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Cáncer: qué es, qué lo causa
y cómo tratarlo (XXXVI) EL RÉGIMEN ANCESTRAL DEL
DR. JEAN SEIGNALET (Y II) |
Después
de 15 años de investigaciones y experiencias clínicas el doctor Jean Seignalet
-médico francés autor de La Alimentación, la 3ª Medicina- concluyó que muchas
patologías y la proliferación actual de otras se debe básicamente a cinco razones:
el consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche animal y sus derivados,
la cocción de los alimentos, el refino de los aceites y la contaminación alimenticia
con la consiguiente carencia de vitaminas y minerales. De ahí que propusiera para
superarlas seguir lo que denominó "Régimen Ancestral", método dietético con el
que se han conseguido sorprendentes curaciones en numerosas patologías, cáncer
incluido. Ya
vimos el pasado mes que para Jean Seignalet el ensuciamiento celular es
causa de muchas patologías. Ensuciamiento que en gran parte se debe al hecho de
que la mucosa del intestino delgado -de gran superficie (100 metros cuadrados)
y extrema delgadez (0,025 milímetros)- puede volverse hiperpermeable cuando es
sometida a la agresión de distintos agentes -como algunos estafilococos, colibacilos,
estreptococos, etc.-, algunos medicamentos -antiinflamatorios no esteroideos,
salicilatos y corticoides- y ciertos alimentos difícilmente digeribles, especialmente
los cereales refinados y los lácteos. Es más, según Seignalet es la alimentación
moderna la que más decisivamente ha contribuido y contribuye a deteriorar la permeabilidad
de la mucosa. Y es que nuestros hábitos alimenticios han sufrido grandes cambios
a lo largo de los siglos con la aparición de nuevos productos, las modificaciones
impuestas en los alimentos por las modernas técnicas de agricultura, ganadería
e industria -desde el uso de pesticidas hasta la alteración genética- y la forma
de preparación con técnicas de cocinado a altas temperaturas que no han estado
acompañadas de una adaptación similar de nuestra biología. En pocas palabras,
nuestro organismo, producto de una evolución de millones de años, no consigue
adaptarse a los rápidos cambios de los últimos 5.000 años pero, sobre todo, a
los del último siglo lo que ha terminado provocando patologías para las que hoy
no hay respuesta y que se estudian desde ópticas diferentes. Seignalet comprobaría
que en función de la estructura de las moléculas procedentes del intestino, los
mecanismos con los que éstas obstaculizan el funcionamiento de la célula, el tipo
de enzimas afectadas y las distintas reacciones que generan se produce un tipo
u otro de patología. Coligiendo que el ensuciamiento celular sería la principal
causa de la mayoría de las enfermedades autoinmunes y reumáticas -poliartritis
reumatoide, espondilitis anquilosante, enfermedad de Gougerot-Sjögren, lupus eritematoso,
esclerodermia, esclerosis múltiple, enfermedad celiaca, miastenia, enfermedad
de Basedow-, las patologías por ensuciamiento -fibromialgia primitiva,
tendinitis, artrosis, osteoporosis, gota, cefaleas, depresión nerviosa endógena,
esquizofrenia, migrañas, Parkinson, Alzheimer, diabetes tipo 2, hipoglucemia,
hipercolesterolemia, espamofilia, arterioesclerosis, disepsia, litiasis biliar,
pancreatitis agudas, hemopatías no malignas, leucemias y algunos cánceres- y las
patologías por eliminación -acné, psoriasis, eccemas, queratodermia, ictiosis,
colitis, enfermedad de Crohn, colopatía funcional, bronquitis crónica, asma, otitis,
anginas, sinusitis, rinitis alérgica, infecciones repetitivas, la enfermedad de
Behçet, conjuntivitis alérgica y aftas. En suma, y por increíble que pueda
parecer, todas esas disfunciones y patologías las causa según Seignalet el ensuciamiento
celular y pueden prevenirse, detener su avance e incluso revertirse en muchos
casos siguiendo el Régimen Ancestral, Original o Hipotóxico que propuso en su
obra La Alimentación, la 3ª Medicina. Régimen que puede parecer radical
pero que se basa en el convencimiento de que la manifestación o aparición de las
mismas se debe a cinco razones básicas: 1)
El consumo de cereales domésticos. 2)
La ingesta de leche animal y sus derivados. 3)
La cocción de los alimentos. 4)
Los aceites refinados. 5)
La contaminación alimenticia y la carencia de vitaminas y minerales. Pero
veámoslo con más detalle. EL CONSUMO DE CEREALES
DOMÉSTICOS Seignalet explica que la necesidad de
alimentar a un número cada vez mayor de personas hizo ir modificando las técnicas
de cultivo desde los albores de la civilización. El hombre seleccionó primero
aquellas especies mejor adaptadas, luego haría hibridaciones buscando obtener
plantas más fuertes, a continuación llevaría las especies a zonas geográficas
diferentes de las propias y, finalmente, las manipularía creando organismos genéticos
modificados para obtener plantas fuera de temporada, cultivos más resistentes
o cosechas más numerosas. Todo un proceso histórico marcado por la cantidad pero
en el que se ha venido ignorando la respuesta de nuestro organismo, no tan diferente
del de nuestros congéneres de hace miles de años y, por tanto, incapaz de adaptar
su respuesta biológica a cambios tan continuos. "Estoy convencido -señala
Seignalet- de que los biólogos llegarán a obtener plantas más resistentes a
la sequía, más ricas en una vitamina concreta o con un mejor rendimiento por hectárea.
