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CÁNCER QUÉ ES, QUÉ LO CAUSA Y CÓMO TRATARLO

Portada del número actualmente a la ventaDiscovery DSALUD es una publicación de Ediciones MK3La salud es armoníaTarifas de la revista y de la webSuscripción a  la revista

    REPORTAJES
    Cáncer: qué es, qué lo causa y cómo tratarlo (XXXVI)
    EL RÉGIMEN ANCESTRAL DEL DR. JEAN SEIGNALET (Y II)

Después de 15 años de investigaciones y experiencias clínicas el doctor Jean Seignalet -médico francés autor de La Alimentación, la 3ª Medicina- concluyó que muchas patologías y la proliferación actual de otras se debe básicamente a cinco razones: el consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche animal y sus derivados, la cocción de los alimentos, el refino de los aceites y la contaminación alimenticia con la consiguiente carencia de vitaminas y minerales. De ahí que propusiera para superarlas seguir lo que denominó "Régimen Ancestral", método dietético con el que se han conseguido sorprendentes curaciones en numerosas patologías, cáncer incluido.

Ya vimos el pasado mes que para Jean Seignalet el ensuciamiento celular es causa de muchas patologías. Ensuciamiento que en gran parte se debe al hecho de que la mucosa del intestino delgado -de gran superficie (100 metros cuadrados) y extrema delgadez (0,025 milímetros)- puede volverse hiperpermeable cuando es sometida a la agresión de distintos agentes -como algunos estafilococos, colibacilos, estreptococos, etc.-, algunos medicamentos -antiinflamatorios no esteroideos, salicilatos y corticoides- y ciertos alimentos difícilmente digeribles, especialmente los cereales refinados y los lácteos. Es más, según Seignalet es la alimentación moderna la que más decisivamente ha contribuido y contribuye a deteriorar la permeabilidad de la mucosa. Y es que nuestros hábitos alimenticios han sufrido grandes cambios a lo largo de los siglos con la aparición de nuevos productos, las modificaciones impuestas en los alimentos por las modernas técnicas de agricultura, ganadería e industria -desde el uso de pesticidas hasta la alteración genética- y la forma de preparación con técnicas de cocinado a altas temperaturas que no han estado acompañadas de una adaptación similar de nuestra biología. En pocas palabras, nuestro organismo, producto de una evolución de millones de años, no consigue adaptarse a los rápidos cambios de los últimos 5.000 años pero, sobre todo, a los del último siglo lo que ha terminado provocando patologías para las que hoy no hay respuesta y que se estudian desde ópticas diferentes.
Seignalet comprobaría que en función de la estructura de las moléculas procedentes del intestino, los mecanismos con los que éstas obstaculizan el funcionamiento de la célula, el tipo de enzimas afectadas y las distintas reacciones que generan se produce un tipo u otro de patología. Coligiendo que el ensuciamiento celular sería la principal causa de la mayoría de las enfermedades autoinmunes y reumáticas -poliartritis reumatoide, espondilitis anquilosante, enfermedad de Gougerot-Sjögren, lupus eritematoso, esclerodermia, esclerosis múltiple, enfermedad celiaca, miastenia, enfermedad de Basedow-, las patologías por ensuciamiento -fibromialgia primitiva, tendinitis, artrosis, osteoporosis, gota, cefaleas, depresión nerviosa endógena, esquizofrenia, migrañas, Parkinson, Alzheimer, diabetes tipo 2, hipoglucemia, hipercolesterolemia, espamofilia, arterioesclerosis, disepsia, litiasis biliar, pancreatitis agudas, hemopatías no malignas, leucemias y algunos cánceres- y las patologías por eliminación -acné, psoriasis, eccemas, queratodermia, ictiosis, colitis, enfermedad de Crohn, colopatía funcional, bronquitis crónica, asma, otitis, anginas, sinusitis, rinitis alérgica, infecciones repetitivas, la enfermedad de Behçet, conjuntivitis alérgica y aftas.
En suma, y por increíble que pueda parecer, todas esas disfunciones y patologías las causa según Seignalet el ensuciamiento celular y pueden prevenirse, detener su avance e incluso revertirse en muchos casos siguiendo el Régimen Ancestral, Original o Hipotóxico que propuso en su obra La Alimentación, la 3ª Medicina. Régimen que puede parecer radical pero que se basa en el convencimiento de que la manifestación o aparición de las mismas se debe a cinco razones básicas:
   1) El consumo de cereales domésticos.
   2) La ingesta de leche animal y sus derivados.
   3) La cocción de los alimentos.
   4) Los aceites refinados.
   5) La contaminación alimenticia y la carencia de vitaminas y minerales.
Pero veámoslo con más detalle.

