes químicos.
El ser humano sano normalmente puede albergar en su cuerpo diversos
tipos de bacterias, virus, hongos y otras especies de parásitos,
pero los mantiene bajo control en el intestino de donde sólo pueden
salir al exterior contenidos en las heces. Las cosas cambian cuando
el cuerpo se contamina con productos químicos y/o metales pesados.
La actuación de los distintos parásitos entonces además de contribuir
al desarrollo de numerosas enfermedades puede llegar a convertir
en maligno un tumor que en origen fuera benigno.
El protocolo básico de la Dra. Clark consiste en la eliminación
eléctrica de los microorganismos a través del Zapper, un dispositivo
de su invención, de cuatro curas con plantas para parásitos, hígado,
riñones y intestinos, y de 4 programas de saneamiento, dental,
dieta, cuerpo y casa, (ver Discovery
nº 55).
Con independencia de que sé esté de acuerdo o no con la totalidad
de la propuesta de la doctora australiana es evidente que las
aportaciones que en el campo antibacteriano ha realizado marcan
un camino que ahora se ha visto refrendado por los trabajos de
México.
Clark parte de una conclusión ya admitida por todos, el cuerpo
humano emite ondas eléctricas, como una estación de radio, de
aquí que se puedan hacer distintos tipos de mediciones, desde
electrocardiogramas a mediciones de electroacupuntura, o testar
productos a través de resonancia orgánica. Todo emite un en un
ancho de banda de frecuencias. En general, los organismos más
primitivos, tienen un ancho de banda más bajo comparado con las
frecuencias más altas y el ancho más amplio de los animales superiores.
Trabajando en esta línea constató que las frecuencias entre 1.520
KHz y 9.460 KHz resonaban con el cuerpo humano, y resultaban audibles
en un oscilador de audio.
A partir de ese momento inició una actividad detectivesca, propia
de los protagonistas de la serie televisiva CSI, para encontrar
el ancho de banda de otros organismos vivientes. Los encontró,
para las moscas, los escarabajos, las arañas, las pulgas, las
hormigas entre 1.000 KHz y 1.500 KHz; Las cucarachas tenían las
frecuencias más altas entre insectos que midió. Cada vez que localizaba
la frecuencia exacta se producía un efecto sonoro de resonancia
audible.
Entonces realizó un hallazgo sorprendente, inexplicable, pero
constatado por ella posteriormente una y otra vez. Un insecto
muerto presentaba también un determinado ancho de banda. Mucho
más estrecho, y cercano al extremo de la banda que tenía al vivir.
"Pero si las cosas muertas tuvieran un ancho de banda resonante,
- escribe Clark en su libro "La cura de todas las enfermedades"
- quizás una muestra preparada para ser observada al microscopio
de una criatura muerta podría usarse. Fue un pensamiento afortunado.
Mi primera muestra fue del trematodo (un parásito intestinal humano),
un parásito grande, un azote de la humanidad. Lo había encontrado
en el hígado (no en el intestino) de cada víctima de cáncer que
yo veía. El parásito adulto tenía una frecuencia resonante alrededor
de 434 KHz. Los preparados del parásito resonaron cerca (432 KHz).
¡Las cosas muertas todavía resonaban! El catálogo entero de especies
biológicas, ciento de especimenes, de virus, las bacterias, los
parásitos, hongos, e incluso las toxinas, estaban ahora disponibles
para la investigación ¡con esta nueva técnica!. De repente se
me ocurrió una idea. Si una persona se aferrara al generador de
frecuencia mientras estaba generando 434 KHz, qué ocurriría con
el trematodo adulto, si estuviera infectada? Realicé las pruebas
esa misma semana sobre mi misma, no con el tretamatodo, sino con
las bacterias de Salmonella, Giardia y Herpes que yo portaba de
forma crónica. Después de un tratamiento de 3 minutos, me volví
a testar. ¡Ya no podría encontrarlos en mis órganos! No había
emisiones en sus frecuencias características. Repetí y Repetí
la prueba. ¿Estaban muertos? Quizás simplemente estaban escondidos.
Pero los síntomas se habían ido también. Había dejado de sentir
el hormigueo en mi lesión causada por los herpes. Era todo demasiado
simple e increíble".
Es de suponer que Alexander Fleming pensó lo mismo cuando descubrió
la penicilina, y tampoco a él le hicieron el más mínimo caso.