Pero al mismo tiempo producirán nuevas proteínas y, en ocasiones, nuestras enzimas
y mucinas se revelerán inadaptadas a esas moléculas para ellas desconocidas, en
su primera forma o en su forma alterada por la cocción. Me sitúo pues entre los
enemigos de los organismos genéticamente modificados. ¡Si tomamos mil precauciones
antes de lanzar un nuevo medicamento que generalmente tomamos en pequeñas dosis
deberíamos hacer lo mismo antes de crear un nuevo alimento que con seguridad vamos
a consumir en grandes dosis". Como muestra Seignalet recoge en su libro
una amplia relación de estudios que asocian el consumo de trigo -y en menor medida
del maíz- con diversas enfermedades: poliartritis reumatoide (Darlington
1986), esclerosis en placas (Besson, 1994), enfermedad celíaca y dermatitis
herpetiforme (Gjertsen y col., 1994), algunas migrañas (Monro y
col., 1984), diabetes juvenil (Kostraba y col., 1988), depresiones nerviosas
(Burger, 1988), esquizofrenia (Lorente, 1990) y enfermedad de Crohn
(Riordan y col., 1993). Para Seignalet todas esas enfermedades no son
sino la consecuencia de algo grave que denuncia: las enzimas y mucinas de nuestros
organismos son hoy incapaces de digerir correctamente las proteínas de los cereales
-especialmente las del trigo y el maíz- porque a lo largo de los últimos tiempos
se ha modificado su naturaleza. Un problema que además se agrava con su desnaturalización
al ser cocidos. Los únicos cereales que según él no presentan hoy esos inconvenientes
son el arroz -ya que tiende siempre a volver a su estado natural inicial a pesar
de las múltiples manipulaciones que igualmente ha sufrido- y el trigo sarraceno.
EL CONSUMO DE LECHE ANIMAL Y SUS DERIVADOS
En cuanto al consumo de leche animal y sus derivados es cada
vez objeto de mayores controversias científicas sobre sus aportaciones reales
a la salud. Según sus detractores es innegable que ningún animal salvaje se alimenta
de la leche de otro animal ni sigue tomando leche materna después del destete.
"Las leyes de Darwin -indica Seignalet- nos indican que la leche materna
es un alimento muy bien adaptado a las necesidades del niño pequeño y que la leche
de vaca está muy bien adaptada a las necesidades del ternero... pero no a las
del hombre". Seignalet recuerda en ese sentido que las proteínas de la leche
de vaca tienen una estructura primaria diferente de las proteínas humanas. Y que
algunas de ellas resisten -al menos en parte- a la acción de las enzimas y de
la flora bacteriana. Por eso el resultado de su ingesta es con demasiada frecuencia
una mucosa intestinal deteriorada que hará que esas proteínas o péptidos se introduzcan
en el organismo provocando problemas. Existen además grandes diferencias entre
la leche materna -para la que está preparada nuestro organismo- y la de vaca.
En composición, vitaminas y, desde luego, hormonas y factores de crecimiento.