EL CONSUMO DE CEREALES DOMÉSTICOS
Seignalet explica que la necesidad de alimentar a un número cada vez mayor de personas hizo ir modificando las técnicas de cultivo desde los albores de la civilización. El hombre seleccionó primero aquellas especies mejor adaptadas, luego haría hibridaciones buscando obtener plantas más fuertes, a continuación llevaría las especies a zonas geográficas diferentes de las propias y, finalmente, las manipularía creando organismos genéticos modificados para obtener plantas fuera de temporada, cultivos más resistentes o cosechas más numerosas. Todo un proceso histórico marcado por la cantidad pero en el que se ha venido ignorando la respuesta de nuestro organismo, no tan diferente del de nuestros congéneres de hace miles de años y, por tanto, incapaz de adaptar su respuesta biológica a cambios tan continuos. "Estoy convencido -señala Seignalet- de que los biólogos llegarán a obtener plantas más resistentes a la sequía, más ricas en una vitamina concreta o con un mejor rendimiento por hectárea. Pero al mismo tiempo producirán nuevas proteínas y, en ocasiones, nuestras enzimas y mucinas se revelerán inadaptadas a esas moléculas para ellas desconocidas, en su primera forma o en su forma alterada por la cocción. Me sitúo pues entre los enemigos de los organismos genéticamente modificados. ¡Si tomamos mil precauciones antes de lanzar un nuevo medicamento que generalmente tomamos en pequeñas dosis deberíamos hacer lo mismo antes de crear un nuevo alimento que con seguridad vamos a consumir en grandes dosis".
Como muestra Seignalet recoge en su libro una amplia relación de estudios que asocian el consumo de trigo -y en menor medida del maíz- con diversas enfermedades: poliartritis reumatoide (Darlington 1986), esclerosis en placas (Besson, 1994), enfermedad celíaca y dermatitis herpetiforme (Gjertsen y col., 1994), algunas migrañas (Monro y col., 1984), diabetes juvenil (Kostraba y col., 1988), depresiones nerviosas (Burger, 1988), esquizofrenia (Lorente, 1990) y enfermedad de Crohn (Riordan y col., 1993).
Para Seignalet todas esas enfermedades no son sino la consecuencia de algo grave que denuncia: las enzimas y mucinas de nuestros organismos son hoy incapaces de digerir correctamente las proteínas de los cereales -especialmente las del trigo y el maíz- porque a lo largo de los últimos tiempos se ha modificado su naturaleza. Un problema que además se agrava con su desnaturalización al ser cocidos. Los únicos cereales que según él no presentan hoy esos inconvenientes son el arroz -ya que tiende siempre a volver a su estado natural inicial a pesar de las múltiples manipulaciones que igualmente ha sufrido- y el trigo sarraceno.

