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| ANTIINFLAMATORIOS: UNO DE
LOS NEGOCIOS MÁS RENTABLES... Y VERGONZOSOS |
El reciente escándalo de los antiinflamatorios
COX2 -conocidos como "superaspirinas"- ha dejado de nuevo al
descubierto la falta de ética de buena parte de las multinacionales
farmacéuticas. El escándalo del fármaco Vioxx comercializado
por Merck Sharp & Dohme y retirado del mercado por haber
causado miles de muertes tiene seriamente preocupada a la gran
industria que parece dispuesta a abandonar sus agresivas promociones
mientras ve cómo las agencias reguladoras se vuelven más estrictas.
¿Se justifican los medicamentos que se indican para combatir
las inflamaciones? Lo analizamos en profundidad pero todo apunta
que no es así en absoluto.
Las patologías asociadas con la inflamación
crónica son -según una investigación realizada por el Hospital
General de Guadalajara- la primera causa de invalidez permanente
en nuestro país y la tercera de bajas temporales. Casi la mitad
de los españoles padecen una enfermedad reumática aguda o crónica.
Pocas personas hay que en su entorno no tengan a alguien afectado
por alguna de las manifestaciones de esta amplia familia: artritis,
artrosis, cervicalgia, fibromialgia, osteoporosis, lumbalgia,
espondilitis, lupus y muchas otras.
En los últimos años los grandes laboratorios utilizaron todo su
arsenal comercial para convencer a los pacientes y, sobre todo,
a los médicos de que depositaran sus esperanzas en los denominados
AINES (antiinflamatorios no esteroides), inhibidores selectivos
de la COX2. Bautizados coloquialmente como coxibs y
superaspirinas sus enormes posibilidades antiinflamatorias
y analgésicas fueron extendidas a los cuatro vientos y sus ventas
se multiplicaron en los últimos años. Tan sólo en el 2003 el mercado
de ventas de antirreumáticos no esteroideos alcanzó los ¡doce
mil cuatrocientos millones de dólares!
Sin embargo, ya desde comienzos del 2000 las sospechas de que
sus efectos secundarios a nivel cardiovascular podían ser gravísimos
comenzaron a ser un secreto a voces. Durante bastante tiempo los
fabricantes consiguieron tapar la realidad -incluso con la ocultación
de datos- llegando a convertirse en auténticos medicamentos estrellas,
siempre en las listas de los más vendidos. Pero el escándalo acabó
saltando a la luz en el 2004 cuando la multinacional Merck
Sharp & Dohme decidió retirar del mercado -dicen que por decisión
propia- el rofecoxib (Vioxx) ante la posibilidad de que
fuera el responsable de miles de muertes, más de 30.000 según
las primeras estimaciones aunque podrían llegar a ser más de 100.000
según la prestigiosa revista The Lancet. Una decisión que
dejó al descubierto la negligencia de la FDA -la agencia del medicamento
norteamericana- ya que había sido avisada mucho antes de los peligros
del Vioxx por David Graham, uno de sus investigadores,
sin que hiciera nada.
2005, UN MAL AÑO PARA LOS AINES
Durante el 2005 la negra nube de la sospecha
se fue extendiendo al resto de los antiinflamatorios hasta el
punto de que el doctor Jesús Tornero -presidente de la
Sociedad Española de Reumatología (SER)- presentó durante
el XXXI Congreso de Reumatología celebrado en Las Palmas
de Gran Canaria un documento en el que llegó a afirmar: "Existe
la necesidad imperiosa de aclarar definitivamente el riesgo de
los coxibs y de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) ya
que hay un grupo importante de pacientes que responde bien a estos
fármacos y no debemos privarles de un tratamiento que controla
los síntomas de su enfermedad". Y es que la gravedad de lo
que se va conociendo sobre los efectos secundarios ya no sólo
afecta a los coxibs sino a la totalidad de los antiinflamatorios.