Y es que en el caso de la vaca su leche está destinada a conseguir que el ternero
alcance ¡un peso de 100 kilos en un año! En otras palabras: la leche de vaca es
idónea para alimentar terneros, no seres humanos. Además de relacionar en
su obra diversas enfermedades con el consumo de lácteos y sus derivados -al igual
que en el caso de los cereales- Seignalet rompe también con el mito de la leche
y el calcio: "Muchas personas piensan que prescindir de la leche puede provocarles
pérdida de calcio y problemas como la osteoporosis pues la televisión, la prensa
y la mayoría de los médicos repiten que la solidez de los huesos depende de su
cantidad de calcio y sólo el consumo diario de productos derivados de la leche
puede aportarles en cantidad suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo
firmemente que NO. El peligro de la falta de calcio es una ilusión. Es
cierto que la leche de vaca es rica en calcio pero una vez en el tubo digestivo
humano la inmensa mayoría del mismo es precipitado en forma de fosfato de calcio
y expulsado a través de las heces fecales. Sólo una pequeña parte es absorbida.
El calcio asimilable es aportado en cantidad más que suficiente por los vegetales:
hortalizas, legumbres secas, verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos.
Además el calcio es un mineral muy abundante en el suelo donde es recuperado por
las raíces de las plantas. En definitiva, eliminar de la alimentación la leche
animal no provoca carencia de calcio. Al contrario, el régimen hipotóxico -desprovisto
de derivados de la leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de
cada 100 la evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar parte
del terreno perdido". LA COCCIÓN DE LOS
ALIMENTOS Seignalet recuerda también que la cocción
de los alimentos está destinada básicamente a destruir microorganismos, dar mejor
aroma y sabor a los alimentos y favorecer su digestión. Y en todos los casos el
aumento térmico se obtiene a través de la agitación de las moléculas del alimento:
las verduras se vuelven más blandas, el huevo se vuelve sólido, la carne roja
se oscurece... produciéndose en todos los casos una desecación progresiva. Sólo
que detrás de todos esos efectos apreciables a la vista y al gusto se esconde
una cascada de cambios químicos. La cocción de un alimento genera un gran número
de moléculas complejas que no existen en estado natural y cuyas propiedades son
aún en muchos casos desconocidas. Se conocen como moléculas de Maillard y
aparecen cuando un producto es sometido a altas temperaturas durante un tiempo
prolongado haciéndolas irrompibles por nuestras enzimas. Investigadores como Dang
llegan a afirmar que son incluso más mutagénicas que muchos colorantes y pesticidas.
Por eso dice textualmente Seignalet: "Es preferible comer alimentos crudos
que cocidos. Sin embargo, si deseamos utilizar la cocción hay que tener en cuenta
algo esencial: las modificaciones inducidas por el calor son aún más importantes
cuando la temperatura es alta y el tiempo de exposición al calor largo. La frontera
por encima de la cual los alimentos sufren importantes transformaciones se sitúa
alrededor de los 110 º C por lo que conviene optar por una cocción al vapor suave
o estofada". Recomendación que choca abiertamente en la actualidad con
las advertencias sanitarias ya que éstas desaconsejan el consumo de carne cruda
(para evitar, entre otras razones, contraer enfermedades como la del "mal de las
vacas locas"). Para Seignalet, sin embargo, es cuestión de estadística: "La
carne cocida o asada que favorece el cáncer y la arterosclerosis está implicada
en la desaparición de 300 000 franceses al año mientras la encefalitis espongiforme
bobina ha causado en Francia cuatro muertos. De acuerdo con estas cifras es mucho
mejor comerse la carne cruda. Además la cocción del ternero no nos protege siempre
de los priones porque éstos no son destruidos más que a una temperatura superior
a 136 ° C aplicada durante 18 minutos. En suma, el peligro representado por el
"mal de las vacas locas "en Francia no es nulo pero sí ínfimo". LOS
ACEITES REFINADOS En lo que se refiere a los aceites
de los vegetales éstos antes se extraían siempre mediante primera presión y en
frío (a unos 30º C) y contenían ácidos grasos esenciales, en particular ácido
linoleico y ácido alfalinolénico. A partir de la II Guerra Mundial, sin embargo,
muchos aceites empezaron a extraerse por calor y mediante complejos procesos de