EL CONSUMO DE LECHE ANIMAL Y SUS DERIVADOS
En cuanto al consumo de leche animal y sus derivados es cada vez objeto de mayores controversias científicas sobre sus aportaciones reales a la salud. Según sus detractores es innegable que ningún animal salvaje se alimenta de la leche de otro animal ni sigue tomando leche materna después del destete. "Las leyes de Darwin -indica Seignalet- nos indican que la leche materna es un alimento muy bien adaptado a las necesidades del niño pequeño y que la leche de vaca está muy bien adaptada a las necesidades del ternero... pero no a las del hombre". Seignalet recuerda en ese sentido que las proteínas de la leche de vaca tienen una estructura primaria diferente de las proteínas humanas. Y que algunas de ellas resisten -al menos en parte- a la acción de las enzimas y de la flora bacteriana. Por eso el resultado de su ingesta es con demasiada frecuencia una mucosa intestinal deteriorada que hará que esas proteínas o péptidos se introduzcan en el organismo provocando problemas. Existen además grandes diferencias entre la leche materna -para la que está preparada nuestro organismo- y la de vaca. En composición, vitaminas y, desde luego, hormonas y factores de crecimiento. Y es que en el caso de la vaca su leche está destinada a conseguir que el ternero alcance ¡un peso de 100 kilos en un año! En otras palabras: la leche de vaca es idónea para alimentar terneros, no seres humanos.
Además de relacionar en su obra diversas enfermedades con el consumo de lácteos y sus derivados -al igual que en el caso de los cereales- Seignalet rompe también con el mito de la leche y el calcio: "Muchas personas piensan que prescindir de la leche puede provocarles pérdida de calcio y problemas como la osteoporosis pues la televisión, la prensa y la mayoría de los médicos repiten que la solidez de los huesos depende de su cantidad de calcio y sólo el consumo diario de productos derivados de la leche puede aportarles en cantidad suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo firmemente que NO. El peligro de la falta de calcio es una ilusión. Es cierto que la leche de vaca es rica en calcio pero una vez en el tubo digestivo humano la inmensa mayoría del mismo es precipitado en forma de fosfato de calcio y expulsado a través de las heces fecales. Sólo una pequeña parte es absorbida. El calcio asimilable es aportado en cantidad más que suficiente por los vegetales: hortalizas, legumbres secas, verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos. Además el calcio es un mineral muy abundante en el suelo donde es recuperado por las raíces de las plantas. En definitiva, eliminar de la alimentación la leche animal no provoca carencia de calcio. Al contrario, el régimen hipotóxico -desprovisto de derivados de la leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de cada 100 la evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar parte del terreno perdido".

LA COCCIÓN DE LOS ALIMENTOS
Seignalet recuerda también que la cocción de los alimentos está destinada básicamente a destruir microorganismos, dar mejor aroma y sabor a los alimentos y favorecer su digestión. Y en todos los casos el aumento térmico se obtiene a través de la agitación de las moléculas del alimento: las verduras se vuelven más blandas, el huevo se vuelve sólido, la carne roja se oscurece... produciéndose en todos los casos una desecación progresiva. Sólo que detrás de todos esos efectos apreciables a la vista y al gusto se esconde una cascada de cambios químicos. La cocción de un alimento genera un gran número de moléculas complejas que no existen en estado natural y cuyas propiedades son aún en muchos casos desconocidas. Se conocen como moléculas de Maillard y aparecen cuando un producto es sometido a altas temperaturas durante un tiempo prolongado haciéndolas irrompibles por nuestras enzimas. Investigadores como Dang llegan a afirmar que son incluso más mutagénicas que muchos colorantes y pesticidas. Por eso dice textualmente Seignalet: "Es preferible comer alimentos crudos que cocidos. Sin embargo, si deseamos utilizar la cocción hay que tener en cuenta algo esencial: las modificaciones inducidas por el calor son aún más importantes cuando la temperatura es alta y el tiempo de exposición al calor largo. La frontera por encima de la cual los alimentos sufren importantes transformaciones se sitúa alrededor de los 110 º C por lo que conviene optar por una cocción al vapor suave o estofada".
Recomendación que choca abiertamente en la actualidad con las advertencias sanitarias ya que éstas desaconsejan el consumo de carne cruda (para evitar, entre otras razones, contraer enfermedades como la del "mal de las vacas locas"). Para Seignalet, sin embargo, es cuestión de estadística: "La carne cocida o asada que favorece el cáncer y la arterosclerosis está implicada en la desaparición de 300 000 franceses al año mientras la encefalitis espongiforme bobina ha causado en Francia cuatro muertos. De acuerdo con estas cifras es mucho mejor comerse la carne cruda. Además la cocción del ternero no nos protege siempre de los priones porque éstos no son destruidos más que a una temperatura superior a 136 ° C aplicada durante 18 minutos. En suma, el peligro representado por el "mal de las vacas locas "en Francia no es nulo pero sí ínfimo".