Los coxibs o superaspirinas surgieron como alternativas
a los AINES tradicionales porque presuntamente carecían de sus
efectos negativos y no provocaban complicaciones hemorrágicas
gastrointestinales pero la verdad es que no sólo tienen gravísimos
efectos secundarios sino que además tampoco parecen ser mejores.
En el mes de junio del pasado año, tratando de salir al paso de
la tormenta desatada tras el escándalo Vioxx, la Agencia Europea
del Medicamento concluía que los inhibidores de la COX2 aumentan
efectivamente el riesgo de problemas cardiovasculares, especialmente
los infartos cerebrales y de miocardio. Y hacía, entre otras,
las siguientes salvedades a la hora de recomendar los coxibs:
contraindicarlos en pacientes con patología coronaria isquémica
o cerebrovascular, no recomendarlos a personas con problemas circulatorios
en las piernas (arteriopatía periférica) y recomendarlos con mucha
precaución a personas con factores de riesgo de enfermedad coronaria
como hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia o tabaquismo.
Pero teniendo en cuenta la edad y tipología de la mayoría de los
pacientes que padecen inflamaciones crónicas o enfermedades reumáticas,
¿de verdad queda alguien a quien según esos criterios se les podría
seguir recomendando tales medicamentos sin peligro? Pues parece
que sí. La propia Agencia Europea del Medicamento -cuyas
indicaciones ha seguido después la Agencia Española- decía que
teniendo propiedades analgésicas semejantes a las de los antiinflamatorios
clásicos como los coxibs no provocan problemas digestivos
-úlceras y hemorragias gastrointestinales- podían recomendarse
a los pacientes con riesgo de sufrir ese tipo de complicaciones.
Sólo que apenas un mes después la FDA solicitó a todos los fabricantes
de AINES que requieren receta -incluyendo el más vendido,
el celecoxib (Celebrex)- que modificaran el etiquetado
de sus productos para incluir una alerta con un recuadro en negro
resaltando el aumento de riesgo de problemas cardiovasculares
y también ¡el de sangrado gastrointestinal!
Nacidos para solucionar los problemas de hemorragias gastrointestinales
de los anteriores antiinflamatorios resulta pues que los coxibs,
las superaspirinas, también pueden acabar provocando hemorragias
gástricas. Algo que quedó confirmado cuando el dos de diciembre
el HealthDay News, haciéndose eco de una investigación
publicada en el British Medical Journal, señalaba que realmente
no existen evidencias suficientes para corroborar las afirmaciones
sostenidas durante los últimos años de que los medicamentos analgésicos
conocidos como inhibidores de la COX2 son menos perjudiciales
para el recubrimiento del estómago que muchos medicamentos antiinflamatorios
tradicionales como la aspirina. Según la citada publicación "si
bien los medicamentos inhibidores de la COX2 fueron diseñados
específicamente para brindar alivio del dolor sin los graves efectos
secundarios gastrointestinales relacionados con los AINES tradicionales
'no hallamos evidencia constante de mayor seguridad para eventos
gastrointestinales con ninguno de los nuevos inhibidores de la
ciclo-oxigenasa-2 (COX-2) en comparación con medicamentos antiinflamatorios
no esteroides no selectivos', concluyeron los autores".
Algunas de las citas sobre esta investigación son esclarecedoras.
El doctor A. Mark Fendrick -profesor de Medicina Interna
y Gestión y Políticas de la Salud de la Universidad de Michigan-
afirma: "El hecho de que los usuarios de inhibidores de la
COX2 tuvieran índices más altos de eventos gastrointestinales
adversos que los que no eran usuarios no me sorprende". Añadiendo:
"Que un medicamento pueda ser un poco más seguro que otras
alternativas no significa que sea completamente seguro". El
doctor Eric Matteson -profesor del Colegio de Medicina de la
Clínica Mayo en Rochester (Minnesota, EEUU)- es tajante en
su apreciación: "Estos medicamentos se promocionaron alegando
que no producían complicaciones gastrointestinales y es absolutamente
falso. En la práctica médica real la utilidad de estos medicamentos
es muy baja cuando se trata de reducir el riesgo de efectos secundarios
gastrointestinales de consideración". Y concluye : "Todos
los AINES aumentan el riesgo de problemas estomacales, incluidas
las úlceras y las hemorragias que pueden ser graves e incluso
mortales. Y esto también se aplica para los inhibidores de la
COX2".