refinado que, en opinión de Seignalet, presentan tres inconvenientes: La
persistencia de algunos productos nocivos como el hexano, muy integrado en los
cuerpos grasos e imposible de eliminar por completo. La
creación durante el proceso de ácidos grasos saturados no deseables y nuevas especies
químicas más o menos peligrosas. La
transformación de una fracción de los ácidos grasos insaturados en ácidos grasos
"trans" que nuestro organismo es incapaz de metabolizar y a los que
investigadores como Mann (1994) incriminan en ciertas afecciones frecuentes:
hipercolesterolemia, arteriosclerosis, obesidad y resistencia a la insulina en
la diabetes. Varios equipos de investigadores llegaron a la conclusión en 1995
de que los ácidos grasos poliinsaturados favorecen la aparición de accidentes
vasculares. El consejo de Seignalet es pues no consumir nunca aceites industriales
refinados sino aceites de primera presión en frío. LA
CONTAMINACIÓN ALIMENTICIA Y LA CARENCIA DE VITAMINAS
Hay que señalar además que el desarrollo industrial ha llevado a añadir a los
alimentos todo tipo de aditivos en teoría perfectamente regulados pero de los
que en realidad se desconoce en muchos casos su acción a largo plazo mientras
en otros sigue abierta la polémica como ocurre en el caso del glutamato monosódico
que se señala como una de las causas de la obesidad infantil. Por otra parte,
a fin de obtener mayor rendimiento con costes más bajos, las aves y animales de
granja reciben hormonas, antibióticos, tranquilizantes y medicamentos, algunos
de los cuales son moléculas de síntesis que no existen en la naturaleza. Paralelamente
los vegetales se tratan con pesticidas y abonos y las malas hierbas con herbicidas
siendo muy difícil el control de este tipo de sustancias. La solución apunta pues
a los alimentos biológicos -regulados en Europa desde 1991- aun teniendo en cuenta
que hoy la tierra se encuentra muy deteriorada y carente de numerosos nutrientes.
Pero aún así son mejores -aunque más caros- que los productos industriales.
Cabe añadir que los procesos industriales llevan aparejada una aparente contradicción:
la producción masiva de alimentos y animales criados muy rápidos de forma artificial
con abonos y piensos cuenta con el aporte de numerosas vitaminas y minerales,
y, sin embargo, los estudios científicos señalan frecuentes déficits vitamínicos
en nuestras desarrolladas sociedades. Tal situación se explica porque las prácticas
modernas no permiten a las plantas absorber las vitaminas y minerales. Y a ello
debemos añadir que los procesos industriales llevan hasta nosotros productos que
han perdido en su preparación gran parte de sus nutrientes como es el caso de
las conservas y los alimentos precocinados. EL
RÉGIMEN ANCESTRAL, ORIGINAL O HIPOTÓXICO En suma,
Seignalet propone para afrontar cualquier enfermedad -incluido el cáncer- su Régimen
Ancestral, Original o Hipotóxico que pasa por: -La total exclusión de
los cereales en la alimentación a excepción del arroz y el trigo sarraceno.
-La completa exclusión de la leche animal y los derivados lácteos. -El consumo
de muchos productos crudos (incluso propone consumir la carne, el pescado y el
marisco crudos o, al menos, nunca fritos o preparados a más de 80º C). -La
utilización de aceites vírgenes obtenidos por primera presión en frío. -La
preferencia por los productos biológicos. Pautas
para seguir el "Régimen Ancestral" 1.
Cereales. Se prohíbe el consumo de los cereales modernos, mutados,
cocinados, incompletos y secados. Se permiten en cambio los cereales antiguos,
salvajes, crudos o cocinados a menos de 110 C. Recordando que: -El trigo debe
eliminarse de la alimentación porque es peligroso a causa de la estructura de
sus proteínas y porque se consume cocido (excepción hecha del trigo sarraceno
que es bien tolerado y puede ingerirse). Y lo mismo cabe decir de la cebada, el
centeno y la avena. -Hay que desechar todo producto hecho con harina. Aclarando
que el pan integral se considera aun peor que el clásico ya que está más cocido.
-El arroz puede tomarse porque ha permanecido en su forma salvaje prehistórica
y la experiencia clínica demuestra que raramente es nocivo. -Sobre los cereales
africanos (mijo, sorgo...) Seignalet no tiene opinión definida. 2.
Leche animal. Queda prohibido el consumo de cualquier leche animal
(vaca, cabra, oveja...) así como sus derivados (mantequilla, queso, nata, yogur...).
3.