LOS ACEITES REFINADOS
En lo que se refiere a los aceites de los vegetales éstos antes se extraían siempre mediante primera presión y en frío (a unos 30º C) y contenían ácidos grasos esenciales, en particular ácido linoleico y ácido alfalinolénico. A partir de la II Guerra Mundial, sin embargo, muchos aceites empezaron a extraerse por calor y mediante complejos procesos de refinado que, en opinión de Seignalet, presentan tres inconvenientes:
   La persistencia de algunos productos nocivos como el hexano, muy integrado en los cuerpos grasos e imposible de eliminar por completo.
   La creación durante el proceso de ácidos grasos saturados no deseables y nuevas especies químicas más o menos peligrosas.
   La transformación de una fracción de los ácidos grasos insaturados en ácidos grasos "trans" que nuestro organismo es incapaz de metabolizar y a los que investigadores como Mann (1994) incriminan en ciertas afecciones frecuentes: hipercolesterolemia, arteriosclerosis, obesidad y resistencia a la insulina en la diabetes. Varios equipos de investigadores llegaron a la conclusión en 1995 de que los ácidos grasos poliinsaturados favorecen la aparición de accidentes vasculares.
El consejo de Seignalet es pues no consumir nunca aceites industriales refinados sino aceites de primera presión en frío.

LA CONTAMINACIÓN ALIMENTICIA Y LA CARENCIA DE VITAMINAS
Hay que señalar además que el desarrollo industrial ha llevado a añadir a los alimentos todo tipo de aditivos en teoría perfectamente regulados pero de los que en realidad se desconoce en muchos casos su acción a largo plazo mientras en otros sigue abierta la polémica como ocurre en el caso del glutamato monosódico que se señala como una de las causas de la obesidad infantil.
Por otra parte, a fin de obtener mayor rendimiento con costes más bajos, las aves y animales de granja reciben hormonas, antibióticos, tranquilizantes y medicamentos, algunos de los cuales son moléculas de síntesis que no existen en la naturaleza. Paralelamente los vegetales se tratan con pesticidas y abonos y las malas hierbas con herbicidas siendo muy difícil el control de este tipo de sustancias. La solución apunta pues a los alimentos biológicos -regulados en Europa desde 1991- aun teniendo en cuenta que hoy la tierra se encuentra muy deteriorada y carente de numerosos nutrientes. Pero aún así son mejores -aunque más caros- que los productos industriales.
Cabe añadir que los procesos industriales llevan aparejada una aparente contradicción: la producción masiva de alimentos y animales criados muy rápidos de forma artificial con abonos y piensos cuenta con el aporte de numerosas vitaminas y minerales, y, sin embargo, los estudios científicos señalan frecuentes déficits vitamínicos en nuestras desarrolladas sociedades. Tal situación se explica porque las prácticas modernas no permiten a las plantas absorber las vitaminas y minerales. Y a ello debemos añadir que los procesos industriales llevan hasta nosotros productos que han perdido en su preparación gran parte de sus nutrientes como es el caso de las conservas y los alimentos precocinados.

EL RÉGIMEN ANCESTRAL, ORIGINAL O HIPOTÓXICO
En suma, Seignalet propone para afrontar cualquier enfermedad -incluido el cáncer- su Régimen Ancestral, Original o Hipotóxico que pasa por:
-La total exclusión de los cereales en la alimentación a excepción del arroz y el trigo sarraceno.
-La completa exclusión de la leche animal y los derivados lácteos.
-El consumo de muchos productos crudos (incluso propone consumir la carne, el pescado y el marisco crudos o, al menos, nunca fritos o preparados a más de 80º C).
-La utilización de aceites vírgenes obtenidos por primera presión en frío.
-La preferencia por los productos biológicos.

Pautas para seguir el "Régimen Ancestral"