Algo que suelen olvidar nuestros médicos cuando hoy se refieren
con halagos a él y a la penicilina. En 1929 publicó sus resultados
en el British Journal of Experimental Pathology. En febrero
y ante un nutrido auditorio los exponía ante sus colegas en el
Medical Research Club de Londres. Tuvo que esperar diez
años, ¡diez! hasta la primavera de 1939, para que dos colegas
científicos que trabajaban en Oxford confirmaran la creencia de
Fleming en el poder excepcionalmente curativo de la penicilina.
Durante su búsqueda de un exterminador de gérmenes "milagroso",
el Dr Ernest Chain bioquímico nacido en Alemania, tropezó con
la "vieja" comunicación de Fleming sobre la penicilina. Chain
y su asociado el patólogo australiano Howard Florey emprendieron
la estabilización, purificación y prueba de la droga en ratones
blancos infectados. En agosto de aquel mismo año dieron cuenta
de sus importantes descubrimientos en la prestigiosa revista médica
The Lancet. Aún así ni siquiera con el comienzo de la guerra y
los miles de muertos que se producían por infecciones consiguieron
convencer a los gobiernos europeos de su producción masiva. Tuvieron
que marcharse a Estados Unidos y afortunadamente para los soldados,
la penicilina por fin se hizo presente en el desembarco de Normandía
(1944).
LA SUERTE AYUDA A QUIÉN LA BUSCA
Con los experimentos de Hulda Clark había
nacido el método electrónico de combatir los microorganismos patógenos.
Se busca la frecuencia resonante de una bacteria, virus o parásito
usando una muestra al microscopio, una muestra viva o un trozo
muerto. A continuación se trata a los invasores vivientes dentro
del cuerpo humano con esa frecuencia, y en cuestión de minutos
dejan de transmitir su propia frecuencia. Están muertos o enfermos,
y listos para ser retirados por nuestros glóbulos blancos de nuestra
sangre.
"Primero - recuerda Clark- hice un mapa de las frecuencias
para la mayoría de las bacterias y virus de mi colección. Después
las probaba con el paciente, y esperaba que no tuviesen alguna
que no tuviera en la muestra. Incluso las personas con un simple
resfriado tenían una docena que testaban positivo. El siguiente
paso era poner a punto en el generador de frecuencia una docena
de frecuencias de tres minutos cada una. El proceso total, la
comprobación y el tratamiento, tomarían aproximadamente dos horas.
Frecuentemente consiguieron un alivio inmediato. Pero a menudo
el alivio sería temporal. Lo qué yo no sabía era que a veces los
virus pueden infectar un parásito más grande como una lombriz
intestinal. Hasta que no matara la lombriz intestinal y el virus,
este seguiría reapareciendo". El método era eficaz pero no
definitivo, había demasiadas frecuencias que testar. Los patógenos
(mohos, virus, bacterias, gusanos, ácaros) presentan un ancho
de banda que oscila entre 77 KHz y 900 KHz. La colección de especimenes
estaba incompleta. Así que siguieron las pruebas y a medida que
pasaba el tiempo aumentaba la sofistificación de los aparatos
diseñados y utilizados con la ayuda de su hijo George.
Y de nuevo la sorpresa, la casualidad si se quiere. "En 1994
- recuerda en su obra la doctora australiana -mi hijo construyó
una generador de mano, operado por pilas. Su propósito era permitir
a cada uno matar sus parásitos intestinales a 434 KHz con un dispositivo
de coste bajo. ¡Cuando yo lo probé, sin embargo, otros tres patógenos
a frecuencias muy diferentes también murieron! Esto nunca había
pasado antes. ¡Cuando yo lo probé en otros, todos murieron aunque
tenían docenas de frecuencias diferentes!. La comprobación posterior
mostró que no era debido a un diseño especial, o la forma de la
onda especial producida por el dispositivo. ¡Era debido al funcionamiento
de la batería! Cualquier frecuencia positiva [DC] mata todas las
bacterias, virus y parásitos, cuando simultáneamente se dan el
voltaje suficiente (de 5 a 10 voltios), la duración (siete minutos),
y la frecuencia (de 10 Hz a 500.000 Hz) " Las frecuencias
positivas pueden barrer el ancho completo de los pequeños organismos
(virus, bacterias, parásitos) en tres sesiones de siete minutos,
con 20-30 minutos de separación entre ambas. Los virus y bacterias
desaparecen en tratamientos de 3 minutos; la solitaria, los trematodos,
las lombrices intestinales en 5; y los ácaros en 7. Cada una de
las fases del tratamiento, asegura Clark va eliminando y haciendo
aflorar los patógenos más escondidos, hasta su extinción completa.