Carne. Como criterio general Seignalet entiende que es mejor consumir
la carne cruda pero tolera que se prepare a menos de 110 C (de cualquier forma
salvo frita). Y prefiriendo las de buey, ternera, lechazo y caballo ya que son
más fáciles de consumir crudas (tartare, carpaccio...). No recomienda sin embargo
la carne de cerdo, cordero, pollo o conejo por ser menos apetecibles crudas y
porque su alimentación es más artificial. 4.
Charcutería. Autoriza el jamón serrano, las salchichas, el salchichón,
el chorizo y el salami pero excluye la charcutería cocinada: el jamón cocido,
el paté, los chicharrones, la morcilla... (como excepción cita expresamente el
foie-gras -hígado de pato-oca- porque su grasa es buena para la salud). 5.
Pescado. El pescado cocinado es menos peligroso que la carne cocinada.
Seignalet recomienda no obstante que se consuma crudo siempre que sea posible
por lo que sugiere buscar recetas en las tradiciones japonesas y tahitianas, por
ejemplo. Mejor el pescado de mar que el de río y el de alta mar que el de piscifactoría.
6.
Mariscos. Crustáceos, moluscos y mariscos están todos permitidos (mejor
crudos). 7.
Huevos. Admitido cuando está crudo, prohibido cuando está cocinado.
Puede consumirse pasado por agua y a temperatura poco elevada. 8.
Verduras. Todas están autorizadas. Mejor crudas o al vapor. 9.
Legumbres secas o leguminosas. Pueden
consumirse todas y prepararse también al vapor. 10.
Leche y derivados lácteos. Están prohibidos. Se aconseja sustituirlos
por productos de soja 11.
"Crudités". Pueden consumirse en grandes
cantidades: zanahorias, champiñones, pepinos, lechugas, tomates, melones, berros,
apio, endibias, milamores, melón, pimientos, rábanos... 12.
Frutas frescas. Las principales son el albaricoque, la piña, los plátanos,
las cerezas, las fresas, las frambuesas, las mandarinas, las naranjas, los pomelos,
los melocotones, las peras, las manzanas, las ciruelas, las uvas y las frutas
exóticas. Deben consumirse en gran cantidad. Se permite también la castaña cocida
y su harina. 13.
Frutos secos en conserva y encurtidos. Seignalet
aconseja que se consuman muchos: higos, almendras, nueces, avellanas, olivas,
dátiles... pero siempre crudos, nunca tostados. 14.
Aceite. Siempre que sea virgen y extraído de primera presión
en frío. Seignalet aconseja sobre todo los siguientes: -El de oliva porque
aporta ácidos grasos monoinsaturados. -Los de nuez, soja y colza porque aportan
ácido alfa-linolénico. Y, -Los de onagra y borraja porque aportan ácido beta-linolénico.
15.
Otros alimentos. Se aconsejan la miel, el polen, los germinados de
leguminosas (soja, lentejas, etc.) y el chocolate (de forma limitada porque tiene
azúcar). El azúcar blanco, en cambio, debe ser descartado en beneficio del azúcar
integral, mucho más rico en potasio, magnesio, calcio, fósforo, hierro y vitaminas.
16.
Condimentos. Todos están autorizados: sal, pimienta, vinagre,
limón, cebolla, ajo, mostaza, perejil, alcaparras, pepinillos, curry y plantas
aromáticas. Se prohíbe sólo la sal refinada a favor de la sal completa, rica en
minerales. 17.
Bebidas. Se aconseja ante todo beber agua porque además aporta oligoelementos
y minerales. -Se excluyen todas las bebidas azucaradas, las sodas y los zumos
de fruta envasados así como la cerveza porque contiene proteínas de la cebada.
-Se tolera el café y el té en cantidades razonables. -Se recomienda el consumo
de achicoria por sus propiedades coleréticas y depurativas. -Se autorizan
-en dosis moderadas- todas las bebidas alcohólicas (salvo la cerveza) porque el
alcohol como molécula simple no provoca respuestas de autoinmunidad, ni de acumulación,
ni de eliminación. Además los alcoholes preparados a partir de cereales no contienen
proteínas de las mismas al ser obtenidos por destilación. También son positivas
las propiedades del alcohol para dar mayor fluidez a la sangre y el vino para
eliminar radicales libres. 18.