   1. Cereales. Se prohíbe el consumo de los cereales modernos, mutados, cocinados, incompletos y secados. Se permiten en cambio los cereales antiguos, salvajes, crudos o cocinados a menos de 110 C. Recordando que:
-El trigo debe eliminarse de la alimentación porque es peligroso a causa de la estructura de sus proteínas y porque se consume cocido (excepción hecha del trigo sarraceno que es bien tolerado y puede ingerirse). Y lo mismo cabe decir de la cebada, el centeno y la avena.
-Hay que desechar todo producto hecho con harina. Aclarando que el pan integral se considera aun peor que el clásico ya que está más cocido.
-El arroz puede tomarse porque ha permanecido en su forma salvaje prehistórica y la experiencia clínica demuestra que raramente es nocivo.
-Sobre los cereales africanos (mijo, sorgo...) Seignalet no tiene opinión definida.
   2. Leche animal. Queda prohibido el consumo de cualquier leche animal (vaca, cabra, oveja...) así como sus derivados (mantequilla, queso, nata, yogur...).
   3. Carne. Como criterio general Seignalet entiende que es mejor consumir la carne cruda pero tolera que se prepare a menos de 110 C (de cualquier forma salvo frita). Y prefiriendo las de buey, ternera, lechazo y caballo ya que son más fáciles de consumir crudas (tartare, carpaccio...). No recomienda sin embargo la carne de cerdo, cordero, pollo o conejo por ser menos apetecibles crudas y porque su alimentación es más artificial.
   4. Charcutería. Autoriza el jamón serrano, las salchichas, el salchichón, el chorizo y el salami pero excluye la charcutería cocinada: el jamón cocido, el paté, los chicharrones, la morcilla... (como excepción cita expresamente el foie-gras -hígado de pato-oca- porque su grasa es buena para la salud).
   5. Pescado. El pescado cocinado es menos peligroso que la carne cocinada. Seignalet recomienda no obstante que se consuma crudo siempre que sea posible por lo que sugiere buscar recetas en las tradiciones japonesas y tahitianas, por ejemplo. Mejor el pescado de mar que el de río y el de alta mar que el de piscifactoría.
   6. Mariscos. Crustáceos, moluscos y mariscos están todos permitidos (mejor crudos).
   7. Huevos. Admitido cuando está crudo, prohibido cuando está cocinado. Puede consumirse pasado por agua y a temperatura poco elevada.
   8. Verduras. Todas están autorizadas. Mejor crudas o al vapor.
   9. Legumbres secas o leguminosas. Pueden consumirse todas y prepararse también al vapor.
   10. Leche y derivados lácteos. Están prohibidos. Se aconseja sustituirlos por productos de soja
   11. "Crudités". Pueden consumirse en grandes cantidades: zanahorias, champiñones, pepinos, lechugas, tomates, melones, berros, apio, endibias, milamores, melón, pimientos, rábanos...
   12. Frutas frescas. Las principales son el albaricoque, la piña, los plátanos, las cerezas, las fresas, las frambuesas, las mandarinas, las naranjas, los pomelos, los melocotones, las peras, las manzanas, las ciruelas, las uvas y las frutas exóticas. Deben consumirse en gran cantidad. Se permite también la castaña cocida y su harina.
   13. Frutos secos en conserva y encurtidos. Seignalet aconseja que se consuman muchos: higos, almendras, nueces, avellanas, olivas, dátiles... pero siempre crudos, nunca tostados.
   14. Aceite. Siempre que sea virgen y extraído de primera presión en frío. Seignalet aconseja sobre todo los siguientes:
-El de oliva porque aporta ácidos grasos monoinsaturados.
-Los de nuez, soja y colza porque aportan ácido alfa-linolénico. Y,
-Los de onagra y borraja porque aportan ácido beta-linolénico.
   15. Otros alimentos. Se aconsejan la miel, el polen, los germinados de leguminosas (soja, lentejas, etc.) y el chocolate (de forma limitada porque tiene azúcar). El azúcar blanco, en cambio, debe ser descartado en beneficio del azúcar integral, mucho más rico en potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro y vitaminas.
   16. Condimentos. Todos están autorizados: sal, pimienta, vinagre, limón, cebolla, ajo, mostaza, perejil, alcaparras, pepinillos, curry y plantas aromáticas. Se prohíbe sólo la sal refinada a favor de la sal completa, rica en minerales.
   17. Bebidas. Se aconseja ante todo beber agua porque además aporta oligoelementos y minerales.
-Se excluyen todas las bebidas azucaradas, las sodas y los zumos de fruta envasados así como la cerveza porque contiene proteínas de la cebada.
-Se tolera el café y el té en cantidades razonables.
-Se recomienda el consumo de achicoria por sus propiedades coleréticas y depurativas.
-Se autorizan -en dosis moderadas- todas las bebidas alcohólicas (salvo la cerveza) porque el alcohol como molécula simple no provoca respuestas de autoinmunidad, ni de acumulación, ni de eliminación. Además los alcoholes preparados a partir de cereales no contienen proteínas de las mismas al ser obtenidos por destilación. También son positivas las propiedades del alcohol para dar mayor fluidez a la sangre y el vino para eliminar radicales libres.
   18. Suplementos. Se considera necesario aportar vitaminas liposolubles A, D, E, K y las hidrosolubles, B1, B2, B5, B6, B12 y vitamina C. Hay ingerir además magnesio ya que es esencial para el funcionamiento de muchas enzimas; bien en forma de pidolato de magnesio, bien en la de cloruro de magnesio. En cuanto a los oligoelementos conviene ingerir con frecuencia zinc, cobre, manganeso, silicio, selenio, cobalto, cromo y rubidio.
"Mi régimen
-señala Seignalet- no es ciertamente tan perfecto como el de Burger pero sí mucho más fácil de practicar y compatible con una vida social normal así como con una gastronomía de alto nivel. La persona que se compromete con este régimen debe tener un papel activo asumiendo y entendiendo los motivos dietéticos expuestos y que no tiene por qué seguir como una religión sino como un medio preciso para prevenir o curar una enfermedad atacando su causa".