¿Cual es el futuro de los coxibs entonces? ¿Hemos asistido
una vez más a la vieja táctica de las multinacionales de sustituir
fármacos viejos con otros nuevos, más caros y acompañados de todo
tipo de promesas, pero al final no más efectivos?
Incluso hay quien se plantea sobre las verdaderas razones por
las que el Celecoxib -de venta en España- sigue comercializándose
a pesar de las dudas que su uso plantea. En un artículo publicado
en Revue Prescrire el pasado julio-agosto titulado El
celecoxib todavía está en el mercado, ¿pero para beneficio de
quién? se recuerda entre otras cosas que "el rofecoxib
(Vioxx) se retiró del mercado en el 2004 cuando un ensayo clínico
parecido al estudio APC demostró un aumento de 7,5 eventos cardiovasculares
por 1000-pacientes/año en terapia con rofecoxib versus placebo,
el mismo nivel de riesgo que se había observado con el celecoxib".
Y recuerda entre otros estudios que en un ensayo clínico controlado
de celecoxib con placebo en donde 425 pacientes de Alzheimer
recibieron tratamiento durante un año la tasa de mortalidad general
fue más alta en el grupo tratado con celecoxib. La revista
concluye: "La historia del celecoxib es un ejemplo de la ineficacia
de las agencias del medicamento europea y americana: el celecoxib
sigue en el mercado y los pacientes siguen todavía expuestos a
los peligros de un medicamento que no aporta ningún progreso terapéutico".
Algunos podrán pensar en que siempre quedarán los antiinflamatorios
de siempre, ¿no? Pues ni eso. Los efectos cardiovasculares de
los coxibs han hecho que todos los AINES comiencen
a ser mirados con lupa. Y las cosas tampoco parecen pintar demasiado
bien para ellos. Las doctoras Julia Hippisley-Cox y Carol
Coupland -de la Universidad de Nottingham- realizaron
un estudio entre la población del Reino Unido cuyos resultados
publicaron en el British Medical Journal el pasado mes
de junio. Según el estudio los AINES están asociados con
un aumento en el riesgo de infarto de miocardio. El Diclofenac
y el ibuprofeno parecen suponer tanto riesgo incluso como el rofecoxib
según las autoras del estudio. "Pensamos que existen suficientes
motivos de preocupación -afirman- como para reconsiderar
la seguridad cardiovascular de todos los AINES".
Llegados a este punto habrá que replantearse pues si los
AINES son la única alternativa que les queda a los enfermos reumáticos
crónicos. Y la respuesta es NO.
LOS PROCESOS INFLAMATORIOS
La visión reduccionista de la medicina farmacológica
considera la inflamación un proceso que hay que combatir y por
tanto ha centrado sus esfuerzos en buscar medicamentos capaces
de eliminarlo al igual que se hace con el dolor. Y lo consiguen...
pero inhibiendo algunos de los procesos de respuesta naturales
en nuestro organismo. El resultado es que el paciente, tras la
aplicación de antiinflamatorios durante unas cuantas horas y debido
a esa inhibición, se ve libre de los síntomas pero esa aparente
calma, presentada como un éxito, a la larga no lo es. La inhibición
de determinadas sustancias naturales puede causar graves perjuicios
al organismo en forma de gastritis, anorexia, dispepsia o úlcera
gástrica y potenciar el efecto gastroerosivo de otros medicamentos.
Sin contar, claro está, con los temidos efectos cardiovasculares
producidos por la última generación de antiinflamatorios. Es evidente
pues que la respuesta a largo plazo no puede estar en el consumo
de los medicamentos de síntesis.