Suplementos. Se considera necesario aportar vitaminas liposolubles
A, D, E, K y las hidrosolubles, B1, B2, B5, B6, B12 y vitamina C. Hay ingerir
además magnesio ya que es esencial para el funcionamiento de muchas enzimas; bien
en forma de pidolato de magnesio, bien en la de cloruro de magnesio. En cuanto
a los oligoelementos conviene ingerir con frecuencia zinc, cobre, manganeso, silicio,
selenio, cobalto, cromo y rubidio. "Mi régimen -señala Seignalet-
no es ciertamente tan perfecto como el de Burger pero sí mucho más fácil de
practicar y compatible con una vida social normal así como con una gastronomía
de alto nivel. La persona que se compromete con este régimen debe tener un papel
activo asumiendo y entendiendo los motivos dietéticos expuestos y que no tiene
por qué seguir como una religión sino como un medio preciso para prevenir o curar
una enfermedad atacando su causa". BENEFICIOS
EN LAS DISTINTAS PATOLOGÍAS Los estudios realizados
por el propio Seignalet indican que seguir el Régimen Ancestral permite: 1)
En el ámbito de las enfermedades autoinmunes, mejoría o cura en el 80%
de los casos de poliartritis reumatoides, en el 95% de las espondilitis anquilosantes,
en el 80% de los reumatismos psoriásicos y en el 70% del síndrome de Gougerot-Sjögren.
2)
En el ámbito de las enfermedades de ensuciamiento mejoría o cura en el
75% de las diabetes del adulto, en el 80% de las fibromialgias y en el 75% de
las artrosis. 3)
En el ámbito de las enfermedades de eliminación mejoría o cura en el 99%
de los acnés, en el 75% de las psoriasis, en el 99% de las colitis, en el 97%
de la enfermedad de Crohn, en el 90% de las asmas y en el 99% de las rinitis alérgicas.
Obviamente el Régimen Ancestral o Hipotóxico puede prevenir o detener
el curso de una enfermedad pero no reparar lo que ya está demasiado deteriorado
como, por ejemplo, las deformaciones articulares en la poliartritis reumatoide,
la destrucción de las glándulas lacrimales y salivares en el síndrome de Gougerot-Sjögren,
las cicatrices del acné, la estenosis, los flemones, las fístulas o las fisuras
en la enfermedad de Crohn. Es por tanto fundamental para Seignalet cambiar la
alimentación lo antes posible. Por último hay que señalar finalmente que
las enfermedades de acumulación señaladas por Seignalet son en general -con raras
excepciones- propias de adultos y no afectan a los niños. En cuanto a las de eliminación
la proporción de éxito es idéntica tanto en niños como en adultos. Sin embargo,
en el caso de las enfermedades autoinmunes las probabilidades de sanar son más
bajas en el niño: de una media del 85% en adultos se pasa a más o menos un 50
% en niños. Para terminar diremos que según Seignalet el tiempo necesario
para percibir los primeros beneficios claros es variable y depende de los casos.
Así, hay quien experimenta notables mejorías en sólo 15 días mientras otros tardan
hasta dos años. Afortunadamente asegura que en el 90% de los casos los efectos
favorables se perciben en los primeros 3 meses. Julio Alonso, director
del Centro Itaka de Madrid y miembro del Consejo Asesor de Discovery
DSALUD, nos corroboraría los beneficios obtenidos con los pacientes que siguieron
el Régimen Ancestral. "Funciona sobre todo -nos diría- en pacientes
con problemas degenerativos de columna vertebral pero también en casos de artritis,
poliartritis, espondilitis, síndrome de Raiter o enfermedad de Crohn el éxito
es espectacular. Lo que cuenta Seignalet en su libro lo avalan los resultados.
Muchos pacientes, al cabo de sólo dos o tres semanas de seguir su dieta, empiezan
a mejorar de una manera importante. Él cuenta que en espondilitis la mejora es
clara en un 90% de las ocasiones pero nosotros hemos tratado muchos casos y han
mejorado todos sin excepción. Es una lástima que entre los especialistas en enfermedades
autoinmunes el trabajo del doctor Seignalet sea tan poco conocido. Si los reumatólogos,
inmunólogos y dermatólogos que trabajan con el lupus, por ejemplo, recomendaran
su dieta se darían cuenta rápidamente de sus posibilidades y eficacia. Y añadiré
que una dieta muy parecida a la que propone Seignalet, sin gluten, azúcar y productos
lácteos es buena también para el autismo y la hiperactividad infantil.
Antonio Muro
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