BENEFICIOS EN LAS DISTINTAS PATOLOGÍAS
Los estudios realizados por el propio Seignalet indican que seguir el Régimen Ancestral permite:
   1) En el ámbito de las enfermedades autoinmunes, mejoría o cura en el 80% de los casos de poliartritis reumatoides, en el 95% de las espondilitis anquilosantes, en el 80% de los reumatismos psoriásicos y en el 70% del síndrome de Gougerot-Sjögren.
   2) En el ámbito de las enfermedades de ensuciamiento mejoría o cura en el 75% de las diabetes del adulto, en el 80% de las fibromialgias y en el 75% de las artrosis.
   3) En el ámbito de las enfermedades de eliminación mejoría o cura en el 99% de los acnés, en el 75% de las psoriasis, en el 99% de las colitis, en el 97% de la enfermedad de Crohn, en el 90% de las asmas y en el 99% de las rinitis alérgicas.
Obviamente el Régimen Ancestral o Hipotóxico puede prevenir o detener el curso de una enfermedad pero no reparar lo que ya está demasiado deteriorado como, por ejemplo, las deformaciones articulares en la poliartritis reumatoide, la destrucción de las glándulas lacrimales y salivares en el síndrome de Gougerot-Sjögren, las cicatrices del acné, la estenosis, los flemones, las fístulas o las fisuras en la enfermedad de Crohn. Es por tanto fundamental para Seignalet cambiar la alimentación lo antes posible.
Por último hay que señalar finalmente que las enfermedades de acumulación señaladas por Seignalet son en general -con raras excepciones- propias de adultos y no afectan a los niños. En cuanto a las de eliminación la proporción de éxito es idéntica tanto en niños como en adultos. Sin embargo, en el caso de las enfermedades autoinmunes las probabilidades de sanar son más bajas en el niño: de una media del 85% en adultos se pasa a más o menos un 50 % en niños.
Para terminar diremos que según Seignalet el tiempo necesario para percibir los primeros beneficios claros es variable y depende de los casos. Así, hay quien experimenta notables mejorías en sólo 15 días mientras otros tardan hasta dos años. Afortunadamente asegura que en el 90% de los casos los efectos favorables se perciben en los primeros 3 meses.
Julio Alonso, director del Centro Itaka de Madrid y miembro del Consejo Asesor de Discovery DSALUD, nos corroboraría los beneficios obtenidos con los pacientes que siguieron el Régimen Ancestral. "Funciona sobre todo -nos diría- en pacientes con problemas degenerativos de columna vertebral pero también en casos de artritis, poliartritis, espondilitis, síndrome de Raiter o enfermedad de Crohn el éxito es espectacular. Lo que cuenta Seignalet en su libro lo avalan los resultados. Muchos pacientes, al cabo de sólo dos o tres semanas de seguir su dieta, empiezan a mejorar de una manera importante. Él cuenta que en espondilitis la mejora es clara en un 90% de las ocasiones pero nosotros hemos tratado muchos casos y han mejorado todos sin excepción. Es una lástima que entre los especialistas en enfermedades autoinmunes el trabajo del doctor Seignalet sea tan poco conocido. Si los reumatólogos, inmunólogos y dermatólogos que trabajan con el lupus, por ejemplo, recomendaran su dieta se darían cuenta rápidamente de sus posibilidades y eficacia. Y añadiré que una dieta muy parecida a la que propone Seignalet, sin gluten, azúcar y productos lácteos es buena también para el autismo y la hiperactividad infantil.


Antonio Muro



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