"Si a un paciente que tiene artrosis en una rodilla -apunta
en ese sentido el doctor Santiago de la Rosa, presidente
del la Comisión de Médicos Naturistas del Colegio de Médicos de
Madrid- se le aplica un antiinflamatorio el dolor agudo y la
inflamación posiblemente remitan pero si no se hace nada más la
dolencia se convertirá en un padecimiento crónico. Es en ese momento
cuando los pacientes acuden a las terapias naturistas para ser
tratados de manera biológica: desintoxicando los tejidos, oxigenándolos
y nutriéndolos mediante el uso de terapias como la Ozonoterapia,
la Mesoterapia homotoxicológica-antihomotóxica, la Homeopatía,
los remedios a base de plantas y minerales o mediante biorresonancia.
En caso contrario el resultado final puede ser acabar con una
prótesis de rodilla. Y ello por no ayudar fisiológicamente al
organismo en vez de inhibir sus procesos naturales con antiinflamatorios
impidiendo su autorreparación. La rodilla es parte de un todo.
Y si esa sintomatología se da de manera continua es por la acidez
de sus tejidos y los circundantes, por la falta de una buena vascularización,
oxigenación y nutrición de los mismos, porque no hay una adecuada
eliminación de tóxicos desde la célula al espacio extracelular,
de éste al vascular o linfático y después al intestino o al urinario.
Tratando de revertir esa situación de manera adecuada y fisiológica
esa artrosis de rodilla no irá a más, es decir, no continuará
degenerándose. Debemos ayudar al organismo, no coartar sus métodos
de curación naturales. Y en ello, por cierto, juega un papel fundamental
la alimentación".
LA ALIMENTACIÓN COMO PREVENCIÓN
Son muchas las razones que explican la necesidad
de una dieta adecuada como base principal para la atención de
situaciones de inflamación crónica. Como señalábamos en los números
anteriores de nuestra revista el doctor Jean Seignalet -en
su obra La Alimentación, la 3ª Medicina- afirma precisamente
que los modernos hábitos alimenticios son la principal causa de
la mayor parte de las patologías crónicas que en la actualidad
padecemos. "Creo que la alimentación moderna -señala Seignalet-
es un factor fundamental en el origen de los reumatismos inflamatorios
pero también interviene en un buen número de afecciones reumatológicas
consideradas degenerativas, metabólicas e incluso de carácter
desconocido". Seignalet augura un alto porcentaje de mejorías
-a medio y largo plazo- a todo paciente con algún proceso inflamatorio
crónico que modifique simplemente sus hábitos alimenticios ajustándose
a su dieta que, básicamente, consiste en la total exclusión de
los cereales en la alimentación -a excepción del arroz y el trigo
sarraceno-, la completa exclusión de la leche animal y sus derivados,
consumir la carne, el pescado y el marisco crudos o, al menos,
nunca fritos o preparados a menos de 80ª C, el consumo de muchos
productos crudos, la utilización de aceites vírgenes obtenidos
por primera presión en frío y la preferencia por productos biológicos
(los detalles de la dieta recomendada por Seignalet puede consultarlos
en los números 78
y 79 entrando
en nuestra web). Es igual de útil, por cierto, seguir La
Dieta Definitiva.
Y no sólo es que una dieta adecuada proteja nuestra mucosa intestinal
e impida que desde allí se filtren a la circulación general moléculas
que pueden acabar afectando las distintas partes del organismo
como indica Seignalet, en este caso deteriorando a los cartílagos.
"Cuando hay una lesión -señala el doctor De la Rosa-
nuestro organismo produce ácido araquidónico al romperse las membranas
celulares. Y éste, al ser liberado, daña los tejidos vecinos provocando
una inflamación fisiológica que favorece el intercambio de sustancias
entre la lesión y el organismo para facilitar su curación. Por
otra parte ese mismo ácido araquidónico se encuentra también en
la membrana celular de los animales y, por tanto, en los productos
cárnicos, los embutidos, los lácteos y la yema de huevo. De ahí
que si se comen demasiados de esos alimentos se acumula gran cantidad
de ácido araquidónico y como consecuencia una mayor cantidad de
prostaglandinas de tipo 2, sustancias que favorecen a la larga
todos los procesos inflamatorios".