La hipótesis entonces expuesta y confirmada por el trabajo mexicano
es que un voltaje positivo aplicado en cualquier parte del cuerpo
atrae las cosas negativamente cargadas como las bacterias. Son
las mismas conclusiones a las que diez años después ha llegado
el departamento de Ingeniería y Tecnología Avanzada del IPN en
México. Y de hecho la carga negativa de las bacterias es el punto
de partida de las investigaciones de la empresa Matsushita
Electric en Osaka, Japón, para fabricar un dispositivo capaz
de detectar parásitos en los alimentos antes de ser consumidos.
Ciertamente existen recomendaciones, como no aplicar el tratamiento
a mujeres embarazadas o personas con marcapasos, o tener en cuenta
que con la terapia de electrocución no es posible eliminar solamente
las bacterias dañinas. Se recomienda por tanto realizar un apoyo
para repoblar la flora intestinal. En ese caso la doctora Clark
es radical, y considera preferible la utilización de yogur casero
y suero de manteca para recolonizar el intestino, que cualquier
otro tipo de preparado comercial que por su composición química
pueda volver a provocar la aparición de parásitos.
EL KIT COMPLETO DE LA DOCTORA CLARK
Los trabajos en esta línea de investigación
han permitido desarrollar una serie de dispositivos encaminados
todos ellos a detectar y eliminar con impulsos eléctricos no invasivos
y sin efectos secundarios, patógenos de nuestro organismo.
El
dispositivo electrónico más importante sigue siendo el Zapper,
diseñado por el hijo de Hulda Clark, un generador de pulsos que
opera desde una batería de 9 voltios, con una frecuencia aproximada
de 30 KHz. Mata todos los parásitos, bacterias, viruss, y hongos
aunque sus frecuencias individuales sean más altas o más bajas
(entre 50 KHz y 900 Khz)
Otro
de los dispositivos desarrollados bajo estos principios es el
Syncrometer.TM, que permite supervisar la progresión del
tratamiento y el propio estado de salud ante la presencia de parásitos.
Consiste en un circuito oscilador de audio en el que el cuerpo
entra a formar parte del circuito. Permite testar muestras de
parásitos u otros contaminantes químicos.
Un
tercer dispositivo muy útil es un generador de frecuencias. A
través de él se puede seleccionar una frecuencia particular como
434 KHz, de forma rápida y precisa para terminar con un determinado
patógeno.
Por
último ha desarrollado un dispositivo para eliminar posibles parásitos
de la comida antes de almacenarlos a través de pequeñas descargas
eléctricas.
Mucho está por hacer y mejorar en esta línea de trabajo. Ya hay
quién dice haber desarrollado dispositivos más eficaces a partir
de los trabajos de la Doctora Clark, de hecho los mexicanos esperan,
si cuentan con fondos, llegar a mejorar los dispositivos existentes;
pero lo realmente importante sería que las autoridades sanitarias
se decidieran a hacer suyas todas las investigaciones teóricas
y prácticas realizadas hasta el momento.
Quizás sí, o quizás no, puedan compararse Hulda Clark y Alexander
Fleming. Para algunos esa comparación supondrá una herejía, pero
lo cierto es que ambos encontraron una solución para combatir
a los microorganismos, en cada caso la que permitía el desarrollo
de su época; ambos fueron rechazados y menospreciados por la oficialidad
médica; y en ambos casos pasaron diez años para que alguien rescatara
los estudios originales. En el caso de la penicilina como arma
antibacteriana hicieron falta cinco años más, una guerra mundial
y millones de muertos hasta que los gobiernos y los médicos del
momento se decidieran a tomarla en serio. Esperemos que no haga
falta una epidemia mundial causada por bacterias superresistentes
u otro tipo de microbios, (de hecho está el SIDA entre nosotros),
para que los gobiernos apuesten en serio por las necesidades sociales
y concluyan las investigaciones sobre el exterminio de patógenos
con microcorrientes eléctricas. La apuesta contraria, por la ortodoxia
industrial y los nuevos medicamentos ya sabemos a donde nos conduce,
a más resistencia frente a los antibióticos y a más beneficios
para las grandes multinacionales.
Antonio F. Muro San Martin
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