Además, por otro mecanismo bioquímico, el ácido araquidónico también
puede llegar a afectar al tracto respiratorio produciendo bronquitis
crónica, asma, eczemas, neurodermatitis, dolores en general, etc.
La alimentación se convierte por eso en una de las principales
herramientas para corregir los problemas de inflamación crónica.
Resumiendo, los alimentos pro-inflamatorios son aquellos que por
su acidez provocan que los tejidos del organismo se vean obligados
a defenderse. Podemos considerar como tales algunos de gran consumo
como el azúcar refinada, los cereales y harinas refinadas, las
grasas saturadas, los lácteos biológicamente inactivos, las carnes
y productos cárnicos derivados, la sal, el alcohol, el café, el
tabaco, los aditivos alimentarios, los restos de pesticidas y
los alimentos desvitalizados. Frente a ello la realidad es que
los más saludables son los que menos consumimos: cereales integrales,
aceites vírgenes de primera presión en frío, semillas oleaginosas,
pescados, frutas y verduras frescas de la estación... y abundante
agua.
"Frente a las grasas animales y su producción de prostaglandinas
inflamatorias de serie E2 (PGE2) -explica el doctor De la
Rosa- los aceites vegetales producen ácidos ricos en prostaglandinas
serie 1 (PGE1) y el pescado ácidos de los que se derivan las prostaglandinas
de la serie 3 (PGE3). Ambas, las PGE1 y 3, son las más necesarias
para nuestro cuerpo. Entre otras cosas porque previenen las inflamaciones
y regulan la respuesta al dolor, a la inflamación e hinchazón.
Vemos así que la alimentación define mucho la posibilidad de generar
procesos inflamatorios en nuestro organismo".
Cabe añadir a lo dicho respecto a los aceites vegetales que investigadores
estadounidenses de la Universidad de Ciencias en Filadelfia
(EEUU) dieron a conocer en septiembre del año pasado -en una investigación
publicada en la revista Nature- la existencia en el aceite
de oliva virgen extra de un compuesto químico denominado oleocanthal
que posee propiedades analgésicas similares al ibuprofeno,
fármaco antiinflamatorio no esteroideo.
TRATAMIENTO NATURAL DE LAS INFLAMACIONES
Además de crear con la dieta un entorno orgánico
donde sea más difícil que se desarrollen procesos inflamatorios
crónicos existen otras vías más naturales de combatir los procesos
inflamatorios crónicos:
-Fórmulas homeopáticas. Desde
hace muchas décadas se utilizan con muy buenos resultados sobre
todo cuando se combinan con hábitos alimenticios adecuados y dietas
estrictas. Con estos remedios suelen mejorar los cuadros dolorosos
articulares o musculares. Dentro de estas fórmulas suele haber
árnica, caléndula, millefolium, belladona, aconitun, mercurius
solubilis, hepar sulfuris, symphytum, hypericum, etc.
-Tratamientos con hierbas.
Entre las que destacan:
-El sauce blanco. Potente antiinflamatorio cuyo
componente activo es la salicina, el mismo que tratado químicamente
da lugar a la aspirina pero sin sus efectos secundarios. Sobre
sus propiedades podemos leer en la página web de Botanical:
"Su contenido en salicina se transforma en ácido salicílico en
el organismo inhibiendo las prostaglandinas y reduciendo la sensación
de dolor teniendo en cuenta que además de sus propiedades analgésicas
también presenta propiedades antiinflamatorias". Al parecer
ya Hipócrates en la antigua Grecia recetaba remedios con
hojas de sauce para aliviar problemas relacionados con el dolor.
Y muchos otros pueblos de la antigüedad utilizaron las hojas de
plantas que contienen salicina para esta finalidad.
-El harpagofito o garra del diablo. Los Institutos
Nacionales de la Salud en Estados Unidos consideran que existe
una "buena evidencia científica" que respalda su uso como
antiinflamatorio. En su web Medline se afirma: "Existe
cada vez más evidencia científica que indica que el uso de la
garra del diablo es benéfico para el tratamiento a corto plazo
(8-12 semanas) del dolor relacionado con la enfermedad degenerativa
de las articulaciones u osteoartritis. También puede ser igual
de efectiva que la terapia con medicamentos antiinflamatorios
no esteroideos como el ibuprofeno (Advil, Motrin) lo que permite
la reducción o suspensión de la toma de éstos en algunos pacientes".
La información señala, eso sí, que son deseables más pruebas clínicas
al respecto lo que, como bien sabemos, tratándose de una planta
es improbable que se lleven a cabo porque no es patentable.
Los fitosteroles -esteroles vegetales: lípidos que se encuentran
en los vegetales- del harpagofito inhiben la formación
de una enzima que sintetiza prostaglandinas. Esa enzima convierte
el ácido araquidónico en prostaglandina G2 (PG2),
un importante mediador -como ya dijimos- en la respuesta inflamatoria.
-La Artritina. Se trata de un combinado de plantas
elaborado en Venezuela por los creadores de la Medicina Sistémica..
"En nuestros centros médicos -afirman- hemos evidenciado
la mejoría de un gran número de pacientes con enfermedades inflamatorias
articulares tratados con Artritina. También hemos visto a pacientes
en estadios muy avanzados de su enfermedad en los que los tratamientos
convencionales resultan ineficaces donde Artritina ha mejorado
significativamente su calidad de vida y la evolución de la enfermedad".
Cada cápsula de Artritina contiene sulfato de glucosamina, sulfato
de condroitin, glycyrrhiza glabra, uncaria tomentosa, cúrcuma
longa, harpagopytum procumbens y morinda citrifolia.
-Suplementos nutricionales, regenerantes
y antioxidantes. Entre los que podemos destacar:
-El sulfato de condroitin. Se trata de un componente
del cartílago humano, de los huesos y tendones. El sulfato de
condroitin forma parte de una molécula proteica grande (proteoglicano)
que proporciona elasticidad al cartílago. Suele extraerse de la
tráquea bovina o del cartílago del tiburón y se presenta en cápsulas,
tabletas y polvo. En la página web de la Artritis Foundation
respecto a este producto puede leerse: "Dos grandes estudios
que evaluaron datos de cerca de otros doce estudios sobre el uso
del condroitin mostraron una mejoría significativa en el tratamiento
del dolor y la inflamación, y mejoraron la función articular".
-El sulfato de glucosamina. La glucosamina es un
aminosacárido que desempeña un papel importante en la formación
y reparación de cartílagos. Como suplemento se extrae de los cangrejos,
las langostas o las conchas de camarones. Durante el último Congreso
Mundial de la OARSI (Osteoarthritis Research Society Internacional)
celebrado en Boston del 8 al 11 de diciembre se presentaron
los resultados del estudio GUIDE (Glucosamine Unum in Die Efficacy
trial) realizado en 10 hospitales españoles y 3 portugueses
con una muestra de 325 pacientes. Según afirmó entonces el doctor
Gabriel Herrero Beaumont -director del Laboratorio de
Patología Osteoarticular de la Fundación Jiménez Díaz-UTE y el
especialista que ha presentado el estudio a nivel internacional-
"esta investigación revela que el sulfato de glucosamina consigue
un mayor control del dolor en los pacientes con artrosis de rodilla
que el tratamiento estándar con paracetamol". En opinión de este
reumatólogo -recogida en la página del Colegio de Médicos de Madrid-
"el estudio GUIDE y otros previos ponen de manifiesto que el sulfato
de glucosamina es un tratamiento eficaz y bien tolerado. Tiene
una serie de características que le sitúan como una de las terapias
más importantes para esta enfermedad por lo que son datos para
considerarlo como un tratamiento de primera elección".
Según los resultados de un ensayo clínico anterior realizado por
el doctor Karel Pavelka -director del Instituto de Reumatología
de la Universidad de Praga- la progresión de la artrosis
puede prevenirse con el sulfato de glucosamina ya que frena
el proceso degenerativo de la artrosis. "La mayoría de los
tratamientos que utilizamos -explica este reumatólogo-
son de carácter sintomático, orientados a controlar los síntomas,
principalmente el dolor, pero el objetivo es lograr fármacos que
además retarden la progresión de la enfermedad. Dos estudios realizados
con sulfato de glucosamina muestran que este medicamento es capaz
de enlentecer el desarrollo de la artrosis de rodilla. En definitiva,
además de controlar el dolor estaríamos retrasando el avance de
la enfermedad".
Otros suplementos a tener en cuenta en el control de la inflamación
son la lisina, la vitamina C, la S-adenosilmetionina,
la Niacinamida, la vitamina E, el mejillón
verde de Nueva Zelanda, DMSO y el Miristoleato de cetilo.
-Biorregulación biológica.
La medicina de biorregulación no trata los síntomas sino
que busca regular el sistema nervioso corrigiendo o eliminando
las posibles interferencias que le afecten. Esto permite que la
información y la energía vuelvan a circular normalmente. Los síntomas
desaparecen porque se resuelve la causa. Entre las posibles terapias
de biorregulación destaca sobre todo la Acupuntura
-regula el simpático y para-simpático o el yin-yang- que cuenta
ya con suficiente respaldo científico en el tratamiento de algunas
patologías reumáticas crónicas. Jorge Vas -jefe de la Unidad
del Tratamiento del Dolor del Centro de Salud del distrito
sanitario Sevilla-Sur de Dos Hermanas- demostró en un estudio
publicado en el British Medical Journal que puede ser más
eficaz para el tratamiento de la osteoartritis de la rodilla que
la administración de fármacos antiinflamatorios en solitario.
También el pasado mes de julio The Lancet certificaba los
beneficios de la acupuntura en la artrosis de rodilla. Y son sólo
dos ejemplos.
Otras terapias biorreguladoras a las que puede recurrirse son
la Terapia Neural con procaína o lidocaína
como agentes reguladores que se inyectan localmente para eliminar
interferencias restableciendo así el estado eléctrico del tejido
enfermo y facilitar el flujo de información y energía necesario
para que el organismo funcione armónicamente (vea en nuestra
web el artículo publicado sobre esta terapia en el número 45)
y la Ozonoterapia -ya que el ozono de uso médico mejora
entre otras cosas la oxigenación de los tejidos y, por tanto,
incrementa la disponibilidad energética, posee efecto antioxidante
y elimina radicales libres (tiene más información sobre ella
en el nº 27
de la revista).
Existen además numerosos dispositivos electrónicos como el Mora,
el Quantum o el Quantec que pueden ayudar al control
de los procesos inflamatorios crónicos (vea los artículos publicados
en los números 68,
78 y 79
respectivamente).
Como vemos existen múltiples alternativas al uso continuado de
medicamentos. Obviamente ante una fase de dolor intenso -una ciática,
un lumbago o cualquier otra patología realmente dolorosa-, en
las crisis agudas o en los peores momentos de una patología crónica
pueden usarse antiinflamatorios con el fin de aliviar los síntomas.
Pero no olvide que nada curan y que a largo plazo pueden causar
daños importantes por lo que una vez superada la fase crítica
es mejor que piense en buscar nuevas respuestas a su dolor e inflamación.
"Como la toma de antiinflamatorios es cada 8 o 12 horas -incide
al respecto el doctor De la Rosa- el organismo en todo ese
tiempo no puede desintoxicarse. El paciente no tendrá dolor y
se reducirá la inflamación pero eso, que es tan importante para
el enfermo, no es igual de bueno para el organismo. Lo que éste
quiere y necesita es desintoxicarse para equilibrarse y no degradarse
hacia nuevos estados cada vez más degenerativos".
Antonio F. Muro
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